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Camino de Vida — capítulo 6

Cap 6

Sangre de mi sangre

¿Qué prefieres, discutir conmigo o con tu hermano?, le había preguntado una vez Roberto a Belén. Ahora sabía que había discutido con él por culpa de Anthony, y que seguramente iba a discutir con él también.

Solo dos hombres existían en su vida: Roberto y Anthony, su padre los había dejado cuando ella entró a la escuela, y desde ese momento su hermano había tomado una figura paterna importante.

Entró en la casa, aún había luz del sol, y pudo notar la figura masculina que estudiaba en la mesa del comedor, con una fruta en la boca.

Sintió la rabia correr por sus venas, la sangre agolparse en sus mejillas, cerró los puños y caminó ferozmente a donde estaba él.

-Ana me dijo que me ibas a odiar por toda la vida- murmuró el chico sin voltearse a ver a su hermana.

-Ella tiene razón, eres un miserable Anthony, deberías meterte en lo que te incumbe- le gritó mientras se paraba frente a él, para que la mirara.

-¿Lo que me incumbe?- preguntó el muchacho alzando la voz- pues tú me incumbes más de lo que crees, por si no te das cuenta llevas mi sangre, somos hermanos.

-HERMANOS- la chica resaltó esa palabra- no indica que tengas que andar por ahí hablando de mis cosas

-¿Tus cosas? ¿ahora tu enfermedad es solo tuya?

-Acaso ustedes la llevan por mi, nunca los he visto que se tengan que tomar mis pastillas, o ir al médico por mi…- gritó ella pegándole a la mesa con los puños cerrados-esto no es tu vida, no te incumbe

-No es mi vida, no jamás ha sido- el muchacho estaba de pie- nunca he tenido que preocuparme por ustedes, ni por mamá, ni por Ana, y mucho menos por ti- soltó con un notorio sarcasmo- ustedes no son mi vida.

-Anthony, cada uno tiene una vida por aparte; y tú no debes meterte en lo que a mi me suceda con Roberto.

-Roberto, cuantas veces he escuchado ese nombre, y cuantos suspiros ha arrancado ese nombre del pecho de mi hermana- murmuró el chico- ¿no lo amas verdad? ni siquiera te importa.

La mano de Belén fue a dar directo a la mejilla de su hermano, la piel de él estaba roja y caliente; igual que la mano de la chica.

Ambos sintieron las lágrimas acumularse en los ojos tan iguales que la genética les había dado.

-Nunca en tu vida digas que Roberto no me importa- apuntó Belén amenazando a su hermano con el dedo índice en la cara- jamás, me oíste.

-Pues parece que así es, que nadie más que tú- y la señaló- te importa.

-No soy egoísta Anthony, no me digas eso- balbuceó al sentir que su hermano parecía estar muy conciente de lo que decía.

-Nunca te han preocupado los otros, solo tú, siempre has sido la princesa que sufre, la de tus propios cuentos de hadas; y nosotros los vasallos que nunca te hemos importado.

-Eso no es cierto- gritó la ofendida- yo a ustedes los amo sobre todas las cosas, odio que se preocupen por mi, por la enfermedad, por todo.

-Yo también te amo hermanita, y por eso hice lo que hice, no era justo que Roberto no supiera que había vuelto.

-Pero no era justo que le dijeras, yo debía hacerlo no tú.

-¿Y cuándo lo ibas a hacer?- preguntó furioso Anthony- ¿cuándo la enfermedad haya avanzado y no puedan hacer nada? nunca te has dejado querer por él.

-¿Crees que voy a morir? eso es ya lo veo- Belén empezó a reír como loca.

-Yo no dije eso

-Pero es lo que piensas, crees que tu hermana va a morir; y le buscas un chico para que conozca "lo bueno" de la vida, ¿quieres que Roberto me quite la virginidad? si es por eso le digo y sé que con gusto te complace- le gritó disgustada- al final eso es lo que buscan todos los hombres, ¿no?, acostarse con la chica y olvidarse.

-Yo quiero que tú ames, no te das esa oportunidad y tienes a un chico muriendo por ti…

-¿Muriendo como yo?- preguntó con sorna Belén.

-Belén, al diablo con que estás muriendo, nunca dije eso

-¿Pero sí lo crees?- preguntó dudosa ella con los ojos rojos- Antho, tú crees que yo voy a morir.

-Bele… no vas a morir hermanita, yo no lo dejaré…

-Siquiera sabemos que clase de enfermedad es, el inmunólogo no está seguro, desde que tengo uso de razón se debaten entre el cáncer y alguna enfermedad desconocida; y yo solo me debato entre la vida y la muerte.

-Pero la vida gana- murmuró Ana que estaba escuchando y mirando todo desde la puerta de la cocina.

-Gana hasta que se termina- dijo Belén en un tono frío y cortante- gana hasta que alguien dicte lo contrario.

-Pero a ti nadie te va dictar lo contrario- rugió el chico en medio de sus dos hermanas.

-¿Quién lo dice? ¿tú?, sí pudieras saber lo que ocurre porque no me lo dices ya, por qué no me dijiste de niña que iba a sufrir con esta cosa- dijo haciendo ademanes de incomprensión- debiste leer el futuro hermano, y procurar que no enfermara.

-Procuro que sepas que es amara a alguien, lo siento si causé problemas…

Pero no pudo terminar, Belén se sostenía de una silla con fuerza, su rostro más pálido de lo común, sus fuerzas se empezaron a hacer escasas…

-Belén, Belén- a la lejanía los gritos de Ana era lo único que podía escuchar.

Los dos hermanos sentían una fuerte presión sobre sí.

Anthony abrazado a la mujer que le había robado el corazón; una chica blanca y de cabello rubio, llamada Mariam, ella sentía a su novio junto a su cuerpo, pero sabían que ambos estaban con la mente en otra parte.

Por su parte Ana racionalizaba un par de operaciones, pero estaba más concentrada en la chica que estaba acostada su lado. La frente de Belén estaba perlada, y sus labios rotos en una mueca de disgusto. El doctor había dicho que había sido un pequeño desvanecimiento, pero a ella no le gustaba ver así a su hermana mayor.

Sintió miedo al imaginarse sola en ese cuarto que habían compartido desde niñas; repleto de fotografías de un par de pequeñuelas casi iguales, de paredes fucsias y con flores, parecía un campo mágico de hadas. Era el castillo de dos princesas.

Pero ahora una de ellas, se veía a sí misma en el espejo. Notaba los rasgos que las diferenciaba, su cicatriz en la ceja, sus ojos eran un poco más grandes que los de Belén, su aspecto era algo felino, a pesar de que odiaba a los gatos.

Sin embargo, no hallaba nada más que la diferenciara de la que reposaba en la cama, ¿por qué a Belén y no a ella?, muchas veces lo preguntó, igual que lo había hecho Anthony…

-¿Roberto?- la voz de Ana era casi un susurro, no quería despertar a Belén.

-¿Qué pasa Ani?- respondió Roberto

-Pensé que me iba a contestar tu madre…

-¿Cómo siguió Belén?- su voz ronca sonaba preocupada.

-Está dormida…

Mariam, soltó un suspiro al aire; le preocupaba su cuñada, ella era una de las mayores fuerzas de Anthony. El chico besó su mejilla, mientras ella volvía suspirar.

-Te amo, Mariam- dijo el chico uniendo ambos sus labios.