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Camino de Vida — capítulo 7
Cap 7
Ana y Cristian
-Corre, vuela; no sé pero apúrate- le gritó un ronco Roberto a Cristian
-Odio que llueva cuando no cargo el paraguas- le comentó el chico bajito a Camila, que lo cubría con su sombrilla.
-Yo odio taparte a ti- contestó la morena sin inmutarse
-Gracias- susurró Cristian, mientras Roberto corría con su paraguas directo al patio de los Castillo.
Estar en esa casa era como estar en la propia, se sentía bien, cómodo y a gusto. El patio de entrada era espacioso, muchas flores que gozaban con la lluvia que caía; y pequeños insectos que se sentían tan a gusto como Roberto.
Tocó un par de veces la puerta, pero un carraspeo atrás suyo le impidió volver a hacerlo.
-Ando llaves de mi casa- comentó Ana con una mirada burlona; mientras Camila empujaba a Cristian de la protección de la sombrilla.
-Entonces abre- dijo Roberto con un tono imperativo, que ni la misma Belén en sus momentos de dominación usaba.
Ana simplemente rodó los ojos, era comprensible. Abrió la puerta y los invitó a pasar.
Al mismo tiempo la sombrilla de Camila y el paraguas de Roberto se cerraron. La morena iba seria, algo que pocas veces se veía; Roberto parecía desesperado, y Cristian envuelto en su abrigo, se sentía fuera de lugar.
La casa se veía calurosa y abrigadora; al contrario del ambiente afuera. La madre de Ana los recibió efusivamente, agradeciendo que hubieran llegado; porque ella tenía que ir al supermercado.
-Necesito la harina para hacer el pastel; y además Anthony me está esperando en la universidad- comentó la mujer- le digo que va a llover y aún así no se lleva el paraguas- Cristian sintió como si lo regañaran- Belén está en el cuarto; creo que está dormida.
-Dichosa- comentó Camila bostezando- enana préstame tu cama- y diciendo eso empezó a subir las gradas que llevaban a los cuartos.
-Yo voy primero- Roberto delicadamente empujó a la morena- no queremos que cuando Belén despierte te vea a ti- se burló.
El cuarto estaba tétricamente oscuro, solo era visible un bulto frágil, en una de las dos camas.
Los cuatro adolescentes entraron lentamente, intentando que sus pisadas no molestaran el sueño perene de Belén.
Para Roberto era un ángel durmiendo. Dio gracias a Dios que nadie allí pudiera leer su mente, porque en ese momento se había sentido realmente como un loco enamorado al ver a la chica dormir. Quería abrazarla con todas sus fuerzas, para que no se escapara de él. Besar sus cabellos oscuros, bajar por su frente hasta llegar a los labios.
Decidió ser como una pluma, se sentó en el borde de la cama; observando el rostro de paz que reflejaba la chica. Corrió suavemente un mechón de cabello que se encontraba tapando en cierta forma el rostro de Belén. Se veía tan bello.
Un golpe seco llenó la habitación, Roberto había olvidado que había más en ese cuarto. Cristian se mordía la mano para no gritar, pues se había golpeado la pierna en una mesa a la entrada del cuarto.
-¿Tienes que hacer escándalo?- le interrogó por lo bajo Ana, mientras Camila se burlaba desde la cama de la menor y Roberto intentaba ahorcarlo con sus ojos.
-¿Tienen que tener esta mesa aquí?- preguntó fastidiado en forma de susurro.
Roberto empezó a sentir como la cama se vibraba, y unas risas ahogadas resonaban por todo el lugar.
-Cristian, nunca te llevaré a dar una serenata; se dan cuenta antes de que lleguemos- soltó Belén sin poder dejar de reírse.
-¿Estabas dormida o no?- preguntó el chico cruzando los brazos sobre su pecho.
-Los escuché desde que abrieron la puerta de la sala; solo quería hacerme la dormida- exclamó Belén con socarronería
-¿Cómo te sientes?- preguntó Roberto, mientras se colocaba al nivel de ella; quedando sus rostros muy cerca.
-Bien, no te preocupes- contestó ella rozando con la punta de sus dedos el contorno del rostro del muchacho.
-¡SE PREOCUPEN!- protestó Camila- todos estábamos preocupados, no solo él.
-Perdón- exclamó Belén, volteando para observar el rostro fiero y serio de su amiga. No podía creerlo, muy pocas veces podías ver a Camila seria o preocupada, difícil separados y mucho más juntos- fue solo un pequeño problemita.
-Estabas tan bien en casa, feliz, hablando, recordando; ¡y zas! te desmayas… eso no es un problemita- reclamó Camila
-Cam, no te preocupes, está bien- intentó calmar Ana.
-Sí ahora es Camila la estresada, ¿no era Roberto el que parecía loco porque no veía a su nenita?- expresó la morena, sintiendo algo que pocas veces sentía; y que sabía los demás lo habían notado.
-Me tenías preocupado- comentó Roberto sentado en la cama y haciendo voltear a Belén.
-Gracias, no fue nada en serio- contestó ella recostándose en el pecho del chico- ¿no se suponía que estabas enfermo?
-Ya no- contestó Roberto abrazándola, la sentía tan cerca que no le importaba las caras y sonrisas de burla de los otros.
-¡Que ternurita!- exclamó Cristian sentándose en el piso, recibiendo risas de afirmación por parte de Camila y Ana.
-Cris… ¿es cierto lo que me contaron? ¿estás enamorado de mi hermana?- preguntó Belén. Directo al hígado, el chico que siempre se burlaba del amor y de los enamorados, estaba siendo atacado; y con Ana al frente.
Los ojos del moreno se abrieron como platos, imitados por los de Ana. El silencio reinó, mientras en el rostro de Belén y Roberto una sonrisa traviesa se dibujaba; Camila por su parte clavaba su mirada felina en el chico.
-¿Qué dices?- preguntó Ana, sintiendo como el rojo poblaba sus mejillas; Belén estaba loca.
-Deja que Cristian responda- exclamó Roberto, abrazando más fuerte a Belén.
-Eso es una vil mentira, ¿quién la dijo?- soltó Cristian- es cierto que estoy enamorado, pero de una chica que conocí por Internet.
-¿En serio?- preguntó dudosa Camila, observando como Ana seguía sin inmutarse de pie junto a la cama suya.
-¡Sí!, jamás me enamoraría de esa cosilla- su dedo señalaba a Ana- ¿no han notado que discutimos hasta por el aire que respiramos?
-Primero que nada, no soy una cosa; y segundo yo sería la que jamás se enamoraría de ti; basura- Ana pateo a Cristian por la pierna, y salió rápidamente del cuarto.
Todos quedaron de nuevo mudos, ¿qué acaba de pasar? Cris cerró sus puños, y los golpeó contra el piso. Se puso de pie y salió del recinto.
Bajó las gradas apresuradamente, viendo como Ana lo fusilaba con sus ojos, esa mirada lo desarmó por completo. Bajó las últimas dos gradas lentamente, y llegó frente a la pequeña.
-Ana, ¿sabes que estoy muerto verdad?
-No te he matado aún, y no voy a hacerlo, nunca me has importado, pero no tienes el derecho de llamarme cosa- reclamó Ana.
-Lo sé… perdón…- las mejillas del chico se pusieron carmesí- Ana, yo… mentí.
-No estás enamorado de nadie por Internet, es obvio
-Pero sí lo estoy de alguien- susurró él, limpiándole una lágrima que había escapado de los ojos de la chica.
No podía más se iba morir. Por primera vez no se sentía capaz de burlarse de su mejor amigo, porque él también estaba a punto de hacer algo de lo que siempre se había negado a hacer: declararse perdido.
Tomó a Ana por el mentón, la chica abrió los ojos, y cuando sintió los labios de Cristian tocar los suyos; pensó que era una broma.
Él puso sus labios lentamente, esos inmaculados labios fríos de ella lo volvieron loco. La sintió cerrar sus ojos cuando él suavemente los aprisionó contra los suyos delicadamente. Una de sus manos sostenía la barbilla de Ana, y la otra se colocó en la cintura de la chica, pegándola a su torso, porque aunque él era bajo para su edad, ella seguía siendo menor y más baja.
Ana lo abrazó, moviendo sus manos por los omoplatos de él. Era su primer beso. Y sentía vergüenza, porque sabía que Cristian quería ahondar más en la acción; pero ella lo impedía por su inexperiencia.
-¿Te estás burlando de mi?- preguntó Ana cuando se separaron.
-No podía aceptar que me traías loco frente a ellos, necesitaba que primero lo supieras tú- respondió Cristian abrazándola.
-Baja- dijo Roberto a Camila.
-Ve tú, además no voy a dejar que ustedes se queden solos para besarse.
-¿Y qué hay si ellos se están besando? - dudó Belén- Cristian se aprovecharía de mi hermana.
-Déjalos disfrutar- comentó Camila.
-No creo que mi amigo haga nada…- exclamó Roberto ¿convencido?
¡Hola! como están?
Quiero hacerles una aclaración: en un inicio la idea era que la familia Castillo, fuera una familia "normal", padre, madre e hijos; pero por razones personales (y que creo algunos conocen), no puedo narra una relación padre-hijos. Lo intenté, y seguí intentando pero no me sale, no es posible en mí, narrar algo así.
Por eso es que preferí dejar a los Castillo como madre e hijos; algo que me es mucho más fácil. Solo aclaro que fue por el bien de la historia, porque no me habría salido; puede que en algún tiempo salga, con alguna otra historia (pueden notar que en ninguna de mis historias he hablado de un padre extensamente).
Gracias
PD: ¿Quiénes al acabar este capítulo han quedado como yo, completamente enamoradas de Cristian?