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Historia 49202 — capítulo 3

.2.

"CIUDAD MARAVILLOSA"

Cuando hubo amanecido, Alec no supo hacia donde marcharse. De pronto, toda aquella libertad le abrumó ¿Qué haría con tanto tiempo libre, siendo inmortal y no teniendo que dormir por las noches?

"Harás algo mejor que cuando te encontrabas en aquél castillo" Le recordó aquella voz, que ahora le parecía un poco molesta. ¿Acaso, al oírla, se estaba volviendo loco?

Alec pensó que tal vez, y se apresuró a marcharse, antes de que los humanos comenzaran a llegar hacia el bosque. En ocasiones como aquellas, Alec pensó que solían madrugar para encontrar algún buen sitio.

Corrió en una velocidad normal… Bueno, normal para un Vampiro, ya que sabía que un humano creería que corría demasiado rápido. A decir verdad, no creería nada, ya que dudaba que lo vieran unos ojos tan tenues como los de los humanos.

Corrió hasta llegar a Francia, de ahí decidió marcharse a Inglaterra. Un lugar que no había conocido aún, a pesar de que sus pies casi pisaban todo el globo terráqueo, pero no en Inglaterra.

Alec se paró de repente, como si tuviera que pensar en ello por unos momentos.

El sol brillaba a lo alto, sin embargo, había parado en un lugar muy sombreado, con cuidado de no mostrar ni un solo pedazo de piel al sol, ni lo más mínimo le permitirían los Vulturi.

El día parecía alegre, aunque Alec no conocía perfectamente su estado de ánimo. Se sentía a la vez feliz, a la vez nostálgico. Parecía como si hubiera un tornado de sentimientos arremolinándose en su interior. Sabía que no debía de sentir nostalgia, aunque no podía evitarlo. Pero ¿Por qué? Se preguntaba ¿Por qué sentía nostalgia?

En aquellos momentos lo recordó: Él era inglés. Solo que nunca había pisado aquél país. No por lo menos después de los cinco meses de edad, o algo así recordaba que su madre le había dicho. Entonces, técnicamente, jamás había pisado el territorio inglés. Después de aquella edad, su madre y padre se los habían llevado a Alemania, donde Aro les encontró.

Alec sacudió su cabeza, esperando que los recuerdos, aunque un poco nublosos gracias al tiempo y a que sus recuerdos humanos no eran iguales a los que ahora poseía y recordaba con gran precisión, no volvieran a su mente.

Siguió caminando, solo que ésta vez un poco más despacio. Había caminado como un humano desde que había llegado a Francia, ya que quería pasar un día ahí, antes de decidir a qué lugar de Inglaterra tendría que ir, pero en aquellos momentos parecía una tortuga por la lentitud con la que sus piernas se movían.

Alec pensó en aquello por unos momentos. ¿Por qué sus maestros, a pesar de que había algunos Vampiros que habían violado la ley en Inglaterra, nunca les había mandado ahí? ¿Por qué?

Caminó mientras se secaba su cabeza en tratar de obtener alguna respuesta para ello… Y pensó mentalmente, que se tendría que acordar de preguntarle a Aro aquello, ya que él sentía una pequeña curiosidad, pero sabía que no iba a desperdiciar su tiempo valioso en pensar en aquella cosa. Alec sabía que tenía que disfrutarlo en su libertad. Incluso el aire olía mejor, a pesar de que los humanos que se encontraban ahí eran muchos. No podía percibir su aire dulzón, simplemente olía bien. Olía a libertad.

El viaje en avión fue tan corto para Alec, que pensó que quizá debió de haber ahorrado en ello y ponerse a correr. Aquello le habría dado tiempo para pensar también. Claro, no era que quisiera ahorrar, ya que tenía una de esas tarjetas internacionales y que eran ilimitadas (Aro no se la había quitado porque sabía que regresaría), pero si quería pensar. Había tenido que usar lentes de contacto negros, aunque aquello le molestaba mucho a Alec, ya que no podía ver las cosas como normalmente lo hacía. Le nublaban la visión.

Se había decidido por Londres, aunque aún dudaba un poco. Habría preferido marcharse a otro lugar menos poblado, pero él siempre había querido marcharse a Londres. Lo recordaba desde su niñez, en aquellos momentos, después de haber recordado que él era inglés, recordaba con más claridad que a su edad de diez años, había deseado tal cosa con vehemencia, ya que no le gustaba Alemania.

Al bajar del Avión, junto con los demás pasajeros, Alec pensó que cualquier humano se tendría que hospedar en cualquier lugar, por lo que, si quería ser como un humano, tendría que hacerlo.

Alec se paró en seco. ¿Aquello era en realidad lo que quería él? ¿Quería vivir como un humano y, a pesar de ello, seguir alimentándose de ellos?

Él siguió su camino, pensando que, si quería conseguir amigos, no los obtendría en unos Vampiros, ya que la mayoría le conocía. Y, a si mismo, la mayoría tenía por lo menos una razón para odiar a los Vulturi. Y él seguía siendo uno… Sí, si quería buscar amigos, tendría que buscarlos entre los humanos.

Encontró una casa de huéspedes lejos del aeropuerto, a las afueras de Londres.

Entró dudando, como si no supiera que decir o qué hacer. A decir verdad, era nuevo en hacer las cosas solo. Normalmente las hacía con alguien, aunque prefería a su hermana o Demetri, y no los otros cabezas duras que se encontraban en la guardia. Aro solía divertirse al oír los pensamientos de Alec, por lo que solía no hacerle caso al pobre chico y, en vez, hacer que cualquiera de la guardia (Que solía molestarle) le acompañara. Las cosas que hacían no eran muchas, como ir por capas nuevas o comprar un periódico internacional para comprobar que no haya ataques de Vampiros o algo por el estilo. Alec se resignaba, ya que los Vulturi todavía no se fiaban de aquellos aparatos modernos. Creían que eran una pérdida de tiempo total.

- ¿Deseas algo? - Le preguntó una dulce anciana detrás de un mostrador. Sus cabellos blancos parecían sobresaltar con el cuarto entero, solo se podía ver su rostro lleno de arrugas detrás del mostrador. Unas escaleras se encontraban junto a éste, y el otro cuartito sin puerta, a la derecha de Alec, parecía ser una cocina. El cuarto parecía estar tapizado de madera, ya que la tenía desde el suelo hacia el techo. El mostrador no lo era. Era de un material que Alec reconoció como fierro pintado de color anaranjado chillón.

- Quisiera una habitación - Dijo Alec, con tono indiferente. La anciana le miraba con desconfianza, como si no pasaran muchos jóvenes pálidos y vestidos con una capa negra que le llegaba a los tobillos. Además de que no tenía ni una sola maleta o al menos una mochila.

- Claro - Fue lo único que dijo, mientras rebuscaba en el mostrador unos papeles - Solo por curiosidad… - Dijo después de sacar un papel color lila y comenzando a llenarlo - ¿De dónde viene?

"Y cuanto piensa quedarse" Parecía decir su rostro

- Vengo de Italia - Contestó Alec - Y me quedaré un año

La cara de la anciana mostró pura preocupación. Alec supuso que debía de ser el tipo de personas que seguían siendo muy supersticiosas, o simplemente creía que Alec debía de ser un mafioso o un traficante de droga, gracias a su aspecto enigmático.

La anciana solo llenó la mitad de la hoja, y se la dio a Alec, junto con una pluma de tinta negra.

Alec contestó todo lo que le preguntaban, aunque claro, tenía que mentir en unas cuantas ocasiones, por ejemplo la edad. No se imaginaba la cara de la anciana si le hubiera puesto su verdadera edad. Lo más seguro es que le hubiera dado un paro cardiaco. Algo interesante para él, ya que podría alimentarse.

Alec se dio cuenta de que había dejado de escribir. ¡Era un tonto! Pensaba. ¿Cómo no se le ocurrió cazar antes de llegar a aquél lugar?

- ¿Algún problema? - Preguntó la anciana, esperando que Alec dijera "Sí"

- En absoluto - Dijo mientras terminaba los últimos datos y le entregaba el papel.

Sin que la anciana le dijera nada, agarró su tarjeta y se la dio a la anciana.

- ¿Las acepta?

- Claro - Se limitó a contestar

Después de haber rentado la habitación, Alec subió a verla por unos momentos. Parecía acogedora, aunque un poco pequeña. Había una ventana, por la cual, si salía el sol, llegaría a su habitación. Pero aquello no le preocupó, ya que no creía que alguien quisiera subir a aquella habitación, además de él.

Alec pensó que había sido una tontería haber subido primero, ya que tenía sed, mucha sed.

Como Alec se encontraba en las afueras de Londres, no tardó en encontrar un sitio solo, donde solo había un par de personas.

"No como los que trae Heidi, pero por lo menos me he saciado" Pensó mientras dejaba los cadáveres tras de sí. Había tenido suerte en llevarse consigo tres pares de lentes de contacto, puesto que, al beber sangre, pareció como si se hubieran disuelto ellos mismos. Se los puso mientras caminaba hacia la ciudad, ya que no quería llamar la atención sin ellos.

Quería ir a la ciudad, para comprar algo más de ropa, comprar más lentes e inscribirse en alguna escuela. Tenía que hacer aquello, ya que, si buscaba amigos entre los humanos, dudaba que fuera a hacerlo lejos de alguna escuela, ya que los humanos debían de asistir a ellas, ¿Cierto?

La ciudad era hermosa. Nevaba ya que era invierno, y las calles parecían hermosas, cubiertas de nieve blanca. Parecía un manto blanco, mientras veía a todos los humanos, que reían y unos (Los más pequeños) brincaban y hacían guerras de nieve.

A Alec le habría encantado poder encajar en aquél bello lugar, pero sabía que sería imposible. Aunque en aquellos momentos estuviera frío y nevando, algún día saldría el sol, por lo que no podría hacer cosas normales que los demás hacían. Tendría que esconderse bajo las sombras, en un lugar muy apartado de ellos.

Alec ya tenía todas las compras hechas, y, como había un servicio bueno entre ellos, le habían dicho que sus compras estarían en la casa de huéspedes al día siguiente. Alec había aceptado, ya que quería conocer la ciudad, verla un poco más. Además, todavía le quedaba el dilema de la escuela. ¿A cuál debía ir? Todavía era temprano, por lo que se podía inscribir a cualquiera.

A lo lejos de donde se encontraba, había dos chicos sentados bajo un árbol lleno de nieve. Ambos parecían reír como tontos, y Alec creyó por un instante que se trataba de una pareja.

Aquellos humanos le habían llamado la atención, aunque Alec desconocía el motivo.

Caminó hacia ellos, esperando no sentirse torpe al hablar.

Ambos tenían ropa de invierno, y sus mejillas se encontraban rosas por el frío.

- Hola - Les saludó, un poco confundido. ¿Por qué hacía aquello?

- Hola - Los amigos le devolvieron el saludo con una sonrisa. Parecían haber terminado de contar algún chiste

La chica tenía rostro dulce. Sus facciones eran finas, aunque lucía hermosa. Los labios eran gruesos y su frente un poco amplia. El chico, en cambio, tenía el cabello tapándole la frente, por lo que Alec no pudo saber si era amplia o no. Su sonrisa era amigable, y unos hoyuelos se habían formado al hacerla. Su nariz era más grande que la de la chica, que la tenía un poco chata.

- Eres nuevo ¿Cierto? - Le preguntó la chica, al ver que Alec no decía más

- Sí - Asintió Alec, sin saber que decir. Después, dijo lo primero que se le vino a la mente - ¿Alguno de ustedes sabe cuál es un buen colegio?

- Bueno, nosotros vamos al Instituto De Londres - Contestó el chico, pensativo (N/A: No creo que exista, yo lo inventé)

- Gracias - Les dijo Alec, mientras se disponía a marcharse ahí

- Espera. ¿Irás? ¿Así, sin más? - Preguntó la chica, confundida, mientras Alec asentía - Vaya. Si que eres raro

"Más de lo que tú piensas" Se dijo Alec, pero calló

- En ese caso, creo que nos veremos ahí - Dijo el chico, extendiendo la mano al mismo tiempo que se incorporaba - Nate Wells

- Alec Vulturi - Alec estrechó la mano

- Hasta el nombre es raro - Murmuró ella, sin el mínimo intento de bajar más la voz, para que solo escuchara Nate, aunque Alec si la habría escuchado. Ella le extendió la mano también. Ya se encontraba levantada cuando Alec se la estrechó - Isabelle Fellon

- Es un gusto conocerles - Alec no sabía por qué había hecho aquello. Había sido una corazonada, aunque fuera una tontería, ya que su corazón se encontraba muerto.

"Destino" Dijo aquella voz, mientras Alec se dirigía hacia el Instituto. Estaba seguro de que, con su tarjeta, mañana mismo comenzaría el Instituto… Sin importar si tuviera papeles o no.

Aquella noche se quedó pensando en aquellos dos humanos, intentando ver el porqué de tal comportamiento de parte de él. El nunca había sido sociable, a decir verdad, había sido siempre alejado, con todos. ¿Por qué de un segundo para otro les hablaba a dos humanos desconocidos? ¿Se encontraba demasiado desesperado?

La soledad no le había caído bien.

Saltó por la ventana, aunque fuera mitad de noche, y la mayoría de los humanos dormían. No le importó que le vieran, ya que su habitación se encontraba en el segundo piso, y las escaleras no eran muy largas, así que suponía que cualquier adolescente que se hubiese atrevido, hubiera salido ileso de haber saltado.

Al volver a Londres, se dio cuenta de que no todos los humanos dormían. Algunos incluso, parecían más despiertos que en las mañanas. Había mucho ruido, y Alec se preguntó si habría algún carnaval o cualquier cosa.

La respuesta fue un no, ya que el ruido no parecía ser demasiado para los humanos, ya que algunos simplemente paseaban con sus parejas, y parecían ajenas a todo el ruido que Alec si escuchaba. Pero éste se dio cuenta de lo que ocurría casi al mismo instante en que lo pensaba: El tenía un oído demasiado fino. Podría escuchar lo que decían las personas a un radio de dos kilómetros de distancia. O más.

Alec entendió porque las personas podían ir tranquilamente por las calles, aunque se estremeció ante la idea de que algún Vampiro pudiera estar al asecho, mientras que las personas aparecían sonrientes en medio de la ciudad, en la noche, una perfecta hora en la cual las criaturas salían y mataban.

Alec sacudió la cabeza, mientras veía el Big Ben. Parecía hermoso cubierto de nieve.

Comenzó a pasear como todas aquellas personas entre la noche. Parecía como si el día no hubiera llegado a su fin para algunos, por lo que Alec decidió no fingir la falta de sueño y pasearse por las calles un par de horas.

Aquella ciudad era tan maravillosa, que deseó, por algún motivo, haber vivido ahí, aunque Aro no los hubiese encontrado a Jane y a él, y al final no estuvieran vivos en aquellos momentos, pero así habría disfrutado de aquella ciudad como cualquier humano. La bella ciudad de Londres.