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Historia 49202 — capítulo 4
.3.
"COMO UN HUMANO"
Alec regresó a mitad de la madrugada, ya que no quería que la anciana se diera cuenta de que había salido toda la noche. No lograba pensar que probablemente ella se había quedado con la sensación de que Alec era un tipo ilegal, pero éste no podía decirle la verdad para que se tranquilizara. Decidió quedarse callado y actuar como si no hubiera notado las sospechas de aquella anciana.
Regresó a regañadientes, ya que deseaba quedarse un poco más, pero sabía que alguien sospecharía algo, y aunque no lo hicieran, Alec quería estar seguro de actuar como los humanos. Y los humanos que van temprano a la escuela, se supondría que tienen que acostarse a una hora adecuada para que tengan energía a la hora de clases.
Saltó hacia la ventana que había dejado abierta, pensando que quizá habría sido mucho mejor haber sido humano en alguna época pasada, ya que, como había leído en algunos libros, Londres había solido ser un lugar más tranquilo que ahora, y se imaginaba aquél lugar más tranquilo. Había sido maravilloso, pero en aquellos momentos, Alec debía de pensar en su comportamiento en la escuela. No podía actuar de la misma manera en la que actuaba con los demás Vampiros, ya que os humanos eran frágiles. Además, los humanos suelen no gustarles el estar parados todo el tiempo. Alec también pensó que debía de ser de gran utilidad las idas a los Sanitarios para aprovechar y cambiarse de lentes. Alec recordó la cara que había puesto la señora de los lentes al instante en que éste le pedía una cantidad descomunal de lentes. Pensó que quizá debería de ser un poco más delicado con el tema, y falsificar un pedido, para una tienda cerca, y al final interceptar el camión que transportaría los lentes. Sí, haría aquello la próxima vez en que sus existencias en lentes de contacto disminuyeran peligrosamente. Alec tenía aquellos puntos bien contados, y creía que podría hacerlo, ya que podía viajar cada fin de semana a un pueblo cercano y así cazar humanos, como cualquier nómada.
Durante toda la noche caminó en su cuarto, casi vacío, pensando en aquellos humanos, Isabelle y Nate, y de la razón por la cual se había acercado a ellos.
Sabía que no lo necesitaba, pero se tumbó en la cama, esperando que el día siguiente llegara pronto, y que no hubiera sol, ya que arruinaría todo. Alec sabía que debía de pensar en algo para cuando el sol invada Londres, si era que se quedaba, ya que solo era el principio de su viaje, y no tenía que perder tiempo valioso si no encontraba lo que buscaba con tanto ahínco.
- ¿Puedo pasar? - Preguntó la anciana a Alec, por detrás de la puerta de éste. Alec ya sabía que ella había estado subiendo las escaleras, pero no se había inmutado, porque creía que no se dirigía a su habitación.
- Pase - Respondió Alec, con su voz aterciopelada. Se había quedado tendido en la cama, pero rápidamente se incorporó, quedando exactamente como se encontraba el día anterior
- Han llegado tus compras - Le dijo, con mirada asustada. Parecía estar recelando y temiendo al mismo tiempo, por lo que Alec simplemente asintió, para no hacer que la anciana se alterara. Había leído en algún libro que era malo para un anciano de cierta edad alterarse.
Al bajar las escaleras para recibirlas, la anciana le siguió, mientras Alec pensaba que quizá se quería provocar ella misma un paro.
Bajó las escaleras, y se sorprendió a sí mismo la cantidad de compras que había realizado, y se preguntó si cabrían todas en su pequeña habitación, subiendo las escaleras. Asimismo, creyó que, si no tuviera que ocultarse de los humanos, tardaría menos en hacer viajes de arriba abajo con cosas no muy pesadas, ya que los humanos normales no podrían soportar cosas demasiado pesadas. Alec tuvo que comportarse como un humano a los ojos de la anciana, y fue, llenándose de toda su paciencia de arriba hacia abajo.
- Alec, ¿Cierto? - Preguntó la anciana, con algo de vacilación, cuando Alec ya llevaba las últimas bolsas
- Sí - Asintió Alec, deteniéndose - ¿Hay algún problema?
- No, claro que no lo hay - La señora parecía no estar muy segura de lo que iba a decir a continuación, pero siguió, antes de que Alec dijera otra cosa más - ¿Te podría preguntar un par de cosas?
- Claro - Contestó Alec, pensando que quizá le preguntaría si era un traficante de algo. Casi podía escuchar la pregunta en la voz de la anciana.
- Lo siento si crees que me estoy entrometiendo, pero ¿No crees que son demasiadas cosas? Y he visto las bolsas… No son cosas baratas, a decir verdad, creo que son cosas demasiado caras.
Alec pensó en unos segundos la respuesta que debía de darle. Creyó que lo mejor que podía hacer era decirle una historia cualquiera, porque si no algo malo le ocurriría a la anciana, ya que Alec pensaba que sería muy injusto provocarle tales molestias a la anciana que le rentaba la habitación.
- Verá, señora - Le dijo mientras en su cabeza se formaba la historia perfecta - Mis padres son ricos, pero yo ya no quería seguir viviendo con ellos, por razones personales. Ellos se enojaron, pero no a tal grado de cortarme la tarjeta. Ellos me dijeron que viviera solo por un tiempo, solo para madurar acerca del tema.
Al finalizar el relato, la anciana no parecía demasiado convencida, pero aquello no le importó a Alec, puesto que ya le había dicho una buena historia inventada. Los padres ricos solían ser muy cariñosos, y, si hubiera pasado algo por lo que su hijo no deseaba estar más tiempo con ellos, sin duda, querrían que su pequeño hijo mimado tuviera las mejores comodidades, ¿Cierto?
Alec sacudió la cabeza y volvió a subir, esta vez para cambiarse de ropa y ponerse algo juvenil, mientras que se cambiaba de lentes de contacto, ya que se habían disuelto mientras subía las escaleras.
Metió unos cinco pares de lentes de contacto en distintos bolsillos, para que no se vieran bulto si los ponía en uno solo, y salió de camino hacia el Instituto.
Alec se encaminó a la ciudad a paso humano, ya que quería disfrutar de la vista y tranquilidad de la ciudad. Le sorprendía la serenidad que vivía en aquellos momentos, sin ningún Vampiro que le molestara por su apariencia o su hermana. Todo parecía tan… irreal, que Alec pensó que quizá se tratase de un sueño. Después recordó que no podía dormir.
Aquella ciudad era hermosa, y se desanimó un poco al llegar a la ciudad, ya que habría deseado que el paseo le hubiese resultado un poco más largo, ya que había caminado con un poco más de lentitud que cualquier humano normal.
De todas maneras, Alec pensó que no debía de perder el tiempo, ya que su reloj marcaba las diez menos treinta, y era a las diez en punto la hora en que debía entrar.
Caminó con igual lentitud, hasta encontrarse frente a la reja del Instituto. Como había ido lento, ya era la hora justa de entrada.
Lo primero que Alec tenía que hacer aquél día, era llegar a las oficinas, para que le dieran su horario.
En aquellos momentos, la campana de la escuela sonó con gran estrépito.
Caminó ahora normalmente, ya que la escuela parecía ser una como cualquiera. No había nada interesante en ésta.
Encontró las oficinas rápidamente, pues estaban casi al entrar a la escuela, con letras pintadas que indicaban que eran las oficinas.
Entró con aire despreocupado, esperando que los humanos no se tardasen demasiado, ya que le desesperaba la tardanza. En aquello se parecía a Jane. Solo que ella te podía torturar si no te dabas prisa. Alec no tenía tanta suerte.
Al entrar, Alec se encontró con una chica que parecía un ángel. Alec la había visto, porque en aquellos momentos, en los que Alec entraba, ella se había girado, para observar de quien se trataba.
Alec miró a aquella chica, de tez blanca, cabellos rubios y sonrisa dulce, inocente. Sus ojos eran de un color marrón que Alec detectó como chocolate. Eran tan dulces y hermosos, que Alec pensó que podría mirarlos todo el día. Su nariz era pequeña, aunque lucía bien proporcionada en aquella cara que tenía las facciones finas. La chica le miró y después se volvió a girar, algo que Alec izo que frunciera el ceño.
- ¿Alec Vulturi? - Preguntó una señora, detrás de un escritorio
Alec se adelantó, mientras miraba a la chica, que parecía un poco tímida. Vestía una chaqueta rosa pálido y una falda del mismo color. A Alec le dio un aire dulzón en cuanto la chica se tomó el cabello y lo retorció un poco, mientras esperaba. Parecía realmente confundida, y Alec se preguntó lo que pasaría con su cabeza. Él deseó poder tener un don como el de Edward Cullen, pero después recordó que siempre había una excepción para ese tipo de dones. Recordó a su esposa, Bella, que era una excepción incluso para su maestro.
En aquellos momentos, mientras la señora parloteaba y Alec le contestaba lo indispensable, pensó en los Vampiros de Volterra. Pensó que no los había extrañado hasta ese entonces, y que ni siquiera a su hermana la necesitaba. Aquello le izo deprimirse un poco ¿Significaba aquello que no quería a su familia?
Alec estaba seguro de querer a Jane y Demetri, aunque dudaba un poco de los demás.
Cuando al fin la señora Gray (Alec escuchó que ella le decía su nombre mientras estaba sumido en sus propios pensamientos) dejó de parlotear y le informó que buscaría su horario y el de la chica, se volvió hacia ella, que tamborileaba con los dedos a una orilla del escritorio.
Al parecer notó la mirada de Alec, puesto que se volvió para mirarle. Parecía demasiado tímida para hablar, por lo que Alec decidió hacerlo primero. No sabía porque de aquél impulso, ya que había sido casi igual que el que había tenido cuando les habló a aquellos chicos, Isabelle y Nate.
- Hola - Dijo, mientras se sentía un poco extraño, como si sintiera nervios - ¿Eres nueva?
Ella asintió, y Alec temió que fuera muda, ya que se había quedado callada por un largo minuto, pero al fin habló con Alec:
- Si. ¿Lo eres también?
- Vengo de Italia - Afirmó Alec, mientras la muchacha clavaba la vista en la alfombra de la oficina
- Yo de Alemania - Le informó - Joanne Kummer - Al decir eso, estiró la mano, y Alec la estrechó
- Alec Vulturi
- Lo sé - Contestó - Lo he odio de la señora Gray. ¿Te has mudado con tus padres?
Alec supo que debía de decir la misma versión que a la señora de la casa de huéspedes. Por el bien de todos.
- No - Y después le siguió contando sobre sus padres, aunque Alec solo lo contaba, pero su mente divagaba en el olor casi inexistente de Joanne. Parecía como si no fuera humana, o por lo menos no tanto, ya que el olor era agradable, pero demasiado débil para un humano.
- Interesante - Dijo Joanne al fin, cuando Alec terminó el relato - Yo vine con mi padre y hermano mayor.
- ¿Y qué hay de Joanne? - Preguntó Alec - No es un nombre Alemán
- Es cierto - Confirmó ella - Fue en honor a mi abuela, que también se llamaba Joanne. Ella era en parte Americana, en parte Inglesa. Mi hermano se llama Derek, y también es de algún país de esos dos, aunque desconozco la razón del porqué le llamaron Derek.
En aquellos momentos, la señora Gray llegó, interrumpiéndoles.
- Aquí tiene, señorita Kummer - Le dijo, entregándole una hoja de color violeta
- Muchas gracias
- Le recomiendo que se vaya a clase en estos momentos. Estoy segura de que le justificarán el retraso.
Joanne se marchó, no sin antes despedirse con la mano de Alec. Éste se quedó mirando como ella se marchaba.
- ¿Señor Vulturi? - Preguntó la señora, mientras Alec alargaba la mano, a pesar de que todavía miraba el lugar en el que Joanne había desaparecido.
- Gracias - Murmuró Alec y, sin más, se marchó hacia su primer clase, ojeando rápidamente la hoja color azul cielo que le había entregado la señora Gray a Alec.
Mientras Alec caminaba hacia Cálculo, si primera clase, éste comenzó a pensar en Joanne. Era una chica dulce y tímida, además de que provenía de otro país, al igual que él. Alec pensó que con ella podría tratar aquello de la amistad.
Involuntariamente sonrió, mientras tocaba a la puerta de su primera clase.
Al entrar, el profesor todavía se encontraba leyendo algo, mientras los alumnos hacían mucho alboroto. Al parecer, todavía no habían comenzado las clases en aquél salón.
- ¿Profesor? - Preguntó Alec, un poco dubitativo. Aquello le izo un poco de gracia, ya que Alec era mucho mayor que él, y estaba seguro de que daría mejor las clases… Además, también le izo gracia porque no había llamado a alguien así desde que tenía memoria (Había ido un par de veces a la escuela en su época, cuando aún era humano, pero Alec dejó aquella un par antes de su conversión, ya que necesitaban dinero, porque Alemania no fue lo que ellos pensaban). Al recordar el país donde había crecido, Alemania, Alec pensó irremediablemente en Joanne, que era Alemana.
- Usted debe de ser el señor Vulturi - Comentó el profesor, en cuanto le vio - Siéntese con… Isabelle - Señaló a la muchacha que Alec había conocido el día anterior, por lo que suspiró, aliviado - La clase comenzará dentro de cinco minutos.
Alec se encaminó hacia Isabelle, que le sonreía.
- Hola de nuevo - Le saludó
- Hola de nuevo - Le contestó Alec, también sonriendo - ¿Por qué no han comenzado las clases? He escuchado la campana.
- El profesor se harta demasiado de nosotros, ya que le desespera que muchos no sepan alguna respuesta, por lo que el profesor ha hecho algo parecido a "Diez minutos de relajación" En los que aprovecha para leer sobre la mejor manera de enseñar a adolescentes.
Alec le miró un poco confundido. Hablaba demasiado.
- Lo sé - Dijo ella, en cuanto el profesor comenzó las clases. Ella comenzó a susurrar, por lo que solo Alec le escuchaba - Hablo demasiado, es lo que dice Nate.
El profesor había comenzado un tema que Alec se sabía a la perfección, por lo que se dio el lujo de divagar.
- Eso yo ya lo sé - Le volvió a susurrar Isabelle - Mis padres son maestros de Cálculo - Le explicó a Alec - Por lo que me hacían estudiar ésta materia desde pequeña
- Yo también conozco el tema - Le dice Alec - Porque desde una temprana edad nos habían metido a cursos intensivos. He estudiado de todo.
Cosa que era verdad, se dijo Alec, ya que Aro, después de la conversión, se preocupó por ellos, ya que eran todavía unos niños, y algunos Vampiros se ofrecieron a enseñarles de diferentes materias, por lo que Jane y Alec estuvieron sumidos en varias materias por un corto tiempo.
- ¿Enserio? - Isabelle parecía sorprendida.
La clase parecía demasiado aburrida, por lo que Alec e Isabelle terminaron por conversar durante toda ésta, con la suerte de que el profesor no había notado su extensa plática.
- ¿Cuál es tu siguiente clase? - Preguntó Isabelle, mientras caminaban por los corredores
- Literatura - Contestó Alec, mirando su horario solo para disimular, ya que con solo una vista, se había grabado a su memoria
- Mala suerte - Dijo Isabelle - Yo tengo historia - Al decir eso, izo una mueca de disgusto
Cuando Alec hubo encontrado el aula, se dio cuenta de que el amigo de Isabelle, Nate, se encontraba en la clase.
Al entrar, el maestro de literatura, con cara aburrida, le izo una seña a Alec para que pasara y se sentara. Éste creyó que podía sentarse donde quisiera, por lo que se sentó al lado de Nate, que no tenía compañero al lado suyo.
- Eres el chico raro - Le saludó Nate, invitando a Alec a que hiciera un saludo raro con la mano.
Alec solo le estrechó la mano, puesto que no sabía nada sobre saludos de adolescentes. Alec se rió, pensando qué cara pondría Nate al saber que Alec era un anciano de ya cientos de años.
El profesor comenzó la clase de improvisto, mientras algunos alumnos ponían cara aburrida, y se distraían con la ventana, con el techo, con una mosca que pasaba por ahí. Alec también se aburrió, ya que el profesor solo les leía una novela del siglo XVIII, cosa fácil para él, aunque ya la sabía de memoria, e incluso, Alec sabía que podía hacerla mejor, con actuación artística mientras decía todo lo que ocurría en aquél libro… Y sin leerlo.
- Estoy aburrido - Le dice Nate a Alec - Platiquemos
- ¿Te sabes el libro? - Preguntó Alec, recordando que Isabelle solo había charlado con él porque sabía del tema
- No, que va - Se horrorizó Nate - Aquello es cosa de Isabelle. Platico porque me aburro.
Dicho eso, Nate apoyó su cabeza contra su libro, y cerró los ojos. Parecía dormir.
- Yo si me sé el libro - Comentó Alec, intentando hacerse amigo de él, de la misma manera que lo había sido con Isabelle. Aquello era tan fácil, que Alec pensó que por eso había pasado tantos años de soledad: Para encontrar con facilidad aquellas personas que de verdad estaba comenzando a apreciar, aunque sonara un poco raro, ya que Alec apenas los había conocido - Podría dar la clase mejor y un poco más divertida - No se pudo aguantar a decir aquello.
- ¿Enserio? - Preguntó Nate - Yo ando reprobando esta materia
Alec se extrañó ¿Estaba reprobando aquella materia y, sin embargo, se daba el lujo de no prestar atención? A decir verdad, a Alec le estaba comenzando a gustar aquél chico. Era tan… adolescente.
- Si quieres podría darte un par de clases particulares
- Eso estaría genial - Sonrió Nate
Alec también sonrió.
Nate y él conversaron toda la clase en voz baja, como lo habían hecho Isabelle y Alec. El profesor, que parecía sumido en su lectura, no se inmutó en cuanto Nate rio un poco más fuerte de lo debido. Parecía no importarle.
Alec pensaba… Aquellos humanos, Isabelle, Joanne y Nate, habían sido tan… amables con él, tan… humanos, que él los apreciaba de verdad.
Éste no pensaba en otra cosa más que en ellos. Quizá Alec había acertado, y había encontrado a sus verdaderos amigos. Aquél sentimiento era tan bueno, que Alec pensó que los siglos no habían pasado en vano, y que quizá la idea de marcharse hacia Inglaterra después de aquél tiempo, no había sido coincidencia. Aquello era destino.
Y Alec se sentía… como un humano.