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Historia 49202 — capítulo 7

CAPITULO 6

"SECRETOS"

Joanne Kummer se encontraba caminando hacia la casa de Isabelle. No quería ir, se encontraba demasiado insegura. Ella no quería perder los estribos y así echarlo todo a perder.

Su rubia cabellera se movía como si bailara lentamente. Joanne temió por aquello, ya que alguien podría verla. No podía permitir aquello.

Joanne caminó despacio, recordando la voz aterciopelada de Alec. Ella se reía del pobre e inocente Vampiro, ya que ella sabía perfectamente lo que era él, aunque éste ni se imaginaba lo que era Joanne. Confiaba plenamente en ella, y aquello era una razón por la cual jugaba con el Vampiro. Decían que era bueno tener a tus amigos cerca… Y a tus enemigos aún más cerca.

Joanne se sentía contrariada por Alec, ya que los Vampiros deberían de conocer el aura de los de la especie de Joanne, aunque ella sabía que Alec no sabía lo que era Joanne, y dudaba que algún día lo sospechara. Claro, si se atenía al plan.

Al llegar a la fachada de la casa de Isabelle - Una hermosa casa, aunque un poco pequeña, de color crema - Joanne pensó en un buen argumento para decirle a los padres de Isabelle, ya que, aunque aquellas horas no eran tan indecentes, era temprano, y no era bien visto una visita en aquellas horas.

Joanne tocó la puerta, un poco dudosa y esperó.

Después de unos segundos, una mujer que parecía ser Isabelle, le abrió la puerta. Joanne creyó que se trataba de Isabelle, pero después se dio cuenta de que era mayor que ésta. Suponía que debía ser su madre, por el parecido.

- Hola - Su fría voz le izo a Joanne estar completamente segura de que no era Isabelle, puesto que en su clase había contestado a una pregunta de su profesor, por lo que se había dado cuenta de que la voz de Isabelle era dulce, muy distinta a la de su madre.

- ¿Señora Fellon? ¿Se encuentra Isabelle?

Joanne pensó que aquello sería incómodo, puesto que la madre de Isabelle simplemente se había quedado callada, apoyándose a la puerta. Joanne respiró hondo, esperando no decir nada de lo que no podía.

- Lo que ocurre es que Isabelle y yo habíamos quedado en ir al Big Ben, junto con Nate - Explicó, sin mencionar a Alec. Dudaba que la madre conociera a Alec - Verá, somos nuevas amigas, y me he preocupado por ella en cuanto no llegó

- Pasa - Aquella fría voz era también cortante - Belle no fue porque se encuentra demasiado deprimida. Su tía y primos murieron con un día de diferencia. Llamaron por su tía, pero un amigo de los primos decidió darle a Belle la noticia en persona, por lo que se acaba de enterar

- Lo lamento mucho - Joanne se mordió la lengua al mentir - ¿Podría ir a darle el pésame personalmente?

La madre de Isabelle asiente, mientras caminaba hacia las escaleras. Joanne no supo nada más que hacer, por lo que solo la siguió.

- Belle - Llamó la madre de Isabelle, cuando abrió una puerta del piso superior - Alguien te visita

Joanne entró, decidida.

La madre de Isabelle no dijo nada más, y se marchó del cuarto.

- ¿Qué haces aquí? - Le preguntó en cuanto la señora Fellon cerró la puerta de la habitación, y sus tacones se escuchaban alejarse - No somos amigas. Ni siquiera nos hemos dirigido la palabra

- Alec me pidió que viniera, porque él y Nate se encontraban preocupados - Le explicó - Además, Alec y Nate me han hablado acerca de ti. Decidí hacerme amiga tuya - Joanne a veces se sorprendía, por lo buena actriz que era - Siento haber sido una grosera y no dirigirte la palabra en aquella clase.

- Digo lo mismo - Sonreía, a pesar de que las lágrimas surcaban su rostro - Yo he sido la grosera, puesto que tu eres nueva.

- Siento mucho lo de tus primos - Joanne pensó que aquello serviría para su padre - ¿Eras muy cercana a ellos?

- No muy cercana desde que se mudaron a Bristol - Explicó Isabelle, aún sentada en su cama, abrazando a un oso de peluche - Pero antes éramos como hermanos. Nosotros éramos la única familia que les quedaba, puesto que mi padre solo tenía una hermana, la madre de mis primos.

Joanne no contestó. Se dedicó a mirar la habitación de Isabelle, que se encontraba decorada de un color lila muy tenue. Todas las cosas parecían ordenadas. Joanne ya se lo había imaginado, puesto que había escuchado a Nate hablar sobre Isabelle con ella, aunque la mayoría de la plática había estado divagando. La había llamado "Cerebrito", aunque con un tono demasiado dulce, que Joanne pensó que Nate se encontraba pérdidamente enamorado de su amiga. Típico.

Joanne siguió mirando, sorprendida por el orden de Isabelle. Su mirada pasó hacia el escritorio que tenía ahí. Lo único que se encontraba en él, era un libro muy antiguo. Un libro que Joanne solo había visto en fotos. Era un libro demasiado preciado para ella y su familia.

- ¿Y ese libro? - Preguntó Joanne, señalando con un dedo el escritorio. No quería pensar en modales en aquellos momentos.

- ¿Mi madre te contó sobre el amigo de mis primos que me avisó sobre la muerte de mis primos? - Inquirió Isabelle, a su vez. Joanne asintió lentamente. Lo tenía tan cerca… - Ese amigo solo había venido a Londres con la finalidad de darnos la noticia y de darme éste libro - Se levantó y tomó el libro, algo que izo que Joanne contuviera la respiración ¿Cómo era que tomaba el libro como si fuera cualquier libro?

Después pasó las hojas, sin detenerse en ninguna.

- Lo he hojeado en cuanto me lo dio - Joanne abrió los ojos como platos, pero Isabelle no pareció darse cuenta de ello - El amigo de mis primos me ha dicho que era la posesión más preciada de éstos. Parecía demasiado raro, como si solo quisiera o debiera entregarme el libro personalmente y después marcharse.

- ¿Qué es lo que tiene el libro? - Preguntó Joanne, un poco convencida de que Isabelle no creería en cosas como esa.

Isabelle rió sin ninguna pizca de gracia.

- Tiene cosas acerca de la magia. No creo en ello.

Joanne agradeció que Isabelle tuviera la mente tan cerrada que no creyera en ello. Miró el reloj y se sorprendió.

- Falta media hora para que comiencen las clases - Le comentó a Isabelle

- Es verdad - Coincidió Joanne - ¿Irás a la escuela?

- No. No me siento con ánimos.

Joanne se acerca a ella y le da un abrazo. Miró de reojo hacia el libro. Tan cerca…

- Todo estará bien - Le dijo a Isabelle, sin dejar de mirar el libro

- Sí - Murmuró Isabelle, con la voz quebrada - Nunca he tenido a una amiga, ¿Sabes? - Ambas se separaron. En los ojos de Isabelle caían gruesas lágrimas - Es tan bueno tener a una.

- Siempre seré tu amiga - Le sonrió Joanne, también con lágrimas. Aunque éstas eran de cocodrilo.

Ambas se quedaron calladas por unos momentos. Joanne ya no podía soportarlo más.

- ¿Puedo ver el libro? - Preguntó, ante la mirada de curiosidad de Isabelle - Quien sabe, lo más seguro es que venga algún hechizo para ligar a Alec

- ¿Te gusta? - Las cejas de Isabelle se levantaron. Parecía más sorprendida con lo de Alec que con lo que había dicho de algún hechizo.

- Vamos, es guapo - Admitió Joanne. Aquello era verdad, y ambas lo sabían: La belleza de un Vampiro era inhumana

- Es cierto, aunque creo que prefiero a Nate - Sonrió Isabelle, sonrojándose y tendiéndole el libro. Miraba hacia el suelo.

Joanne pensó que podría ser "Buena amiga" y darle a entender a los dos que ambos parecían adorarse.

Ella también pensó que aunque Alec era hermoso, jamás podría estar con alguien como él mientras su corazón latiera. Sabía que se podría enamorar de un Vampiro. Pero jamás podría estar con éste, debido a que fue un Vampiro el que le arrebató a su madre. Por eso odiaba a los Vampiros, aunque tenía que jugar bien para terminar su plan. Tenía que ser amiga de Alec para acercarse a Isabelle. Aquello se lo había pedido su padre. Y ahora que se había acercado a Isabelle, quizá podría alejarse de una buena vez por todas del Vampiro.

Un dolor agudo perforó su corazón, mientras seguía pensando en el libro. No debía de ser débil, se recordó. Joanne no quería enamorarse, y no se enamoraría de Alec. Lo tenía que tener en claro.

Comenzó a hojear el libro con algo de desesperación, intentando encontrar lo que necesitaba. Pensaba que podría golpear a Isabelle para que se desmayara, y así, poder hacer lo que debía. Pero aquello no funcionaría, puesto que se necesitaba algo de tiempo para desmayar a una persona y ésta, podría gritar en el proceso.

Mientras Joanne pensaba en alguna cosa buena que hacer contra Isabelle, un ruido de teléfono sonó desde su bolso: Alec.

Joanne le tendió el libro a Isabelle, que parecía un poco extrañada con Joanne. Mientras contestaba el celular, Joanne pensó que debió de haber actuado más rápido, aunque tuviera todo en su contra: Los padres de Isabelle abajo, sabiendo que ella se encontraba con su hija, por no contar que quizá Isabelle tuviera la cabeza dura…

- Alec - Saludó, con voz queda

- ¿Tienes alguna noticia sobre Isabelle?

Escuchar aquél nombre en los labios de Alec le izo a Joanne que tuviera un sentimiento que jamás había experimentado. Por un lado, deseaba gritarle cosas horribles a Alec, por preocuparse demasiado por Isabelle, y por otro, deseaba golpear a Isabelle. Izo caso omiso de las dos cosas, y Joanne le contestó con naturalidad.

- Sí, si quieres, te la puedo pasar

Le tendió el celular a Isabelle, que lo tomó y comenzó a platicar con Alec.

Joanne no quiso saber de lo que hablaban, puesto que se encontraba demasiado ocupada mirando el libro que Isabelle sostenía en las manos, apretado contra su pecho.

- Me tengo que ir - Dijo al fin Joanne, cuando Isabelle hubo colgado el teléfono

- Es cierto - Confirmó Isabelle, mirando el reloj - Es tarde. Lo siento

- No tienes que sentirlo. Creo que es más importante estar con una amiga que estar en clases.

Isabelle le sonrió.

Al llegar a la escuela, Joanne se maldijo a sí misma, ya que no había podido hacer nada contra una simple humana. También se sentía desconcertada, ya que se la había pasado pensando en Alec e Isabelle durante todo el viaje.

Al final, se dijo ella misma con fiereza que jamás se iba a enamorar de Alec. Ahora lo odiaba más de lo que ella habría creído capaz.

Volvió a pensar en el libro, y Joanne se pregunto varias cosas: ¿Cómo lo conseguiría? ¿Qué opinaría su hermano? ¿Y su padre?

En aquellos momentos, recordó el libro, y la valiosa información que estaba a unas horas de decirle a su padre. Por fin ella sería la consentida, y no Derek. Pero Joanne sabía que para ello, ésta debía de hacerlo sola, y al final, simplemente entregarle el libro a su padre, con una sonrisa en sus labios, ante la mirada de perplejidad de su hermano. No. No debía decirle nada a su padre, y simplemente actuar.

Joanne al final se encontró con Alec y Nate. Todavía faltaba un poco para entrar a clases - Isabelle vivía muy cerca de la escuela - Por lo que comenzaron a platicar.

Nate le miraba con una sonrisa, por lo que Joanne decidió hacerle pasar lo mismo que Isabelle le había hecho sentir, así que le devolvió una sonrisa deslumbrante.

Sabía que se debía de comportar tímidamente, por lo que Joanne comenzó a pensar en todas las palabras que debía de pronunciar antes de que salieran por su boca.

Alec platicaba con ella sobre algo que a ella no le importaba, por lo cual simplemente sonreía, sin hacerle caso.

En su mente, volvió a rondar aquél pensamiento burlón, que le decía a Alec que ella sabía su secreto, y en cambio, él no sabía ni un solo secreto de ella.

Ella no pudo contenerse, y rió con dulzura, no con malicia, ya que no vendría bien a su papel de chica tímida.

Alec le sonrió, mostrando sus perfectos dientes blancos.