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Historia 49202 — capítulo 8

CAPITULO 7

"HERMANOS"

Alec y Nate pasaron en la tarde, después de clases, a la casa de Isabelle. Antes, Nate le había advertido que, por el trabajo del señor Fellon, debía de ser cuidadoso. Alec no entendió muy bien aquello.

- Señor Fellon - Sonrió Nate al ver al hombre de rostro duro y vestido de policía. Alec se dio cuenta de que Nate veía con gran nerviosismo el lugar que ocupaba una pistola en el cinturón del señor Fellon

Éste no le devolvió la mirada, y simplemente se quedó viendo a Nate, esperando a que se fuera, o algo parecido.

- ¿Podemos ver a Isabelle? - Preguntó Alec, con voz aterciopelada, aunque también tenía un atisbo de preocupación. Esperaba que con ello, el padre entendiera que solo deseaban verla porque se sentían preocupados, cosa que era verdad, ya que deseaba verla por ello.

- ¿Quién eres tú? - La voz del señor Fellon parecía demasiado dura, y Alec temió que en realidad le diera con la pistola.

Entonces pensó lo que podría ocurrir. Su piel de granito probablemente haría que la bala rebotara, por lo que terminaría por darle al padre de Isabelle. Bien, Alec pensaba que aquello habría sido divertido, pero recordó las lágrimas de Isabelle cuando Alec no le había ayudado mucho, y había terminado por hacerla llorar. No se imaginaba como se pondría Isabelle si aquello ocurriera.

- Alec Vulturi - Éste alargó la mano, y el padre de Isabelle la apretó con tal fuerza que Alec estaba seguro de que si hubiera sido humano, se la habría roto. Pareció decepcionado en cuanto Alec salió incólume de su fuerza.

- Pasen - Dijo con malhumor. Lanzaba miradas furtivas sobre todo a Alec. Éste pensó que quizá se debía a que conocía a Nate mucho mejor que a Alec. Y por lo menos creería que Nate era demasiado inocente, como un cachorro. En cambio, a Alec no le conocía.

- No te preocupes - Dijo Nate a Alec, en cuanto el señor Fellon se marchó a otro lado y su amigo le guiaba al cuarto de Isabelle - Solo se preocupa por Belle. Nunca te haría daño de verdad.

Alec pensó en los ojos de Nate sobre la pistola, pero no dijo nada.

En vez de eso, le izo gracia imaginarse al padre de Isabelle intentando golpearle, y obteniendo una mano rota por ello.

Al subir al cuarto de Isabelle, Alec se dio cuenta de la mayoría de las cosas de Isabelle, eran de color tenue, lo que según significaba, que Isabelle era una persona muy tranquila, cosa que era verdad, se dijo Alec.

- Hola - Saludó ella, mientras hacía un rompecabezas de pequeñas piezas encima de un escritorio. Alec se dio cuenta de que había un gran orden ahí, y que lo único que parecía no estar en su lugar, se trataba de un libro que parecía muy antiguo, y que se encontraba encima de la cama de Isabelle.

- Hola - Saludaron Alec y Nate al unísono. Isabelle veía a Alec, y éste se había dado cuenta de ello.

- ¿Cómo estás? - Preguntó Nate

- Bien - Contestó Isabelle.

Alec supo, por su voz, que se encontraba cansada y triste.

- Dime que tú no te comportarás como Joanne - Alec le miró extrañado - Ella se había comportado normal, pero al final se puso un poco extraña con ese libro - Le señaló - Me lo heredaron mis primos

Dicho eso, Isabelle caminó hacia el libro, lo tomó y se lo tendió a Alec.

Éste lo hojea, algo confundido, porque no creía que Joanne pudiera creer en aquellas cosas ¡Hablaban sobre la magia!

Alec podía ser un Vampiro, pero sabía que la magia no existía. O por lo menos, ni Aro, Marco o Cayo jamás habían mencionado nada sobre aquello.

- ¡ISABELLE JOCELYN FELLON! - Gritó el padre de Isabelle - ¡SI NO CORRES A ESOS MUCHACHOS DE LA CASA DE UNA BUENA VEZ, LO LAMENTARAS JOVENCITA!

- ¿Cuánto tiempo nos ha dejado esta vez? - Preguntó Nate, mientras Isabelle ponía los ojos en blanco debido a su padre - ¿Cinco minutos?

- Supongo que es por mí - Razonó Alec - No creo que hubiera algún problema - En aquellos momentos, Alec escuchó los pasos del padre de Isabelle - Nos vemos

- Adiós - Musitó Isabelle, mientras los chicos salían de la habitación y se encontraban con el señor Fellon

- Nos vemos luego, Señor Fellon - Susurró Nate, mientras el padre de Isabelle les veía como si Nate le estuviera amenazando con ir más seguido.

Éste corrió hacia las escaleras, abrió la puerta y se salió. Alec se pudo haber reído de aquello, pero el señor Fellon le miraba fijamente, por lo que se limitó a imitar a Nate claro, sin la prisa que éste llevaba.

- Gracias - Le dijo, mientras cerraba la puerta.

- Bueno. Me tengo que ir - Le dijo Nate a Alec, con tono desganado - Mi hermano nos ha obligado a mis padres y a mí a presenciar un aburrido concurso en el que participará. Por lo que tengo que ir - Aquello lo dijo en tono aburrido, como si ya estuviera en aquél lugar.

Alec no dijo nada, por lo que Nate se comenzó a ir.

Éste comenzó a caminar por las calles de Londres, sin ningún rumbo fijo, hasta que se dio cuenta de que alguien le perseguía.

Alec se giró un poco, como si estuviera viendo algún cartel pegado en la pared, pero la verdad era que se encontraba mirando a aquél chico de reojo.

Sus cabellos eran casi del mismo tono castaño que él, aunque él lo tenía un poco más claro. Sus ojos eran de un color azul claro. Parecía un muchacho de la edad de Alec. Y era musculoso, aunque no tanto como Félix. Alec también notó que se había quedado mirándole fijamente, sin ocultarlo. Éste también le miró fijamente, notando que tenía una gruesa cicatriz en un brazo. Era en forma de medialuna.

Aquello izo que Alec se quedara inmóvil por unos momentos ¿Era que un Vampiro le había mordido?

Alec se encogió de hombros y siguió caminando, ésta vez hacia las afueras de Londres.

Éste pensaba que quizá no habría más remedio que matarle, beber su sangre y arrastrar su cuerpo lo más lejos posible. De todas maneras, Alec creyó que él debería de saber el secreto, por lo que creía que era su deber matarle de una buena vez. Al fin y al cabo, Alec seguía siendo un Vulturi.

Por aquella razón, Alec se alejó aún más de la ciudad y las afueras. Sentía como aquel muchacho le perseguía, por lo que Alec deseaba acabar pronto con él.

Llegó al fin a un bosque, a un lugar desierto. Alec dudaba que alguien fuera a llegar de repente, por lo que se giró para enfrentar a aquél torpe humano.

El humano se acercó hacia él, mientras Alec se reía por lo bajo, ya que creía que, si una vez se hubo encontrado con un Vampiro, que era un idiota por volver a acercarse.

- ¿Qué hace un Vampiro en Inglaterra? - Preguntó con voz dura y con el típico acento Alemán. Alec pensó involuntariamente en Joanne, que también era de aquél país, y también lucía aquél acento - Me han dicho que los Vampiros no se acercan a Inglaterra - Prosiguió - Y si lo hacen… Se marchan rápido de aquí

- ¿Quién eres tú? - Preguntó Alec, un poco contrariado, porque parecía como si aquél chico no se tomara en serio a Alec, lo que sucedía con la mayoría de los Vampiros

El se rió.

- Mi nombre es Derek Kummer

- ¿El hermano de Joanne? - Pensó en voz alta - ¿Qué demonios eres?

- Soy un hechicero - Contestó tranquilamente Derek - Y sí, soy hermano de Joanne

- ¿Ella también lo es? - Preguntó Alec, recordando el libro de Isabelle

- No, ella no ha heredado el poder de la magia, por lo que sé que no te reconocería.

Algo había en los ojos de Derek, que Alec estaba casi seguro de que Derek mentía, pero no quería entrar más en el asunto, puesto que Joanne debía de ser humana por cómo se comportaba. Sí, Alec quería creerle a Derek.

- ¿Por qué me has seguido?

- Es la costumbre de los nuestros…Matar Vampiros - Contestó, con una sonrisa de suficiencia

- ¿Por qué?

- Verás, si no hubiera sido por aquél Vampiro que asesinó a mi madre, y que me atacó después… Te habría dejado vivo - Se limitó a contestar

- ¿Otro Vampiro te quitó el veneno? - Preguntó Alec, señalando la marca de Derek

- No. Fue un hechizo que mi padre realizó. El Vampiro huyó.

Alec se quedó petrificado. Pensaba en el dolor que le había causado aquél Vampiro a Joanne, porque había casi asesinado a su hermano y, por el contrario, le había arrebatado a su madre. Después, Alec recordó que Joanne no debía saber nada. Alec quería creer en aquello, a pesar de haber notado la mentira en sus ojos.

Alec ríe de Derek sin ganas.

- ¿Matarme? ¿Cómo lo lograrás? Yo te podría matar más rápido

- "Y las invisibles cuerdas le ataron, como cuchillas las extremidades le cortaron" - Susurró Derek, con voz aterciopelada, como si le estuviera diciendo aquello a alguien con dulzura - "La fogata lista está, y el Vampiro a punto de morir está"

De pronto, Alec sintió como unas cuerdas invisibles le ataban con fuerza. No se podía mover. No podía hacer nada. Alec sintió que le apretaban tanto, que por aquello, las cuerdas invisibles le estaban a punto de cortar sus extremidades.

- "Las palabras de Derek no escucharán, puesto que muy equivocado mi hermano está" - Aquella había sido una voz fría, aunque Alec pensó por un segundo que se trataba de Joanne, por el timbre de voz.

Alec sintió como las cuerdas se aflojaban, y cómo terminaba tumbado en el suelo, encontrándose muy débil, cosa que jamás había sentido.

Alec levantó la cabeza con desgana, para conocer a su salvadora:

Era idéntica a Joanne, salvo que tenía el cabello castaño oscuro. No llegaba al negro, pero era de un color café demasiado oscuro.

- ¿Qué haces aquí, hermana? - Preguntó Derek, visiblemente molesto

Ella no contestó, puesto que sus ojos chocolate miraban fijamente a Alec.

Éste también se dio cuenta de que ella no era idéntica a Joanne, puesto que ella no tenía aquella aura de inocencia y ternura que su amiga. Era muy diferente a Joanne en varios aspectos, aunque en otros, era igual.

- ¿Quién eres? - La voz fatigada de Alec sorprendió a todos, incluso a él mismo

- Sophia - Respondió simplemente, mirándole a los ojos

- Te pareces demasiado a Joanne…

- Somos hermanas gemelas - Contestó, como si no tuviese la menor importancia - Márchate - Musitó - Antes de que cambie de opinión y te mate

- Puedo ser más rápido - Dijo Alec, convencido de que ahora nada le tomaría por sorpresa

- Las palabras son más rápidas - Rió Sophia

Alec decide marcharse, pensando en cómo Joanne pudo haber tenido una hermana así. Pensaba en la inocencia y dulzura de Joanne, y Alec creyó que incluso se la podría llevar lejos de ahí, de sus hermanos, aunque tendría que decirle la verdad acerca de todo. Ellos lucían tan malos, que podrían hacerle algo a Joanne. Aunque Alec pensaba en aquello, sentía que Sophia era hermosa, más incluso que Joanne. Aquello le hacía sentir en una gran disyuntiva, puesto que no sabía a quién prefería: Joanne, la dulce y tierna chica o Sophia, la hermana que tenía todo lo contrario que su hermana.

De pronto, Alec pensó involuntariamente en las miles de veces en las que había visto a Jane y Demetri destrozar Vampiros con tanta maldad, que Alec pensó que Joanne y él se parecían demasiado.

Aunque seguían siendo diferentes, puesto que Joanne había perdido a su madre gracias a uno de la especie de Alec, y si le decía algo, probablemente le terminaría por odiar.

Alec decidió quedarse callado, como siempre. Mentir era lo mejor, aunque lo detestara.