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Historia 49479 — capítulo 3

PoV Lyss A nighty night.

La luna se alzaba maravillosa sobre el precioso cielo estrellado, sólo el suave ruido del viento de verano rozando contra los árboles era lo que rompía el silencio exterior, mientras en el interior de la casa, la película que estábamos viendo nos taladraba los oídos con sus ametralladoras, armas... No sé que eran, no les prestaba mucha atención.

Me lleve el último trozo de tarta a la boca y me quedé mirando a los chicos. Estaban todos muy cerca de la tele, como si no viesen lo suficiente bien desde el sofá. El salón de Doug no era muy amplio, pero entrabamos todos sin necesidad de tener que sentarnos en el suelo. Era una buena forma de pasar la noche, entre amigos y tarta de chocolate. Normalmente Doug y yo solíamos estar solos, quizá eso cambio cuando se unió al grupo de amigos de La Push, era un buen lugar para permanecer cuando hacia frio, sobre todo si estabas con los chicos. Yo había adivinado que la temperatura de los chicos de La Push era más o menos cálida, más cálida que la temperatura de las personas normales, y si eso incluye a mi persona, pues sí, los chicos me sacaban varios grados más. Yo siempre había sido de temperatura fría, quizá treinta y cinco grados de temperatura corporal en invierno o treinta y seis, no lo sabía con certeza. Apenas me daba fiebre y aunque mis dolores de cabeza me atormentasen, nunca me hacían subir la temperatura.

-¿Quereis un zumo, chicos?-preguntó la madre de Dougie asomandose por la puerta de la cocina.-Douglas, no seas perezoso y ven a ayudarme con los vasos.

Mi querido amigo se dispuso a levantarse, pero yo me adelanté con rapidez y con una sonrisa en mis labios.

-Ya voy yo, de este modo, ayudo a tu madre a recoger-propuse con una sonrisa.

Él simplemente se encogió de hombros y yo me levanté del suelo, recogiendo el plato de la tarta y caminando con tranquilidad hasta la cocina. La madre de Doug estaba inclinada sobre el fregadero terminando de enjabonar unos platos.

-¿Me permites ayudarte, Sophie?-pregunté mirandola con una sonrisa.-Me sentiría últil si me lo permitieses.

-No tengo opción de negarme, eres igual de cabezota que Doug, así que, ven, ayudame-me permitió con un tono de diversión característico de su hijo.

Realmente, Sophie siempre me había tratado como si fuese su hija. Ella era una mujer bajita y rellenita, tenía unos ojos de color verde esmeralda y un cabello pelirrojo que no tenían nada que ver con su hijo, pero aun así, su carácter era igual que el de Douglas.

-Gracias-le sonreí de vuelta y me dispuse a fregar los platos.-Los chicos dan mucho trabajo, ¿no?

-Sí, la verdad es que sí, y de momento sólo están ellos, pero cuando vienen mis sobrinos desde Port Angeles, esto es una absoluta locura-me respondió secando un par de platos.-Realmente no me quejo mucho, Douglas siempre suele ayudarme, así que no tengo tanto trabajo.

Se encogió de hombros y puso toda su concentración en fregar una pequeña tacita de porcelana que parecía ser de un valioso juego de té, seguramente regalo de su boda por las inscripciones que el objeto tenía en el fondo.

-¿No está preocupada por el viaje a Volterra?-comenté mientras cerraba el grifo y me secaba las manos con un trapo.-Bueno, realmente no tendría que estarlo, mi madre se relajó muchísimo al saber que Douglas iba a venir conmigo en el avión, tiene verdadero pánico a que yo viaje sola, pero ya no soy una niña...

Sophie emitió una suave carcajada mientras dejaba la taza de té guardada en un armario.

-Realmente, entiendo a tu madre cariño. Sé que Douglas va a estar bien, porque es un chico y demasiado estúpido para dejar que le ocurra algo-me miró con una sonrisa dulce pintada en sus labios.-Pero tú, das la imagen de la típica niña buena, sin ofender. Quiero decir, pareces tan frágil pero a la vez, eres más valiente que todos los chicos que se encuentran esta noche en mi salón. Aunque los veas allí ahora mismo, no serían capaces de enfrentarse a un león si no tuviesen un arma.

Su comentario me hizo sonreír. En cierto modo, mi madre tuviese razones para preocuparse, y sabía que ella confiaba muchisimo en Douglas porque él siempre había estado allí para ayudarme, así que no podría criticarle en ese sentido.

-Y después, os vais mucho tiempo, es cierto. Una semana lejos de vuestra familia, en otro país, en otro continente del cual desconoceís el idioma es algo que realmente, a una madre, aterroriza. Pero como bien me ha informado Douglas, qué aunque no te lo creas, lo ha echo-sonrió divertida.-Vais para despedir a un compañero vuestro que vive allí, y eso es realmente, una buena razón para irse de viaje, además, de que Volterra es una preciosa ciudad Italiana de la que aprendereis mucho.

-¿Has estado alguna vez en Volterra, Sophie?-pregunté llena de curiosidad. Oirla hablar de aquella ciudad que me empezaba a dar pánico era algo asombroso. Si tan bonita era, ¿por qué había tenido esta extraña premonición? ¿Y eso era una premonición o un estúpido sueño?

-Una vez-contestó finalmente, lo había estado pensando un poco.-Es una ciudad bonita, pero yo no te aconsejo que hagas el tour completo. Lo que hay dentro de la gran casa que se situa en medio de la plaza, no es ni la mitad de bonito como lo que hay fuera de esa plaza. Merece la pena ir a Volterra, pero no hacer el tour por las instalaciones, creéme.

Noté como un escalofrío la recorrió, a pesar de que ella quería ocultarlo yo sabía que no me había contado todo lo que ella sabía sobre aquella ciudad italiana, y casi que, realmente, no quería saber nada más. Creí que iba a hacerle caso, iba a ser mucho mejor para todos. Nada de Tours interiores por las instalaciones de la ciudad, podría haber ratas, o cadáveres de antiguos habitantes (romanos, o incluso hasta visigodos) y mi joven mente no estaba preparada para tanta presión, ya tenía suficiente miedo encima como para preocuparme por lo que haría cuando llegase allí, ¡¡si ni si quiera habia despegado!!

Volví al salón y me senté al lado de Doug que estaba más pendiente de la película que de mí, aunque aquella película no era demasiado larga, el tramo final se hacía completamente insoportable, y aunque al día siguiente iría sin dormir a mi casa, aun me quedaban un día y un par de horas para dormir y dormir, no pensaba llegar a Volterra con sueño retrasado, ¡ni mucho menos! "The bright side"**(n/a En Español, la expresión sería "El lado positivo") era qué no habría padres que nos controlasen, quizá dos o sólo un profesor que estuviese en el mismo hotel que nosotros, y había plantas y plantas para poder hacer lo que nos diese la gana. Y ¿qué era eso de dormir chicas con chicas y chicos con chicos? Es más, ¿qué era eso de dormir? ¿Volterra no tenía discotecas o lugares de marcha? Si la respuesta era que no, no tenía, entonces Volterra no conocía a los chicos de mi clase. En cambio, si la respuesta era que sí, que Volterra tenía buenas discotecas, el mejor consejo para aquella ciudad era que se preparase, porque los chicos de Forks querrían quemarlas todas, una por una. Y no es sólo una metáfora...