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Rilato — capítulo 13

013: Mensaje.

(Abierto)

Mírenme, no me rendiré jamás…

Mátenme, solo así abandonaré esta tierra…

Mutílenme, y ni así dejaré de amar…

Khaos abrió los ojos perezosamente, sin poder evitar que la luz de una lámpara le lastimara los ojos. Apretó los párpados por un segundo, al tiempo que intentaba recordar lo que había ocurrido.

Se hallaba en su habitación. Eso de entrada era raro, no recordaba haber regresado a casa. Las cosas seguían un poco confusas, pero voces al otro lado de su puerta la pusieron alerta.

—¿Segura, Ryoko-sama?

—Segura. Es decir, no puedo negar que me sorprende, pero también me alegra. Tendrás que estar muy al pendiente de ella. Como comprenderás, nunca he podido atender casos en su especie, así que no sé…

La voz de Ryoko Akai, serena y profesional, sonaba intranquila. La otra persona debió hacer algún gesto de asentimiento.

—Bien, sabes que para cualquier cosa que necesites, Ben y yo estamos disponibles. A Ben le agradas, Kuu, y también le agradó Khaos.

—Ryoko-sama… ¿Cree que… quizá… esté mal que…?

Hubo un momento de silencio, roto por una Ryoko tensa, pero franca.

—No te atrevas ni a pensarlo. Me recuerdas a Alí, par de tontos…

Khaos estuvo a punto de reír, pero prefirió contenerse.

—Pero Ryoko-sama… Khaos…

—Khaos tiene voz y voto en esto, ¿no? Pues bien, ella dirá lo mismo que yo. Podría jurarlo por Ryoichi y sabes cuánto me importa mi hijo.

Otro silencio. Conociendo a Kuu Yumegami, era probable que estuviera dedicando algún ademán para responder. Ryoko volvió a suspirar.

—Tengo que irme, pero tienes mi número de celular y el de Ben por cualquier cosa. Cuídalos bien, Kuu.

—Lo haré. Hasta pronto, Ryoko-sama.

Pasos ligeros, apenas perceptibles, se alejaron de la puerta de Khaos. Ella esperó que entonces Yumegami entrara, pero pasaron varios minutos y no fue así. Desconcertada y asustada, intentó ponerse de pie, pero en cuanto lo logró, no pudo sostenerse y cayó de rodillas al suelo.

El sonido bastó para que la puerta de la habitación se abriera, dando paso a Yumegami. Su rostro, normalmente inflexible, mostraba tales signos de inquietud que a Khaos le dio un vuelco el corazón.

—¿Estás bien? —quiso saber él, acercándose para tomarla en brazos.

Khaos asintió, en tanto era colocada en la cama con sumo cuidado. Con ese gesto, los acontecimientos de hacía unas horas volvieron a su mente, aunque de forma un poco borrosa.

El dolor, la desesperación de Yumegami, lo que le dijo al final…

—Kuu, ¿es cierto? ¿Estoy…?

El muchacho no contestó. Desvió la mirada hacia la lámpara, pero Khaos sabía que no la veía en realidad. Estaba debatiéndose consigo mismo, quizá pensando en hacer o decir algo que le dolía.

—Lo lamento tanto… —susurró él finalmente.

Eso hirió a Khaos como nunca hubiera creído posible. Pero quien lo decía era Yumegami, así que se armó de valor para oír su explicación.

—Yo… No creí que… Por lo que sabía, los Proyectos están incapacitados para la reproducción, pero me entraron dudas cuando conocí a Alí-sama, porque él tiene hijos…

Yumegami tragó en seco y movió una mano sin darse cuenta, rozando con sus dedos los de Khaos.

—Entonces no le presté atención al detalle. Imaginé que Alí-sama había corrido con suerte y que algo tendría que ver Viola-sama, siendo "normal". Después, por accidente, supe que Alí-sama fue considerado en su momento un Fracaso porque, entre otras cosas, era capaz de tener descendencia. Su Desertor lo liberó entonces, para que no lo mataran.

Khaos se encogió ligeramente, asustada. Creyó comprender lo que aquel hombre gritaba respecto a ella en su pesadilla habitual, pese a las protestas del otro, "Es un Fracaso, ¿para qué la querríamos?"

—Sin embargo, eso no era garantía de que pudiera imitar a Alí-sama. A mí no se me consideró Fracaso, que yo sepa, eso debía significar… Khaos, no quiero que nadie pase por lo mismo que yo. Menos si es un niño… nuestro niño. De haberlo sabido…

—Kuu…

Ella estiró los brazos, envolviendo a Yumegami con ellos.

Aquello no era justo. Una persona tan buena como él tenía derecho a alegrarse por algo tan maravilloso como tener hijos, no debería estarse culpando por condenar a inocentes a algo que no podía remediar. Una persona tan noble como él debería poder tener una familia, sin preocuparse de que lo mataran al día siguiente.

—Me importa ese niño —confesó Yumegami a su oído, con voz ahogada y ronca —Me importa casi tanto como me importas tú. Porque es nuestro, Khaos. Por ese niño también haría lo que fuera, con tal de que viva. Haré lo que sea porque él y tú vivan.

—Kuu… Yo también.

Él se apartó un poco para mirar su cara con incredulidad.

—Un niño… No creí… Pensé que nunca iba a tener uno. Creí… que nadie me querría tanto como para… ¿Ves lo que te digo, Kuu? Tú me haces feliz.

—Pero yo…

—¡Nada! Eres bueno, métetelo en la cabeza. El simple hecho de que te importemos tu hijo y yo, lo demuestra. Tienes corazón, Kuu, ¿por qué no…?

Se quedó callada cuando Yumegami la besó. Era lento, dulce, procurando no lastimarla y conteniéndose a duras penas.

—Khaos… ¿De verdad…? ¿Te parece bien…?

—Sí, Kuu. Si también es tu niño, me encantará tenerlo.

Finalmente Yumegami se permitió una vaga sonrisa y no le avergonzó llorar delante de Khaos, quien besaba sin parar sus húmedas mejillas.

Su niño viviría. Él y Khaos se encargarían de ello.

-&-

Durante el mes siguiente, el Albedrío se llenó de risas, besos y abrazos para Khaos, quien los aceptaba lo mejor que podía. No estaba habituada a semejantes atenciones, pero estaba encantada en recibirlas.

—¿Y podremos jugar con el bebé? —preguntó Alhelí en una ocasión.

—Claro, cariño, si tu hermano y tú se portan bien —contestó Viola.

Alhelí dio un gritito de gusto y fue corriendo a decírselo a Vittorio.

El fin de la semana se le antojó a Khaos como relajante. Era casi el final del semestre y sentía que no daba para más. No pensaba mucho en cómo les explicaría a sus profesores que no volvería el semestre siguiente a las aulas (pensaba tomar sus clases en línea), ni tampoco cómo seguiría trabajando. Se le olvidaban gran parte de los inconvenientes al contemplar a Yumegami feliz. No lo demostraba mucho, pero ella sabía que lo estaba.

Solamente Stoker podía competir con ellos en felicidad.

—¿Estás bromeando? —eso había sido lo primero que pudo soltar el pirogénito cuando Yumegami le dio la noticia y le pidió algo.

—¿Cuándo has visto que Kuu bromee? —espetó Khaos a su vez.

—Es que… Vamos, me alegra mucho imaginarme con un pequeño Kuu por allí o con una Khaos en miniatura que no se enfurruñe al verme…

La aludida le había dado un codazo en ese momento, aunque sonreía.

—Si Kuu cree que lo harás bien, le creo. Di que sí… Beltane.

Fue su nombre en boca de Khaos, más que otra cosa, lo que animó a Stoker a aceptar la petición de Yumegami para ser el padrino de su hijo.

-&-

El domingo, Khaos despertó hallándose sola en la cama. Se apoyó en una mano, mirando a su alrededor, inquieta al notar cosas distintas.

Como que su dormitorio no tenía las paredes pintadas de azul zafiro.

Arrugó el ceño. Se detuvo en otros detalles, como la lámpara a su derecha, con la pantalla hecha de un material transparente y pintada con…

—¿Kuu? —llamó, intentando no sonar nerviosa.

Una diminuta sombra coló su cabeza por la puerta.

—Papi está ocupado. ¿Ya no estás enferma, mami?

Khaos abrió los ojos al máximo, con un nudo en la garganta.

—Tú… Tú eres…

—Lo siento. Papi dijo que no entrara todavía. Ya me voy.

—No importa. Ven.

La figurita abrió la puerta con lentitud y se coló a la habitación, dejando a Khaos encandilada y maravillada. Seguro estaba soñando y por una vez, no quería despertar pronto.

Era adorable. Tenía su cabello, lacio y exactamente del mismo tono gris claro, casi blanco, brillando con la luz que venía del pasillo. Estaba usando un pantaloncito de mezclilla y una camisa azul que enfatizaban las vetas en sus ojos, que en su mayoría eran de un color incierto, entre blanco y gris. Su cuerpecito delgado daba la impresión de ser frágil, pero tu tez morena clara declaraba lo saludable que era.

—Papi dijo que no entrara todavía —repitió el niño, con un mohín.

—¿Porque estoy enferma?

—Sí. Lo siento. Fue culpa mía.

Khaos resopló. Este chiquillo era digno hijo de Yumegami, seguro.

—Pero no hiciste nada malo —le aseguró con una sonrisa —¿Qué pasó?

—Sentí un golpe en la cabeza, mami. Y te dolió.

—¿A mí?

—Sí, ¿no te acuerdas? Ese día papi te habló de mí.

Bien, ese sueño se estaba poniendo muy raro. Por lo pronto, Khaos le siguió la corriente al niño, a ver qué más le decía.

—¿Ah, sí? ¿Y qué pasó?

—Tú lloraste. Te dolía yo y pensé que no iba a llegar. No me podías oír, luego le quité algo a papi y lloraste más.

—¿Qué le quitaste a tu padre?

—No sé. Pero creíste que habías sido tú.

—¿Yo?

El pequeño asintió varias veces con la cabeza.

—No entendía nada. Tú llorabas y estabas asustada. No supe que papi era papi hasta después, no veo mucho aún. Te dijo algo que no entendí.

—¿Te acuerdas qué me dijo?

—No todo. Todavía no oigo bien. Pero sí me acuerdo de un pedacito… "haré lo que sea para que él y tú vivan".

Khaos asintió, con un nudo en la garganta. El niño hablaba de hacía un mes. Se estaba valiendo del sueño para estar allí y explicarse.

—¿Dijiste que tú le quitaste algo a tu padre?

—Sí, pero no quería hacerlo. Me dolía mucho la cabeza, mami.

Ella creyó comprender qué había pasado exactamente. Y al imaginarse que semejante idea era el origen de los miedos de Yumegami, quiso llorar.

—No te preocupes —aseguró en voz baja, controlando el temblor que quería salirle por contener un sollozo —Tu padre no está enojado contigo. Dile que lo quieres y que no fue tu intención. Lo entenderá.

—Eso me dijo que te dijera a ti.

—¿Ah, sí? Pues tu padre es muy listo, ¿verdad?

El pequeño volvió a asentir con ganas, pero ahora sonreía un poco. Era la misma sonrisa fugaz e inexperta que solía mostrar Yumegami cuando una emoción intensa lo tomaba por sorpresa.

—Ya me voy —dijo el niño, mirando hacia la puerta —Papi se va a enojar si ve que vine sin permiso. O se puede asustar. Tú te asustaste cuando pedí ayuda y él vino. Lo llamabas y lo llamabas, ¿te acuerdas?

Sí se acordaba. Khaos no olvidaría fácilmente que Yumegami se había desplomado sin más, muy pálido y sudando a mares, poniéndose cada vez más frío. Se parecía a lo de la Torre Rainbow y se había imaginado lo peor.

¿Significaba que ahora mismo, ella era la que sudaba y se enfriaba?

Khaos abrió la boca para preguntar al respecto cuando Yumegami asomó la cabeza por la puerta de la habitación, frunciendo el ceño.

—Te dije que no podías entrar aún —le recordó al niño.

—Lo siento, lo siento. Quería ver a mami. Pero ya me iba.

Yumegami lo miró con atención antes de entrar a la habitación, apoyar una rodilla en el suelo y tender los brazos.

El niño primero lo dudo, pero acabó asintiendo y fue dando pasitos hasta Yumegami, quien lo abrazó de forma apretada, pero el pequeño no se quejó. Khaos imaginó que lo abrazaba como a ella, con energía pero procurando no hacerle daño.

—Ahora vuelvo —indicó Yumegami, alzando al niño e inclinando la cabeza a modo de disculpa.

Khaos quiso detenerlo, pero lo pensó mejor. Quizá este sueño no era de ella, sino de Yumegami. Uno de sus pocos sueños. Prefirió dejarlo hacer lo que quisiera, antes de lanzarse a preguntar como loca.

—Khaos. Despierta, por favor.

Oía la voz de Yumegami, pero no lo veía. Y sonaba tan…

—Khaos, por favor…

—¿Qué pasa?

Al abrir los ojos en la realidad, la joven confirmó que Yumegami estaba realmente asustado. No dejaba de acariciar sus mejillas y verla como si hubiera estado a punto de perderla.

—¿No era… un sueño tuyo? —quiso saber, hablando despacio.

—No. Le pedí al niño que no lo hiciera de nuevo, pero obviamente, aún no lo controla.

—¿Hacer qué?

—Usó sus habilidades sin darse cuenta. Se metió a tu sueño y como todavía no se recupera, se alimentaba de ti.

—Espera, ¿es en serio? El otro día… ¿Él te quitó vida? ¿No fui yo?

Yumegami asintió.

—¿Ese Aristotel se comió alguno de sus pensamientos? —al obtener otro asentimiento, Khaos se indignó —Maldito…

—Calma. Tenemos la ventaja de que Aristotel creyera que se trataba de mí, pero a estas alturas Stratus debe haber recordado que tú y yo tenemos hechizos de protección encima. Se van a preguntar qué ocurrió. Solo espero que no descubran que se trataba de nuestro niño.

—¿Pueden enterarse?

—Por nosotros quizá no, al haber firmado un contrato en el Albedrío, los hechizos de Viola-sama protegen nuestras mentes. Pero el niño…

Yumegami tanteó el abdomen de Khaos con expresión absorta.

—Oíste a Ali-sama, no podemos renegociar nuestros contratos. Y estando vigentes, no nos permitirán firmar otro.

—¿Entonces qué hacemos?

—Cuidarlo, Khaos. Enseñarle cosas. Y que sepa cuánto nos importa.

Ella asintió, llorando un poco, no sabía si por la alegría de ver una versión crecida de su futuro hijo o furiosa porque estuvo a punto de perderlo a causa de la habilidad de Aristotel. Acabó triunfando la pena, porque ver a Yumegami tan preocupado era para ella como si el sol se apagara poco a poco. Fue en ese momento que entendió que así debía sentirse él al verla mal y lo quiso mucho más.

—Los amo, Kuu. A ti y a nuestro niño. Los voy a proteger. Lo juro.

Yumegami la miró con asombro.

—¿Qué dijiste? —inquirió en un susurro.

—Que voy a protegerlos.

—No, antes de eso.

—¿Qué, que los amo?

Él asintió y acarició su cabeza con delicadeza, enredado los dedos en largos mechones de su cabello.

—No me lo habían dicho jamás —reveló, meditabundo —Se siente…

Yumegami no supo explicarlo. Era una emoción pesada, pero no incómoda. Sentía un revoloteo en el pecho, el corazón le latía tanto y tan fuerte que ignoraba cómo no se rompían sus costillas. Sentía que no podía respirar y al mismo tiempo, que no dejaría de hacerlo jamás. Sintió cosas que hasta la fecha, creía inalcanzables. Era como el más hermoso de los sueños, con la ventaja de que era suyo y no se desvanecería al abrir los ojos. Khaos estaba allí. Y él…

—Tú eres la única —dijo con voz queda, calmada, tocando el rostro de Khaos con las yemas de los dedos, cual artista admirando su escultura más grandiosa —La única persona en el mundo que me hace sentir todo esto. La única persona por quien haría cualquier cosa. La única persona con quien quisiera estar, sin importar lo que suceda. La única mujer con quien habría hecho lo que hice y que ahora me dará un hijo y…

Yumegami sentía obstruida la garganta. Nunca, mientras vivía solo después de haber escapado, había estado tan cerca de alguien. La gente no solía mirarlo y cuando lo hacían, le dedicaban muecas y se alejaban mascullando sobre padres irresponsables y los mendigos en el mundo. En aquel tiempo, no tardó en rendirse al querer integrarse a un grupo, simple y sencillamente no podía. Acababa espantando a cualquiera cuando hablaba de lo que veía y aprendía a través de los sueños. Conoció los orfanatos, quiso entrar a varios, pero desconcertaba a los empleados al no poder dar datos tan básicos como su fecha de nacimiento o la ciudad donde había nacido. Trabajó toda su vida, vendiendo lo que sabía y tratando de no caer en malos pasos. Siempre que quería animarse, rogaba por dormir y ver de nuevo a la persona que ahora tenía enfrente. En sus sueños, ella le sonreía, lo tocaba y le permitía estar cerca. Por eso lo abrumaba que en la realidad, cuando menos lo esperó, ella estaba allí.

Y había dicho que lo amaba.

Quería decirle algo que describiera con precisión lo afortunado que se sentía, el bien que le hacía escuchar aquello. Pero no sabía cómo.

—Lo sé, Kuu. Soy valiosa. También nuestro niño. Oye, ¿cómo deberíamos llamarlo? Un nombre en el idioma de Nihotto estaría bien, combinaría con tu apellido y no lo mirarían raro. Y quizá…

—Khaos… ¿También te amo?

Ella se confundió con el tono interrogativo de Yumegami. Después lo pensó mejor y al observarlo, notó que hacía un verdadero esfuerzo para expresarse correctamente. ¿Quería describir fielmente lo que sentía?

—Es que… No lo sé —indicó él, tomando sus manos —Cuando dices que me amas, ¿qué sientes? Yo… quizá ya lo siento y no lo sé. Necesito saberlo. Quiero… Me hiciste feliz al decirme eso. Quiero hacer lo mismo por ti.

Khaos apenas podía contener una sonrisa por semejante ingenuidad.

—Pero todo lo que me has dicho y hecho… Es lo mismo que siento yo, Kuu. Quizá yo no sea tan valiente, ni tan lista, pero…

—Bien —él inclinó la cabeza y apoyó su frente en la de Khaos, con una mano en su largo cabello —Entonces lo diré. Quiero que lo oigas. Yo…

Un furioso estruendo los sobresaltó.

—¿Eso qué fue? —inquirió Khaos en un susurro.

—Quédate aquí.

Yumegami se levantó de la cama y dejó el dormitorio a toda carrera. Khaos se sentó, abrazándose las piernas.

—Basta de huir, Kuu. Vas a venir conmigo y a explicar cómo esquivas todas mis sondas. Porque el hechizo de protección es reciente, ¿verdad?

Stratus. A Khaos se le helaba la sangre de solo pensar en verlo y peor era saber que Yumegami estaba a solas con él. Quiso levantarse e ir a hacerle frente al tipo, pero se contuvo a tiempo.

Su niño. Si Aristotel estaba con Stratus, se daría cuenta que la última vez se había comido el pensamiento de alguien que no era Yumegami. Se abrazó las piernas de nuevo, mordiéndose el labio inferior.

—Vas a estar bien, bebé —le susurró a su hijo no nacido, esperando que no la oyeran —Papá se hará cargo. Mamá te cuidará también.

En respuesta, un calorcillo recorrió sus dedos y quiso creer que su niño le daba un voto de confianza.

-&-

Esta vez, Yumegami quería dar a entender que estaba harto de escapar y que intentaría seguir con su vida como mejor le placiera.

—No tengo por qué darte explicaciones. Igualmente no tengo por qué acompañarte. Soy libre, ¿lo olvidas?

A Stratus se le agotaba la paciencia. Pensaba que capturar al hipnófago sería pan comido. Hasta la fecha, ningún Proyecto se le iba de las manos una vez que lo tenía en la mira. Por eso, cuando el hipnófago comenzó con esos actos de desaparición, se quedó intrigado. Informó a sus superiores de la situación y ellos le asignaron compañeros. Arcadia Noctelumen fue la primera, pero ella no podía ir siempre con él, tenía una vida ordinaria qué sostener. Así que Letheo Aristotel fue el tercero del equipo, el que podía acompañarlo incluso en horarios inadecuados o a sitios restringidos. Ambos eran Proyectos y nadie los echaría en falta.

Ahora le daba rabia no solo la pretensión de Yumegami de ser normal, sino que de alguna forma, lo conseguía. Sus compañeros y él habían sondeado la universidad y descubrieron que el hipnófago era apreciado. No destacaba por su aspecto; con tantos humanos excéntricos y monstruos antropomorfos en el campus, que apenas se distinguían entre sí.

Ah, eso le recordaba algo que podría ser buena idea.

—¿Y la chica a la que siempre defiendes? ¿Supo lo que eras y salió corriendo? ¿O acaso…?

Stratus dejó la insinuación inconclusa, esperando que Yumegami diera muestras de algún sentimiento, pero falló, pues solo obtuvo una ceja arqueada, como si quisiera saber de qué estaba hablando.

—He estado investigando al respecto. Hay alguien en nuestros archivos con las características de tu chica, pero al ser clasificada como Fracaso, se supone que fue destruida. Mis jefes no pudieron darme nada para rastrearla, así que dime, ¿quién es, para que te importe tanto?

Yumegami negó con la cabeza.

—Por mí no lo sabrás —sentenció, firme.

—No estás en posición de negociar, Kuu.

—Quizá. Pero toma en cuenta que escapé de ti cuando otros de los nuestros no pudieron hacerlo. Por cierto, ¿por qué tanto interés en que me recuperes? ¿Acaso fui catalogado como Éxito y no me enteré?

Stratus soltó una carcajada baja, sarcástica, pero a Yumegami no se le escapó que también sonaba amarga, incluso cruel.

—Kuu, muchacho, pensé que ya lo sabías. No nos molestamos en recuperar Proyectos si no fueran útiles.

Yumegami frunció el ceño. Aquello no tenía sentido. Alí Arafat, el Revelador, había sido considerado Fracaso y sin embargo, atacaron la Universidad Pública de Hidracalia para recuperarlo. ¿Qué estaba pasando?

—¿Y por qué me querías cambiar por el Revelador la última vez? Él es un Fracaso, ¿no?

—Deberías preguntarle a tus jefes si es verídica esa información. Yo la obtengo de fuentes más confiables. Y eso me recuerda… ¿te importaría que nos lleváramos a la biófaga, ya que estamos aquí? A uno de mis jefes le encanta la idea de conocerla, no sé si me entiendas.

Por primera vez, Yumegami creyó sentir lo que eran la indignación y la ira. Se lo había prometido a Khaos, que nunca más la lastimarían. Y pensaba cumplirlo a como diera lugar.

—¿Quieres oír algo curioso? Lo que me informaron es que la biófaga debía ser tu "contraparte", ¿sabes lo que eso significa? Seguro que sí, por lo visto los sueños te enseñan muchas cosas…

Yumegami bufó. Eso era algo que no tenía contemplado.

—Así que digamos que nos has ahorrado trabajo. Hiciste exactamente lo que se esperaba. Eso mata dos pájaros de un tiro.

Quizá para los jefes de Stratus fuera así, pero Yumegami no pensaba darles el gusto. Se concentró en relajar la mente para conseguir algo que no hacía a menudo, debido a las consecuencias. Esperaba que Stratus no tuviera hechizos de protección encima, o si no perdería energía en vano.

Para cuando el proceso comenzó, pudo darse cuenta que no era el único al que debía enfrentar.

El problema era que la segunda persona estaba fuera de su alcance.

-&-

—Hola, guapa.

Khaos dio un respingo. Miró a su alrededor con rapidez, para luego percibir algo a su izquierda, junto a la puerta. Entrecerró los ojos, suspicaz, para luego volver a escuchar aquella voz.

—¿Quieres ir a dar un paseo? Aunque puede que no regreses.

La chica se alejó instintivamente de la voz, alcanzando la orilla de la cama con una mano. Bajó un pie al suelo, cautelosa, sin dejar de vigilar el punto de donde venía la voz y la sensación extraña.

Ese algo se movió y sus ojos lo siguieron como si de verdad pudiera verlo. Aquel ser se detuvo estando a un par de metros de ella.

—¿Me estás mirando? —quiso saber la voz, mordaz —No creo. Nosotros también tenemos buenos hechiceros. Anda, ven a pasear, te gustará.

—Lo dudo —masculló Khaos, bajando el otro pie de la cama y adoptando una postura defensiva —¿Qué te pasó, Aristotel?

Al pronunciar el apellido, su dueño apareció repentinamente.

—¿Qué demonios hiciste? —vociferó el tipo, con expresión fiera —Ahora vendrás conmigo, muñequita de porcelana. Uno de mis jefes está ansioso por conocerte. ¿Quién diría que serías la biófaga?

Khaos procuró no encogerse de miedo. ¿Cómo diablos se había enterado lo que ella era? Y lo otro que había dicho… No, no quería imaginar la forma en que ese jefe quería conocerla.

—¿Cómo supiste lo que era yo? —inquirió.

—No fue sencillo. Reportamos lo que pasó la última vez, pero porque queríamos saber qué hacía el hijo de Stoker protegiendo Proyectos. Todo salió al dar tu descripción. No hay muchos monstruos que la tengan. Menos cuando se supone que la biófaga fue un Fracaso destruido hace años.

La joven tragó saliva. Sí, casi se muere cuando el laboratorio donde la tenían se incendió. Casi. Pensó con rapidez y decidió que debía atrasar el enfrentamiento con Aristotel lo más que pudiera, así como evitar que usara su habilidad.

—El señor Stoker, el padre de Beltane… ¿Era un Desertor, no?

Esa idea rondaba la cabeza de Khaos desde que notó el parecido entre el hombre que la buscaba en su pesadilla y Stoker. Además, eso de que las llamas lo dejaran pasar no dejaba lugar a dudas sobre su especie.

—¿Quién, Fatuo? ¡Claro! —Aristotel se echó a reír con tal fuerza, que Khaos imaginó que ya no tenía que pedir ayuda: Yumegami se daría cuenta de qué ocurría y vendría enseguida —Ese hombre cumple con todo lo que se le ordena. Por lo visto, está atado por un contrato afianzado por un hechicero. Y seguro eso a su hijo le encanta, no se han visto en años.

Khaos sintió pena por Stoker. Ella solo podía imaginar qué se sentiría tener un padre y al mismo tiempo, carecer de su presencia.

—Ah, ¿eres amiga del hijo de Fatuo? Me sorprende, precisamente Fatuo tenía orden de matarte. Claro, no se lo pidieron así, su contrato le impide asesinar… Muy listo, el tipo.

Eso llamó la atención de Khaos, pero decidió meditarlo después.

—Pero eso no importa ahora. Vas a acompañarme. Y cuando mi jefe termine contigo, sigo yo.

Aristotel dijo eso con una mirada ávida que causaba pavor. Si Khaos pudo conservar la calma fue por su determinación a cumplir sus promesas.

—Olvídalo. No pienso ir a ninguna parte.

—No te lo estoy preguntando. Aunque podrías aclararme de quién era el pensamiento que tomé hace una semana. Se parece a los del hipnófago, pero tiene algo más… Tuve que tirarlo porque casi me mata.

Bien, pensó Khaos con ironía. Justo lo que no quería que pasara, que ese idiota de Aristotel indagara en asunto en particular.

—¿Acaso uniste fuerzas con el hipnófago para darme esa porquería? —siguió interrogando Aristotel, dando un paso hacia Khaos, lo que ocasionó que ella retrocediera —No es sensato que me hagan comer esas cosas. Como lo del hijo de Fatuo, era un sonsonete insoportable, "Soy Beltane Stoker, soy Beltane Stoker". Lo repetía una y otra vez. ¿Por qué? No lo sé.

Avanzó otro paso, alzando las manos con los dedos curvados. Recordaban a garras de ave de rapiña. Khaos se movió unos milímetros, acomodando su postura, preparada para soltar el primer golpe.

Pero de pronto, Aristotel cayó pesadamente, como un títere al que le hubieran cortado los hilos. Se le veían los ojos en blanco y una mueca de infinito terror. Por si las dudas, Khaos se quedó en su sitio.

A los pocos segundos, oyó alboroto en el pasillo. Unos cuantos golpes y tres o cuatro exclamaciones ahogadas antes que el silencio reinara de nuevo. La joven quiso llamar a Yumegami, pero prefirió no hacerlo. Si él estaba bien, vendría a buscarla. Si no…

—¿Áphatos?

Era la voz de Yumegami. Ella casi suspiró de alivio. Casi, porque no tardó en darse cuenta de la incoherencia y se quedó callada.

—Tenemos el camino libre, hay que irnos.

Khaos negó con la cabeza y subió a la cama, usándola para llegar a la puerta de la habitación sin tener que pasar cerca de Aristotel.

Cuando estiraba la mano hacia el picaporte, los ruidos de golpes se reanudaron en el pasillo. La muchacha se giró, apoyando la espalda en la puerta, porque no era sensato dejar de vigilar al enemigo aunque estuviera fuera de combate. Por suerte, Aristotel seguía inconsciente.

—¿Tienes más vidas que un gato o en realidad eres hematófago? —se burló Stratus con voz fastidiada —Creí que te habías suicidado con…

Un fuerte golpe detuvo la frase de Stratus. A continuación, hubo un pequeño estrépito y alguien avanzaba a tropezones hacia la puerta.

—¿Khaos?

Otra vez la voz de Yumegami. Esta vez, la joven aguardó un poco más.

—¿Estás bien? Detecté a Aristotel adentro, por suerte no trae hechizos de protección y pude… Digamos que lo ataqué. ¿Puedo pasar?

Ella se arriesgó a abrir la puerta y mirar por una rendija. Yumegami estaba allí, pálido y despeinado, con el ojo izquierdo empezando a hincharse y con el brazo derecho se sujetaba el izquierdo, a la altura del codo. Un hilillo de sangre escurría por la comisura de su boca.

—¿Qué pasó? —inqurió, abriendo completamente la puerta.

—No hay tiempo para explicarlo. Si estos dos nos encontraron aquí, cualquiera puede hacerlo. Tienes que ir al Albedrío y…

—No.

Yumegami la observó con cara de no entender nada.

—Nos iremos los dos. Tiene que verte un doctor. Seguro Ryoko o su esposo nos ayudan. ¿Piensas que te voy a dejar solo, así como estás?

—Khaos, eso no…

—¡Nada! Vámonos ahora, antes que Aristotel despierte. ¿Qué hiciste con Stratus? Hace un momento creí…

—Tener una parte eogénita le da a Stratus la facultad de "jugar" con los sonidos —afirmó Yumegami, frío —Si nos iremos los dos, necesitamos algunas cosas. Ve por lo indispensable, yo vigilaré.

A Khaos no le agradaba mucho la idea de separarse de Yumegami, pero hizo lo que le pidió. Esquivó de nuevo a Aristotel caminando sobre la cama y fue a llenar la vieja mochila con la que iba a clases: puso en ella ropa, libros y la cajita donde guardaba sus ahorros. Repasó la habitación con la mirada antes de dar media vuelta y disponerse a salir.

Sin embargo, algo le dio un brusco tirón desde el extremo de su pierna derecha. Al agachar la vista, abrió los ojos con espanto.

Aristotel acababa de reaccionar y se aferraba a su talón.