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Rilato — capítulo 14
014: Novedad.
(Abierto)
Niega, no deben saberlo…
Navega, es un río de pensamientos…
Necesita, te deben el cumplir tu ruego…
Yumegami examinó con la mirada la sala del departamento, repasando mentalmente lo que necesitaba hacer.
Por un lado, no tenía muchas pertenencias. Casi todas se hallaban en el maletín que usaba para ir a la universidad y en una maleta deportiva en la que guardaba su ropa. Lo único que tenía que hacer era asegurarse que no dejar nada fuera de ellas y…
—¡Kuu!
El nombrado giró sobre sus talones y echó a correr a una velocidad pasmosa. No tardó ni tres segundos en llegar al dormitorio, donde Khaos trataba de librar su talón de la mano de Aristotel.
—Quítasela de encima —ordenó, pero Khaos no comprendía a quién le hablaba —¡Puedes hacerlo, Khronos!
En ese momento, Khaos sintió que el trozo de su piel que Aristotel tocaba se calentaba en exceso. El psicófago pareció notarlo también, porque la soltó enseguida, mirándose la mano.
—¿Qué me hiciste, maldita? —espetó, alzando los ojos hacia Khaos.
—Vámonos —Yumegami sujetó a Khaos por un brazo, arrastrándola con él —Y tú —miró a Aristotel con ojos helados —quiero que les digas a tus jefes que nos dejen en paz o les irá peor que hoy, ¿está claro?
El muchacho no esperó a recibir una respuesta. Dio un puntapié a la cabeza de Aristotel, quien soltó un alarido antes de quedarse sin sentido en el suelo. Luego, Yumegami se llevó a Khaos con él, apenas acordándose que antes debía recoger sus propias cosas de una esquina de la habitación. Al llegar a la sala, Khaos se sorprendió al ver que su mesa de centro estaba hecha pedazos. Las paredes estaban llenas de abolladuras y quemaduras curiosas.
—¿Todo lo hizo Stratus?
—No. Una parte es mi culpa. Espero no haberlo matado…
—¿A Stratus?
—Tengo demasiada fuerza física, ignoro el por qué. Debo contenerme demasiado con todo lo que hago.
Khaos parpadeó repetidamente, atónita. Eso debía explicar que él la tratara siempre como algo frágil, cuando no siempre era necesario. Ya había tenido antes la sensación de que Yumegami se movía con mesura, casi con miedo, pero enterarse que probablemente sí se asustaba con algo tan simple como tocarla…
—¿Por qué no me lo habías dicho?
—No lo sé. No creí que tendría la necesidad de mostrarte algo así.
—¿De qué hablas?
Yumegami no contestó. Se concentró en acomodarse la correa del maletín de forma cruzada, apoyada en su hombro derecho, a la vez que con la mano de ese lado cargaba la maleta. El brazo izquierdo quedó entonces colgando de forma floja a su costado.
—¿Tu brazo está bien? —inquirió ella, preocupada.
—Es probable que me haya fracturado. Apenas puedo mover los dedos. Si no hago un movimiento brusco, lo soportaré hasta que lo enyesen.
—¿Y lo dices tan campante?
—No es la primera vez que me pasa. No gano nada lamentándome.
Pese a que las palabras podían sonar despectivas o sarcásticas, Yumegami no hacía más que declarar los hechos. Ahora Khaos lo conocía lo suficiente como para saber eso. Así que en lugar de ofenderse, aferró sus cosas y lo siguió fuera del departamento.
Lamentaría no poder volver, pero había otras cosas en qué pensar.
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—Esto se está saliendo de control.
Alí Arafat era pacífico. Eso lo deducían todos al verlo por primera vez y lo confirmaban conforme lo iban conociendo. Sin embargo, su esposa y sus mejores amigos sabían que no era recomendable agredir lo que Alí defendía o amaba, porque se toparían con un humano difícil de tratar. Y no precisamente por lo que era en realidad.
Khaos y Yumegami llegaron al Albedrío a mediodía, pues él insistió en dar un par de vueltas en lugares llenos de gente, para despistar. A ella no le pareció correcto, más con los empujones que ponían a su compañero mucho más pálido, pero no se atrevía a contradecirlo.
Poco después, pudieron sentarse en la sala principal y mientras Khaos narraba lo ocurrido lo mejor que podía, Yumegami era examinado exhaustivamente por el matrimonio Cisneros Akai, llamado por una Viola que, a juzgar por sus cejas fruncidas, estaba iracunda.
—Necesitamos saber algunos detalles antes de preparar un plan de acción —declaró Alí, para sorpresa de Khaos. Normalmente quien hablaba de esas cosas era Viola —Kuu, ¿cómo supieron que Khaos y tú vivían allí?
Yumegami arrugó la frente, reflexionando.
—Una sonda de Stratus ya había entrado al departamento —comenzó —Quizá algo le pareció sospechoso aquella vez y ha vigilado el sitio desde entonces. Lo siento, Alí-sama, debí haberlo previsto.
Alí negó con la cabeza.
—Quizá tengas razón, pero no me suena del todo lógico. Es decir, si Stratus confirmó que estabas allí antes, ¿por qué atacar hasta ahora?
—Aristotel dijo… Él dijo que casi se come un pensamiento extraño —Khaos jugueteaba con sus dedos sobre el regazo, deseando no estar tan nerviosa —Pero que tuvo que tirarlo porque casi lo mata…
—¿Tiró un pensamiento? Eso sí que es raro —intervino Ryoko, con sus manos quietas por un segundo en el yeso que ella y su marido le colocaban a Yumegami —Según nuestras investigaciones, en teoría eso no debería ser posible. Además, ¿qué pensamiento puede matar a la gente?
—Teóricamente, los pensamientos causados por depresión y malos ratos podrían llevar a conductas autodestructivas —recitó Yumegami, apagado —Los he visto en las pesadillas. Si comes eso, enfermas. Es simple.
—Simple para ti, Dreamo —advirtió Benjamín Cisneros, que recién terminaba con el yeso —Nosotros no somos expertos en ese campo.
—¿De quién era ese pensamiento que Aristotel no se pudo comer?
Ante la pregunta de Viola, Khaos se ruborizó. Yumegami contestó.
—Era de Khronos.
—No, era de… —Khaos agitó la cabeza de un lado a otro, para luego detenerse y mirar a Yumegami de hito en hito —¿Lo llamaste Khronos?
—Me pareció adecuado. Y combina contigo.
—¿Quién es Khronos? —quiso saber Benjamín Cisneros.
—Es nuestro niño.
Yumegami había afirmado aquello lo más firme que pudo, porque de pronto se había sentido mareado. Claro, ya se había tardado…
—¡Ah, sí! Ryoko me lo había dicho. Me alegro por ti, Dreamo.
—Gracias, Ben-sensei.
El aludido dio un ligero respingo, pero casi enseguida sonrió. Con ese gesto, Khaos notó el parecido que tenía el médico con su hijo.
—¿Cómo se te ocurrió la genial idea de llamarlo así? —quiso saber Ryoko, componiendo un mohín bastante curioso.
—Se parece a Khaos, Ryoko-sama.
—Eso no puedes saberlo. El bebé no tiene ni dos meses de vida. Por cierto, que tampoco podrían saber que es un niño, no todavía.
Tanto Khaos como Yumegami se miraron. Al narrar su encuentro con Stratus y Aristotel, ella había omitido lo vivido poco antes.
—Por lo general, la gente en sueños se ve igual a como es en la realidad —inició Yumegami, con aspecto de ser un profesor dando una clase particularmente importante —O al menos se muestra como se ven a sí mismas. Khronos ya usa habilidades, Ryoko-sama. Lo hemos visto.
Eso desconcertó notoriamente a todos los presentes.
—Eso es increíble —musitó Ryoko.
—Extraño —atinó a decir Alí.
—Problemático —soltó Viola, causando otro desconcierto —Si eso es cierto, allí está el problema. El bebé es como Kuu, pero también como Khaos, así que los radares de esos tipos se confunden. Y ya dedujeron que yendo tras ese ser no identificado, irán tras el hipnófago y la biófaga —suspiró —Kuu, revisaré tu contrato.
Una exclamación ahogada surgió de Ryoko.
—Viola, ¡jamás renegociamos! —indicó la hematófaga, pasmada.
—Lo sé, pero quizá tengamos que hacer una excepción. Sé que las consecuencias serán un poco fastidiosas…
—¿Fastidiosas? ¡Te privarías de habilidades de rango Gamma y Delta al menos por una semana, si no es que más!
Viola se encogió de hombros. Por lo visto, no le importaba en lo más mínimo dejar de hacer unas cuantas cosas como hechicera.
—Viola-sama, ¿y si no es necesario renegociar? —sugirió Yumegami con cautela —Si revisáramos juntos el contrato, podría indicarle…
Tragó en seco. Otra vez se estaba mareando. Iba a sacudir la cabeza para librarse del aturdimiento, pero lo evitó para no empeorar las cosas.
—Podría indicarle lo que yo creo que cubre ahora —concluyó.
—¿Qué hiciste, Kuu?
La pregunta venía de Alí. Sonaba acusadora y alarmada a un tiempo.
—Seguí su recomendación, Alí-sama, hice que…
—No me refiero al contrato. ¿Qué hiciste para detener a Aristotel? Porque supongo que por eso, Stratus te dejó así.
Alí señaló con un rápido gesto el brazo enyesado. Viola, creyendo saber de qué hablaba su marido, miró a Ryoko.
—Llama a la doctora de Tsuji —pidió.
La hematófaga abrió sus rasgados ojos todo lo que podía, antes de asentir a toda carrera y buscar su celular en los bolsillos de su bata blanca. Su esposo, en tanto, arqueaba una ceja.
—¿La doctora de Tsuji? ¿La psiquiatra? —inquirió.
—Exacto, Benjamín. Necesitamos sus talentos —contestó Viola.
—Tú sabes lo que haces. ¿Ella qué les debe?
—Un número de consultas igual a los días de dos años.
—Son muchas. Y supongo que no puedo preguntar por lo que contrató.
Viola asintió.
—¿Quién es esa doctora de Tsuji? —quiso saber Khaos.
Para su sorpresa, Alí sonrió con ironía, pero Yumegami contestó.
—Es alguien a quien Vittorio no querrá ver. Es una hipnoandante.
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Al principio, Khaos creyó ver doble. Las mujeres recién llegadas eran tan parecidas que solo podían ser gemelas. Sin embargo, cuando se acostumbró a tenerlas enfrente, descubrió innegables diferencias.
Una de las mujeres, la de semblante más serio, tenía el cabello castaño rojizo muy corto. Su ropa consistía en un traje sastre azul y una bata blanca. Algo en ella hacía que a primera vista, se pensara en un chico guapo y no en una mujer que se mostraba fuerte y decidida.
La otra mujer, por el contrario, sujetaba su cabello en la nuca, formando dos largas coletas de color castaño más marrón que rojizo, con las puntas rizadas. Llevaba puesto un vestido verde sencillo pero de apariencia costosa, en conjunto con un delantal blanco con uno de los bolsillos cargado con algo que parecían florecillas azules. Ella daba la imagen de ser una persona acostumbrada a actuar con elegancia y firmeza, además que sus facciones revelaban cierta terquedad.
Por último, y siendo el detalle más obvio, ambas mujeres poseían ojos de colores dispares. La que vestía de azul tenía el ojo izquierdo rojo y el derecho, verde. Los ojos de la del vestido verde eran de los mismos colores, pero a la inversa.
—Les presento a la doctora Souseiseki de Tsuji —Viola señaló a la mujer de cabello corto con una vaga sonrisa —La señora Suiseiseki de Yamamoto quiso venir con ella para ayudarnos.
—Uy, no lo rogué precisamente, pero me interesó mucho —comentó la mujer del vestido verde, sonriendo un poco.
—Sin contar con que también tienes un contrato vigente que quieres pagar lo más pronto posible —añadió la doctora de Tsuji con seriedad —Dime, Viola, ¿quién es el paciente?
—Allí, el joven del brazo enyesado.
La doctora de Tsuji miró a Yumegami, siendo imitada al instante por la señora de Yamamoto. A la vez, ambas arquearon la ceja que se hallaba sobre su respectivo ojo verde.
—¿No te hemos visto en alguna parte? —quiso saber la doctora.
—Es probable. Tengo algo de hipnoandante.
—Uy, tal vez sea como Hisui —apuntó la señora de Yamamoto.
—No, Hisui salió más a su padre. Yo diría que se parece a Yuri.
La señora de Yamamoto agitó la cabeza, poco convencida.
—Ambos tienen algo de hipnoandantes —intervino Yumegami.
—¿Los conoces? —quiso saber la doctora de Tsuji, perspicaz.
—Nos hemos encontrado. A los dos les gusta ser como son. Y, de Tsuji-sensei, Hisui me pidió que le avisara que habrá tornados en su convención del mes entrante.
—¿La que será en Arkansozz? —la doctora se mostró impresionada.
—Uy, ¿lo ves? Hisui es bueno.
—Hisui no lo vio, de Yamamoto-san. Lo vi yo.
Las dos mujeres se quedaron sorprendidas y si uno se fijaba bien, sus expresiones eran simétricas. Khaos se habría reído si no hubiera obtenido, de repente, una respuesta que ya no esperaba.
Yumegami sí veía el futuro en sueños. Al menos de vez en cuando.
—En realidad, lo vio una hipnopredictora de Mayabzil, yo andaba por allí cuando lo soñó y no le importó que le pasara el dato.
—Uy, ¿hay hipnopredictores todavía? Eso es interesante —comentó la señora de Yamamoto, sonriente.
—Sí, claro, lo discutiremos luego —atajó la doctora de Tsuji —Ahora, ¿me podrías decir tu nombre, jovencito? Para saber cómo llamarte.
—Soy Kuu Yumegami, de Tsuji-sensei.
—¡Sabía que lo había visto! —soltó entonces la señora de Yamamoto, de pronto, exasperada —Se coló al sueño que estaba vigilando hace un par de años, ese que no dejaba dormir a Yuri, ¿te acuerdas?
—Sí, estuve contigo en esa ocasión. Y no sé de qué te quejas, si después que este muchacho habló con Yuri, ella pudo dormir.
—En realidad…
Yumegami quiso hablar, probablemente para explicar qué había pasado aquella vez, pero el simple hecho de pensar hacía que su cabeza se llenara de punzadas. No pudo contener una mueca.
—A ver, ¿qué eres exactamente? Quizá el usar esa parte tuya de hipnoandante no te hizo bien.
La intención de la doctora de Tsuji era profesional, pero Yumegami frunció el ceño igual. Afortunadamente, Alí intervino.
—Es como yo, Souseiseki. Lo llamaron hipnófago.
La aludida y su gemela volvieron a mirarse, esta vez con temor.
—Hacerle eso a un ser vivo… ¡Uy, quisiera darles una paliza! —dejó escapar la señora de Yamamoto, indignada —No sé por qué me sorprende. Con lo valiosos que son algunos sueños…
—Eso no nos da mucho con qué trabajar —apuntó la doctora de Tsuji al ir hacia donde Yumegami estaba sentado. Ocupó el sitio libre a la izquierda del muchacho —No te preocupes, sondearé rápidamente tu sueño para saber la causa del problema —colocó una mano en la frente de él, con la delicadeza y facilidad que daban la práctica —Trata de relajarte y…
Yumegami asintió, aunque algo en sus ademanes le resultó extraño a Khaos. Como si se tratara de otra persona.
—¿Kuu? —llamó en un susurro.
—Hola, biófaga. Ha pasado tiempo.
La doctora de Tsuji arrugó la frente enseguida, llamando a su gemela con la mirada. La señora de Yamamoto, con pasos apresurados, rodeó el sillón donde se hallaban Khaos, Yumegami y su hermana, para presionar las sienes del chico con ímpetu.
—¿Quién se supone que eres? —inquirió la doctora de Tsuji, firme.
—Déjame en paz, hipnoandante. He esperado esto mucho tiempo. Me sorprende que Kuu tardara tanto en llamar pesadillas.
Las gemelas se vieron una a la otra, auténticamente asustadas.
—¿De quién eres? —preguntó entonces la señora de Yamamoto.
—No soy una pesadilla, si a eso te refieres. Aguardaba. Es difícil seguirle el rastro a este chico, a menos que hayas hecho contacto con él. Fue un golpe de suerte que entrara a uno de mis sueños. Lo retuve el tiempo suficiente como para memorizar su rastro.
La voz era la de Yumegami, sí, pero sonaba decidida, fría, incluso malévola. Khaos no pudo evitar apartarse, pero los ojos de Yumegami se fijaron en ella y confirmó así que quien hablaba no era el joven.
Aquellos ojos se habían convertido en témpanos de hielo.
—Interesante lo que ha hecho este muchacho para mantenerte viva —comentó aquel ser, intentando alcanzar a Khaos con una mano, pero hizo muecas de dolor cuando las gemelas hipnoandantes hicieron presión con sus respectivos toques —Creí que era un Fracaso rotundo. Sin embargo, dio muestras de utilidad y pensábamos quedárnoslo. Lástima que usó sin querer ese curioso don suyo con las pesadillas y se volvió loco.
La mano de Yumegami volvió a estirarse hacia Khaos, y con pavor, ella notó que iba a alcanzarla. Sin embargo, la mano se detuvo a unos centímetros de su rostro, con el gesto que haría alguien al tocar algo punzante o caliente.
—Muy listo, Kuu, muy listo —musitó el ser, irónico —Me sorprende que quieras proteger tanto a tu Contraparte. Creí que la odiabas.
—¿Por qué usar a Kuu Yumegami para hablarnos? —quiso saber Viola, dando un par de pasos hacia el sillón y aspecto decidido.
—¡Ah, la encantadora señora de Arafat! —los gélidos ojos se posaron en la hechicera —Es la única forma en que puedo hacerlo. Su pequeño negocio tiene tantas defensas encima que no puedo entrar por las buenas. Si se daba la oportunidad, aprovecharía el momento de debilidad de Kuu para hacerlo, lo que he logrado. Y Kuu es mío, tengo derecho a usarlo.
El tono de voz que impregnaba las últimas palabras era posesivo, repugnante, algo con lo que Khaos no podía lidiar. Sin darse cuenta apenas, regresó poco a poco a su posición.
—Él no es de nadie —apuntó entonces Alí, colocándose a la derecha de su esposa, con los puños apretados y tratando de mostrar su usual serenidad —¿Qué te hace pensar lo contrario?
—Vaya, vaya… El Revelador se ha revelado —soltó el ser, mordaz, clavando los ojos de Yumegami en Alí de forma amenazante —Siempre fuiste un rebelde, ¿no? Lamento que te des aires de normalidad, es obvio que no te quedan. Lo mismo va para Kuu, Khaos y todos aquellos a los que has ayudado. Déjalo ya, Alí. No podrás ganar tu cruzada.
El mencionado hizo una mueca.
—Voy a recuperar a todos mis Proyectos —afirmó aquel ser, forzando los labios de Yumegami a curvarse en una sonrisa maligna —Y Kuu me acabará ayudando, ya lo verán. Incluso me entregará a su Contraparte en charola de plata, con tal de salvarse.
—Entonces no conoces a Kuu —espetó Khaos, apretando los dientes y sujetando fuertemente la mano de Yumegami que tenía más cerca.
Voy por ti, no por Kuu. Voy por ti, no por Kuu…
—Ganarás un asalto, pero no la partida —se burló el ser, sin dejar de observar a Khaos, hasta que un rictus de incredulidad desfiguró el rostro de Yumegami —¿Cómo es posible…?
—¿Quién eres? Dímelo ahora o morirás. Sabes que puedo hacerlo.
Khaos quería librar a Yumegami de aquello, pero pensó que antes debía intentar obtener algo de información. El ser que posesionaba al chico dejó escapar una maldición por lo bajo.
—No me conviene que mates también a Kuu. Te daré una pista: este muchacho me conoció en sus pesadillas, aunque no me vio. Y te lo contó.
A continuación, los ojos de Yumegami se cerraron, las gemelas aflojaron sus agarres y Khaos dejó de usar su habilidad con gran esfuerzo, antes de sentir un apretón en la mano.
—¿Khaos? ¿Estás bien?
Alrededor de Yumegami se dejó oír un bajo suspiro colectivo.
El muchacho estaba de vuelta.
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Cuando Yumegami fue instalado en una de las habitaciones de huéspedes del Albedrío, Alí desató su ira sobre él. Era digno de ver cómo Ryoko contenía a su marido para que no interviniera y la forma en que Viola se mantenía sabiamente al margen.
Evidentemente, ambas mujeres sabían que tratar de apaciguar a Alí sería una causa perdida, al menos de momento.
—¿Me puedes explicar por qué creíste conveniente hacer semejante cosa? ¡Llamar pesadillas! Ningún monstruo antropomorfo con habilidades de los sueños se mete con las pesadillas. ¡Pregúntales!
Alí señaló a la doctora de Tsuji y a la señora de Yamamoto, quienes se hallaban sentadas una a cada lado de la cama de Yumegami, tomándole las manos y concentradas en lo que sea que estuvieran haciendo.
—¿Qué es eso de… "llamar pesadillas"? —inquirió Khaos con timidez.
Al girarse hacia ella, Alí inhaló profundamente, signo de que no iba a desquitarse con la joven al contestarle.
—Se le considera una habilidad tabú entre los que tienen poder sobre los sueños. Básicamente convocas a las pesadillas como si fueras a comértelas. Si lo haces sin tocar a la víctima o sin estar en uno de sus sueños, las pesadillas se quedan en la mente de quien las tuvo, convirtiéndose en alucinaciones. Y bueno, el daño que causa hacer eso depende de las pesadillas que se llamaron. Ya me imagino las que han de tener Stratus y Aristotel.
Alí regresó su vista a Yumegami, quien le sostuvo la mirada pese a lo cansado que estaba.
—¿Qué esperaba que hiciera, Alí-sama? Aristotel iba a…
—Me da igual lo que digas. Te concentraste tanto en Aristotel que te olvidaste de Stratus y por eso te dejó así, ¿o me equivoco?
Yumegami negó con la cabeza, lo que pareció enfadar a Alí aún más.
—No me importa que tengas corazón, Kuu. De hecho, me alegra. Pero un día de estos, si no piensas un poco en ti al pensar en la gente a tu alrededor, te vas a matar.
Resultaba una frase curiosa, pero Alí, según Khaos, tenía algo de razón. Sin embargo, dudó que Yumegami pudiera aceptarlo. No por falta de inteligencia, sino por su costumbre de dejarse a sí mismo de lado con tal de no lastimar a los demás.
—Tiene gracia que tú lo digas —se decidió a intervenir Viola.
—Lo sé, pero intento trabajar en eso, ¿recuerdas?
Viola asintió ante las palabras de su marido.
—¿Habría alguna forma de saber quién era esa persona? —le preguntó amablemente Viola a la doctora de Tsuji.
—Quizá, pero rozaríamos un tabú de nuestra especie. ¿Suiseiseki?
La señora de Yamamoto reflexionó un instante antes de negar con la cabeza, con evidente mal humor.
—Yo no puedo, tú misma me lo prohibiste hasta que nazca Sumire.
—Entonces tendré que hacerlo yo. Pero no hoy —dictaminó la doctora de Tsuji, mirando a Viola, Ryoko y Alí —El muchacho necesita descansar.
—Como tú ordenes, Souseiseki. Además, con lo de hoy, Suiseiseki y tú han pagado bastante.
Las gemelas le sonrieron a Viola cuando dijo eso.
—Si gustan quedarse a comer, tendré todo listo en media hora —anunció Viola —¿Ryoko, Benjamín?
—Otro día —rechazó Ryoko amablemente —Tengo turno en una hora.
—Yo pasaré por Ryoichi a casa de mis padres, y luego venimos para acá —avisó Benjamín Cisneros, sonriendo a medias.
La señora de Yamamoto negó con la cabeza a la vez que explicaba algo sobre una comida con los padres de su marido. La doctora de Tsuji mencionó que ella y su familia irían a casa del mejor amigo de su esposo. Así las cosas, la habitación se fue vaciando hasta que Alí, que era el último que salía, miró una última vez a Yumegami.
—Cuida, pero deja que te cuiden —recomendó, para luego marcharse.
Yumegami suspiró de cansancio. Se miró distraídamente el yeso en su brazo izquierdo, cerrando los ojos a los pocos segundos.
Seguía mareado y recordaba fatalmente todo lo sucedido.
No quería ignorar el enojo de Alí, pero él sabía en lo que se metía cuando llamó a esas pesadillas. Por suerte, Aristotel tenía unas cuantas que le afectaron enseguida; si no, Stratus le habría roto más que un brazo. Con lo que no había contado (porque no creyó que fuera posible) es que alguien se aprovechara de su estado para manejarlo, diciendo una serie de cosas que resultaban crueles para la gente que le importaba.
—Kuu, ¿estás mejor?
Él asintió una vez con la cabeza, sin mirarla.
—¿Qué es una Contraparte?
Khaos, en cuanto terminó de formular la pregunta, supo que era algo desagradable para Yumegami. Lo vio tensarse casi enseguida, para luego contraer el rostro por un gesto violento.
—¿Recuerdas cuando fuimos por Himmel? —comenzó él, con la vista perdida —Dije que Keb era su "contraparte" debido a las habilidades de ambos. Y he dejado claro que las tuyas y las mías se repelen. Se debe a que por cada Proyecto que existe, crearon otro que, en caso de necesidad, lo podría dominar. O mejor dicho, vencer.
—¿Te refieres a…?
—Sí. Keb fue creado con el propósito de vigilar a Himmel en sus viajes para que no pudiera escapar. A su vez, Himmel fue creada con las características precisas que la harían atrayente para Keb, así él siempre sentiría la necesidad de protegerla. En pocas palabras, intentaron crear parejas que no pudieran separarse.
Cuando concluyó con su explicación, Yumegami quiso ver a Khaos, pero decidió apartar los ojos hacia el lado opuesto. No se sentía con el derecho de mirarla siquiera, no cuando seguramente ella estaba llegando a la misma conclusión que él tiempo atrás.
—Entonces… ¿Me quieres… porque nos crearon para eso?
Él negó con la cabeza.
—El fundamento de las Contrapartes es hacerlas enemigas desde un principio, pero al mismo tiempo, dependientes una de la otra. Tú y yo lo vivimos antes, ¿te acuerdas? Tú no querías acercarte a mí y no por eso dejé de estar al pendiente de ti. Sin embargo…
—Te enamoraste.
Khaos no quería creer que el sentimiento que tenía por Yumegami era mero producto de un artificio científico. Era lo suficientemente libre como para confiar en su corazón. ¿Pero Yumegami? Había resultado ser más ingenuo de lo que pensaba, emocionalmente hablando. Debía preguntar cómo era tal o cual emoción continuamente, porque era incapaz de nombrar las propias con seguridad. Se sentía perdido al comprobar que podía hacer y decir cosas tan simples como reír o llorar. Y todo lo que decía respecto a ella y a su bebé…
—Cuando me enteré de que tenía una Contraparte, la odié —reconoció Yumegami con frialdad —Supuse que los creadores de los Proyectos la usarían para manipularme. Obtuve sus datos y…
El muchacho abrió los ojos todo lo que pudo, pasmado.
—Eso fue —musitó, incrédulo y culpable —Me puse tan furioso al saber eso que… Por eso me escapé. Yo… No quería conocerte.
—Se comprende, si se supone que yo tendría que…
Yumegami dio un golpe a la cama con el puño izquierdo, lo que causó que palideciera de dolor.
—¡No hagas eso! —pidió Khaos, escandalizada.
—¿Qué más da? No deberías importarme. Debería odiarte porque está en mi naturaleza. Debería desear tu muerte. Pero desde que te conocí, lo único que quiero es que vivas. He preferido mi propia muerte a verte sufrir. Y detesto saber que esa era la idea. Querían que sintiera todo eso para que te protegiera. En el fondo, deseaba no conocerte en la realidad porque no quería ser yo quien te hiriera.
Yumegami detuvo su discurso cuando sintió presión en torno a su cuerpo. El lacio y brillante cabello de Khaos abarcó gran parte de su visión, al tiempo que un aroma bastante familiar a vainilla y leche le llenaba la nariz.
¿Por qué lo estaba abrazando?
—Tienes corazón, Kuu —aseguró ella a su oído, con voz temblorosa —Por favor, créelo. Y si un día sientes que ya no… Si dejo de ser valiosa para ti, dímelo. Yo… No tienes la culpa, de veras. Quiero… Nunca creí que lo diría, pero… quiero que seas feliz, Kuu. Aunque yo no…
Ella sintió que el muchacho devolvía el abrazo a tientas. Ahora sabía la razón tras su prudencia y se preguntaba cómo era que Yumegami podía vivir así. Lo estrechó más fuerte; sin embargo, él no se quejó.
—Si crees todo eso de mí, tal vez pueda empezar a creerlo yo. Lo siento, Khaos. No pretendía… No pretendo más de lo que merezco. ¿De verdad está bien que…? ¿Khronos me querrá?
Khaos asintió en silencio. Ya no se sorprendía de la forma en que Yumegami se expresaba en momentos como ese. Quizá estuviera pensando en algún otro asunto, pero se le salía lo que de verdad le preocupaba.
—Te quiere. Y si no lo hace, le voy a enseñar.
—Espero quererlo.
Khaos volvió a asentir.
—Ya lo quieres. Confía en mí.
—¿Crees que sea correcto que… tenga una vida?
¿Cómo podía ese chico hacer semejante pregunta?
—Claro que sí. Oye, si sigues haciendo esas preguntas, voy a creer que Beltane tiene razón y eres idiota.
Ahí estaba, una cosa tan común, pero que para ella era maravilloso.
Oyó a Yumegami reír por lo bajo.
—Quiero que me prometas algo, Khaos —Yumegami sintió en su hombro derecho que la cabeza de ella se movía de arriba abajo —No permitirás que te haga daño.
—¿Qué?
Se separaron en ese instante. Yumegami agitó la cabeza una sola vez, afirmando lo que explicó a continuación.
—Cuando llamo pesadillas y no me las como, por un momento me vuelvo irracional. Alí-sama no tiene esa información dado que para los monstruos antropomorfos con habilidades del sueño, esos terrenos son un tabú. Ya lo viste con las gemelas Rozenmaiden…
—¿La doctora de Tsuji y la señora de Yamamoto?
—Exacto. No les gusta dar su apellido de nacimiento, eso las mete en problemas. Ambas son de las mejores hipnoandantes que quedan y aún así no se arriesgan a tratar con pesadillas. Así pues, si me veo obligado a llamar pesadillas otra vez, tienes que apartarte. Tendré una sola idea en mente y lo más probable es que no te reconozca. ¿Me estás comprendiendo?
—¿Podrían… poseerte otra vez?
—Entre otras cosas, sí.
Muy a su pesar, Khaos alzó la mano derecha.
—Lo prometo —musitó de forma apagada.
—Gracias —él dejó escapar un soplo de tranquilidad —Ahora, aunque no me guste la idea, tendré que averiguar si no va contra mi contrato que me acompañes en las siguientes recuperaciones. Espero que no, porque estaríamos solucionando varios inconvenientes a la vez. Además…
Yumegami titubeó, reflexionando algo en apariencia importante, para al final, declarar algo que cobraría significado para Khaos con el paso del tiempo. Incluso llegaría a convertirlo en una meta.
—Cuando terminen las recuperaciones, llamaremos a los representantes de la Cámara Interracial de la Concordia a Quórum.