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Rilato — capítulo 15
015: Omnipresencia.
(Abierto)
Osa tocar las estrellas que has soñado…
Olvida poco a poco el dolor del pasado…
Ondea con descaro los ajenos pecados…
Pasaron los días. El semestre universitario llegó a su fin, dando paso a las vacaciones de invierno. El frío se había elevado drásticamente y algunas especies no salían jamás de casa sin un grueso abrigo. Claro, había sus excepciones. Como los siempre calientitos "hijos del fuego".
Beltane Stoker, en cuanto se enteró lo ocurrido a Yumegami y Khaos, dejó lo que estaba haciendo (afirmando que una "sesión" con su familia podía reponerla con facilidad, lo que fuera que significara eso) y corrió al hogar de los Arafat Médici. Tras hacer un poco de escándalo queriendo asegurarse que Khaos y su futuro ahijado estaban bien, pidió hablar a solas con Yumegami. Lo consiguió y Khaos no supo qué le sorprendió más: que los reclamos de Stoker se escucharan por toda la casa o que Yumegami le contestara de la misma forma, prácticamente a grito pelado.
—No sabía que Kuu pudiera hablar tan alto —había comentado Himmel con inocencia, estando en la sala principal de la casa, sentada en un sillón entre Khaos y Keb.
Sus acompañantes asintieron, en acuerdo con ella.
Después de eso, Stoker resultó ser una visita agradable, además de útil. Acompañaba a Khaos al Albedrío al terminar las clases, transcribía los apuntes de Yumegami y entregaba las tareas de éste a los profesores.
—Y no te preocupes por las faltas —añadió el pirogénito la última semana de clases ordinarias, antes de los exámenes finales —Solo tuve que decirles que tuviste un accidente en tu nueva casa y dijeron que si hacías las tareas, no había problema.
Yumegami había asentido ante esa información, pero más tarde, le hizo saber a Khaos que hallaba ilógica la consideración que le mostraban.
—No deberías —señaló ella con una tenue sonrisa —Temen perder a un buen estudiante si te reprueban, es todo.
Luego ella soltó la carcajada, aclarando que era un chiste, antes de decirle la que según ella, era la verdadera razón de todo aquello.
Los profesores lo estimaban. Sin proponérselo, Yumegami era uno de esos alumnos que se veían cada década: inteligente, educado, humilde y tenaz. No querían ser ellos quienes le estorbaran en el camino, seguro pensaban que llegaría muy alto y claro, dejaría a los programadores gráficos en otro nivel, en otra cosa aparte de decoradores, creadores de efectos especiales y de imágenes para comerciales.
—Eso espero también —había contestado Yumegami.
Khaos pasaba con él la mayoría del tiempo, más cuando Stoker llegaba y los obligaba a estudiar para los exámenes. Yumegami pudo presentarlos, aunque con cierta dificultad por el brazo enyesado, y al salir los resultados, los profesores no tuvieron dudas en haber hecho lo correcto al no ponerle las faltas que le habrían quitado ese derecho: el muchacho fue, con diferencia, el mejor de la clase.
—Eres exasperante —lo bromeó Stoker al ir a revisar los resultados, pese a que él mismo era el siguiente en la lista de posiciones.
—Tanto usar el cerebro me dio hambre —alegó Khaos, evitando que Stoker siguiera hablando, porque luego no sabía cómo detenerlo.
Los dos jóvenes, complacientes, la llevaron a un pequeño restaurante cercano al campus, donde dieron a entender que podía comer todo lo que quisiera, porque ellos pagarían.
Khaos se sentía culpable por detalles así. Debido al embarazo comía mucho, y Yumegami nunca tenía dinero de sobra en el bolsillo. Stoker era otro cantar: su familia tenía una posición social desahogada, pero como él mismo decía, lo de la familia no era suyo y procuraba pagar sus propios gastos con trabajos de medio tiempo. Así, para no menospreciar sus buenas intenciones, Khaos los obedecía y se alimentaba bien.
Sin embargo, en ocasiones eso no parecía bastar. Debido al clima, Khaos solía llevar guantes casi todo el tiempo, así que no se percató de qué le hacía falta hasta ese día, regresando al Albedrío con Stoker y Yumegami, que bebió con ellos chocolate caliente. Stoker de repente pidió el azucarero, Khaos se lo pasó y en un segundo, el calor en los dedos de ella y el frío que sintió él fueron suficiente explicación.
Khaos se consternó con lo sucedido y fue corriendo a encerrarse a su habitación. Stoker miró a Yumegami y este supo que su amigo estaba preocupado. Pero pronto supo que no era por lo sucedido.
—¿Khronos necesita comer vida ajena? —inquirió el pirogénito —Me da la impresión de que Khaos está débil, aunque ahora come más que yo.
—Normalmente Khaos intenta reprimir su habilidad al estar con la gente y ahora que creía haberlo conseguido, debió asustarse porque no sabe si fue Khronos o ella. Le preocupa que Khronos sea como ella.
Stoker asintió. Para sus amigos era un gran peso ser experimentos, especies que no podían estar fácilmente en contacto con los demás.
Eso le trajo algo a la memoria.
—¿Es cierto lo que supe? ¿Pretendes llamar a Quórum a la CIC?
Cuando Yumegami asintió, Stoker hizo una mueca de escepticismo. La Cámara Interracial de la Concordia (conocida normalmente como CIC) era un organismo que se dedicaba, principalmente, a vigilar el cumplimiento del TRAPIR. Tenía alcance internacional, pero para mejor organización, cada país formaba su propia cámara. Visto bien era una idea sensata; al haber reuniones internacionales, solamente asistían los líderes nacionales y no todos los representantes, que eran muchísimos si se tomaba en cuenta que una cámara nacional contaba con un representante de cada especie viva en el país. La CIC de Mexitlán contaba con poco más de cien miembros.
—Si me explicas para qué quieres hacer eso, te podría ayudar.
Yumegami negó lentamente.
—¿Otra vez con lo mismo? Ya dejé claro que no me importa ayudarte.
—Sabes que de seguir conmigo…
—Sí, sí, me sé la historia: me pueden herir, o matar, y bla, bla, bla… —Stoker usaba un tono hiriente y mordaz que a Yumegami le indicó que lo había molestado de verdad —No te veo diciéndole todo eso a Khaos.
—Ya lo hice. Pero se negó a marcharse. Incluso dijo que me seguiría y no me libraría de ella.
—Pues yo también.
—¿Por qué?
Stoker meneó la cabeza.
—Somos amigos, Kuu. ¿Entiendes? Los amigos hacemos eso, preocuparnos y ayudarnos. Y quiero creer que me ves como amigo, si no, ¿por qué me pediste ser padrino de Khronos? No creo que por mi linda cara. O quizá…
Observó a Yumegami con una ceja arqueada, dándole la oportunidad de replicar o explicarse, cosa que el otro no hizo. Al contrario, pareció confirmar sus suposiciones al dedicarle una mirada triste.
—Lo hiciste —acusó, entrecerrando los ojos grises —Quieres que sea un guardaespaldas para tu hijo. Porque es probable que te pase algo.
—Si nada más fuera eso, tendría más opciones de dónde escoger. Pero fuiste el primero que me pasó por la cabeza. Eso debe significar que, aún sin darme cuenta, tienes razón y te considero un amigo. Por otro lado, Khaos te acepta, y eso es importante para mí.
—¿Entonces?
—Quiero que quien vele por mi hijo sea alguien que pueda llegar a quererlo tanto como lo quiero yo.
Al escuchar eso, Stoker masculló algo por lo bajo, inclinando la cabeza para que no fuera tan notorio que se sonrojaba. A veces se le olvidaba que Yumegami podía decir ese tipo de cosas sin ser consciente del efecto que causaban. Era para tenerle envidia.
—Eres idiota —sentenció finalmente —Yo lo querría aunque no fuera su padrino. Porque es tu hijo.
Le tocó a Yumegami apartar la vista.
—Ahora, si me disculpas, voy a decirle a la futura mamá que no se preocupe por mí —Stoker se levantó —No me siento mal, la verdad.
—Tuviste suerte, creo.
Stoker dio una cabezada y abandonó la habitación.
-&-
Khaos estaba acurrucada en la cama, bajo la manta más gruesa que había, intentando dejar de llorar.
—Lo siento, bebé —susurró después de un tiempo —No puedo hacerlo.
Nunca había querido robarle vida a nadie. Ella valoraba cada día, incluso aquellos malos que le siguieron a su misteriosa liberación de ese laboratorio que se mostraba en sus pesadillas. Todo el tiempo que había vivido lo atesoraba diciéndose que valió la pena y más lo pensaba ahora, que sabía que no era más que una creación de la ciencia.
Seguro ahora Stoker no se le acercaría. No querría ni rozarla. Tal vez lo intentara un poco por respeto a Yumegami y por ser el futuro padrino de su hijo. Pero a ella debía odiarla.
No es fácil ser indeseable, ¿verdad?
La gente del Albedrío, Himmel, Keb, Mía… Ellos parecían apreciarla.
Parece, nada más. Nunca van a amarte si puedes matarlos al tocarlos. Terminarás sola.
Negó con la cabeza una y otra vez. Sí, eso creería antes. De hecho, lo pensaba el día que descubrió el Albedrío, porque estaba cansada de la soledad, de la discriminación, de tener miedo de sí misma. Y entonces el Albedrío se cruzó en su camino, conoció a muchas personas amables, supo tanto de Yumegami que terminó amándolo y ahora iba a tener un hijo, un precioso niño al que también amaba…
¿Y si ese niño no te ama? ¿Qué harás entonces?
Se puso a llorar más. Eso era algo que la aterraba, casi tanto como otra idea que antes llegó a su mente de manera fugaz.
Si tu hijo no te ama, ¿qué puedes esperar de Kuu? Él te lo dijo, está en su naturaleza odiarte. ¿Quién te garantiza que no pasará?
—Conozco a Kuu —susurró, desafiando a esos oscuros pensamientos —No me odiará. Tendría que hacerle algo horrible para que…
Eso puede pasar. ¿Y si le quitas vida a su hijo? ¿Te lo perdonará?
—¿Khaos? ¿Puedo pasar? Soy Beltane.
Ella no quería ver a nadie. Solamente el naciente afecto que le tenía a Stoker la convenció de levantarse y acudir a la puerta, todavía envuelta en la manta. Abrió un poco, observando con timidez, esperando hallar una expresión iracunda en ese muchacho que, de forma similar a Yumegami, meses atrás no quería cerca.
Pero no halló nada de eso. Los ojos grises de Stoker se mostraban amistosos y en su rostro había una ligera sonrisa teñida de inquietud.
—¿Tienes frío? Puedo encender la chimenea, si quieres. Y platicar un rato, porque Kuu está en modo "estatua de hielo". Creo que se enfadó por algo que dije. Pero ya se le pasará.
Khaos asintió con la cabeza y abrió más la puerta, cediéndole el paso. Stoker avanzó, observó a su alrededor y arrugó el ceño.
—No hace frío, ¿pero qué sé yo? Soy pirogénito, nunca tengo frío. A ver, esa chimenea… ¡Qué suerte la suya! Yo no tengo chimenea, mis padres decían que podía incendiar la casa si construían una en mi habitación.
—No importa, Beltane. Déjalo así.
El muchacho vio cómo Khaos volvía a la cama, se hacía un ovillo bajo la manta y se llevaba una mano a la cabeza.
—¿Pasa algo malo? ¿Debo llamar a Kuu?
—No, no. Es solo que…
—Si es por lo de hace rato, no te preocupes. A lo mejor fue cosa de Khronos. Y aunque hubieras sido tú, no me importa. Si alguien debe aprovechar algunos de mis días de vida, deberían ser Kuu y tú.
—¿Por qué me dices eso?
—Es la verdad. Sabes que mi especie es belicosa por naturaleza. No pueden vivir muchos de los míos en un solo lugar por mucho tiempo, acaban rostizándose unos a otros. Es una lástima, pero por eso tenemos la tierna costumbre de mandar a nuestros hijos a escuelas lejanas cuando empiezan a soplar llamas. Eso es algo que los Mahatma no hacen y es una de las cosas que les admiraba mi padre.
—Tu padre… ¿Él me conoció, verdad?
Stoker asintió distraídamente antes de darse cuenta de lo que le habían preguntado. Hizo una mueca, como si le doliera la afirmación.
—¿Cómo te enteraste?
—A veces… tengo pesadillas. De cuando el laboratorio donde estaba se quemó. Kuu me ayudó una vez a ver más cosas… Y vi a un señor que…
—Sí, mi padre me lo contó. Era de esos pirogénitos raros a los que no les gustaba pelear, pero su medición de pirogenia era magnitud Alfa Tres, lo que está apenas por debajo de alguno de los Mahatma y lo convertía en algo así como una maravilla entre la familia. Lo ataron con un contrato en el CIIG y cuando vio en lo que lo metieron, se esforzó para hacer el menor daño posible. Al menos tuvo la sensatez de solicitar en su contrato que nunca se le pidiera matar a nada ni a nadie.
—Pero… si hubiera muerto yo… Entonces quizá…
Stoker negó rápidamente con la cabeza, lo que sorprendió a Khaos.
—Él nunca hubiera querido librarse de su contrato a ese precio. Me contó que te buscó, pero no te encontró y no le quedó más remedio que pedirle al fuego que si estabas allí, que no te hiciera daño. Y que si por alguna desgracia morías, aprovecharía que se rompería su contrato para darles una buena lección a los del CIIG. En tu memoria.
—¿Cómo está ahora?
—¿Mi padre? No lo sé. La familia lo da por muerto desde hace tiempo, pero yo no lo creo. Más que nada porque su Fatua sigue encendida.
—¿Su… "Fatua"?
—Es una llama que enciende cada pirogénito en una antorcha especial, que solo se apaga cuando su creador muere. Se convirtió en costumbre para no perder de vista a los hijos cuando los mandaban lejos. Tierno, ¿no?
Stoker parecía sincero al calificar de "tierno" algo de lo recién dicho, por lo menos esta vez.
—Tu padre, ¿no se llama Fatuo?
—Sí, justo así. ¿Cómo lo supiste?
—Aristotel lo mencionó el día que…
—Sí, ya. Seguro lo conoce. Pobre de mi padre, tener que obedecer lo que esos jefes suyos le ordenen… Pero decías algo de su nombre, ¿no?
—Sí, que se parece al de esa… llama eterna o como le digan…
—Ajá. Mi madre me contó que según mis abuelos, la primera llamarada de mi padre pudo cruzar la mesa del comedor a lo largo. Y debes saber que la mesa del comedor de mis abuelos mide unos cinco metros. La usan para los banquetes familiares. ¡Y eso lo hizo a los tres meses! Pensaron que era una señal de que su hijo viviría mucho.
Khaos meneó la cabeza, sin comprender bien lo que Stoker contaba. Sin embargo, ahora notaba que él rara vez hablaba de su familia y supuso que parte de la razón era la colección de costumbres de los pirogénitos para mantenerse con vida.
Alejar a sus hijos para no hacerles daño… Era más que tierno. Requería un tipo de valor que Khaos deseaba tener si acaso debía…
—Khaos, quiero que sepas una cosa —dijo de pronto el joven, con el semblante serio que adoptaba en raras ocasiones —Sabes cuánto me importa Kuu, ¿verdad? —ella asintió —Y a él le importas tú, como nunca creí ver en una persona. Así que yo también haré cualquier cosa porque estés bien. Khronos y tú —añadió, sonriendo levemente —Pero no creas que nada más lo hago por Kuu. También es por mi padre, que te quiso mucho.
—¿A mí?
—Sí. Decía que ojalá hubiera tenido una hija como tú. Y además…
Stoker se detuvo, arrugando un poco la frente, reflexionando. Al final se encogió de hombros, se inclinó y le dio un beso en la mejilla. La chica apenas daba crédito a lo sucedido, pues el único que la había besado hasta la fecha había sido Yumegami.
—Alguna vez sentí que me gustabas —confesó Stoker sin rodeos, con gesto de estar a punto de carcajearse —Por eso era tan fastidioso antes. Pero terminé por convencerme de que no eras para mí. Te daba miedo y además, mi padre me insinuó que quizá, con un poco de suerte, podrías amar a Kuu como él te am, hasta más. ¿Y quién mejor para ti que Kuu, que te ama tanto que ni él mismo se da cuenta? No puedo imaginarme a nadie.
Khaos tampoco podía. Yumegami era de esas personas que sentía algo por alguien y eso rara vez cambiaba. O al menos en eso creía para no asustarse cada dos por tres con la idea de que la abandonara.
Lo hará si le das motivos. Y matar gente es uno de ellos.
Sacudió la cabeza como si quisiera librarse de una mosca molesta.
—A veces creo que Kuu es demasiado raro. Pero hay algo en él que me agrada. Así que lo molestaba para ver cómo reaccionaba, pero me tomó por sorpresa que me ordenara (¡sí, prácticamente me lo ordenó!) que me dejara de juegos. Hasta creo que sabía lo que quería. Así que le hice caso y empecé a tratarlo bien. Al principio seguro que no me creyó, pero tampoco me hizo a un lado, así que lo consideré un avance. Lo que sí me aclaró enseguida fue que no me acercara a ti. Yo sabía que el fuego debía darte miedo, pero algo en Kuu me daba risa. Estaba celoso y no se daba cuenta.
—¿Celoso? ¿De ti?
—Supongo que era por esa idea suya de que él debía quedarse lejos de ti y yo tenía más libertades. Pero ya ves, no le quedó de otra.
—Sí le quedaba de otra, pudo…
Pudo simplemente no quererte, ¿cierto? Biófaga noble y tonta…
Khaos parpadeó. Eso no era uno de sus pensamientos negativos más súbitos. Incluso creyó escuchar una voz distinta a la propia.
—¿Quién…? —inquirió, dudosa, en tanto Stoker se quedaba confundido —¿Escuchaste algo?
—¿Algo como qué?
Ahora parece que deliras. Perfecto para ti, ¿no crees?
—Lo siento, creo que… No sé, debo estar…
Déjalo ir. Te odia. Solo quiere quedar bien contigo por Kuu.
—Anda, Khaos, tú necesitas otro té. Prometo tener cuidado con mis manos para que Khronos o tú no me hagan nada, ¿de acuerdo?
¿Lo ves? Sí te teme. No quiere ni rozarte, no quiere…
—¿Me… me ayudas a pararme, Beltane?
—Claro. Apóyate en mi brazo.
Al hacerlo, la vista de Khaos se oscureció y de repente tuvo delante de sí un espacio vacío, frío, intrigante… y la única luz visible, sobre su cabeza, era de un azul enfermizo y ligeramente amoratado, que parecía observarla como una fiera a su presa.
Supo entonces que estaba en problemas.
-&-
—¿Qué fue lo que pasó?
—¿Cuántas veces tendré que decírselos? ¡No lo sé!
En cuanto Khaos cayó desmayada, Stoker se quedó pasmado, pero se repuso lo más rápido posible y llamó a gritos a Yumegami y a cualquiera que anduviera por allí. Acudieron primero Himmel y Keb, saliendo de la habitación del segundo y tomados de la mano, para luego abrirle paso a Yumegami, que entró como exhalación.
—Beltane, no lo pregunto por fastidiar. Necesito que me lo cuentes todo con exactitud, para saber qué pasa.
Stoker respiró profundamente y volvió a narrar la historia, quizá por quinta vez. Intentó no repetirse mentalmente que era una pérdida de tiempo, sino que Yumegami rara vez preguntaba cosas al azar. Cuando acabó, halló a su amigo con el ceño fruncido y los labios apretados, casi como si fuera a saltarle encima.
¿Lo había ofendido que le confesara a Khaos que alguna vez le gustó?
—¿Notaste si ella actuó raro?
Esa pregunta le recordó otra.
—Me preguntó si había oído algo. Sonaba como si hubiera escuchado una cosa que yo no.
Yumegami pareció no necesitar más. Tomó la mano de Khaos y estuvo a punto de soltarla con un estremecimiento.
Estaba helada.
—Necesito que enciendan la chimenea y que traigan otra manta, por favor. Mientras tanto, entraré a su sueño a sacar a… ese tipo.
—¿Sabes quién o qué es? —inquirió Stoker, frunciendo el ceño.
Yumegami no contestó y a los pocos segundos, él también cayó.
-&-
Estaba atrapada, Khaos lo sabía. Y lo peor es que no podía escapar.
La negrura de aquel lugar era casi tan escalofriante como su pesadilla del laboratorio en llamas. Pero ahora resultaba una maligna experiencia, porque no dejaban de torturarla verbalmente.
Ríndete.
Ya no hay nada qué hacer.
No van a amarte por lo que eres.
Te van a odiar.
Te van a cazar.
Y si alguien te ama, morirá.
La joven se tapaba los oídos, en un vano intento por alejar aquellas palabras. Pero sabía que no podía. Estaban en su propia cabeza y eran sus peores miedos, vueltos en su contra sin misericordia.
—Kuu… —llamó débilmente, llorando sin parar —Kuu…
No vendrá. Recordó lo que él es. Te necesita, pero te odia.
—Kuu… Por favor… Kuu…
¿No lo has comprendido? Si su vida depende de ello, no le importa nada. No le importa nadie. Menos tú.
Khaos estaba por gritar de impotencia cuando sintió que unos brazos la rodeaban. Reconocería ese tacto y ese delicado recato donde fuera.
—Kuu… —sollozó en voz muy baja.
—Lamento llegar tarde. ¿Estás bien?
Ella se aferró a él, sin dejar de llorar.
—¿Podrías dejarla fuera de esto?
La petición de Yumegami fue hecha con voz dura, pero firme.
¿Qué te hace creer que te obedeceré? Al fin la encontré, es mía.
—No, es mía. Así lo quiso ella y así lo quiero yo. Déjala fuera de esto, es a mí a quien quieres lastimar, ¿cierto?
Khaos quiso preguntar con quién hablaba Yumegami, pero seguía muy alterada. Todo lo que podía hacer era escuchar.
Cierto, Kuu, eres mi objetivo principal. Ella en sí es un premio de consolación. Ya me encargaré de Fatuo por fallar así…
—También deja a Stoker-san fuera de esto. Te iría muy mal si quieres ir contra un contrato afianzado por un hechicero. Él no quería matar.
Pero tú sí, ¿verdad? Porque eso hiciste al escaparte.
Yumegami se tensó y Khaos, a modo de apoyo, buscó una de sus manos y la sujetó con fuerza.
—No fue mi intención hacerlo y lo sabes. Además, nadie podía prever que yo también era Éxito. Mis deficiencias físicas y psicológicas me iban a llevar directo a la muerte, ¿no es así? En principio, era un Fracaso.
Cierto de nuevo. Quizá no debiste mostrar todo el poder que ganabas al llamar pesadillas. Eso hizo que se interesaran en ti. Y tú… Tú me quitaste lo que me correspondía, así que vas a pagar por ello.
—No te he quitado nada. Yo no sabía…
Una ráfaga de viento los envolvió. Lo único que atinó a hacer Yumegami fue a estrechar a Khaos todo lo que podía. Ella entreabrió los irritados ojos, queriendo ver lo que sucedía y se quedó atónita.
Pero no pudo decir nada porque todo a su alrededor, hasta lo que la tenía paralizada, se desvaneció.
-&-
—¿Kuu? ¿Khaos? ¿Ya están con nosotros?
Ella apretó los párpados, sintiendo la cabeza adolorida y el rostro húmedo. Seguro que sus lágrimas no solo habían sido soñadas.
—¿Kuu? ¡Despierta de una buena vez!
Khaos abrió los ojos de golpe. A su derecha, más pálido que nunca, Yumegami le sujetaba una mano y lucía una tenue mueca de dolor, pero no estaba despierto como ella.
—¡Kuu, déjate de bromas! —siguió reclamando Beltane Stoker, que en realidad, trataba de ocultar lo aterrado que estaba.
—Necesita ayuda —aseguró Himmel, con su inocente rostro lleno de congoja y mirando a Keb con gesto de súplica.
—Lo sé, pero es arriesgado… Esa no es una realidad física.
Keb se veía con ganas de ayudar, pero algo lo frenaba, probablemente relacionado con las limitantes de sus habilidades.
—Kuu, ¿me oyes? —llamó Khaos con suavidad, hablándole al oído.
El aludido hizo una mueca efímera y abrió los ojos con lentitud.
—¡Por fin! Me tenías preocupado —a Stoker no le importó declarar eso, sentándose en la cama, al otro lado de Yumegami —¿Qué pasó?
Yumegami negó con la cabeza, incapaz de explicarse. Sin embargo, Khaos creyó saber dónde estaba el problema y temió no por sí misma, sino por Yumegami, porque presentía que a la larga, acabaría sufriendo más.
Quien la había arrastrado a aquel lúgubre sueño para quebrarle el espíritu y el corazón se parecía terriblemente a Yumegami.
Y a diferencia de éste, era malvado, egoísta y letal.