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Rilato — capítulo 16
016: Procesión.
(Abierto)
Piérdete y nunca volverás…
Prémiate y te envanecerás…
Promuévete y en la mira estarás…
Yumegami no habló por varios días después del incidente, lo que a Khaos le empezó a preocupar. Se reprendió mentalmente, ya que sabía que no era indispensable oír su voz, aunque las únicas excepciones fueran saludarla y preguntarle, en susurros, si ella y Khronos estaban bien.
Stoker no estaba de mejor humor, con la diferencia de que él sí mostraba su impaciencia. Intentaba sacarle palabra a Yumegami cada que podía, sus charlas se convirtieron en verdaderos discursos hasta llegar a su objetivo, pero era inútil.
En los últimos tiempos, se les olvidaba que para Yumegami era común abstraerse de esa forma, dado que así había vivido, sin la necesidad de tranquilizar a gente a su alrededor.
Himmel y Keb, que rara vez se separaban, parecían comprender un poco el mutismo de Yumegami y cuando lo veían sentado a solas, se acomodaban a su lado con libros o cuadernos, entreteniéndose como si no estuviera él allí. A veces Yumegami los notaba, a veces no, pero a Himmel y a Keb no parecía importarles. Khaos les preguntó por qué hacían eso y Keb, con una débil sonrisa, contestó.
—Que vea que sigue acompañado.
La joven comprendió y le regaló un beso en la mejilla a Keb, quien se puso colorado.
Yumegami, en tanto, seguía ensimismado. Por fortuna no tenía clases, porque no habría prestado la menor atención. Se hallaba enfrascado en detalles, sutiles hechos que necesitaba conectar, porque lo que debía hacer de ahora en adelante requería todo de él.
Hasta la aceptación de su posible muerte.
Antes esa idea no lo habría preocupado. Estando solo, era fácil afirmar que nada ni nadie se darían cuenta si un día dejaba de caminar por el mundo. Pero ahora no era así. Tenía a los fundadores del Albedrío, personas amables para quienes trabajaba. Tenía a Himmel y a Keb, hermanos del mismo dolor y personitas encantadoras. Tenía a Beltane Stoker, que insistía hasta el cansancio en ser un amigo graciosamente fastidioso.
Y tenía a Khaos, por quien daría la vida de ser necesario. Por ella y por Khronos, el bebé de ambos, que aún no nacía y ya los llenaba de dicha mostrándose en sueños de forma intermitente, con su carita dulce y sus muestras de afecto sin malicia.
Sí, por cosas así, valía la pena planear lo suficiente como para salir con vida de la faena que se había impuesto.
—Kuu, ¿puedo pasar?
Él se sobresaltó. Ya era de noche y ni siquiera recordaba todo lo que había hecho. Le llegó a la mente una vaga imagen de las comidas, y de haber observado por un momento a Himmel enseñándole a Keb a escribir en rúnico, ¿y nada más?
Sacudió la cabeza. El resto del día estaba en blanco para él.
—Claro.
Khaos se coló lentamente a la habitación, bien cubierta con un grueso abrigo gris claro con adornos azules en los cierres.
—No traes guantes —observó Yumegami al instante.
Ella se sorprendió, pues el muchacho le daba la espalda, con la vista fija en una de las ventanas.
—Siempre tengo las manos frías, así que da igual.
Yumegami asintió y se retiró de la ventana, sentándose en la cama segundos después. La invitó con un gesto a sentarse a su lado, cosa que ella hizo muy despacio.
—¿Estás bien? —quiso saber él.
—Sí. Algo cansada, quizá. Alhelí y Vittorio son buenos, pero…
Los niños Arafat Médici estaban encantados de tener a otro niño con quién jugar y se la pasaban preguntándole a Khaos por el bebé.
—Entiendo. ¿Y Khronos?
Khaos asintió con una tenue sonrisa.
—¿Necesitan algo?
Ahora ella negó con la cabeza.
—¿Segura?
—Kuu, yo debería estar preguntando eso.
Lo dicho por Khaos desconcertó levemente a Yumegami, quien no atinó a hacer otra cosa que inclinar la cabeza.
—No es que yo… Confío en ti —empezó él, meditabundo —Es en mí en quien no confío en ocasiones. Esta vez… Debo hacerlo bien.
—Lo siento, pero no entiendo…
Yumegami le tomó la mano, apoyando la frente en la de ella.
—Es complicado de explicar. Dudo que Viola-sama y los demás sepan la historia completa. Hasta hace poco, no la sabía ni yo.
—Cuéntame lo que quieras, Kuu. Nada más.
—A veces con eso no basta. Trataré de ponerte al corriente, espera un momento. Debo ordenar mis ideas.
Yumegami suspiró tan débilmente que le hizo cosquillas a Khaos en la nariz. Ella sonrió, pero enseguida recuperó su semblante serio.
—Al decidirse el objetivo de un Proyecto, se le elegía un nombre acorde a sus características. Por lo general, era en el idioma del jefe de laboratorio. Además, se elegía junto con el nombre de su Contraparte, quizá no en el mismo idioma, pero sí debían "hacer juego".
Khaos no pudo evitar una mueca. Recordaba con claridad la sacudida que la recorrió cuando Ryoko dijo el significado del nombre de Yumegami. Trató de alejar el pensamiento, pero entonces supo qué le había ocurrido.
Su inconsciente recordaba cómo reconocer a su Contraparte.
—En teoría, pasé a ser Kuu porque hacía exactamente lo que querían los científicos: entrar a los sueños, comer la información periférica, incluso dejar sin sueño a las personas con un simple toque… Sin embargo, no daba señales de controlar mis habilidades aunque me lo enseñaran; además, yo no actuaba como querían, sumiso y complaciente —hizo un vago gesto de fastidio —Así que volcaron toda su atención en las inesperadas habilidades que mostró Shi.
—¿Shi?
—Es a quien vimos la otra vez —Yumegami mostró una emoción incierta en su rostro, mezcla de frialdad y tristeza —La concepción de Shi fue al mismo tiempo que la mía, somos lo que biológicamente llamarían "gemelos". Al principio eso complicó las cosas, porque no sabían cuál de los dos tendría las habilidades del hipnófago. Esperaron a que creciéramos para estudiarnos un poco.
Khaos procuró no demostrar su asombro ante tal revelación.
—Shi demostró tener la extraña habilidad de crear y manipular sueños a su antojo, así como se alimentaba de la energía de la que se componían, aunque no podía apoderarse de su información periférica, y mucho menos podía comérselos. Lo nombraron hipnogénito y al ver lo que lograba con sus habilidades, se volcaron en él y se olvidaron de mí. Eso fue bueno, no me adiestraron para obedecerlos. Sin embargo, tampoco me enseñaron lo básico de las relaciones interpersonales. Al final, el descontrol de mis habilidades me dio un acceso mínimo, pero valioso, a la realidad. Poco a poco, pensé por mi cuenta, vi lo que las personas del exterior podían hacer consigo mismas… Y empecé a sospechar que algo andaba mal conmigo.
Yumegami alzó la cara un poco para darle a Khaos un beso en la frente. La joven se desconcertó ligeramente, pero era más por lo que él decía que por sus acciones cada que pausaba su relato.
—No hablaba mucho con Shi —admitió el muchacho, apesadumbrado —Él estaba inmerso en aprender lo que le enseñaban, convencido de que era lo mejor. Los sueños le parecían únicamente imágenes bonitas de las cuales sacar energía y provecho, en cambio yo obtenía conocimiento de ellos. Al final, apenas me miraba y cuando nos encontrábamos en los sueños, hacía lo posible por esquivarme. La biología, que indicaba que éramos hermanos, no sirvió ante las creencias de ambos.
Se hizo el silencio por unos minutos, en los cuales Khaos lamentó mucho que el tal Shi fuera gemelo de Yumegami. Quería odiarlo, pero algo le decía que de hacerlo, Yumegami acabaría herido.
—Por alguna razón, los científicos del CIIG opinaron que no podían tener como Proyecto a un ser que no controlaban ni podían adiestrar, así que me nombraron Fracaso. O al menos eso es lo que recuerdo. Escapé antes de enterarme de más cosas, pero eso no explicaría por qué…
Yumegami volvió a detener su habla, pero esta vez no le dedicó a Khaos ningún gesto de afecto. Se estaba ausentando otra vez, al menos de forma mental, meditando quizá un pensamiento que consideraba importante.
—Shi fue considerado Éxito; por lo tanto, debía tener Contraparte —Khaos meneó la cabeza suavemente, intentando alejar el oscuro temor que inspiraban las palabras de Yumegami —Así que cuando dice que le arrebaté lo que le correspondía, quiso decir…
—No —susurró Khaos finalmente, apretándole las manos —No…
—No importa —aseguró Yumegami con voz dulce, deslizando los dedos por el largo cabello de ella —Se lo dije a él y te lo diré a ti todas las veces que hagan falta: eres mía. Así lo quieres tú y así lo quiero yo. Prometí que no volverían a lastimarte y lo voy a cumplir.
Khaos asintió, pero ahora otro temor, mucho más vago y profundo, nacía en su corazón. La fuente del mismo no lograba identificarla, pero lo que contaba era lo que la hacía sentir.
Por protegerla, Yumegami podía acabar muerto.
Pasará. No lo dudes. Herido o muerto. Así terminará por culpa tuya.
Agitó la cabeza, lo que causó que Yumegami se apartara un poco.
—Él… Shi… ¿fue el que…?
—Shi no tiene la facultad de posesionarse de las personas —contestó Yumegami con firmeza —Al menos no la tenía la última vez que obtuve datos sobre él. No, quien me hizo eso fue alguien más. Es fácil de deducir con lo que mencionó de recuperar a "sus" Proyectos.
Khaos suspiró aliviada. Por un segundo, pensó que había querido matar al gemelo de Yumegami y no a un perfecto extraño.
Ah, mientras sea un extraño, no te importa asesinar, ¿verdad?
—No es eso —susurró, poniéndose a la defensiva.
—¿No es qué? —quiso saber Yumegami.
Ella negó con la cabeza, nerviosa, hasta que cayó en la cuenta de lo que estaba sucediendo. Con miedo, aferrando las manos de Yumegami, hizo la pregunta que seguramente desencadenaría un mal rato.
—¿Eres… Shi?
Eso dejó tan atónito a Yumegami que estuvo a punto de soltar sus manos, pero Khaos no lo dejó.
Vaya, y yo que pensé que tardarías más en darte cuenta. Pensé que a estas alturas, tu mente te recordaría una y otra vez el desastre que eres y por eso un poco más de lo mismo no te importaría.
—¿Por qué mi mente y no la de Kuu? —quiso saber la chica.
Bueno, por alguna razón, la de él es impenetrable para mí. También me costó trabajo acceder a la tuya, para qué negarlo, pero cuando creíste que las ideas que te dicté eran propias, de alguna forma me aceptaste a mí. Eso y que aceptas a Kuu, claro. La genética me ayudó esta vez.
—¿Y qué quieres de mí?
Ya lo dije, eres un premio de consolación. Aunque pensándolo bien, contigo puedo dañar a Kuu, ¿no es así? Me sorprende que te proteja tanto, cuando demostró de forma tan brutal que odiaba a su Contraparte.
—Odiaba a su Contraparte, sí. No me odiaba a mí.
Una risa fría, sarcástica y maliciosa inundó la mente de Khaos. No le cupo duda que todo el asunto divertía a Shi de alguna retorcida forma.
Para el caso es lo mismo. Y lo mejor es que a la larga, su muerte no será por la cacería en su contra, o el odio que le tengo. Será por ti.
—No es cierto.
Sí lo es, sabes que sí. Apenas sirves para algo. Eres un Fracaso desde tu concepción, si no, ¿por qué ordenar que te destruyeran?
—No importa ahora. Sobreviví.
¿Y tienes idea de cómo, de casualidad?
Shi había dado en el blanco. Khaos seguía teniendo una gran laguna mental de aquellos momentos, cuando de alguna misteriosa forma, escapó del fuego que consumió el laboratorio donde la crearon.
Fatuo ayudó un poco con su orden a las llamas, cierto. Pero el cómo escapaste seguirá siendo un misterio para ti. A menos que asumas tu papel y vengas a nosotros, para ser mi Contraparte.
La sola idea de estar cerca de quienes la habían creado le causó tal pánico que sintió unas náuseas muy distintas a las producidas a últimas fechas por Khronos. Sacudió la cabeza con energía.
¿Khronos? Vaya, vaya… Te has aprovechado de tus defectos biológicos, ¿no? Ataste tanto a Kuu que a él no le queda más remedio que cuidarte. Me pregunto si debería conseguir mejor a ese niño en vez de a ti…
—¡No! —Khaos abrió los ojos todo lo que pudo, espantada —A él no… A él déjalo en paz… No le hagas daño…
Estuve en lo cierto, ¿no? Si el niño sufre, sufrirás tú. Y sufrirá Kuu. Qué interesante…
—No les hagas daño…
Khaos era consciente de que suplicaba y pese a sentirse humillada, podía más en ella el impulso de rogar por la vida de los dos seres que más amaba, enterrando su orgullo en lo más profundo de su mente.
No eres nadie para ordenarme. Pero lo dejaremos así. Saluda a Kuu de mi parte. Aunque nos veremos las caras muy pronto.
Sin previo aviso, los últimos ecos de aquella voz se desvanecieron de la mente de Khaos, quien temblorosa, no atinaba a decir palabra. No hizo falta, en realidad, porque Yumegami se hizo una idea de qué había ocurrido y le pasó una mano por la cabeza, atrayéndola hacia sí.
—¿Qué quería Shi? —inquirió el muchacho con indiferencia.
Como pudo, Khaos le contó lo que había oído en su cabeza, aunque al final hacía un verdadero esfuerzo por no vomitar y por contener las lágrimas. Yumegami no necesitaba verla alterada, no en ese momento.
—Tendremos que trabajar a toda prisa —comentó él tras el instante de silencio que se hizo cuando Khaos acabó de hablar —¿Sabes lo que es llamar a los senadores de la CIC a Quórum?
Khaos asintió. Si había algo que se le daba bien, era la Historia.
La creación de la CIC sucedió poco después de la firma del TRAPIR, al sopesar opciones sobre cómo hacerlo cumplir sin recurrir al terror de las guerras que recién habían terminado. Propusieron que se ocuparan de esa tarea representantes de todas las especies y así surgió la entonces llamada Organización de la Concordia, a la que acudió un miembro de cada especie sobreviviente. Sin embargo, las decisiones tomadas allí no eran del agrado de todo el mundo, se notaba un marcado favoritismo a ciertos países, por lo que se consideraron varias reformas hasta que el organismo cambió de nombre y estructura al que se conocía actualmente.
Llamar a Quórum a los senadores era un procedimiento antiguo, apenas se recordaba. Un representante hacía una propuesta refrendada por su especie, la ponía a consideración y si obtenía cierto número de votos, la propuesta se aprobaba. Al llamar a Quórum, se podían solicitar reformas al TRAPIR y éste, siendo una ley internacional, causaba gran impacto incluso cuando los cambios se hacían solo en un país.
—Quiero llevar a cabo ese procedimiento para el reconocimiento de nuevas especies —informó Yumegami, directo al grano —Las leyes nacionales se basan en el principio del TRAPIR de "todas las especies racionales reconocidas". Nosotros no entramos en esa categoría, así que para la mayoría de las leyes no existimos. Hay que cambiar eso.
—¿Alí sabe de esto?
—Lo supone, porque él ha tenido que declararse como humano desde que tiene memoria. Le facilita las cosas. Sin embargo, hay algunos que saben lo que él es y han tratado el dato con respeto. Si lográramos que el Quórum votara a favor de reconocer nuevas especies, sería la salvación de varios de los nuestros. Podrían salir sin temor, integrarse, ser protegidos… E inclusive podríamos alentar a escapar a aquellos que fueron adiestrados por los científicos del CIIG. ¿Comprendes?
Yumegami sonaba extrañamente entusiasta, por lo que Khaos asintió sin pensarlo dos veces. El simple hecho de existir para las leyes era ya un gran paso. Existir… Para un Proyecto, cumplir ese verbo era la batalla de su vida. Si se conseguía que el TRAPIR los reconociera, los Proyectos podrían ser un poco más felices.
—¿Y… cómo vamos a hacer eso? —quiso saber la joven.
—Primero reuniremos a todos los nuestros que podamos. En seguida, pensaremos en la especie que ha de refrendar la propuesta para llamar a Quórum. Y al final, no nos quedará más que esperar.
Oyendo a Yumegami, Khaos se podía olvidar de que no era tan simple como él lo planteaba. Pero el muchacho rara vez se equivocaba, así que la chica confió en él una vez más, esperando que todo saliera bien.
-&-
Los días transcurrieron a un ritmo extraño, según Khaos. El invierno estaba en su apogeo y la joven no abandonaba los abrigos por nada del mundo. Stoker no cesaba de darse vueltas por el Albedrío, aprovechando las entregas que hacía en su empleo de medio tiempo como repartidor de una panadería. Alí y Viola hacían muchas llamadas a la vez que enviaban varios paquetes y cartas. Himmel y Keb, juntos como siempre, discutían en voz baja (en ocasiones en idiomas extraños) con aspecto serio, cosa poco común en ellos. Y Yumegami iba de un lado a otro, cumpliendo con todo lo que debía hacerse antes de continuar con las recuperaciones.
—Considero que es mejor que permanezcas aquí, con Keb, vigilando las recuperaciones —le dijo Yumegami a Khaos una tarde particularmente fría, estando próximo el fin del año —Al menos hasta que nazca Khronos.
Khaos se encogió de hombros.
—Aún no está decidido —continuó Yumegami con paciencia —Para algo como esto, todos los fundadores del Albedrío deben votar y Verne-sama no ha podido venir, lo mismo que Azur-sama.
—¿Azur no estaba de gira por Pandemundi? —inquirió Khaos, curiosa.
Yumegami asintió.
—Napoleón-sama sospecha que Azur-sama votará a tu favor —el chico esbozó una débil sonrisa al agregar —Ahora ella y tú están en las mismas.
Khaos sonrió un poco. Hacía unos meses que sabían que los Eaglepass Blasón por fin tendrían a su primer hijo. Napoleón no dejaba de pregonarlo, pero apenas tenía tiempo de tratar el tema con el resto de sus amigos, pues organizaba la expansión de su cadena de restaurantes fuera de Mexitlán. Azur, por su parte, montaba exposiciones de su arte comercial en algunos países del continente de Pandemundi, a la vez que promocionaba el negocio de su marido en ese lado del mundo.
—¿Por qué tienen que votar los siete? —quiso saber Khaos.
Cuando Yumegami se mordió el labio inferior, la joven creyó intuir de qué se trataba: llevarla o no a las recuperaciones interfería con el contrato de él. Y debido a las reglas del Albedrío, Yumegami no podía hablar de ello con libertad.
—No tienes que contármelo si no puedes —señaló ella con calma.
—Gracias. Aunque confieso que es extraño que quiera hablar tanto.
Ella volvió a asentir, tratando de eliminar el nudo en su garganta.
—¿Khronos está bien?
—Sí, claro. Ayer lo soñé. Le enseñé sobre mi… nuestra habilidad.
Yumegami tragó en seco. Sabía que para Khaos era muy difícil admitir que su futuro hijo tendría la misma habilidad fatal que ella.
—¿Cuándo sabré si puedo ir contigo? —inquirió la chica entonces.
—Espero tengan una resolución la semana entrante. Después de la cena de Año Nuevo. Aunque habrá mucha gente aquí.
Khaos supo a qué se refería. La última noche del año era la única ocasión en que se recibía en la casa de los Arafat Médici a gente que no necesitara los servicios del Albedrío. Se reunían las familias de los siete fundadores, así como varios clientes antiguos y actuales.
—Seremos los anfitriones de los nuestros —recordó Yumegami.
Khaos notaba cuánto le importaba a Yumegami conocer en persona al resto de Proyectos libres que existían, por muy pocos que fueran. A ella también le llamaba la atención saber cuántos andaban por allí, intentando vivir con toda la normalidad que podían.
—¿Sabes lo que…? ¿De qué especies son?
Yumegami adoptó un gesto de reflexión.
—Creo recordar que hay alguien a quien llamaron toxigénito, por sus habilidades para convertir todo lo que toca en venenos y similares. También hay otra persona llamada espectroparlante, porque puede hablar con los muertos. Y luego…
—Espera, ¿dijiste "espectroparlante"? ¿No estaba ese nombre en el laboratorio de la Torre Rainbow?
—Sí. Por lo visto, ese fue el Proyecto al que Mía ayudó a escapar. Su Desertor no tuvo tanta suerte y según averigüé después, el Proyecto resultó tan lastimado que él mismo casi se convierte en espectro.
—Con "espectro" te refieres a…
—A fantasma, sí.
A Khaos nunca le había agradado el tema de la muerte. Quizá porque en el pasado, se había librado de ella por muy poco.
-&-
La cena de Año Nuevo en el Albedrío era digna de aparecer en las revistas de sociedad, pero por obvios motivos, nunca se hacía pública. Además, la mayor parte de los reunidos allí tenían cosas qué ocultar, no precisamente malas, pero debían permanecer anónimas. Khaos lo descubrió pronto, al pasearse por allí recibiendo invitados, organizando pequeños detalles y charlando brevemente con quien la abordaba.
—Mucho gusto —saludó en la puerta a una pelirroja muy guapa de ojos plateados que lucía un precioso vestido rojo; iba del brazo de un hombre de cabello castaño rojizo de semblante amable, traje gris oscuro y corbata roja. Llevaban a tres niños, siendo los dos menores idénticos a excepción del color de ojos —Bienvenidos. ¿Me permiten su invitación?
La pelirroja tendió un sobre curioso, mitad blanco y mitad negro, con una cintilla al centro con los colores del arco iris. Khaos pasó un lector infrarrojo por la cintilla y en la pantalla de la computadora que tenía cerca, leyó la información.
—Pase, por favor, familia Kinokaze —Khaos indicó con un gesto de mano el pasillo principal.
El matrimonio asintió con cordialidad, en tanto los niños corrían con ganas y soltando risas de alegría.
—¿Cómo te va? —inquirió Beltane Stoker, acercándose.
Al igual que todo el mundo, Stoker iba muy elegante, con un traje azul marino que de alguna forma, destacaba el tono de sus ojos. La corbata, gris plateado con finas rayas azules y blancas, tenía el nudo algo flojo en ese momento.
—Espera, deja te arreglo —indicó la joven, estirando las manos hacia el cuello de Stoker —¿Nunca usas una de éstas?
—Claro, pero me fastidian mucho. Aparte, estaba ayudando a poner la mesa, no quería quedarme sin aliento mientras encendía los candelabros…
—Ya entendí, ya entendí. Listo.
Stoker le agradeció con una sonrisa.
—Y tú, ¿estás bien con ese vestido?
La muchacha arqueó una ceja, mirando hacia abajo. Su atuendo era largo, de suave tela color gris azulado, con un bordado magnífico en la parte baja que formaba espirales destellantes compuestas por cristales y lentejuelas. Azur Blasón de Eaglepass había tardado una semana en tenerlo listo, porque lo cosió ella misma. Khaos no sabía cómo pagárselo, pero al entregarle la prenda, Azur no quiso escuchar ni una palabra al respecto.
—Tómalo como un regalo anticipado —pidió con una sonrisa radiante.
En ese momento no supo a qué se refería y de hecho, seguía sin saberlo. Así que decidió agradecerlo y disfrutarlo.
—Claro que sí. Según Azur, la tela es especial para la época. Me alegra, porque últimamente hace mucho frío.
—Sí, eso he oído. Bueno, voy a ver cómo les va en la cocina.
Stoker se perdió de vista en el interior de la casa.
Cuando faltaba media hora para la cena, ya estaba allí la totalidad de los invitados. Algunos se habían saludado nada más verse; otros, a juzgar por las expresiones a su paso, causaban estupor por un momento antes que alguien se atreviera a entrabar conversación con ellos. Era evidente que todos se conocían, al menos de vista, y estaban encantados de estar allí. Incluso los niños que asistían, que jugaban unos con otros de forma natural y despreocupada.
Para albergar a tanta gente, Viola había dispuesto que se abriera un salón cuya puerta, desde la entrada, quedaba antes de llegar a la sala principal. El susodicho salón era de techo alto, con unas cuantas arañas de cristal que alumbraban intensamente, los cortinajes en las ventanas eran de terciopelo azul rey con bordes dorados y los muebles tenían un aire antiguo y refinado, acorde a la ocasión. La gente se acomodaba en sillones mullidos o en butacas, en torno a algunas mesas de centro donde estaban dispuestos bocadillos y bebidas.
—Esto es otro mundo —siseó Stoker, toqueteando el nudo de su corbata con cierto fastidio —Me recuerda la casa de mis abuelos…
—¿Los que tienen la mesa del comedor de cinco metros de largo?
—Esos mismos. Son de esas personas raras a las que les encanta el dinero y la posición social. Hubiera querido ver sus caras cuando mi padre anunció que se casaba con mi madre, debieron ser geniales…
—¿Por qué?
—Su madre es humana.
Yumegami se había acercado a los dos sin que se dieran cuenta, con los ojos fijos en algún punto lejano, lo que en él era un gesto diario. Stoker meneó la cabeza, dejando el tema, pero Khaos arqueó una ceja antes de admirar el aspecto del recién llegado.
Portaba un esmoquin negro, similar al que se veía en los empleados de algunas de las familias más adineradas de la ciudad. Su corbata era azul cielo, a rayas grises, lo que daba a sus ojos cierto colorido, pese a ser casi blancos. Como Stoker, se veía incómodo por el atuendo, pero su problema parecía estar en sus pies, calzados ese día con relucientes zapatos de charol negro. No dejaba de golpear el suelo ya con un pie, ya con otro, manteniendo su semblante imperturbable de costumbre.
—¿Cómo sabes que…? Olvídalo —aparentemente, Stoker ya tampoco se molestaba en averiguar el modo en que Yumegami se enteraba de cosas que él nunca había mencionado —Sí, mis abuelos prácticamente desheredaron a mi padre cuando se casó con mi madre. No lo hicieron literalmente porque sabían que mi padre era el mejor de la familia, pero fingieron que no existía. Creo que hasta se alegran cuando dicen que quizá esté muerto.
—¿Tanto así? —se sorprendió Khaos.
—Supongo, no lo sé. Hace años que no los visito. La última vez que lo intenté fue cuando entré a la universidad y me cerraron la puerta en la cara. O mejor dicho, su mayordomo me cerró la puerta en la cara. Y por cierto, el tipo se vestía como tú ahora.
Observó a Yumegami, quien no prestaba la menor atención, o al menos eso parecía. De pronto, él dio una cabezada en dirección a la parte del salón que tenía a la derecha.
Allí, según alcanzaron a ver Khaos y Stoker, no había nadie, pero después se pusieron Himmel y Keb en su campo de visión, ambos vestidos de blanco y turquesa, cuchicheando algo que los divertía mucho.
—Casi es hora —avisó Yumegami, fijando los ojos en Stoker.
—¿Ya? —el pirogénito abrió los ojos con sorpresa —Déjamelo a mí. Ahora tengo que ver algo en el comedor.
Stoker se marchó a toda prisa y Khaos arqueó una ceja interrogante hacia Yumegami, quien simplemente le sonrió.
—Eres lo más bonito que he visto en mi vida.
Los cumplidos no eran la especialidad de Yumegami, los hacía sin darse cuenta al declara algo que para él era nada más que la verdad. Como ahora, que había dejado a Khaos muda de asombro, sonrojada.
—Ah… Yo… Es que…
—¿Es el vestido de Azur-sama?
—Sí, ¿lo viste en un sueño?
—No. Yo se lo pedí para ti.
Eso dejó a la joven completamente abrumada.
—No tenías qué…
—Es un día importante.
Khaos, creyendo que se refería a que conocerían a otros Proyectos libres, asintió un par de veces con la cabeza, para luego acomodarse el flequillo con una mano. Ese día su cabello estaba peinado en un moño que se sujetaba con muchos broches, los cuales estaban adornados con pedrería azul y gris en forma de flores, espirales y mariposas. Eso combinaba con los aretes y el collar que llevaba, que igual lucían flores y mariposas.
—Y supongo que todo el conjunto fue tu idea, ¿no?
—En realidad, no. Voy a presentarte a alguien y después te lo explico, ¿te parece bien?
Sin quedarle más remedio, Khaos volvió a asentir, preguntándose a quién le presentaría. Yumegami mismo había mencionado una vez que no se relacionaba mucho con las personas… a menos que se contaran los sueños.
—Hola —saludó Yumegami de pronto, a un recién llegado —Es ella.
—Ah, sí, tu joya entre las joyas, tu flor de la pradera…
La persona que hablaba era de un aspecto bastante peculiar, con la piel morena y el cabello castaño cenizo ostentando un mechón de color azul eléctrico en el flequillo. El hombre era joven, probablemente de la edad de la misma Khaos, y quizá era por eso que había prescindido de la corbata al ponerse una camisa blanca de cuello redondo con su traje azul medianoche. En la solapa ostentaba algo parecido a una rosa, cuyo color azul la delataba como algo poco común. Los ojos del individuo, castaños y brillantes, observaban a Khaos con detenimiento, genuinamente embelesado, para luego cerrarse con fuerza y mostrar al poco rato otro color: un gris suave, extrañamente cálido, con unas cuantas vetas azules.
—Esto está mejor —indicó el hombre, dejando escapar una risita —Mi tía no bromeaba, es preciosa.
Yumegami asintió en silencio.
—Khaos, te presento a…
—¡No me llames por mi nombre, Yumegami! Soy Thomas.
—De acuerdo. Khaos, él es Nohek Thomas, que prefiere que lo llamen por su apellido.
El recién presentado dejó escapar una carcajada alegre, sonora, que llamó la atención de unos cuantos. Al poco rato, el hombre se revolvió el flequillo, con lo que su mechón azul pasó a ser rosa chicle, y señaló.
—Vamos, Yumegami, admítelo. Tú también lo preferirías si la necia de tu madre te hubiera puesto Nohek.