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Rilato — capítulo 20
020: Traición.
(Abierto)
¿Tramas hacer un mal o un bien?
¿Tienes a quién proteger?
¿Todo, nada o qué?
Blanco. Un blanco deslumbrante, en apariencia falso, con un único punto negro que señalaba el centro de cada ojo.
Negro. El más oscuro y tenebroso negro era el que parecía envolverlo con ese traje de etiqueta, más adecuado para una fiesta de gala que para un ataque frontal a la mente de alguien.
Gris. Tenue gris, cual nube de lluvia, lanzando destellos desde la cabeza del individuo gracias a la luz de la flama que iluminaba el sitio.
Maldad. En su estado más puro y demente. Helada y aplastante. Todo eso irradiaba ese personaje, que no sabían de dónde había salido.
Pero Khaos presentía que de acercarse a él, estaría perdida.
—Ven a mí, biófaga. Donde debes estar.
Ella negó con la cabeza, dando un paso atrás.
—¿No te imaginas quién soy yo?
Claro que se lo imaginaba, por eso dio otro paso atrás.
—Ven a mí. No puedes negarte. Lo sientes, ¿verdad?
Cierto, lo sentía. Algo dentro de ella le exigía obedecer a ese ser. Pero era más fuerte el miedo que le pedía apartarse y por esa vez, no tuvo inconveniente en dejarse llevar por él.
—¡Ven ahora mismo o él lo pagará!
Una mano pálida y de largos dedos se estiró, señalando a Khronos, quien gimoteó muy bajito, escondiendo la cara en un hombro de su madre.
—No.
Khaos vio, estupefacta, cómo un iracundo Yumegami se colocaba entre ella y el extraño personaje que había salido de la oscuridad.
—No estoy hablando contigo en esta ocasión —aclaró el personaje, con un ademán de indiferencia —Apártate.
—No.
Ante la nueva negativa, la persona de negro volvió a estirar una mano, esta vez acercándose paso a paso. Una llamarada zumbó entre el ser y Kuu, haciéndolos girar hacia la elegante mujer de largo cabello oscuro a quien le humeaba una mano.
—Le agradecería que dejara a los jóvenes tranquilos —indicó la mujer, sacudiendo su mano humeante como si nada.
—¿Otra vez metiéndose donde no la llaman, señora de Homme?
La aludida dio un respingo. No esperaba que la conociera.
—Ustedes dos dan muchos problemas —indicó el personaje, mirando de nueva cuenta a Khaos y a Kuu —Primero, saliendo de sus respectivos laboratorios, aunque uno con más saña que la otra —Kuu se tensó un poco, pero no bajó la vista —Luego, intentando ese estúpido juego de tener corazón y finalmente, eso —apuntó con un largo dedo pálido la cabecita de Khronos —Aún siendo accidental, es una cosa interesante.
—¡No es una cosa! —chilló Khaos, indignada.
—¿Cómo se le llama a algo producido por dos cosas? ¿No es también una cosa? Biófaga, te creí más inteligente. O quizá las últimas pruebas tenían razón y eras un Fracaso. Merecías morir, pero ahora…
No terminó la frase. Un puñetazo se estrelló en una de las mejillas de aquel individuo con tal fuerza que lo hizo tambalearse.
—¡Muchacho, tranquilo! —soltó Maurice Rouge, con ojos muy abiertos.
—Márchese —indicó Yumegami con su indiferencia habitual, pero debido a la cercanía, Khaos pudo notar que temblaba, ¿de furia o de miedo? —No tiene nada que hacer aquí, no le permito…
—¿Permitirme? ¿Tú, permitirme? ¿Recuerdas con quién estás hablando?
Yumegami apretó los dientes de manera casi imperceptible, dispuesto a no dejarse amilanar. Su mirada era tan fría e imperturbable que Khaos no pudo evitar un escalofrío.
—Vaya, por lo visto no lo sabes todo —señaló el personaje, burlón —No importa. Mis planes saldrán bien, no lo dudes. Al final, vendrás a suplicar clemencia a cambio de…
—¡Márchese!
Al ordenar eso, Yumegami veía fijamente aquella figura, que poco a poco se desvaneció, con una sonrisa cínica en su rostro. No fue hasta que se esfumó que el muchacho se permitió un largo y débil suspiro, antes de sentir a Khaos a su lado, abrazando con fuerza la figurita de Khronos.
—¿Todo bien, Kuu? —quiso saber ella.
Él asintió una sola vez con la cabeza, sin mirarla.
—Los llevaré de vuelta —indicó, antes de fijar la vista en las personas vestidas formalmente —Vendré por ustedes en un minuto.
Así las cosas, los senadores y el Secretario de Gobernación no tuvieron más remedio que ver cómo Yumegami se marchaba con la joven y el niño, sin dejar de preguntarse qué había sido todo aquello.
Y por qué el personaje siniestro se les hacía tan familiar.
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—… Así de sencillo. Habrá que investigarlo.
—¿Y mientras tanto, qué? ¿Dejar que haga lo que se le antoje?
—No voy a permitir que te le acerques, ¿está claro?
Khaos parpadeó lentamente, confusa por un momento, hasta que fue recordando poco a poco lo sucedido. Cuando se enderezó, notó que Himmel estaba a su derecha, sujetándole una mano y visiblemente preocupada.
—¿Estás bien? —le preguntó con timidez.
Khaos asintió, mareándose con ese simple movimiento. Tuvo que reclinarse de nuevo, con los labios apretados.
—¿Qué sucedió? —inquirió Viola.
Cuando Khaos miró a la hechicera, no pudo evitar tragar en seco. El aspecto de Viola era sereno, impasible, pero en sus ojos verdes podía vislumbrarse determinación mezclada inexplicablemente con cólera.
Obedientemente, la joven de cabello gris claro narró lo acontecido en su sueño, intentando que la voz no le temblara, pero solamente lo consiguió hasta llegar a la parte donde llegó ese personaje que tanto miedo le había causado. Paseó los ojos a su alrededor mientras lo describía y se dio cuenta de la cara de Mía, blanca como el papel, y del leve temblor que se hizo presente en las manos de Alí.
—¿Saben quién es él? —preguntó con cautela.
—Yo no lo sé, pero escuchar cómo es… —Alí se encogió de hombros.
—¿Mía? —llamó Himmel, mostrando terror en su cara.
—Sí —la otra hechicera presente se pasó una mano por la coleta de rojiza que caía en su hombro izquierdo, reflejando cierta desaliento —En persona nunca lo he visto, solamente escuchaba hablar de él. A decir verdad, agradecí no estar nunca en su presencia.
—¿Por qué? ¿Quién es?
Ante la curiosidad de Napoleón, Mía abrió la boca, pero la volvió a cerrar, frunciendo el ceño.
—No estoy autorizada para decirlo —contestó finalmente.
—Tú no, pero nosotros sí —indicó Keb repentinamente con su sosegada voz, y sonó un tanto indignado al agregar —O eso creo. Lo voy a nombrar y esperemos que no pase nada malo.
—¡Keb! —exclamó Himmel, preocupada.
—Él es el líder de los científicos que nos crearon —explicó Keb, en apariencia ignorando a Himmel —No tengo ni idea de qué especie es, pero no dudaría en que recurriera a experimentos para obtener más habilidades de las que le corresponden. La descripción concuerda con un vistazo que eché a una realidad hace poco. Su nombre es Si-Wang Quilin.
—¿Es de Tian-Long-Cheng? —se sorprendió Ryoko, arqueando una ceja.
—No importa —apuntó Alí, y ahora todos pudieron ver claramente el temblor no solo de sus manos, sino de todo su ser —¿Seguro de lo que estás diciendo, Keb? ¿Es realmente Si-Wang Quilin?
—Sí, el nombre es difícil de olvidar. ¿Qué pasa, Alí?
El nombrado cerró las manos, intentando controlarse, antes de tomar aire. Pero no fue él quien, con voz fúnebre, despejó la duda sobre el singular personaje, sino Viola, indudablemente furiosa.
—Es el actual Presidente Internacional del CIIG.
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Al despertar, los voluntarios para la comprobación práctica del Quórum respondieron con sumo cuidado a las preguntas del resto de los senadores, con evidentes dudas de estar haciendo lo correcto.
No pronunciaron ni una palabra acerca del misterioso personaje que habían visto en sueños. Yumegami lo pidió encarecidamente, alegando que no era el momento ni el lugar para discutir el asunto. Aunque la senadora Leviatán exigió saber qué pasaba exactamente, Yumegami no acató el tono de mando de la acuogénita, limitándose a señalar que debían tratar el tema en privado y con toda la calma posible. La senadora intuyó acertadamente que le pedía controlarse y accedió a regañadientes.
Por lo demás, la sesión transcurrió normalmente y a última hora de la tarde, hubo mayoría de votos en la CIC para aprobar la solicitud del Quórum, agradeciéndole a Yumegami su intervención y pidiéndole acudir a la oficina del CIIG de su ciudad para someterse a diversos exámenes.
Yumegami seguiría siendo el Respaldo y además, se convertiría en la primera nueva especie reconocida.
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El cielo ya estaba oscuro cuando Yumegami regresó al Albedrío, con los hombros caídos, sumamente cansado. No distinguió luces encendidas, así que pensaba ir directamente a su dormitorio, no sin antes pasar al de Khaos para saber cómo estaba. Comenzó a caminar despacio, con su cerebro centrado en ciertos datos, cuando una voz lo llamó.
—Kuu, ¿tienes un minuto?
El aludido arqueó una ceja. Keb estaba de pie a la entrada de una de las habitaciones que quedaban antes del salón principal.
—¿Qué se te ofrece?
Por toda respuesta, Keb le pidió que entrara a la habitación de la que él mismo había salido, lo cual Yumegami acató.
El sitio era pequeño, comparado con otras estancias de la casa. Era una combinación entre el estudio de Alí, por todos los libros que reposaban en un estante tras un sencillo escritorio de madera, y un salón de descanso, pues en una esquina había un par de butacas, una mesita y una lámpara. Por lo que Yumegami sabía, era allí donde Keb y Himmel estudiaban y, con frecuencia, donde el primero usaba sus habilidades de vigía de realidades. Ese lugar no tenía ventanas al exterior, pero en compensación, un gran cuadro representando el cielo despejado al amanecer adornaba una de las paredes.
—¿Ha pasado algo que deba saber? —inquirió Yumegami con seriedad.
Keb señaló una de las butacas de la esquina. Ambos se sentaron y solo hasta entonces el de cabellos verdosos le contó lo sucedido.
—… Y ellos discutieron. Alí quiere buscar a Quilin, pero Viola no.
—¿Por qué están en desacuerdo?
—Viola tiene una teoría acerca de esa sensación tan rara que tenemos al acercarnos a Quilin, por eso no quiere que Alí vaya tras él.
—¿Ir tras él? ¿De qué modo?
—No lo sé. Pero Alí tiene sus motivos, ¿no?
Yumegami asintió. La historia de la fundación del Albedrío estaba muy ligada al descubrimiento de los Proyectos. Siendo Alí uno de ellos, tenía fuertes razones para querer llegar al fondo del asunto.
—¿Algo más? —inquirió Yumegami.
—¿Quién es el que vi con Lookmoon en la realidad de hace tres meses?
Yumegami dejó escapar un breve suspiro, antes de contarle a Keb acerca de Shi. El chico de cabellos verdes mostró asombro ante cada nuevo detalle, pero se espantó todavía más cuando supo lo que Shi podía hacer.
—¿Sabes lo que significa? —inquirió al terminar Yumegami de hablar —¡Ese tal Shi nos llevará ventaja cada vez que pueda! Y puede ver a través de tus ojos, ¿qué pasaría si un día…?
—El día que yo sea un peligro, mi contrato se encargará de todo.
—Kuu, ¿exactamente en qué consiste tu contrato?
El nombrado no contestó. Se quedó mirando distraídamente hacia el infinito, en actitud reflexiva, y Keb supuso que no respondía porque no debía discutir su contrato con nadie, excepto con los siete fundadores del Albedrio. Al final, cerró los ojos, mostrando un semblante abatido, casi cansado, como si llevara un gran peso sobre los hombros.
—Sabes que no puedo comentarlo —señaló.
—Nada perdía preguntando —indicó Keb.
Yumegami asintió.
—Kuu, si Quilin está detrás de los Proyectos y todo eso, ¿qué vamos a hacer? Según Viola, es muy poderoso, sabe dónde golpear y…
—¿Viola-sama lo dijo literalmente así?
—No, pero Viola no es la única que piensa eso. Cada fundador se ha topado, al menos una vez, con Quilin. No les agrada. Creo que es por algo más que enterarse de quién es.
Al escuchar eso, Yumegami arrugó ligeramente la frente.
—Siento que algo se nos escapa y no me gusta —indicó con voz neutra —Debo investigar más. Al menos ahora Tsuji-sensei y Yamamoto-san no van a tener que rozar el tabú de los hipnoandantes.
—Ah, ¿es que fue Quilin el que…? Pero entonces, ¿qué es él?
—Eso, Keb, es lo que tenemos que descubrir en primer lugar.
—¿Cómo es que una persona tan conocida como él puede ocultar su especie? No me suena lógico.
No, a Yumegami tampoco, pero no lo corroboró en voz alta. El día entero había resultado lo suficientemente agotador como para mantenerlo encerrado en sus pensamientos, que corrían vertiginosamente en una sola dirección, como casi siempre.
—Mañana tengo que ir a la oficina del CIIG de la ciudad —informó, cambiando bruscamente de tema —Me harán los exámenes pertinentes para reconocer a los hipnófagos como especie. ¿Ha dicho algo Viola-sama?
—Solo que tendría mucho trabajo a partir de mañana. ¿Era eso?
—Sí.
Ambos se quedaron en silencio un largo rato antes de ponerse de pie y encaminarse a sus dormitorios, en la planta alta.
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Penumbra. Calor. Miedo.
¿Por qué seguía presentándose la pesadilla? ¿No era suficientemente feliz como para superarla y seguir adelante? Hasta que vio una figurita acurrucada en un rincón, creyó saber lo que estaba ocurriendo.
—¿Kuu? —llamó Khaos, dudosa.
Sentía presión en una de sus manos, pero no veía a nadie. Eso la intrigó, aunque por poco tiempo. La escena de siempre en la pesadilla iba en la parte en que la buscaba un científico y esta vez pudo apreciar mejor el rostro de quien la llamaba por su segundo nombre.
Indudablemente, aquel individuo de amables ojos y sincera expresión de preocupación era Fatuo Stoker, el padre de Beltane.
Al marcharse el pirogénito, nada le impidió a Khaos observarse a sí misma perdiendo el conocimiento, y por eso supo de dónde había salido la cicatriz en su espalda que tanto le dolía incluso en el presente. Se quedó pensativa, atenta, porque quería saber si despertaba antes de enterarse del final de ese mal sueño.
Entonces lo notó. Alguien caminaba por los restos del laboratorio sin preocuparse por el fuego que chamuscaba sus ropas.
—Pobrecilla… Veamos qué puede hacerse por ti…
La voz de esa persona sonaba muy débil, distorsionada, y su silueta apenas se distinguía entre las llamas y el humo. Khaos dio unos lentos y cortos pasos en su dirección, ansiosa de saber…
—Por favor, aguanta un poquito más… Te necesita…
¿Necesitarla, a ella? ¿Qué estaba pasando?
La figura que sostuvo en brazos a su versión pasada no tenía aspecto de ser muy fuerte, ya que era delgada y se movía con una gracia fuera de lugar en medio de un siniestro como aquel. Sin embargo, pronto Khaos se quedó de piedra al darse cuenta de qué ocurría realmente, pero no acababa de creerse que fuera posible.
Estaba viendo a través de quien la salvaba en ese sueño.
—¿Kuu? —llamó de nuevo, esta vez asustada.
La figura detuvo sus pasos, estrechó un poco más el cuerpecito que cargaba y giró la cabeza directamente hacia Khaos.
—¿Quién va? —inquirió la deformada voz de la transparente figura.
—No puede ser…
—¿Qué no puede ser? ¿Quién va? ¡Kami-sama! ¿Eres tú… Aoi?
—¿Aoi? —musitó Khaos, pronunciando de manera lenta, como si el vocablo quisiera decirle algo importante que no pudiera recordar.
—¿Eres tú? ¿Me encontraste? Por favor, Aoi, di algo, por favor…
—Yo no…
—Mira —la silueta se movió un poco, quedando plenamente iluminada por una llamarada, la cual simplemente la atravesó antes de mostrar, con más claridad, que se trataba de una silueta femenina —La salvo por ti.
Y con delicadeza, mostró a la pequeña que llevaba en brazos.
—¿Me salvó usted? —dejó escapar Khaos con voz ahogada.
No podía dejar de observar aquella cara, ovalada y pálida, hermosa y a la vez irreal. Los rasgos eran delicados, frágiles, y sus ojos…
—¿Kuu?
—¡No! —exclamó la mujer, estrechando contra su pecho a la versión infantil de Khaos —Ese nombre no, por favor. ¿Quién eres? ¡No pronuncies ese maldito nombre delante de mí! ¿Por qué me siguen atormentando?
—No entiendo…
Pero la mujer dejó de escucharla, al menos en apariencia, pero quizá era porque comenzó a palidecer… A desvanecerse en el aire.
—Vamos, Aglaia —musitó —Afuera, a la vida. Aoi te necesita.
—¡Espere!
Pero justo cuando la mujer dejó la habitación, hubo una detonación, las llamas lo envolvieron todo y Khaos ya no supo más.
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Khaos parpadeó con rapidez, sobresaltada, intentando asimilar lo que acababa de ver… Lo que acababa de soñar.
—¿Kuu? —llamó en un susurro.
Encontró al muchacho recostado a su lado, boca arriba, todavía con la ropa que le había visto ponerse por la mañana para asistir al Quórum. Sostenía una de las manos de ella contra el pecho, con los ojos cerrados.
La joven decidió no molestarlo. Quizá esta noche sí estaba durmiendo normalmente, quería darle ese gusto. Lo de ver su propio sueño como si fuera el de alguien más debió ser algo involuntario ocasionado por las habilidades de Yumegami, él le había contado que podía suceder si dormía tocándola. Dio un ligero apretón a la mano del muchacho.
Frunció el ceño. ¿Qué y quién sería esa mujer? No era un espíritu, sostuvo su yo infantil como si nada, pero tampoco era un ser ordinario, ¡el fuego pasaba a través de ella! ¿Y qué hacía allí, por cierto? Las preguntas se amontonaban en su cabeza, una tras otra, pero sabía que no obtendrían respuesta. Lo que sí le preocupaba era que Shi, el tal Si-Wang Quilin o cualquiera de los que la perseguían, se enteraran de que ya sabía por qué había sobrevivido al intento que se hizo por matarla.
Eso, claro está, si esa mujer de verdad la había salvado.
—Khaos, ¿por qué estás despierta?
Aunque la pregunta fue hecha por Yumegami en un susurro amable, la aludida no pudo contener un pequeño sobresalto.
—Lo siento, ¿no estabas dormido?
—Unos minutos, creo. Pero mis habilidades me estaban llevando a otro sueño, así que me forcé a despertar. ¿Estás bien?
—Sí, claro. Kuu, ¿tú sabes…?
Pero ella no continuó su pregunta enseguida. Se estaba planteando si hacerla tal cual la había pensado o dar un ligero rodeo, para así comprobar si sus suposiciones eran acertadas. Optó por lo segundo.
—¿Tú sabes… qué significa "Aoi"?
—¿Aoi? Es el nombre del color azul en el idioma de Nihotto.
—Vaya… ¿Y en Nihotto lo usan como nombre?
—¿Como nombre de persona, quieres decir? Sí, lo hacen. Es mi segundo nombre, por ejemplo.
Khaos se mostró sorprendida por el dato.
—¿Por qué no me lo habías dicho? —inquirió.
—No veía la necesidad. Además, no encaja conmigo.
—Yo creo que sí encaja. Te gusta el color azul.
—Tal vez. Pero no es que me guste ese color, es solo que…
—¿Sí?
Yumegami se movió un poco, sin soltar la mano de Khaos, solamente se acomodó lo suficiente como para mirarle el rostro.
—Me recuerda un poco a tus ojos —confesó con suavidad —Y cada vez que veo el azul, siento… Como si extrañara algo.
—¿Extrañar?
—No puedo definir mejor el sentimiento. Es… un peso, pero no duele. Veo el azul y siento que una imagen o un recuerdo quieren… mostrarse en mi cabeza, pero solamente me quedo con la sensación de que… Se parece a cuando te veía solamente en sueños. Cuando despertaba, quería que estuvieras conmigo. Así aprendí lo que era extrañar. Pero no sé… Siento que lo del azul es un poco distinto. Porque me da la impresión de que me hace extrañar algo que llegué a tener. Y a ti te extrañaba cuando nunca te había tenido. ¿Es… tan raro como creo que suena?
Khaos negó con la cabeza, acercándose a él para darle un beso en la mejilla. Tenía la impresión de que en ese momento, tenía junto a sí a un niño inocente y perdido, que apenas sabía lo que era el mundo. Ella no estaba en mejor posición, pero al menos había convivido con gente real para aprender ciertas cosas. Yumegami no tenía la misma experiencia.
—Tal vez, cuando te escapaste, se te olvidaron cosas, como a mí —sugirió ella con cautela —Ya ves, yo no puedo recordar cómo salí del incendio. ¿Tú te acuerdas de todo lo que te pasaba antes de…?
Yumegami negó con la cabeza.
—Mi cabeza no funciona así. Quizá decidí, sin querer, que no me eran necesarios esos recuerdos, así que mis habilidades los bloquearon. Es lo que hago cuando como demasiada información periférica en un sueño. Todo lo que necesito es rastrear el dato específico para que vuelva a mi mente consciente cada vez que quiera.
—Eh… No estoy segura de haberlo entendido bien, pero… ¿solo recuerdas lo que tú decides?
—Algo por el estilo.
—Entonces, ¿por qué no intentas eso con el azul? Deberías ver si te acuerdas qué relación tiene con lo que te pasaba antes de…
—¿Por qué de repente tanto interés?
Mordiéndose el labio inferior, Khaos no sabía qué contestar. Al final, dejó escapar un suspiro y le contó lo que había soñado recién. A medida que hablaba, Yumegami la veía más y más asombrado, pero lo que terminó por dejarlo intrigado fue la descripción de la misteriosa mujer.
—¿Y ella…? ¿Ella llamaba a alguien llamado Aoi? —terminó preguntando Yumegami, con un ligero temblor en la voz.
—Sí, por eso pensé… Por eso y por… Kuu, ella…
—Mononoke.
La curiosa palabra brotó de los labios de Yumegami sin que éste se diera plena cuenta de ello. Salió en un murmullo, apenas audible, casi de tal forma que otros seres no la oyeran. Pero Khaos la escuchó y estando a punto de preguntar qué significaba, sintió una especie de aire frío a los pies de la cama, hacia donde giró por reflejo la cabeza para saber de qué se trataba y tuvo que ahogar un grito.
Allí estaba, de pie, luciendo un curioso atuendo, una especie de bata atada a la cintura, larga y de mangas amplias, similar al que Ryoko lució en la fiesta de Año Nuevo. La mujer tenía el lacio cabello largo y oscuro, lo que contrastaba con su piel pálida y sus delgados labios rosados. Su rostro ovalado seguía siendo hermoso, de rasgos finos, aunque con inconfundibles signos de aflicción. Y los ojos eran de un translúcido azul, tan pálido que se veía casi blanco.
—¿Aoi? —pronunció la mujer con voz resonante, como si viniera de muy lejos, sin poder ocultar el anhelo en sus suaves facciones —¿Estás allí?
—¿Kuu? —Khaos observó al muchacho sin saber qué hacer.
—¿Tú otra vez? ¿Quién eres? ¿Por qué no dejas de pronunciar ese nombre maldito delante de mí?
—¿No puede verme? —inquirió Khaos con sumo cuidado.
—No exactamente —explicó la mujer, ladeando ligeramente la cabeza, frunciendo el ceño en ademán pensativo —Veo siluetas, energía, de los seres vivos. Y veo esta habitación. Azul… —sonrió un poco, con alivio, fijando los ojos en las paredes —Fue Aoi quien me llamó, solamente a él le di esa facultad, ¿dónde está? Dímelo, por favor, dimelo…
—Eh… Disculpe, no sé quién es usted…
—¡Gomenasai! Soy Yumegami Mononoke. Puedes llamarme por mi nombre.
Khaos no pudo sino quedarse paralizada de asombro. Se giró hacia el muchacho a su lado, buscando en su rostro algún indicio de lo que debía hacer, pero lo encontró absorto en la contemplación de la visitante, con su habitual estoicismo pero un innegable brillo en los ojos que delataba lo maravillado que estaba.
—Conozco a un Yumegami —se decidió a decir Khaos.
—¿En serio? —la sonrisa de la transparente mujer fue tan sincera y amplia, que Khaos no pudo evitar imitarla débilmente —¡Ese debe ser Aoi! ¿Cómo es? ¿Qué hace? ¿Dónde está? ¿Es feliz?
—Él… Es pálido, de cabello oscuro y sus ojos… sus ojos son como los suyos. Estudia en la universidad, trabaja en una tienda. Yo… Lo siento, no sé si deba decirle dónde está. Y es feliz, o al menos lo intenta.
La explicación sonaba muy vaga, pero a Mononoke Yumegami pareció bastarle, porque siguió sonriendo, paseando la mirada por la habitación.
—Se sienten hechizos en cada rincón de este lugar —comentó con aire amable —Espero que sea un sitio amigo. ¿Dónde estamos?
—Es… La casa de nuestros jefes. Yo también trabajo en la tienda.
—¡Lo siento! No he preguntado tu nombre. Estaba tan entusiasmada…
—Soy… Me llamo Khaos.
—¿Eres…? ¡Aglaia! ¡Kami-sama, sobreviviste! Me alegra tanto…
—¿Usted me salvó? —Mononoke asintió —¿Por qué?
—Eras una criatura inocente y… Aoi te necesitaba. Por ti, Aoi es un buen hombre. Y no me importó pagar el precio para que Aoi fuera feliz.
—¿Qué es Aoi de usted? ¿Me lo puede decir?
—Espero que ya lo hayas adivinado. Y cuidado, que Si-Wang no te engañe jamás con ese bun-zi que creó.
—¿Con el qué? Oiga, ¿usted conoce a ese hombre?
—¿A Si-Wang? Sí, pero él no merece el calificativo de "hombre", ha cometido muchos pecados, librándose de su castigo por medio de perversos métodos. Mi error fue confiar en él una sola vez, creer en sus embustes, y hasta la fecha pago por ello. Y Aoi… Aoi tuvo que pagar por ese único error. Lamento no estar con él, pero de habérmelo quedado, quizá ahora no estaría con vida. ¿Puedes decirle algo de mi parte al Yumegami que conoces? Por favor… Él debe ser Aoi, estoy segura. Espero poder alegrarlo con mis palabras, aunque sean insignificantes…
—Dígame.
—Antes de eso, ¿quién está contigo? Veo otra fuente de energía vital allí, junto a ti. ¿Es un amigo? ¿Puede confiarse en él?
—Eh… Sí, claro.
Khaos no supo por qué no dijo, de una vez, quién estaba con ella. Pero no se arrepintió al oír lo que Mononoke pronunció a continuación.
—Dile a Aoi que lo siento. Dile que todo habría sido muy diferente si Tenryu no hubiera muerto. Dile que deseo que sea feliz, que no se preocupe por mí. Y dile también… Ai shiteru.
Khaos asintió, con un nudo en la garganta, aunque no entendiera del todo lo último, aunque suponía su significado por el tono afectuoso en la voz de la mujer y su cara llena de congoja. A los pocos segundos recordó que Mononoke no podía "verla" realmente, y abrió la boca, pero no pudo hablar, pues Yumegami finalmente salió de su ensimismamiento y pronunció unas palabras que tampoco comprendió.
—Arigato. Ai shiteru… mo.
—¿Aoi? ¡Oh, Kami-sama, de verdad estás aquí! Por favor, no dudes de mis palabras, por favor…
Mononoke comenzó a desvanecerse, pero antes se esfumó toda emoción de su rostro, para luego advertir con voz impasible, poco antes de dejar la habitación por completo.
—Y por lo que más quieras, Aoi… Nunca, jamás, confíes en Si-Wang.