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Rilato — capítulo 21

021: Unión.

(Abierto)

Una vez, o puede que mil veces…

Ubicación mala, la tuya, para la ocasión…

Único eres de entre todas las personas…

Pasaron unos segundos eternos, silenciosos, pesados, antes que Khaos se atreviera a mirar a Yumegami y musitar.

—Kuu, ¿sabes quién…?

No pudo concluir la pregunta. Él tenía los ojos llenos de lágrimas, con la mirada fija en el punto que había ocupado Mononoke, sin duda perdido en sus pensamientos.

—¿Qué pasa? —Khaos estrujó las manos de él con las propias.

—No lo entiendo… —musitó Yumegami lentamente.

En ese momento, llamaron a la puerta de la habitación con fuerza.

—¿Todo en orden allí dentro? —quiso saber la voz de Viola.

—Ah… sí, claro —respondió Khaos.

—¿Segura? Recibí de uno de mis hechizos una alerta de intrusos.

Ante ese dato, Khaos decidió soltar a Yumegami, abandonar la cama y correr a la puerta, abriéndole a Viola quien, para su sorpresa, venía acompañada de Alí.

—¿Intrusos? —inquirió la joven.

—Sí, no lo habría sabido si no tuviera un hechizo de alerta hecho especialmente para seres inmateriales —explicó Viola, entrecerrando los ojos con cansancio —¿No vieron algo anormal aquí?

—Nosotros…

—Viola-sama, ¿conoció a alguien llamado Tenryu?

La repentina pregunta de Yumegami causó un respingo colectivo, luego de lo cual Khaos observó al joven con atención. Ya no lloraba, pero se adivinaba que, aunque sereno, quería entender desesperadamente lo que recién había ocurrido.

—¿Tenryu? —Viola frunció el ceño, pensativa —Ahora mismo no me suena ese nombre, Kuu, ¿quién es?

—Fue —corrigió Yumegami —Y no estoy seguro. Si encuentro quién fue él, podré saber quién es la otra.

—¿Cuál otra?

—Kuu, ¿no estarás hablando de Tenryu Shichiyou, cierto? —quiso saber Alí —Hace mucho que murió.

—Quizá sea él. ¿Tenía familia?

Alí adoptó una expresión seria y concentrada antes de arrugar la frente, en señal de desconcierto.

—No lo recuerdo —dijo finalmente —Lo que es raro, porque si se trata de quien yo creo, debió salir algo al respecto, al menos una vez. ¿Tú te acuerdas, Viola?

—¿Shichiyou? No, ahora mismo no —la hechicera encogió los hombros —Kuu, ¿necesitas la información con urgencia?

—Sí.

—Entonces usa el hipnonavegador y búscala. ¡Eh, ahora no! —Viola se colocó en el marco de la puerta, impidiendo que Yumegami saliera del dormitorio —No vas a usar un aparato que te quita la conciencia cuando acabamos de tener una alerta de intrusos inmateriales —espetó en voz baja —Lo que debes hacer es intentar dormir, mañana nos espera un día largo con el montón de exámenes que piensan hacerte.

—Pero… Viola-sama…

—Nada, a la cama. No comprendo… ¿Qué tienes?

La rubia abrió más sus verdes ojos al notar los signos de que Yumegami había llorado. El muchacho intentó restarle importancia con un gesto, pero Viola lo miró de tal manera que comprendió que no valdría la pena discutir cuando de cualquier forma, terminaría diciéndole de qué trataba todo aquello.

—Khaos, ¿podrías dar el nombre de la persona que estuvo aquí? —pidió con amabilidad —Yo no debo pronunciarlo ahora.

—¿La persona que…? —se escandalizó Viola.

—Dijo que se llamaba Mononoke —cortó Khaos, queriendo que sus jefes supiera la magnitud del asunto —Mononoke Yumegami.

Eso dejó sin palabras al matrimonio Arafat Médici.

-&-

Mientras Viola y Yumegami se marcharon a la sede local del CIIG a primera hora, Khaos se quedó en casa, hablando con Alí.

—¿De verdad dio ese nombre? —preguntó él para concluir el tema.

—Sí, a mí también me sorprendió. Pero si la viera… ¡Es idéntica a Kuu! ¡Cualquiera se daría cuenta!

—Quizá sea mejor decir que Kuu es idéntica a ella, pero da igual —Alí torció el gesto, visiblemente contrariado —Si damos por sentado que entre esa mujer y Kuu hay un parentesco, echa por tierra la creencia de que él sea un Proyecto. La pregunta entonces sería qué le hicieron en el laboratorio de la isla de Cuaztlán.

—Quiere decir… Si realmente él nació y no lo crearon… ¿Verdad?

—No quiero pensar en cuánto debe dolerle a Kuu —apuntó Alí de repente, con gravedad.

Khaos ladeó ligeramente la cabeza, frunciendo el ceño.

—¿Cómo confirmamos si… si Kuu y ella son familia? —quiso saber.

—No podemos. No sin saber toda la información, y no es el mejor momento para pedírsela a Kuu.

—Él ni siquiera puede pronunciar su nombre y…

—No, dijo que no debe pronunciarlo. Me da la impresión de que esa mujer, quien quiera que sea, hizo tratos con algún hechicero para convertirse en convocable.

—En… ¿Qué es eso de "convocable"?

—Es un sello mágico que tienen ciertas personas, por el cual acuden solo al llamado de quienes especifiquen. Tiene muchas variantes y el más exclusivo es aquel que únicamente funciona con una persona.

—¿Quiere decir que…?

—Lo más probable es que esa mujer se hiciera convocable únicamente para Kuu. Dijo que solo a él le otorgó esa facultad, ¿no?

—Sí, y no dejaba de llamarlo Aoi.

—Los nihotti tienen ciertas creencias acerca de los nombres que no coinciden con el resto de las culturas, debe haber algo de eso en el nombre de Kuu. Habrá que preguntarle a Ryoko.

—Ella una vez… Ryoko mencionó una vez que "Kuu" se puede escribir de una forma que significa "vacío".

—O sea, es tu Contraparte —pronunció Alí débilmente.

—Eso me dijo él, pero Shi también. No sé a quién creerle.

—Shi… Ella, Mononoke, habló de un bun-zi, ¿será él?

—¿Qué es un…?

—Es un concepto de los habitantes de Tian-Long-Cheng que después los de Nihotto adoptaron, aunque creo que lo pronuncian diferente. Si no mal recuerdo, se usa para designar a lo que no es original.

—O sea, ¿a una copia?

—Sí, algo así. Con bun-zi, ¿hablaría de Shi? Porque de ser así, Mononoke da a entender que Shi es copia de Kuu y no su gemelo.

—¿No es lo mismo?

—En el caso de los Proyectos, no. Lo que averiguamos es que todos fueron creados de manera artificial, no tendría sentido llamar "copia" a uno de ellos. Kuu nos contó todo lo que sabía de su concepción y la de Shi, así pues, ¿hay posibilidades de que lo que sabe Kuu no sea la verdad? En ese caso, tendremos problemas.

Ante el abatimiento de Alí, siempre tan sereno y firme, Khaos no pudo sino contener un escalofrío. Tantos cabos sueltos, tantas cosas nuevas en juego… No sabía si había algo que ella pudiera hacer.

—¿Hay novedades? —inquirió repentinamente Beltane Stoker, entrando a la habitación a toda carrera, con el cabello revuelto y la mochila colgando de un hombro —En la universidad no se habla de otra cosa, hoy tuve que hacer un par de trucos para asustar curiosos, ¡no me dejaban en paz! Como soy amigo de Kuu…

—Viola comentó que a esta hora, estarían a la mitad de los exámenes médicos —apuntó Alí con seriedad, poniéndose de pie —Debo pasar un momento a la Barra. Estás en tu casa, Beltane.

Al salir el señor Arafat, Stoker arqueó una ceja.

—¿Ocurrió algo malo? —inquirió.

Después de suspirar, Khaos le pidió con un gesto que se sentara y luego que él obedeciera, le relató lo de la noche anterior.

—¡Demonios! —exclamó el pirogénito, pasmado —¿Era Mononoke Yumegami?

—¿Tú la conoces?

—No exactamente, es que… Mi padre la nombró una vez —confesó Stoker, revolviéndose más el cabello al pasar una de sus manos por él —Decía que era la mujer más hermosa que había visto, después de mamá. La admiraba, lo mismo que a su esposo, o eso entendí…

—¿Esposo? ¿Mononoke estaba casada?

—Sí, eso me contó papá. Pero no me acuerdo del nombre del marido. Lo que es extraño, papá dio a entender que el marido era famoso.

—¿Famoso en qué sentido?

—Tampoco lo recuerdo. ¿Es eso posible? ¿Cómo puedo acordarme de alguien pero no de su nombre, ni de su cara, ni en qué trabajaba?

—Ahora ya no sé qué es imposible —Khaos suspiró —Alí cree que Mononoke hizo tratos con un hechicero, pero puede que otro hechicero hiciera algo en nuestras cabezas.

—¡No tiene sentido! Para modificar las memorias de varias personas a la vez, se necesita de un hechicero con mucho poder y precisión, me lo explicó mi padre. Además, estamos hablando de borrar a una persona completamente de los recuerdos de los demás. Entre más conocida sea la persona, más difícil es "desaparecerla" de ese modo, son demasiados datos con qué trabajar. ¿Me estás entendiendo?

—Creo que sí. Si un hechicero hizo que nadie recordara al esposo de Mononoke, debió ser muy bueno, ¿cierto?

—Aún más. Esa clase de hechizos pueden romperse si uno se esfuerza lo suficiente en recordar o si otro hechicero poderoso lo rompe. Tenryu Shichiyou… Si Alí lo recuerda, es un avance, significa que el posible hechizo tal vez tenga un error de fórmula. Si ese hombre y el esposo de Mononoke son el mismo y averiguamos más de él, sabremos quién es ella, como dijo Kuu. Oye, curioso nombre el de ella, ¿no?

Khaos se encogió de hombros. En lo que menos había pensado era en qué tan inusual era el nombre de aquella mujer.

—¿Tú hablas nihotti, Beltane?

—Sé frases simples, me las enseñó mi madre. ¿Por qué?

—¿Sabes qué significa "ai shiteru"?

Por toda respuesta, Stoker se sonrojó tan velozmente que Khaos no pudo evitar reírse. Tenía un aspecto de lo más curioso.

—¿Por qué preguntas eso? Lo que te diga Kuu en privado…

—¿De qué estás hablando? ¿No pusiste atención a lo que te conté? ¡Mononoke se lo dijo a Kuu!

—¡Ah, sí! —Stoker se dio una palmada en la frente —Lo siento, creí que… Bueno, me alegra mucho que alguien más sienta eso por Kuu.

—¿Sentir qué?

Stoker sonrió con suavidad, casi con ternura.

—"Ai shiteru", en nihotti, significa "te amo".

Khaos asintió en silencio, estando de acuerdo con Stoker.

Era muy bueno que alguien más amara a Kuu.

-&-

—Listo, muchacho. Ponte la camisa.

Yumegami asintió con una cabezada y obedeció.

Estaba en una sala de exámenes médicos, en uno de las plantas intermedias del edificio del CIIG de la ciudad de Hidracalia. Se suponía que lo acababan de someter al último procedimiento, lo cual agradecía. Como lo habían requerido en ayunas, tenía mucha hambre.

—¿Puedo ir a comer algo? —fue lo primero que preguntó.

El médico que había dirigido todos los exámenes, un hombre de cabello oscuro, poblado bigote y aspecto serio, revisaba a conciencia unos documentos en un pisapapeles, apenas prestándole atención.

—En un momento, muchacho. Por hoy ya terminamos, pero me aseguraré que no se les haya ocurrido otra cosa para mañana.

A Yumegami no le gustó cómo sonó eso, pero lo dejó pasar.

—Buenas tardes —saludó Viola en ese momento, entrando a la sala mientras se abotonaba su bata blanca —Doctor Curiè, ¿qué tal?

—Le decía al muchacho que hemos terminado con lo ordenado por la CIC, pero ya sabe, pueden exigir algunos procedimientos más si los primeros resultados no los convencen. Deberíamos tener el expediente en un par de horas para poder enviárselos a los senadores.

—Gracias. ¿Y lo que pedí yo?

—¿Qué, el Rastreo Mundial? —el doctor Curiè arqueó una ceja, revisando sus papeles con rapidez —Venía incluido en la lista de la CIC, fue lo primero que ordené cuando obtuvimos el ADN completo y una CRIU más exacta que la que tenía el muchacho.

-¿Cuál de los senadores ordenó el Rastreo Mundial?

—Lo ignoro. La lista de procedimientos solicitados era general.

Viola frunció el ceño ligeramente. Que alguien en la CIC hubiera pedido eso en particular no le agradaba en absoluto.

El Rastreo Mundial se trataba, en términos sencillos, de comparar la CRIU de un individuo con la base de datos del CIIG a nivel global. Solía usarse para casos muy específicos: cuando se buscaba al pariente lejano de un enfermo como su posible donante de órganos, o que alguna persona quisiera encontrar a su familia biológica. Debido a sus alcances, el Rastreo Mundial solamente se hacía si había una orden legal de por medio y que lo solicitaran como parte de un Quórum entraba en esa categoría.

—Señora de Arafat, buenas tardes —saludó cordialmente un hombre joven y moreno que llegaba en ese instante, con un montón de carpetas bajo el brazo —Doctor Curiè, le traigo los resultados de los primeros exámenes ordenados por la CIC —le tendió la mitad de las carpetas.

—Gracias, Higareda —el doctor Curiè se puso a revisar la primera, arqueando de nueva cuenta una ceja, pero esta vez con cierta confusión —Señora de Arafat, tenemos un problema —anunció al alzar la vista.

—¿Qué pasa?

Viola presintió que no serían buenas noticias y así fue.

—El Rastreo Mundial arrojó en primer lugar un Empate Clasificado.

La rubia hechicera maldijo mentalmente, mirando a Yumegami de soslayo, quien a corta distancia, esperaba con desinterés aparente que le indicaran qué hacer, pero ella sabía que oía hasta la última palabra.

—¿Qué es un Empate Clasificado? —inquirió amablemente el hombre que había llevado las carpetas.

Tanto el doctor Curiè como Viola mostraron expresiones herméticas.

—Un Empate Clasificado hace referencia a personas que forman parte de la lista de Protegidos de la CIC —contestó Yumegami de forma serena, pero sin poder ocultar un destello de esperanza en los ojos que Viola nunca le había visto —Esas personas son reinventadas por orden de la CIC internacional; es decir, se les borra de la existencia que han llevado hasta la fecha y surgen poco después con otra identidad. Un Protegido tiene esa denominación de forma temporal, pero con plazo indefinido. Al darse un Empate Clasificado, ¿no hay opción a un segundo Rastreo Mundial?

—Por supuesto, así se accede a la redirección de datos del sistema —Viola asintió enfáticamente, en tanto el doctor Curiè e Higareda seguían anonadados ante la cantidad de información que había manejado Yumegami, que según sabían, era un estudiante de una carrera sin ninguna relación con la política o la genética —Ordénelo, por favor, y si puede demorar un poco esa parte del informe hasta que tengamos el segundo Rastreo, mejor —le pidió al doctor Curiè.

—Señora de Arafat, no tengo autorización para ordenar un segundo Rastreo Mundial. Tendrá que hacerlo usted misma.

Viola se inquietó. Que su nombre se registrara en algo que tenía relación directa con el Quórum no era algo que quisiera, pero como Jefa del Departamento de Investigación Genética, no tenía opción.

—De acuerdo, lo ordenaré lo más pronto posible. Mientras tanto, revise lo que ya tenemos y envíe a la CIC un informe preliminar.

El doctor Curiè asintió y se encaminó a una puerta que conducía a una pequeña oficina, seguido de cerca por Higareda. Cuando ambos se perdieron de vista, Viola frunció el ceño.

—¿Cómo sabes todo eso del Empate Clasificado? —le preguntó con suspicacia a Yumegami, entrecerrando los ojos.

—Lo he sabido apenas desde anoche. Por alguna razón, el sueño ajeno al que me llevaban mis habilidades contenía esa información periférica. Vino a mi cabeza en cuanto escuché el concepto. Quisiera saber de quién era el sueño, pero no encuentro el camino de vuelta.

—¿Eso qué significa?

—Algo o alguien hace que esa persona ya no esté a mi alcance. Pero según mis averiguaciones, mis habilidades del sueño son únicas, así que no debería existir alguien que pueda contrarrestarlas.

—¿Y acaso no conocemos a un monstruo de los sueños que puede bloquearte y además, quiera dejarnos en un callejón sin salida?

Ante semejante pregunta retórica de Viola, Yumegami asintió.

Tendría que vérselas con Shi más pronto de lo esperado.

-&-

—¿Seguros de que pueden hacerlo?

Himmel asintió con ganas, en tanto Keb se limitaba a una sola cabezada, con expresión fría.

En cuanto terminaron su conversación, Khaos y Stoker empezaron a pensar en alguna forma de descubrir quién era realmente Mononoke Yumegami. Una idea llevó a la otra y decidieron que consultarían con Himmel y Keb si era posible para ellos conducirlos a la realidad de los sueños de esa mujer. Aunque para eso, tuvieron que explicarles primero de qué se trataba todo aquello.

—¡Quizá Kuu tenga un pariente! —exclamó Himmel, feliz.

En tanto, Keb frunció el ceño, haciéndose a la idea de que quizá Yumegami no era como él y Himmel.

—No te preocupes —le dijo Khaos al jovencito de cabello verde —Aunque Kuu no fuera un Proyecto, nos seguiría queriendo.

Keb, tras un instante de reflexión, asintió con gratitud.

Era Khaos quien tenía sus dudas. Sí, confiaba en que Yumegami los siguiera queriendo a todos, ¿pero los seguiría ayudando? Si no era un Proyecto, nada lo obligaba a estar de su parte.

Miró a su alrededor. Estaban en la pequeña habitación que servía como estudio de Himmel y Keb, donde el segundo intentaría ver primero la realidad que le habían solicitado antes de abrirles la puerta y permitir que la primera diera el salto con Stoker. Ninguno de los tres le permitiría a Khaos ir a otra realidad en su estado, cosa que a ella la frustraba, pero con la que estaba de acuerdo. Para ella, Khronos también era demasiado valioso como para arriesgarlo.

—¿Mononoke Yumegami, verdad? —quiso confirmar Keb.

Khaos asintió.

El omniguarda respiró profundamente, estirando los brazos frente a sí, con las manos abiertas y apoyadas en una pared imaginaria. Pronto se formó en ese punto un remolino sin color, o quizá sí los tenía, porque distorsionaba el espacio donde se formaba, lo cual Stoker reconoció enseguida: era muy parecido a lo que vio en la casa de los Thomas, cuando Keb les avisó que Lookmoon llamaría a Quórum antes que Maurice Rouge.

El remolino diluía la visión de una de las paredes, formando algo muy similar a un agujero negro en el espacio. Una suave corriente de aire provenía de él, dando la sensación de ser una ventana recién abierta por la brisa. Al principio ese espacio era negro, pero pronto comenzó a mostrar algo de color, de figuras definidas, hasta que detectaron una que Khaos se apresuró a señalar.

—¡Allí! ¡Es ella!

Los demás se dedicaron a observar. Por lo visto, era un recuerdo que salía a flote en los sueños de Mononoke, ya que ella se veía más joven, vestía con uno de esos atuendos tradicionales de Nihotto en distintos tonos de azul y gris, caminando por una playa junto a una figura masculina vestida también a la vieja usanza de aquel país oriental, cuyo atuendo, de un brillante azul, hacía destacar su cabello oscuro. En la nuca del hombre se alcanzaba a ver algo del tono azul del mar a plena luz del día, pero no supieron descifrarlo porque en ese momento, el hombre giró la cabeza, mirando a Mononoke, y su perfil los dejó atónitos.

Yumegami era la copia viviente de ese hombre.

—¿Kuu? —musitó Himmel, confusa.

En ese instante, la Mononoke del sueño le sonrió a su acompañante, embelesada, tomándole una mano con cierto recato.

—¿Está seguro de esto, Shichiyou-sama? —inquirió con timidez.

—Muy seguro —asintió el hombre, sonriendo con suavidad —¿Usted no?

—Me parece un desatino y una irreverencia.

—No hay que temerle a los sueños, Yumegami-san. Hay que temerle a la realidad que los materializa.

La Mononoke del sueño arqueó una ceja, interrogante, pero el hombre no quiso ahondar en el tema. Alzó la mano de ella, llevándola a sus labios, cerrando los ojos por un instante.

—Sería un loco si no admitiera temor —dijo aquel hombre de repente, en un susurro tan bajo que apenas se oyó —No por mí, soy demasiado insignificante. No, temo por usted, por ese futuro que tanto anhelamos aunque se muestre tan cruel… Pero eso no debe detenernos. Hay que buscar la felicidad. Y quiero creer que si él existirá, podremos hacer que tenga una vida feliz, pese a las circunstancias.

El hombre abrió los ojos, fijándolos en la Mononoke que lo acompañaba, con lo cual pudieron darse cuenta que eran de un color extraordinario, entre amarillo y marrón, resplandeciente e intenso.

—Quiero hacerlo —sentenció el hombre finalmente —Mononoke-san…

La nombrada no pudo contener un par de lágrimas al tiempo que sonreía con ganas, asentía e inclinaba la cabeza.

—¿Quién va?

De pronto, otra Mononoke apareció en su campo de visión, una vestida de blanco y con semblante más frío y triste que su versión de los sueños.

—¿Quién se atreve a colarse a este lugar? —inquirió esa Mononoke, con el rostro cada vez más duro —¿Ni siquiera ese consuelo me queda? Si viene en nombre de Si-Wang…

—Vayan —musitó Keb, frunciendo el ceño —Tienen diez minutos de aquí, les avisaré cuando deban volver.

Himmel asintió, tomó la mano de Stoker sin previo aviso y ordenó.

—Sueño de Mononoke Yumegami.

Y dando un salto hacia el orificio abierto por Keb, ella y Stoker se perdieron de vista a toda velocidad.

-&-

Mononoke Yumegami seguía en su propio sueño, aunque las imágenes en él se habían desvanecido hacía rato. Con el cuerpo en tensión, esperó a que aparecieran las presencias que había detectado.

Se encontró repentinamente con una chica de cabellos azulados que aparecía de un salto, sin previo aviso, llevando de la mano a un hombre joven de suaves ojos grises que se le hizo familiar.

—¿Stoker-san? —inquirió con extrañeza.

—Eh… ¿Me conoce, señora? —se extrañó el aludido.

—No, creo que te confundí —Mononoke agitó la cabeza, para luego volver a ponerse en guardia —¿Cómo pudieron llegar aquí?

—Hola, me llamo Himmel Irminsul y él es Beltane Stoker —presentó la chica, con los verdes ojos bien abiertos y actitud seria —Soy un Proyecto, señora. Una omninauta.

—¿Proyecto? —musitó Mononoke, asustándose primero, para luego sonreír lenta y radiantemente —¡Oh, tú debes conocer a Aoi! Es feliz, ¿verdad? Hace poco una chica me dijo que sí, pero… No soy buena calculando el tiempo en este estado…

—¿Qué estado? —quiso saber Stoker.

—Es parte del precio que estoy pagando. No puedo hablar de ello.

—¿Con nadie? —Himmel se mostró triste y preocupada.

—Podría hacerlo con mi hechicero contratista, pero no lo he visto desde que firmé el contrato. No sé si lo conocerán, es…

—Espere —pidió de golpe Stoker, alzando las manos —No nos diga el nombre. Entre menos sepamos de ese asunto, mejor.

—Pero Beltane… —protestó Himmel.

—Es mejor así, los hechiceros contratistas se toman muy mal que alguien se entrometa en sus asuntos —indicó Stoker con gravedad —No, queremos que nos diga un poco más de usted, señora.

—¿De mí? —Mononoke arqueó una ceja de forma elegante.

—Sí. Por ejemplo, ¿qué hay de malo en el nombre de Kuu?

—Lo usaron para maldecirlo, para castigarme —contestó Mononoke con la voz quebrada, llena de dolor y rencor —¿Saben lo que significa, no? Creyeron que lo conseguirían, que tendrían a un ser vacío, una cáscara en la que podrían introducir lo que quisieran. Pero nos encargamos de que fuera al contrario. Tenryu y yo.

—Eso también nos tiene intrigados, ¿quién fue Tenryu?

A la pregunta de Stoker, Mononoke meneó la cabeza, haciendo una mueca de tristeza que logró conmover a los dos visitantes.

Les recordó con fuerza a cuando Yumegami sufría.

—Vieron mi sueño, son los recuerdos que no quiero perder. ¿Por qué lo preguntan? —pronunció finalmente Mononoke, en un susurro.

—El único que ha dicho que lo recuerda es otro Proyecto, señora. No sabemos qué significa, pero quizá si no ayudara, podríamos evitarle algo malo a Kuu… Digo, a Aoi —se corrigió Stoker a toda carrera, al notar la mirada furibunda de Mononoke —Lo siento, siempre lo hemos llamado así, no sabía que tuviera algo de malo…

—Se escribe en nihotti de la misma forma que "cielo", pero al nombrar así a Aoi, la intención no era buena —Mononoke meneó la cabeza de nuevo —Nosotros, Tenryu y yo, no queríamos eso para él. Ahora que Tenryu no está, solo me tiene a mí para procurarle felicidad. No es mucho lo que puedo hacer en este estado, pero creo que estoy siendo útil.

—Eso es algo que diría él —asintió Stoker, sonriendo.

—Señora, ¿podría decirnos qué es Kuu de usted? —preguntó Himmel.

Aunque hizo un gesto de disgusto, Mononoke no riñó a la chica de azulados cabellos por el nombre que pronunció. Prefirió concentrarse en girar las manos con fluidez, como si envolviera algo. Pronto sostuvo lo que se veía como una esfera de luz multicolor, que permitió ver ciertas imágenes en movimiento.

—Mi contrato indica que no puedo hablar con Aoi, pero no dice nada de mostrarle a otros lo sucedido. Pueden llevarse esto, guárdenlo con cuidado en uno de sus sueños y podrán mirarlo cuando deseen.

Stoker tendió las manos con sumo cuidado, dispuesto a tomar la esfera y preparado por si sentía algo desagradable, pero no. La esfera flotó encima de sus palmas, convirtiéndose en un remolino de vapor luminoso, una cosa cálida que lo hacía pensar, sin saber por qué, en su madre y su padre.

—¿Y eso? —quiso saber Mononoke, mirando algo por detrás de Himmel.

Se trataba de un hueco en aquel espacio por el cual se asomaba la cabeza verdosa de Keb, que les hacía ademanes apremiantes.

—Vaya, sí que pasa el tiempo raro aquí —se quejó Himmel, haciendo un mohín —Muchas gracias por su tiempo, señora. Oiga, ¿quiere que le digamos algo a Kuu de su parte? Seguro él…

—Quisiera, pero no debo hablar con él directamente y no quiero arriesgarme. La otra vez pensé que no estaba presente, por eso…

Mononoke no pudo seguir hablando. Mientras Himmel tomaba el brazo de Stoker para dar el salto de vuelta, él pensaba en cómo hacer con la esfera lo que le habían indicado y ésta se disolvió.

En tanto, su anfitriona en aquel sueño se desvaneció no con lentitud, sino de golpe, sonando algo así como puf.