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Rilato — capítulo 22
022: Valor.
(Abierto)
Visita el sitio que nadie se atreve a pisar…
Vence aquello que te hizo caer una vez…
Ve más allá de lo que tienes ante ti…
Viola y Kuu llegaron al Albedrío para la hora de la cena, con un semblante más que cansado. No contaron nada de lo sucedido en el CIIG hasta que estuvieron en la sala principal, con una buena taza de té.
—¿Empate Clasificado? —se asombró Mía Alighieri, para luego alarmarse y preguntar —¿Ordenó el segundo Rastreo?
—Todavía no. Preferí informar a la CIC de la situación y que ellos decidan si quieren o no el segundo Rastreo.
—Sospecho que apelarán a la CIC internacional —apuntó Alí.
—Que lo hagan. Entonces serán ellos, y no nosotros, quienes tiren del hilo hasta llegar a la madeja.
Khaos miró discretamente a Stoker, que contrario a su costumbre, se había quedado a cenar. El pirogénito arrugó la frente por un segundo, pero no hizo comentarios.
—Aprovechando que estaba revisando mis archivos, indagué acerca de Mononoke Yumegami y Tenryu Shichiyou —continuó Viola, lo que enseguida captó la atención de todos —Usando el sistema del CIIG, me topé con una barrera cibernética y como esa clase de cosas no es mi especialidad, decidí dar un rodeo. Usé el programa Izumi para seguir avanzando.
—¿Programa Izumi? —inquirió Himmel.
—Un pago —respondió Viola con simpleza —Sirve para llegar a datos clasificados como si fueras personal autorizado, descifra contraseñas más rápido que cualquier cosa que haya visto. Así, vi que los dos estaban dentro de la Clasificación.
—¿Son Protegidos de la CIC? —Alí no podía creer lo que oía.
—Eso parece.
—¿Por qué? —inquirió Yumegami con voz neutra, en apariencia sin dirigirse a nadie en particular.
—Buena pregunta —reconoció Viola —La CIC internacional rara vez ingresa a alguien a su Clasificación sin motivos. Probablemente hicieran algo que disgustó a gente importante, poniendo en riesgo su vida.
—¿Alguien tan importante como Quilin, quizá?
La teoría que dejaba entrever Yumegami con esa simple pregunta hizo que Viola frunciera el ceño. Alí, por su parte, sintió un escalofrío súbito, como la advertencia inconsciente de algo importante y peligroso. Se preguntó, no sin motivos, si debía ignorar eso o no.
—Por lo que contaste, esos dos conocieron a Quilin —indicó —Y ahora sabemos lo suficiente de ese hombre como para creer que si alguien llega a contrariarlo, lo quita del camino.
—Los archivos de la Clasificación, una vez que puedes verlos, son una base de datos bastante completa —comentó Viola, inclinando la cabeza y mirando su taza de té —Por ejemplo, allí consta que el matrimonio entre Mononoke Yumegami y Tenryu Shichiyou fue concertado por los padres de ambos, hace veinticinco años, principalmente para acabar con viejas riñas entre sus familias. Los dos al principio se negaban al compromiso, así que debió haber algo que los convenciera de casarse…
Khaos se mordió levemente el labio inferior. Algo le decía que la respuesta estaba en ese pedazo de sueño que, según Mononoke, eran los recuerdos que se esforzaba por conservar.
—… Después, Tenryu le presentó a su esposa a Quilin, ya que eran colegas en el CIIG… Ahora me explico por qué, después de pensarlo bien, el nombre sí me sonó familiar —admitió la hechicera —Tenryu Shichiyou fue de los primeros en sentar los precedentes del actual cifrado del CRIU, y también estaba entre los partidarios de la clonación de órganos.
—¿Clonación de órganos? —Keb tenía cara de no entender nada.
—Algunas enfermedades afectan a humanos y monstruos de tal forma que atrofia los órganos; en esos casos se sugiere un trasplante. Pero no siempre se cuenta con el órgano indicado, así que se estudiaba la posibilidad de que gente sana donara parte de sus tejidos y permitiera reproducir sus órganos in vitro. La propuesta estaba siendo revisada cuando Shichiyou desapareció… o fue Clasificado, como quieran llamarlo. La clonación de órganos quedó parcialmente olvidada, aunque el CIIG internacional sigue solicitando informes a los comités de ética.
—Clonación… —musitó Yumegami de pronto, irguiéndose en su asiento y con aspecto severo —Viola-sama, eso es…
—Sí, también tengo la sospecha de que Quilin desvió parte de los estudios sobre clonación de órganos para los Proyectos. Tendría lógica.
—¿Y crees que Shichiyou lo descubrió, se sintió amenazado y pidió ser Clasificado? —aventuró Alí, sintiendo de nuevo un escalofrío.
—Es probable. Aunque eso no explicaría por qué Mononoke Yumegami también fue Clasificada. Ella no trabajaba para el CIIG.
—¿A qué se dedicaba? —se interesó Mía.
—Eso es lo más curioso del asunto… O problemático, como quieran verlo. Mononoke Yumegami era asesora política.
—¿Y qué tiene de malo? —saltó inesperadamente Stoker, ceñudo.
—Nada, en realidad. A menos que seas hipnonauta.
Se hizo el silencio tras la declaración de Viola, causando diversas reacciones. Khaos desconocía el significado del término, pero debía aludir a algo como lo que eran Himmel y Keb, aunque ellos eran los más confusos en ese momento. Mía, arrugando la frente, lucía disgustada. Alí meneó la cabeza con cierto abatimiento y Yumegami…
—Creí que ya no existía ninguno —apuntó.
—Oficialmente quedaban pocos, y eran todos de la familia Yumegami —aclaró Viola con pesar —Lo sé, revisé la base de datos de los CRIU's. En Nihotto se les tenían grandes consideraciones, incluso les daban trato de dioses, cosa que por su apellido, no me sorprende. Ryoko hizo favor de investigar con su familia si sabían algo sobre los Yumegami. Según lo que le contaron, el apellido lo adoptaron hace cosa de ocho o nueve siglos. Literalmente, Yumegami quiere decir "dios del sueño" en nihotti, así los llamaban. En la actualidad, la última Yumegami viva era Mononoke… hasta que comprobemos lo contrario.
Viola fijó los ojos en Yumegami, quien no se dio por enterado.
—Será mejor que nos retiremos a descansar —propuso Alí de golpe, poniéndose de pie —Ha sido un día largo.
Los demás no quisieron contradecirlo, así que se retiraron a sus habitaciones, con la cabeza llena de diversos pensamientos. Stoker se despidió de todos con gestos amables, le dio un abrazo a Khaos y una palmada en la espalda a Yumegami antes de salir de la casa.
—Beltane se ve preocupado —comentó Yumegami en voz baja, al ir a la planta alta de la casa —¿Te contó algo?
—No —susurró Khaos, haciendo una mueca —Nada importante.
—Hablaré con él la semana que viene. Estos días estaré ocupado.
Khaos asintió, llegando ante la puerta de su dormitorio y abriéndola con lentitud. Por algún motivo, se sentía inquieta.
—¿Quieres pasar hoy? —inquirió, mirando a Yumegami.
Él negó con la cabeza, tal como esperaba, antes de darle un beso en la mejilla y retirarse a su propia puerta.
La situación era curiosa. Yumegami dormía casi siempre en otra habitación no por gusto, sino por necesidad, dado que sus habilidades se podían activar sin que él se diera cuenta y no quería comerse su sueño. Khaos lo comprendía, pero lo echaba de menos. En ocasiones se preguntaba si Yumegami guardaba las distancias solamente por eso.
—Khaos —oyó que la llamaba Yumegami de pronto, y al girarse a verlo, lo encontró con la mano en el pomo de su puerta y los ojos cerrados —Ven.
Ella obedeció en el acto.
—¿Pasa algo?
—No, solo… Quería…
—¿Sí?
Yumegami retiró la mano del pomo y la estiró hacia Khaos, quien no tardó en sujetarla con las propias.
—Kuu, puedes decirme lo que sea. Lo sabes, ¿verdad?
Él asintió, sin abrir los ojos todavía.
—Si resulta que… Si no somos iguales… ¿Qué se supone que haga?
—No importa —aseguró Khaos en voz baja, aferrando contra su pecho la mano de Yumegami —No amo al hipnófago, te amo a ti, ¿comprendes?
—Espero sentir lo mismo.
La joven se desconcertó por un momento, hasta que se recordó con quién estaba hablando.
—No quisiera… Algo en todo esto no encaja, Khaos, estoy seguro. El problema es que no sé lo que pueda ser. Me siento perdido…
En el tiempo que llevaban juntos, Khaos nunca había oído a Yumegami hablar así. Siempre parecía seguro de sí mismo, confiado en lo que debía hacer, pero ahora… Se escuchaba como cuando intentaba describir una de sus confusas emociones, pero muchísimo peor.
—Cuenta conmigo. No estás solo, Kuu. Muchos te queremos.
Él asintió, para luego atraerla hacia sí de un solo movimiento.
—Lo sé —susurró el muchacho —Pero… No quisiera… Podrían resultar heridos… Podrían incluso…
—Eso no importa —aseguró Khaos, adivinando a dónde él quería llegar —No vamos a dejarte. Lo prometo.
Yumegami asintió, para luego estrecharla más fuerte.
—No quiero hacerle daño a nadie —musitó.
Khaos se asustó. Notó que Yumegami temblaba.
—¿Cómo crees eso? Kuu, tú eres…
—Ya no sé quién o qué soy. Yo… Ya no me siento nadie.
—¡No digas algo así! Eres lo que tú quieras, ¿me oyes? —Khaos se separó ligeramente, mirándolo a la cara —Eres lo que tú decidas.
Al segundo siguiente, se puso de puntillas, alcanzando el rostro de Yumegami con los labios, besando sus húmedas mejillas.
—No me importa lo que seas —aseguró la chica, echándole los brazos al cuello con sumo cuidado —Te quiero. Y te protegeré siempre.
—Khaos, ¿de verdad…? ¿No sería mejor si yo…?
La pregunta murió en la mente de Yumegami antes de terminarla. ¿En qué pensaba? Ella tenía razón, por supuesto. ¿Qué más daba quién o qué fuera en realidad? Él también la quería. Había llegado muy lejos para asegurar la felicidad de Khaos. No podía darse por vencido ahora.
¿Pero cómo podía seguir adelante, si es que tenía parientes con los que nunca convivió? Si de verdad Mononoke y Tenryu eran su familia, ¿por qué lo habían dejado atrás? ¿Acaso no lo querían?
No, Mononoke lo había dejado claro. Lo amaba. No sabía qué clase de amor le profesaba exactamente, pero la oyó sincera. Y le correspondió el sentimiento sin sentir que traicionaba el que le dedicaba a Khaos.
—Ella… ¿por qué me querrá? —dejó escapar en un susurro.
—No lo sé —Khaos no tuvo que pensar demasiado para saber a quién se refería —Se parece mucho a ti. Quizá… ¿No puedes averiguarlo?
—Si no puede hablarme directamente, por algo será. No quiero que le pase nada por culpa mía.
Khaos se mordió la lengua. Desde cierto punto de vista, Mononoke dio a entender que estaba en su situación actual a causa de Yumegami, pero hasta no tener todos los hechos, sentía que no debía decirlo.
Ojalá Stoker averiguara algo en ese sueño que había guardado.
-&-
Vacío… Frío… Oscuro…
¿Dónde demonios estaba?
—Tengo miedo, Tenryu-san.
La voz… Beltane Stoker la reconoció…
—Lo sé, pero tenemos que hacer algo.
… Caminó a ciegas hacia el sonido, con los brazos al frente, intentando palpar una pared, un cuerpo, cualquier cosa…
—¿Cómo es que todo acabó así?
—Quisiera saberlo, Mononoke-san. Ahora ya no hay marcha atrás.
… Y antes de darse cuenta, una luz le mostró dónde estaba.
Era un laboratorio, lo sabía perfectamente. Fatuo Stoker llevó a su hijo al trabajo en algunas ocasiones, donde también le enseñó los nombres de instrumental y procedimientos. Beltane no creyó que volvería a ver un sitio así de cerca, pero lo hizo. Aunque fuera en un sueño ajeno, en el cual buscaba respuestas que no eran para él.
—¿No podemos llevárnoslo? Tenryu-san, onegai…
—Quisiera, pero entonces, ¿de qué serviría todo lo que hemos pasado para llegar a este momento?
Stoker ubicó rápidamente a los que hablaban. Mientras que el tal Tenryu, que parecía un clon más maduro y expresivo de Yumegami, lucía una bata blanca sobre ropa de calle, Mononoke vestía un atuendo típico de Nihotto, azul celeste con detalles plateados. Ambos observaban algo que los tenía absortos y a Mononoke comenzaban a salírsele las lágrimas.
—Pero me parece tan cruel… Somos sus…
—Precisamente por eso hacemos el esfuerzo —replicó Tenryu y Stoker parpadeó varias veces, creyendo que alucinaba, pues aquel hombre acababa de mostrar la misma expresión que su amigo cuando debía hacer algo que le dolía en el alma —Debemos pensar en el futuro. Ese es nuestro deber, a fin de cuentas.
—Saberlo no hace que me duela menos. Si tan solo pudiera tocarlo una vez… Una sola vez nada más…
—No podemos ni siquiera hacer eso. No ahora, que apenas está en esa etapa. Pero antes de firmar, puedes dejarle algo en sus sueños. Quizá después lo recuerde y lo conforte. Yo haría algo parecido, pero…
—Ya, tienen registrado tu patrón OCUHMA… Lo intentaré, lo prometo.
Tenryu asintió con la cabeza, con la pesadumbre reflejada en su rostro, pero además sus ojos denotaban firmeza. Estaba convencido de que hacía lo correcto, así que Stoker quería saber por qué. Si Yumegami y ese hombre se parecían en algo más que la fisonomía, debía tener buenas razones para actuar, ahora estaba seguro. Deducía que aquel sueño se mezclaba con recuerdos de Mononoke que intentaban decirle algo. Esperaba sinceramente adivinar qué era exactamente y poder ayudar a su amigo.
El escenario cambió. Todo volvió a la oscuridad y el vacío, Stoker alzó una mano, dispuesto a crear una bola de fuego que lo alumbrara, pero entonces un destello a su izquierda lo hizo girarse.
Mononoke, con un atuendo blanco, flotaba lentamente hacia una figura pequeña y pálida acurrucada más allá, que llevaba ropa negra puesta.
Stoker no dudó en ir tras Mononoke. Por las mejillas de ella no dejaba de resbalar el llanto, aunque parecía que la joven mujer no se daba cuenta de ello. El pirogénito tragó saliva, recordando que Yumegami, las pocas veces que lo vio llorar, lucía exactamente igual. ¿Qué eran Tenryu Shichiyou y esa mujer de su amigo en realidad? Si ese sueño se lo iba a decir… No, a confirmar, ya que empezaba a sospecharlo, mejor que fuera pronto. Tenía poca paciencia en esos días.
La Mononoke a la que seguía llegó a su destino, observó con toda su atención a la figurita antes de inclinarse y tocarle la ropa negra, que se tiñó al instante de un azul muy claro, casi blanco. Mononoke sonrió de forma tenue, con cierta satisfacción, antes de cargar a la figurita y estrecharla entre sus brazos, sin dejar de llorar.
—Aoi… Oh, Aoi, ¿qué han hecho contigo? —susurró Mononoke, abatida —Lamento haber llegado tan tarde… No tenía remedio… Tenryu-san… Tenryu-san me lo advirtió… Y ahora ya no está… Pero te amó tanto como te amo yo… Espero que te acuerdes de esto de alguna forma, es importante… Mi nombre es Mononoke, Aoi… Pronúncialo y me presentaré ante ti, aunque no pueda verte… Pronúncialo y siente, de alguna forma, que no es nada malo… Pronúncialo y recuerda cuánto te amo…
Mononoke mecía a la figurita, rozando sus negros cabellos con mimo, contemplándola como si fuera el mayor tesoro del mundo, al tiempo que hacía vanos esfuerzos por quitarse las lágrimas de la cara.
—Recuerda, Aoi… Y si no lo recuerdas, intúyelo… Que tu corazón no te asuste… Algún día las emociones llegarán a ti… No tengas miedo… Haz todo lo que esté en tus manos para conservar las buenas: la generosidad, la empatía, la lealtad, la amistad, el amor… Haz lo posible para proteger aquello que amas, aquello en lo que crees… Tenryu-san… Tenryu-san lo hacía… Yo lo hago… Sé que podrás hacerlo también… Por favor…
Lo último que ella pronunció fue un susurro tan débil y cortado que Stoker temió haber escuchado mal. La miró largamente, negando con la cabeza, apenas dándose cuenta que Mononoke regresaba a la figura a donde estaba, dándole un beso en la frente.
—Con esto sello mis palabras —murmuró, controlando por fin su llanto —Con esto sello mi promesa. Con esto te otorgo lo que te corresponde, Aoi Shichiyou. Nada ni nadie te lo podrá quitar.
Y mordiéndose el labio inferior, Mononoke dio media vuelta y se marchó con una lentitud tal, que daba a entender que la acción era más dolorosa para ella de lo que parecía. Stoker ya no tuvo que preguntarse si era posible lo que escuchó o no, aquello se lo corroboraba.
Pero seguía teniendo muchas dudas.
El entorno cambió otra vez, pero de manera fragmentada. Era como si quisiera cambiar y al mismo tiempo, algo lo detuviera. Stoker se preguntó qué estaría pasando cuando alguien lo sujetó del brazo izquierdo y tiró de él. El muchacho se giró, dispuesto a soltar improperios, pero se quedó congelado ante lo que vio.
Era una persona delicada y delgada, una chica a la que calculó un par de años menos que a él mismo. Lo veía con unos ojos de un tono azul tan claro que le recordaba al hielo, y en ellos había una intensidad de sentimientos que lo afectaban, aunque no sabía por qué. Su cabello era una cascada de rizos entre rojos y dorados, cayendo suavemente por su espalda, y las puntas rozaban su cintura. Llevaba puesto un vestido bastante sencillo, azul marino, que enfatizaba la palidez de su piel. Sus pies iban calzados también con unos zapatos simples, del mismo azul que el vestido, con apena un centímetro de tacón.
—¿Quién diablos eres tú? —quiso saber, molesto, intentando zafarse.
La joven no habló, se limitó a llevarse un dedo a los labios y fijar la vista en un punto por encima de ellos. Cuando Stoker quiso imitarla, ella tiró de su brazo, inclinándolo, para luego colocarle una mano en la cabeza, obligándolo a mirar hacia abajo.
—¡Oye! —se quejó Stoker.
Ella siguió sin hablar, pero se colocó de tal manera que su rostro quedó ante el de él y volvió a pedir silencio a señas. Ahora en su mirada se adivinaba un poco de miedo mezclado con alerta, así que Stoker decidió obedecer, pese a que le daba un mal presentimiento.
Pronto comprendió que la desazón no se debía a esa rara chica, sino a otra cosa. Lo percibía de forma vaga, como cuando cierto cosquilleo en la nuca le avisaba de algún fuego cercano, pero esto se sentía malo, era un escalofrío intenso, paralizante. Y para que él sintiera frío…
—¿Lo encontraste?
Una voz masculina, fría y en cierto modo cruel, le puso la piel de gallina a Stoker. Quiso enderezarse, pero la joven ejerció presión en la mano sobre su cabeza, dando a entender que no se moviera. De reojo, alcanzó a ver que ella negaba con la cabeza, mirando hacia arriba.
—¿Y quién lo estaba viendo? ¿Tampoco lo ubicaste?
La joven volvió a negar. Para asombro de Stoker, la mano sobre su cabeza temblaba. ¿Estaría nerviosa? ¿Asustada, quizá?
—Bien, regresa. Te haremos una prueba en unas horas.
Las manos que lo sujetaban temblaron un poco más. Stoker distinguió que ella abría en exceso los ojos, llenos de pánico, antes de asentir poco a poco, mecánicamente, soltándolo con sumo cuidado. Entonces él se irguió, en toda su estatura, observándola con atención, frunciendo el ceño ligeramente, intentando adivinar quién y qué era ella.
—¿Qué pasó? —fue lo que decidió preguntar primero.
La joven negó con la cabeza, lo miró de nuevo por un instante que parecieron horas y finalmente, inclinando la cabeza, dio media vuelta.
—¡Espera! ¡Al menos dime tu nombre!
La chica giró sobre sus talones, indicándose la garganta al tiempo que volvía a negar con la cabeza y a continuación, dibujó en el aire unos signos que pronto aparecieron flotando ante él en color blanco, cual letrero luminoso, pero Stoker no los comprendía. Decidió memorizarlos lo mejor que pudiera, al despertar podría investigar su significado. Pero cuando quiso hablarle de nuevo a la joven, esta había desaparecido.
Beltane Stoker se esforzó en despertar, sin importarle qué hora fuera en la realidad, porque lo recién "soñado" era demasiado para él solo. Tenía que confiárselo a alguien al instante.