Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Rilato · de

Rilato — capítulo 6

006: Fantasía.

(Abierto)

Fíjate, estás acercándote a tu objetivo…

Fuérzate, solo un poco más, y lo lograrás…

Felicítate, estás superándote sin ser engreído…

—Vaya nombre el suyo.

Eso fue lo único que pudo mascullar Khaos al colocarse de nueva cuenta los zapatos.

La aludida soltó una breve risa, encogiéndose de hombros.

—Pidieron mi nombre completo y obedezco. Sobre todo porque no quiero hacer enfadar a los únicos que quizá puedan sacarme de aquí.

—¿Cómo terminó encadenada aquí, para empezar? —se interesó Yumegami.

—Bueno, esa es una cuestión interesante. Al darme el empleo, mis jefes no se molestaron en avisarme que eran hechiceros "contratistas".

Khaos, claramente confundida por el último término, arqueó una ceja. Miró a su compañero con la clara intención de compartir su desconcierto, pero se halló con que Yumegami había arrugado la frente, aparentemente concentrado en algo que las palabras de aquella mujer le habían revelado.

—No hay muchos hechiceros de ese tipo —comentó el joven finalmente.

—Por supuesto que no. Hay pocos lo suficientemente valientes para tomar ese camino. O son muy imbéciles, dirían algunos. En lo personal, admiro a quienes adoptan esa forma de vivir, pero francamente… —Mía meneó la cabeza con abatimiento —En fin, concentrémonos en su trabajo. Síganme.

La mujer les dio la espalda y esquivando una larga mesa de trabajo, se dirigió al fondo, donde una puerta metálica con cerradura electrónica a su derecha la esperaba. Pasó una tarjeta por la ranura especial de la cerradura y a continuación, colocó el ojo en un lector óptico de la misma. De pronto, un delgado micrófono salió lentamente de un orificio por encima del lector.

—Lily Mía Franchesca Alighieri Romanov —pronunció la castaña con voz impersonal, antes de agregar —Y compañía.

Un pitido fue la señal de que cada paso que exigía la cerradura electrónica había sido ejecutado a la perfección. La puerta metálica se deslizó hacia arriba, mostrando nada más oscuridad.

Al menos hasta que las luces se encendieron.

Mía, Khaos y Yumegami entraron con grandes zancadas a la otra habitación, que era más pequeña que la que dejaban atrás. Además, allí no había tanto instrumental ni máquinas, aunque lo que destacaba era a la vez fascinante y escalofriante.

Largos y gruesos tubos de cristal, con bases metálicas que albergaban consolas de diversos tipos, estaban alineados a derecha e izquierda. Una placa en la parte superior de cada tubo mostraba dos renglones escritos: el primero en runas y el segundo, en el alfabeto común para todo el mundo. Khaos leyó un par de placas de reojo, pero las palabras no le decían nada.

—"Nosogénito"… "Espectroparlante"… ¿Qué diablos significa eso?

Hasta que Yumegami la miró, Khaos no se dio cuenta que había pensado en voz alta. Se incomodó todavía más cuando Mía soltó un suspiro.

—A ellos no se les pudo salvar —aseguró con voz pesada, triste, a la vez que señalaba al fondo de la habitación —No como a ella, al menos.

Los dos jóvenes vieron lo que señalaba y ambos tragaron saliva, sin saber qué sentir. Era una imagen enigmática y desgarradora.

Una persona estaba encerrada en uno de aquellos tubos de cristal, flotando de manera fantasmal en un líquido ligeramente verde que le daba a sus cabellos un tono incierto de azul y violeta. No estaba propiamente vestida, sino que innumerables vendas le cubrían el cuerpo, mostrando en ciertos puntos manchas entre rojizas y marrones. Su piel era pálida, casi tan blanca como la nieve en el exterior, pero en algunos trozos que las vendas no cubrían, se traslucían moretones diminutos, causados por el uso de numerosas agujas, sin duda. Se veía como si estuviera sumida en un sueño profundo, pero la consola del tubo, en una diminuta pantalla, mostraba signos vitales y actividad cerebral que delataba su percepción del entorno que la rodeaba.

—¿Qué le han hecho? —inquirió Khaos, intentando no sonar asustada.

—Lo normal para un éxito en este lugar. Agradece que siga viva.

La respuesta de Mía le causó a Khaos un escalofrío. No tanto por lo que revelaba, sino por la naturalidad y pesar con que la pronunció.

—Y ella es… —insinuó Yumegami con suavidad.

—Ya deberías saberlo, ¿no, Kuu?

El muchacho hizo una mueca, en tanto Khaos daba un respingo.

—Él no te dijo su nombre —señaló, dando un paso hacia atrás.

—Correcto, pero debo resultarle simpática a Himmel, porque ella me lo dio. Y el tuyo, de paso. ¿Khaos, verdad?

—¿Cómo pudo…?

—¿Puede sacarla? —cortó Yumegami en seco.

Se acercó un paso más al tubo donde reposaba la misteriosa joven. En su placa, Khaos alcanzó a leer una palabra que, lo mismo que "Nosogénito" y "Espectroparlante", no le sonaba de nada: "Omninauta".

—Mis superiores (¡oh, personas encantadoras!) se encargaron de eso a la hora de hacer mi contrato —Mía compuso una mueca mordaz, arrugando la nariz —Son pocos los Proyectos a los que se me permitió sacar, pero por lo general, era para ser trasladados. Himmel no entró jamás en esa lista…

—¿Proyectos? —indagó Khaos.

—… Lo que claro, les convenía bastante —siguió diciendo Mía, sin prestar la menor atención a nada más —Si no la consideraban útil en el exterior, podían seguirla estudiando como les diera la gana.

—Viola-sama no nos habría enviado a hacer este trabajo si no hubiera una forma de terminarlo —indicó Yumegami con rotundidad —Y si algo enseña la profesión de Alí-sama es que todo contrato tiene una laguna, solamente hay que saberla buscar. Más en el caso de los hechiceros contratistas.

—Disculpen, ¿qué es un hechicero contratista? —preguntó Khaos.

Para su sorpresa, Yumegami contestó con voz paciente, contrastante con el lenguaje corporal de hacía pocos minutos.

—Hay varios tipos de hechiceros y, pese a lo que la gente cree, unos nacen así y otros se hacen así. Los contratistas entran en el segundo grupo: como su nombre lo indica, se rigen a través de contratos, creyendo que así sus poderes estarán mejor controlados. Esa clase de hechiceros es minoría, porque su poder de interferencia queda limitado a los términos de los contratos que establecen y además, están obligados a cumplirlos una vez que los firman, así sea algo que vaya contra la ley, contra sus creencias o incluso contra sí mismos.

—O sea que… si alguien llegara con uno de esos hechiceros y… lograra hacer un contrato para… no sé, matar a alguien, por ejemplo…

—El hechicero está obligado a cumplirlo, sí. Los contratos se firman bajo un conjuro que daña a la parte que no coopere.

Khaos se quedó atónita ante semejante panorama. De pronto, todo eso le sonaba bastante familiar y eso la asustaba.

—¿Viola… ella es…?

—Viola-sama no es contratista —aclaró Yumegami enseguida, adivinando la duda de su compañera —Cierto, hace contratos y los sella de tal forma que ambas partes deben cumplirlos. La diferencia está en que, si fuera necesario, ella los cancelaría. Un contratista no tiene esa facilidad.

—Estás bastante informado, eso me agrada —comentó Mía.

—No es voluntario —acotó Yumegami, antes echarle otro vistazo al tubo donde estaba la chica de las vendas —Lo que me pregunto ahora es cómo tuve acceso a Himmel, si este lugar está supuestamente protegido.

—Quizá… —Mía se quedó pensativa por un momento, antes de acudir a una sencilla mesa de madera en un rincón, habilitada como escritorio. De allí tomó un fajo de hojas y lo examinó a una velocidad pasmosa —Sé que había notado algo raro… ¿Dónde está la lectura? No fue hace mucho…

Mientras la mujer rebuscaba en sus papeles, Khaos tuvo la necesidad inexplicable de mirar otra vez a la chica que Yumegami y Mía llamaban Himmel. Era bonita, de aspecto frágil y se preguntó qué había originado su encierro. ¿Quizá ella era lo que decía la placa y resultaba un peligro para los demás? En ese caso, ¿por qué Mía parecía, en cierta forma, tan deseosa de sacarla de allí?

Entonces pensó en la razón que la había llevado a ese lugar, en lo que Yumegami le había mencionado hacía menos de media hora.

—Una de los nuestros… —susurró, con un hilo de voz.

Ahora estaba segura que esas palabras escritos en las placas de los tubos, que le sonaban curiosas y ajenas, eran nombres de especies y ella no recordaba a ningún monstruo que fuera llamado así. Así pues, ¿qué había dicho Viola que era Yumegami? Un… "hipnófago", ¿no? ¿Quería decir que él alguna vez estuvo…?

No, no quiso ni pensarlo, porque Yumegami se había referido a Himmel como "una de los nuestros". Y eso la incluía. No sabía por qué, pero no dudaba de la palabra de uno de personas más irritantes que conocía.

—¡Aquí! —la exclamación de Mía sacó a Khaos momentáneamente de sus pensamientos —Había estado diciéndole a Himmel que podría hacerlo, pero esto es lo único que prueba que lo logró… Su especie es extraordinaria.

—¿Y bien? —indagó Yumegami con fría cortesía.

—¿Saben lo que es…? Bueno, ¿saben lo que era un omninauta?

Khaos enseguida negó con la cabeza, pero para su angustia, Yumegami no la secundó. Peor aún, la mirada del muchacho se parecía bastante a la que puso el día que conoció a los Arafat Médici, cuando Alí le tendió la mano para saber su especie.

—En teoría, un omninauta puede viajar por distintas realidades —Mía hablaba con semblante serio pero amable; recordaba a una profesora dedicada —Claro, eso si existen otras realidades a las cuales viajar. Se comprobó con el Proyecto aquí presente —apuntó a Himmel con una mano —Su concepción y posterior sobrevivencia fueron un éxito. Al pedirle que usara su habilidad, Himmel viajó a una realidad donde, según lo que nos contó, la tecnología está atrasada como por ciento cincuenta años y no existen los monstruos antropomorfos, solo los humanos. Incluso nos trajo un periódico de allá y aunque la fecha era la misma que aquí, los nombres de personalidades y lugares nos resultaron extraños. Después de eso, a Himmel no le permitieron volver a viajar y le hicieron cuanto estudio fisiológico existe… e incluso se inventaron algunos sobre la marcha, estoy segura. Estaba en peores condiciones cuando yo llegué a trabajar aquí, puedo asegurárselos. Y para colmo, llevarse al omniguardade esa forma… No sé lo que tienen esos tipos en la cabeza, la verdad…

—¿Qué es un omniguarda? —Khaos, a estas alturas, preguntaba por mera curiosidad, convencida de que ya nada podría sorprenderla.

Y sin embargo, el corazón le dio un vuelco cuando Yumegami, con los ojos más tristes que antes, explicó.

—Un omniguarda es un monstruo antropomorfo que puede ver las distintas realidades e incluso abrir puertas hacia estas, pero no puede visitarlas. Eso lo convierte, por decirlo de alguna forma, en la "contraparte" de Himmel. Seguramente se planeó crearlos juntos para que el omniguarda vigilara a la omninauta en caso de necesidad, ¿verdad?

Esta vez era Yumegami quien sacaba a la luz una interrogante y no resultaba tranquilizador que Mía, apesadumbrada, asintiera con la cabeza.

—Casi todos los Proyectos fueron planeados así —indicó.

—¿Proyectos? ¿Quiere decir que…? ¿Ella no es…? ¿Ella no tiene…?

Khaos señalaba a Himmel una y otra vez, buscando la forma adecuada de expresar lo que estaba pensando. ¡Pero es que era una locura!

—Himmel Irminsul fue uno de los Proyectos más ambiciosos que manejó el CIIG bajo secretismo riguroso —reveló Mía, ya sin asomo de buen humor —Algunos genetistas del CIIG se creyeron dioses y empezaron a recrear especies extintas, a la vez que intentaban crear otras nuevas. Casi todo era con propósitos militares y comerciales, ¡qué asco! —la mujer sacudió la cabeza, queriendo librarse de esa línea de pensamiento antes de seguir —Hace unos diez años se abrió una investigación por culpa de un secuestro masivo en una universidad de Mexitlán. Debieron oírlo, son de allí, ¿no?

—Ahora mismo, ya no estoy tan seguro —masculló Yumegami con furia contenida, para sorpresa de Khaos —¿Y conoce a todos esos… Proyectos?

—No, lo siento. Viola también me lo preguntó, pero solamente pude informarle sobre los que se manejaron aquí. Aún cuando la mayor parte del CIIG fue investigado, hubo empleados involucrados en esto que lograron zafarse. Ellos seguramente contaban con muchos recursos y claro, se llevaron cualquier cosa que pudiera delatarlos. Incluyendo todos los registros de Proyectos que pudieran.

—¿Eran muchos?

—Los Proyectos se clasificaban, primero, en Éxitos o Fracasos. Los primeros eran los valiosos, a los que se les daba un seguimiento estricto y se les estudiaba hasta el cansancio. Los segundos, bueno… No quieren saber qué pasaba con ellos.

Se hizo el silencio y Khaos no supo qué era peor: si comprobar de primera mano que el CIIG había cometido semejantes barbaridades o que Mía relatara todo sin pizca de remordimiento o vergüenza.

—¿Usted qué hacía aquí? —se decidió a preguntar.

—¿Yo? No era más que la pieza más baja de la cadena. Vigilaba a los Proyectos, sus signos vitales, sus progresos… Cosas así. No intervenía en el proceso de manipulación genética ni en el de concepción, nunca se me permitió. Aunque eso tenía sus ventajas: pude ayudar a un Desertor a liberar a uno de los Proyectos, aunque le costó caro…

—¿Desertor?

—Así llamaron a los científicos que, habiendo participado en la creación de los Proyectos, estaban en desacuerdo con el trato que se les daba. El objetivo de la mayoría de los Desertores fue liberar a los Proyectos, dándoles la oportunidad de tener una vida. La idea era buena, pero no funcionaba si no se les enseñaban ciertas cosas antes de salir al mundo. Así que los Desertores se convertían, por un corto periodo de tiempo, en mentores de los Proyectos, antes de dejarlos ir.

Khaos sintió una repentina punzada de dolor que la que no supo la causa. Algo en la historia de los Desertores parecía afectarla, pero no se explicaba qué podía ser. Notó a Yumegami un poco tenso, pero fuera de eso, parecía tan estoico como de costumbre.

—¿Cómo obtuve acceso a Himmel? —inquirió el joven repentinamente.

—¡Ah, sí! —Mía agitó uno de sus documentos en alto —Hace poco hice una lectura en Himmel que indicaba una OCUHMA. Operación Cerebral por Uso de Habilidades en Monstruos Antropomorfos —detalló, al ver que Khaos no tenía ni idea del significado de las siglas —Lo sé, nombre largo, pero yo solo lo uso, no lo inventé. Como les decía, una OCUHMA es buena señal, al menos en el ámbito de la medicina. Las habilidades de los monstruos antropomorfos suelen responder a nuestros pensamientos y emociones, así que si hay una lectura de una OCUHMA en un paciente en coma…

—Es que el paciente está mejorando —completó Yumegami, directo.

—Exacto. Y que Himmel tuviera una de esas lecturas me sorprendió. Ha estado tanto tiempo en suspensión que temía que no se recuperara. En las últimas pruebas que le hicieron no le fue muy bien.

A juzgar por las vendas manchadas y los moretones, Khaos se podía imaginar a qué se refería Mía.

—Antes, cuando podía hablar con ella, le decía que había una teoría acerca de que los sueños eran una realidad a la que solamente se puede entrar cuando se duerme. Me limité a decírselo a modo de cuento, porque siempre me ha parecido una niña pequeña, con eso de que nunca ha salido de aquí y no sabe nada del mundo. Ella rió y fue en aquella ocasión cuando dijo que había visto a un chico muy amable llamado Kuu, pero que no entendía por qué estaba en un lugar tan…

Mía debió darse cuenta de lo que estaba a punto de decir, así que carraspeó ante la mirada dura de Yumegami.

—También te mencionó a ti —Khaos dio un respingo cuando Mía la señaló —Decía que ambos le agradaban, que se sentía a gusto viéndolos y me preguntó por qué ustedes nunca le hablaban. Entonces bromeé con que eso demostraba mi teoría acerca de los sueños y… Ya ven, hace unos días, esta lectura de una OCUHMA prueba que tuve razón. Himmel viajó a otra realidad, aunque fuera mentalmente.

Tras la explicación, Mía se veía satisfecha, pero Khaos había visto que Yumegami tenía los ojos fijos en algún punto que ella no supo definir. Acto seguido, él se movió tan de repente, que la sobresaltó.

—¿Hay alguna manera de que le permitan sacar a un Proyecto sin seguir el procedimiento normal? —inquirió.

—Sí, la hay, pero no creo que…

—¿Cuál es?

—No creo que sea buena idea que…

Ante una ceja arqueada de Yumegami, Mía supo que no iba a poder ganarle una discusión a ese chico. Suspiró.

—Himmel tendría que estar en peligro de muerte —confesó finalmente la mujer, arrugando la nariz de tal forma que sus pecas se movieron de forma curiosa —No se le puede curar del todo cuando está en suspensión, hay cosas que necesitaría hacerle fuera del tubo, y…

—Bien. Atrás, por favor.

Khaos vio que Yumegami se quitaba su grueso guante de lana y hasta ese instante, notó que no era negro como creyó en un principio. Era azul marino. No sabía la razón para fijarse en un detalle tan insignificante en ese momento, pero logró confortarla de alguna extraña forma. No lo hizo lo siguiente que el muchacho hizo: apoyar la mano en el tubo de cristal de Himmel y ponerse brutalmente pálido al cabo de unos segundos.

—¿Qué haces? —se alarmó Mía, que debía entender mejor qué sucedía, porque se puso a revisar la consola en la base del tubo —¡Déjala, déjala!

Al cabo de unos minutos, la consola emitió una alarma irritante, detono grave y una luz roja parpadeó en una esquina al tiempo que el tubo se vaciaba del líquido verdoso.

Yumegami apartó la mano justo cuando el tubo de cristal comenzaba a desaparecer y Himmel hubiera caído, de no ser porque con un manotazo en el aire, Mía hizo que flotara y se reposara en una camilla metálica cercana. A continuación, la mujer miró con furia a Yumegami antes de ponerse a reanimar a Himmel, quien se veía todavía más pálida ahora.

Khaos fue la que notó que el color no volvía a la cara de Yumegami, a pesar de que transcurrían los minutos en relativa calma. Mía estaba concentrada en su tarea, sin prestarle atención a otra cosa, por lo que Khaos casi cede al impulso de zarandearla, ¿pero para qué? Yumegami no era un monstruo corriente, eso ya lo había asumido. ¿Entonces qué…?

—Áphatos…

El murmullo de Yumegami era tan bajo que apenas se oyó por encima de los ruidos que hacía Mía, quien movía instrumental y mascullaba algo de no darse por vencida. Khaos se acercó al muchacho con una mano a medio alzar, sin saber exactamente qué hacer.

—Himmel…

El nombre de la jovencita a quien Mía intentaba reanimar le causó a Khaos una sacudida en el estómago. ¿Por qué le importaba tanto a Yumegami? ¿Era solo por el trabajo que le habían encomendado? O quizá…

—Estará bien —le aseguró al chico, aunque ella misma no estaba segura —La señora Alighieri…

—Señorita —corrigió la aludida, sobresaltando a los otros dos.

Su rostro estaba sonrojado por el esfuerzo y sus manos mostraban manchas de sangre, pero por lo demás, parecía haber logrado su propósito. La piel de Himmel se veía un poco más coloreada y el movimiento de su delgado pecho era prueba de que seguía respirando.

—¿Qué demonios eres? —le espetó a Yumegami, furiosa.

—Soy…

—¿Podemos irnos? —preguntó Khaos de golpe.

Presentía que revelar su especie era algo que Yumegami nunca hacía si podía evitarlo. Más cuando comprobó que el miedo volvió a sus ojos por la pregunta de Mía.

—No podrán salir con Himmel —avisó Mía, observando a Yumegami con repentina desconfianza —No dudo que Viola los enviara porque creyera que podían hacer el trabajo, pero a menos que sean hechiceros poderosos…

—Usted lo es… y no ha salido de aquí.

La afirmación de Yumegami hizo que Mía se pusiera en guardia.

—Insisto, ¿qué demonios eres tú? Sí, soy hechicera y sí, se me considera poderosa, pero eso no quiere decir que…

—No importa. Se quedó aquí por Himmel. Y se lo agradezco.

Eso desconcertó a Mía lo suficiente como para dejarla muda.

—Áphatos nos abrirá paso —explicó Yumegami, respirando profundamente —Yo llevaré a Himmel y usted irá en la retaguardia. Así, si las alarmas la detectan, creerán que tuvo la necesidad de salir del laboratorio. Es la programación básica de los mecanismos de defensa como los de aquí, no hacer daño a los empleados.

—No conoces a mis superiores —Mía hizo un gesto de frustración mal disimulado —Una vez intenté llegar a la escalera principal y uno de los mecanismos casi me deja sin oreja derecha.

—Si Áphatos nos abre paso, no pasará nada malo.

Khaos dio un respingo. Yumegami sonaba muy seguro de lo que decía. Sintió un cosquilleo raro y se dio cuenta, con asombro, que se trataba de orgullo por sí misma. ¿Así era que la gente confiara en una?

—¿Pues ella qué es?

Mía no tenía tacto cuando estaba alterada, eso a Khaos le quedó muy claro. Yumegami seguro había llegado a la misma conclusión, porque no contestó y se colocó de nuevo su guante antes de acercarse a Himmel y hacer el intento de llevarla en brazos.

—¡Ah, no, ni hablar!

Mía quiso ponerse entre los dos, pero Yumegami la detuvo.

—Si quiere sacarla de aquí con sus poderes, sabe mejor que yo que no lo logrará. Tendrá que hacerlo a nuestro modo, o usted se quedará aquí.

La mujer no tuvo más remedio que hacerse a un lado y dejar que Yumegami levantara a Himmel de la camilla. En brazos del muchacho, la jovencita se veía aún más diminuta y frágil de lo que era.

—¿Tiene algo con qué cubrirla? —inquirió Yumegami, cortés.

Mía les pidió con un ademán que la siguieran fuera de ese cuarto.

—Tengo un abrigo, lo uso las pocas veces que dejo este laboratorio. Yo puedo protegerme con un hechizo térmico.

Mía cubrió a Himmel con un grueso abrigo color lavanda y le dedicó una mirada de preocupación. Khaos imaginó que de haber podido, habría liberado a Himmel hacía mucho tiempo y que le tenía verdadero afecto.

—Áphatos, lo siento. Tendrás que ir descalza otra vez, delante de nosotros, para abrir paso.

Khaos hizo un gesto despreocupado a la vez que se quitaba los zapatos. Por esa ocasión, no le importaba el posible congelamiento de sus dedos. Sentía que valía mucho la pena.

Mía dejó escapar de pronto un silbido de asombro y al salir, dijo algo que en ese momento, Khaos no supo qué significaba, pero con el paso del tiempo, se preguntaría si era algo malo o no.

—Niña, por cómo te trata él, desearía ser tú.