¡Trato hecho! DM/HG — capítulo 61
HOLA A TODOS!!!
HE VUELTO, SE Q CREIAN LOS HABIA OLVIDADO, PERO NO... NO LOS DEJARE HASTA QUE TERMINE ESTE FIC.
AQUI LES DEJO ESTE NUEVO CAP. ESPERO QUE LES GUSTE, PROMETO Q PARA EL PROXIMO NO TARDARE TANTO.
GRACIAS POR TODOS SUS COMENTS, USTEDES SON LO Q ME MANTIENE AQUI.
SALUDOS A TODOS!!!!
- Y ¿qué sucederá si eso no funciona? - inquirió.
- Apenas se firme la anulación del matrimonio podrás irte, no hay razón para que estés atada a un hombre que solo recuerda porque te odia y no logra recordar porque te ama - Draco tomó la mano de su esposa - Es lo mejor Granger - concluyó firmemente cuando ella le dirigió una mirada de desaprobación…
Minutos después, Hermione salió de la habitación de su esposo, al final él le había pedido que al regresar a la Mansión tratará de actuar como antes de que todas esas tragedias amenazaran su felicidad, sus padres permanecerían ahí un par de semanas más y por el momento Draco se mantendría alejado de la bebé, estaba consciente de lo difícil que sería no reconocer a su propia hija.
Ella se encontraba pensativa, al parecer nunca podría ser feliz con su familia. Justo cuando las cosas parecían solucionarse, surgía un nuevo problema, aquello era cuento de nunca acabar. Lo que más le dolía era que si Draco no recuperaba la memoria antes de que estuvieran listos los tramites de anulación del matrimonio, los meses pasados a su lado serían tiempo perdido y no conforme con ello, estaba segura de que moriría de tristeza al no poder estar con su amado rubio.
Mientras tanto, Blaise se encargaba de hacer los trámites necesarios para llevar a su amigo a la Mansión Malfoy, por lo que la chica decidió hacer una rápida visita a su amigo el ojiverde, cuyo estado de salud era cada vez más favorable.
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¡Hola! ¿Se puede? - dijo ella al tiempo que se asomaba al interior de la habitación.
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¡Hermione!... Claro, entra - dijeron al unísono Harry y su rubia esposa.
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¿Cómo te sientes? - se dirigió al pelo azabache - Vaya que te gusta meterte en problemas - le reprendió la castaña.
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¿Qué sería mi vida sin un poco de aventura? - bromeó él, los tres comenzaron a reír, lo que ocasionó una mueca de sufrimiento en Harry quien aun se encontraba adolorido.
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Hablando en serio - dijo Luna después de un momento - Me asusté mucho… no se que hubiera hecho si…
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Ni lo digas - interrumpió Herm - Afortunadamente no fue así y además… recuerda que él tiene más vidas que un gato - comentó, logrando que los Potter rieran nuevamente.
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¿Cómo está Draco? - indagó la rubia - Según supe, hoy lo dan de alta ¿no es así?
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Si, así es - de pronto se puso sería - Hoy regresa a la Mansión Malfoy - agregó.
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¿A la Mansión? ¿Y tú? ¿Te quedarás también ahí? - inquirió el ojiverde, quien estaba al tanto de la situación.
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Si - fue su única respuesta.
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Entonces ¿recuperó la memoria? - preguntó su amiga esperanzada.
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Aun no - dijo amargamente - Sin embargo, me pidió que permaneciera ahí hasta que esté lista la anulación del matrimonio - les explicó Hermione.
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Lo lamento - dijo el pelinegro sinceramente - Espero que todo se solucione antes…
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Ya verás que así será… apenas vea a Maddy, va recordar una de las razones por las que te ama y todo volverá a ser como antes - le aseguró Luna y ambos le dedicaron una sonrisa.
En ese momento Blaise entró en la habitación, saludó cordialmente a los Potter, a quienes había visitado días antes, a continuación se dirigió a la castaña indicándole que era hora de irse. Ambos se despidieron de la pareja y fueron a encontrarse con el rubio.
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¿Esta listo? - el moreno se dirigió a su amigo en cuanto entraron a su habitación.
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Si… vamos - dijo él - No aguantó ni un día más en este sitio.
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Me imaginó - sonrió Blaise - Pues entonces vámonos.
Hermione no dijo nada, simplemente se limitó a mirarlos. Los tres caminaron por los pasillos hasta llegar a la sala donde se encontraban las chimeneas de la red flu. En unos instantes estuvieron en la sala de estar de la Mansión Malfoy, estaba vacía, algo que la castaña agradeció, debido a que a pesar de que sus padres estaban al tanto de la condición de Draco, quería prevenirlos de lo que pudiera pasar y hablarles del a acuerdo al que habían llegado…
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Pues… aquí estamos - fue lo primero que dijo su amigo.
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¡Gracias a Merlín! - exclamó el rubio - Por fin en mi casa.
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Así es - sonrió el moreno.
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Mmm… yo… iré en busca de mis padres - anunció su mujer y a continuación salió de la enorme habitación.
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No seas tan frío con ella - le sugirió Blaise - el propósito es que todo vuelva a ser como antes, se amable y acércate más a ella… si es posible, conócela de nuevo - esta vez le ordenó.
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Si… si… te prometo que lo haré - le aseguró él - Necesito una copa - comentó mientras caminaba hacía la biblioteca.
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¿Qué? - se sorprendió su amigo - Acabas de salir del hospital… no puedes beber - le recordó.
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Vamos… no voy a emborracharme - dijo al tiempo que entraban a la biblioteca - Solo quiero una, han pasado tantas cosas y…
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Ok… solo una - interrumpió su amigo mientras el rubio comenzaba a servir dos copas de whisky de fuego.
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Y bien… háblame más acerca de los Granger - demandó Draco.
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¿Qué quieres que te diga?... los padres de Herm son una buena familia de muggles, son muy amables…
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¿Cómo debo tratarlos? ¿Qué más sucedió en ese viaje a su casa? - indagó con curiosidad.
Mientras tanto su esposa se encontraba en la habitación de su hija, tanto su padre como su madre estaban ahí, cuidando a su pequeña nieta. Después de saludarlos, les dijo que Draco estaba abajo y les contó lo que había hablado con él antes de salieran del hospital.
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Entonces… ¿crees que sea buena idea que permanezcamos aquí? - inquirió Robert no muy convencido.
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Si, por lo menos un par de días más… eso le ayudaría a recordar - aseguró la castaña - Además necesito que me ayuden con Maddy…
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Esta bien - aceptó la Sra. Granger - Lo que sea con tal de que tu vida vuelva a la normalidad - le dedicó un gran sonrisa a su hija.
La princesita Malfoy dormía profundamente en su cuna, por lo que después de darle un tierno beso, su madre y sus abuelos salieron de la habitación. Apenas bajaron las escaleras, Hermione ordenó a la mucama que llamará a su esposo.
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Draco hijo… ¡Qué gusto que estés bien! - dijo el Sr. Granger apenas lo vio.
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Si… g-gracias - el chico extendió la mano dudoso para saludar a su suegro - Usted debe ser Jane - se dirigió a la madre de Herm.
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Así es hijo - le dedicó una sonrisa.
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Bueno… yo tengo que irme - interrumpió Blaise - Ginevra me espera - se despidió de los Malfoy y los Granger y a continuación se fue.
Hermione, Draco y sus suegros permanecieron en la sala de estar, conversando por un largo tiempo, tanto Jane como Robert hablaban sobre la visita de los Malfoy a su casa. El rubio se encontraba serio, escuchando atentamente, trataba de disimular su desesperación al no recordar nada de aquello que le decían, de cuando en cuando sonreía, sin duda su suegro tenía buen sentido del humor, algo que obviamente había heredado su mujer. Herm no decía nada, simplemente lo miraba con timidez.
En ese momento la mucama entró a la habitación dirigiéndose a ella, indicándole que su pequeña hija había despertado y necesitaba ser alimentada.
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Si quieres voy yo - se ofreció su madre.
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No, no te preocupes… yo lo haré - la castaña se puso de pie - la comida esta casi lista ¿porqué no van pasando al comedor? - y diciendo esto se dirigió a la habitación de su hija.
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Pues… vamos - les indicó el rubio.
Miró alejarse a Granger escaleras arriba, hubiese querido subir con ella y conocer a esa pequeña de quien tanto le hablan, la causante de que se hubiera casado y enamorado de una impura en contra de todo lo que le habían enseñado sus padres, sin embargo, sabía de antemano que no sería fácil. ¿Cómo era posible que no recordara a su hija? Era algo inconcebible.
Un momento después Hermione entró al comedor, la mucama comenzó a servir los alomentos, la comida transcurrió en silencio. Apenas terminaron, la castaña y su madre salieron de la habitación, dejando a Draco con Robert, quien el resto de la tarde se encargo de mostrarle a su yerno algunas cosas muggles que el mismo había adquirido. Lo que más le agradó, sin duda, fue su Lamborghini, al verlo logró entender porque lo había comprado.
Por la noche, después de la cena, decidió irse nuevamente a la biblioteca, a pesar de lo gentil que era su suegro, no lograba dejar de sentirse incomodo, eran muggles y lo único que podía recordar respecto a ellos era lo mucho que los había insultado mientras había estado en Hogwarts.
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Adelante - le indicó a quien acababa de tocar la puerta.
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Dra… Malfoy - la castaña entró en la habitación - Es tarde… debes descansar.
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Mmm… si, en un momento subo - la miraba detenidamente, no podía negar que era bella.
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Está bien - y diciendo esto se fue.
Minutos después Draco salió de la biblioteca camino a su habitación, subió las escaleras, todo estaba en silencio, los Granger debían estar dormidos ya. Apenas estuvo frente a la puerta, se detuvo, escuchó algo que logró enternecerlo, al parecer venía de la habitación de al lado, su antigua habitación; su hija gimoteaba y Hermione comenzaba a tararear un linda canción de cuna para dormirla. Una sonrisa se dibujo en su rostro, imaginando la escena, permaneció ahí un instante, escuchando y a continuación entró a su recamara.
Instintivamente miró a su alrededor, no había cambiado su aspecto, a excepción de una pequeña cuna portátil que se encontraba cerca de la cama, se acercó a ella y miró en su interior, como si al hacerlo pudiera recordar a su hija, cerró el puño molesto ¿por qué demonios le costaba tanto trabajo recordar? ¿Por qué rayos le había pasado esto?
Había pasado ya un rato cuando Hermione entró en la habitación, el rubio se encontraba sentado en uno de los sillones de cuero, justo donde acostumbraba leer el Profeta cada mañana. Ella le dedicó una tímida sonrisa y después fue hacia el closet para sacar su pijama.
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¿A dónde vas? - preguntó él cuando su esposa caminaba hacia la puerta.
-
A una de las habitaciones de huéspedes, para que puedas descansar - respondió ella.
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¿Qué?... NO - caminó hacia ella y la tomó del brazo - Quédate - le suplicó.
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P-pero… tú… lo mejor es… que - su respiración era agitada, su reacción y tenerlo tan cerca habían logrado ponerla nerviosa.
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Lo mejor es que sea como antes… solo así recordaré - la atrajo más hacia él e instintivamente la tomó por la cintura.
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Es-sta b-bien - no pudo evitar mirar los confundidos ojos grises - Mmm… iré a cambiarme - rápidamente se separó de él y caminó hacia el baño.
Apenas cerró la puerta del baño tras ella, dio un enorme suspiro, hacía tanto tiempo que deseaba tenerlo cerca, aspirar su aroma. El rubio por su parte, no pudo evitar sonreír, su esposa era muy atractiva y había experimentado una sensación muy extraña al tenerla tan próxima a él.
Draco se encontraba sentado en la cama en el momento en que la castaña salía del baño, la miró detenidamente, vestía un pijama de seda color vino, era corto por lo que dejaba ver sus bien torneadas piernas. Él no pudo evitar seguirla con la mirada, de a poco comenzaba a entender porque se había enamorado de ella. Ambos se recostaron en la cama, dándose la espalda uno a otro, con un golpe de su varita, Hermione apagó las luces, estaba a punto de cerrar los ojos cuando sintió el fornido brazo del rubio rodear su cintura.
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¿Sabes? - comenzó a susurrarle al oído - Blaise y tus padres me han hablado mucho de nuestra vida juntos - con un rápido movimiento la obligó a girarse - Pero… tú no me has dicho nada- dijo mirándola a los ojos.
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Yo… pues… - murmuró tiempo que bajaba la mirada.
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Estoy consciente de que en el hospital fui grosero - admitió él mientras tomaba la barbilla de la castaña con su otra mano y la obligaba a mirarlo - Pero… no sabía que había pasado… no recordaba nada.
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Si… entiendo - reconoció ella - Pero… ¿qué quieres que te diga? - indagó nerviosa, él aun la sostenía por la cintura.
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Cualquier cosa… hasta el más mínimo detalle puede ayudarme a recordar - aseguró Draco.
Hermione trataba de pensar en cualquier cosa importante de su vida que pudiera decirle, mientras él la miraba expectante, algo que lograba ponerla muy nerviosa. Al darse cuenta del efecto que causaba en ella, el rubio sonrió y sin más, la atrajo hacia él y comenzó a besarla. Apenas sintió el roce de los cálidos labios de su esposo, la castaña cerró los ojos y se dejó llevar. Draco continuó besándola, con pasión, con ternura, quería recordar que se sentía besarla, tenerla cerca, quería recordar su aroma, quería recordar a toda ella…