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Historia 49528 — capítulo 8

CAPITULO VIII

"CRECIENDO"

(POV MAGGIE)

Tío Demetri me caía bien, aunque suponía que tía Drea era demasiado seria, puesto que no hablaba demasiado, y se quedaba completamente callada. Mientras jugábamos en presencia de mi madre, tío Demetri solía mirarla, como si lo disfrutara y se imaginara algo, aunque después se ponía de un aspecto triste que me daba un poco de pena.

- Vamos a dormir, Maggie - Me dijo Alec en cuanto me vio bostezar

- Tu no dormirás - Le recordé, al escuchar el "Vamos"

- Bien. Te voy a llevar a dormir - Al decir aquello me cargó, cosa que no me hacía mucha gracia, puesto que no tenía sueño. Para nada.

Gruñí, aunque no debía hacerlo, puesto que aún me quedaba el cuento que siempre me leía Alec. Antes, mi madre lo hacía, pero ahora dejaba que Alec lo hiciera por ella. Siempre le veía resignada. Aunque yo no comprendía.

(DOSAÑOS DESPUÉS)

Ya no era una niña. Aparentaba dieciséis, y suponía que en un año dejaría de crecer completamente hasta tener la apariencia de una persona de dieciocho años.

De cualquier manera, tenía una mente más desarrollada que la de una persona que aparentaba mi edad.

Sabía cosas sobre mis materias, además de cosas del amor. Lo sabía casi por naturaleza propia. Sabía que mi madre no amaba a mi padre, y que en realidad amaba a Demetri. Sabía que éste la amaba. Sabía que amaba a Alec y que éste me amaba a mí.

Tío Aro solía decir que se trataba de un don peculiar el que poseía, en el que podía conocer cuando una persona amaba a otra, al mismo tiempo que lo contrario.

Por ejemplo. Sabía que Jane amaba a Demetri, aunque odiaba a Drea y a mi madre por aquello. Suponía que jamás se le iba a acabar lo amargado.

Alec siempre se había puesto nervioso desde que Aro había dado a conocer mi don a los demás. Aunque no comprendía porque, si lo amaba al igual que él a mí. Claro, no iba por ahí, diciéndolo a todo el mundo, puesto que mi padre podría asesinarle en un santiamén. Ya había amenazado a Alec con ello si no se alejaba lo suficiente de mí.

Pero no nos importaba y nos seguíamos viendo.

Mi madre también me había contado que ella tenía tres hermanos más, además de Aro, por lo que deseaba conocerles.

- Espero que nunca los conozcas - Decía siempre. Yo le preguntaba porque, pero ella simplemente comenzaba a sollozar. Parecía que le dolía hablar sobre aquello, por lo que no insistía.

En realidad siempre me habría gustado salir del castillo, ya que jamás había podido hacerlo. Mi padre lo único que hacía era dejarme ir al jardín del castillo, que era la única zona en la que entraba el sol. Era el único lugar que me gustaba del castillo, a decir verdad.

Pero algún día quería marcharme, y esperaba conseguirlo, puesto que no podía concebir no ver hacia el mundo exterior durante toda mi eternidad.