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Historia 49796 — capítulo 3

Rose

En el gran comedor todo era un lío, los niños de primer año estaban nerviosos en sus asientos, sobretodo los seleccionados a Slytherin.

Por otra parte, James y Albus no dejaban de discutir... Albus porque debía ir a su mesa, y James porque no quería que fuera, Lily charlaba con Hugo, aunque no se podía distinguir quien hablaba, porque ambos estaban atragantándose con la comida, pero yo... yo estaba pendiente de cierta cabellera rubia, que no había despegado sus ojos de mí, desde que entramos al Gran Comedor.

Para mi desgracia, durante una milésima de segundo, sus ojos encontraron los míos, y no pude evitar que un rubor intenso se extendiera por mis mejillas, fue cuando noté que James me hablaba.

-¡Hey Rose! Tierra llamando a Rose.

-¿Qué, qué pasa?

-Decide tú, Albus se queda o se va.

-Al, deberías estar en tu mesa ¿No crees?

-¡Al fin! Gracias Rose, hey James, nos vemos luego ¿sí?

-¿Por qué dejaste que se fuera?

-¿Qué? Puedes verlo todos los días.

-Sí pero... Ash, olvídalo... de todas formas lo veía venir.

-¿Qué cosa?

-Oh nada, una tonta apuesta.

Seguí comiendo, pero un alumno de segundo grado se me acercó.

-¿Señorita Weasley, Rose?

-soy yo ¿Qué sucede?

-Bueno pues... la profesora McGonagall me ha mandado a decirle que la espera en su despacho, después de la cena.

-¿Sabes para que me necesita?

-No señora, es decir... señorita.

-De acuerdo.

La cena pasó fugaz en cuanto dejé de prestarle atención a los ojos grises que me miraban y pronto, lo prefectos debían llevar sus casas a las salas comunes.

-¡James! - Grité para que me escuchara entre todos los niños - James ¿Podrías cubrirme? Debo ir con McGonagall.

-Claro Rose, yo te cubro.

-¡Gracias!

Corrí hasta el despacho de la profesora, y me detuve metros atrás con el corazón golpeándome como un tambor en las costillas, y no precisamente por la reciente carrera.

Allí, apoyado en la gárgola, se encontraba Scorpius, tan elegante y a la vez casual, su cabello caía en su frente causándole un efecto hermoso, como un ángel, creí que moriría cuando poso sus ojos sobre mí, y sonrió de medio lado.

-Weasley - saludó acercándose a mí, dejándome igual de petrificada, como lo hizo en el tren.

-Malfoy - dije en un susurró casi inaudible, cosa que le causo gracia y una sonora carcajada, nuevamente me puse roja hasta la entrada de mi cabello.

Tomo un mecho de mi cabello y lo puso detrás de mi oreja, mi corazón se sacudió al sentir sus fríos dedos sobre mi piel, mientras ellos jugaban a delinear mi rostro.

-Que linda eres, Rose - sonrió antes de darme un beso en la mejilla, cerré los ojos con fuerza y luché para no derretirme y rendirme a sus pies. Se alejó de mí con la misma elegancia con la que llegó, y tocó la puerta del despacho de la directora.

-Adelante - se escuchó desde adentro, y el se sorprendió al ver que yo también entraba.

-Señorita Weasley, señor Malfoy, tomen asiento por favor.

-Gracias directora - me senté en el sofá frente al gran escritorio, y Scorpius se sentó a mi lado.

-Estarás preguntándote Rose, ¿Para qué te mandé a llamar? - Me atiné a asentir mientras sentía esa fría y gris mirada en mi labios - Bueno... el señor Malfoy - señaló mirándolo - el año anterior tuvo un bajón académico ¿No es así?

-Sí profesora - aceptó apenado pero sin dejar atrás esa mascara de orgullo y arrogancia.

-Y pues... ya que tenemos un alumnado bastante capacitado - añadió McGonagall mirándome, mis mejillas se enrojecieron - he decidido que usted ayude al señor Malfoy a subir nuevamente su promedio.

-¿Qué? Pero profesora... hay muchos más alumnos capacitados yo no...

-Pero deseo que sea usted quién lo ayude señorita Weasley, y no hay discusión.

-Pero...

-Sin peros, ahora... he acomodado las horas de tutorías de acuerdo con sus horarios de clases - no entregó a cada uno, dos rollos de pergamino con nuestros horarios de clase, una parte de las horas libres, las había cambiado por "Tutoría" suspiré, sabía que no lograría nada discutiendo con ella - y bueno, posiblemente se cancelarán sus rondas como prefectos, pero por ahora... todo será normal, pueden retirarse.

Los dos nos fuimos de ahí, no sabía a donde me dirigía, no estaba segura de que fuera el camino a mi sala común. Sin embargo, detrás de mí, él me seguía.

Scorpius

El colegio estaba solo, ya nadie caminaba por los pasillos, era la oportunidad perfecta y no debía desperdiciarla. La tomé del brazo logrando que se detuviera.

-¿Por qué tanta prisa?

-No te importa, ahora suéltame.

-Hey pero ¿Por qué tan grosera? Yo solo estoy siendo amable contigo.

-Entonces suéltame y déjame ir.

-No tan rápido, Weasley - la acorrale con la pared, su exquisito aroma llenaba mis fosas nasales, mientras trataba de controlar los latidos de mi corazón que estaban a punto de ahogarme.

-Por favor, Malfoy... debo.... - pero no la dejé terminar, necesitaba tanto volver a probar esos labios, que no me importo que se enojara.

Me apoderé de ellos sintiendo una fuerte patada por parte de mis costillas, y los bellos de mi nuca se erizaron a más no poder.

Nuevamente sentí esa dulzura en mi boca, y mi felicidad creció cuando ella me devolvió el beso.

La levanté del suelo obligándola a que se apoyara en mí, ella no demoró en enroscar sus piernas sobre mi cadera, y mi manos empezaban a tocar más allá de lo permitido. Bajé mis labios a su cuello, mientras poco a poco agonizaba en una constante felicidad, al sentir su cuerpo pegado al mío.

Cierto órgano de mi cuerpo empezaba a palpitar mientras yo luchaba para retenerlo, mordí su cuello reteniendo un gruñido, pero fue insoportable escucharla gemir, porque mi anatomía no se hizo esperar para reaccionar ante el acto.

-Malfoy - susurró, pero no le hice caso, debía hacerla mía, debía conocer hasta la última peca de su piel - Malfoy, por favor...

-¿Qué pasa?

-No podemos... no podemos hacer esto, ya estarnos besando esta mal, sobre pasarnos sería un pecado.

-¿Y qué? Tú serás mi pecado.

-Malfoy entiende... si nos descubren, nos matarán

La miré a los ojos, estos demostraban miedo, pero una dulzura increíble.

-Nadie tiene porque enterarse, por favor Weasley... ten un poco de piedad conmigo.- ella sonrió, y un sonido glorioso apareció golpeando su garganta, su risa... el sonido más bello que había escuchado hasta este momento, hizo que mi corazón se acelerara de emoción.

-Malfoy... - acarició mi cabello - Yo... no lo sé, sólo... tan sólo dame tiempo, no creo que esto sea seguro... tarde o temprano nos descubrirían, y no sabes lo que sería capaz de hacerte papá.

-Pero... ¿Al menos lo pensarás? - ella asintió.

-Pero ahora, debemos irnos... nos vemos mañana - se despidió con un cálido beso en la mejilla.

Me quedé observando su cuerpo alejarse en la oscuridad, mi corazón golpeaba con ferocidad, y una suave luz de esperanza se formaba en un profundo hueco de mi corazón.

-Serás mía Rose- susurré esa noche antes de quedarme dormido, entre la calidez de mis sabanas.