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Historia 49796 — capítulo 4
Rose
Al día siguiente
Desperté y en ese preciso instante recordé la noche anterior, el despacho de McGonagall, Scorpius, la tutoría, Scorpius... Scorpius ¡Scorpius! ¿Por qué siempre debía ser él? Suspiré cuando las imágenes del pasillo llegaron a mi mente, lo que estuvimos a punto de hacer... era terrible, horrible, y lo peor fue que yo lo estaba disfrutando, y estuve a punto de hacerlo... por suerte mi lado racional volvió a mí, antes que fuera demasiado tarde.
Pero no debía pensar en eso, sino en la respuesta que tendría que darle, yo de verdad quería darle una oportunidad, cada célula de mi piel me rogaba que le diera un sí, pero sería arriesgarme a mi padre, sería un pecado, el mayor pecado de los Weasley, y yo rompería cada norma establecida por Ron Weasley, se que mi madre me apoyaría, siempre la admiré, admiré su gran corazón... ella decía que yo lo había heredado, tal vez fuera así, pero eso no me salvaba de la furia de mi papá.
Bajé a la sala común después de bañarme y cambiarme para ir a clases, revisé mi horario... DCLAO... maravilloso, dos horas y compartidas con Slytherin ¿cómo se supone que lo vería a la cara? Aún ni siquiera se que le voy a contestar, no sé si le daré la oportunidad, pasé por el retrato de la dama gorda y caminé hasta el gran comedor, me senté entre Lily y Hugo, Albus desayunaba con Violet, mi mejor amiga y su novia, por lo tanto estaba en la mesa Gryffindor.
Ignore la mirada gris que me persiguió desde que entré, hasta que sin querer lo miré, y nuestros ojos se encontraron produciéndome un escalofrío en la columna vertebral, me ruboricé hasta la entrada de mi cabello, confundiéndose con este.
-Rose ¿Te sientes bien? - volteé a mirar quien me llamaba.
-Estoy bien Lily, no te preocupes.
-Claro...
-Hey Rose, tenemos Defensa ¿nos vamos juntos? - preguntó Albus.
-Claro Al.- tomé mi mochila y la colgué en el hombro, mi primo y yo nos levantamos para ir hacía el aula.
-¡Hey! ¡Chicos, espérenme! - volteé suplicando que esa voz no fuera la de él, pero para mi desgracia, un joven de cabellos rubios y ojos grises corría hacía nosotros.
-¡Scorpius, amigo! - Saludó Albus chocando los cinco con él -tiempo sin hablarnos ¿cómo has estado?
-Bueno, ya sabes... igual.
-Hmm... Ya veo, Rose ¿no piensas saludar a Scorp?
Mis mejillas se encendieron al rojo vivo, y miré a Scorpius que me sonreía ofreciéndome su mano, la tomé y él le dio un delicado beso en el dorso, erizándome los bellos, sentía mi corazón latir con fuerzo, y la sangre quemando mi piel.
-Bueno chicos, voy a adelantarme, nos vemos - se despidió Albus mirando cómplice a Scorpius, quien me sonrió.
-¿Albus sabes algo de... nosotros?
-Así que... somos nosotros ahora ¿eh?
-Malfoy...
-De acuerdo Weasley, sí, sabes que Albus es mi mejor amigo, y no le oculto nada.
El me sonrió y tomó mi mano, un instante después, dobló el pasillo y se echo a correr conmigo a cuestas.
-Malfoy ¿A dónde vamos?
-Es un atajo, así llegaremos con tiempo de sobra a el salón.
-¿Para que quieres tiempo de sobra?
-Para hacer esto.
De pronto se detuvo en un pasillo solitario, y me acorralo contra la pared, no tuve tiempo de reaccionar, porque sus labios estaban sobre los míos, y sus brazos alrededor de mi cintura.
Mis brazos subieron a su cuello, atrayéndolo más hacía mí, profundizando más ese dulce beso.
Nos separamos por falta de aire, mis labios estaban hinchados y nuestras frentes estaban unidas.
-¿Y bien Weasley?
-Y bien ¿Qué? - dije haciéndome la tonta.
-¿Lo has pensado?
-¿Pensar qué?
-Vamos... sabes de lo que estoy hablando - me miró con los ojos suplicantes, sonreí.
-Sí, lo he pensado.
-¿Y?
-Está bien Malfoy, nos daremos una oportunidad.
El sonrió mostrando sus preciosos dientes, y en un segundo, apresó mis labios a los suyos, subiéndome al cielo, acelerando mi respiración y rimo cardiaco.
-Vamos a... llegar tarde... - susurré en sus labios.
-No importa... no vallamos.
-¡Scorpius!
Scorpius
En ese momento el mundo se detuvo, me había llamado Scorpius, sonreí de oreja a oreja sin creerlo, ella se dio cuenta y se sonrojó, como adoro que se sonroje, se ve ten perfecta así.
Caminamos al aula, y como le dije, llegamos con tiempo de sobra, a pesar de que nos habíamos detenido en ese pasillo.
Lo estaba logrando, estaba robándole el corazón, pero ella me estaba quitando el mío.