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Historia 49990 — capítulo 11
La asfixiante oscuridad, que normalmente sacudía los estómagos de cualquiera, esa vez tuvo efectos desconocidos y maravillosos. Era el bálsamo que curaría toda enfermedad; era la caricia en la mejilla en todo acto de amor.
Quizás fuera el cariño que se desprendía de esos apasionados ángeles, que compartirían un mismo cielo desde entonces y hasta siempre, lo que provocaba aquella sensación de comodidad de hoguera invernal que transmite su cándido esplendor a todo cuanto la rodea, y que permitía evadir de una manera casi inusitada la punzada constante en el pecho; que en esos momentos, era solamente producida por la felicidad que emergía de ambos.
Llegaron a un pequeño claro más allá de unas colinas teñidas de flores, como si la real belleza de ese prado se burlara de ellos por la fatal realidad que les golpeaba la puerta.
Pero la ignoraron por ese tiempo.
Lo único que era relevante entonces eran solamente ellos. Sus sentimientos. Sus rostros mirándose el uno al otro; hablando sin pronunciar palabras; diciéndose la más hermosa de las poesías que nos cuenta del amor, en el más profundo de los silencios.
Era una unión perfectamente coordinada. Se complementaban de tal forma que ni el más fuerte de los hechizos podría separarlos jamás.
Se habían sentado mirando las bajas montañas bañadas por el tibio rubor del amanecer, cual si contemplaran su amor naciente en el horizonte; tan lejano, pero a la vez tan cerca.
Desde que habían llegado, sus labios no pudieron pronunciar palabra alguna; impedidos por un cariño deslumbrante, sus gargantas se anudaban de a ratos, entre miradas, caricias, y manos entrelazadas. Pero entonces, Remus rompió el cálido y mudo momento: "Estoy sorprendido…" su acompañante lo miró extrañada y el continuó "nunca pensé que esto podría hacerme tanto bien… gracias… te amo."
Esas pocas palabras, eran del corazón y Nymphadora les correspondió: "¿Me agradeces? No, Remus… agradécete a ti mismo por haberte dado la oportunidad… y yo estoy más que feliz, e infinitamente agradecida por dármela a mi también; por hacerme sentir única e invencible… por amarme tanto como yo te amo a ti…"
En un intento de aplacar el ardor de la pasión que los quemaba por dentro, en parte causada por esas expresiones plasmadas en susurros amorosos que se dedicaron mutuamente, volvieron a unirse en el acto de amor por excelencia; el beso. Sin embargo, en esa ocasión ese encuentro fue uno de almas más que de personas. De esas almas que volarían unidas por siempre. De esas almas ahora libres y sin miedos, dispuestas a todo por recorrer el mismo camino que la otra, sin importar dificultades o críticas desesperanzadoras; todo estaba en juego y ellos apostarían sin límite a su amor; porque este era ilimitado.
El saliente sol se reflejaba en sus ojos iluminando sus rostros mágicamente enamorados.
Al igual que la vidente en uno de sus arrebatos de necesidad de destino, Tonks preguntó: "Dime, cariño… ¿qué haremos ahora? ¿Dónde vamos a vivir?"
Lupin, algo sorprendido por la repentina pregunta apreció sus posibilidades. ¿Era adecuado que fueran a convivir así de rápido? ¿Qué dirían los otros? Aunque ya les daban su bendición, ¿parecería algo muy apresurado?
Los interrogantes volvieron a zumbar en la mente del mago, quien no sabía realmente que hacer; de lo que sí estaba seguro, era de que estaría con su amada.
Sopesando cada una de sus posibilidades, y eligiendo la mejor, (o la que en ese momento consideró mejor) respondió, por primera vez seguro: "Creo que deberíamos ir a casa…"
Esos sonidos que salieron de sus labios llenaron aún más de dicha a Nymphadora quien sonrió como nunca antes y en un descuido, su cabello se tiñó de verde manzana muy fuerte y su rostro estaba lo más sonrojado que su Metamorfomagia le permitía.
"¡Me parece una idea formidable!" respondió animada.
"A mi también…" dijo su interlocutor "pero creo que antes debemos pasar por casa de tus padres…"
"¿A casa de mis padres?"
"Sí. ¿No crees necesario comentarles acerca de lo nuestro? Digo, aunque ellos teman que te haga daño y todas esas cuestiones…"
"Mis padres nunca pensarían eso, Remus. Te lo puedo asegurar. Ellos son los seres humanos más comprensivos que conocí en mi vida… al menos hasta que te conocí a ti, claro…" contestó la bruja con su sonrisa más encantadora y prosiguió: "Pero aún así, no creo que debamos contarles aún… tengo ansias por comenzar a vivir esta vida, llena de amor, llena de paz (momentánea al menos) y llena de ti, mi vida."
El mago rió; y se limitó a asentir.
Se levantaron de donde reposaban, tomándose de las manos para ayudarse mutuamente y se dispusieron a viajar juntos nuevamente; hacia su destino. Pero antes, Lupin volvió a hablar.
"Recuerda este momento para siempre, Nymphadora. Aquí comenzamos a vivir. Aquí y desde este preciso y precioso instante comienza una nueva vida; nuestra vida."
Y dicho esto, giraron sobre sus talones para dirigirse a quién sabe donde; para ser felices por fin.