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Historia 49990 — capítulo 3

Completamente testarudo, el mago insistió: "A ti te sucede algo. Te conozco, Nymphadora. No creas que no lo noto".

El sonido de su voz con ese tono de preocupación que la invadía en ese instante, hizo que el hechizo que mantenía su lengua atada a su mente se liberara y hablara por fin; totalmente libre.

"Muy bien. Hablaré." Se dijo más a sí misma que a su interlocutor. "Si quieres saber, te lo contaré, Remus." La bruja se sorprendía del coraje repentino que inundaba cada partícula de su cambiante cuerpo. Quizás, si todo resultaba ser otra jugarreta de su conciencia, todo tendría solución. Pero no lo era.

"Estoy enamorada, Remus…" dijo, pero el mago la interrumpió: "¡Eso es genial, Tonks! Y ¿puedo saber de q…"

"…de ti" terminó de hablar la mujer.

La cara de él no fue de descontento, pero tampoco de felicidad; es más, ni siquiera era de sorpresa. No. Su expresión denotaba algo mucho más profundo y doloroso. La imposibilidad de amar y ser amado. Más aún lo último.

En la mente del pobre mago, que aunque joven, llevaba la apariencia de alguien mucho mayor, existía lugar solamente para su maldición. Para esa aterradora verdad que trataba de ocultar lo más seguido posible, para no dañar a quienes lo rodeaban.

No lograba concebir en su cerebro siquiera la posibilidad de que pudiera serle atractivo a ninguna mujer; con su rostro demacrado y marcado con los estigmas de su condición que sacaban a la luz su verdadero yo.

Pero lo que el hombre lobo jamás sospechó era que tenía en su historial, además de sus múltiples transformaciones, el amor de una bruja. El corazón de Tonks le pertenecía por completo.

Abismado con la confesión de la mujer que lo acompañaba en aquella tarde de otoño, lo único que pudo decir fue "Lo siento… no va a ser posible." Aunque tal vez, su corazón que extrañamente saltaba en su interior, le aconsejaba que se entregara; que se diera una oportunidad a sí mismo, porque Nymphadora, ya se la había dado. Y muy en el fondo sabía que ella, orgullosa como pocas, no iba a parar hasta conseguir lo que quería.

"Pero… ¡Remus!" arremetió de nuevo la bruja "¡es ridículo lo que estás diciendo! Explícame, solamente por curiosidad, ¿qué es lo imposible?"

"Soy peligroso, Nymph…"

"¡¿Peligroso?! ¿Solamente porque tienes la desgracia de transformarte una noche al mes? Perdóname, pero me insultas… ¿Crees que no estoy capacitada para defend…"

"No quería decir eso… es solo que… bueno… tu mereces alguien mejor. Alguien a quien puedas amar sin temores."

"¿Y piensas que si no te amara sin temores, te hubiera revelado lo que sentía?"

"No lo se…"

"¡¡Remus, por favor!! ¡¡Abre los ojos de una buena vez!! ¡Solamente porque seas un hombre lobo, no dejas de ser un hombre; y justa y raramente el hombre al que yo amo!"

"Te comprendo… pero compréndeme a mi también…"

"No puedo comprenderte… porque si la única razón que tienes para decirme que no podemos estar juntos es por tu licantropía, debo pensar que no quieres ser feliz, o…"

Por fin cayó en la cuenta de lo que pasaba.

"… o no me amas. ¿Cierto?"

Sus esperanzas declinaron ante el enemigo. Se arrodillaron a los pies de la frustración. Pero, como siempre, surgió la luz que abría todas las puertas y la cegaba en la felicidad, que permitía a su corazón latir desesperado, imparable.

"Nymphadora… Mira… Tengo mucho tiempo pensándolo y preguntándomelo, y créeme que lo analicé profundamente… y creo… creo que también te amo…" dijo Remus tímidamente. Tonks reaccionó furiosa.

"¿¿¡¡Y entonces!!?? ¡¿Cuál es el problema?!"

"Ya te lo dije… soy peligroso… lo último que quiero en el mundo es ponerte en peligro…"

"Calla, tonto." Lo interrumpió la bruja y en ese momento se acercó lo más que pudo a su amado y, sin previo aviso, lo besó como tantas veces había soñado.

Sus problemas volaron fuera de sus mentes por esos segundos, que parecían siglos, en los que el cálido beso se desarrollaba. Sintieron por primera vez, esa conexión única e irrompible que formaba el amor. Ese lazo de fuego y pasión que irrumpía cual tropel de corceles salvajes e indomables, dentro del pecho de ambos, los hacía por primera vez completa e irrefutablemente felices.

En cuanto separaron sus labios, ella le dijo a él: "Esta es solamente una parte de todo lo que puede llegar a ser nuestra relación… no pierdas la oportunidad de ser feliz… te amo."

Remus quedó completamente pasmado, pero a la vez, feliz como nunca antes había estado.

Seguramente luego de aquello, se replantearía la situación, ya que… ¿quién podría renunciar a aquel estado?

La respuesta era sencilla.

Ni el más feroz de los hombres lobo.