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Historia 49990 — capítulo 6
Aparecieron en las afueras del pueblo de Hogsmeade, y caminaron un largo trecho hasta llegar cerca del bar "Las Tres Escobas", desde cuyas ventanas se podía vislumbrar la multitud que llenaba el lugar, ávida de probar alguna de las deliciosas bebidas de Madam Rosmerta.
Pasaron ante el bar en dirección al camino que conducía al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, y lograron escuchar detrás suyo el sonido de otra persona apareciéndose; ese leve y aparentemente cercano "crac!" les hizo ponerse en guardia, aferrando con fuerzas sus varitas y mirando a nada en particular, en la cada vez más oscurecida calle.
Observaron el sitio durante algunos instantes y entonces, alguien se dejó ver desde debajo de una capa de invisibilidad. Era William, o como todos lo conocían, Bill Weasley.
El muchacho, alto, muy apuesto y fornido, se dirigió hacia donde se encontraban Lupin y Tonks ataviados con sus túnicas.
"Disculpen el sobresalto. No era mi intención asustarlos, es solamente que no estoy acostumbrado a aparecerme con la Capa, y se me encajó" dijo Bill sonriente.
"No pasa nada, Bill. Tranquilo." Le replicó Remus.
"¿Todo bien, Remus? ¿Tonks?"
"¡Todo más que bien, Bill!" se expresó Tonks con una voz sumamente exaltada y llena de algarabía, que el muchacho no logró distinguir de su tono habitual.
"Me alegro." Respondió y prosiguió: "Me pregunto que querrá Dumbledore. Parecía que estaba algo apurado cuando recibí su Patronus. Me pareció notar algo de preocupación en su voz."
"Si, exactamente eso pensé yo" aclaró Lupin "además, se me hace algo extraño que Albus nos citara aquí, en su despacho de Hogwarts… siempre va a los cuarteles generales… pero esto debe ser algo realmente importante como para hacer venir a la Orden completa."
"Es cierto. Pero no averiguaremos nada certero si no nos damos prisa." Apuntó Nymphadora.
Caminaron un largo rato hasta llegar a las rejas con sendos cerdos alados que flanqueaban la entrada al imponente castillo.
Las atravesaron, no sin antes deshacer algunos de los encantamientos y conjuros que Dumbledore había puesto para defender al colegio de las fuerzas oscuras y que luego volvieron a activar, y pudieron ver nuevamente la magnificencia de esas estructuras antiquísimas y tan mágicas que desde siempre los habían cautivado con su belleza y que tanto les habían enseñado.
Esta vez, recorrían sus jardines con un designio mayor. Ayudar a proteger al mundo mágico, mediante la colaboración con el que ellos sabían el mejor mago de todos los tiempos, o uno de los mejores; Albus Dumbledore.
Ya habían llegado a la gran puerta de roble de la entrada al vestíbulo, cuando se dieron cuenta de que el camino lo habían recorrido en completo silencio, sumidos en sus propios pensamientos.
Traspasaron el umbral y entraron por fin al castillo.
Se dirigieron lo más rápido que pudieron a donde se encontraba la estatua que vigilaba la entrada a la oficina del Director y en cuanto estuvieron allí, vieron recorrer algo apresurada ese mismo pasillo a la profesora McGonagall, quien los saludó amablemente: "Buenas noches, Remus. Nymphadora. William"
"Buenas noches, Minerva." Respondieron los otros tres al unísono.
"Permítanme abrirles paso." Dijo la profesora y en seguida dijo a la gárgola: "Caramelos ácidos."
Seguidamente la estatua se apartó para darles paso a una empinada escalera de caracol que subía hasta la puerta que daba al despacho de Dumbledore.
Tocaron, y con un tranquilo "Adelante", el hombre les indicó que pasaran.
Ya habían recorrido esa habitación varias veces; ya sea cuando estudiaban allí y los castigaban, o cuando algunos fueran profesores, o cuando los citaban al lugar; pero nunca dejaban de sorprenderse de lo mágicamente espectacular que era esa habitación circular, con todos esos instrumentos de plata que zumbaban y echaban humo, colocados sobre las mesitas de patas finas; los retratos de los antiguos directores del colegio que dormitaban sobre los marcos, o eso aparentaban; el gran escritorio y la silla de alto respaldo en donde reposaba tranquilamente el actual director, con las manos entrelazadas al frente de su torcida nariz, como era su costumbre.
Los recibió con un simple "Buenas noches, amigos míos", y al coro de "Buenas noches, Albus" los dos magos y las dos brujas que acababan de entrar contestaron.
"Veo que arribaron a mi llamado, lo antes posible, se los agradezco."
"Claro que sí, director. Lo que nos intriga es esta urgencia." Se expresó Remus, con un dejo de impaciencia en su tono de voz.
"Tiempo al tiempo, Remus." Contestó Dumbledore y les dijo "todavía espero a Filius, que no debe tardar. Debe estar terminando su ronda por la torre Ravenclaw. ¡Ah! Aquí viene…" terminó al ver que se abría nuevamente la puerta del despacho y un mago extremadamente bajito entraba allí y con su voz chillona decía: "Buenas noches a todos. Señor Director…" y agachaba su cabeza en una educada y simple inclinación.
"¡Muy bien! Ahora estamos todos…" empezó nuevamente el anciano mago, pero fue interrumpido por una confundida McGonagall que dijo: "Perdón Albus, ¿no esperamos al resto de la Orden?"
"Minerva, el resto de la Orden ya tiene sus tareas que hacer. Están asignados a distintos puestos…" contestó el Director y la profesora quedó callada, conforme con la explicación.
"Bien, como iba diciendo, ahora que estamos todos quiero pedirles un favor; quiero encomendarles una tarea sumamente importante." Todos lo miraban expectantes "Necesito que vigilen el Castillo esta noche."
"¿Vigilar Hogwarts? Pero si está muy bien protegida, no creo que nadie del exterior sea capaz de…"
"Yo creo que si, Bill. Y creo, modestia aparte, que si yo estoy ausente el castillo quedará más vulnerable."
"¿Ausente, Albus?"
"Así es Filius. Esta noche debo viajar a un lugar muy lejano y estaré ausente por algunas horas. Horas que quiero que ustedes permanezcan aquí, alertas. ¿Qué me contestan? ¿Puedo pedirles este favor, y confiarles mi amado colegio?"
"Creo que la respuesta está más que clara, Dumbledore." Intervino alguien que nadie había visto llegar, con una voz profunda y grave que arrastraba algo las palabras al hablar.
"Me olvidaba de ti, Severus."
"Creo, señor Director, que todos estamos de acuerdo en que el Castillo será protegido por sobre cualquier otra cosa. Por mi parte, deberé estar en mi despacho esta noche, arreglando unas cosas de las clases, pero sin dudas, si me avisan, subiré volando."
Todos observaban al recién llegado Snape con ojos totalmente confundidos y sorprendidos.
"Yo coincido con Severus." Dijo una decidida Tonks.
"Como el resto de nosotros." Intervino Lupin.
"¡¿Qué haría yo sin ustedes?!" exclamó Dumbledore con alegría. "¡Perfecto entonces! Me puedo marchar tranquilo… antes, Severus, quisiera hablar unas palabras contigo… a solas" Snape asintió con un gesto de la cabeza.
"Ya nos vamos, Albus."
"¡Oh, Minerva! Siéntanse libres de quedarse todo lo que crean necesario. Personalmente, encuentro al bosque como un excelente lugar para reflexionar, si me sigues Severus, por favor…"
Y dicho esto, se marchó seguido por el ondeante sonido de las capas al viento.
"Muy bien, ya tenemos asignada nuestra tarea. Deberíamos comenzar." Propuso Remus.
"Claro que si. Dividámonos. Tonks y Remus, pueden vigilar las primeras plantas del castillo, y Bill y yo las superiores. Filius, si no te molesta, podrías revisar las mazmorras y la planta baja, incluyendo al Viaducto y los terrenos de vez en cuando, si necesitan ayuda, envíen su Patronus" respondió una perspicaz Minerva McGonagall.
Los demás estuvieron de acuerdo y salieron directamente a los lugares asignados.
Remus y Nymphadora, en cuanto llegaron al rellano del primer piso, se miraron y se dijeron, cual si se leyeran las mentes mutuamente: "Ten cuidado", ya que en su cabeza rondaba la posibilidad de que algo malo sucediera aquella noche; porque Dumbledore lo sospechaba.
Y raramente las sospechas de Dumbledore eran erróneas.