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Historia 49990 — capítulo 7

La noche estaba tranquila. No había ni rastros de algún movimiento fuera de lo común, excepto que una alumna de la casa Ravenclaw que en esos momentos subía a acostarse, fue víctima de un encantamiento engruesapelo lanzado por un bravucón de Slytherin que creyó muy divertida la broma de hacer crecer las cejas de la pobre a un tamaño insospechado.

Remus volvió a la normalidad el rostro aterrado de la muchacha y reprendió al causante de aquel lío, aunque ya no era profesor, diciéndole que de eso se enteraría el Director, causando así un susto bastante importante en el historial del alumno, y haciéndolo volver inmediatamente a su dormitorio en la Sala Común que se encontraba en las mazmorras del colegio.

"Creo que todo estará bien por hoy." Comentó Tonks al tiempo que se volvía hacia donde estaba Lupin y le tomaba del brazo; enamorada.

"Eso parece…" contestó él algo tímido por el gesto que había tenido la bruja "solamente espero que…"

Pero en ese momento un gato plateado se materializó justo en frente de ellos y habló con la voz apresurada y potente de la profesora Minerva McGonagall: "Mortífagos. Hay chicos fuera de sus camas, Weasley, Lovegood, Granger y otros están aquí, vengan rápido."

Los dos se miraron estupefactos antes de reaccionar y comenzar a correr alocadamente por los pasillos ante las miradas de algunos curiosos estudiantes que no debían estar rondando por los pasillos a aquellas horas y a los que gritaban que fueran a sus dormitorios.

¿Cómo era posible que hubieran entrado Mortífagos a Hogwarts, después de la cantidad de hechizos de defensa que se habían instalado? ¿Por qué sabía Dumbledore que esto podría suceder? El Director jamás les hablaba completamente de todo, pero sobre esto…

Cruzaron cada uno de los pasillos que estaban vigilados, pero sus guardias ya se habían ido a ayudar.

Cuando llegaron al rellano que conduce a la entrada de la Torre de Astronomía, vieron todo el alboroto.

Gritos y hechizos llenaban el aire mientras los miembros de la Orden combatían a varios Mortífagos que estaban en el castillo, sembrando el terror. Observaron por unos pocos segundos la situación y luego se separaron enarbolando sus varitas por sobre sus cabezas, pero mirándose más tierna y preocupadamente posible el uno al otro, como diciéndose en el más hermoso de los silencios "Te amo. Ten cuidado que no podré vivir sin ti."

Ya habían combatido un largo rato, (en el que ya había desaparecido una parte del techo por una maldición asesina que Lupin había esquivado de milagro, varios heridos y una nube de polvillo que se extendía a lo largo del corredor, producto de la gran cantidad de conjuros lanzados y errados) cuando de repente llegó Snape quién se dirigió directamente al interior de la Torre, siendo que otros que ya lo habían intentado cuando vieron que algunos de los magos tenebrosos escapaban hacia allí, no habían podido ingresar.

Remus en ese instante, en el que ya estaba libre pues había logrado derrotar a su oponente, se dispuso a buscar a Tonks.

Ella peleaba con denuedo con Antonin Dolohov, y Remus para aliviar su tarea, al grito de "Impedimenta!" tumbó fuertemente al mago para así asegurarse de que su amada estuviera en perfectas condiciones.

Y lo estaba, a pesar de algún que otro rasguño.

"¿Estas bien?" fue lo primero que le preguntó.

"Si, Remus. ¿Y tu?" respondió la bruja.

"Bien. Todo bien. Snape… lo vi pasar… debe haber ido a detener a los Mortífagos…" y en ese instante el profesor en cuestión pasó corriendo por delante de ellos, seguido de Draco Malfoy.

Esa noche fue totalmente abrumadora.

Subieron todos a la enfermería y allí encontraron a Bill Weasley, que era atendido por Poppy Pomfrey, con el rostro por completo destrozado.

A Remus el mundo se le vino abajo.

Reconocía esas heridas a millas de distancia. Solamente podían ser producto del ataque… de un hombre lobo.

"¿Qué…?" atinó a decir, pero la profesora McGonagall se le adelantó: "Greyback…"

"¡Maldito!" dijo Lupin y se sentó en un rincón apartado de la sala. Solo.

Divagaba en sus pensamientos y en ellos aparecía el rostro de ese monstruo; de ese ser que había arruinado su vida y lo había condenado para siempre; Fenrir Greyback.

¡Pobre Bill! ¡Iba a tener que pasar por todo lo que él había pasado! ¡Y justo cuando estaba a punto de casarse!

No soportaba ver a un inocente muchacho tan malherido, pero algo en él era extraño… Los cortes no eran tan pronunciados… Y más aún, no había luna llena, por lo que el mago tenebroso no podía haberse transformado… no sería un hombre lobo… no al menos por completo…

Así que Greyback se dedicaba a morder a todos, aún cuando no estuviera transformado… ¡que cinismo!

Una mano suave lo apartó de sus cavilaciones. Era Nymphadora que, preocupada, le iba a hacer compañía.

Pero luego de ver lo que le había pasado al mayor de los Weasley, no podía permitirse ni siquiera estar cerca de su amada… No sería capaz de soportar el dolor que le provocaría darse cuenta de que fue él quien le hizo daño…

"No…" fue lo que respondió a esa caricia tan tierna "No podemos, Nymphadora…"

Ella quedó boquiabierta. Sorprendida por sobremanera.

"¡Otra vez con eso, Remus!"

El hombre bajó la cabeza y siguió pensando.

Ella, parecía recién atacada por Dementores. Totalmente desesperanzada y triste.

Las cosas se habían complicado, y lo peor de todo, era que no sabía como solucionarlas.