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Historia 49990 — capítulo 9
Pero la realidad era fuerte e insistente. Trataba de colarse por cada resquicio que encontraba libre; cualquier suspiro o mirada era invadida por la tremenda desazón de aquel momento que llenaba sus vidas.
El luchador por excelencia había caído; derrumbándose bajo el techo malévolo de aquella calavera con lengua de serpiente, arrodillado ante la muerte y a los pies de su verdugo, aquel en quien había confiado ciegamente hasta su propio final.
Dumbledore estaba definitiva e irrevocablemente muerto.
El tiempo parecía haberse detenido ante la imposibilidad de aceptar los hechos, cuál pequeño caprichoso que se niega a tomar su poción para sanar.
En ese contexto, Remus pensaba y las palabras de la mujer que amaba le resonaban en la cabeza.
"Otra vez con eso…"
Sí. Obviamente, otra vez con el mismo tema; ese que los separaba nuevamente; invencible.
Luego de la muerte del Director de Hogwarts, la perspectiva feliz y sin dificultades, en la que podrían compartir sus vidas sin temores ni exclusiones de ningún tipo, se había esfumado como humo.
Su maldita condición lo condenaba a una vida llena de soledad y aislamiento que le impedía disfrutar de la eternidad con la mujer que era su sol para eclipsar la luna que le transformaba.
Y ella parada allí le estaba suplicando ante todo el mundo que no dejara de aprovechar esa oportunidad que por fin se había logrado otorgar a sí mismo. Y más aún, lo estaba haciendo al frente de todos los presentes, que la miraban con cara de asombro pero de profundo entendimiento, dejando al descubierto todos sus sentimientos; desnudando su alma frente a sus amigos para que se diera cuenta de cuanto lo amaba; y aún viendo lo que le había sucedido a Bill le decía: "¡¿Lo ves?! ¡Fleur sigue amándolo aunque lo hayan mordido!"
Y él, como el peor de los cobardes le respondía: "Es diferente… Bill no será un hombre lobo completo. Son dos casos completamente…"
"¡Pero a mi tampoco me importa!" replicaba testaruda.
"Y yo ya te he dicho que soy demasiado peligroso, demasiado mayor, demasiado pobre…"
Pero entonces, alguien que no había logrado emitir una palabra todavía habló súbitamente: "Siempre he considerado que has tomado una postura ridícula respecto de este tema, Remus" habló con calma y una mirada de madre preocupada la señora Weasley.
Sin darse cuenta, aquello lo levantaba un poco. Le hacía ver que no todos lo veían como él mismo lo hacía. Pero Lupin continuó con su pensamiento porque no se permitiría jamás dañar a Nymphadora; nunca. Prefería llevar una completa vida solo que imaginarse a Tonks herida.
"No he tomado ninguna postura ridícula. Tonks merece a alguien joven y sano…"
"Pero ella te quiere a ti…" intervino el señor Weasley quien tampoco había logrado hablar luego de ver a su hijo y que luego de señalarlo con los ojos inundados por las lágrimas agregó: "Y al fin y al cabo, Remus, los jóvenes sanos no siempre se mantienen así."
"Ahora no es momento de hablar de esto…" concluyó Lupin esquivando todas las miradas "Dumbledore ha muerto…"
"Dumbledore se habría alegrado más que nadie de que hubiera un poco más de amor en el mundo." Señaló una muy comprensiva Minerva McGonagall.
El hombre lobo se quedó pensando luego de esas palabras de aliento.
Seguramente sus compañeros lo decían para aplacar la situación y así que terminaran con la discusión y además para que él se sintiera mejor, o al menos para que no contagiara su desesperanza a todos los demás.
Pero, ¿y si no lo hacían por ese motivo? ¿Y si de verdad creían que no era para nada peligroso y que debía de quedarse con Tonks para siempre?
De seguro se replantearía la situación, ya que, después de todo, si tantas personas lo pensaban como solamente un hombre, ¿por qué no merecería a una mujer…?
Después de que la mayoría de los presentes se retiraran, Remus decidió marcharse también. Se levantó silenciosamente de la silla que ocupaba y se dirigió a la salida.
Recorrió los pasillos pensando y para cuando llegó a la verja con los cerdos alados listo para aparecerse ya tenía la solución.
Antes de partir se volvió hacia el castillo y justo antes de desaparecer vio una cabellera color rosa chicle que se dirigía corriendo hacía donde se encontraba.