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Dioses y heroes — capítulo 30
Erik esta sentado en el balcón de su habitación, mirando el penoso paisaje del inframundo. No puede parar de pensar en que la ha traicionando, que esto nunca se lo perdonara. Pero es la única manera que tiene de estar bien. Mejor estar así que estar metido en una celda solo y aburrido, aunque después Elena no le vuelva a mirar a la cara.
-Erik, es la hora- dice una voz femenina a sus espaldas.
El se da la vuelta y ve a Anabel, hija de Atenea.
-No quiero- dice Erik sin moverse de su sitio.
Ella suspira y se acerca a el, se pone a su lado y lo mira.
-Hay más peces en el mar, Erik- dice Anabel.
-No hay más peces como ese- rebate Elena.
-Pero hay de otra clase- dice Anabel.
Erik suspira y la mira.
-Soy un idiota, todo esto que he hecho no sirve de nada- dice Erik con la cara descompuesta.
-Erik, Erik, es lo mejor para ti- le consuela Anabel acariciándole el pelo.
El niega con la cabeza y se suelta de sus brazos.
-No puedo hacerle esto- dice Erik amargado.
Anabel lo mira expectante.
-Ya lo sabes, sois completamente diferentes. Ella ya tiene a su media naranja, y tú tienes que encontrar a la tuya- explica Anabel.
-¡Ella es mi media naranja!- exclama Erik desesperado de que haya tantas razones.
La chica esta empezando a hartarse.
-¿Ha venido a buscarte? ¿Ha intentado siquiera venir a verte? No, nada de nada- rebate Anabel.
Erik se muerde el labio y asiente.
-Tienes razón. Ella ya ha elegido, y yo también- dice Erik mirándola.
Anabel le sonríe y le da un beso. Erik se entrega por completo. Unos porracitos en la puerta les interrumpen.
-Chicos, nos vamos- dice Ares con una sonrisa.
Los dos abrazados siguen a Ares. Se reúnen todos en el vestíbulo del castillo dispuestos a ir al Olimpo.
Elena se despierta entre los brazos de Cristian. Confusa piensa en lo que ha pasado, se sonroja levemente. Ella se gira para mirarlo y se encuentra con que el ya esta despierto.
-¿Te encuentras bien?- pregunta Cristian con voz suave.
-Si- responde Elena sonriendo.
Se miran a los ojos durante un largo rato. Cristian todo el tiempo esta acariciándole el pelo, ella solo le mira fijamente.
-Hoy va a ser un día movidito- comenta Cristian.
-¿Por qué?- pregunta Elena extrañada.
-No se, lo presiento- responde Cristian con la mirada perdida.
Elena lo mira preocupada.
Tras un rato los dos salen del castillo agarrados de la mano, y sin darse cuenta acaban en el templo del Olimpo.
-¿Qué es lo que hay aquí?- pregunta Elena.
-Unas cuantas estatuas de los dioses y un monje medio loco- responde Cristian.
Elena se ríe.
-¿Medio loco?- pregunta Elena risueña.
-Si, alucina en colores cuando los dioses van a visitarle. Tenias que verle la cara cuando ellos le trajeron aquí- responde Cristian riéndose.
Los dos se ríen a carcajadas.
-Pobre hombre. Tiene que ser fuerte que creas en unos dioses durante toda vida y un día se te aparezcan y te digan que te van a llevar al Olimpo con ellos- explica Cristian.
-Si, pobrecillo- comenta Elena mirando la puerta del templo.
Entonces las puertas del templo y sale el monje, los mira y se arrodilla.
-Dioses benevolentes gracias por bendecirme con la visita de dos de vuestros hijos más valiosos- dice el monje arrodillado.
Elena mira a Cristian, este le sonríe y después mira hacia el monje.
-Levántate, monje- ordena Cristian con voz autoritaria.
-Mi señor, ¿Qué es lo que buscáis en este pobre monje?- pregunta el monje levantándose pero sin mirar a los ojos al chico.
-Solo queremos ver el templo por dentro- responde Cristian con seriedad.
-Pasad, es todo vuestro- dice el monje haciendo una reverencia.
Los dos entran lentamente en el templo, allí Elena observa las estatuas de los dioses. Son muy grandes, demasiado grandes.
-Te sorprendería saber que hace un año y medio no creía nada en ningún dios- comenta Elena examinando bien el templo.
-Conociéndote como te conozco no me extraña. Tu eres de esas personas que piensan que si no lo ven no lo creen- dice Cristian.
Elena le sonríe y sigue mirando estatuas. Son todas muy parecidas, solo cambian en que son algunas masculinas y otras femeninas. En el exterior se empiezan a escuchar gritos y golpes. Elena extrañada va a salir pero Cristian la agarra y la hace entrar más adentro del templo.
-¿Qué pasa?- pregunta Elena.
-Son ellos. Han venido por ti- responde Cristian buscando un sitio para esconderla.
Cristian encuentra una puerta trasera, que da paso a lo más frondoso del bosque.
-Elena, ven por aquí- dice Cristian- Sigue este camino y cuando llegues a una casa, entra, y allí ya estarás a salvo.
Ella se asoma por la puerta. Esta todo verde menos un camino amarillo.
-Date prisa- la apremia Cristian mirando hacia atrás.
-¿Qué vas a hacer tu?- pregunta Elena asustada.
-Tengo que quedarme a ayudar a los demás- responde Cristian nervioso.
Vuelven a escucharse gritos pero esta vez más cerca.
-No me dejes- dice Elena.
Cristian la abraza desesperado.
-Sabes que no te dejare- dice Cristian- Tienes un trocito de mi corazón, ya lo sabes.
-Pero yo te quiero a ti- dice Elena.
El sonríe.
-Además de admitirlo lo proclamas, estamos mejorando- dice Cristian.
-No seas tonto- dice Elena dándole un tortazo en el pecho.
Se abrazan más fuerte.
-Tranquila, no llegaran muy lejos- dice Cristian mirándola fijamente.
Se miran con miedo. Cristian sonríe y se quita un colgante, se lo pone a Elena. Es una lágrima de cristal, que cuando le da el sol brilla en diferentes colores. Ella emocionada la aprieta contra su pecho.
-Gracias- dice Elena con lágrimas en los ojos.
El le da un beso en los labios y después se da la vuelta y empieza a andar hacia la puerta principal del templo.
-¡Cristian!- exclama Elena.
-Vete ya- ordena Cristian sin mirarla.
Ella lo mira unos segundos y luego echa a correr por el camino. Corre y corre hasta que le duele al respirar, se para unos segundos a descansar cuando nota que alguien se mueve detrás de ella. Elena no nota ningún aura extraño, o sea que es una persona conocida. Vuelve a sentir que ese alguien se mueve.
-Tranquila soy yo- dice la voz de Kevin saliendo de entre la espesura.
-Kevin, me has asustado- dice Elena suspirando.
El se acerca lentamente hasta ponerse frente a ella.
-Tienes que llegar hasta la casa de tu abuela, allí estarás a salvo de todo- explica Kevin.
-¿Mi abuela?- pregunta Elena sorprendida.
-Si, es la madre de tu madre- responde Kevin.
Elena frunce el ceño.
-Bueno, esperemos que no me trate igual que mi madre porque si no, no voy a aguantar mucho- dice Elena.
-Vamos Elena, no seas tan pesimista- dice Kevin sonriendo.
Se escucha una gran explosión. Pero en el cielo no se ve ni humo, ni fuego, ni nada de nada.
-¡Vamonos!- exclama Kevin agarrándola por el brazo y tirando de ella.
Salen corriendo, Kevin tira de ella. Cuando llevan ya un ratito corriendo empiezan a ver a lo lejos una casita. Poco a poco se van acercando, la casa es grande. Llegan frente a la puerta, Kevin llama. Escuchan ruidos dentro de la casa, el mientras esperan mira mucho hacia atrás. Esta nervioso.
Entonces alguien abre la puerta. Es una mujer ya mayor, de ojos color café y pelo grisáceo.
-Pasad- dice la mujer con preocupación.
Kevin vuelve a tirar de ella, entran los dos a la vez. Esperan a que la mujer entre.
-Victoria, tenemos que esconderla- dice Kevin.
La mujer entra en el salón y mira a la chica fijamente.
-Dioses como te pareces a tu padre- comenta Victoria, la abuela de Elena.
-Nos han atacado. Los dioses se han escondido, y los semidioses se están enfrentando a ellos pero son muy fuertes- explica Kevin.
-¿Has visto a Cristian?- pregunta Elena desesperada.
-Si, estaba luchando contra Erik- responde Kevin apenado.
Victoria les dice que se sienten en el sofá, y empieza a prepararles algo de comer.
-Cristian mato a Alba- dice Kevin.
-Si- afirma Elena.
Kevin la mira con pena.
-Sigo queriéndote igual que al principio y comprendo que quieras a otro- dice Kevin- Entiendo que quieras a Cristian, pero no entiendo porque quieres a Erik.
-Le quiero y punto, no tiene ninguna explicación- dice Elena.
Victoria entra con chocolate caliente y pasteles, comen en silencio hasta que alguien empieza a aporrear la puerta. Kevin se levanta y se pone delante de Elena, Victoria va a abrir la puerta. Se escucha un golpe y Erik entra en la casa. Fuera se escuchan gritos de guerra.
Erik la mira divertido, pero no le da confianza así que Elena no se acerca. Ella piensa en que si el esta ahí, es que Cristian...
-¿Dónde esta Cristian?- pregunta Elena borde.
A Erik se le borra la sonrisa de la cara.
-Suéltala, Kevin- ordena Erik de malas maneras.
Kevin se queda en el sitio, no se mueve ni un centímetro.
-Kevin, ahora me da igual matarte o no- dice Erik muy serio.
-Si lo haces Elena no te volverá a dirigir la palabra- rebate Kevin.
Erik suelta una carcajada.
-¿Sabes que? Que no me importa. Que no me vuelva a hablar, que me odie todo lo que quiera porque ya no me interesa nada- explica Erik riéndose.
A Elena se le cae el alma al suelo. Erik ya no es el mismo, le han comido la cabeza con tonterías y ahora esta en contra suya. Sin poder evitarlo dos lágrimas se escapan de sus ojos, Kevin no quiere mirarla para no perder de vista a Erik pero sabe que eso ha sido un duro golpe para ella.
-Así que apártate o tendré que matarte- añade Erik con voz amenazante.
-¿Para que la quieres?- pregunta Kevin intentando ganar tiempo esperando que Cristian aparezca, porque acaba de sentir su aura no muy lejos de allí.
El no responde enseguida, primero mira intensamente a Elena.
-Eso no es de tu incumbencia- responde al fin Erik muy frío.
Entonces fuera se escuchan unos gritos y Cristian entra en la casa. Mira a Erik y le pega un puñetazo, el chico choca contra la pared y cae al suelo. Cristian se acerca a Elena y la abraza al verla llorando.
-Lo siento- susurra Cristian en su oído.
Erik se levanta rápidamente y saca su espada.
-¿Todavía te crees que puedes vencerme?- pregunta Cristian.
-Lo haré- responde Erik desafiante.
Cristian saca su espada y se acerca a Erik.
-Salgamos fuera- dice Cristian.
Erik asiente con la cabeza y sale por la puerta. Cristian mira a Elena.
-Sal de aquí, vete mientras estoy luchando contra el- dice Cristian.
-Pero, ¿Dónde vamos?- pregunta Kevin.
-Id a el castillo allí os esta esperando Anakin, os llevara de vuelta a la tierra- responde Cristian.
Elena lo mira y se tira a sus brazos.
-Ten cuidado, por favor- pide Elena triste.
-Tranquila, no puede contra mi, ya lo sabes- dice Cristian revolviéndole el pelo con cariño.
Se separan y se miran.
-Te quiero- dice Elena.
-Yo más- dice Cristian- No sabes cuanto.
Kevin tira de Elena hasta que salen por la puerta de atrás, Cristian se queda mirando el lugar por donde se han ido con tristeza, después sale al encuentro de Erik.
Olaaaa!!! k tall?? Ya se k Erik se esta pasando peroo... ya vereiis como se arregla xDxD
Besosss y Graciass