← Dioses y heroes · de
Dioses y heroes — capítulo 33
-Vale, te vas. Pero dime al menos el por que de todo esto- pide Elena.
Erik se toma unos minutos antes de explicárselo.
-Te he traído porque, como te ha dicho el maldito hijo de Zeus, aquí no podían cogerme- explica Erik- Y bueno, estaba nervioso y el primer sitio en el que pensé fue en este.
Elena lo mira largamente, tratando de ponerse en su lugar. No, ni así ella habría hecho eso. No se habría enamorado de su enemigo y después lo habría dejado tirado por el simple hecho de que no le convendría para su reputación.
-Tengo que elegir entre tu y mi vida, mi familia, mis amigos... La balanza no te favorece, Elena. Creo que al final tu madre tenia razón y esto solo ha sido un capricho, un amor de verano por así decirlo- explica Erik; serio.
-¡¿Un capricho?! ¡¿Un amor de verano?! ¡¿Eso es lo que ha sido para ti?! Pues vale, vete. Vete y no vuelvas a mi vida- grita Elena al borde del llanto- Y si algún día te piden que me mates haz lo que tengas que hacer, no dudes en hacerlo. Haz como si nada de lo nuestro hubiese pasado, como tu bien has dicho solo ha sido un amor de verano.
-Yo...- dice Erik.
-No, Erik. olvídame. Haz como si nunca hubiese existido, será lo mejor para tu reputación- le espeta Elena muy enfadada.
Ella se da la vuelta y se marcha, sin mirar atrás. Camina mirando al suelo, intentando no llorar. Pero no puede aguantar mucho más se sienta en las raíces de un árbol y se abraza las rodillas. Allí se echa a llorar. Siente mucha rabia, para él solo ha sido un juego. Un maldito juego en el que ella ha sido la tonta que se lo ha creído todo. Enfadada se levanta coge una piedra y la tira al río, coge otra y echa el brazo hacia atrás para lanzarla. Pero cuando va a lanzarla alguien le agarra la mano, con tanta fuerza que ella deja caer la piedra. Elena se suelta con brusquedad, camina hacia delante pero cuando apenas da tres pasos alguien tira de ella.
-¿Y esa cara larga?- pregunta una voz conocida.
Elena se da la vuelta y ve a David, el hijo de Hades. Éste la mira con una sonrisa, ella se aparta de él.
-Olvídame- corta Elena bruscamente.
-Imposible- dice David volviéndose a acercar a ella.
Ella clava la mirada en el suelo y empieza a llorar desconsoladamente. David no sabe si acercarse y consolarla o quedarse donde esta y decirle unas palabras. Al final opta por acercarse y abrazarla, ella lo abraza agradeciendo el poder tener un hombro donde llorar.
-¡Ay! Elenita, ¿Cuándo te vas a dar cuenta de que Erik no es el hombre de tu vida?- pregunta David acariciándolo.
-Creo que acabo de hacerlo- responde Elena entre sollozos.
Poco a poco la chica se calma. David se limita a seguir abrazándola, intentando aliviar su dolor. Elena lo mira pensativa, se da cuenta de algo y se separa rápidamente. Él la mira extrañado.
-¿Qué haces tu aquí?- pregunta Elena.
David gira la cara para esconder una sonrisa traviesa, Elena la ve y frunce el ceño.
-¿Sabes que tu padre y los suyos me secuestraron hace apenas unas horas y que casi me muero?- pregunta Elena enfadada.
-Lo se- responde David con una sonrisa.
Entonces se escucha un grito muy fuerte a lo lejos, David se da la vuelta y mira entre los árboles. Se vuelve a escuchar otro y entonces David se gira hacia Elena y se acerca rápidamente.
-Son mi padre y los demás. Tienes que irte- explica David alterado- Sino te vas te volverán a coger y esta vez ni Erik te salvara.
Elena gira la cara al escuchar el nombre de Erik. David se da cuenta y le gira la cara con suavidad.
-Elena, se que te ha hecho daño. Pero tenemos que irnos- dice David- Si te cogen te mataran.
-No seria una gran perdida- dice Elena con tristeza.
David la mira alarmado. Al ver que la chica no atiende a razones la coge en brazos y se la lleva, ella se deja llevar aceptando que está en peligro. David se esconde en lo más frondoso, allí deja a la chica en el suelo.
-¿Por qué haces esto?- pregunta Elena.
Él la mira muy serio.
-¿Todavía no lo sabes?- pregunta David arqueando una ceja.
Ella aparta la mirada incomoda. Tal vez sea cierto y el siente algo especial por ella, no solo atracción física. También hay que admitir que él lo ha dado todo por conseguir su amor, ha apostado todo lo que tenia a mano. Podría ser cierto. O podría no serlo y ser una trampa. Elena sacude la cabeza intentando borrar esos pensamientos.
Empiezan a escucharse voces más cerca David resopla coge una mano de Elena y ambos desaparecen de allí en cuestión de segundos.
Ares llega al sitio donde un minuto antes estaban Elena y David y grita de rabia, detrás aparecen Erik, Hades y otros de los malos.
-Erik, esto es ahora cosa tuya- dice Ares.
-No, padre. Ya deje que la cogierais una vez, incluso participe cuando nos la llevamos. Pero esta vez no. No voy a impedíroslo pero no pienso ayudaros de ninguna de las maneras en las que pueda afectar a Elena- rebate Erik serio y seguro de si mismo- Y os juro que como le pase algo malo por vuestra culpa no respondo de mi mismo.
Su padre lo mira largamente; evaluándolo. Al final acaba asintiendo con la cabeza y acercándose a su hijo para darle una palmadita en el hombro.
-Acabo de darme cuenta de lo mucho que significaba para ti esa chica. Esta bien. En lo referente al tema de Elena no quieres tener nada que ver, pero en lo demás seguirás siendo igual de cruel y malvado que siempre, ¿no?- pregunta Ares con una diabólica sonrisa.
Erik sonríe a su vez.
-Por supuesto- responde Erik.
Ares y Hades se echan a reír mientras que Erik se marcha a preparar un nuevo ataque.
Aparecen en el Olimpo, concretamente en el bosque. No en la parte más profunda sino en la linde, caen el uno encima del otro.
-Jo, Elena. No te he dicho abiertamente que te quiero así que no es motivo para tirarte encima mía- bromea David abrazándola.
Ella se deshace de su abrazo y se levanta. Se sacude la tierra y las hojas de la ropa, David hace los mismo. Ella mira hacia el castillo dubitativa.
-Elena, si vuelves ya no podré acompañarte- dice David algo molesto.
La chica lo mira sin entenderlo bien. Hasta que cae en la cuenta de lo que le esta queriendo decir en realidad. Inspira hondo, para no perder los nervios.
-David, este es mi sitio- dice Elena repitiendo las palabras de Erik- Entiendo que Hades es tu padre y todo eso, pero no puedes pedirme eso. Eso precisamente no.
David sonríe. Se lo esperaba.
-No te he pedido que te unas a mi padre, solo te digo que estarás más segura si te vas de aquí. En el castillo solo quedan los dioses y los héroes más fuertes y locos. Creen que van a poder contra mi padre, y no saben lo equivocados que están- explica David.
Elena entiende ahora. Lo mira agradecida por todo lo que ha hecho por ella, quiere decirle cual es su sentimiento pero no tiene palabras para definirlo. No es amor, bueno si, si lo es. Pero un amor diferente al que pueda sentir por Erik o por Cristian, es un amor de amigos.
David entiende sin necesidad de palabras, la abraza con fuerza.
-Nuestros destinos siempre han seguido el mismo camino, pero nunca se han entrelazado. Puede que alguna vez deje de sentir lo que siento, pero nunca dejare de querer protegerte- dice David más sincero de lo que lo ha sido nunca; con ella- Siempre me tendrás para lo que necesites. Y, si alguna vez, te quedas sola, llámame.
Ambos se ríen, se separan y se miran. David le sonríe con cariño.
-Perdóname por todo lo que he hecho, se que a veces te he hecho daño. Pero eso era lo ultimo que quería hacer- se disculpa David.
-Lo se- dice Elena abrazándolo de nuevo- Si hubieras sido así desde el principio todo habría sido muchísimo más fácil.
David sonríe de nuevo y oculta el rostro entre el pelo de Elena, ella apoya la mejilla en su hombro. Así se quedan un buen rato, hasta que sienten como hay gente que se acerca. David se tensa rápidamente, se separa de Elena.
-Ya nos veremos, princesa- se despide David caminando hacia atrás con una ultima sonrisa triste.
Ella le sonríe y cuando el chico desaparece se da la vuelta para encontrarse con los del ejercito del Olimpo.
Horas después esta tumbada en la cama de su habitación cuando siente el aura de Cristian cerca, no tiene ánimos de ir a buscarlo y mirarle de nuevo a los ojos por lo que se queda allí pensando.
Cristian entra a toda prisa al salón de los dioses, por así decirlo. Donde suelen reunirse y discutir los temas de guerra, paz, etc. Ese día están reunidos para tratar el tema de la guerra inminente. Están los 10 dioses que quedan en el bando de los buenos, ya que Hades y Ares son de los malos. Cristian los observa detenidamente desde la puerta del gran salón, hablan y hablan simplemente por hablar. Por que no encuentran una solución al problema que se les ha planteado. El chico se marcha sacudiendo la cabeza en señal de desaprobación, por el camino se cruza con Kevin.
-Kevin, ¿Cómo esta Elena?- pregunta Cristian haciendo que el chico se detenga.
Kevin lo mira dubitativo, Cristian no esta al tanto del ultimo encuentro de Elena y Erik y tampoco del actual esta de ella. Ya que al irse para dejarle intimidad a Elena y Erik unos demonios les atacaron y tuvieron que irse para que no los cogieran. Cristian sabía que dejaba a Elena, pero había pensado que estaría a salvo con el patán de Erik.
-¿Por qué no lo compruebas tu mismo? Esta en su habitación- responde David.
Cristian entrecierra los ojos. Asiente y se marcha para hablar con Elena.
Ella esta mirando el paisaje que se ve por la ventana tumbada desde su cama. Cristian entra bruscamente sin llamar a la puerta ni nada, ella se gira rápidamente asustada. Cuando lo ve relaja el rostro y sonríe, Cristian se queda parado en la entrada mirándola. Ella aparta la mirada, se vuelve de nuevo hacia la ventana y cierra los ojos. Cristian le lee la mente sin dificultad. Cierra la puerta tras el y se acerca a Elena.
-No se que puedo hacer yo para consolarte...- dice Cristian sentando en la cama.
Elena lo mira de soslayo, lo ve preocupado.
-Te juro que me encantaría acabar con el...- amenaza Cristian enfadado.
-Para- corta Elena triste.
Él aprieta los labios para callar todo lo que le haría a Erik. A ella se le escapan un par de tímidas lágrimas, Cristian se da cuenta de inmediato. La mira enternecido por su llanto, se acerca más y la abraza.
-Te mentiría si te dijese que lo siento- comenta Cristian intentando distraerla.
Elena cierra los ojos y se deja ir. Erik, Cristian, Kevin, David... ¿Habrá algún otro chico? Todos ellos han sido muy especiales en su vida, le han dado algo. Amor, amistad, cariño y miles de momentos divertidos. Aunque también haya habido malos momentos. Cristian se pone tenso de momento.
-¿Por qué piensas eso?- pregunta Cristian con la voz temblorosa.
-Porque necesito un poco de tiempo para mi misma- responde Elena ya calmada.
Cristian la observa con una pizca de incertidumbre, la ve más madura de lo que el lo ha sido jamás. Ella se incorpora y lo mira a los ojos seriamente.
-Cristian, estoy harta del amor. Llevo años sufriendo. Sufrí cuando te fuiste, cuando Erik se volvió en mi contra, cuando mi madre empezó a odiarme por amar a Erik, cuando...- recita Elena con dificultad dándose cuenta de verdad de su sufrimiento.
-Shhh- dice Cristian haciéndola callar poniéndole un dedo en los labios.
Ella se echa a llorar amargamente. Cristian la abraza intentando transmitirle todo su amor, pero ella se suelta y sale corriendo de la habitación sin rumbo. Cuando llega al final del pasillo apoya la espalda contra la pared y se deja caer hasta quedar sentada en el suelo.
-Elena, ¿Qué haces aquí?- pregunta una femenina.
La chica se gira y ve a Victoria, su abuela. Se levanta y la mira a los ojos seriamente.
-Digamos que vivo aquí- responde Elena.
-Pero tú no deberías de estar aquí. Hades volverá a atacar y lo hará más fuerte que antes- dice Victoria.
Victoria la coge de la mano y tira de ella. Salen del castillo y caminan por el bosque durante un rato. Se adentran hasta llegar al camino donde días atrás Elena escapo de Erik. Ella se deja arrastrar por su abuela hasta que llegan a la casa de la última. Entran rápidamente y Victoria obliga a Elena a sentarse en el sofá.
-¿Qué vas a hacer ahora?- pregunta Victoria mirando por la ventana para asegurarse de que nadie las ha seguido.
Elena la mira con cara de no entender nada, Victoria se sienta a su lado y la mira muy seriamente.
-Sabes perfectamente que no puedes quedarte en el Olimpo, ellos vendrán y no tendrán miramientos contigo esta vez- explica Victoria.
-Da igual. Si van a atacar a los míos yo quiero luchar contra ellos- dice Elena testaruda.
-Niña, vales demasiado como para dejarte coger de esa manera. Si tu o Cristian o Erik os morís ahora todo el mundo que vemos se moriría con vosotros, se rompería el equilibrio- explica Victoria.
Victoria le aparta el pelo de la cara y le acaricia la cara con cariño. De repente a Elena se le descompone la cara.
-¿Qué te pasa?- pregunta Victoria preocupada.
Ella se levanta corriendo y se dirige rápidamente al cuarto de baño. Victoria la sigue y cuando llega la ve vomitando. Cuando se recupera, Victoria le echa agua en la cara.