Ciudad de cicatrices — capítulo 3
Sigo viva. Una noche mas.
El caballero oscuro no me ha alcanzado
He de trabajar, no me va a matar
las piernas he de abrir si quiero cobrar.
Acepto clientes noche tras noche
acallando el latido de mi corazón
pidiéndome seguridad
pidiéndome que siga viva, por favor.
Dos amigas han muerto
su tumba, el cielo abierto
eran putas, como yo
nadie se preocupa, nadie nos pone a cubierto
He de comer, tengo que trabajar
Si paro, muero de hambre
Si sigo con esto muero degollada,
No comiendo muero en días. Unos segundos quedándome sin sangre.
La medianoche me saluda otra vez.
Me acuesto con ella. Me pide que siga.
Le hago cosas que las decentes no quieren.
Su pago, seguir yo con vida.
Las tinieblas callan, la luna mira.
El ulular de un pájaro nocturno me avisa
Del peligro que ya se que corro.
En las calles sólo rameras, clientes, y Jack.
Mi cuerpo tirita, los dientes chirrían.
El primer cliente, ni su cuerpo me calienta.
Unas monedas mas, pero mi cuerpo se enfría.
Toso, el eco lo amplifica.
El segundo de la noche.
Ni me molesto en gemir, el ni se inmuta.
Acaba rápido, pobrecito. Me paga.
Y sigo con vida.
Escudriño la noche,
ni rastro del cirujano infernal
Empiezo a silbar
como si de esta forma, nada pudiera ir mal.
En la lejanía oigo unos pasos,
mis piernas tiemblan,
mi mundo se excita,
quiero correr, pero no puedo.
—¿Cuanto es, preciosa?—
Respiro aliviada, sonrío al anciano.
Solo es un hombre buscando compañía.
—Vamos a un sitio tranquilo, encanto.
Me empotra contra una valla,
finjo disfrutar mientras miro a las estrellas
un poco después, él acaba,
y yo sigo con vida.
Me quedo en el callejón,
acicalándome por las embestidas
alguien viene, me giro, y ahí está.
No hace falta presentaciones, es Jack.
Intento correr, pero mis piernas no quieren.
Quiero gritar, pero no puedo.
Se acerca a mi, cuchillo en alto.
Le suplico, por mi vida le ruego.
No surge efecto, levanta ese arma.
Le llamo hijo de puta, y parece parar.
Decido mirarlo a los ojos
voy a morir, pero no me va a humillar.
—Normalmente mis clientes me la clavan las rápido—
Rie y vuelve a levantar el filo.
—¿Solamente eso? Las he visto mas grandes, créeme—.
Creo oir una profunda risa, pero de repente siento frío.
Me clava el cuchillo en la garganta.
Pongo las manos, intentando evitar que la sangre emane.
Mis ojos se abren , mi pupila se dilata.
Sigo viva, y el cabronazo hunde el cuchillo en mi carne.
Rápida aquí es la justicia
Él es abogado, jurado, y el único juez
No hay que alargar ningún juicio
porque es la sentencia lo que desea otra vez.
Le miro a los ojos, el sonríe.
El único cliente que no me mete la polla es el que me mata.
Yo también sonrío, la ironía me puede.
Prefiero eso a llorar, mientras la muerte me ata.
Jack, víbora humana,
al menos fóllame, si eres hombre.
Puto enfermo que no me goza
En el infierno te espero, y allí, allí no te escondes.