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Historia 50098 — capítulo 2
Los días llegaron, y pasaron, tranquilos.
Volvía a ser la misma, después de tanto. Pero algo había cambiado en mi, lo sabía...ya no era la misma Lauren.
Mi mirada, de un tono verde oscuro, solía estar ausente, y no pasaba tanto tiempo con mis amigos como antes. De repente, necesitaba marcharme y estar un rato sola. Ellos empezaron a acostumbrarse a mi nueva yo, como una sombra silenciosa.
Con un libro bajo el brazo y el Ipod en el bolsillo, comencé a correr. ¡No podía llegar tarde! Sin mirar por dónde iba, chocó con un niño pequeño y éste cayó al suelo. Tendría unos seis años, era de piel pálida, cabello castaño y unos enormes ojos almendrado y marrones que se llenaron de lágrimas.
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¿Qué ha pasado? ¡David!- Oí una voz conocida a mis espaldas. Era James, que se acercaba corriendo.
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¡Lo siento muchísimo! Iba corriendo, me choqué con él...y se cayó. No quería hacerle daño.-me disculpé repetidamente, y James me miró con una sonrisa, lo que quería decir que me perdonaba y dejara de exagerar. Se acercó una profesora y se arrodilló junto al pequeño.
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¿Con quién hablas, David? ¿Esta chica se está metiendo contigo?- sin dar tiempo a contestar al niño, la mujer me dirigió una mirada envenenada.
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No, "sedoñita". Me he "chdocado" con "edta" chica, y se "edtá" disculpando.-la monitora, con un gesto de asentimiento, se marchó.
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¿Conoces al niño?- le pregunté a James, que asintió con la cabeza.
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Mi primo.
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David, tranquilo, está aquí tu primo James. No ha sido nada.-con la voz más dulce que pude poner, le sonreí falsamente al pequeño. No me gustan los niños. De repente, su rostro redondeado se fijó en James y palideció aún más.
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Se encontrará mal...ahora viene la profesora. Bueno, Lau...¿Nos vamos?- me empezaba a dar cuenta de que la voz de James tenía un efecto tranquilizador sobre mí, me levanté y le seguí.
Repetimos lo mismo, escuchamos música, comentamos los últimos libros que habíamos leído (también amaba leer, como yo) y las últimas películas (tenía los mismos gustos que yo en casi todo).
James pasó su brazo por mis hombros. Era cálido, y tenía un brazo fuerte. Jugaba a fútbol de defensa, eso lo sabía. Acurruqué mi cuerpo junto al suyo, y él sonrió y me abrazó más aún.Mi rostro debió adquirir un tono carmesí oscuro, casi granate, porque de sus labios se escapó una risa suave. Se colocó el auricular, y comenzamos a canturrear a dúo.
Me sentía completamente aislada junto a él. Como si nada a nuestro alrededor existiera, y los curiosos y las crías no chismorrearan al vernos. No me importaba lo más mínimo. De pronto, vi tres siluetas que al acercarse identifiqué como Álvaro, Mery y Anne.
Sus rostros eran de lo más cómico. Anne estaba boquiabierta, Álvaro se esforzaba por no soltar una carcajada nerviosa y Mery, la más sensata, se acercó a nosotros e intentó no mirarme alucinada.
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Hola...éste es James.-balbuceé como pude.
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Eh...encantada. Yo soy Mery, y estos son Álvaro y Anne. Bueno, Lau, no vemos luego.- Mery cogió a Anne y a Álvaro, cuyo rostro estaba empezando a adoptar un tono púrpura de aguantar la risa, y se los llevó.
Al terminar el recreo y llegar a clase, mis tres amigos me bombardearon a preguntas.
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¿Cómo se llama? ¿A qué curso va? ¿Desde cuándo estáis juntos? ¿Por qué no nos has dicho nada? ¿Saca buenas notas? ¿Juega al fútbol?...- Anne comenzó a acribillarme tan rápidamente que no me daba tiempo a contestar. Álvaro le tapó la boca con una mano, divertido.
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Paso a paso, Anne. Se llama James Grapevine, va a octavo, sí, saca buenas notas, juega al fútbol, y lo más importante. Es mi amigo, sólo un amigo, y repito, A-MI-GO. No os he dicho nada...pues porque pensaríais que es mi novio.
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Lau, estabais abrazados. ¿Qué relación tienes tú con tus amigos?- añadió Mery con las cejas levantadas y con un tono de voz que quería decir: es lo más evidente del mundo...
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No es mi amigo...digo, es mi novio, ¡Quiero decir, es mi amigo!- los nervios no me dejaban seguir hablando, y la lengua se me trababa, enredándoseme las palabras.
Los tres a la vez iban a replicar, pero por suerte sonó la campana que indicaba el inicio de las clases y el profesor entró en el aula.
Suspiré, por fin tranquilidad.
Ahora sólo había que esperar a que el día terminase para poder deshacerme de las insinuaciones de mis amigos, recordar, pensar y hablar con James sin que nadie me mirara escéptico.
Esa misma tarde, me llamó por teléfono a mi casa.
Cuando terminé mi conversación, que duró cerca de una hora, mi madre me observó como ahora lo hacían todos. Una mezcla de diversión, escepticismo y preocupación.
Me daba exactamente igual lo que pensara, mientras la hermosa voz de James y sus ojos azules siguieran siendo, aunque fuera un poco, míos.