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Historia 50098 — capítulo 3

Amaneció gris, nublado, pero sin que llegara a llover. Esbocé una sonrisa, me gustaban los días así, algo melancólicos, de otoño. Al elevar la mirada al cielo, los ojos azules de James decidieron pasar por mi hilo de pensamientos, de nuevo.

Mi madre estaba empezando a preocuparse. Últimamente, estaba distraída y torpe, como en continuo trance. Pero no me importaba, no mientras pudiera refugiarme en mi tanquilo silencio interior, en que podía replegarme a recordar y pensar en James sin que nada ni nadie pudiera impedirlo.

Las clases, que se me antojaron tediosas, terminaron con lentitud, y cuando el salvador timbre sonó, escapé del aula con ansia. Fuera, me esperaba Mery.

No iba sola, y eso me extrañó. Me acerqué con precaución, y observé detalladamente a su acompañante. Era un chico de unos quince años, de ojos verdes, cabello largo y negro, rostro pálido y ropas estilo heavy. Como no acostumbraba a juzgar a las personas sin conocerlas, sonreí educadamente.

  • Hola, Mery.

  • Euh...ho, hola, Lau.-mi amiga estaba visiblemente nerviosa, y adiviné que se trataba del chico que estaba a su lado.

  • Yo soy Juan...el....¿No se lo has dicho, Blackie?- y con un brazo rodeó la cintura de Mery, cuyo rostro se sonrojó y correspondió a su abrazo. Yo hacía tiempo que me había dado cuenta del enamoramiento de mi amiga, pero callé, como siempre.

  • Lau...Juan es mi novio.-su voz vibraba de ilusión, y sus ojos estaban a punto de derramar lágrimas de alegría. La abracé con fuerza, realmente me alegraba por ella...

  • Bueno, chicas, tengo que irme...estoy castigado.-sonrió con timidez, rozó sus labios con los de Mery y se marchó.

  • ¿A qué curso va?-pregunté, extrañada. Había ido por el pasillo de octavo, aunque parecía tener catorce o quince años.

  • A octavo, pero ha repetido dos veces. A mis padres no les hace ninguna gracia que salga con un heavy repetidor, pero yo lo amo.-suspiré, incómoda. No pude evitar imaginar la reacción de mi madre si apareciera con un chico como Juan, pero pronto la imagen del moreno se desdibujó para formar la de un joven rubio de hermosos ojos azules...

Sacudí violentamente la cabeza para borrar la maravillosa película que mi cerebro retorcido dirigía.

  • Estoy tan feliz, lo quiero tanto... ¿Lau?-yo no la escuchaba, y Mery sonrió, divertida.- Sí...por cierto, he hablado con tu amigo James y me ha dicho que está enamorado de ti y que vayas a verle para casarse contigo.

  • ¿¡Cóoomo¡?- dentro de mí, la vergüenza comenzó a pelear con la felicidad repentina, saliendo vencedora la extrañeza.

  • ¡Es broma! Estabas embobada, y eso te ha sacado de tu "empanamiento".- me reí sin ganas ante aquella broma desprovista de chiste. Una sensación de decepción profunda cayó en mi estómago, y un frío extraño me recorrió. Me había dolido, me había molestado, y lo que era peor...me había desilusionado.

 Sonreía con falsedad mientras observaba con una amargura que llevaba por dentro cómo los amantes, Juan y Mery, se miraban y besaban, felices.

Me alegraba por ellos, pero en el fondo...

En el fondo, deseaba estar en esa situación...con alguien.

Con él, con James...y mi propio anhelo me asustaba terriblemente.

Apareció con sus andares de cisne, tan sutiles, tan suaves, como las ondas doradas que la luz del sol lograba arrancar de su cabello.

Su ojos de aguamarina chispeaban, alegres, y sus labios sonrosados me sonrieron y saludaron...

Cómo adoraba cada uno de sus gestos.

Dentro de mí, podía admitirlo.

  • ¡Hola, Lau! Te he estado buscando...no te encontraba.-comentó James, con su voz suave y bien modulada. Juan puso una mueca burlona...me di cuenta al instante. Alguna vez, ahora que lo pensaba, les había visto discutir en el recreo en años anteriores. Eso me preocupó. Ellos no se llevaban bien.

  • ¿Tienes novia, Grapevine?- inquirió el del negro, con ambas cejas levantadas.

  • ¿Y a ti qué demonios te importa, imbécil?- su reacción me asustó. Yo sólo había visto a James como un chico tranquilo, educado y de buenas notas.

  • Lo que me importa, pequeñín...y por tu reacción, veo que sí tienes novia.-esbozó una sonrisa extraña, como torcida, y pronunció lentamente, espaciando mucho las palabras.- me....alegro....por...ti.

Mery farfulló una disculpa que no hice caso y se marchó. Yo sabía que Juan era una buena persona, pero...¿Por qué James había reaccionado con tanta agresividad? ¿Qué razón había para que esos dos se odiaran?

Cuando desaparecieron, el rostro del rubio se relajó y sonrió, antes contraído en una expresión de furia. No, no era furia, era más que eso...era verdadero odio.

James, ya tranquilo, me acarició con su mirada azulada y nos sentamos en nuestro árbol. Se trataba de un enorme roble, en el bosque que se encontraba justo al lado del colegio y al que nos dejaban ir en el recreo de la tarde. Estaba en lo más profundo de la arboleda, y era un árbol antiguo y de gruesas raíces. Saqué mi Ipod, que habíamos cargado con nuestra música favorita.

El día anterior James me lo había pedido prestado para introducir un par de canciones.

  • Cierra los ojos.-me instó, y obedecí. Noté cómo me colocaba un auricular en la oreja, y pronto comenzaron a sonar unas suaves y dulces notas de piano combinadas con una guitarra y una voz grave y hermosa.

  • ¿Qué...?- iba a hablar, pero James colocó su dedo índice sobre mis labios. Ya me había acostumbrado a ese tacto tan extraño suyo, leve y casi etéreo, e incluso me gustaba ese raro cosquilleo que me producía. Él estaba impidiendo que quebrara ese mágico silencio.

  • Decembers, de Hawthorne Heights...es una canción tan especial...muy suave, bajita, pero dulce...es casi desconocida, porque sólo la publicaron en la primera edición de su disco. Después, la quitaron.- oí su voz en mi oído, ya que mis ojos seguían cerrados, pero imaginaba sus ojos azules mirándome como solían hacerlo. Y era cierto, era un tema hermoso...

Cuando terminó, James apagó el Ipod y abrí los ojos.

  • Quería que la escucharas...- susurró. Sonreí, en el preciso momento en que, a lo lejos, sonaba la campana que indicaba que había que regresar a las aulas. Nos despedimos, y en las clases siguientes, estuve absolutamente ausente.

Pensando en esa tarde maravillosa.

Y supe que la canción, suave y dulce, de Decembers, no iba a olvidarla. Nunca.