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Mi maestra — capítulo 4
Hermione inspiraba, mirando el frío ambiente de Hogwarts, en cuanto a que mazmorras hablara. Por supuesto, ignoraba la razón por la cual al profesor Snape, le gustaba vivir en esas condiciones casi infrahumanas. Bueno, a ella le parecían eso.
Con mucho frío, se introdujo en la cama del profesor. Tenía su aroma y sinceramente, no estaba nada mal, el decorado. Las sábanas negras, sintió muchas cosas gracias a ellas. Imaginó la vida del profesor Snape.
Nada fácil.
Con una sonrisa suave, ladeó su cuerpo hacia la derecha, cobijada por aquellas sábanas negras, cobertores grises y verdes. Todo era tan Snape, que se soprendía de ello. Suspiró. Su aroma masculino, llenaba sus fosas nasales.
Sería dificultoso, dormir allí.
-
¿Granger, siendo jefa de Slytherin?- dijo Snape con mucha paciencia- si no pueden ser dominador por Minerva, dudo que lo sean, por ella.
-
Hará un gran trabajo, lo sé- dijo el anciano director y Snape, se permitió discernir. Mientras pensaba, llegó a su mente, el asunto de Lucius malfoy y su entrada a la Orden del Fénix.
-
¿Qué piensas de ello?- confesó Snape, con cierto recelo. Al señor tenebroso no le agradará saberlo.
-
No tiene por qué enterarse.
-
Si la información no se filtra. No tendría por qué.
Hermione meditaba en la cama. Intentaba dormir, pero de solo pensar en todo lo que tenía que hacer y trabajar, para convencer a los Slytherins. Por supuesto, eso no sería sencillo, eso no significaría un corto esfuerzo.
Tenía mucho qué hacer.
Severus miraba a su alrededor, en la enorme mansión Malfoy. Narcisa estaba en el sofá, nerviosa, pensativa. Caminó hasta sentarse a su lado y la miró.
Entendía por lo que estaba pasando. Por supuesto, pertenecer a la orden y luego, mentirle a su señor oscuro, no era sencillo.
Pero tenía una comisión que dar. Tenía que ayudar. Después de todo, Draco era solo un niño y comprendía que no podía ir a guerra, tan calmo.
Tenían que evitarlo a toda costa y necesitaban unirse, para eso.
Narcisa ladeó la cabeza hacia él e inspiró, Snape hizo un curioso gesto con el rostro. Como si dudara de algo que quisiera decir.
-
Todo va a terinar bien.
-
Para ti, que sabes mentir muy bien con tu Oclumancia. ¿Qué quedará para nosotros?
-
Te ayudaré.
-
¿Cuánto?
-
Lo que necesites, narcisa. Sabes muy bien, que mi amistad con Lucius.
-
Tu amistad con Lucius, tiene un límite. Tiene una puerta.
-
Aún así, no pienso dejar a Draco. No podría, dejarlo a la deriva.
Narcisa guardó silencio, mientras Severus hablaba acerca del tema. Que ella pudiera saber, no podía decirlo. Inspiró una vez más y lo miró en silencio.
Iba a ser un plan, muy complicado. Lucius arriesgaba demasiado. En realidad, ponía muchas cosas en riesgo y ella, comenzaba a acobardarse.
Comenzaba a creer que el destino, le cerraría sus puertas.
Pero eso estaba sellado, desde que todo había comenzado.
- No permitiré, que Granger me diga qué hacer- dijo Draco, en medio de la sala común. Los demás, asintieron a su llamado.
Debían tramar un plan, una intentona. Con una sonrisa maliciosa, Draco pensaba cómo terminar de raíz, con el mal. Con Hermione Granger y su "mandato". Por supuesto, tenían que evitar las evidencias. Evitar ser culpados de algo que podían hacer silenciosamente.
Hermione vería sus peores pesadillas. Estaban seguros de lograrlo.
-
Me preocupa Hermione- dijo Ron y Ginny negó con la cabeza.
-
Estará bien, según sus propias palabras.
-
Todo ese poder, se le subirá a la cabeza- se quejó Ron y Harry inspiró.
Esperaba que no. Pero no sabía por qué sentía, que estaban teniendo más problemas con ella, que con el mismísimo Snape.