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Historia 50579 — capítulo 4
Subí por aquellas delicadas escaleras y entré a su habitación. Cada detalle era elegante, pero su simple presencia cambiaba todo color a blanco y negro. Tiré la maleta sobre la cama y coloqué en ella toda la ropa que se encontraba dentro del armario y me pertenecía. Al ver la foto que descansaba sobre su mesita de luz una oleada de dolor invadió todo mi cuerpo. La lancé al otro lado de la habitación y luego corrí hacia ella para pisarla. Dejé caer un par de lágrimas mientras me sentaba sobre la cama. Aún recordaba cada palabra que había desprendido de su boca. Cada caricia que había recibido con amor.
—¿Qué sucede, amor? —preguntó al entrar, con aquel aire de superioridad que le caracterizaba.
Me puse de pie y me acerqué a él para luego gritar a los cuatro vientos:
—¡Tú no eres para mí!