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Historia 50579 — capítulo 5
Le miré de soslayo y me arrepentí. Me miraba con aquellos ojos inexpresivos que solían abrumarme. Desvié la mirada violentamente y luego me colgué al hombro la mochila para desaparecer entre la cafetería llena de alumnos.
Al llegar al jardín de aquella escuela a la cual me encontraría atada durante tres años más un chico de cabello cobrizo y de ojos marrones inexpresivos se acercó a mí a paso ligero y se detuvo frente a mí, impidiéndome el paso. Tomó mis manos entre las suyas y susurró en un grito ahogado:
— ¡Regálame un beso!
Acaricié su rostro suavemente y acerqué mi rostro al suyo, presionando levemente sus labios.