← Looking for Alicia · de
Looking for Alicia — capítulo 11
Capítulo 11: Tentaciones
Abrió los ojos lentamente. Todo estaba muy oscuro, y le dolía mucho la cabeza. Intento levantarse y se chocó contra algo metálico, en cuanto levantó la cabeza unos centímetros.
Entonces empezó a asustarse.
¿Dónde estaba?
Intentó levantarse de nuevo, y entonces se dio cuenta de que no podía mover las manos ni los pies, los tenía atados, intentó gritar, pero un trapo en la boca se lo impedía. Desesperada, empezó a golpear contra la pared, o lo que fuera eso, los pies atados, intentando llamar la atención de alguien.
Entonces oyó unas voces y se quedó quieta, intentando escucharlas.
-Creo que se ha despertado, ¿qué hacemos?-dijo la voz de una chica, cargada de desesperación.
-Nada, tranquilízate, ella está atada, no va a escaparse.-respondió otra voz que le sonaba mucho.
¡Allen!
Entonces empezó a recordar todo lo que había pasado. ¡Allen la había secuestrado!
Pero, ¿Por qué? Ella no le había hecho nada, sino que había sido al contrario.
Siguió revolviéndose y golpeando al coche, hasta que ya no pudo más. Respirando entrecortadamente respiró hondo, hacía mucho calor, y casi no podía respirar bien.
En ese momento, sintió como el coche paraba.
-Tengo que irme, mis padres estarán preocupados, y no quiero ser la primera sospechosa de la policía.-dijo la chica.
-Vale, yo me quedaré con ella, solamente necesito comida para los dos, ni siquiera necesito que vengas todos los días.-respondió Allen.
-Pero, ¿qué vas a hacer con ella?-preguntó la chica de nuevo, un poco preocupada.
-¿La odias?-preguntó Allen, sin responderla.
-Si.-respondió ella muy convencida.
-Bien, pues entonces no tienes de que preocuparte.-respondió el chico.
Después de esa conversación, hubo un silencio, seguido de unos pasos que se acercaban cada vez más a ella. Oyó el cerrojo y la puerta del maletero del coche se abrió.
-Buenos días, angelito, ¿ya te has despertado?
Alicia rechinó los dientes al oírle llamarla así, era un apodo que odiaba, y más si venía de él. Si hubiera podido gritar, lo habría hecho.
Allen la cogió del brazo y la sacó del coche, cogiéndola en brazos, mientras ella se revolvía.
-Hoy estás peleona.-comentó Allen, con esfuerzo, intentando no dejarla caer.-Si te quito la mordaza, ¿te quedas quietecita?
Alicia asintió, tenía la boca seca y pastosa. Allen la quitó el pañuelo de la boca.
-¿Mejor?-dijo con esa sonrisa estúpida.
-Te odio.-masculló Alicia.-No sé por qué haces esto, pero vas a arrepentirte, la policía va a enterarse, y mis padres, irás a la cárcel, y después de todo lo que has hecho, seguro que te condenarán a cadena perpetua, o peor, te condenarán a muerte.
Allen puso los ojos en blanco, y a pesar de que Alicia intentó evitarlo, la amordazó, y entró en la casa.
Soltó a la chica, que cayó al suelo ruidosamente, y lanzó un grito ahogado por la mordaza. Detrás de ella oyó como Allen cerraba la puerta con llave.
-Ahora estamos solos tu yo, muy lejos de tu casa, en medio del bosque, donde nadie oirá nada, y donde si escapas, jamás lograrás encontrar el camino a tu casa.-advirtió Allen amenazadoramente.
Alicia empezó a llorar. No entendía nada, sólo quería irse a su casa con sus padres y Alexia.
-Shh, no llores angelito, te acostumbrarás pronto.-dijo el chico, desatándola.
-Por favor Allen, y-yo no he hecho nada…llévame a mi casa, por favor.-suplicó Alicia, sin poder parar de llorar, en cuanto Allen le quitó la mordaza.
-Sería tonto si te soltara, se lo dirías a la policía y acabaré en la cárcel.-dijo él con una sonrisa, cogiéndola del brazo y llevándola hasta una cama, que estaba en un extremo de la habitación. La empujó, y la chica cayó en la cama. La agarró del pie, y antes de que pudiera evitarlo, encadenó sus pies a una cadena bastante larga, que acababa en una de las patas de la cama.
-No se lo diré, te lo juro.-dijo Alicia, intentando convencerle.
-Ya…eso fue lo que dijiste la primera vez que te vendí la coca, pero se lo dijiste a mi hermano, zorra mentirosa, por tu culpa mi hermano ha dejado de hablarme.-dijo Allen con los dientes apretados.
-Así que es por eso, ¿no? Es por James.-dijo ella muy seria.
-Mi hermano sólo es una de las causas. Pero me dolió que James no me creyera, tú le dijiste que yo te enganché, me echó toda la culpa a mí, pero eras tú la que venías a mi suplicando que te vendiera algo.-replicó el chico con dureza.
-¡Pero es la verdad! ¡tu me enganchaste!-chilló Alicia.
-Pero lo has dejado, ¿no? Estás completamente desenganchada, según me dijo mi hermano.-dijo el chico con una sonrisa, al ver el asentimiento de ella, acentuó su sonrisa, y metió la mano en el bolsillo, sacando una bolsita con un polvo blanco.-Así que si te dejo esto a tu alcance, no pasará nada, ni siquiera lo tocarás, ¿verdad?
Alicia contempló el polvo unos segundos, antes de volver a posar la mirada en los ojos oscuros de Allen, tan parecidos a los de James.
-No me hagas esto.-dijo Alicia, en tono de súplica.
-Mientras no me des problemas, no haré nada.-dijo el chico, dejando flotando en el aire la amenaza.
Los dos se quedaron en silencio, mientras Allen revisaba todos los lugares por donde podía escapar, y ponía a su alcance las cosas más básicas, ya que la cadena que la ataba a la cama, la permitía andar unos metros, no muchos, pero era mejor que nada.
Alicia no dijo nada a pesar de la rabia que sentía, pero cuando vio que el chico ponía un orinal al lado de la cama, sintió como la rabia que tenía en su interior, bullía.
-¡Puede que me hayas secuestrado, pero esto no te lo permito! No voy a usar un orinal, me niego completamente, es un ataque contra mi orgullo y dignidad.-chilló ella.
-Aquí no hay baño, angelito, tendríamos que salir al bosque cada vez que tengas una urgencia, y no soy tan tonto como para liberarte.-respondió Allen con una sonrisa, abriendo la puerta de la nevera, y cogiendo una lata de cerveza.-¿Quieres algo?
Alicia negó con la cabeza, prefería morir de hambre, así él tendría que devolverla a su casa, o por lo menos llevarla a un hospital, aunque todavía no sabía con seguridad si Allen la iba a hacerla daño, como le había dicho varias veces en sus amenazas, cuando ella no había pagado el dinero que le debía al comprar la droga.
Allen se tumbó en la cama donde ella estaba, y encendió la televisión.
-Vamos a ver las interesantes teorías de la policía, supongo que a esta hora ya tendrán un sospechoso.-dijo Allen con una sonrisa, acariciando la mejilla de Alicia, que ni le miró.
Buenas tardes, hoy estamos en Cambridge, un pueblo de Londres, donde hace dos días una familia denunció la desaparición de una de sus hijas, Alicia Jacques, una chica de 16 años que desapareció el lunes por la mañana.
Alicia salió de casa después de recibir el mensaje de un amigo, del que no sabemos el nombre, y nunca volvió a su casa.
Hace unas horas, se ha avanzado unos pasos en la investigación sobre la investigación de la pequeña.
La policía ha encontrado en el coche del novio de la desaparecido, James Slander, el bolso, que la familia ha reconocido como el de Alicia, y unos rastros de sangre, que según la policía científica, coincide con la sangre de la menor.
En este momento, James Slander ha sido detenido sin fianza, y esta tarde tomará declaración.
*-*James…-susurró Alicia con los ojos llenos de lágrimas.-No pueden culparlo a él, seguramente que en cuanto hablen con Alexia les dirá que James me quería y que jamás me haría daño.
-Lo dudo angelito, a los ojos de todos James, es el culpable.