¡Aléjate sangre sucia! — capítulo 3
Hermione intentaba adaptarse al mundo en el que vivía y Draco, intentaba mover un vaso de la mesa. Sin embargo, ninguno de los dos obtenía eso que deseaba. Inspiró en silencio y ladeó la cabeza hacia Hermione.
Por supuesto, ella estaba en peores condiciones. Hermione ni siquiera podía ver. Por más que lo intentaba, no percibía el sonido y terminaba dirigiéndose al lugar equivocado.
- Granger, el sofá esta a su lado.- la miró tocar el aire- no, al otro lado.
Hermione puso su mano sobre él y cuando estuvo segura de que podía sentarse, se dejó caer pesadamente. Mientras estaba allí, trató de percibir los sonidos que estaban a su alrededor. Draco continuó intentando mover el vaso.
No, sus poderes no funcionaban. Inspiró y ladeó la cabeza. Hermione trataba de descubrir, si lo que tenía a su lado, era un cojín.
-
Granger, esa es mi mano- le dijo él y Hermione apartó sus manos.
-
¡Detesto tanto, no poder ver!- le dijo, moviendo sus manos alrededor del brazo de Draco. Ni siquiera sé, ni lo que son la mitad de la cosas que toco.
-
Pues, ese es mi brazo y esa, es mi cara- dijo cuando ella sentía los delgados y suaves labios del muchacho.
-
Perdón. Lo siento.
Quiso moverse, pero resbaló. Draco se inclinó para tomar su brazo y levantarla de aquel sofá. Tomó el bastón y en poco tiempo, tuvo ideas en su mente. Escondérselo. No volvérselo a dar, para mirarla caer una y otra vez.
Pero su cerebro no le permitió hacer un proceso metacognitivo, un proceso de razonamiento. Severus Snape aparecía desde la chimenea. Se limpió las cenizas de su hombro y los miró a ambos. Sentados y sin hacer nada mejor.
Le daban lástima.
-
Aquí están los libros en el código Braile. Para ciegos- dijo, soltando varios libros sobre la mesa de té- un único invento muggle, que podemos decir que funciona.
-
¿Profesor Snape?
-
Sí, Granger.
-
¿Y cómo se supone, que voy a leer con esto?
-
Draco puede enseñarle.
-
¿¡Yo!? ¡Pero si no sé nada de eso!
-
Tienes mucho tiempo libre ¿O no?- le dijo Snape y Draco, quiso quejarse. negó con la cabeza y el muchacho no tuvo otra opción que aceptarlo. Con una inspiración lenta, Hermione intentó tomar el libro, pero no lo alcanzaba- dáselo, Draco.
Pero Draco, no le hizo caso. Severus arqueó una ceja y se inclinó, para tomar el libro por su cuenta. Suspirando una vez más, Hermione lo abrió y puso sus manos sobre las letras.
Estaban en relieve, sus yemas podían sentir las letras en él. Sin embargo, iba a necesitar más que sentir, para saber qué significaba cada cosa.
Draco supuso que tenía que explicárselo. Estaba encerrado, confundido y enojado. Era capaz de pelear con todo aquello que encontrara.
Y a quién encontrara.
Al poco tiempo, intentaba explicarle el código Braile y trataba de hacérselo saber, de forma rápida. Sin embargo, Hermione, era algo torpe.
Bueno, estaba ciega.
-
La "A", es esta- dijo y desgraciadamente para él, tuvo que tomar su mano y guiarla hasta la letra. ¿Puedes reconocerla?
-
A...- dijo ella- y esta es la...¿C?
-
No, esa es la D. La D.
Antes de que la lección continuara, Hermione se había dormido. Draco había bajado el libro y al notar que se había dormido en una posición que lo comprometía a él, tuvo que quedarse allí, sin moverse. Negó con la cabeza y la miró. Sostenía en una de sus manos, un libro. Sus dedos estaban rojos y el libro, amenazaba con caerse.
Se lo quitó y lo dejó sobre la mesa de té. La miró en silencio y se preguntó, por qué estaba encerrado con ella. ¿Por qué tenía que ser él, quien tuviera que perder su magia? Al final de cuentas, él era un adepto fiel.
O eso creía ser.