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Death Note II: La leyenda del Hassassin. — capítulo 23
Capítulo 23:
Secuestro
Se acercó tentativamente hacia el escritorio del señor Wallace, quién expectante como un padre que espera que su hijo le pida permiso para salir, lo miraba atentamente bajo sus cejas canosas. Ángel, con las manos firmemente apretadas sobre su regazo, y la expresión más sincera y tranquila que pudo fabricar, aspiró una fuerte bocanada de aire para brindarse fuerzas. Quería, que sus palabras sonarán determinantes, maduras y sabias, como las de un gran guerrero. Miró a Misa de reojo, quién levanto ambos pulgares de ambas manos en un deseo de darle apoyo y desearle suerte.
Para varias, ese día había amanecido frío y nublado por unas nubes grises y pálidas, que desaparecían en el horizonte sur, convirtiéndose en un alegre y tierno cielo azul. Rayos de brillante sol amarillo caían en intervalos sobre los secos y congelados jardines del Orfanato Wammy. Se respiraba un aire frío y al mismo tiempo, refrescante y con olor a abetos. No se escuchaba ningún sonido en ese mañana, ni siquiera el dulce canto de algún pájaro, o la voz alegre de algún estudiante. Todo parecía estar sumido en un intenso silencio, tenebroso y frío como el día.
El ambiente entre los alumnos se sentía tenso, como sí cada uno de ellos estuviera preocupado y desconfiará hasta de su compañero de banca, su propio Barát. Quizás eran solo alucinaciones de Ángel, quién tenía un nuevo plan para esa tarde. Miércoles, y tendría que ir a conseguir provisiones a la ciudad de Londres. La idea de salir un poco, lo alegraba discretamente, pero tomaba esa alegría como sí no fuera de gran importancia. El verdadero motivo que lo animaba a salir era la curiosidad. Deseaba saber cómo estaban las cosas fuera de ese tipo de fortaleza impenetrable que era el orfanato. Además, desarrollaría, un nuevo plan, puesto que sentía la cercanía de Near tan cerca que casi se estremecía al pensar en él. Near estaba cerca, muy cerca, y lo sabía. Esto lo frustraba enormemente, puesto que siendo un Kira imperfecto, ser un Dios no podía ser posible. Los Dioses no cometían errores, y menos cuando algo tan pesado estaba en riesgo.
Convencer a Wallace no era fácil, o al menos eso creía Ángel. Pensó que quizás usando los argumentos correctos, lograría cumplir su primera parte del plan: evitar que el chofer pelirrojo lo acompañará a conseguir los alimentos. La compañía de Kenwood le provocaría retrasos e quizás, tendría que realizar algunas muertes innecesarias para hacerlo desaparecer. El corazón de Ángel, aún blando, no deseaba tener que matar a ningún inocente…nuevamente.
-Buen día, señor Wallace.- dijo, en un tono formal y respetuoso. Le sonrió radiantemente.- ¿Cómo está hoy?
-Buen día, Gelsu.- respondió secamente el señor Wallace, mirándolo atentamente todavía.- Estoy muy bien, gracias por preguntar. ¿Y usted?
-Excelente, señor Wallace. Hoy estoy muy feliz, y déjeme decirle que este día luce increíble. ¿Qué es ese olor? ¡Qué perfume tan delicioso!
El señor Wallace dio un profundo suspiro y apartó sus ojos de los de Ángel, bajando la mirada. Una sonrisa involuntaria se formó en sus labios, rodeados de arrugas marcadas, pero trató de fingir seriedad.
-Y bien, joven Gelsu, ¿puedo saber por qué este día decidió estar tan halagador?- objetó, con la mirada puesta en su escritorio, ordenado a la perfección. Un olor a fragancia cara y de colección se desprendía de todas partes, como sí todos los objetos de esa habitación hubieran sido rociados con el mismo perfume. Dentro de sí, Ángel creía que el perfume era ridículamente asqueroso. Un olor dulce y embriagante, fuerte y demasiado potente para su gusto, que le impregnaba incómodamente los pulmones. Aún así, fingió una sonrisa y continúo.
-No, señor, no es nada.- se defendió con una risa traviesa.-¿No puede un alumno halagar a su maestro en un día cualquiera?
-Sí, sí puede.- corroboró a su vez el señor Wallace, frunciendo el ceño entretenido con las bromas de Ángel. Río con alegría, hace tiempo que Ángel no lo escuchaba reír. Le provocó un sentimiento de confortamiento oír a su director reír.-Pero bien, ¿qué tal sí me dice que necesita y yo la daré lo que quiera por haber hecho una espléndida actuación de cómo alegrar a un anciano?
-¡Señor Wallace!- dijo Ángel, fingiendo sorpresa. Se encogió de los hombros, con modestia.- Pero bueno, ya que insiste…hay un favorcito que yo…
-Sólo dígalo y lo tendrá…
-… ¿Podría prestarme su auto?
-Definitivamente no.- repuso el hombre con dureza. Sus ojos antes suaves se endurecieron al igual que las facciones de su cara. -Muy peligroso. No.
-¡Por favor, señor Wallace!- respondió Ángel, sintiendo la desesperanza crecer dentro de él. Trato de pensar que todo saldría bien sí era lo suficientemente hábil, y sabía que lo era.- Ya me lo ha permitido una vez, y… ¡todo salió bien! ¡Puede confiar en mí!
-Esa ocasión fue una excepción, Gelsu. Fue realizada para encontrar información sobre el Hassassin, y fueron órdenes de Near. No podemos repetir esta situación otra vez, y menos con mí auto. ¿Sabe cuánto costó la pintura? ¡Y los rines! ¡Es de colección!- dijo el señor Wallace, en un intento de defensa.- ¿Para qué quieres el auto?
-No le pido el auto, señor…- especificó Ángel. Wallace abrió la boca para replicar, pero fue interrumpido por Ángel.- Solo quiero que me permita manejarlo y qué…- Ángel se sonrojó y bajo la mirada.- Bueno, yo… sé que será raro, pero quiero estar solo con Alexei.
-¿Con Alexei?- saltó el señor Wallace, entre impresionado y temeroso.- ¿Por qué con ella? ¿Por qué solos?
Ángel no respondió, solo murmuró algunas palabras ininteligibles. Misa, a su lado, le hacía vítores festejando su gran actuación como adolescente enamorado.
-Oh.- dijo el señor Wallace, después de un rato. Su mirada parecía pérdida, y un aire de preocupación lo rodeaba totalmente.
-Desde el fin de año me he preguntado qué hacer con mi futuro, señor Wallace.- dijo Ángel, con determinación.- Siento que no he hecho lo suficiente en lo que llevó de mi vida. Perdí a mis padres, y me quedé solo. Fue un dolor muy grande, pero descubrí que ese dolor lo compartimos todos los huérfanos. Pero en especial, Alexei. Admiro a Alexei. Al principio solo me sentía una admiración a ella, pero el tiempo me hizo sentir la necesidad de ayudarla.
La mirada de Ángel se perdía en el horizonte, a través de la ventana que resplandecía una luz grisácea detrás del señor Wallace. Sus dedos jugueteaban sobre su regazo, como si estuviera nervioso. Sentía la mirada del señor Wallace clavada sobre su rostro, como si el hombre tratará de buscar malas intenciones en el rostro del muchacho.
- Estoy enamorado de Alexei, señor Wallace.- anunció Ángel, con decisión. Su voz sonó fuerte y clara, y en sus ojos brilló una terminante luz de fuego. Misa, que contemplaba la perfecta actuación de su hijo, se tapo la boca con una mano, asombrada y orgullosa de su hijo. Especialmente, se llenaba de orgullo por la penetrante mirada que había aparecido en los ojos del chico. Ya no le pareció más un chico, un niño, sino un hombre, y no cualquier hombre: era la mirada de un hombre sabio que había alcanzado la verdadera misión de su vida. Un hombre que estaba destinado a gobernar, y gobernar de la manera correcta.-Mis sentimientos no son simplemente un amorío, yo quiero casarme con ella.
Ángel guardó silencio, esperando alguna respuesta por parte del señor Wallace, quién solamente lo continuó observando en silencio, impasible y neutro, sin decir ninguna palabra. Ángel veía como su pecho se inflaba lenta y profundamente, y el hombre parecía divagar internamente.
-Pero… no puedo.-lamentó Ángel, en un tono amargo.-Alexei se niega a ser mi amiga por lo menos, no permiten que la ayuden, ni que la traten con cariño. Es una mujer, una mujer orgullosa y con un gran complejo de mantener la cabeza y la dignidad en alto. No le gusta admitir que tiene sentimientos, pero ella y todos los que hemos podido ver algo más debajo de sus ojos fríos y su aparente tranquilidad; sabemos que Alexei siente mucho más que nosotros. Por eso decidí pedirle su ayuda y su consejo, si es posible, señor Wallace.
El señor Wallace suspiro profundamente, y alzó los ojos al cielo, mientras enarcaba las cejas con asombro. Se puso cómodo en su asiente y recargo los codos sobre el escritorio, pensativo.
-Sabía que este día llegaría.- confesó el señor Wallace, con una mirada melancólica.- Pero no creí que fuera hoy. Y no creí que fuera usted quién se enamorará de la pequeña Alexei. Me toma por sorpresa todo esto, Gelsu y… viendo que usted parece decidido a seguir con esto, deberé hablarle, no de maestro a alumno, sino de hombre a hombre.
-Se enamoró de la persona que le provocará más angustias y tristezas que nadie.- dijo el señor Wallace, pensativo.- Como bien dijo usted, Alexei es una mujer orgullosa. Ya no es una niña, pero sigue teniendo los mismo miedos que tenía cuando llegó a este orfanato. Sigue siendo temerosa y trata de ocultar sus debilidades, por orgullo. El orgullo es lo único que le queda para sentirse humana. Hoy le contaré un secreto, que no debe mencionar a nadie, y menos a Alexei misma, puesto que le prometí que no correría el rumor. Alexei viene de una familia francesa y rica, con un padre que es encantador de las puertas de su casa hacia afuera. Dentro, no era otra cosa que un hombre amargado y violento. La madre de Alexei, por su parte, estaba en el lugar equivocado. Esa mujer debió haber estado en un manicomio, en lugar de criando a sus hijos. Alexei fue víctima de gran maltrato. Muchos eventos desafortunados y tristes ocurrieron en esa casa, hasta que finalmente, la madre de Alexei se hartó. Se suicidó.- repuso el señor Wallace, con la voz débil. Los ojos, antes duros e inexpresivos,se le habían llenado de tristeza súbitamente.- Alexei contempló esto con sus propios ojos, y le afectó bastante. Alexei no puede hablar de la muerte sin enfermarse. Odia a la muerte. No podía confiar en su propia madre, por lo que no confía en nadie. Nunca se sintió…amada, por lo que no ama. De esta manera tan enorme influyen nuestras familias en nosotros, Gelsu. Nuestra familia nos da las influencias, nosotros decimos que hacer con ellas. Alexei posee gran fortaleza, aparente. Ella es débil. De hombre a hombre, te doy el consejo que me pediste: olvida a Alexei.
-¡Señor Wallace!- lo interrumpió Ángel.- ¡No podemos…no puedo hacer eso! No conocía la historia de Alexei, pero sé que podemos ayudarla. Sí nosotros no la ayudamos, nunca podrá ser feliz. Deme una oportunidad de ayudarla. Sé que puedo lograr que ella…
-Gelsu, su confianza en ti es muy grande, pero yo le insisto: no lo intente. Esto podría afectarla más de lo que…
-No lo entiende, señor Wallace.- lo acusó Ángel, cabizbajo.- Puedo hacerlo y quiero hacerlo. Y con su permiso o no, yo lo intentaré.
-¡Los sentimientos están prohibidos en esta institución!- dijo el señor Wallace, elevando la voz.- Gelsu, tú estás trabajando en una investigación, que requiere toda tu atención y…
-¡No podemos permanecer toda la eternidad sin sentir, señor Wallace!Somos humanos, y sentimos por naturaleza. Sus alumnos e incluso usted sienten. Yo siento. Siento que este es mi hogar, siento que somos una familia, y nos debemos proteger los unos a los otros. Alexei necesita nuestra ayuda, y sí no la ayudamos, le haremos lo mismo que le hizo su familia: dejarla sola.
Respiró entrecortadamente, antes de guardar silencio, y recargase lleno de pesar sobre su silla. Los ojos de Ángel chispeaban furia, y los del señor Wallace chispeaban incomprensión. No parecía creer lo que oía. El hombre suspiró profundamente, tratando de tranquilizarse, y miró a Ángel con una mirada evaluadora, antes de responder con voz serena y trémula.
-Gelsu… solo no le hagas más daño. Alexei ha sentido tanto dolor… que no quiero que sufra más. No te hagas daño a ti mismo, y no te ilusiones con ella. Quizás con perseverancia, lo logres algún día. Esperé siempre que alguien cayera bajo la dulzura de Alexei, pero no creí que tú… Pero lo hecho está hecho.- exclamó tristemente, frotándose las manos.- Confío en ti. Avisaré a Kenwood de que hoy está libre. Te prestaré la doble cabina color arena. Un rasguño, y te pongo a dormir junto al gato.
Ángel se puso de pie con un salto, y estrecho con vigor y alegría la mano del señor Wallace, mientras que una enorme sonrisa le agradecía cientos de veces. El señor Wallace le hizo entrega de las llaves. Con fervor, se despidió saltando, hasta desaparecer tras la puerta, dejándola azotar ruidosamente. Permaneció unos segundos afuera de la puerta, y escuchó la cansada pero divertida risa del señor Wallace.
Entonces, las facciones de Ángel cambiaron radicalmente. Se volvieron frías y serias, y cualquier sombra de alguna sonrisa desapareció de su rostro por completo. Se borró la aparente alegría, y solo quedó un gesto de ambición y una marca de audacia.
-Excelente actuación.- le susurro Misa, con una enorme sonrisa de orgullo. El chico soltó un bufido desdeñoso.- ¡El viejito se la creyó toda!
-Esa era la intención.- murmuro Ángel, sin apenas abrir la boca, deslizándose por los pasillos vacíos del Orfanato. Todos debían estar desayunando en el comedor. A Ángel le llegó el lejano aroma de carne picosa y huevos revueltos.
-¿Cuántas de las cosas que dijiste sobre Alexei eran verdad?- preguntó Misa con una sonrisa picarona. Ángel, prefirió no responder, mientras a su mente llegaba un recuento de datos sobre las palabras mencionadas por Wallace.
"Ahora tengo más oportunidades de encontrar el nombre de Alexei." Pensó. "Tengo su descripción física, su origen verdadero, Francia y no de Bélgica, y un poco de su historia familiar: una madre loca suicida, una familia rica y una padre violento. Todos ellos en Francia, aproximadamente hace dieciséis años. Alexei cuenta tener un tipo de sangre especial, único y rarísimo. Liria debería encontrar algo con ello." Ángel buscó en su mente algún recuerdo que pudiera encontrar sobre esas características. Pero su mente no encontró nada, ni siquiera una intuición.
-Misa.- llamó Ángel.-Ve a contar a Liria todo lo que escuchaste sobre Alexei. Dile que quiero que investigue todo lo que pueda con esos nuevos datos. Discreto y en silencio, como siempre. Te veo en quince minutos en los jardines frontales, para dirigirnos a Londres.
-¡Será un placer! Paso uno del plan, listo… ¡vamos por lo que sigue!- Ángel la vio alejarse, volando rápidamente. Suspiró, tratando de tranquilizarse. Se guardó las manos en los bolsillos, y se echó a andar hacia los jardines, con paso lento y pensativo. Llegó, después de unos minutos de caminar lento, al lugar dónde los autos estaban estacionados. Miró con esperanza el flameante vehículo rojo, pero suspiró con decepción, al recordar que manejaría el vehículo color arena, el cual era mucho menos impresionante que el deportivo rojo. Pero, al menos había cumplido la primera parte de su misión de hoy, que era conseguir el auto para él solo… y Alexei.
La buscó con la mirada, pero no vio a nadie. Se preguntó sí sería algo común en Alexei ser tan impuntual. Odiaba a la gente impuntual, pues lo consideraba una gran falta de respeto y creía que esperar era una pérdida de tiempo. Se recargó cuidadosamente por sobre una puerta del auto, y cruzó los brazos sobre el pecho. Cerró los ojos suavemente. No había podido dormir una noche completa desde la aparición de Misa, y unas oscuras ojeras habían aparecido bajo sus ojos. Supuso que esas ojeras podían indicar algo al maldito Near, por lo que se sugirió encontrar algún remedio para disimularlas, apenas regresara esa tarde al Orfanato Wammy.
Un golpecito pequeño pero doloroso le llegó sobre la cabeza, sacándolo de su relajación. Se sobresaltó, y cambio de posición inmediatamente, buscando que o quien había sido el causante del ataque, que a él le pareció un detonante para iniciar una pelea. Se puso en una posición de defensa, preparado para brindar cualquier golpe.
-¿Tan mala tienes la consciencia, idiota?- dijo una voz detrás de él. Se encontró, al volverse, con una mujer vestida con gran delicadeza y cuidado. No había prenda en su vestuario que no combinara. Al igual, todas las piezas de ropa parecían quedarle de maravilla, como sí hubieran sido fabricadas solo para ella. El cabello ondulado y negro la caía sobre los hombros, y sus labios habían sido delineados por un lápiz labial rojo brillante, sobre una piel cuidadosamente bronceada. A Ángel, la mujer se le hizo conocida, pero fue hasta que la vio esbozar una sonrisa burlona cuando la reconoció.
-¿Alexei?
-Obviamente.- masculló está, apretando los labios.- ¿Dónde está Kenwood?
-No vendrá.- respondió Ángel con una sonrisa.- ¿Qué demonios te hiciste? Pareces una mujer…, no, no. Pareces una chica, y eso es anormal.
-Retráctate, inútil. Tú no te ves muy varonil vestido así.- respondió Alexei con dureza, pero aún así, sus mejillas se sonrojaron. Ángel miró horrorizado su propio vestuario, un complemento de ropa roja llena de encajes, una peluca rubia - la cual había cortado hasta dejarla ver un poco más masculina- y una boina negra sobre la cabeza. Alexei miró a todos lados, buscando a Kenwood.- ¿Dónde está Kenwood?- repitió.
-Ya te dije que no vendrá.- insistió Ángel, en un tono aburrido.- Wallace me encargó manejar, y llevarte sana y salva a comprar las provisiones. Y eso es lo que voy a hacer, con o sin Kenwood…
-No iré.- se negó la chica, agitando la cabeza con determinación, como sí considerará la propuesta una completa locura.
-Bien, no vayas.- corroboró Ángel, sin alterarse. Miró atenta y profundamente a la chica, antes de suspirar despistadamente.- Me voy solo, pues. Nos vemos. - dijo, antes de abrir la puerta de la doble cabina y subirse en ella, cerrando tras él con fuerza. Insertó la llave en la ranura de encendido, y escuchó emocionado el sonido fuerte de los motores, como el rugido de una bestia. El ruido de la puerta del copiloto abriéndose a su lado le hizo provocar una sonrisa.- ¿Cambiaste de opinión?
-Lo que estoy haciendo es un suicidio.- respondió Alexei, como excusando su comportamiento. Evitaba mirar a toda costa los ojos de Ángel, mientras que con manos temblorosas trataba de abrocharse el cinturón de seguridad.- Subir en un auto sola con un asesino serial es un suicidio. Pero dejar a un asesino suelto en Londres es darle al Hassassin, mayor oportunidad de idear un plan para "tratar" de eliminar las sospechas que tiene Near sobre él. No permitiré que hagas ningún movimiento.
-Como digas, ¿necesitas ayuda?- preguntó Ángel, enarcando una ceja divertida, y señalando los intentos de Alexei para ponerse el cinturón. Justo en ese momento, escuchó un desafiante "click" y supo que Alexei había logrado su cometido. Pensó que Alexei era tonta, como sí creyera que un simple cinturón podría salvarla de morir. Rió entre dientes.
-¿Qué estás esperando? Arranca ya.
-Misa.- respondió Ángel, cortante. Miró por el espejo retrovisor, pero ni una señal de ella se encontraba en su campo de vista. Frunció el ceño, frustrado. Le había dicho que la esperaba en quince minutos, y seguramente ya habrían pasado más de treinta. Aunque el reloj digital en el techo del auto, indicaba que no habían pasado ni siquiera diez minutos.
-Dije que arrancarás ya.- ordenó Alexei. Su voz sonó aislada, y Ángel dedujo que estaba apretando los dientes. Bajo la vista a sus puños, y los vio cerrados con fuerza, los nudillos blancos, y los tendones saltados.- ¡Es una orden!
-Alexei. Lo mejor será que guardes silencio o… ya era hora Misa.- repuso Ángel, viendo la figura sombría que había aparecido en el reflejo del espejo retrovisor.
-¡Lo siento! Pero es que…
-Debemos irnos.- la cortó Ángel a tiempo. Él hubiera jurado que sí Misa fuera humana se hubiera sonrojado. Quitó el freno, y presionó suavemente el acelerador, sintiéndose libre, y al mismo tiempo, encarcelado en unas cuatro paredes cubiertas de cuchillos filosos. La mirada acosadora de Alexei sobre él, lo hacía sentir incómodo, observado. Aún así, mantuvo su respiración normal, y trato de evitar que su nerviosismo se notara.
Recorrían el camino pavimentado que estaba rodeado a ambos lados por el Bosque de Wammy. Después de un rato de haberlo estado observando, Alexei le dio la espalda y se giró hacia la ventana. Ángel sonrió, y recordó que él había tenido la misma reacción la semana pasada, hace siete días. Creyó que por la cabeza de Alexei pasarían grandes preguntas curiosas sobre cómo estarían las cosas en el mundo exterior ahora, despuésde muchísimos años viviendo en el encerrado y aislado orfanato.
-¿Sabes a dónde nos dirigimos, cierto?- preguntó Alexei, aún con la mirada en la ventana. Su voz sonó ahogada y apagada.
-Sí. Vamos a la calle Peace.
-¿Peace? -repitió Alexei.- Curioso nombre para una calle. ¿Sabes llegar a ella, al menos, idiota?
-Em, sí.- balbuceó Ángel. Entrecerró los ojos ligeramente.- Primero vas por…em, una calle enorme llamada Vicerrector y luego….
-¿Con "B" de vaca o con "V" de viejo?
- Depende de cómo escribas "vaca".- dedujo Ángel. Alexei suspiró a su lado.
-Yo digo que va con una "H" después de la "B"- interrumpió Misa, muy alegre. Ninguno de los dos chicos le puso atención.
-Buen punto, Hassassin.- admitió la chica. Se comportaba fríamente, y parecía realmente incómoda y nerviosa.-Lástima que no usesesos conocimientos para el bien.
-¿Te molestaría dejar de insistir en estupideces?- le soltó Ángel, su voz fue dura.- No pienso discutir contigo sobre un tema tan complicado mientras te sigas comportando como una niña que cree en el bien y el mal. Esas son tonterías, Alexei, no seas estúpida. No existe ningún héroe ni villano, ni bien ni mal, ni paraíso ni infierno. Solo existimos nosotros, y lo que nosotros hacemos es lo único que importa. Lo que para ti está bien, para otros está mal. El juicio depende de quién juzgué, y todos los que juzgan nunca tendrán una decisión igual. Porque han vivido diferentes vidas, y no todos sienten lo que tú y yo hemos sentido.
-No me compares contigo jamás.- lo interrumpió Alexei. Frunció los labios, indicando que ya la había hecho enojar. Suspiró.- Por Dios, estás loco.
-¿Loco? ¡Loco! Yo no estoy loco. Yosufrí, y yoevitaré el dolor en el mundo. Eres túla loca. Eres egoísta, y solo piensas en ti. Yo evitaré el sufrimiento. ¡Soy como un Dios! ¡Soy Dios!¡Yo lo he vivido todo, y se juzgar correctamente!
-Cállate.- le ordenó Alexei, con desdén. Su mirada seguía en la ventana, viendo los últimos árboles desaparecer, para comenzar a acercarse a la autopista que los llevaría a Londres.- Solo cállate, y cuando hayas dejado de comportarte como un niño loco que cree haber vivido el dolor; vuelve a hablarme sobre este tema tan complicado. Y jamás me llames egoísta, Matsuda, que no hay nadie en este mundo que haya sacrificado tanto por una sola persona, sabiendo que nunca me lo agradecería, y ni siquiera le importaría.
-Ay, Alexei.- río entre dientes Ángel, mascullando las palabras con asco.- No sabes lo que es el dolor.
Alexei no dijo nada más. Parecía una muñeca de porcelana, sin moverse, sin respirar, con un aire triste y hermoso al mismo tiempo. Los ojos le brillaban como si hubieran muchas lágrimas atrapadas en ellos, que no querían salir.
Ángel tampoco dijo nada más. Iba sumido en sus propios pensamientos, recordando la conversación que había tenido con Wallace esa misma mañana. Haberle inventado que estaba enamorado de Alexei, había sido la mejor decisión de su vida. Wallace era un hombre duro, pero débil, que deseaba cuidar de todos sus alumnos con gran perseverancia. Amoroso y amable, generoso y paternal; Ángel tuvo la sensación de que semejante revelación le haría hablar un poco más de Alexei. Cualquier pista pequeña hubiera sido excelente, pero Ángel había obtenido mucho más: una gran cantidad de información.
"Creo que hay más misterios en ésta chica de lo que esperaba." Lamentó. Misa, quién llevaba el viaje entero tarareando una canción en voz baja, no había dicho o hecho otra cosa. El resto del camino fue en silencio, hasta que llegaron a los bordes de Londres, donde se encontraron con una devastadora imagen.
A Ángel le pareció que Londres se encontraba más triste y desesperanzado que la última vez que lo había visitado, hace siete días. Parecía que el miércoles pasado se hubiera repetido ese día, pues todos tenían las mismas caras largas y caminaban como muertos vivientes, sin brillo en los ojos, sin alegría, sin risas ni sonrisas. Miraban con ojos cuidadosos hacia todas partes, como sí esperarán un ataque de cualquier rincón oscuro. Caras pálidas y demacradas se cruzaban con el rostro de Ángel, que a comparación de esa gente, era bronceado y alegre.
Negó con la cabeza, mientras un ardor aparecía en su estomago. Conocía bien ese sentimiento de impotencia. Cruel y fría impotencia. La sangre le hervía, y las manos le sudaban, mientras contemplaba con horror el panorama. ¿Sí así estaba el pacífico Londres, como estarían los países en guerra? ¡No! No podía permitir que las cosas siguieran siendo así. ¿Cuánto dolor habría en ese momento alrededor del mundo? Las lágrimas caídas eran interminables, incontables… ¿Cuánto dolor? No entendía porque nadie quería hacer nada. Nadie hacía nada. ¿Acaso nadie sentía nada?
Tuvo que carraspear antes de volver a hablar, pues un nudo se le había formado en la garganta por culpa de la furia.
-¿Ya lo ves, Alexei?- dijo, de pronto con voz grave y afilada, provocando que las mujeres se sobresaltarán.- ¿Ves ahora o estás ciega? Mira esa gente, míralos sufrir. Imagina como están los países en guerra. No podemos quedarnos sin ayudarlos. No podemos no hacer nada, y limitarnos a ver como esos humanos podridos destruyen nuestro mundo. No podemos permitir eso. Yo puedo quitarles ese dolor, yo puedo ayudarlos… ¡Tú puedes hacerlo! La Death Note matará a aquellos que les hacen daño a los niños, a las mujeres, a los hombres. Todos serán salvados.
Alexei no respondió nada. Ni siquiera se oía su respiración. El único indicio de que estaba viva, eran el movimientos apresurado de sus parpados, pestañeando. Parecía no creer lo que veía.
Vio de nuevo la calle Peace, después de cruzar por ese camino llamado Vicerrector. Las calles se hallaban vacías, la gente parecía tener miedo. Se encontró más rápido de lo que esperaba frente a un edificio gris, dónde antes habría estado su casa. Detuvo el auto, y lo apagó.
-¡Buenos días, señores!- dijo una alegre voz. Ángel bajo del auto y se encontró con el rostro sonriente de un chico unos cuantos años menor que él: no tendría más de dieciséis años. Tenía un cabello rubio y rizado, una mirada extrañamente infantil y madura, coloreada por unos ojos verdes. Parecía pequeño e insignificante, pero tenía gran carisma.- ¡Soy Vicent, pero pueden llamarme Vic! ¡Es un placer conocerlos!
Le estrechó la mano a Ángel, quién se limitó a sonreír y asentir.
-¡Tú debes ser Gelsu! ¿Cierto?- preguntó Vic, pero sin esperar respuesta, corrió hacia Alexei, quién acaba de aparecer al lado de Ángel con expresión de total confusión.- Ravis de vousrencontrer! Mon nom est Vic. Quel est votre nom ?
-Eh…hola.- respondió Alexei, titubeando confundida. Vic se sonrojó y le tendió la mano, la cual Alexei estrechó rápidamente.
-¡Oh, que tonto soy…! Los chicos del trabajo me dijeron que hoy vendría una francesa, y creí que serías tú… pero por lo visto no.- dijo Vic, dándose una palmada sobre la frente.- Es peligroso quedarse en las calles en estos tiempos. Será mejor que entremos rápidamente.- les recomendó, echando una mirada detectivesca hacia todos los lados de la calle. Ángel sintió como sí el chico deseará lucirse frente a ellos.
-¿Peligro?- preguntó Alexei, enarcando las cejas, mientras ella y Ángel seguían al muchacho dentro del edificio.
-Así es.- dijo Vic, con una voz varonil.- Quizás ya habrán oído sobre esto, pero desde hace unos días hay un tipo raro que se hace llamar el Hassassin. Cada hora muere alguien por un ataque al corazón.- explicó, asintiendo levemente con la cabeza.- En mi opinión, ése tipo no es la gran cosa.- replicó, quitándole importancia con un gesto en la mano.- Para mí que está loco.
-Ya somos dos que piensan lo mismo.- murmuró Alexei. Vic se giró hacia ella con una sonrisa, mientras era observado con odio por Ángel.
-Así es, señorita.- continuo Vic, feliz por la atención que recibía.-Creo que "Hassassin" es algúntipo de… grupo terrorista. Muchas personas matando cada hora.
-¿Por un ataque al corazón? - lo interrumpió Ángel, de mal humor.-No tiene lógica. ¿Cómo puedes ocasionar un ataque al corazón?
-No lo sé.- admitió el chico, aún tratando de parecer inteligente.- Una droga, tal vez. Pero, no puede ser que tantos asesinatos separados por grandes distancias, se cometan por una sola persona.
-Interesante.- repuso Alexei, con una sonrisa. Su mano se dirigió rápidamente hacia su cabello, antes de tomarse un mechón y retorcérselo.
-Por cierto, creo que no sé tú nombre…- intuyó Vic, dotado por una nueva confianza y picardía. Les abrió la puerta de una pequeña sala de espera, dónde unos serios e incómodos sillones cafés, quedaban alrededor de una mesita con tazas de té humeantes.
-Me llamo Yoko.- respondió Alexei, con un aire travieso. Vic pareció captar la broma, y le guiñó un ojo.
-¿Yoko Ono?
-No, Yoko McCartney.- terció está. Vic soltó una risita tonta. Ángel, se había sentado en silencio, y se encontraba observando con desconfianza una taza de té. No le agradaba Vic en lo más mínimo, y no tenía idea de la razón de su odio. Quizás sí conseguía el nombre completo del chico, podría escribirlo en las hojas de la Death Note que guardaba celosamente en las profundidades del bolsillo de su pantalón rojo; y así dejaría de oír a Vic reír con su risa de estúpido gorila sin cerebro.
-Bien, Gelsu, Yoko…el señor Frederick está en estos momentos ocupado, pero en un segundo los atenderá. Él nos pidió que les trajéramos este té, especialmente para ustedes. Dijo que el té rojo con cardamomo era el favorito de ustedes.
-¿Cardamomo? ¿Qué demonios es eso?- cuestionó Ángel, frunciendo el ceño. Tomó la taza de té entre sus manos, y aspiró profundamente por la nariz, para después arrugar la nariz.- Está cosa huele…
-… ¡Increíble!- lo interrumpió Alexei, sentándose y tomando una taza de té entre sus manos. Tomó un pequeño sorbo de té.- Gracias.
-Me alegra que te haya gustado, Yoko.- repuso Vic, con una gran sonrisa. Les dio la espalda, mientras salía por la puerta murmurando con singular alegría.- ¡Volveré por ustedes en un rato!
Escucharon la puerta cerrarse detrás de él, pero la voz de Vic se escuchó por un par de segundos más, gritando entre balbuceos: "¡Hey, chicos! ¡Acabo de conocer a una chica que…!" Sus gritos se vieron ahogados en los vítores entusiastas de sus compañeros.
Alexei río entre dientes, bebiendo otro sorbo de té. Ángel le dirigió una mirada penetrante, mientras enarcaba una ceja. No entendía quién demonios le había dicho al tal Frederick Vanille que su té favorito era el té rojo con ese ingrediente extraño de aroma asqueroso. Ni siquiera le gustaba el té. Odiaba el té. Pero al parecer, Alexei adoraba ese extraño té de color y olor raro. Repugnante a su parecer.
El rostro de la muchacha reflejaba alegría. Alegría sincera, pero sus ojos parecían estar ubicados muchos años atrás, perdidos en recuerdos. La mirada de Ángel no se quitaba del rostro casi siempre inexpresivo de Alexei. Pocas veces la veía sonriendo así, o riendo por cosas tan simples como las tonterías de Vic. Había algo raro en todo eso.
-¿Qué me vez?- le espetó Alexei, después de un rato. Ángel volvió su vista hacia el espantoso té.
-Nada, Alexei, nada.- dijo Ángel. Guardó silencio unos momentos, pero luego se decidió a continuar.- Quizás sí te vea algo. Te vez feliz. ¿Tiene que ver el tal Vic en esto, o me estoy perdiendo de algo?
-Te pierdes de algo, idiota.- murmuro Alexei entre dientes. Enrojeció como un tomate.- Y más vale que…que no vuelvas a hablarme así.
-¿Así? ¿Así cómo?
-Así.- terció la chica, malhumorada. Ángel recibió un golpecito amistoso en el hombre, y se sobresaltó, hasta el momento que se encontró con Misa a su lado, guiñándole un ojo. Ángel había estado tan distraído, que se había olvidado por completo de su shinigami.
-Tienes un humor demasiado delicado.- terció Ángel, con superioridad. Su voz tenía un despreciable tono de burla.-Es ese el motivo por el cual no tienes amigos, ¿no?
-El motivo por el cual no tengo amigos, es porque soy inteligente.- se defendió Alexei, apretando los dientes. Sus ojos estaban saltones, y un brillo de furioso y resentido fuego apareció en sus ojos.-Confiar en otro humano es el peor error que podrías tener. Los amigos te apuñalan por la espalda. No se puede confiar en nadie. Pero tú, más que nadie, deberías saberlo. ¿No necesita un Dios saberlo todo?
-¿Y quién dice que los amigos sirven para confiar en ellos?- masculló, esforzándose por ser lo más desagradable que pudiera.
-El mundo entero.
Guardaron silencio de nuevo, donde solo se escuchaban los gritos de los trabajadores del lugar, el ruido de los autos en la calle, y el sonido de Alexei bebiendo ruidosamente el té. Parecía causarle mucha gracia este último detalle, pues de rato en rato soltaba una carcajada corta, en voz baja, como sí le recordará a algo muy divertido. Ángel no le veía gracia alguna, por lo que se limitó a cruzar los brazos sobre el pecho y observar con expresión asesina la taza de té, que no se había atrevido a beber. De vez en cuanto, suspiraba con desesperación al oír las risitas de su compañera, o escuchando a Misa tararear ligeramente. Misa parecía tener alguna obsesión con esa canción, pues Ángel recordó que llevaba mucho tiempo tarareándola. Días enteros, quizás. La melodía era pegajosa, y en unos minutos, Ángel se encontró tarareando también.
*"*No podía confiar en su propia madre, por lo que no confía en nadie" Las palabras del señor Wallace le resonaron en la cabeza, como un eco, repetido e incesante. ¿Qué tanto daño emocional habría recibido Alexei para poder desconfiar de cualquier ser humano? A Ángel no se le ocurría nada que pudiera dejarla así de trastornada. Recordó lo poco que sabía de la historia de Alexei, y creyó que había sentido suficiente dolor como para sentirse así. Sola, perdida, desconfiada…
"Gelsu… solo no le hagas más daño. Alexei ha sentido tanto dolor… que no quiero que sufra más." El señor Wallace se había tornado dramático en ese momento. Quería proteger a Alexei. Pero, ¿para qué protegerla, sí ella se negaba a dejarse proteger, se negaba a aceptar ayuda? Era una persona fuerte, y Ángel sentía admiración por ello. Sin embargo, Alexei era un obstáculo en su camino hacia la paz.
-¡Listo!- interrumpió Vic, entrando con un arrebato de alegría. Su voz resonó en la casi silenciosa habitación.Ángel dejo de tararear, y se incorporó de un salto. Alexei decidió darle un último sorbo terminal a su té, antes de dejarlo sobre la mesilla.- Eh, no estaba envenenado ni nada, eh, Gelsu…- bromeó Vic, señalando con una cabeceada el té intacto de Ángel.
Ángel abrió la boca para responderle a Vic que se tragará su estúpido té, pero al final decidió asentir y sonreír cortésmente.
-Síganme, por favor. El señor Frederick los espera.- les indicó Vic, haciéndoles una señal con el dedo para que lo siguieran, algo que ellos hicieron rápidamente.Ángel estaba ansioso de salir de ahí, y seguir con su plan, estaba harto de esas paredes grises, ese aroma a comida enlatada y esa risa estúpida de Vic. -¡Hola Susan!- saludó alegremente Vic, a la secretaria morocha que Ángel ya había visto. La mujer le sonrió al reconocerlo, y miró a Alexei con asombre. Ángel, de reojo, vio a Alexei sonriéndole a la mujer, con un brillo extraño en los ojos.
-¡Hola Vic! Buenos días, señor…Gelsu. Y señorita…
-Yoko.- sentenció Alexei. La mujer enarcó las cejas, mirándola de arriba hacia abajo. Al parecer no entendía como una niña con apariencia de europea tuviera un nombre oriental. Al notarlo, Alexei se apresuró en agregar.- Mis padres eran fanáticos del manga…
-Oh.- respondió la mujer.- Bueno, pues estoy muy feliz de conocerte, Yoko.- repuso Susan, sonriéndoles a los tres.- Pueden pasar ya. El señor Vanille los espera.
-Gracias.- susurró Ángel, apenas audible. Avanzó hacia la puerta de la oficina del señor Vanille y la abrió, dejando pasar a Alexei primero. Notó como ella aspiraba una profunda bocanada de aire antes de entrar, como sí se estuviera tranquilizando. Ángel, enarcó las cejas, extrañado, y se obligó a recordar el detalle.
El señor Vanille estaba igual que la vez pasada. La misma mirada severa y apagada, el cabello rubio y esa sensación de encontrarse frente a alguien importante acosó a Ángel. Notó que Alexei no tenía el mismo problema, parecía estar encantada en esa habitación, plena en confianza. La chica se abalanzó hacia el escritorio, dónde el señor Vanille la esperaba con una mano tendida y una enorme sonrisa. Ambos se estrecharon las manos, mirándose a los ojos en todo momento, durante un minuto que a Ángel le pareció sacado de una película de drama. No se sintió capaz de moverse o emitir algún sonido. Solo se limitó a observar, hasta que un detalle fue captado por sus ojos.
No lo podía creer.
Sintió un nudo de emoción que le apretaba la garganta. ¿Realmente estaría en lo cierto? ¿Podía… podía estar en lo correcto? Su intuición le decía que sí, que había resuelto el misterio sobre Alexei. La razón le decía que era imposible, que había algo que no concordaba…pero, pero…
Alexei y el señor Vanille se parecían tanto.
Parecían conocersede antes. El hombre veía a Alexei con cariño, con un aire paternal. Alexei lo veía con los ojos atrapados en el pasado, como sí recordará viejos tiempos felices, dónde ella y el señor Vanille reían mientras jugaban en el jardín de su casa…
Aspiró una bocanada de aire para tranquilizarse. No, no, no. Milagros así no sucedían en la vida real.
La conmovedora escena termino, y Alexei se sentó frente al escritorio del señor Frederick. Se quedó fría e inmóvil, y surostro estaba vacío de alegría. Nuevamente, volvía a ser la demacrada e inexpresiva Alexei que Ángel conocía. El rostro del señor Vanille, se volvió rígido, incómodo, y la mano le sudaba cuando Ángel se la estrechó cortésmente. Todo parecía haber vuelto casi a la realidad.
-Y bien… ¿cómo fue su día? ¿Qué tal el viaje?- preguntó tartamudeando el señor Vanille. Miraba a Alexei, pero ella estaba enfrascada en sus propios pensamientos, mirando ceñuda su regazo. Ángel respondió por ella.
-Bien, señor, gracias. Todo fue muy normal, sin ningún accidente.
-Me alegro, me alegro…- repuso distraídamente el señor Vanille. Ángel se sintió ofendido al pensar que probablemente, el hombre ni siquiera le había puesto atención a su respuesta. -¿Qué tal les ha ido en el Orfanato?
Ángel abrió la boca para responder, pero fue interrumpido por la voz fría de Alexei, quién miraba su regazo todavía, con el ceño fruncido.
-Es un asco.- el señor Vanille la observó con los ojos desorbitados por la sorpresiva respuesta. Ángel esperó a que continuara, pero no lo hizo. Sus labios estaban sellados.
-Pues, yo creo que no es tan malo. -agregó Ángel, rompiendo un silencio tenso.-Se nos brinda buena educación, y se nos permite desarrollarnos como es debido.
-Pero no es lo mismo.- dijo tristemente el señor Vanille. La voz le sonó temblorosa, culpable. La intuición de Ángel se vio en aumento.- No es lo mismo que sí…- calló de pronto, como silenciado por una fuerza anormal. Quizás la mirada amenazante y claramente significativa de Alexei tuviera que ver en eso.
El señor Vanille cambio de tema rápidamente, preguntando por el dinero que cobraría por el servicio. Mencionó que el automóvil de Wallace ya estaba siendo llenado con las provisiones, y Ángel recordó lo desagradable que ese hombre la había parecido la última vez que lo había visto. No había cambiado esa impresión sobre él, pero ahora lo acompañaba una gran desconfianza e incertidumbre.
-Quizás es demasiado peligroso que carguen con un cheque desde el orfanato hasta aquí.- mencionó el señor Vanille, como de pasada, tomando un cheque de considerable cantidad de las manos de Ángel.- Podríamos hablar con el señor Wallace, y permitirle que deposite en nuestra cuenta de banco desde el orfanato por internet, y nosotros les enviaríamos hasta allá las provisiones. En estos tiempos, pueden ser asaltados en cualquier momento.
Ángel contuvo una sonrisa, y sintió la mano de Misa presionándole el hombro con fuerza.
-Sería más seguro, sí…pero creo que nos hace bien tomar un poco de aire nuevo. Es cansado e incluso aburrido permanecer toda tu vida en el orfanato. Además, somos los "portadores de noticias" por así decirlo.
El señor Vanille apenas levanto la mirada para observarlo mientras hablaba.
-Creí que amabas el orfanato.- masculló entre dientes Alexei. No había dicho ninguna palabra desde su llegada.
-Me gusta mucho, pero… todos necesitamos vivir en el mundo real. No podemos permanecer aislados.- respondió Ángel con total tranquilidad. Alexei bufó con descaro.
-Ya es tarde. Hay que irnos.- interrumpió Alexei. Se tomó un mechón de cabello entre los dedos, y comenzó a jugar con él. El señor Vanille la observaba anonadado.
Ángel, suspiró, y se puso de pie tranquilamente. Se despidió del señor Vanille, estrechándole la mano y agradeciéndole educadamente su repentina amabilidad. Se volvió para observar la despedida del hombre y Alexei, pero está ya se había ido azotando la puerta.
Cuando Ángel salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí, escuchó o creyó escuchar, al señor Vanille soltando un gemido.
Miró un reloj sobre la muñeca de un hombre, mientras seguía a Alexei, quién corría, hacia la salida. Eran las 2:00. Estaban justo a tiempo. Sonrió, mientras seguía corriendo tras Alexei. Tan tonta, tan inocente.
Todo iba saliendo como él había deseado. Había entretenido a Wallace con su charla, logrando tres cosas: la primera, salir más tarde lo planeado. La segunda, lograr desaparecer a Kenwood; y la tercera, conseguir información sobre Alexei, para que así Liria pudiera encontrar más fácilmente el verdadero nombre de la chica. En el camino no había habido ningún improvisto: todo había salido más que perfecto. Había obtenido una pista de la posible familiade Alexei, Frederick Vanille.
Misa le palmeó la espalda. Era el momento. Escuchó un grito agudo, pero que fue cortado con brusquedad rápidamente.
-¡Suéltala!- la voz de Vic resonó fuerte, pero temblorosa, cuando Ángel logró salir del edificio. Un hombre joven y fuerte, lleno de músculos, y de mala apariencia sostenía a Alexei. Le había tapado la boca con un trapo que había metido dentro de su boca, y en ese momento, le amarraba las manos a la chica, mientras está trataba de liberarse. Otro hombre, muy parecido al primero, apuntaba a la cabeza de la chica con una arma, que con ojos asustados, se retorcía de miedo. Había un par de amigos de Vic y Vic mismo viendo horrorizados la escena, pero ninguno era capaz de hacer nada. Estaban congelados, quizás por temor a morir o por temor a que Alexei pudiera resultar herida.
-¡No intenten nada!- gruñó el hombre con pistola.- ¡No hagan nada o la mato!
Vic estaba horrorizado. Le temblaban las manos, quizás de furia, quizás de miedo. Era el momento de Ángel para actuar.
-¡Déjala! ¡Ahora! - le grito al hombre armado, el cual lo miró con una sonrisa vacía.
-¿Y tú qué, niño bonito? ¡Aléjate ahora o la mato!
El criminal armado soltó una carcajada descarada, acercándose al rostro de Alexei, quién tenía los ojos vidriosos. Había renunciado a cualquier forcejeo, y ahora solamente respiraba profundamente.
-Voy a irme a las tres. Sí hacen cualquier movimiento…- apretó con más fuerza el arma, mirándolos con ojos traviesos y terriblemente serios.- La mato. Una…- el hombre se encorvó ligeramente, preparado para correr hacia un sucio y maltratado auto donde otro hombre esperaba listo para arrancar. Una gota de sudor descendió del rostro de Ángel, mientras
veía a Alexei respirar entrecortadamente, perdiendo el color poco a poco. Contuvo las ganas de sonreír. El señor Wallace hablaba en serio cuando decía que ella odiaba la muerte. Más que odiarla, le temía.Cruzó mirada con Vic, cuyos labios temblaban. Su piel se había puesto en un tono verdoso.- Dos…- Ángel estaba listo.- Y tres. ¡Ahora, Jack!
Todo sucedió muy rápido. El hombre, llamado Jack por el tipo del arma, no soltó a Alexei, y en lugar de eso, tiró de ella con una fuerza brutal hacia el interior del automóvil. La chica trató de oponer resistencia alguna, pero fue en vano, el musculoso hombre la manejaba como si fuera una muñeca de trapo. Se escuchó un grito corto, y sin pensarlo bien, Ángel se lanzó hacia el auto aferrándose a la puerta abierta. Entró en ella con un fácil salto, justo en el momento que el hombre al volante se preparaba sobresaltado para arrancar. Escuchó la puerta del auto cerrándose detrás de él con un portazo, y al girarse se encontró con el rostro del hombre armado, cuyos ojos estaban desorbitados de la furia. Tardó unos segundos en entender la situación: se encontraba en la parte trasera del auto, apretado entre dos enormes hombres, al lado de Alexei, quién había vuelto a tratar de retorcerse como un pajarillo atrapado en el puño de un fuerte humano.
-¡No hagas nada o te mato!- rugió el secuestrador armado a Ángel, al no ver otra opción con su nueva víctima. Le propino un golpe fuerte en el estomago con el puño cerrado. El golpe dejo sin aire a Ángel por un momento, momento que el hombre armado aprovechó para apuntarlo con la pistola.- ¡Ahora verás…!
-¡Espera, Joseph!- dijo el hombre llamado Jack, abriendo mucho los ojos.- ¡No lo mates! ¡Ese tipo es Ángel Matsuda!
-¿Ángel Matsuda?- preguntó el hombre que manejaba de reojo, mirando a Ángel, quien estaba quietoapuntado por la inquietante arma -¿El hijo de Matsuda?
-Vaya, creí que estaba muerto.- murmuró Joseph, mordiéndose un labio. Se relamió los labios con una larga lengua, como si estuviera disfrutando de una deliciosa comida.- ¿Cuánto ganaremos por él? Sí es que a alguien le interesa todavía…
Ángel dio un agresivo y violento salto, pero debido al poco espacio, termino estrellándose contra el techo del auto. Sintió un punzante dolor en la coronilla, y escuchó malhumorado las risas de sus atacantes.
-¡Alexei, Ángel! No se muevan. Manténganse tranquilos por un rato. No conviene hacer ningún movimiento, no por ahora; los superan en número y en fuerza. Están armados. Esperen un momento preciso.-les ordenó Misa, apareciendo reflejada por el espejo retrovisor. Su voz sonó calmada. Ángel y Alexei se lanzaron una mirada cómplice antes de hacer caso a Misa, pensando que era una gran idea, quizás la mejor que la shinigami hubiera tenido. Ambos se removieron incómodos en sus asientos, siento observados de reojo por el secuestrador, que sonreía, aún sosteniendo el arma con una mano.
Ángel escuchó a Alexei respirar profundamente. La miró mientras ella cerraba los ojos, y le puso una mano sobre el brazo. No sabía porque, pero tenía la necesitada de reconfortarla al menos con ese simple roce. Alexei no reacción ante el toque, y pocos minutos después, las muñecas de Ángel eran amarradas por una gruesa cuerda, tal como había amarrado a Alexei.
-Bien, niños…sus familiares tendrán que pagar un buen dinero por verlos otra vez con vida…- murmuró Joseph. Por lo que Ángel había llegado a escuchar, él era el más cruel y despiadado de los tres hombres.
Por toda señal o indicación, Ángel miró a Misa, y Alexei hizo lo mismo. La shinigami abrió los labios, pero ningún sonido salió de su boca. Finalmente, tras unos tensos segundos, Misa habló con voz fría y distante, como sí su mente estuviera perdida en otra parte.
-La Death Note…hay que usar la Death Note.
Ángel observó a Misa atentamente, y cruzó una mirada con los ojos de Alexei, que presentaban una nueva emoción, la del miedo. Ángel recordó las palabras del señor Wallace, y supo que Alexei se negaría a matar. No cualquiera tenía la fuerza para hacerlo. Ángel, por su parte, sí la tenía. Ya había matado, y no una ni dos veces, sino que cada hora, un ser que no merecía la vida, un asesino o un maleante, moría. Moría en manos de un Dios que había encontrado el verdadero significado de justicia.
Alexei negó con la cabeza discretamente, y Ángel se esforzó por contener un gemido burlón. ¿Era capaz Alexei de arriesgar su propia vida para salvar a un criminal como el hombre que los había secuestrado? ¡No lo podía creer! Debía estar loca. No se tenía ni una pizca de amor a ella misma, a su propia vida. No entendía. ¡No entendía como alguien podía decidir sufrir y morir dolorosamente, todo por salvar a un ser indigno de vivir! Matarlo sería hacerle un favor al mundo: era por el bien común.
"Toda esta gente está podrida" pensó asqueado Ángel, aún si poder creer la decisión de Alexei. "¡Todo este mundo está podrido! Son capaces de morir por gente repugnante como él… ¡Los humanos son tan…idiotas!"
-Entonces, solo queda esperar. - murmuró Misa, un tanto decepcionada. Los chicos se sorprendieron por la tranquilidad y madurez con la que hablo. Se puso ambas manos sobre el pecho, dónde debiera estar su corazón, y guardó un profundo silencio.
"No entiendo." Se repitió Ángel mentalmente. Simplemente, su cabeza no conectaba nada.
Echó un vistazo a la ventana. Se encaminaban por una calle solitaria y en mal estado, cubierta de hoyos y ensuciada por pilares de basura apestosa en cada fragmento de la acera. No había nadie en las calles, a excepción de algunos hombres de mal aspecto y barbas largas, con montó de botellas vacías y de vidrio a su alrededor. No había, a su vez, muchas tiendas, a excepción de algunos bares de pintura desgastada y con algunos dibujos obscenos en las paredes, la mayoría oscurecida por la suciedad que se les había apegado con el tiempo. Había también, una cafetería cerrada con tablones de madera sobre los vidrios rotos, y un par de casas con el mismo aspecto sucio y maloliente que tenía toda la calle. Unas mujeres vestidas indiscretamente, platicaban alegremente en una esquina, mientras los silbidos de algunos hombres las habían sonreír aún más.
Ángel sentía el peso de las páginas de la Death Note en los bolsillos. A veces tenía la sensación que las hojas de la Death Note se volvían más pesadas cuando necesitaba usarlas en alguna emergencia, como sí tuvieran vida propia y supieran lo que sucedía. Sabía que solo eran ilusiones suyas, pero seguía sintiendo esa incómoda sensación de que la Death Note le pedía que matara.
¿A dónde los llevaban? ¿Qué sería de ellos? ¿Cómo escaparían? ¿Podrían escapar? Un incómodo nudo de nervios en el estomago se apodero de él, mientras respiraba profundamente. Temía que las respuestas a sus preguntas resultarán ser un final trágico y doloroso…
Las manos le sudaban, mientras las muñecas le dolían bajo las gruesas cuerdas con las que habían sido amarradas. Trató de mover las manos un poco, pero solo logró que la cuerda se le incrustara dolorosamente en la carne.Dejo de tratar de moverlas inmediatamente, y supo que no podría liberar sus manos de esa manera. Quizás, pensó con un aire desesperanzado y melancólico, no podría liberarlas jamás.
N/A ¡Hola a todos! Perdón por la tardanza, pero seguramente ya conocen los motivos de esta: soy estudiante, estoy próxima a graduarme, y debo cumplir con la escuela antes de girarme hacia la computadora a escribir. No había podido encontrar muchos ratos libres.
Para mi mala suerte, este capítulo es larguísimo, complicadísimo, y algo diferente a lo que estoy acostumbrada a escribir. Lo edité unas cuatro veces para que quedara realista, pues no soy escritora profesional, ni siquiera soy escritora; y no quería dejarles un capítulo de horrorosa calidad. (Esperemos que este capítulo no entré en esa categoría…)
Probablemente, este capítulo se divida en dos partes, por su enorme longitud. Dejaré las teorías para la siguiente parte. Nos vemos, y gracias por su paciencia.