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Death Note II: La leyenda del Hassassin. — capítulo 25

Capítulo 24:

Lágrimas

-¿Qué demonios sucede?

Irrumpió en la habitación como lo haría un rey: la cabeza en alto, los ojos poblados a rebosar de orgullo, los pasos elegantes y la voz autoritaria. Las miradas se dirigieron hacia él automáticamente, algo que Kij disfruto como si fuera el mayor placer que pudiera obtener en la vida. Algunos murmuraron algunas respuestas por lo bajo, que sonaron como si fueran los sonidos guturales de algún cavernícola poco desarrollado. Las hermanas Ri sollozaban en silencio, abrazándose mutuamente en un rincón. Liria, estaba solo en un rincón, pensativo, con la cabeza gacha. Temblaba ligeramente. Oger jugaba ajedrez contra otro chico, tranquilo y ajeno a lo que pasara en el Orfanato. Ed y Cuer se encontraban rezagados, con los brazos cruzados sobre el pecho, gesto que habían aprendido de Alexei. Kij se preguntó porque la chica no estaría con ellos, y recordó amargamente, que era miércoles, y los miércoles Alexei y Ángel iban a comprar víveres para el orfanato. Los maldijo por lo bajo, mientras se dirigía hacia Oger con pasos rápidos y furiosos.

-¿Por qué tanto alboroto?- le dijo con rudeza. Por todo el orfanato, la gente (incluso gente que él juraba nunca haber visto en toda su vida) iba de un lado al otro, algunos llorando, otros más con cara de preocupación. El señor Wallace había tomado su auto más veloz y había salido del orfanato súbitamente, sin dar explicaciones a nadie más que a Jo; pero Kij no encontraba a Jo por ninguna parte, y nadie le daba la respuesta certera que él deseaba. Simplemente balbuceaban estupideces como "Tengo que irme", "No hay tiempo para preguntas", "No sé". Pero Kij sabía que todas esas personas mentían, porque en sus ojos había tanta preocupación por ese asunto desconocido que sus palabras no podían ser verdad.Oger no respondió, y mantuvo sus ojos fijos en el juego. Kij gruñó con desprecio.- ¡Responde!- insistió en untono más alto y brusco, en caso de que el chico no lo hubiera oído. Pero Oger se limito a ignorarlo. -¡Hermano Oger! ¡Responde!

-Gelsu y Alexei fueron secuestrados.- susurro Liria, con un hilo de voz. Kij lo miro atentamente con sus ojos rasgados, poniéndole más atención. Liria estaba ojeroso y pálido, y muy delgado. Kij se preguntó cuando demonios Liria se había vuelto así. No quedaba en su rostro rastro de felicidad o alegría, y parecía que en Liria solo existía el miedo, expresado en cada parte de su cuerpo, y una soledad inmensa y dolorosa. Liria se veía tan pequeño e insignificante, que daba lástima. Hubo por un momento, una sensación de culpa en el corazón de Kij, ¿habría sido él culpable de ese horrible estado de Liria? Quizás había sido demasiado duro con él, o quizás Liria estaba enfermo y él ni siquiera se había dado cuenta. Fuera lo que fuera, debía haber un motivo por el cual el chico se encontrara en un estado tan deplorable.

Entonces, Kij captó que era lo que Liria acababa de decir y se olvidó por completo del estado de su compañero, pues la noticia del secuestro de Gelsu y Alexei era muchísimo más interesante. Hubo un tipo de centella estallando en su pecho, y Kij se sintió aún más culpable al darse que cuenta que era un sentimiento de alegría. Secuestrados… los dos seres que le habían arrebatado todo lo que más quería. Ellos dos, que le habían quitado su sueño, un sueño que era suyo por naturaleza. Esos estúpidos entrometidos, tramposos e inferiores compañeros suyos, estaban ahora secuestrados. Y sí, por algún tipo de suerte, ellos morían, Kij podría ser el Barát de Near ¡incluso podría quitarle el puesto a Near, con su inteligencia!Por fin tendría lo que le pertenecía por derecho. Cumpliría su destino. Kij había nacido para ser grande. Sería grande.

-¿Secuestrados?- repitió, conteniendo su emoción, y fingiendo un tono de preocupación. Pero en sus ojos se veía claramente el brillo de la alegría que sentía en su corazón. Liria lo observó atentamente, con una máscara inexpresiva en su rostro. En los ojos del chico había un profundo hoyo oscuro e interminable. Un hoyo lleno de miedo. Asintió en silencio, no dijo más, y dejo su cabeza mirando hacia el suelo. - Pero… ¿cómo? ¿Por qué?

-Se los llevaron cuando estaban empacando los víveres.- explicó Oger, con la voz hueca, concentrado en su juego. Hizo a un peón moverse hacia delante antes de continuar.- Wallace llamó a Gelsu para preguntarles porque se tardaban tanto, y se encontró con que habían sido secuestrados. Jo dice que quieren dinero, o los matarán. Pero no sabe sí Wallace pueda pagar dicha cantidad.

No dijo nada más, como dando terminado el tema, pero Kij respiraba ruidosamente. ¡No lo podía creer! Habían sido secuestrados, y no había esperanzas, al menos, no muchas; de que sobrevivieran a eso. Ansioso, se sentó en la biblioteca junto a Oger, y analizó las posibilidades de que hubiera tenido tanta suerte. Por supuesto, era su destino. Todo eso había sido planeado por el destino. Y el destino no podía ser cambiado nunca.

Los últimos días habían sido una pesadilla para su ego. Veía a Gelsu y Alexei caminar arrogantemente, sintiéndose los dueños del mundo. Los observaba atentamente cuando ellos se dirigieron al bosque, seguramente para un encuentro con el famoso detective Near, fingiendo grandeza y poder. No podía evitar apretar los dientes y transformar sus puños en manos al verlos andar por los pasillos: Gelsu rodeado siempre de amigos que lo admiraban y adulaban, y Alexei con su cara de superioridad y su aura misteriosa a todo esplendor. No merecían esa fama, no eran capaces de cuidarla y usarla para el bien. Solo querían lucirse, lucir algo que ni siquiera les correspondía.

Porque era Kij el que debía de estar en su lugar. Él, Kij, que se había esforzado por muchos años para ser el Barát de Near. Él, Kij, que había esperado pacientemente para ese momento. Él, Kij, que nunca se había rendido. Él, Kij, que era el más inteligente de ese orfanato de gente tonta. Él, Kij, cuyo destino estaba escrito y solo hablaba de grandezas, riquezas y poder. No se rendiría jamás. Le daría su familia el honor que merecía.

Se había rezagado en una profunda soledad, dónde pensamientos oscuros permanecían siempre en su mente. El rencor y el odio dominaban su corazón, y se hacían con el paso de las horas y los días, más grandes. Kij sentía ese odio extrañamente placentero y reconfortante, pero necesitaba más. Quería vengarse de lo que le habían hecho. Alexei, Gelsu y el señor Wallace. El orfanato entero, apoyando a Gelsu en lugar de él. Se los demostraría, les demostraría que era capaz. Los odiaba a todos por ser tan idiotas y poco inteligentes.

Él encontraría a ese Nuevo Kira. Solo, pero lo haría. Podía hacerlo. No se detendría hasta hacerlo. Y vengaría ese rechazo por parte de todo el mundo, vengaría esa injusticia y salvaría a ese mundo.

El honor.

Anhelaba ese honor tanto como esa venganza. Solo que él llamaba a su venganza "justicia".

Los siguientes momentos le parecieron eternos. Casi podía ver a Jo entrando llorosa a la habitación avisando que Gelsu y Alexei habían muerto. Sacudió la cabeza, dándose cuenta de lo macabro que era su pensamiento. Recordó con nostalgia, aquellos tiempos que ahora parecían sueños, dónde Gelsu y él jugaban un poco de futbol o disfrutaban de una partida de ajedrez. Tiempos dónde nada estaba mal, dónde eran un equipo. Recordó aquellas risas y bromas que lo habían alegrado hace poco. No entendía cuando todo se había vuelto así de cruel. Quizás es que realmente esto era la vida, y lo que había vivido antes no había sido más que una infancia demasiado larga. Los verdaderos problemas comenzaban cuando se tenía que luchar por ser el mejor y cumplir sus sueños.

¿Realmente quería ver a Gelsu muerto? ¿A su amigo, hermano y compañero Gelsu?

"Sí" respondió firmemente una voz fría en su cabeza. Tensó el cuerpo, apretó los puños con fuerza y entorno los ojos con furia. Sí. Lo quería ver hundido. Fuera como fuera.

Era su amigo. Pero si realmente hubieran sido amigos, Gelsu no lo habría traicionado de esa manera: poniendo al orfanato entero de su lado. Haciéndose el héroe del lugar. No entendía como él, Gelsu, que era según los rumores el hijo perdido de Kira, podría haberse convertido en el sucesor de Hec, mientras que Kij, un excelente humano inteligente y de buen corazón, por no mencionar que provenía de una honorable familia china; había sido injustamente rechazado.

Pero… ¿morir? ¿Era realmente un castigo eso? ¿Ver muerto a Gelsu le traería la gloria y honor que deseaba? Morir era una palabra demasiado fuerte. Se estremeció solo de imaginarse a sí mismo muriendo. No quería morir. Casi nadie quería morir. Las gemelas Ri lloraban. ¿Llorarían si fuera Kij el secuestrado y no Gelsu?

Además, la parte más oscura del alma de Kij, pensaba que morir no sería suficiente castigo para Gelsu. En la noche, se fue a dormir con esperanza, esperando que al siguiente día, recibiera alguna noticia esperada.

Al día siguiente, en uno de sus ratos libres que decidió pasar en la biblioteca, de pronto, las puertas del lugar se abrieron estrepitosamente y por ellas entro un huérfano con el cabello rubio despeinado y la cara sonrosada de tanto correr. Todos se giraron inmediatamente hacia él, preguntándose porque hacía tanto alboroto en un momento tan melancólico, y especialmente, en una silenciosa biblioteca. Kij lo miró con interés. El chico respiraba profundamente, y se había colocado fuertemente una mano en el fato.

-¡Gel…su!Gelsu…está bien. Los…han…sal-salvado.- murmuro entre sus entrecortadas respiraciones. Y el mundo de Kij se vino abajo.Sintió que la furia ardía en su interior, cuando se puso de pie con ira y salió corriendo de la biblioteca, no sin antes cerrar las puertas de un portazo, sin importarle que su actitud llamara mucho la atención. No le importaba nada ahora. Solo esa sed de justicia que él se encargaría de llenar.

Sintió que los ojos le ardían, pues contenía lágrimas de ira.

Se había salvado ese maldito. La suerte estaba del lado de los inferiores.


Alexei despertó con el sonido de la puerta abriéndose. Se encontró con el rostro de Ángel asomándose por ella, con cara de estar haciendo una travesura. El chico se detuvo en el umbral de la puerta al verla despierta y se apresuró a comentar:

-¿Puedo pasar? No quería despertarte, solo venía a ver como estabas.

Su voz sonó amable y dulce, pero Alexei no respondió nada. Lo contempló con los ojos apagados y vidriosos desde la cama del hospital. Entonces, a su mente vino el recuerdo de la sangre regada por sus secuestradores después de morir por los disparos lanzados de los policías, unos momentos antes, y se estremeció. Estaban muertos. Y no sabía sí sentirse feliz, porque esos hombres se lo merecían, o deprimida, porque la muerte era algo que detestaba con todo su corazón. Y criminales o no, ni siquiera la policía tenía el derecho de quitarles la vida. O al menos eso creía. ¿Entonces, quién sí tenía ese derecho?

¿Cuánto tiempo había pasado? Un día, dos, tres… no lo tenía muy claro. El secuestro le había parecido eterno, casi creía que había durado quince años atrapada.

Recordó que Ángel seguía ahí. Dudó enresponderle. Estaba cansada, y los recuerdos se le venían a la cabeza constantemente, acosándola para nunca dejarla en paz. Finalmente, asintió en silencio, esperando que la presencia del chico la distrajera de sus recuerdos.

Ángel se sentó en la orilla de su cama, demasiado cerca de Alexei, al gusto de ella. La chica estuvo a punto de decirle que se moviera, pero estaba cansada y cuando abrió la boca para hablar, no salió ningún sonido. Suspiró, resignada, y trato de apartarse discretamente del chico.

-¿Estás bien?- preguntó él, en ese mismo tono afable de antes. Alexei lo miró extrañada, y deseo responderle que no. Que no estaba nada bien, porque había estado tan cerca de la muerte, su mayor miedo, que casi había podido rozar su frío con la punta de los dedos. Se estremeció solo de pensar en ello, y el corazón le latió más deprisa. Asintió, de todas formas.

Ángel la miró atentamente por unos minutos, con sus ojos rasgados. Alexei le mantuvo la mirada, tratando de buscar algún sentimiento en esos ojos. Pero Ángel parecía solo estar analizándola, quizás para descubrir si se encontraba bien o no.

Ala memoria de Alexei vinieron nuevos recuerdos, recuerdos que no había tocado en mucho tiempo. Recordó la primera vez que había conocido a Ángel, dos años atrás. Lo había visto débil, asustado, solo y estúpido, y no había podido evitar reírse de él, considerándose mucho más fuerte y poderosa. Ahora, mirando a los ojos del chico, todo había cambiado. Está vez, era Ángel quién parecía el ser dominante, con sus ojos llenos de confianza y vitalidad, su rostro autoritario y serio, aquella extraña oscuridad en su mirada. Todo él parecía estar desbordando poder y divinidad. Alexei no pudo evitar sentirse pequeña, débil e inferior. Los papeles se habían cambiado: ahora Ángel era el más fuerte entre los dos. Había tenido, por ejemplo, la fuerza necesaria para decidir matar a alguien. Algo que ella nunca había tenido y nunca podría tener.

Unos diez o nueve años atrás, Alexei habría creído tener un plan perfecto. Su sangre, única en el mundo, y la Death Note, otorgada por un poderoso shinigami, le permitirían cumplir su más profundo y desesperado deseo: revivir a los muertos. Enese entonces, se había creído digna de juzgar a aquellos que debían vivir o morir. Se había creído superior al resto de los humanos, pues todos sus planes eran perfectos y jamás cometía errores. Había aprendido a ser capaz de jugar con los sentimientos humanos, a usarlos para su beneficio. Había aprendido a controlar sus propios sentimientos, volviéndose fría e inhumana. Había preparado todo, había casi llegado al triunfo final, a su añorado poder que le traería la verdadera felicidad y entonces…

Dos años atrás había llegado Ángel. Y todo se había comenzado a arruinar. En ese entonces, él parecía manipulable. Fácil y débil, a pesar de que en sus venas corría la sangre del ser más poderoso de toda la historia. Alexei confió que él no sería problema. Tanta perfección la había vuelto soberbia, altanera y arrogante. Y ese había sido su mayor y único error. El exceso de confianza.

Ahora todo estaba caído. El antes huérfano deprimido se había convertido en un poderoso asesino. Un asesino que era valiente y perseverante, un asesino que no se detendría hasta cumplir sus objetivos. Hacer un mundo nuevo. Un mundo sin criminales, sin secuestradores, sin injusticias y sin asesinos.

Y ese asesino podría matarla. Había tenido los momentos, sí, y sin embargo, en lugar de querer hacerle daño, Ángel parecía querer salvarla. Alexei no encontraba algún motivo en específico por el cual, semanas atrás cuando encontró el cadáver de Toasen en el baño, Ángel la había llevado a la enfermería, cuando podía haberla asesinado y desaparecer sus problemas. También, ese mismo día, pudo haber permitido que los secuestradores le hicieran daño, y no lo había hecho. Incluso, sí Ángel investigaba profundamente sus raíces, podría obtener el nombre verdadero de Alexei y matarla, destruyendo la amenaza de que la chica pudiera revelar la identidad del chico. Pero no lo hacía, en apariencia. Y eso no tenía sentido.

Ángel le sonrió con cariño. Pero en sus ojos había tanta inexpresividad que Alexei no pudo evitar preguntarse si estaba hablando con el mismo Ángel que había conocido hace dos años. El rostro era el mismo, pero sus ojos y su actitud eran tan diferentes que parecían de otra persona. ¿Era la única que lo notaba, acaso? El resto de las personas seguían tratándolo con el mismo cariño y aprecio que antes. Quizás eran solo alucinaciones suyas.

-Me alegro que estés bien.- por algún extraño motivo, la sonrisa de Ángel se hizo más amplia.- Te dije que Dios no te abandonaría. No puede dejarte morir.

A la memoria de Alexei vinieron las palabras de Ángel: "No morirás, Alexei. Te lo prometo. Dios te dará la oportunidad de vivir, estoy seguro." Se pregunto sí sería cierto eso. Sí algún Dios tenía algo más para ella. Y sí así era… ¿qué sería? ¿Qué acción podía realizar? O más bien… ¿qué acción debía realizar? No creía en ningún Dios, tampoco creía en el destino. No creía en nada más que en ella misma. Solo ella podía escribir y decidir su historia. Solo ella podía trazar su destino. Nadie o nada más.

Ángel había actuado tan tranquilo durante en el secuestro. ¿Por qué? Quizás ahora era tan poderoso y fuerte que no temía a la muerte misma, que podía burlarse de ella o esperarla tranquilo, sabiendo que la derrotaría. Ángel ahora decidía quién moría y quién no. Ahora él era la Muerte. Y sí Ángel era la Muerte, Alexei supo, con un amargo temor, que ni ella ni nadie podrían derrotarlo jamás. Porque el chico se habría vuelto superior a ella y al resto del mundo.

Carraspeó audiblemente, y aspiró una pequeña bocanada de aire antes de hablar.

-¿Por qué no me dejaste morir ahí, Matsuda? Te convenía, y sin embargo no lo hiciste.- musitó, con un hilo de voz. Trató de hablar más alto, trato de imponer su presencia y poder. Pero simplemente, ahora se sentía varios escalones más abajo que Ángel.

Ángel la miró unos instantes con seriedad. Sus ojos seguían totalmente vacíos, pero Alexei pudo ver, una pequeña felicidad contenida en lo más profundo de su fría mirada. Ángel parecía tratar de escoger las mejores palabras para responder. Finalmente, después de un par de minutos que a Alexei le parecieron eternos, suspiró audiblemente y habló con voz extrañamente comprensiva.

-No podía abandonarte y dejarte morir, Alexei.- Alexei lo fulminó con la mirada, sin entender bien sus palabras. Cerró los ojos, cansada. Y sintió una presencia fría en la habitación, y abrió los ojos súbitamente. Se encontró con el rostro de El Monstruito contemplándola con orgullo desde un rincón de la habitación, invisible a Ángel.

-Pues eres un idiota.- le espetó al Hassassin, sin estar segura de sus palabras. -Sabes que no me rendiré hasta atraparte.

-No te pido que te rindas. -replicó Ángel, con confianza. Cruzó los brazos sobre el pecho.- Sé que jamás, hagas lo que hagas, lograrás atraparme. Este juego tiene que terminar pronto, Alexei. Y tú tienes entender qué no quiero matarte. No voy a matarte, así que puedes dormir en paz.

-¿Y por qué no quieres matarme? - Gruño, desafiante.- Sí no estoy muerta, seguiré peleando contra ti. Te seguiré siguiendo hasta verte muerto o atrapado. Solo matándome lograrás quitarme de tu camino.- lo retó con decisión amarga.Sintió un gran frío al pensar en la muerte. No quería morir. No quería. No entendía porque decía eso. No se sentía ahora tan valiente como para realizar esas palabras que juraba. Pero jamás se lo admitiría a nadie, ni siquiera sí misma.

-Porque tengo otros planes para ti.- respondió el chico con sencillez, encogiéndose de los hombros.- Y hay otras formas de morir además de la que estás pensando, Alexei. Algunas mucho más dolorosas.

-Puedes matarme de todas las formas que quieras. Seré yo quien te atrape, Hassassin, aunque sea lo último que haga.

-Oh, por Dios. Sabes perfectamente que en realidad no quieres morir. ¿Oh sí?- Alexei no respondió nada.- Déjate de dramas y de frases estúpidas- dijo el chico, en un tono aburrido, poniendo los ojos en blanco.- No estás en ninguna película. Aquí no hay héroes y no hay villanos. Aquí no eres la dulce niña inocente que salva al mundo. Ahora, duerme, Alexei. Tienes que descansar.

-No. No estoy cansada.- replicó ella.

-Bien.- se limito a responder Ángel. Guardó silencio por unos segundos, antes de agregar fríamente.- Haz lo que quieras.

-¿Dónde está Misa?- preguntó Alexei, recordándolo de pronto.

-No lo sé.- respondió el chico, con simpleza. Alexei abrió la boca para seguir replicando, cuando la puerta se abrió ruidosamente y el señor Wallace, agitado y respirando superficialmente, entró por ella. Se dirigió inmediatamente hacia Alexei.

-¡Oh, Alexei! ¡Estás bien! ¡Despertaste! - el hombre daba la apariencia de tener haber corrido un maratón. Pareció querer acercarse a abrazar a la chica, pero se contuvo con esfuerzo.- Es una suerte… ¡Gracias a Dios que llegamos a tiempo! Sí no… no sé que hubiera hecho si algo les pasara. No volverán a salir de ese orfanato, no en estos tiempos.- refunfuñó el señor Wallace, poniéndose repentinamente serio. No permitió que los chicos se quejaran, pues ya negaba frenéticamente con la cabeza.- No, y es mi única respuesta. No es una opción, es una orden. Hay tanto peligro ahí afuera…

-Señor Wallace. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Cómo nos encontró?- preguntó Alexei. Wallace habló rápidamente.

-Dos días, Alexei. Duraron todo un día secuestrados. Apenas está mañana los encontramos.- hizo una pausa- Los rastreamos cuando los secuestradores me llamaron. Esos malditos… ¡Alexei, tenemos que hablar a solas! Gelsu, sí nos permites…- se excusó el hombre, señalando discretamente la puerta. Ángel asintió amablemente, y en silencio salió de la habitación como una sombra, cerrando las puertas tras de sí. Aún así, Alexei tuvo la sensación de que el chico estaba escuchando todo detrás de la puerta. Una mirada con el Monstruito le comunicó que sus ideas eran erróneas, y Ángel se había ido, sin interés de husmear. ¿Podía ser realmente cierto? ¿Podía confiar de verdad en El Monstruito?

"No" se dijo a sí misma, y frunció el ceño.

-Señor Wallace, ¿de qué quiere hablar?

-Alexei, los medios de comunicación saben que estás viva. Se ha difundido la noticia de su secuestro.

La chica sintió como sí le cayera un pesado piano encima.Una sensación de autoprotección despertó con fuerza dentro de ella, y su primera voluntad fue lanzarse a taparle la boca a Wallace para que no dijera más. Pero se mantuvo quieta, con los ojos abiertos de par en par y el corazón dándole tumbos en la sien, tan fuerte que seguramente el señor Wallace, Ángel y el resto del hospital podrían escucharlos. Tum, tum, tum.

Maldijo entre dientes, unas mil veces a los medios de comunicación, los secuestradores y al resto del mundo que se enteraría de su existencia. Todo el mundo creía que estaba muerta, y eso le daba protección. Ahora con su nombre en todas partes, Ángel no tardaría en atar cabos y dar con su verdadero nombre, si es que no lo había hecho ya. Entonces, él la mataría, indudablemente. Y Ángel cumpliría su misión de ser el Dios de un Nuevo Mundo, porque ya nadie podría detenerlo o intentar detenerlo.

*"Y tú tienes entender qué no quiero matarte. No voy a matarte, así que puedes dormir en paz."*Alexei no entendía. Ángel había dejado muy en claro que no quería matarla. ¿Podría confiar en su palabra, la palabra de un asesino?

-No diga más.- murmuró, con voz apenas audible.- Hablemos de esto en un lugar más privado.

Wallace la miró con desesperación, como si creyera que un tema así no pudiera esperar. Pareció tentado en seguir hablando, pero cerró la boca y se rascó la barbilla, pensativo. Finalmente, para alivio de Alexei, suspiro, resignado.

-Bien, Alexei, como tú desees. ¿Cómo te sientes?- le cuestionó en un tono más amable, pero con ligero rencor.

-Bien, señor Wallace, gracias.- dijo Alexei, cortante. Desvió la mirada, pensativa. El día le parecía agitado. Primero un secuestro, y ahora demasiadas visitas. Cerró los ojos cansada, pero escuchaba la voz del señor Wallace, relatándole cosas que ella no podía escuchar, por el simple hecho de que no le interesaban. De vez en cuando asentía sin saber a qué o sonreía sin motivo alguno. Esos gestos parecían ser suficientes para el señor Wallace, pues siguió hablando, con entusiasmo. Sin embargo, los pensamientos de la chica estaban ocupándose de otras cosas mucho más importantes que saber que el pequeño hijo de Toasen era "increíblemente adorable".

Tenía que hacer algo, y tenía que hacerlo rápida y perfectamente. Como antes. Pero antes las cosas eran tan diferentes. Jamás se había sentido acorralada. Con su intelecto sagaz podía prevenir las acciones de las personas y esto le daba cierta ventaja. Con su increíble talento en el arte de mentir, todo siempre parecía como ella quería que pareciera. Ahora no podía mentir con tanta facilidad, y no encontraba un motivo exacto que explicara ese factor, y las acciones que prevenía nunca eran como las esperaba. Estaba cayendo, se estaba volviendo poco a poco… menos asombrosa.

Suspiró profundamente. "Necesito un plan" se dijo a sí misma, con fuerza. "Y lo necesito ahora."

Primeramente, estaba Ángel. El chico era ahora un rival más fuerte de lo que había sido hace dos años o incluso hace tres días. Cada día, Ángel parecía crecer. Su rostro maduraba, sus palabras tomaban firmeza y se transformaba en un ser superior. No pasaba la típica transición de niño-hombre, sino que era algo más. Ángel ya era un hombre, y estaba pasando a ser algo más. Mientras que el Hassassin mejoraba sus habilidades cada día, se volvía más frío y seguro de sí mismo y encontraba en él el poder que matar confería; Alexei se volvía débil, distraída y miedosa. Estúpidamente miedosa. Pero es que Ángel, tenía en sus manos, la única cosa que Alexei temía: morir.

La chica se puso en los zapatos de Near. ¿Para él, un detective, quién sería el Hassassin? "Tengo la sospecha de que el asesino se encuentra entre nosotros. Hay dos personas de las cuales puedo sospechar. Gelsu, qué es increíblemente parecido a Light Yagami, o Alexei, qué es una copia exacta de Anastasia, que se supone que está muerta. Mientras que las pruebas conducirían a Gelsu, hay otros detalles que implican a Alexei como posible asesina."

Alexei recordó, uno por uno, sus errores, arrepintiéndose de cada uno de ellos, maldiciendo haber sido tan estúpida. ¿Qué diría su madre si la viera equivocándose una vez, tras otra vez, tras otra vez? No podía hacer nada bien, su madre siempre había tenido mejor. Hubiera sido mucho más afortunado sí ella se hubiera muerto en lugar de su hermana.

Su primer error fue, definitivamente, el hecho de siempre burlarse de Ángel frente a Near. Eso podría haber hecho deducir al detective, que ella se consideraba superior a él. ¿Y por qué se sentiría superior a él? Pudiera ser, en una posibilidad muy pequeña, que era por que ella tenía a Gelsu, el adorado Gelsu, bajo amenaza o bajo los efectos de la Death Note. Y por ese simple motivo, el motivo de ser su dueña, se sentía y era superior a él.

Su segundo error, fueron las indirectas. Siempre acusando a Ángel de ser el Hassassin. Esto brindaría a Near más sospechas de que ella sabía algo sobre el Hassassin que ellos no. Y algunos creerían que quizás Alexei decía la verdad, y Ángel era el asesino. Pero teniendo en cuenta, el miedo que la chica tenía de la muerte y que algunos, incluyendo a Near, seguramente conocerían, no tendría lógica que una chica temerosa retara a un asesino. Sí Alexei estaba dando indirectas sobre el Hassassin, no era porque él la estuviera amenazando. Sí esta opción fuera cierta, Alexei simplemente no diría ni una palabra. Al menos claro, que deseara morir o algo peor.

"Y hay otras formas de morir además de la que estás pensando, Alexei. Algunas mucho más dolorosas."

Su tercer error, fue la confianza. Confió que con lo estúpido e infantil que era Ángel, eso de ser asesino serial se la pasaría como a un niño la emoción de un juguete nuevo. O quizás lo atraparían rapidísimo.No tuvo en cuenta el hecho de que Ángel estaba volviéndose más calculador cada día que pasaba.

Su cuarto error, fue no actuar rápido. Tenía muchas intuiciones y teorías, pero no había puesto en práctica ningún plan.

Decidió poner en orden sus teorías. Deseó tener a la mano un papel dónde escribirlas, pero no se atrevió a pedirle nada al señor Wallace. Menos, con El Monstruito presente ahí, escuchando y viendo todo.

Impulsivamente, quiso mover una mano para llevársela al cabello y retorcerse un mechón, pero se contuvo a tiempo. El Monstruito conocía ese gesto y sabría que ese era el gesto que realizaba cuando estaba pensando.

"No puedo confiar en nadie." Maldijo entre dientes, con rencor. "De pronto, todos desean verme hundida menos el Hassassin. Qué situación tan estúpida."

Near sospechaba de ella y de Ángel. El detective no tardaría en ponerles una coartada para probar quién era el verdadero asesino. Tenía que estar lista.

No podía pedirle consejos al Monstruito. Tenía la sospecha de se veía con Misa, y juntos, trazaban sus propios planes, usándolos a ella y a Ángel como peones de ajedrez. Eran solo piezas que ellos querían mover a su antojo. Pero no esperaban que sus piezas cobraran vidas y se volvieran contra ellos. Y eso era justamente lo que haría Alexei.

Recordó, no sin rencor, la primera vez que había visto al Monstruito. Se había asustado tanto que había sentido que el corazón se le detenía al contemplar esos ojos rojos. Pero en esos ojos sanguinolentos había calidez y dulzura y un montón de promesas, que hicieron de esa niña de cinco años, asustada y sola, una mujer madura, fría y resentida de un día para otro. El Monstruito le había contado todo: con esa Death Note que él poseía, ese cuaderno negro que tanto atraía a la niña, podría volverse la dueña de su miedo. Podría controlar la vida y la muerte, dominarlas y alterarlas a su antojo. Todo gracias a esa Death Note y a la sangre especial de la chica. Y de pronto, dejó de oír voces y de ver sombras. Temió haber perdido su poder, pero El Monstruito la tranquilizo diciendo que ese era un efecto de la Death Note, que ahora su poder de médium podía ser utilizado a su antojo. Le explicó que era diferente tener un poder a saber usarlo.

Y El Monstruito le había probado que sus palabras y promesas eran ciertas: juntos revivieron una planta, un pajarito caído de su nido, y una ardilla.

Durante un largo tiempo, El Monstruito fue su amigo y su única compañía. Juntos exploraban nuevas cosas, hacían experimentos, trazaban su destino. El Monstruito le explico que ella no era mounstro, ni un demonio, ni estaba loca. Era una médium y por eso escuchaba y veía cosas que nadie más veía. Debía aprovechar ese don. El Monstruito enseñó a la chica a traspasar paredes, escalar árboles enormes y luego sobrevivir a la caída… Alexei se sintió, por primera vez en su vida, asombrosa.

Pero de pronto, cuando Alexei escuchaba al Monstruito hablando de matar, de lo mucho que le serviría dedicarse a matar y cobrar venganza contra todo ser que le había hecho daño, comenzó a tener sus propias ideas y a darse cuenta de que El Monstruito y ella tenían planes distintos. Él quería que ella matara, pero que matara a criminales y gente malvada. Harían un mundo perfecto, de justicia, dónde nadie más sufriría como Alexei había hecho. Lagente la amaría y la adoraría por haber hecho ese mundo perfecto. Pero El Monstruito nunca mencionaba que Alexei podría revivir a sus seres amados. Alexei solo deseaba eso, no le importaba el resto de la humanidad: mientras ella fuera feliz, lo demás no importaba.

El Monstruito no se rindió fácilmente. E insistió. Pero Alexei se había vuelto más inteligente y en su corazón había tanto dolor que no escuchaba ningún deseo que no fuera el suyo. No quería matar para cobrar su venganza. Quería revivir gente para cobrar su venganza. Sabía que esa sería, la venganza más dulce.

"Cuando logres evitar que alguien muera, serás tan fuerte como Dios mismo. Mientras tanto, eres una debilucha"

Por si fuera poco, no se sentía capaz de matar. Odiaba la muerte, le temía y no se atrevería a asesinar a alguien. No seguiría los planes de El Monstruito.

Y creó su propio plan. Pero El Monstruito le agregó dos cosas: necesitaban otra Death Note para poder revivir humanos y animales más grandes. Y, Alexei necesitaba matar a Near.

Alexei trató de recordar cuales eran los motivos por los cuales El Monstruito le había explicado que debía matarlo. ¿Algo sobre poder, algo sobre gente? No lo recordaba, pero no entendía como se le había metido eso a la cabeza. ¿Ella, matando? ¿A Near? Near no era precisamente el dictador del mundo. Era un simple detective, que a Alexei le parecía interesante y muy listo. ¿Qué ganaba matándolo? Ella no ganaba nada. Pero…

El Hassassin ganaría mucho. No tendría un rival que pudiera derrotarlo como a Kira.

Y la verdad cayó sobre Alexei como un balde de agua fría. Había sido, totalmente engañada por muchos años. El Monstruito se había aprovechado de su inocencia. Pero ahora ya no tenía esa inocencia. Y sabía que el engaño se había descubierto.

El Monstruito lo había planeado todo.

Él la quería convertir en Kira. En un Nuevo Kira. Pero no había funcionado. Y por eso, el shinigami había buscado a "otro" Kira.

Y el escogido había sido Ángel Matsuda.

El Monstruito había buscado a Ángel, había buscado a Misa. Y los había logrado traer hasta el orfanato Wammy, dónde podía mover a Alexei y a Ángel a su antojo.

Ahora era Ángel su peón favorito.Ahora era Ángel su "Kira".

Por eso no importaba sí Alexei era acusada de ser Kira. Porque así, se salvaría Ángel. Eso era justamente lo que el shinigami quería. Por eso seguía viva. Por eso El Monstruito quería que Alexei matara a Near, porque así le quitaría un obstáculo a Ángel. Seguramente el shinigami también había movido cabos para acercar a Alexei y Ángel a Near. Un movimiento peligroso, pero así Alexei podría acercarse más al detective, averiguar su nombre y matarlo. O quizás Ángel haría eso primero.

Entonces, Alexei recordó algo más de golpe. Y soltó la peor palabrota que había oído en toda su vida, con tanto odio, rencor y miedo que el señor Wallace, aún hablando a su lado, se sobresaltó y calló. La chica abrió los ojos de golpe.

-¡Alexei! ¡Yo no te enseñe ese vocabulario!- exclamó el hombre, asombrado. Alexei lo ignoró y se incorporó súbitamente. Se mareó, pero no le importo. Tenía las fuerzas para caminar. - ¡Por Dios! ¿A dónde crees que vas?

-Señor Wallace, yo… necesito saber sí…- se detuvo de pronto, recordando otra cosa súbitamente. El Monstruito estaba en la habitación. Se giró hacia todas partes, buscándolo. Lo encontró en una esquina, mirándola con sus ojos rojos, y sintió que se le paraba el corazón como había sucedido la primera vez que lo había visto. Respiró profundamente, tratando de calmarse. Pero no podía. Simplemente, porque todo se había arruinado. Estaba muerta.

"Porque tengo otros planes para ti."

Dios había hablado.


Atardecía en el Orfanato Wammy, y los últimos rayos del sol eran tenues y rojizos. A esa hora, los huérfanos deberían encontrarse en sus habitaciones, cenando o trasladándose por última vez de salón en salón. Generalmente a esa hora, el Orfanato se encontraba tranquilo y silencioso, pero ese día había mucho más movimiento que el de costumbre.

Las hojas de los árboles seguían verdes, alegres por ese verano que aún no terminaba. Unas pocas nubes ligeras cubrían el cielo escarlata, y había unas cuantas brisas de aire, que eran como una bendición para los acalorados estudiantes. Los muchachos cerraban los ojos al sentir esa pequeña corriente de aire fresco, disfrutando de ese pequeño alivio a la calidez del ambiente.

Liria se encontraba en su habitación, tirado en la totalidad de su cuerpo sobre la cama. Tenía hambre, pero no tenía ningún deseo de ir a al comedor, dónde estarían el resto de sus compañeros. Riendo, siendo felices, disfrutando de la vida. Sin presiones, sin amenazas… sin más obligaciones que sus estudios y responsabilidades. Ellos eran gente feliz. ¿Por qué todos tenían esa suerte, menos él?

Su vida se había vuelto de pronto una película de terror. Los días parecían eternos, llenos de miedo. Las noches eran aún peores, cuando solo y asustado, no podía dormir. Porque sabía que si dormía tendría esas horribles pesadillas, pero por más terroríficas que fueran, no se compararían con la realidad. Así pues, temeroso de dormir y de permanecer despierto, Liria pasaba sus noches en vela, llorando.

Una vez, Liria había encontrado una página en internet dónde la gente publicaba anónimamente sus secretos. Las personas descargaban ahí sus deseos, sus sueños, sus miedos…Liria no había tenido en ese entonces, ningún secreto que publicar, y un poco decepcionado, se había olvidado de la página.

Hace unos cuantos días, armándose de mucho valor, había vuelto a buscar esa misma dirección en internet. Y la había encontrado con sencillez. Quizás su deseo de descargarse con alguien, de expresar su dolor y desesperación, de gritar al mundo que tenía miedo y necesitaba ayuda; lo habían ayudado en su búsqueda.

Y había publicado, su mayor y único secreto, sabiendo que ahí estaría a salvo, entre otros secretos de gente sola como él. Gente que a nadie más le importaba, como él. Su existencia no valía la pena, y sí moría, nadie lo echaría de menos. Entonces, sabiendo eso, hizo público su secreto:

"Mi mejor amigo me obliga a matar y robar. Pero soy tan cobarde que no puedo decirle a nadie. Y si lo hago, él me matará. A mí y a todos mis amigos."

Nadie se había dado cuenta de que el autor de ese secreto era Liria. Nunca nadie se daría cuenta. Porque entre tantas desgracias y tristezas expresadas en esa página, la de Liria no importaría. Sería solo una más.

Y eso le brindaba, dramáticamente, mucho alivio. Porque así Gelsu no lo encontraría. Y no lo podría matar.

Nadie se había dado cuenta de que Liria llevaba días deprimido. Llorando en todas partes, siempre solo, con la mirada en el suelo. Temblando, rezando porque Gelsu le regalará un día más de vida. Matando, contra su voluntad, obedeciendo las órdenes del Hassassin. Espiando, mintiendo, matando…todo por Gelsu.

Había matado. Gelsu le indicaba a quién matar y cuando hacerlo. Y a Liria no le quedaba otra opción que hacerlo. A veces, afortunadamente la mayoría de las veces, solo tenía que encargarse de buscar el nombre verdadero y una foto de la próxima víctima de Gelsu. Generalmente eran asesinos, traficantes, secuestradores o ladrones los que morían en manos del Hassassin; sin embargo, Liria no podía dejar de sentirse tremendamente culpable después de cada asesinato.

Y se sentía horrible. Se sentía, en parte, desdichado y asustado. Por otra parte, se sentía un engendro, una asquerosidad, una basura. Y una pequeña porción de él, se sentía poderosa. Poderosa y tremendamente culpable. Y lo peor, es que nadie parecía notar que algo raro ocurría con él. Era totalmente invisible.

Ninguno de los huérfanos que diariamente lo ignoraban, se les ocurriría pensar, ni de pura casualidad, que Liria obedecía a cada una de las ordenes del asesino, solo para mantenerlos a ellos con vida y evitar que Gelsu cumpliera su amenaza: "Matare de la manera más brutal y dolorosa que te puedas imaginar a todo humano que estimes, incluyéndote a ti. Pero tú serás el último. Antes verás morir, uno a uno, a cada uno de tus amigos, a ver si soportas la culpa."

Se estremeció, y soltó un sollozo, antes de echarse a llorar nuevamente.

Ojalá Gelsu hubiera muerto en ese secuestro. Ojalá lo hubieran matado. A su mejor amigo. A ese chico que tanto estimaba y admiraba.

Jamás se le habría ocurrido creer que Gelsu pudiera ser un asesino. Nunca hubiera pensado que en el corazón del Hassassin hubiera tanto odio. Ni siquiera cuando había presenciado los abusos del chico hacia Alexei, o recibido burlas constantes por parte de Gelsu. Ni aun cuando Gelsu trataba a alguien con inferioridad, o se besaba con las chicas como si fueran juguetes desechables, que uno podía usar y luego tirar para comprar otra. En ningún momento, pudo o se atrevió a creer que su mejor amigo fuera un asesino. Aún no terminaba de aceptarlo.

Pensó, irrevocablemente, en el suicidio. La idea le pareció la salida más sencilla, pero tuvo miedo. ¿Y sí moría, y Gelsu seguía asesinando a más gente? ¿Podía ser tan cobarde como para rendirse y ya? Pero de todas maneras, vivo era invisible, un simple estorbo que nadie quería. No serviría de mucho. Era cobarde, estúpido e inferior a sus compañeros. ¿Qué podría hacer alguien como él contra un inteligente y frío asesino?

Suicidio. La idea parecía tan tentadora.

-Terminemos con esto ya. Muero de hambre.- gruñó la voz ahogada de un hombre, fuera de su habitación. Liria detuvo sus sollozos, pues nunca antes había oído esa voz. No era muy común que hubiera personas nuevas en el Orfanato Wammy, pero ese día, se había topado con unos pocos rostros nuevos. Nadie había querido preguntar nada, ni siquiera parecieran notar a los infiltrados, demasiado tristes por el secuestro de Gelsu, o demasiado felices por la noticia de que estaba a salvo. Liria, que no tenía motivo para alegrarse, sí lo había notado. Personas silenciosas, siempre rezagadas y escondidas. No todos podían verlos y no todos los estudiantes les prestaban tanta atención como Liria. Esas personas parecían tener todo el permiso de estar ahí, pues ni Jo ni nadie les había puesto negación alguna de que pasearan por el orfanato como si estuvieran en su propia casa.

-Esa no es la habitación, Brian.- replicó la voz susurrante de otro hombre.- Son las dos del fondo.

Liria agudizó el oído. ¿Las dos habitaciones del fondo? Esas eran, según lo recordaba él a la perfección, las habitaciones de Alexei y Gelsu. Se incorporó, silencioso, y escuchó con más atención.

-Bien, como sea.- barbullo de nuevo la voz del primer hombre, que se llamaba Brian. Parecía cansado y malhumorado.- Esa prometida tuya lleva todo el día mandándome de aquí a allá en busca de los micrófonos que quería. ¿No le bastaban con unos más sencillos de encontrar que…?

El hombre calló de pronto. A Liria se le detuvo el corazón. ¿Lo habían descubierto?

-Dijiste que los alumnos estaban cenando, ¿no? No tengo porque preocuparme de que alguien me escuche.- continuó Brian, como excusándose. Había hablado en un tono mucho más bajo, por lo que Liria tuvo que pegar más su oído a la puerta. Contuvo la respiración. ¿Y si esos hombres lo encontraban husmeando? ¿Qué le harían?

El otro hombre murmuró algo tan bajo que Liria no pudo escuchar sus palabras. Oyó, pasos suaves que se desaparecían poco a poco, hasta no escucharse más.

Luego, con mucho esfuerzo, logró escuchar una puerta cerrándose.

¿Qué sucedía? ¿Quiénes eran esos hombres y que hacían entrando en las habitaciones de los huérfanos? ¡Eso estaba totalmente prohibido! ¿Habían dicho algo de micrófonos? ¿Micrófonos para qué? Liria tuvo el deseo de salir de su habitación e ir a echar un vistazo, pero el miedo lo hizo quedarse rezagado. ¿Qué haría?

¿Y sí esos hombres querían poner micrófonos en las habitaciones de los chicos? Liria no veía un motivo claro del porqué… no tenía sentido que espiaran a dos adolescentes. ¿Wallace y Jo no se daban cuenta de eso o lo permitían?

Entonces, Liria tuvo una idea: Gelsu no era un adolescente cualquiera. Era el Hassassin.

¿Lo habrían descubierto? ¿Sospechaban de él? Una oleada de esperanza abatió su corazón, haciéndolo saltar alocadamente de felicidad. Abrió los ojos de par en par, y se contuvo con mucho esfuerzo de ponerse a saltar sobre la cama. ¡Sería libre! No recordaba hace cuanto tiempo no sonreía, pero lo hizo. Se dejo caer en la cama, respirando entrecortadamente de la emoción. Ya veía la luz, ya veía la salvación. Solo tenía que soportar esa carga un poco más y ya…

-¿Por qué estás tan feliz, Liria?

Liria se quedó congelado. Sintió una presencia fría en su habitación, y se estremeció de miedo y de frío.

-¿No tienes información que darme? Porque creo que sabes dónde están tus lealtades.- repuso Misa con gravedad. Voló por la habitación hasta colocarse sobre él, mirándolo entre divertida y molesta.- Gelsu se pondrá bastante molesto cuando le cuente esto.

-¡No!- gritó, pero calló y bajo la voz ante la mirada severa de Misa.- ¡No, por favor!- agregó en voz más baja, con los ojos vidriosos. Sintió un nudo en la garganta. Pareciera que su garganta estallaría en llamas.Misa se alejo de él, riendo tenuemente. Se puso de pie, tembloroso y rápidamente, se echó al suelo, arrodillado ante la shinigami. -¡Por favor no! ¡Por favor!- sollozó desesperado.

-¡Qué lindo eres! Esto es tan conmovedor…- comentó Misa, aún risueña. Voló relajadamente por la habitación, antes de suspirar audiblemente.- Sabes, cuando estaba viva, había muchos hombres que hacían lo mismo que tú. Rogarme, adorarme. Yo era bastante linda, la verdad.

-Por favor, ten piedad… ten-ten piedad.-insistió Liria, atreviéndose a levantar el rostro y mirar a los huecos ojos de la shinigami.-¡Te lo ruego! ¡Les iba decir lo que había visto, lo juro! ¡Les soy leal!

-Pruébalo, entonces. - dijo Misa, y su voz tornó seria y fría. - No permitiré que nos traiciones, Liria. No intentes mentirnos, porque yo lo sabré. Gelsu y yo lo sabremos… y ¡oh, no! ¿Qué harás cuando veas morir a esachica que crees que es tan linda? ¿Zazir, es su nombre? ¿Ó que tal cuando veas a tu querido tutor, el señor Wallace, morir dolorosamente? ¿Quieres verlos morir?

-¡No!- grito Liria, y soltó un sollozo llenó de dolor.- ¡Por favor, por favor no!- rogó, a la desesperada. Se le quebró la voz, y solo fue capaz de sollozar.

-Entonces, acepta tu destino, Liria. Tú vida no será igual después de esto. Jamás. Naciste para esto, Liria, es tu único propósito. Sólo para esto sirves. ¿Por qué le das las gracias a Gelsu por darte un propósito en la vida? Estamos creando un mundo mejor. Estás creando un mundo mejor. ¿No quieres que haya paz? ¿No anhelas la justicia?- le preguntó, juguetonamente. Liria no fue capaz de responder, porque temblaba tanto que no podía hablar. -¿No deseas el amor? ¿No estás harto del odio? Entiende por una vez, que no estás matando. Estás salvando al mundo. Esto… es la justicia real.

Misa guardó silencio, mientras observaba a Liria llorar a sus pies. El chico tenía los ojos fuertemente cerrados, para evitar que las lágrimas se derramaran por su rostro, pero aún así, perladas lágrimas quemaron su piel como lo haría el fuego. La shinigami se acercó a él, y le susurró al oído, con voz divertida:

-¿Me contarás todo?

Odiándose a sí mismo, Liria asintió.


El señor Wallace tuvo que pedir que sedaran a Alexei para que se quedara tranquila. La chica no paraba de balbucear cosas que el hombre no entendía. Además, Alexei había tratado de escapar, enloquecida, de la habitación. El rostro de la chica, deformado por el miedo y el odio, había preocupado gravemente a Wallace, por lo que había llamado a un médico, y juntos habían decidido que la mejor opción era sedarla.

Wallace consideró esto algo normal en Alexei. Conocía el miedo de la chica a los hospitales, a la muerte… el secuestro había sido algo muy fuerte para ella. La habían tenido que sujetar dos enfermeros para que el médico pudiera inyectarle la droga que ahora la tenía profundamente dormida y tranquila. El rostro de la chica estaba tranquilo, tanto que parecía un ángel, con su cabello dorado y la inocencia y pureza de sus facciones. Pero Wallace no podía evitar sentirse culpable. Y no sabía muy bien porque.

Quizás era por todo. Todo era culpa suya. El secuestro, los miedos de Alexei, los problemas de Gelsu… todo era su culpa.

Suspiró, cansado, al tiempo que cerraba los ojos para descansar un rato. Gelsu yacía a su lado, contemplando en silencio a Alexei. La miraba como embobado, como sí no hubiera o existiera otra cosa en el mundo además de ella. Wallace se sintió incómodo en ese lugar, recordó cuando era joven y él hacía "mal tercio" con su mejor amigo y su novia. Ahora sentía exactamente lo mismo.

Recordó las palabras que Gelsu le había dicho el día de ayer, en la mañana, antes de que se dirigiera a Londres para ser secuestrado. El chico amaba a Alexei, se lo había confesado, y lucharía por su amor.

"Gelsu es un tipo de muy buen corazón… y muy terco" se dijo a sí mismo, con cierto pesar. Volvió a suspirar, esta vez tan alto que Gelsu se volvió hacia él con expresión preocupada.

-¿Está bien, señor Wallace?- le preguntó amablemente, hablando baja y suavemente para no despertar a Alexei. El señor Wallace sacudió la cabeza, sobresaltado, al escuchar su propio nombre.

-¿Eh? ¡Ah! Sí, sí. Estoy bien, hijo, gracias. - corroboró rápidamente, fingiendo un tono alegre y una sonrisa. - Solo un poco cansado, eso es todo.

Pero sus actuaciones no habían logrado convencer a Gelsu. El adolescente lo miró, preocupado y analizante, y Wallace vio más de cerca los ojos rasgados de su alumno. Le sorprendió, encontrarse en ellos, una fría madurez e inteligencia que no recordaba haber visto antes en el chico. Frunció ligeramente el ceño, preguntándose cuando demonios Gelsu se había vuelto… así.

-Puede ir a descansar sí quiere, señor Wallace. Yo cuidaré de ella.- se ofreció Gelsu, pero Wallace ya negaba con la cabeza, lentamente.

-No, no, no… está bien, chico, grac…- una repentina vibración en el bolsillo derecho de su saco gris claro lo hizo callar. Esa vibración solo podía significar una cosa…. Contuvo la respiración.- Pensándolo bien, creo que iré por una taza de café. Cuídala.- le advirtió seriamente al chico, mientras se ponía de pie. Ángel asintió, sonriendo.

-Por supuesto.

-Más te vale.

Salió de la habitación calmadamente, y cerró la puerta de madera pintada de blanco silenciosamente. Avanzó unos cuantos pasos, y cuando estuvo seguro de que nadie lo oía o veía, se echó a caminar lo más rápido que pudo, buscando desesperadamente un baño. No tardó mucho en encontrarlo, pues había uno justamente al fondo del pasillo de luces fosforescentes, paredes blancas y suelo impecablemente limpio.

Se aseguró de echar el pestillo a la puerta, antes de meter la mano en su bolsillo derecho y extraer de él un moderno teléfono. Echó un vistazo a todo el baño, el cuál era de un solo compartimiento, y respiró, tratando de calmarse y de recobrar la compostura.

"Te estás volviendo cada día más viejo, hombre." Pensó, entre sus entrecortadas respiraciones. Cerró los ojos, temiendo que le diera un paro cardíaco. "Necesito mejorar mi condición física…me he descuidado mucho los últimos años."

Después de unos cinco minutos, logró reponerse casi por completo. Presionó con más fuerza de la necesaria una colorida tecla del teléfono, y la pantalla de esté se encendió con colorido y definición asombrosos. Ese modelo poseía, un tipo de localizador que Wallace había insistido en poner en caso de que Near necesitará algo de él. El teléfono vibraba cuando recibía una llamada de emergencia del teléfono que le había otorgado a Near.Nunca lo habían llegado a usar, hasta ese día. Debía de estar pasando algo importante.

No era muy común de él ser tan descuidado, pero Wallace no estaba en sus cinco sentidos ese día, así que abrió el teléfono, y presionó un número que lo contactaría con Near.Kim, miembro del equipo del chico, había protegido esa línea para evitar que sus conversaciones pudieran ser espiadas, pero como había dicho ella: "no es cien por cierto seguro."

Esperó un timbrazo, y al segundo, cuando ya moría de impaciencia, una voz clara respondió del otro lado de la línea.

-Señor Wallace, buenas tardes. ¿Cómo se encuentra?

-¡Near!- exclamó el hombre con un poco de estrés ante los modales del chico, cansado de que no fuera directamente al punto sin tantos rodeos. - ¿Qué sucede? ¿Pasa algo malo?

-No, señor Wallace. En realidad, fue Kim quién decidió que la mejor idea era contactarlo. Yo deseaba esperar hasta su regreso, pero ya qué Kim ha tenido la amabilidad de adelantarse, quería avisarle que instalaremos cámaras y micrófonos en las habitaciones de dos alumnos.

-¿Qué? - musitó el señor Wallace, sin poder creérselo. Creyó que había oído mal, así que pregunto.- ¿Qué has dicho?

-Instalaremos cámaras y micrófonos en las habitaciones de dos alumnos.- repitió pacientemente el chico. El señor Wallace se quedó estupefacto, abrió la boca y preparó rápidamente sus dudas. Respiró profundamente para calmarse.

-¿De quienes Near? ¿Y por qué, por un demonio? ¿Cuándo te di el permiso de hacer esto? ¿Al menos es legal? ¡No tiene sentido!

-Preferiría hablar de esto cuando regrese, señor Wallace.- repuso tranquilamente Near.- Nos vemos…

-¡No! ¡Near, no me cuelgues! Por Dios, quiero que me expliques esto ahora, o yo mismo me encargaré de destruir esos micrófonos. ¡No puedes hacer esto! ¡No tienes mi permiso de…!

-Discúlpeme muchísimo, pero para esta ocasión no le pediré su permiso. Es una medida necesaria, señor Wallace.- insistió el chico, respetuosamente. - Le explicaré todo mejor cuando regrese…

-¡No, Near! ¡Quiero que me lo expliques ahora, porque no sé cuando volveré! ¿Entiendes?- gruñó.- ¡Ahora! ¿A quiénes y por qué?

El chico tardó varios minutos para responder. Minutos dónde Wallace, fuera de sí y de su usual tranquilidad, gritaba y ordenaba que le diera la información en ese momento.

-Gelsu y Alexei, señor Wallace. - Wallace guardó silencio. Escuchaba latir su propio corazón.- Por ser sospechosos de ser el Hassassin.

Wallace sintió que le fallaba el corazón. Sintió como perdía rápidamente, a una velocidad fugaz, todo el color en su rostro. Sintió que se le doblaban las rodillas, y tuvo que recargarse en la pared para no dejarse caer al suelo. Abrió la boca, pero de ella solo salieron unos extraños sonidos que no llegaban a ser palabras.

-¿Qué…qué has dicho?- consiguió decir, finalmente, con un hilo de voz.

-Tenemos razones para creer que son culpables, señor Wallace. Necesitamos tomar las medidas necesarias. Hablaremos a su regreso. Lo siento.

Y colgó.

Entonces, Wallace, se dejo caer en el suelo. El corazón la latía rapidísimo, y sudaba a chorros. Le temblaban las rodillas aún, respiraba entrecortadamente.

Sus dos alumnos. Asesinos.

La niña con cara de ángel, llena de miedos con un pasado oscuro y doloroso. La niña que vivía detrás de sus propias paredes de hielo, pero que necesitaba amor y comprensión más que cualquier otro ser en el mundo. Alexei.

El chico noble y querido, siempre injustamente rechazado por aquellos que solo veían su rostro y no su corazón. Perseverante, amable, talentoso y de buen corazón. Simpático y con una bondad enorme, el chico que solo deseaba lo mejor para el mundo y especialmente para la chica que amaba. Gelsu.

No podían ser asesinos. No podían serlo.

Sin embargo, Near no podía mentir. Y no podía, estar equivocado.

Pero Wallace sí podía estarlo. "Gelsu, Alexei… ¿qué han hecho? ¿En qué me he equivocado?"

Wallace hundió el rostro entre sus rodillas, haciéndose un ovillo, abrazándose a sí mismo. Y como un niño pequeño, patético y asustado, balbuceando, se echó a llorar.


Ángel tuvo la sensación de que no podría quitar los ojos de encima de Alexei. Había tanta sinceridad y tranquilidad en su rostro, ninguna sombra de superioridad o sarcasmo burlón; simplemente, así, dormida por culpa de las drogas que le habían inyectado, lucía increíblemente hermosa. Porque su rostro era puro, y no había nada oscuridad en él. Ángel se sorprendió deseando que ella mantuviera esa expresión siempre. Borró ese pensamiento de su mente inmediatamente, e impulsivamente, se rogó por no seguir pensando en ello. Apartó la vista de la chica, y analizó la habitación, buscando a Misa. La había mandado hace un rato a investigar qué sucedía en el orfanato. No había vuelto aún.

No podía creer que su plan hubiera salido tan bien. Alexei y él estaban a salvo, ella había dado las pruebas suficientes, según Misa, frente a la cámara para comprobar que ella era el Hassassin. Se acusaría a Alexei, y Ángel detendría los asesinatos por un pequeño rato, solo para hacer creer a Near que había acertado. Entonces, renacería como un fénix, y finalmente, sería el Dios.

"Fue demasiado sencillo." Pensó con arrogancia, sonriendo a medias. Pero su sonrisa se congeló al recordar lo qué Alexei le había dicho hace poco: "Matar se castiga con matar". ¿Sí él acusaba a Alexei de ser el Hassassin…qué le harían? El chico había pensado, con cierta inocencia, que simplemente la mandarían a la cárcel. No le pareció un castigo tan malo. Pero ahora, mientras lo pensaba bien… ¿la matarían?

Una parte de él se resistió tremendamente a esto. No quería dejarla morir. Un humano como ella, no podía morir. Su otra parte, dijo que no importaba, pues Alexei era un ser humano como los demás. Pecador, ignorante, inferior… ¿qué importaba verla morir? Era un sacrificio para un mundo mejor. La propia Alexei estaría feliz de morir de esa manera tan heroica, ¿no?

Miró de nuevo el rostro de Alexei. Ahora conocía su verdadero nombre. Casi. Ahora conocía su historia. Y se negaba, una parte más blanda y cálida que el resto de su cuerpo, a dejar morir a una persona que había sufrido tanto y qué era… tan hermosa.

Cuando los rescataron de los secuestradores, Wallace había insistido en trasladarlos a un hospital, a pesar de qué no tenían heridas visibles. Pero el señor se había negado rotundamente a dejarlos marchar tan pronto al orfanato, cómo Ángel decía, tras haber visto a Alexei un poco asustada. La chica estaba tranquila, y no pronunciaba palabra alguna, incluso sonreía. Pero en sus ojos vidriosos había miedo, y estaba tan pálida que parecía un fantasma. Respiraba superficialmente, como si le faltara aire y desesperada tratara de poder inhalarlo. El señor Wallace había ganado en ese debate. Y eso había traído graves consecuencias.

Los medios de comunicación se habían enterado que ese grupo de secuestradores, quienes elegían a su víctimas por qué tan importantes o adinerados eran, había atacado de nuevo. Y deseosos de tener la primera plana, habían curioseado. Más allá de sus expectativas, se habían encontrado con dos fantasmas.

Ángel Matsuda, a quién todos creían muerto, al igual que toda su familia, tras su desaparición, reencarnaba de la muerte para provocar odio y deseo de venganza en muchas personas, pero esperanza y alegría en muchas otras que todavía lo querían y recordaban. El grupo Anti-Kira, sí es que todavía existía, sabría que estaba vivo. Y no se rendirían hasta matarlo. A él, sin embargo, no le preocupaba. Él los mataría antes.

Y habían encontrado a una chica muerta que en algún momento tuvo una hermana gemela. Anastasia Vanille había muerto, aparentemente, hace varios años, después de una enorme y dolorosa lucha contra la leucemia. Pero ahora, aparecía de nuevo en los medios. Muchos especulaban, que la qué había muerto en realidad había sido Alexandra, la hermana de Anastasia, y no ella, como todos creían. Era alguna conspiración que nadie llegaba a entender, y qué Ángel había visto expresada en la televisión de la sala de espera del hospital.

Ángel la había encontrado. El nombre de Alexei era Anastasia Vanille, hija del riquísimo Christopher Vanille, dueño del mundo entero. Cuando Ángel era un chico común y asistía a una escuela común, en sus clases de economía e historia había oído hablar de ese hombre. No le había prestado mucha atención, puesto que no le interesaba la vida de un francés rico, rubio y gordo. Nunca le había interesado conocer la historia del hombre, admirado por muchos y odiado por muchos más, ni siquiera por saber un poco más sobre su familia. Simplemente, eran cosas que, según él, no le servirían en la vida. Y probablemente no le hubieran servido, de no ser qué él se había convertido en el Hassassin. Seguía sin interesarle en lo más mínimo ese hombre, aunque se prometió que muy a su pesar, pondría a Liria a investigar un poco más sobre él.

Y Alexei, cuyo nombre hacía una alusión a su hermana Alexandra, era idéntica a Anastasia. Los mismos ojos azules…

Había atado los cabos, y sin embargo, no se sentía feliz ni emocionado. Ya no le servía mucho ese nombre. Después de todo, Alexei acababa de firmar su sentencia. Y él… él no quería matar a algo tan hermoso.

Estiró la mano, dudoso, pero finalmente, la colocó sobre la mejilla de la chica. Aguardó un momento, esperando alguna reacción por parte de ella, pero no la hubo. Estaba fría, pero Ángel nunca creyó que el hielo podría ser tan cálido.Suspiro, sin darse cuenta, y sonrió tenuemente, aún sin notar esos gestos en él mismo.

Vinieron a su mente, traídos por su parte más lógica e inteligente, la maldad de Alexei. Sus planes, sus amenazas.

Alexei quería revivir a personas. ¿Sería su hermana Alexandra una de ellas?

-Ángel.- dijo una voz femenina y espectral detrás de él. Ángel quitó rápidamente su mano de la piel de Alexei, y sintió que se le aceleraba el corazón de los nervios. Trato de mantener la calma, y para qué Misa no viera el nerviosismo en sus ojos, se quedó dónde estaba, sin girarse.- Near ya ha dado el siguiente paso.

-¿Qué pasa?- preguntó el chico, tranquilo, aún sin volverse. Sentía su corazón latir fuertemente en sus sienes.

-Puso cámaras en tu habitación. Y en la de Alexei. Cámaras y micrófonos. En todas partes. No hay puntos ciegos.

"¿Aún sospecha de mí?" se preguntó el chico, frunciendo el ceño. "Claro, seguramente aún no ha visto los vídeos de Alexei. Debe ser eso." Agregó para calmarse. No podía haber cometido ningún error. Simplemente, lo había revisado todo cuidadosamente cientos de veces.

-¿Crees que Wallace está enterado?- susurró. Misa se acercó a él, pensativa, y se colocó a su lado. Ángel inspiró hondo.

-No lo sé bien. Liria estaba enterado, y creyó que con esas cámaras, Near lograría tu fin.- repuso un poco molesta bajo su tono risueño.- ¡Cómo sí algo así pudiera vencerte! No se da cuenta de que vas varios pasos delante de Near…

-Investiga sí Wallace está enterado.- insistió Ángel.- Él es el dueño de ese orfanato. Near no puede meter cámaras a su antojo. Sí Wallace está enterado…podemos aprovecharnos de ello.

Misa asintió, y dio media vuelta para irse. Pero algo la detuvo.

-¿Crees que nos escuchó? - preguntó Misa, mirando a Alexei. Ángel frunció el ceño.

-No lo sé. Pero, no importa sí lo hizo o no.

-¿Y sí su shinigami…?

-No importa.- la cortó Ángel, firmemente.- Confía en mí.

Misa volvió a sentir, y soltó un gemido antes de suspirar audiblemente.

-Haz cambiado, hijo.- le dijo, seriamente. Ángel bufó, con una sonrisa burlona.

-No suenas feliz. ¿No deberías de estarlo, madre?- contraatacó, alzando las cejas. Misa estudió su rostro, pero tuvo que bajar la cabeza ante la imponente mirada de su propio hijo.

-Creí qué esto te haría feliz.- murmuró ella, con tristeza.- Pero hace tanto tiempo que no te veo sonreír de verdad, que creo que me he equivocado con lo qué es mejor para ti.

Ángel sonrió ampliamente, aún burlón. Misa no pudo evitar estremecerse.

-Light tenía esa misma mirada. Y esa misma sonrisa falsa.- comentó, en voz tan baja que Ángel casi no pudo oírla. - Y ahora está muerto.

-Los dioses no pueden morir.- respondió simplemente Ángel. Y Misa supo, que aunque le doliera aceptarlo, su hijo tenía razón. Más de la qué en realidad él creía tener. Y se estremeció, sabiendo que si fuera humana y pudiera llorar, lo haría. Observó, al Monstruito, que de un rincón, contemplaba la escena, sonriendo macabramente. El shinigami habló en silencio, provocando que Misa tuviera que leerle los labios para encontrar un tétrico mensaje.

"Los dioses no podemos morir."


  1. El instrumento usado en la Death Note puede ser cualquiera (sangre, lápiz de labios, etc) siempre que la escritura sea legible.

¡Hola a todos! ¿Cómo han estado?Por fin he actualizado, y eso me hace muy feliz. Digamos que mis vacaciones han sido bastantes más atareadas que la escuela.Les confesaré que este capítulo iba a ser más largo, pero como creí que ya era demasiado para un solo capítulo, (además de que supuse que se cansarían de leer tanto) decidí que dejaré el resto de la acción para nuestro próximo episodio. ¿Eh? Quizás algunos creen que no hay demasiado en este capítulo… pero yo puedo decirles… que hay mucho más de lo que parece.Así qué, vamos directo a las teorías, que hoy están bastante buenas.

1)Muchos se olvidaron de Kij, creyendo que se quedaría muy tranquilo después de que le "arrebataran su puesto injustamente." Pues ahora vemos, que, desde las sombras, sí; pero Kij sigue ahí. Cultivando su odio, preparando su venganza. Un nuevo enemigo.¿Qué puede hacer el arrogante Kij para vengarse?

2)Increíbles los descubrimientos de Alexeien este capítulo. La chica se dio cuenta de que su propio shinigami la estaba traicionando, conduciéndola a la Muerte o al encierro, todo para salvar a Ángel.Sin embargo, ¿qué fue lo que alteró tanto a Alexeique tuvieron que sedarla para mantenerla quieta?

3)Liria, otro personaje un poco olvidado. No es fácil matar, y menos matar de la manera que Liria lo hacía. Por obligación, por salvar a sus seres queridos y a sí mismo. Una tortura algo cruel, por parte de Ángel. Otro enemigo, pero más pequeño, asustado y humano. Con esto, comprobamos la inhumana frialdad de Ángel. Y encontramos, a un pequeño sirviente asustado, que solo desea la caída de su propio amo.

4)Para el señorWallace, Alexei y Gelsu son algo más que simples huérfanos. Son sus hijos, sus alumnos… y ahora, Near los acusa de ser asesinos. Poniéndonos en los zapatos del hombre, esto es algo tremendamente difícil de aceptar. ¿A quién creer, a tu hijo inteligente que siempre tiene la razón, o a tus pobres hijos llenos de dolor, por quienes daría la vida entera? ¿Qué puedes hacer en esta situación?

5)Ángel ha cambiado, todos lo notan. Pero yo les quiero preguntar, ¿qué opinan de su plan? Es cruel, definitivamente, hacerle eso a Alexei (y teniendo en cuenta el miedo que tiene está chica a la muerte) y darle ese susto al señor Wallace; no es algo fácil de hacer. Pero con ese plan, Ángel logra culpar a alguien más de sus acciones. Ahora él está enterado de las cámaras que Near colocó en su habitación, pero Alexei no…

6)Aún así, nuestro Ángel siente algo de… rectitud a dejar morir a Alexei. Seguro todos ya se imaginan por qué, así que no es necesario preguntarles eso. Mi pregunta es, ¿qué tan insano, real y sincero es eso?

7)A pesar de esos sentimientos hacia la chica, Ángel fue de piedra al realizar su plan… pero, ¿ahoraqué hará? Se ha salvado, pero a cambio, tiene que sacrificar a Alexei. Y eso no es algo que le agrade mucho… pero no tiene otra opción. ¿Ó sí?

8)Oh, Misa-Misa tiene miedo por lo qué se ha convertido su hijo… lo peor es qué ella mismo lo transformó en "eso".Y bueno, cómo dijo Ángel y el Monstruito… Los dioses no pueden morir.Ambos tienen más razón de la que creen tener.

9)Y El Monstruito, no podemos olvidarlo. Alexei tiene sus propias teorías sobre él, pero… ¿por qué El Monstruito desearía un nuevo Kira? ¿Qué motivos los impulsaron a mover tantos hilos solo por un chico?

10)Los medios de comunicación adoran los chismes, y más uno tan jugoso como este. Ángel Matsuda y Anastasia Vanille, vivos. ¿Cómo reaccionará el mundo con esta noticia?

11)Bien, Alexei siempre ha sido la piedrota en el camino de Ángel. Ahora tiene su nombre. Un simple trazo, y ella muere. Él es libre de que ella lo acuse… pero… ¿qué tan conveniente es esto? El chico es frío, pero… ¿es capaz de matarla a ella?

12)Near sabe mucho ¿Quién es el asesino ahora?

Nos vemos en la próxima.