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Death Note II: La leyenda del Hassassin. — capítulo 26

Capítulo 25:

Prohibido

-Busco al señor Wallace.- dijo la mujer. Tenía el cabello rubio y corto, recogido en una coleta en la parte baja de la nuca. Bajo los oscuros y enormes de sol que usaba, a pesar de que se encontraban en el interior del hospital; se veían unos apagados ojos verdes. Despedía un fuerte olor a tabaco y sudor, al hablar con una voz rugosa y masculina.

-Soy yo.- respondió el señor Wallace, sin mucha emoción. No se sentía de ánimos para hablar. Había recibido una llamada de Near, dónde el chico le avisaba que dos de sus alumnos podrían ser el Hassassin. No tenía ganas de nada.- ¿Qué necesita?

-Buenas tardes. Soy Katherine Stryler, policía.- dijo la mujer, tendiéndole una gran mano llena de callos. El señor Wallace la estrechó por unos segundos, sin mucho agrado. Después, la mujer le mostró una placa que acreditaba su identidad cómo policía. Wallace apenas le echo un vistazo. - Estoy a cargo del secuestro de sus chicos. Necesito que me acompañe.

-No, disculpe.- se negó el hombre, sabiendo que su voz había sonado descortés y cortante, palabras que no combinaban con su personalidad. Pero no estaba de humor.- Debo quedarme a cuidar a Alexei y Gelsu…

-Tenemos información importante para usted. Necesita verla. - insistió la mujer, con gravedad. Dicho esto, se dio media vuelta y se echó a andar por el pasillo. - Acompáñeme.

Muy a su pesar, Wallace la siguió impulsivamente, mientras que le replicaba a lo largo del pasillo.

-¡No puedo dejarlos solos! ¿A dónde piensa que va? ¡No la acompañaré! A Alexei tuvieron que sedarla porque le dio un ataque de nervios… ¿piensa que la dejaré en ese estado?

-El otro chico la cuidará.- respondió Katherine con monotonía, como sí lidiar con personas molestas y poco cooperativas como Wallace fuera su trabajo de todos los días.

-¡Gelsu también necesita ser cuidado!- reprochó el señor Wallace. Pero entonces, vio que la mujer torcía a la derecha y se detenía frente a una puerta.- ¿A dónde cree que va?- repitió.

-A la central policiaca.- respondió Katherine son simpleza, cómo sí fuera lo más obvio del mundo. La policía presionó un botón en la pared, y un rechinido metálico les indico que el elevador se dirigía hacia ellos.

-¡No puedo ir!- insistió el hombre, desesperado.- ¡Mis alumnos necesitan que…!

-Tenemos información para usted.- lo interrumpió la mujer. - Poseemos un vídeo sobre el secuestro que debe ver.

-¿Un vídeo? ¿De qué vídeohabla?- se extrañó Wallace, frunciendo el ceño.- ¿No puede esperar?

-No, señor, me temo que no.- dijo la mujer con cierta frialdad.- Confíe en mí cuando le digo que necesita verlo.

Un sonido y un nuevo rechinido les indicó que el elevador había llegado. Las puertas se abrieron con un susurro, y la policía entro, sosteniendo con su poderoso brazo las puertas del aparato, esperando a que Wallace entrara. La mujer lo miró son severidad a través de sus lentes oscuros.

-Acompáñeme, por favor.

Wallace dudó unos segundos. Pero por algún motivo, algo le intuía que debía creer en las palabras de Katherine. Debía ver ese vídeo. Con un suspiro resignado, entró en el elevador.

-Qué sea rápido.- murmuró entre dientes. Las puertas se cerraron frente a él, dejándolo solo con la policía que despedía un fuerte y desagradable olor a sudor, tabaco y desodorante; y una melodía de Yanni que brotaba de unas elegantes bocinas sobre ellos. Katherine se volvió hacia él con una fingida y burlona sonrisa.

-Cómo usted lo deseé.

Wallace se masajeó las sienes. No era el mejor día de su vida, ni de cerca.

Momentos después, Wallace entraba en la oficina de Katherine con precaución. El lugar le recordaba más bien a una zona de desastre que a una oficina. Había papeles por todas partes, y los restos de hamburguesas, pizzas y papas fritas atraían a una gran cantidad de molestas moscas, que pasaban zumbando sus asquerosas alas cerca de las orejas impecables de Wallace. La oficina olía exactamente igual que su propietaria, y Wallace se sorprendió al encontrar un asiento libre de basura. Se sentó en él con rapidez, echando un mal disimulado vistazo de inspección a la habitación. Arrugó la nariz, expresando su incomodidad. Pero Katherine parecía no darse cuenta de los gestos de Wallace, o quizás simplemente los ignoraba con descaro, mientras buscaba algo en su computador, que seguramente estaría tan desordenado cómo su oficina. Wallace temió que saliera de ese maloliente lugar pasada la medianoche, pues sí la computadora estaba igual de desordenada, encontrar el dichoso vídeo sería cómo buscar el Santo Grial.

Wallace vio una foto enterrada entre los papeles del escritorio, al lado de una hamburguesa a medio comer, dónde un par de moscas se habían parado a descansar sobre el queso. La foto era de un niño pequeño con el rostro lleno de chocolate y una sonrisa divertida. El chocolate había llegado hasta el cabello del niño, e incluso dentro de las orejas del pequeño se podía apreciar un poco más del alimento.

-Mi hijo.- explicó la mujer con orgullo, viendo la curiosidad de Wallace.

-Se parece mucho a usted.

-¿Verdad? Dicen que tenemos los mismos ojos.

Wallace no dijo nada, pues él no se refería a ese tipo de "parecido". Al hombre no le sorprendería encontrarse a Katherine bañada en chocolate cómo su propio hijo, y sonriendo alegremente a una cámara. Pero decidió que sí quería salir de ahí rápido, no podía darle a conocer está opinión a la policía.

-Ah, finalmente.- dijo Katherine con un suspiro de alivio y una sonrisa cansada.- Lo tenía bajo el nombre de "Receta de pastel de carne." Por eso no lo encontraba.- explicó estallando en una carcajada. Wallace solo fue capaz de fingir una sonrisa qué pareció más bien una mueca. - Bien, señor Wallace.- continuo la oficial recobrando su seriedad. Se quito con los lentes de sol y los dejó sobre la mesa. - Estoy segura de qué conoce al Hassassin, ¿me equivoco?

*"Gelsu y Alexei, señor Wallace. Por ser sospechosos de ser el Hassassin."*Wallace frunció el ceño. Claro que conocía la Hassassin. Pudiera ser que lo conocía demasiado. Asintió en silencio, preguntándose que tenía que ver ese asesino con él y ese vídeo. Pero no expresó sus dudas y esperó.

-Sabe, quizás, que este asesino emplea el mismo método que utilizaba Kira, en Japón. Hemos tenido muchos muertos por ataques al corazón últimamente. Estoy también casi segura, de qué sabe cuál era el arma que usaba Kira para cometer sus asesinatos.- dijo la mujer, traspasándolo con sus ojos verdes.

Wallace dudó en responder. Pero termino haciéndolo, sabiendo que no tenía sentido mentir.

-Sí, lo sé.

-Las páginas de un cuaderno llamado "Death Note", así es. Pero existían, según mis informes, ciertas normas para realizar el asesinato.Se debía poseer el nombre real y el rostro de la víctima. ¿Me sigue?

Wallace asintió.

-El Hassassin debe poseer esa Death Note.- dijo la mujer, cómo sí esa frase fuera muy importante. Entonces, giró la pantalla del computador hacia Wallace.- Encontramos este vídeo en el lugar dónde los secuestradores mantuvieron encerrados a sus alumnos. Es totalmente real.

Preguntándose qué demonios iban a ver sus ojos, el señor Wallace plasmó su mirada sobre la pantalla, en negro. Con un click, el vídeo empezó a correr. Y cada segundo que pasaba, Wallace, conteniendo las lágrimas, deseaba que el vídeo fuera falso. Con todo su corazón.


Cuando Alexei abrió los ojos, se vio cegada por una extensa luz. Por un momento, momento en el que el corazón le dio un salto, creyó que estaba muerta. Pero segundos después, cuando sus ojos se acostumbraron a la nueva luz, se dio cuenta de que solamente estaba mirando a un foco. Sintió una sábana suave sobre ella, su cabeza recostada con cuidado sobre una almohada esponjada.

Tuvo que parpadear varias veces para ubicarse. Se sentía mareada y un poco somnolienta, cómo sí estuviera despertando de un largo sueño. Quiso ponerse de pie, pero su intuición le dijo que primero tratará de ubicarse en tiempo y espacio. Frunció el ceño, tratando de recordar lo qué había pasado.

-Al fin despiertas.- dijo una voz con alegría. A Alexei se le heló la sangre. Abrió los ojos totalmente. - Creí que estabas muerta.- agregó la voz en broma.

Y Alexei lo recordó todo. El secuestro, el rescate. El hospital. Las teorías que la habían llevado a una conclusión horrorosa y nefasta. El miedo, el pánico. Y las agujas. No recordaba nada más.

-Toma un poco de jugo. Te sentará bien.- dijo la voz de Ángel, con el mismo tono amable. Le tendió un vaso, pero Alexei no lo tomó.- No lo he envenenado, eh. Te hará estar más despierta.

Alexei se había quedado sin habla. No se sentía capaz de hablar, de moverse, de llorar o de golpear. Ya no se sentía nada, pues sabría cuál era su destino ahora. Estaba perdida.

Mientras estaba secuestrada, El Monstruito había reaparecido. Y le había dicho que la única manera de salvarse era usando la Death Note. No matando, pero, usando el poder que tenían las hojas del cuaderno para mostrar a cualquiera que las tocará la imagen del shinigami. Y Alexei lo había considerado una idea bastante buena. No se tomó más tiempo para analizarla, pues entre el susto y la desesperación, tomó la mejor opción.

Y lo hizo.

Los secuestradores tocaron la Death Note. Pero, sí El Monstruito estaba contra ella y trataba de apoyar a Ángel, seguramente, ese pequeño movimiento suyo con las hojas de la Death Note llegaría a oídos de Near. La habían descubierto.

Recordó de golpe que ninguno de los secuestradores la habían revisado antes del encierro, para ver sí traía algún celular o arma. No, ni siquiera la habían tratado de tocar. Curiosamente, ella guardaba en el forro de sus bolsillos unas hojas de la Death Note. Hojas que los secuestradores no habían llegado ni siquiera a encontrar, pues no la habían revisado en lo más mínimo.

La chica supo que no había sido una casualidad. No entendió porque no se había dado cuenta de todo esto antes. Quizás así hubiera podido evitar usar las hojas de la Death Note, haciendo justamente lo qué Ángel quería que ella hiciera: delatarse.

Se dio cuenta de que los criminales los había tratado bastante bien. Ningún golpe realmente grave, ningún abuso, ningún daño. Los habían encerrado y ya. Sin revisarlos. Un criminal no podía tener un modo tan noble y amable para cometer sus hazañas.

Solo al final, uno de los hombres la había maltratado. Pero había sido salvada justo a tiempo por la oportuna intervención de la policía.

Sintió un nudo en la garganta, y tragó saliva, con mucho esfuerzo; esperando que con eso la incómoda sensación de que unas ardientes llamas le quemaran la garganta desapareciera. Pero la sensación no desapareció, y al contrario, se hizo más grande. Alexei miró los ojos fríos y rasgados de Ángel, y le dirigió una mirada llenade odio. Pero no se sintió capaz de decir nada, así que prefirió ni siquiera abrir la boca.

-¿Estás bien?- repitió Ángel, frunciendo el ceño al ver que ella no respondía nada. Dejó el vaso de jugo en una mesita. Alexei aspiró una fuerte bocanada de aire, y sintió que los ojos se le anegaban de lágrimas. Las contuvo firmemente. No lloraría frente a su verdugo. Apretó sus manos, convertidas ahora en puños, con fuerza hasta que se hizo daño. Pero ni aún así deshizo los puños. Abrió los labios, y dijo con todo el odio del qué fue capaz de expresar:

-Púdrete, cobarde.

Ángel le dirigió una fría mirada de curiosidad, pero no se inmutó. Casi parecía que estaban hablando de algo normal cómo sí iban a pedir una pizza para comer o preferían unos emparedados. El chico sonrió, lo que provocó que Alexei tuviera el deseo de lanzarle un puñetazo a la cara hasta romperle los dientes. Se contuvo.

-Un recibimiento bastante lindo, Alexei.- bromeó él, con un aire relajado y burlón.- ¿No me vas a dar ni siquiera las gracias?

-¡¿Las gracias?!- cuestionó sin poder creer lo qué oía. Se enderezo, y sintió que todo el mundo le daba vueltas, pero no le importó.- ¿Por qué quieres que te dé las gracias? ¿Acaso crees que yo…?

-Bueno, podrías darme las gracias porque logré salvar las hojas de la Death Note que escondías en tu pantalón, antes de que te pusieran esa bata.- Alexei se dio cuenta de qué usaba una delgada bata de hospital color azul claro. Se quedó sin palabras para replicar, mientras Ángel la miraba con interés.- O podrías darme las gracias porque pienso que el color azul te sienta bien y te hace lucir bonita.

Alexei creyó que el chico se había vuelto loco. En su voz solo había burla, y sin embargo, sus ojos eran sinceros al decirle el cumplido. Lo fulminó con la mirada.

-Eres un…- gruñó entre dientes, pero el Hassassin la interrumpió.

-Un Dios.- completó él.- Y lo sabes, ¿no?

-¡Vas a irte al infierno, Ángel! ¡Te volviste loco! ¡Estás loco! ¡No sé cómo eres capaz de ser tan cobarde! ¡Eres un maldito! ¿Me oíste? ¡Un maldito!- le gritó, en un arrebato de rabia. Se puso de pie bruscamente, y se abalanzó con furia contra Ángel, con el deseo sanguinolento de destrozarlo. Quería golpearlo, destruirlo. Hacerle pagar por cada cosa… matarlo. Quería matarlo.

Pero Ángel la detuvo con rapidez, apresándole las muñecas con las manos. Alexei se agitó, pero se sentía débil, y no tardó en sentirse más mareada y con náuseas. Aún así, le lanzó una patada al chico, quién la esquivó fácilmente, cómo sí estuviera luchando contra un perrito.

-Siempre presumiste ser más prudente que yo.- dijo tranquilamente Ángel, mirándola aún con interés.- ¿Te parece esto prudente? ¿Abalanzarte sobre mí, golpeándome, en tu estado? ¿Contra mí, justamente?

-Suéltame.- le exigió Alexei, apretando los dientes. Trató de liberar sus manos.- ¡Deja de tocarme!

-No.- fue lo único que Ángel hizo, apretándole más las manos. Alexei sentía que la parte de su piel que tocaba la piel de Ángel estaba siendo envenenada. Era cómo sí estuviera tocando algo realmente repugnante. El chico tardó unos segundos antes de continuar hablando.- Escucha, Alexei, ya te lo dije. Este juego se terminó. Deja de amenazarme. Perdiste.

-¡Me traicionaste! ¡Sé que tú organizaste el secuestro! ¡Sólo quieres hacerle creer a Near que yo soy el Hassassin para…!

-Cállate ahora, Alexei.

-¡No! ¡No vas a salir de esta! ¡No lo permitiré!

-Cállate.- repitió, Ángel seguía sereno.

-¡No lo haré! ¡Suéltame ó…!

-Cállate.- dijo, ahora en un tono más alto. Alexei se calló impulsivamente, pero abrió la boca para continuar replicando. Sus ojos estabanbañados en lágrimas que querían salir, pero ella no lo permitía. - Quiero comprobar algo.

Alexei jamás hubiera esperado qué era lo que Ángel quería comprobar. No se dio cuenta de las intenciones del chico, hasta que él la estaba besando, apenas un roce en los labios, pero fue el detonante de la ira de la chica. Le lanzó patadas a la diestra y siniestra, y retorció las manos para liberarse de él. Mantuvo los labios firmemente cerrados en una apretada línea, y trató de gritar. Pero lo único que brotaba de sus labios eran gemidos desesperados de auxilio.

Alexei tuvo la sensación de encontrarse encerrada con un maniático. Pues eso era lo que Ángel era: un loco. ¿Por qué tenía que besarla? Amargamente, pensó que era otra forma de humillarla, de mostrarle que ella era la más débil, que ella era la que había perdido. Una lágrima dolorosa brotó de sus ojos, sin poder controlarla. Jamás había besado a nadie. Y ahora, sus labios eran violados por el ser que más detestaba: un asesino, Ángel Matsuda.

-Basta, Alexei.- gruñó Ángel separándose de ella y mirándola con irritación. - Te dije que quería comprobar algo. Así que deja de moverte, ó yo te voy a…

-¡No me toques!- chilló desesperada.- ¡Suéltame ahora!

-Cállate o te mato, Alexei.- le dijo muy serio. Alexei guardó silencio, congelada, conteniendo la respiración. Se estremeció entera ante la amenaza. Morir o dejarse humillar. Su orgullo, su dignidad… se habían destrozado por completo. Dejar que la humillara para poder sobrevivir. Recordó, con mucha nostalgia, a la antigua Alexei. La que trazaba planes perfectos para sobrevivir, en lugar de permitir que un asesino la usara como él quisiese. Quiso en ese momento, echarse al suelo y llorar. Y recordó las palabras de Ángel: "**Y hay otras formas de morir además de la que estás pensando, Alexei. Algunas mucho más dolorosas."

Empezaba a entender a qué se refería el Hassassin.

Buscó, desesperadamente, alguien en la habitación. Pero no estaba Wallace. Ni Misa, ni siquiera El Monstruito. No había nadie que pudiera ayudarla.

Soltó un sollozo, y bajó la mirada, mientras Ángel seguía hablando.

-Sólo es un experimento, una comprobación- repitió el chico, y por su tono, Alexei creyó que trataba de convencerse a sí mismo de sus propias palabras. Ángel la obligó a levantar la barbilla, con violencia. Alexei observó los ojos rasgados del chico, con odio y temor. Y así, asustada cómo estaba, Ángel la volvió a besar. Pero Alexei era fría como el hielo.

-¿Por…por qué me haces esto?- se atrevió a murmurar, apenas un par de segundos después. Suspiró, aliviada. No había durado tanto. Vio con Ángel sonreía malignamente.

-Tengo mis motivos.- respondió simplemente.- Pero creo que lo disfrutaste. ¿O me equivoco, señorita Vanille?

Alexei sintió que el mundo se acababa.

-Te vas a ir al infierno, Matsuda.- le espetó, en voztan baja que apenas ella misma pudo escucharla. Pero Ángel, soltó una alegre y jovial carcajada.

-Imposible, porque yo no puedo morir. Y mis acciones, corresponden al paraíso, no al infierno.- respondió él. Pero Alexei alcanzó a ver en su mirada la sombra de la duda. El Hassassin le soltó las muñecas con suavidad, pero le tomó la mano, con firmeza. - Tampoco tú has sido una santa. - Replicó él.- En cambio, yo hago todo por el bien de la humanidad. Y eso te incluye a ti. ¿Qué no ves que todo lo hago por tu bien?

-¿Por mi bien? - repitió, incrédula. Abrió los ojos de par en par. - ¿Me secuestraste por mi bien? ¡Near creerá que soy el Hassassin! ¡Y todo es por tu culpa, Ángel! ¡Me enviarán a la cárcel por tu culpa! ¡Me matarán por tu culpa! ¡Y todo porque eres un cobarde, un estúpido y maldito cobarde, qué no puede decir qué él es el asesino que ha aterrorizado al mundo en los últimos días!

Ángel frunció el ceño, y le soltó la mano con desprecio. Aún así, su semblante siguió tranquilo, y sus ojos brillaban más de lo normal.

-Es un sacrificio Alexei. No seas egoísta.

-¡Sí lo qué estuvieras haciendo fuera correcto, no tendrías porque esconderte!- continuó ella, su rostro deformado de la ira. Ángel no respondió.- ¡Mira lo qué estás haciendo! Organizaste un secuestro. ¡Amenazas con matar! Has matado. ¡Me humillas cómo sí fueras mi amo y me ordenas besarte cómo sí fuera…!

-Todo lo hice por el bien de la humanidad. Es diferente a cometer un crimen. Yo, yo sí estoy haciendo algo para salvar este mundo. - la miró fijamente.- Te besé porque ambos queríamos hacerlo, Alexei. No porque yo quisiera obligarte.

-Estás demente. ¡Estás demente! Me obligaste, ¡tú me obligaste! ¡Me van a matar! ¡Me van a matar!- chilló, ahora entre sollozos. Las lágrimas resbalaron de su cara sin que pudiera hacer nada. La chica enterró las manos en el cabello, y se arrancó mechones, mientras se echaba al suelo, llorando. Ángel la contemplaba sereno, como si nada pasará. - ¡Me van a matar! ¡Todo es tu culpa! ¡Todo! ¡Cobarde! ¡Idiota! ¡Estúpido! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio y te voy a matar! ¡Te voy a matar!

-¿Cómo vas a matarme, sí ya estás muerta?- preguntó él, con una sonrisa macabra. Alexei no pudo responder. Se limitó a golpearlo desde el suelo, con sus golpes que no eran nada para Ángel.

  • Ya te dije que no quiero que mueras. Y acabo de comprobar que eso es cierto. —murmuró en un tono más bajo.

-¡Muérete! ¡Cobarde! ¡Cobarde!

-Levántate.- le ordenó.Alexei no lo hizo, se quedó en el suelo sollozando. -¡He dicho que te levantes! ¿Qué paso con la estúpida dignidad de la qué presumiste siempre? ¿Dónde está ahora, eh Alexei? ¿Quién es superior ahora, Alexei? ¿Quién es tu Dios, ahora?

Alexei levantó la cabeza, temblorosa.

-No creo en Dios.- susurró con fuerza. Ángel le dirigió una mirada dura, mientras se agachaba para quedar a su altura. Le tendió una mano para que se levantara, Alexei no la tomó. Tambaleante, se puso sola de pie con dificultad, pues le temblaba todo el cuerpo.

-Tendrás que hacerlo ahora.- murmuró él, muy serio. No quedaba ni un rastro de burla en su rostro. Alexei no pudo evitar odiarlo más. Sentía que su ya maltrecho corazón se quemaba por dentro, volviéndose sólo una llama de ira, venganza, dolor y muerte. Odiaba perder el control de sus sentimientos de esa manera. Y sin embargo, no podía evitarlo. El horror a la muerte y la desesperación de que había sido derrotada, que no había sido lo suficientemente lista para salvarse ella misma; la hacían volverse loca.

Y recordó a su madre, y las palabras que ella le había dicho años atrás y que Alexei jamás había olvidado: "Cuando logres evitar que alguien muera, serás tan fuerte como Dios mismo. Mientras tanto, solo eres una debilucha."

La chica descubrió entonces, que se encontraba frente a Dios. No había sido capaz de vencer a la Muerte, a su propia muerte. ¿Cómo esperaba entonces poder derrotar a la muerte de los demás? ¿Cómo ella podía revivir personas, animales y plantes sí no era capaz de derrotar a la muerte? El plan que había trazando desde hace años se le antojaba demasiado para ella. Alexei ya no se sentía capaz de cumplir su sueño.

Amargamente, esto había sido justo lo que su madre había dicho siempre de ella: qué no servía para absolutamente nada.

-Voy a… voy a vencerte.- tartamudeó, sin aliento, con la imagen del rostro de su madre en la mente. Sus palabras sonaron débiles, cómo sí fueran los juramentos de un niño mentiroso. Ángel la observó, ceñudo, pero no se inmutó, ni cambio la expresión de su rostro.

  • No quiero matarte, Alexei, entiende que…

-Ya lo hiciste.- lo cortó con amargura, apretando los dientes.- Ya estoy muerta.- agregó, recordando el beso que el asesino le había robado, dejando su dignidad en el suelo. De dónde no podría levantarse jamás. Vio que los labios de Ángel formaban una sonrisa.

-Al final empiezas a entender.- dijo el chico, sonriente. Pero su sonrisa se borró cuando la mano de Alexei se estrelló contra su mejilla. Ángel no reaccionó, y se limito a mirar a los ojos azules de la chica. Finalmente, ella lo vio salir como un rayo de la habitación. Se quedó inmóvil, sin respirar apenas, con el corazón latiéndole a mil por hora, tan fuerte que podía oírlo resonar en toda la solitaria habitación.

Minutos después, la puerta se volvió a abrir, y por ella entró una temerosa mujer vestida de enfermera. Dudó en entrar, manteniéndose tambaleante en el umbral de la puerta.

-¿Señorita?- preguntó con una vocecita aguda y asustadiza, que a Alexei le recordó a un ratón.- ¿Está bien? Escuchamos gritos y…

-¿Dónde está el señor Wallace?- interrumpió Alexei. La enfermera se mostró nuevamente, indecisa.

-Salió, señorita, pero dijo que volvería pronto…

"Salió" repitió Alexei, en su interior. No le pareció una buena señal. Maldijo entre dientes.

-¿A dónde fue?- cuestionó con un tono brusco, mirando con dureza a la mujer que no respondió inmediatamente. Le dolió la cabeza. - ¿¡Dónde está?!

-¡No lo sé, señorita!- susurró la mujer. - No dijo adónde iba, solo dijo que volvería pronto, y que les diéramos a usted y al señor Gelsu todo lo que necesitarán porque…

-¿Dónde está él?- preguntó Alexei, sentándose en la orilla de la cama. Le temblaban las manos.

-¡Le he dicho que salió, señorita!

-¡Wallace no! ¡Gelsu! ¿Dónde está?- rugió Alexei, poniéndose de nuevo de pie.- ¿Dónde está Gelsu?- repitió en voz más alta. La mujer retrocedió un paso, temiendo seguramente por la salud mental de la chica.

-¡A…Afuera!-terminó diciendo tras un corto silencio.-Nos avisó que usted se había despertado y se encontraba un poco mal… Estás un poco alterada, querida, ¿no te gustaría un té o una pastilla para sentirte más calmada?

A la mente de Alexei vino la imagen de Ángel envenenado su té y dándole una sobredosis de pastillas. Tragó saliva, y respiró hondo.

-No…no quiero nada, no.- murmuró, sentándose en la cama nuevamente.- No… vete. Vete ahora, por favor. Déjame sola.Sólo quiero estar sola.

-Recuéstate, querida, te sentirás mejor… - la enfermera tuvo el ademán de darle un empujoncito para acostarla, pero se arrepintió cuando Alexei retrocedió lejos de ella.

-No me toques…- susurró la chica, recordando sus más dolorosos recuerdos de la niñez, la mayoría sucedidos en un hospital.- Estoy bien… estoy bien.

Le decía esas palabras a la confundida enfermera, pero tenía la sensación de que se las estaba diciendo a sí misma.

-Bueno… yo… me voy. Sí necesitas algo, yo… estoy afuera.- dijo la enfermera, un poco atolondrada, con una fingida sonrisa. Salió de la habitación rápidamente y en silencio.

Sola. Se encontraba totalmente sola. Siempre había estado sola. Y sola debía de continuar. Aunque fuera el poco tiempo que le quedará. Tenía que hacer algo. Tenía que intentar salvarse. No podía renunciar a su plan. No podía permitir que Ángel se saliera con la suya. Haría que todas sus luchas valieran la pena.

Aunque estuviera tan asustada que no se sentía capaz de salir de esa habitación jamás. Se tomó un mechón de cabello, y comenzó a jugar con él. Tenía que hacer algo. Pero, ¿qué? Sí ni siquiera tenía muchas posibilidades de salir triunfante…

…Siendo tan inferior a Ángel. Impulsivamente, se llevó una mano a los labios, dónde aún sentía el asqueroso sabor del beso del asesino. Maldijo la existencia de Ángel con cada parte de su oscuro y destrozado corazón.

De reojo, vio una figura oscura llegando a su habitación. Y tuvo una idea.


Ángel estaba sentado en la sala de espera, con la esperanza de que el señor Wallace llegara pronto, cuando impulsivamente se llevó la mano a los labios, ysonrió.No se dio cuenta de qué sonreía, hasta que Misa, apareciendo súbitamente, se lo dijo.

-¿Por qué sonríes?- le preguntó alegremente, cómo sí estuviera feliz de verlo sonreír de esa manera. Misa sonrió a su vez. Ángel echó un vistazo a la sala de espera. Estaba vacía, y Misa le había asegurado que no había ninguna cámara que pudiera grabarlo hablando solo.

-Por nada.- respondió él, borrando la sonrisa súbitamente. -¿Qué hay en el orfanato?- susurró, en un tono muy bajo. Misa pareció decepcionada, pero respondió firmemente.

-Near ya colocó todas las cámaras en las habitaciones. Están esperando a tu regreso. Ya inspeccionaron toda la habitación, pero no llegaron a encontrar la Death Note.- Ángel suspiró aliviado.- En el cuarto de Alexei no encontraron nada tampoco, por lo visto. Es curioso, pero… Light me contó que "L", el antecesor de Near, una vez usó está misma técnica y fue un fracaso. Light actuaba como un muchacho normal frente a las cámaras, y nadie sospechó que él pudiera ser Kira… Creo que sí haces tú lo mismo, todo saldrá bien.- comentó Misa, con timidez, cómo sí creyera que su idea fuera tonta. Ángel sonrió forzadamente.

-Sí todo sale bien, aprensarán a Alexei antes de salir del hospital y no tendré que actuar frente a esas cámaras. ¿Seguiste a Wallace también?

-Sí.- respondió Misa.- Ya vio el vídeo. Está destrozado. No puede creer que Alexei sea el Hassassin. Y siente pena por ti, porque sigue creyendo que estás enamorado de ella.

Ángel no respondió nada. Enamorado de Alexei. Eso era lo que quería comprobar. Sí solo se sentía atraído hacia ella, y por eso no la quería dejar morir. O sí realmente… la quería tanto como para matarla. Lo que había sentido al besarla, aquella sensaciones inexploradas y nuevas para él, volvieron a su mente tan reales que fue cómo sí estuviera besando a la chica por segunda vez. Había sido, electrizante, emocionante, peligroso…y frío, nada que hubiera sentido antes. Recordó cómo ella se había resistido al beso de hace unos momentos. Tuvo el deseo de volver a su habitación y besarla nuevamente, hasta que ella aceptará el gesto y le devolviera el beso. Porque Alexei lo tenía que apreciar, de alguna manera. No tenía motivos para odiarlo.

Pero ella no había respondido al beso, y Ángel no podía decidirse sí de verdad la quería o solo le atraía. Quizás, sólo necesitaba pasar una noche con ella para olvidarla por completo, y poder matarla con facilidad. Quizás, solo lo atraía, y sí cumplía su deseo de tenerla, todo habría terminado. Pero, ¿cómo obligarla a hacerlo? Él no la había obligado a besarlo, ¿ó sí? Alexei debía sentir curiosidad, al menos. Y él había dado información a la curiosidad de la chica.

Pero… ¿y sí estaba enamorado? Pensó que habría más chicas. Mejores que ella, más hermosas, simpáticas y cariñosas que la fría y solitaria Alexei. Chicas que sí responderían a sus besos, y darían lo que fuera por estar con él. Pero se preguntócon un arrebato de rabia, ¿por qué demonios Alexei no podía responder al beso y sacarlo de sus dudas?

"Hay más chicas…pero ninguna Alexei. Sí la mato, la perderé para siempre." A Ángel no le gustó la idea. Sacudió la cabeza para ordenar sus ideas, y cuando miró a Misa, ella lo miraba con el rostro lleno de curiosidad.

-Te gusta, ¿verdad?- la preguntó con severidad. Ángel rió, burlón.

-¿Alexei?- agitó la mano, un ademán para quitarle importancia.- Por Dios, Misa. Pienso que es guapa, y ya. Pero hay mujeres mucho más guapas que ella, así que, cuando se pudra en la cárcel no perderé nada especial…

-No, no. Quiero decir… ¿la quieres?- lo hostigó Misa. Ángel miró a su madre con seriedad. La conversación se la hacía extraña: él hablando con su madre muerta sobre chicas. Recordó a Sayu, y se dio cuenta que hacía mucho tiempo que no pensaba en ella. Alguna vez había tenido una conversación parecida con ella, muchos años atrás, cuando Ángel tenía unos ocho años y le había comprado unas gomitas de colores a una chica con largas trenzas de su escuela. Sayu no había parado de interrogarlo hasta que él confesó que quería a la chica. Pero en este caso, él no quería a Alexei. Así que no había nada que decir.

-No, Misa, no. No me interesa Alexei.- respondió un poco aburrido.

-No te pregunte sí te interesaba. Quiero saber sí la quieres.- insistió la shinigami, con voz aguda. Ángel le mantuvo la mirada.

-No.

Misa lo miró con desconfianza.

-Entonces, ¿por qué la besaste?

-¿Cómo sabes eso?- cuestionó inmediatamente el chico, elevando un poco la voz. La bajo de nuevo, recobrando la cordura. .- No importa.- suspiró.- Lo hice por motivos que nos interesan a los dos, Misa.

-Sí no la quieres, no tienes porque besarla. ¡No está bien jugar con una mujer, Ángel! La mandarás a la cárcel, puede que a la muerte, y la besas. ¡No sabes lo doloroso que es que jueguen contigo!

-¡No jugué con ella, Misa!

-Entonces,¿por qué la besaste sí no la quieres y no estás jugando con ella, Ángel? - contraatacó la shinigami. Su tono de voz era furioso.

-Escucha: hago lo que quiero, porque tengo motivos para hacerlo. No hablemos más al respecto.- sentenció Ángel, dando terminada la conversación. Se miró con un fingido interés el regazo, pero Misa continuo hablando.

-Sí te enamoras de ella puede arruinar el plan.- le dijo Misa en un tono acusador.

-Qué curioso, hace unos momentos creí que no te interesaba el plan, preocupándote sí yo sonreía o no. - Replicó Ángel, y contempló cómo Misa se quedaba con la boca abierta.- Y sí me enamoro de ella, el plan seguirá siendo el mismo.

-¿La enviarás a la cárcel de todas maneras?

Ángel meditó la respuesta.

-Sí me enamoró de ella trataré de salvarla. Pero nunca su vida estará encima de mi plan. El amor no es tan importante para un Dios. - concluyó, y ahora sí, Misa no continuó la conversación. Ángel tuvo la sensación de que la había herido, diciéndole esa última frase. Misa había estado enamorada de Light. Y con las palabras de Ángel, quizás dudará de que el amor del Kira hacia ella fuera tan cierto como había creído. Se sintió un poco culpable, pero no dijo nada. Y se dijo a sí mismo que había dicho y hecho lo correcto.

-Para Light si lo fue.- murmuró Misa, y Ángel no pudo evitar poner los ojos en blanco y soltar una risa burlona.- Para él, el amor sí importaba. Y es por ese amor por lo que estás aquí, Ángel. Nunca lo olvides.

-Déjate de estupideces, Misa. Déjame pensar y lárgate a otra parte dónde no seas sólo un estorbo que no para de hablar.- respondió con dureza. Y ahora sí no tuvo duda de que Misa se había ofendido. La shinigami giró indignadamente su cabeza, sacudiendo toda su rubia cabellera.

-¡Pues me necesitas más de lo que quieres admitir, Ángel! ¡Sigo siendo tu madre! - chilló ella, dándose media vuelta en el aire. Ángel no respondió nada, y alzó las cejas. - ¡Y sigo siendo tu shinigami, por lo que esa Death Note, es mía!

Y dicho esto, Misa desapareció, dejando atrás un silencio que Ángel apreció. Suspiró, aburrido. Misa no tardaría mucho en volver y pedirle disculpas. Sus berrinches solo eran tontos e inmaduros.

Sí se enamoraba de Alexei… pero, ella era una pecadora, una tonta al igual que el resto del mundo. Estaba tan podrida cómo ellos. ¿Qué hacía él, un Dios, superior a todos, pensando en una tonta y asquerosa humana? Una humana que tiempo atrás lo había asustado y amenazado, haciéndolo creer a él, que era inferior a ella. Una humana que lo había amarrado en su propia habitación, se había burlado de él, y lo había humillado.

Recordó la primera vez que había visto a Alexei. Había sido solo un niño estúpido y patético cómo todos los demás, un chillón que lloraba la muerte de su padres, mientras asustado trataba de escapar de un orfanato que le ofrecía la oportunidad de mejorar sus capacidad. Ah, ese antiguo Ángel era tan poca cosa, nada comparado a lo que él era ahora. Muy apenas recordaba esos sentimientos tan humanos cómo el pánico, la estupidez, el amor…

Alexei le había parecido preciosa. Con su largo cabello dorado, sus ojos azules llenos de egoísmos, frialdad y superioridad. Parecía tan única. Es que era única, una chica tan solitaria, fría, inexpresiva e inteligente le parecía un ejemplar que jamás podría volver a encontrar. Alexei tenía "algo". Era tan pura y transparente, pero al mismo tiempo, oscura y misteriosa. Y es que habría chicas parecidas, pero ninguna Alexei. Ninguna chica con el cabello dorado y ojos fríos cómo el hielo. Ninguna chica tan amenazante cómo hermosa. Tan inocente y cruel. Una mezcla perfecta de antónimos.

Y había hecho, en ese entonces, todo para conocerla. Y entonces, cuando era más inmaduro, disfrutaba burlarse de ella, molestarla y hacerse notar frente a ella. Pero ahora era un hombre, de hecho, era mucho más que un hombre.

Y tomaba decisiones importantes. Decisiones que cambiaban vidas.

Pensó en Alexei, y su corazón latió con fuerza. Deseó que ella respondiera a aquél beso, para que así él saliera de todas sus dudas y pudiera continuar con su misión como Dios.

Al besarla, había tenido el desesperado y enloquecido deseo de besarla más, de acariciarle el cabello o abrazarla. Sentía cómo sí estuviera haciendo algo malo, cómo sí estuviera rompiendo alguna regla. Era cómo un beso prohibido. Él y su enemiga. Él, el Dios. Ella, la insignificante y estúpida humana. Él, la Muerte. Ella, la Vida. Mezclados en tantos contrarios que esa unión debía ser perfecta por tan diferente que era.

Cerró los ojos un segundo, analizando una palabra…

"Prohibido."

Alexei estaba prohibida. Y eso hacía que su atracción hacia ella se hiciera más intensa.

Abrió los ojos. Tenía que pensar en su plan. En qué iba a hacer ahora. Ahora que todo se podía arruinar por un nuevo sentimiento prohibido.

Pero su mente se distrajo. Comenzó a imaginar, cómo hubiera sido sí Alexei hubiera respondido al beso. Y en esa sala de espera, Ángel sonrió.


-Tenemos que detener a Alexei, señor Wallace. - explicó la mujer, con tristeza, mirando el rostro destrozado de Wallace. - No podemos dejarla ir, mientras sea sospechosa de ser el Hassassin.

-Alexei…- susurró el señor Wallace, con la cara bañada en lágrimas. Recordó las escenas del vídeo. Alexei hablando sola, repitiendo muchas veces las palabras "Death Note" y "matar". Alexei diciendo que sí los mataba, Near sospecharía. Alexei usando unas hojas sacadas de sus bolsillos para aterrorizar a sus secuestradores. No lo podía creer. No lo quería creer.- Alexei… No puede ser.

-Lo siento muchísimo, señor, pero es lo mejor para todos.- insistió la oficial Stryler.- Nos dirigiremos al hospital para arrestar la muchacha y luego procederemos con las investigaciones que…

-No puedo hacerle eso a Alexei…- susurró Wallace, sintiendo que su corazón se destrozaba.- No puedo… ¿sabe por todo lo qué ha pasado? ¡No pueden arrestarla!

-Es una asesina, señor.- replicó la mujer con un tono más frío.- Debe pagar por lo que ha hecho.

Pero Wallace no entraba en razones. Aún recordaba el día en que Alexei llegó al orfanato, siendo una niñita que no paraba de llorar. Usaba un vestido rosa, y en el cabello un enorme moño. Decía cosas en un francés poco entendible entre sus sollozos. Aún recordaba la terrible historia de la chica. Recordó el estado de locura en el que entraba cuando oía hablar de la muerte. Ese temor… no podía, simplemente no tenía sentido.

-¡Soy el tutor de Alexei y me haré responsable de todo lo que se le acuse!- dijo con firmeza, en un arrebato de valentía. - Es menor de edad, y es mi responsabilidad.

La mujer lo miró extrañada, cómo sí hubiera dicho algo muy importante.

-Sí no me equivoco, el nombre de Alexei es Anastasia Vanille. Quizás la verdadera autoridad sobre ella este en su padre.

-No, desde que Alexei puso un pie en mi orfanato, se volvió una huérfana, y todos esos huérfanos son como mis hijos.- respondió el señor Wallace.- El señor Vanille no tiene ninguna responsabilidad u obligación en relación a su hija.

-Este es el caso más extraño de toda mi vida, y mire que he tenido algunos que podrían sorprenderlo.- murmuró la mujer, con amargura.- Tras un secuestro, encontramos a Anastasia, que se suponía que estaba muerta, convertida en el Hassassin. Escuche, señor, sabemos que es difícil, pero sí está tan seguro de qué Alexei no es una asesina, no hay problema en permitir que sea detenida por unos días. Quizás, cómo usted dijo, pudo haber una confusión, y estamos equivocados, pero tiene que entender que es necesario comprobar sí estamos en lo correcto o no.

-¡Es qué…! Sí conociera a Alexei, sabría que no tiene ningún sentido acusarla del ser el Hassassin. Escúcheme, esa niña teme a la muerte con todo su corazón y es totalmente incapaz de matar.

-¿No ha pensado que quizás la niña le ha mentido? Su padre es un excelente mentiroso.- analizó la policía, frunciendo el ceño.- Simplemente finge ser inocente y asustada frente a usted para mantener las apariencias.

-¿Y sí lo que finge es ser el Hassassin? - Contraatacó el señor Wallace, a la desesperada.- ¿Y qué sí alguien la obliga?

La mujer le dirigió una fría mirada analizante, y no respondió al principio. Pero cuando lo hizo, habló con voz neutra y cortante.

-Entonces, no debería haber ningún problema en que la detengamos hasta comprobarlo.

El señor Wallace tuvo ganas de gritarle a esa testaruda mujer en su cara que Alexei no era ninguna asesina. Pero recordó que Near también pensaba lo mismo. Quizás, de nuevo, el equivocado era él.

-Llamaré a mi abogado.- repuso el señor Wallace, sacando su elegante teléfono del bolsillo de su saco. Se acomodó los lentes para marcar, ante la mirada de desconfianza de la mujer. Apenas escuchó el primer timbrazo, y salió de la habitación para tener un poco más de privacidad.

No entendía porque hacía todo esto. Las pruebas parecían obvias. Y sin embargo, algo hacía imposible el hecho de que Alexei fuera culpable.


-¿Qué están haciendo en el cuarto de Gelsu y Alexei?- preguntó Kij, a un silencioso y sombrío Liria, que estaba comiendo solo en un rincón del comedor. El plato del chico estaba lleno, y muy apenas había tomado los cubiertos. Liria estaba tan delgado y ojeroso que parecía un cadáver. Pero eso no importaba ahora, pues Kij tenía asuntos más importantes que la salud y el bienestar de su amigo.

Liria lo miró con una mirada fría y hueca,y no respondió absolutamente nada. Kij observó extrañado a su amigo.

-Te hice una pregunta.- insistió tras un rato de silencio, dónde quedó claro que Liria no hablaría. El chico siguió sin responder nada.- ¡Sé que lo sabes! ¡Necesito saberlo, Liria!

-No lo sé.- sentenció el chico, con vozronca. Su voz sonaba cómo sí hubiera pasado horas llorando desconsoladamente.- No tengo idea.

-Pero… ¡estás muy cerca de sus habitaciones! ¿Cómo no…? ¿Cómo no puedes saberlo?- rugió Kij, entornando los ojos y esforzándose por no levantar la voz.- Bueno, ¿pero qué sucede contigo últimamente?¡Es cómo sí nada te importara, Liria, cómo sí solo estuvieras interesado en ti mismo, metiéndote en ese estúpido aislamiento! No ganarás nada dejándonos de hablar, ni siquiera conseguirás llamar la atención. Seguro sí sabes que sucedecon Gelsu, pero no quieres decírmelo. Creí que podía confiar en ti, ¿Sabes? Como los supuestos "hermanos" que somos. Por lo visto, estoy equivocado.

Liria cerró los ojos, que se le habían llenado súbitamente de lágrimas. Kij supo que sus palabras lo habían afectado, e incluso lo habían afectado más de lo que deberían. Se preguntó, qué demonios le sucedía a Liria. Esas lágrimas lo sacaban de quicio.

-Perdón…perdóname.- murmuró Liria, en susurros.- No sé nada…

-¡Olvídalo! No necesito tu ayuda. No necesito la ayuda de nadie. Descubriré yo solo lo que esconden Gelsu y Alexei.- afirmó, y dicho esto, se puso de pie y salió como un rayodel comedor, sin reparar en la presencia de nadie más.

Corriendo lo más rápido que sus piernas le permitían, Kij se dirigió velozmente a las habitaciones de Ángel y Alexei. Cuando iba a entrar al pasillo dónde dichos cuartos se encontraba, se detuvo silenciosamente. Se pegó todo lo que pudo contra la pared, y contuvo la respiración. Escuchaba, los frenéticos latidos de su propio corazón sonando audiblemente en sus sienes. Una gota de frío sudor resbalaba por su nuca. Jamás se había sentido tan asustado.

Tuvo el deseo de dar media vuelta y echarse a correr en dirección contraria. Pero el nerviosismo lo hizo quedarse congelado, sin poder moverse o decir absolutamente nada. Supuso, y con mucha razón, que era diferente decir las cosas a hacerlas. Sin que pudiera evitarlo, una serie de dudas, la mayoría de ellas muy fantasiosas, comenzaron a nublar la claridad de su mente. ¿Y si alguien lo descubría? ¿Y sí Gelsu lo encontraba en ese momento? ¿Y sí se hallaba con los ojos fríos de Alexei? ¿Y si ellos escondían en sus habitaciones algo que nadie debía ver? ¿Un arma? ¿Y si estaban construyendo una bomba? ¿Y si tenían a alguien secuestrado y bajo tortura? ¿Un cadáver, quizás?

¿Y si alguien estaba tratando de matarlos y les estabantendiendo una trampa dentro de sus propias habitaciones? Descartó, con la poca lógica que le quedaba, la idea. Con un sombrío sarcasmo, pensó que nadie querrían hacerle daños al genialísimo Gelsu. Quizás a Alexei sí, pero a Gelsu. Y alguien estaba alterando las habitaciones de *ambos,*no solo de Alexei. Maldijo por lo bajo su cobardía, y respirando hondo, trato de armarse de valor.

Pero no funcionó. Ordenó a sus pies moverse, pero estos permanecieron en su lugar como si estuvieran clavados al suelo. "*Vamos, no es nada. Puedes hacerlo, Kij, eres inteligente."*Se dijo para darse ánimos. Escuchó un ruido, y contuvo un grito de susto. Se avergonzó cuando vio que era el sonido de su propio pie moviéndose lo que lo había asustado de tal manera.

"Solo estás paranoico" trato de explicarse, para justificar sus acciones. Recordó la injusticia de Gelsu y Alexei. Él podía infiltrarse en sus habitaciones con facilidad, no por nada era el mejor alumno de todo el Orfanato Wammy. Y sí lo descubrían, su gran capacidad intelectual le daría una fácil y creíble excusa que solucionaría sus problemas. En ese momento no se le ocurría ninguna excusa, pero ya sí se encontraba en descubierto, seguro que su cerebro cooperaría más. Sí, claro que podía. Necesitaba hacerlo. Sí Gelsu y Alexei escondían algo, él merecía saberlo.

No lo descubrirían, por supuesto que no. La suerte estaba con él. Con más confianza, pero aun sin una sensación de total seguridad, Kij dio un tembloroso paso.

Pero retrocedió inmediatamente al escuchar otro ruido. Está vez, era la voz de una persona, de un hombre con un inglés extraño, muy fluido y con los sonidos pegados. La voz estaba ahogada, y era apenas un susurro. Conteniendo las ganas de echarse a correr, Kij agudizó su oído, y detectó que la voz provenía de la habitación de Alexei.

-¡Dile a Near que ni siquiera su mamá podría instalar esto tan rápido…!

El hombre calló, súbitamente, y Kij imaginó que alguien lo debió de haber silenciado a la fuerza.

¡Había acertado! ¡"Alguien" estaba tratando de poner "algo" en el cuarto de Alexei! El chico sintió cómo una vocecita interior festejaba el descubrimiento con muchísima alegría. ¡Seguro era algo que nadie más sabía! Una información que había caído en sus manos, y eso solo se debía al destino. El destino lo había llevado hasta ahí. Con una sonrisita, se dio cuenta una vez más de que estaba destinado a hacer grandes cosas.

Pensó que ahora que tenía esa información, podía dar media vuelta y dirigirse al despacho de Jo a contarle lo que había oído, pero su intuición le dijo que se quedará un poco más, quizás para conseguir escuchar algo más. Mucho más seguro de sí mismo, avanzó con pasos muy silenciosos por el pasillo, hasta colocarse a una distancia considerablemente cercana de la habitación de Alexei. Se concentró en escuchar algo, pero solo encontró un extraño silencio. Se mordió un labio, con gesto de concentración. ¿Por qué no se oía nada?

-¿Kij?

Dio un salto, cómo sí fuera un gato asustado, y temió que su corazón se hubiera detenido por el terror. Se giró para ver quién era su sorpresivo descubridor, y por un momento creyó que podría ser Jo, o Wallace o la propia Alexei. Pero solo se encontró con el demacrado rostro de Liria, que lo miraba con preocupación bajo la máscara de fría inexpresividad que había en toda su cara. De tan solo mirar los ojos tristes y oscuros del chico, Kij perdió toda la seguridad y confianza en sí mismo.

El terror dio paso, casi instantáneamente, a la furia. Kij tuvo ganas de ponerle las manos a Liria alrededor del cuello y apretarlo hasta que muriera, pero su razón le comunicó que esto no era política y socialmente correcto en la cultura inglesa. Quiso gritarle, pero al mirar a Liriade nuevo, perdió todas las fuerzas para hacerlo. Una parte de él no se sentía capaz de gritarle al desdichado muchacho, que tenía una experiencia tan deplorable. Pero Kij le dijo a su propia mente que no le gritaba para no llamar la atención del hombre que se encontraba en la habitación de Alexei.

-¡Shh! ¡Silencio! ¿Te has vuelto loco?- susurró, lo más bajo que pudo. Sentía su corazón latir aceleradamente por el pánico de ser descubierto. ¿Y si el hombre de la habitación lo mataba? ¿Qué pasaría con el Orfanato sin Kij, sin su sabiduría? No podía arriesgarse, definitivamente. Liria lo miró sin interés, cómo si no le importará nada de lo que dijera. -¿Qué haces aquí? ¿Me seguiste? ¿Me espiabas?

-En realidad…vengo a mi habitación.- respondió tímidamente Liria, señalando con un dedo tembloroso una de las puertas del pasillo. Sus ojos expresaban ahora, total horror, pero está vez, Kij sí le puso atención. Le lanzó una mirada evaluadora, de arriba hasta abajo. Y dedujo, que no había necesidad de hacer teorías o conjeturas respecto a Liria. Estaba muy claro que estaba sumido en una tristeza muy profunda y en un terror interminable. Sus ojos estaban brillantes, por las lágrimas que queríanbrotar de ellos. Bajo estos, había enormes ojeras, lo que indicaban que el chico no había dormido nada bien últimamente. Todo el cuerpo de Liria temblaba. Estaba tan delgado, que parecía que se iba a romper en pedazos en cualquier momento, como un frágil cristal. Lucía, pensó Kij, como una persona a punto de morir.

-Lira… ¿Qué te sucede?- le preguntó. Trató de que su voz sonara amable, pero no estaba acostumbrado a ser así, por lo que no pudo evitar su tono brusco y socarrón de siempre. Liria, por toda respuesta, lo miró, agonizante. Era como si una pena lo estuviera matando lentamente por dentro.- Puedes confiar en mí.- musitó, un poco incómodo. Nunca había tenido una plática parecida, apoyando a otro ser humano de manera compasiva.- Si te pasa algo, si necesitas que te ayude…dímelo. Yo puedo ayudarte- agregó, totalmente seguro de ello. Aunque, segundos después, dudo que pudiera salvar a Liria de esa tremenda oscuridad.

Escuchó como Liria tragaba saliva audiblemente, como si estuviera tragando un montón de clavos y navajas que lo desgarraran por dentro. Parecía que Liria iba a decir algo, por lo que Kij lo aguardó con paciencia.

-No me pasa nada.- respondió secamente Liria, después de un largo silencio. Los ojos del chico estaban plasmados firmemente en el suelo.- Estoy bien, gracias por preocuparte.

-¡Liria!- replicó Kij, perdiendo su paciencia.- ¡Es obvio que te pasa algo! ¡Puedes confiar en mí…!

-No te necesito.- lo cortó Liria, con frialdad. Levantó la mirada, y observó con gesto severo a Kij, que tenía la boca abierta de la sorpresa. Jamás había escuchado a Liria hablar así, tan directa y fríamente.- Así que déjame en paz, y lárgate a husmear a otra parte.

Dicho esto, Liria dio media vuelta, y entró en su habitación, cerrando la puerta con rapidez. Pero justo antes de que Liriacerrará la puerta, las miradas de los dos chicos se habían encontrado nuevamente. Y Kij, podía haber visto en Liria, de nuevo; el terrible miedo, y la sangrienta tristeza que lo estaban destruyendo, sin que nada ni nadie pudiera ayudarlo.

Kij se quedó unos minutos más, no supo cuantos, frente a la puerta de Liria, paralizado sin poder mover un músculo, y en un sepulcral silencio que lo turbaba en todos los aspectos. Se estremeció de pies a cabeza al oír una voz. Está vez, su instinto reaccionó deprisa, y ya llevaba buen tramo recorrido cuando encontró un pequeño armario. Sin dudarlo, se metió en él, y echó cerrojo a la puerta, nervioso. Contuvo la respiración, acompañado solamente, de escobas, jabón, trapos sucios y recogedores; mientras que unos pasos que pretendían ser silenciosos cruzaban el pasillo.

Kij, sin necesidad de ver al dueño de los pasos, supo que era mujer. Una mujer con tacones, y con poca habilidad para usarlos. Y creyó que era más que obvio que aquella mujer, fuera quién fuera, se dirigía a la habitación de Alexei, dónde una pequeña conspiración se estaba desarrollando en el mayor silencio posible.

"Bien" pensó Kij, con suspicacia. Una nueva energía de adrenalina recorría sus venas. "No fueron capaces de callar totalmente su secreto. Y yo me encargaré de revelarlo."

Near estaba organizando todo aquello. Estaban instalando algo en las habitaciones de Gelsu y Alexei. Y Kij, sin pensárselo mucho, supo que solo debía haber un motivo por el cual Near haría algo así.

Y ese era que Alexei y Gelsu tenían algo que esconder. No sabíaqué, y ni siquiera se lo imaginaba, pero había un algo.

Y él, el verdadero sucesor de Hec, se encargaría de descubrirlo.


-Quiero ver a Gelsu.- ordenó la chica, miró de reojo a su derecha, dónde El Monstruito se encontraba mirándola con sus ojos rojos. La enfermera asintió.

-Eh, bien… yo… lo iré a buscar.

Un par de minutos después, Ángel apareció en la habitación con una sonrisilla de suficiencia en el rostro, pero con una expresión sombría. Cuando vio a Alexei, su sonrisa se hizo más amplia y a Alexei le incomodó lo sincera que esa sonrisa parecía.

-¿Tocaste las hojas de mi Death Note, cierto?- le preguntó ella, aprensivamente. Ángel arqueó una ceja.

-¿Tiene eso algo de importancia?- adquirió, con un tono burlón.

-¡Sí, sí lo tiene!- repuso Alexei con impaciencia.- ¿Las tocaste sí o no?

-Sí.- respondió Ángel, tranquilo.- Lógicamente, lo hice.

Ángel esperaba alguna otra reacción por parte de Alexei. Ella miró haciadónde estaba el invisible Monstruito y lo miró atentamente. Tenía un plan. Desesperado y malo, pero lo tenía. Crearía caos en el caos.

-Muéstrate.- dijo Alexei al Monstruito. Ángel la miró extrañado.

-¿Con quién hablas?

-Con mi shinigami. Monstruito, muéstrate ante él.

-Es una locura, Alexei… no entiendo porque…- rechistó El Monstruito, pero Alexei lo interrumpió.

-Sí confías en mí, haz lo que te digo.

-Pero es que no tiene sentido que…

-Sí de verdad me eres fiel, haz lo que te digo.

El shinigami la observó con mucha desconfianza e incertidumbre. Alexei supo por la expresión que tenía en su rostro que no entendía absolutamente nada. Solo que sí, se negaba, estaría desobedeciendo a Alexei. Y eso era algo que se suponía que no debía hacer, estando de su lado. Lo tenía contra la espada y la pared.

A regañadientes, El Monstruito se hizo visible ante Ángel. Alexei lo supo por la expresión de sorpresa y total desconcierto en su cara.

El shinigami era enorme, tan enorme que apenas cabía en la habitación. Parecía tener algún tipo de armadura, pero está tenía la forma de un esqueleto gigante, relleno de más huesos que parecían humanos y se veían por las descubiertas costillas. Un shinigami que parecía estar relleno de cadáveres, con una larga capa negra y ondeante. Dos enormes alas que parecían las de un ángel negro estaban pegadas a su espalda. Todo en él parecía tan inhumano, aterrador e irrealista que su rostro, totalmente humano a excepción de unos sanguinolentos ojos rojos, parecía que no combinaba entre todo ese físico.

Alexei vio cómo Ángel reconocía al rostro del shinigami. Frío, inexpresivo. Ojos rasgados. Cabello castaño. Era cómo sí Ángel se estuviera mirando en un espejo.

-Te presento a mi shinigami: Light Yagami.


  1. Incluso el propietario original del cuaderno, el shinigami, no conoce todos los detalles que envuelven a la Death Note.

¡Hola! Bueno, habrán notado que está vez actualice muchísimo más pronto, y eso se debe a que la historia será eliminada. Por lo visto, ha infringido las normas de Potterfics, y hace unos días que recibí un correo de los Moderadores comunicándome que tenía que eliminar la historia, o borrarían mi cuenta en Potterfics. Así que, este es el último capítulo de esta historia. Les doy las gracias por todo su apoyo, y les pido mis más grandes disculpas por haberlos dejado con la historia a medias.

¡Ahhhh! Jajajajajajajajaja, es una broma. No se preocupen, la historia no ha roto ninguna regla, no que yo sepa, al menos; yel motivo de mi rápida actualización es que soy libre. J Estoy de vacaciones, ¡hurra!

Ahora sí, volviendo al tema: las cosas se ponen mucho más peligrosas para los personajes de nuestra historia. Es como sí el final de la investigación de Near fuera inminente. Vamos directo a las teorías, que no son muchas, pues más bien es un capítulo de revelaciones.

1)Wallace ya lo sabe, pero no lo quiere saber. Near se lo dijo. El vídeo lo comprueba. Alexei posee una Death Note, y es la responsable de los asesinatos que se han estado cometiendo.Pero Wallace no lo cree. Dice que hay "algo" que lo impulsa a creer que la chica es inocente, a pesar del vídeo. Y Wallace defenderá a Alexei, sea como sea. Pero, ¿por qué Wallace actúa así? ¿Qué puede hacer él para ayudar a Alexei? ¿Qué es ese "algo" que impide a Alexei ser el Hassassin?

2)Ya sabemos porque Alexeise alteró tanto. Concluyó, que Ángel había organizado ese falso secuestro para culparla del ser el Hassassin. Alexei está totalmente sola. Ya no puede confiar en su propio shinigami. Las cosas parecen no tener salida. Y lo peor, es que, ya no hay mucho que pueda hacer para salvarse. Las pruebas recaen en lo mismo: ella es la asesina.¿Qué puede hacer para salvarse?Yo sí sé ;)

3)Ya muchos lo esperaban, Ángel besó a Alexei.No sabemos, al igual que él, sí es amor, obsesión, deseo, trauma… entre otras posibles situaciones. El ser humano es demasiado complejo. Sea lo que sea, podemos estar seguros, de que los sentimientos de Ángel por Alexei, pueden, pero no es un hecho seguro, cambiar el plan que tiene el chico. Quizás haya un poco de compasión y bondad en su corazón, para darse cuenta de lo que está haciéndole a Alexei es una cobardía. Me gustaría conocer su opinión sobre esto. ¿Qué siente Ángel por Alexei? Y ¿Cómo puede afectar la historia esto? ¿Qué rumbo tomarían las cosas?

4)Kij. Parece que el equipo de Near no ha actuado con suficientecuidado, y esto ha ocasionado que más de una persona se entere de que hay algo raro en las habitaciones de los chicos. Y que persona en especifico se entero: una de las que más odian a Gelsu y Alexei, el querido Kij.

5)La revelación más importante de este capítulo, y posiblemente una de las más importantes de todo el fic, es el hecho de que… ¡Bingo! ¡Acertaron! Felicidades a aquellos que lo descubrieron. El Monstruito oficialmente es Light Yagami. Ahora que están seguros de esto, las cosas para ustedes están más claras, ¿o no?

6)¿Qué gana Alexei mostrando a Ángel la identidad del Monstruito?

7)Y por último, ahora Ángel sabe que el shinigami de Alexei, es su propio padre. ¿Cómo lo afectará esto psicológicamente? Aún más, ¿cómo afectará esto sus próximas decisiones?¿Cómo se sentirían ustedes al enterarse de esto? Quizás podrían revisar los antecedentes en la relación Monstruito-Ángel- Alexei J

Me despido de ustedes con la esperanza de verlos muy pronto. Un saludo a mi querido esposo PM, se lo debo:B ¡Muchas gracias por leer! ¡Nos vemos en la próxima!