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Death Note II: La leyenda del Hassassin. — capítulo 27
Capítulo 26:
Ultratumba
Ahí estaba. No había duda que era él. Imponente, poderoso, noble… frío. Inmortal. Orgulloso, a pesar de las batallas perdidas. Eterno, a pesar de que estaba muerto. Estaba tan cerca de cruzar la línea entre lo mortal y lo divino, que Ángel se sintió pequeño, y se preguntó sí debía arrodillarse ante él. Ante su padre, Light Yagami.
Se había quedado, milagrosamente, sin aliento. No era algo que la pasara a menudo, pero ese momento lo ameritaba, y era imposible no quedarse congelado al mirar directamente esos ojos rojos. Se encontraba en la misma habitación que un ser glorioso y bondadoso, y no podía evitar pensar que su presencia no era grata o no era necesaria junto al intimidante shinigami. Ángel Matsuda era escoria, en comparación al Dios.
Light, sí es que se le podía seguir llamando así a un ser tan divino, se limitaba a verlo, pero sin observarlo. Era como sí el shinigami mirara a un montón de insectos, todos tan insignificantes, irrelevantes, innecesarios… que con tan solo un movimiento, podría matarlos, y él no lamentaría su muerte en lo más mínimo. Para Light, eso eran los humanos. O al menos esa era la sensación que Ángel tenía.
Con esperanza renovada, sintió que para Light, él era algo más que un insecto. Y sin poder creerlo, Ángel cayó en cuenta de que él era hijo de ese ser tan magnífico y perfecto. No podía ser cierto, que Ángel, un simple mortal, pudiera haber nacido del amor y cariño de un Dios. ¡Qué bondadoso debía de ser su corazón para realizar semejante acción!
Descubrió que tenía la garganta seca y que derramaba perladas gotas de frío sudor por toda su frente. No recordaba haberse movido o respirado ni una sola vez desde que se había encontrado con la imagen de su padre. Ni siquiera había pestañeado. Aspiró hondo, pero el aire le pareció frío y muerto, cómo sí toda la vida que había en él hubiera sido absorbida por la presencia del shinigami, un tipo de ángel de la muerte, venido desde el mismo inframundo dónde los pecados eran juzgados con la justicia más pura del universo. Los propios latidos de su corazón, totalmente audibles y resonantes como tambores en sus sienes, le resultaban penosas, pues le recordaban su calidad de mortal, inferior a su propio padre. Con respeto, inclinó la cabeza. No recordaba haberle mostrado a su padre adoptivo, Matsuda, tanto respeto nunca.
Era un momento histórico, y nadie se hubiera atrevido a interrumpirlo. Padre e hijo, Dios padre y Dios hijo, en las misma habitación. El poder, la valentía y la divinidad desbordantes terminarían por ahogar a la única mortal presente. Ningún humano podría derrotar a ese par de Dioses de la Muerte, porque eran los señores de todo. Los únicos que podían burlarse de la Muerte, engañarla, humillarla… y seguir vivos para continuar con su reinado.
Pero entonces, una risita desquiciada y que se aproximaba más a la locura,, en lugar de sonar burlona y fría; cómo siempre había sido, rompió el momento con brusquedad. Entre el silencio, Ángel levantó la vista hacia la risueña Alexei, tratando de hacerla callar, o al menos, de hacerla sentir culpable. Pero ella no paró de reír, y ninguna pizca de remordimiento apareció en sus ojos.
-¡No saben lo mucho que esperé este momento!- exclamó emocionada, cómo sí estuviera hablando de una agradable sorpresa como una fiesta de cumpleaños que había esperado por muchos días con gran entusiasmo. - Padre e hijo, por fin se encuentran. ¿Es así cómo reaccionas ante el ser que te abandonó, Ángel? ¿Te inclinas ante él, cómo un peón ante su rey? ¡Patético! Patético para ser un "Dios"- se burló, dibujando comillas en el aire con sus dedos. Ángel, silencioso, solamente le dirigió una mirada fría.- Creí que los Dioses no se inclinaban ante nadie… ¿No es conmovedor? Los dos asesinos se encuentran. Qué curioso. ¿No se te hace muy gracioso que tu padre este del lado del enemigo?- canturreó, alegremente.
Ángel no respondió nada, pero reparó que eso era cierto. ¡Su padre era el shinigami de Alexei! Y Alexei lo había tratado de convencer, hace un tiempo, de que renunciara a ser el Nuevo Kira. ¿Tenía algo que ver Light en esa decisión? Alexei había invadido su privacidad, violando su habitación, entrando sin permiso y amarrándolo cómo sí tuviera algún derecho sobre él. ¡Sobre él, el hijo de Kira, el Hassassin! Y en ese entonces, Ángel había notado una presencia invisible en su propio cuarto. ¿Su propio padre lo había acorralado, poniéndolo a la merced de Alexei? ¿Y sí ella decidía que quería torturarlo o peor aún, matarlo? ¿Light lo hubiera permitido?
Sí era su hijo, el heredero de su reino, el único que podía cumplir con la misión que Light había empezado en vida, ¿por qué estaba del lado de una simple y asquerosa muchacha?
Levantó la cara, repentinamente ofendido. Sentía que la adoración por su padre, se había roto de pronto, cómo sí fuera un cristal. Frunció el ceño, y le dirigió al shinigami una fría mirada, exigiendo explicaciones. Pero lo único que obtuvo de él, fue una helada indiferencia, ni siquiera algunas palabras, ni siquiera un gesto.
Tampoco Ángel dijo nada. Se había quedado, misteriosamente, sin nada que decir. Sí su propio padre estaba del lado enemigo, entonces… ¿qué sentido tenía ser el Hassassin? Su padre había desechado sus ideales, destruido las esperanzas que tenía hacia su propia causa. Sí Light no creía que ser el Hassassin fue lo correcto, y se iba del lado de Alexei, entonces; ¿Ángel estaba haciendo o no lo correcto? El chico se recordó a sí mismo que debía respirar, al notar que sus pulmones necesitaban oxigeno. No movía ni un músculo, no respiraba, no pensaba… Ángel casi podía jurar que su corazón ya no latía. Pero seguía vivo, y eso debía significar que el órgano seguía en función.
-Creí que esto sería un poco más divertido.- dijo Alexei, aún en un tono burlón. Ángel, vio como de reojo la chica se acercaba hacia él. Pudo oler la suave esencia de su cuerpo, cosa que no había hecho nunca antes, un aroma misterioso que al chico le recordaba a un oscuro día lluvioso. Ángel, sintiendo que una fuerza extraña lo obligaba a observar los gélidos ojos azules de la chica, fijo su mirada en el rostro burlón de Alexei. La conocía lo suficiente, a juicio de él, para saber que bajo esa aparente seguridad y fanfarronería, había un intenso terror que luchaba por no aflorar a la superficie.
-¿No vas a gritarle, pegarle o algo así?- le preguntó Alexei, con una macabra pero forzada sonrisa. Ángel, siguió sin reaccionar, y su única respuesta fue un despreciativo silencio. Alexei frunció ligeramente el ceño, y Ángel comprobó, no sin satisfacción, que eso significaba que las cosas no estaban saliendo como ella había esperado.- Bien, quizás es porque Misa te ha contado maravillas de él. Maravillas que no eran más que tontas ilusiones de una enamorada.- cruzó los brazos sobre el pecho, y sonrió. - Lástima que Light nunca la correspondió. Porque un asesino no puede amar. Tu madre solo fue una muñeca para él, un lindo juguete. Bonita, callada, leal… ¡podías jugar con ella cuando quisieras! Porque después de todo, ella lo amaba y él podía hacer con ella lo que quisiese. Eso es lo que somos las mujeres para Light… instrumentos, objetos. Espera… ¡no sólo las mujeres! Cualquier ser vivo es un instrumento para él. Adorable. ¿No es tierno?
Contradiciendo sus propias palabras, Alexei hizo un gesto de asco, cómo sí estuviera vomitando. Prosiguió, soltando una risita, iniciando una caminata a lo largo de la habitación. Ángel creyó que parecía que caminaba sobre nubes.
-Pero obviamente que Misa no te contó ninguno de los pecados de Light Yagami. Pero yo lo haré. Todos y cada uno de ellos.- susurró, disfrutando cada palabra, haciéndola más larga de lo que en realidad era. - A lo mejor Misa no te contó la manera en que tu padre la humillaba, tratándola como a un perro. Quizás Misa no te contó cómo Light le dejó el rostro en uno de sus ataques de ira. ¿Sabes lo de Takada? Otra conquista de Light, por supuesto. ¿Todos los Yagami son igual de mujeriegos? ¡Oh! ¿Te dijo sobre para que la usaba? Misa solo le servía a Light para dos cosas: cómo cómplice en sus asesinatos y como amante. Nada más. Sí moría, ¡conseguiría otra idiota que lo alabara como ella!
-Alexei.- dijo una voz. Ángel creyó que era su propia voz, pero cayó en cuenta de que él no había abierto la boca. Miró, instantáneamente, a Light, pero lo vio tan serio e impasible como antes, mirando atentamente a Alexei. Ella le sonrió, pero su sonrisa parecía más bien una mueca.
-¿Algún problema con que le cuente tu historia a tu hijo?- lo instó la chica, alzando una ceja. El shinigami no respondió en un principio, pero luego se giró a mirar a Ángel. El chico sintió cómo sí la mirada de su padre lo desarmara por completo. Casi sentía que esos ojos rojos se internaban en su alma, controlando sus miedos, sus deseos, sus pecados…Se sintió débil y de pronto tuvo mucho frío. Un termómetro en la pared, indicaba que la habitación se encontraba a la cálida temperatura de veinticinco grados centígrados. El chico se sintió incómodo, y no supo porque. Después del desconcertante frío, vino una terrible sensación de soledad. Y quiso salir corriendo, huir lejos de esa habitación, de esa chica y especialmente de esos profundos e interminables ojos rojos, que le recordaban a un mar de sangre. Movió un pie con discreción.
"No digas ni hagas nada, Ángel." Dijo una voz, muy parecida a la suya, en su cabeza. Sintió que el corazón le daba un vuelco. "Escúchame bien, y haz lo que te ordeno."
Años atrás, cuando aún era un niño, alguien había roto el candado del cobertizo de su jardín, y se había robado su bicicleta. Lo que el chico había sentido en ese entonces, era una sensación que se repetiría varias veces por el resto de su vida. Era la terrible violación a su privacidad. Sabía con ello, que alguien había logrado entrar a algo suyo, derrotando todas las barreras que le hubiera puesto. Era una sensación humillante de derrota, y sobre todo, de impotencia. En ese momento, al ver el rincón dónde siempre estaba estacionada la bicicleta, vacío; Ángel se había echado a llorar. Pero no había muchas posibilidades de que volviera a ver a su bicicleta.
En ese momento, mirando a los ojos de su padre, sin sentirse capaz de desviar la mirada, Ángel tenía una sensación parecida. Estaban violando su mente, sus emociones, sus secretos, su alma… todo su espíritu estaba totalmente desnudo frente a esos penetrantes ojos rojos. El Hassassin supo, que de haber sido un niño, se habría puesto a llorar, y nada podría consolarlo. Su padre estaba violando su alma.
"Alexei está tratando de distraerte de tus planes." Continúo la voz, resonando con eco en la mente el chico. "No dejes que te confunda. He estado proporcionándote ayuda desde mi posición. No te traicionaría jamás." Le aseguró Light, Y Ángel no pudo hacer otra cosa que creerle. Era su padre. Su ídolo. Su Dios, su Creador. ¿Debía confiar en él o en Alexei? Ni siquiera la pregunta tenía sentido. No, Light no podía estar de parte de la chica. Pero también, Ángel iba a mostrarse reservado. No caería en ninguna trampa. "Te explicaré todo después. Por ahora, necesitamos hacerla creer que su plan está saliendo a la perfección."
A su lado, Alexei se regodeaba diciendo algo que Ángel no escuchaba. No le estaba poniendo ni la más mínima pizca de atención. Su mente, sus sentidos, y toda su existencia se hallaban centrados en su padre. Y en las ordenes que este le decía, dentro de su cabeza.
"¿Qué hago entonces?" preguntó. Sintió como si Light sonriera dentro de su cabeza.
"Haz un escándalo. Hazla creer que me odias. "
La sensación de invasión, soledad y frío desapareció tan pronto como había llegado. El chico suspiró audiblemente, para luego iniciar una respiración agitada que no tenía nada que ver con que necesitara aire. Miró rápidamente a los ojos rojos de Light, y apretó los puños con fuerza.
-… ¿Estás molesto?- canturreó Alexei. Como burlándose de él, estiró una mano y le revolvió el cabello. El chico se puso tenso, y escuchó su corazón acelerarse por el tacto de la chica. Sacudió la cabeza para mantenerse centrado en los planes.
-¿Te asusta saber lo que es tu padre?- bufó ella, aún creyendo que el chico había escuchado su monólogo. - Estás solo. Y hagas lo que hagas, sigues sin poder vencerme.
Ángel le dirigió una mirada cargada de furia. Su rostro estaba desencajado del odio y del desprecio que sentía. La sonrisa de Alexei fue desapareciendo poco a poco, pero su actitud desafiante se quedó ahí. Ángel aspiró una fuerte bocanada de aire, y buscó las palabras perfectas para acatar las órdenes de Light. Se sintió nervioso.
"Soy un Dios" se dijo a sí mismo, para darse fuerzas. Y esa simple oración fue suficiente para que se armara de valor, y abriera la boca para replicar…
Pero justo en ese instante, la puerta se abrió con fuerza. Una figura borrosa cruzó la habitación como un rayo, y se abalanzó sobre Alexei sin que nadie lo pudiera detener.
La chica tenía los ojos como platos, y en su cara solo había desconcierto, cuando el señor Wallace la aprisionó en un fuerte abrazo. Ella no respondió al gesto, y parecía estar conteniendo las ganas de alejarse bruscamente del anciano; pues estaba tensa y paralizada, y ni siquiera parecía que respiraba.
-¡Señor Wallace!- exclamó Ángel, sorprendido. El hombre se separó de la chica, y Ángel pudo notar que el señor tenía los ojos bañadas de lágrimas, que caían por sus hundidas mejillas. -¿Está bien?
-¡Sí, sí, sí! ¡Estoy bien!- respondió el hombre, en un tono brusco y nervioso que daba a entender justo lo contrario. Ángel pudo apreciar, como al señor Wallace le temblaban ligeramente las manos, y se preocupo. Jamás había visto el sereno hombre tan alterado. Parecía que estaba al borde de un ataque de pánico. El señor Wallace se cubrió el rostro con las temblorosas manos, mientras decía entre sollozos -¡Oh, Alexei! Todo estará bien. ¡Te lo prometo! ¡No permitiré que te hagan daño, no te pondrán ni un dedo encima…!
-¿Qué sucede?- preguntó Alexei, palideciendo de pronto. Ángel, quién tenía una ligera idea de que era lo que tenía tan preocupado al señor Wallace, ayudó al hombre a sentarse, empujándolo con suavidad hasta una pequeña silla que se encontraba en la habitación. No paso por alto el hecho de que Light había desaparecido, y estuvo cien por ciento seguro que Alexei también lo había notado.
-Alexei. ¡Oh, Alexei!- exclamó el hombre, presa del terror y con el rostro deformado de la desesperación. Su piel se había poblado de nerviosas arrugas, y lucía cansado y mucho más viejo. Tenía los ojos brillantes, y no paraba de moverse sentado sobre la silla, mientras parloteaba sin parar con un tono de voz que a Ángel le recordaba a algún tipo de histeria. El chico observó al señor Wallace con preocupación, y bastante y discreta curiosidad, mientras el anciano hablaba con palabras escurridizas que no llegaban a formar ideas claras.- ¡Creen que eres tú! ¡Creen que eres tú! Oh, por Dios, oh, oh… ¡Qué tan equivocados están! ¡No saben nada! ¡Tú…tú eres incapaz de matar! ¡Eso es una ridiculez!- gritó el señor Wallace, subiendo bastante de tono.
-Señor, hable un poco más bajo…- le pidió cortésmente Ángel, tratando de calmarlo poniéndole una mano sobre el hombro. Al mismo tiempo, dentro de su cabeza, sus neuronas hacían nuevas conexiones. Y los pocos sentimientos humanos que le quedaban, festejaban y maldecían su suerte.
La policía ya sospechaba de Alexei. Vendrían por ella.
Pero ahora él no quería que se la llevaran.
"Solo es una chica." Se dijo a sí mismo. Se corrigió casi inmediatamente. "Es Alexei"
Y recordó de golpe, las burlas de Alexei, las humillaciones, las amenazas, las peleas… pero estos recuerdos fueron sustituidos casi inmediatamente por los fríos y atractivos ojos azules de la chica, su largo cabello dorado, su extraña inocencia, su curiosa personalidad…y vino al final, el recuerdo de ese beso robado que al chico le estaba costando mucho trabajo apartar de su mente.
Un sollozo logró apartarlo de sus pensamientos. Dirigió su mente hacia Alexei, que estaba pálida como un fantasma. Sus ojos brillaban de puro terror, y no se movía ni un milímetro. Estaba total y brutalmente congelada.
-¡No estás sola, Alexei! Quiero que lo sepas… ¡te sacaremos de este lío y aclararemos todo! Llamé a mi abogado, y vendrá en cualquier momento. ¡No estás sola! ¿Me escuchas, Alexei? No te voy a abandonar.- aseguró, y en su voz hubo tal determinación que Ángel y Alexei lo observaron con gran y sincera curiosidad. La chica, como si no pudiera creer ni una sola palabra de lo que oía, bajó la mirada, entre nerviosa y halagada. Ángel fue el primero que se atrevió a interrumpir el discurso de Wallace, fingiendo inocencia y desconcierto total de lo que sucedía:
-Señor… ¿qué sucede? ¿Podría decírnoslo claramente?- pidió con amabilidad. El señor Wallace lo miró a él, luego a Alexei, la cual se estaba poniendo de un preocupante tono verde, y siguió mirándolos alternadamente durante un par de segundos, hasta que respirando profundamente, empezó a hablar, tratando de que sus palabras fueran entendibles.
-La policía piensa que Alexei es el Hassassin.- escupió sin más, sin quitarle la mirada de encima a Alexei. Ésta no reacciono, parecía estar en shock. Ángel fingió sorpresa: frunció el ceño y con toda la duda expresada en sus ojos, se giró hacia el señor Wallace.
-¿Qué?- cuestionó. -¿Qué ha dicho?
-Ellos creen que…creen que es seguro de que Alexei es culpable. Pero yo sé que no lo es.- se apresuró a agregar el señor Wallace, al ver como Alexei reaccionaba abriendo los labios y alzando las cejas.- Deberás permanecer aquí, Alexei querida, hasta que…todo se solucione…- termino, tragando saliva. El hombre sacó un pañuelo de su bolsillo, y se limpió la frente empapada en sudor.
-¿Están locos?- interrumpió Ángel, elevando la voz.- ¿¡Qué les pasa?! ¿Cómo pueden culparla de ser una asesina serial? Además, ¡Alexei, Near y yo llevamos el caso del Hassassin! Es totalmente imposible. ¡Una locura!
-¡Sí que lo es!- se lamentó Wallace, cerrando los ojos con fuerza.- ¿En qué nivel está nuestra justicia si culpan a una niña, ¡una niña!, de matar? ¡Y matar cada hora! Jesús…
-¿Qué vamos a hacer ahora? Tenemos que actuar rápido, señor Wallace. La libertad de Alexei va de lo que decidamos a continuación…
-He llamado a mi mejor abogado.-dijo el señor Wallace.- Y viene para acá. Pero no sé que pueda hacer él contra las pruebas que tiene la policía. ¡No tengo idea! - gruñó. Miró a Alexei, y como si recordará de pronto algo, chasqueó los dedos y sacudió la cabeza. - Gelsu, chico, debo pedirte que nos des un…un momento a solas a Alexei y a mí, tenemos que…
-Creo que puedo ayudarlos, señor…
-Pero…- la débil vocecita aguda que apenas se escuchó sobre las furiosas voces de los hombres, los hizo callarse de inmediato y observar a Alexei con gran interés. Los labios le temblaban al hablar, su piel estaba tan pálida que parecía muerta, y por la expresión de su rostro, parecía tener unas ganas enormes de vomitar.- Eso…eso no puede ser…
-No, Alexei. ¡No puede ser!- acertó el señor Wallace, poniéndose de pie. - Permítenos un segundo, Gelsu… ahora. ¡He dicho ahora! ¿Qué no me entiendes? - gruñó el hombre, señalando la salida con el dedo índice de su mano derecha. Ángel, miró a Alexei, al exaltado señor Wallace, y salió de la habitación. El señor comprobó que Gelsu no estuviera escuchando la conversación por detrás de la puerta, y se giró hacia Alexei, respirando hondo, aparentando estar tranquilo.- Hoy me mando llamar la policía, Alexei, diciéndome que había un video que yo tenía que ver. - empezó. Calló por unos minutos, como si buscara las palabras correctas para seguir. Chasqueó la lengua, suspiró y finalmente, continuó, ante la mirada atenta de Alexei, que guardaba silencio como si le hubieran cosido los labios. - Es un video… sobre el secuestro.
El hombre calló nuevamente, esperando a que Alexei dijera algo. Pero ella sólo lo observó con los ojos abiertos de par en par, sin que algún sonido saliera de sus sellados labios. Wallace decidió proseguir.
-En dónde tú y Gelsu estaban encerrados… los secuestradores habían puesto la noche pasada una cámara de video. La cual grabó…cada segundo de su estancia ahí. - Wallace guardó silencio, despegó los labios, los volvió a cerrar y cerró los ojos, con otro suspiro.- Alexei. Vi lo que hiciste en esa habitación. Necesito que me digas toda la verdad en este momento, por favor.
-N-no…n-no sé de qué me habla…- Alexei reaccionó por fin: negó con la cabeza, mientras titubeaba negativas. El señor Wallace apreció como le temblaban las manos. Tragó saliva.
-El cuaderno, A-Alexei… ¿qué es? ¿Es…es tuyo?
-Yo… yo no sé…- musitó ella, bajando la mirada. Wallace sintió como aparecía un nudo en su garganta, y carraspeó, incómodo: los ojos se le estaban anegando de lágrimas.
-¡El cuaderno, Alexei! ¡Las hojas… pertenecen a un cuaderno! - dijo, y está vez en un tono más alto. Se le quebró la voz al final. - ¿Es tuyo? ¡Necesito saberlo! ¡Dime la verdad! ¡Tengo que saberlo! -exigió el hombre, entre gritos. Alexei retrocedió con un paso tembloroso, jamás había visto al señor Wallace tan alterado. Esas acciones, esos gritos y ese enojo le traían recuerdos a la mente que, quisiera o no, la llenaban de terror.
-¡No! ¡No es mío! ¡Jamás lo ha sido!- bramó ella, mintiendo con el mayor realismo que pudo crear. - ¡Yo no soy el Hassassin! ¡Yo nunca he matado a nadie!
-Alexei, no… ¡claro que no lo has hecho!
-¡No he matado a nadie!- repitió la chica. El señor Wallace, recobrando el control, se tranquilizó. Le habló con suavidad y delicadeza, como si consolará a una niña pequeña por haber perdido su muñeca favorita.
-Creo que en ti: ya te lo he dicho. Sólo…sólo quiero saber - tartamudeó- si ese cuaderno negro es tuyo, Alex. Sólo eso…
-No…- susurró Alexei, sentándose en la cama, y abrazándose las rodillas. - No lo es.
La chica tenía muy claro que el señor Wallace no le creía eso. El video seguramente la tenía grabada hablando aparentemente sola, utilizando las hojas de la Death Note para hacer que los secuestradores vieran al Monstruito. Las imágenes eran obvias, y el señor Wallace conocía las reglas básicas de ese cuaderno negro. No tenía ninguna razón para creerle a ella. Y sin embargo, el viejo ese fingía hacerlo.
Se encontró con los ojos claros y brillosos del hombre. Se observaron en silencio por un rato, incapaces de decirse nada más. Alexei, sintiéndose herida y desdichada, se preguntaba a la desesperada como iba a salir de ésta. Su plan de mostrarle a Ángel que el Monstruito era Light no servía para nada: estaba condenada. Ángel había ganado. Sin poder evitarlo, de sus labios brotó un angustioso sollozo.
Interpretándolo mal, el señor Wallace se acercó a ella y le dio unas palmaditas en la espalda, mientras murmuraba como atolondrado:
-Tranquila, Alexei… te ayudaré a salir de esta. Prometí a tu padre que te protegería de todo. Y eso hare. - sentenció. - Y eso haré. - repitió, mas para sí mismo que para la chica que lo miraba anonadada.
A pesar de la amabilidad del hombre, Alexei supo que no había manera de salir de esa nueva, densa y profunda oscuridad.
- ¿Dónde está? - murmuró Ángel entre dientes. Caminaba sin rumbo por el hospital, pálido, frotándose nerviosamente las manos, mirando hacia todas partes como buscando algo, murmurando en voz baja causando las indiscretas miradas de las enfermeras, doctores, pacientes y visitantes que pasaban por los pasillos del gran hospital. - ¡Maldita sea! ¿Dónde está?
No sabía bien que era lo que buscaba, ni porque lo buscaba. ¿Estaba tras de Misa o de el Monstruito, ahora conocido como Light? ¿Qué sentido tendría encontrar a su madre, de qué serviría decirle al alguien tan estúpido que El Monstruito era Light? ¿Qué motivo tenía para encontrar a Light? ¿Buscaba respuestas, buscaba al shinigami de Alexei o buscaba a su padre? La cabeza le dolía, parecía que le iba a estallar en mil pedazos haciendo que sus sesos volaran por todo el hospital manchando las blancas paredes. Escupió una sarta de palabrotas al llegar al final de otro pasillo, sin señal alguna de Misa o de Light. Giró hacia la derecha, encontrándose con otro pasillo y se dispuso a recorrerlo a paso rápido. Visualizó el baño de caballeros, y sintiendo una corazonada, entró en él, cerrando la puerta silenciosamente, y asegurándose de que la había bloqueado totalmente.
No se sorprendió al encontrarse enfrente de Light Yagami, su padre. Los rojos ojos de éste se encontraron con la humana mirada, a pesar de todo, del chico. Ninguno de los dos dijo nada al principio: Light era aún más frío e inexpresivo que su propio hijo, y seguramente estaba preparando dentro de su inteligente y compleja mente algunos argumentos con los cuales ganar cualquier batalla; mientras dejaba que su silencio fuera su principal arma. Ángel no soportó estar callado por más tiempo, y conteniendo su ira, su sorpresa, su alegría y su desesperación, exigió con la voz más tranquila que fue capaz de fabricar:
-Dímelo todo.
Light no respondió nada al principio, sólo lo miró inquisitoriamente, como una mujer evalúa un vestido que comprará, preguntándose sí vale la pena el gran precio que pagará por él o si sería mejor dejarlo en el escaparate. La respiración de Ángel era agitada, ya fuera porque había corrido por todo el hospital en búsqueda de la bestia de ojos rojos, o porque la simple presencia de ésta lo dejaba sin aliento.
El chico no lo podía creer. No parecía real, no podía ser real. Su padre, el gran Dios, presente ante él. Coincidencias así no podían existir: no podía ser una coincidencia. Tenía una mezcla de emociones humanas apretadas en su interior: ira, pues su padre era el shinigami de Alexei, su enemiga. Alegría, pues lo había encontrado. Sorpresa, porque era tan imposible que debía ser un sueño. Algo no estaba bien. Era demasiado, se confirmó a sí mismo.
Quiso exigirle a Light que hablara, pero no se sintió tan fuerte como para hacerlo. Respetó el silencio de su padre, como buen hijo educado correctamente. No fue hasta un par de minutos más tarde cuando Light habló.
-No debo explicaciones a nadie. - empezó. Ángel abrió la boca para replicar, pero calló cuando vio que Light tenía planeado proseguir.- Lo único que debes y necesitas saber es que estoy de tu lado. Siempre lo he estado. Te debe de bastar esa explicación y aunque no fuera así, no te diré nada más por dos motivos: el primero, no hay tiempo. Tenemos que actuar rápido. El segundo: porque realmente no importa lo que hemos hecho en el pasado, mientras estemos aquí ahora.
El chico no supo que responder. Moría de curiosidad por saberlo todo, pero no se atrevía a desafiar a su padre. El miedo y el respeto que sentía por él lo hacían actuar como nunca antes había actuado ante nadie. Siempre había sido arrogante, pero ahora encontraba a alguien realmente superior a él. Supo, al mirar a los vacíos ojos rojos del shinigami que éste no diría ni una sola palabra más.
-Misa… ¿Misa lo sabe?- preguntó en voz baja. Light tardó en responder, nuevamente.
-No. - Concluyó.- Y conviene que no se entere.
-Alexei se lo dirá. - Repuso Ángel.- Puedo jurar que se lo dirá.
-Ése es su plan. Causar caos entre nosotros. Se lo puede decir a Misa, pero yo me encargaré de que ella no le crea. Tú sólo mantén tu boca cerrada.
Guardaron silencio. Y fue un silencio incómodo. Ángel sentía que iba a estallar por tantas preguntas que retumbaban en su cabeza como el eco en una montaña. Pero debía callar. Tenía que callar todas sus dudas.
-Te busqué. - dijo Light, como respondiendo a sus pensamientos. Ángel le dirigió una mirada de curiosidad.- Sabía que eras el único capaz. Por eso te busqué. Y ahora que nos hemos encontrado, finalmente, no habrá nada que nos derrote, Ángel.
"Ángel" repitió el chico en su interior. Light era la Luz, Ángel era el mensajero. Dios, y el Hijo de Dios en la Tierra. Venía a sacrificar su alma pura por los pecados ajenos, por salvar a toda la humanidad. ¿Loco? No, no estaba loco. Lo podrían creer algunos estúpidos ahora, pero tal como ocurrió con Jesús de Nazaret, generaciones futuras lo recordarían por su amor por la humanidad: Ángel quería salvarlos.
Recordó que Misa, tiempo atrás cuando se conocieron, le había dicho que si se volvía el Hassassin, podría encontrar a Light. Lo había hecho.
Pero, ¿por qué Light deseaba no comentarle a Misa que había aparecido, finalmente? No se atrevió a preguntar, y en lugar de eso, cuestionó:
-¿Cómo…cómo sé que si estás de mi lado? ¿Qué si todo esto es idea de Alexei?
Ángel pareció ver algo que parecía una sonrisa en el rostro del shinigami. Creyó que quizás Light se burlaba de él, pero sus dudas quedaron resueltas con la respuesta de él.
-No puedes saberlo. Inteligente pregunta. - Lo premió.- Podría ser un espía o podría ser tu salvador. Es cuestión de que tú decidas que es lo que quieres que yo sea.
-Misa… Misa te estaba buscando. Te está buscando…- susurró - y siempre estuviste del lado de Alexei, sin darnos una señal…
-Estuve ahí, sin lugar a duda. La mayoría de tus logros sobre Alexei me los debes a mí. Soy yo quién te ha salvado de ella, no Misa, ni siquiera tú mismo. No estás en posición de reprochar. Te he dicho que no hay tiempo para explicaciones. -Comentó, con un tono un poco irritado.- Alexei tiene que ser acusada de ser el Hassassin lo más pronto posible, o terminarán por descubrirte. Las explicaciones vendrán en el momento en que seas libre. Por ahora, deberás limitarte en confiar en mí.
Ángel no dijo nada, pues al escuchar que Alexei debía de ser acusada de ser el Hassassin, la culpa lo invadió nuevamente. Luchó por controlar sus sentimientos hacia ella frente a su padre, pero Light debía de saberlo todo, pues volvió a hablar, esta vez con mayor seriedad que antes.
-La culpa y el amor te harán perder esta guerra. Son dos sentimientos innecesarios que te vuelven débil. - lo reprimió, sin el mayor rastro de emoción en su rostro y voz. - Deshazte de ella antes de que te vuelvas adicto a su presencia. - le aconsejó.- Mátala, olvídala. No luches por ella, porque esa es una guerra que jamás vas a ganar. Alexei está muerta: no siente nada. Ella te odia. No te ilusiones.
Las palabras del shinigami fueron como puñales en su corazón, pero se mostró tan frío como antes. Se repitió a sí mismo una y otra vez que Alexei no era para él. Debía dejarla pasar, eliminarla de su vida antes de que se adueñara de ella. Asintió en silencio.
-Estamos cerca del final, Ángel.- musitó Light. - Pronto todo terminará, y este mundo será tuyo.
Ángel no respondió. Se sintió súbitamente cansado, totalmente agotado, y deseó ir a dormir. Su corazón tomaba su ritmo cardiaco normal lentamente, su respiración se calmaba poco a poco. Pero su mente seguía inestable, poblada de múltiples preguntas que sabía que Light no iba a responder. Las dudas lo quemaban. Pero estaban cerca del final. Pronto todo terminaría, y ese mundo sería suyo.
Sí Light no lo intimidará tanto, le gritaría con todo el aire de sus pulmones que necesitaba respuestas. Había algo que lo hacía desconfiar de él. Su razón le decía, que no debía creerle ni una sola palabra por el simple hecho de ser el shinigami de su enemiga. Pero su enemiga lo confundía entre el amor y el odio que sentía por ella, por lo que no tenía en claro si Alexei podía ser su contrincante o su amor. El corazón le decía que Light, por el simple hecho de ser su padre, no lo traicionaría jamás. Deseaba quedarse solo y analizar la situación completa, verla desde diferentes puntos de vista, y psicoanalizar las acciones de cada uno de los personajes de esa complicada historia.
Frunció el ceño, y miró a Light con curiosidad. Respiro hondo, y supo que no podría obtener más información, al menos no en ese momento. Asintió en silencio, le dirigió una última mirada a su padre, dio media vuelta, sigiloso como un fantasma, y en silencio salió del baño, dándose por vencido, y decidido a buscar un lugar donde descansar sin ninguna compañía por un rato. Los últimos días habían sido agotadores.
Recordó, de pronto, que en su persecución tras Light se había olvidado de la intensa conversación que Alexei debía de estar manteniendo con el señor Wallace en la habitación de la chica. Con un suspiro de resignación, apresuró el paso entre los abarrotados pasillos del edificio en dirección a dicho lugar. Mientras andaba, se preguntó como escucharía la conversación, y su mejor respuesta fue pegar el oído a la puerta, como cuando era pequeño y espiaba a sus padres pelear en su habitación.
Llegó a la habitación, y pegó el oído a la puerta, pero no llegó a escuchar nada: sólo murmullos que no llegaba a entender. Maldijo su suerte, seguramente Misa si habría escuchando la conversación, pero no había señales de esta, ni de Light, por ninguna parte. Sin importarle mucho las miradas de una joven enfermera que salía y entraba por otra de las habitaciones del pasillo, se sentó en el suelo con la espalda pegada a la pared. Ocultó el rostro entre sus manos, masajeándose las sienes, dándose cuenta de que plan estaba resultando mucho más complicado de lo que debería ser.
-Ahí están de nuevo.
- musitó Brian, dirigiendo su mirada hacia la televisión encendida. Kim, que iba a decir justamente lo mismo, cerró sus labios, y miró a Near, quién impasible e inexpresivo como siempre, volvía a ver nuevamente las mismas imágenes que habían repetido una y otra vez en la televisión.
-Gelsu y Alexei.- dijo Kim, pero no era necesario que lo mencionara, pues todos los presentes sabían quiénes eran las figuras que aparecían en la pantalla. A veces aparecían con los rostros censurados, por el hecho de ser menores de edad, pero la mayoría del tiempo, se mostraban sus únicos rostros a todo televidente. Near volvió a ver a Alexei, pálida y en estado de shock; a Gelsu, tan tranquilo como siempre, y a Wallace, aliviado. De nuevo, en la noticia aparecía con grandes letras llamativas y de colores chillones: Anastasia Vanille y Ángel Matsuda.
Ignoraron la televisión tras ver que una reportera peinada con un perfecto y rígido bobrepetía la información que ellos ya conocían y se sabían de memoria. Alexei era Anastasia. Gelsu, Ángel Matsuda. Ambos habían desaparecido misteriosamente, los habían considerado muertos, y habían aparecido en situaciones todavía más extrañas. Reporteros de todo el mundo habían buscado al señor Vanille, pero éste se les escabullía estratégicamente una y otra vez: el hombre definitivamente no deseaba explicar cómo su hija había aparecido años después de que muriera de leucemia. La prensa estaba desesperada por obtener una entrevista con Ángel Matsuda, la única persona que podría saber algo más de información sobre el misterioso caso del asesinato de sus padres. A la prensa se le había olvidado el dolor que sus indiscretas preguntas podrían causar al traumatizado muchacho, y deseaban con toda su alma poder encontrarlo para acosarlo con oraciones como: "¿Dónde estuviste? ¡Creímos que estabas muerto? ¿Cómo sobreviviste? ¿Quién crees qué te quiso matar? ¿Qué se siente estar solo?" Por supuesto, los amigos y compañeros de Ángel estaban impactados con la noticia: se habían celebrado memoriales en recuerdo del desgraciado muchacho al que todos habían adorado, y que creían muerto. Ahora que sabían que habían vivido varios años creyendo algo que era mentira, la sorpresa y la alegría eran cosas que no se dejaban de presentar en la escuela. Muchos ansiaban ir al hospital a hablar con él, preguntarle como estaba, y ofrecerle un lugar en alguna universidad famosa. Sus viejas enamoradas sentían que el corazón se les iba a salir de la emoción, sus antiguos amigos ansiaban recordar los tiempos alegres del pasado, y uno que otro enemigo receloso moría de celos por la atención que el joven recibía. Pero ninguna persona, ni las enamoradas, los amigos o la prensa; lograron ver a Ángel Matsuda en el tiempo en que estuvo encerrado en ese hospital, junto a aquella chica pálida y rubia hija de un ricachón prepotente y engreído.
Ninguno de los presentes se atrevió a decir más, pues todo había sido dicho en los momentos pasados. Tenían un plan. Tenían dos sospechosos. Sólo quedaba ejecutar el plan para encontrar al verdadero Hassassin. Near jugaba con un dominó, mientras se enroscaba, como siempre, un mechón de pelo blanco entre los dedos. Era tan silencioso que había que prestar atención y guardar un silencio de ultratumba para escuchar su pausada respiración.
Kim, por su parte, tenía su mano derecha fuertemente entrelazada con la de Gevanni. Ella había jurado que Alexei era Anastasia. Y aparentemente, estaba en lo cierto. Mientras Gelsu y Alexei habían estado secuestrados, ella había pasado irritada, de mal humor y con un nudo de nervios en el estomago. Ansiaba ir al hospital a hacerles una visita, pero cada vez que se atrevía a comentar esto a Near, Brian o Gevanni, ellos le recordaban que Alexei y Gelsu eran posibles asesinos. Y las ganas de hacerles a ambos una visita se le desaparecían a Kim.
De todas maneras, había logrado enviarle a los chicos un poco de ropa a cada uno. Esperaba con impaciencia el momento en que volvieran. Pero conocía, ella y todo el equipo, la situación delicada en la que Alexei estaba metida. Y a pesar de que las pruebas de que Alexei era el Hassassin eran claras como el agua y Gevanni y Brian insistían que lo mejor era apresarla lo más pronto posible, Kim y Near se mostraban renuentes a hacerlo tan rápido. Kim decía, y no se cansaba de repetir, que había "algo que no cuadraba" en todo el asunto. "N" sólo la miraba y asentía en silencio, agregando algunas veces que "hacían faltas más pruebas". Gevanni y Brian maldecían entre dientes cada vez que esto pasaba.
A pesar de que Kim no creía que Alexei fuera la culpable, se sorprendía sintiendo rencor en su corazón al pensar en ella, verla en la televisión o mencionarla. Afortunadamente, Kim tenía un corazón y una fuerza de voluntad muy grandes, tal como su padre, un noble soldado americano, le había enseñado a tener. Con semejantes cualidades, Kim podía contener su rencor, y esforzarse a pensar con la cabeza, y no con el corazón.
-Creo que esto terminará pronto.- comentó Brian, estirándose perezosamente. Codeó amistosamente a Gevanni, mientras que con una forzada sonrisa, un intento de alegrar el momento, agregaba:- Ya deberían ir investigando dónde casarse.
Kim levantó la mirada, con los ojos llenos de ilusión. El sueño de casarse se había borrado un poco con el sueño de encontrar al verdadero Hassassin. Pero ante la simple mención del próximo evento, fue como si una bomba de emoción y felicidad explotara en la habitación. Kim, Gevanni y Brian parloteaban sobre la boda, mientras que Near, ajeno totalmente a la conversación; recordaba las imágenes que gracias a las increíbles habilidades computacionales de Kim, había logrado observar.
-¿Qué tanto tardarás en obtenerlo?- había preguntado el detective, mirando los complicados códigos que la mujer utilizaba.
-Están bastante protegidos…podría durar días tratando de robarlos…-hubo una pausa. Kim tecleó unos cuantos números. Sonrió. -Pero ya los conseguí.
-Bien hecho.- musitó Near.
-Vaya, Gevanni…ni se te ocurra tratar de ligarte chicas brasileñas por internet…Kim lo sabrá.- comentó Brian, después de silbar con admiración. Kim le dio un manotazo juguetón.
La información que Kim había robado eran los videos que habían sido grabados por las cámaras del secuestro de Alexei y Gelsu.
Near los había visto cientos de veces. Analizándolos, tomando notas. Sacando sus últimas deducciones.
Sin saber que un ser invisible y de largo cabello rubio lo observaba en silencio desde un rincón.
A Alexei le asustaba el hecho de que ahora llorará con mucha facilidad. De repente las lágrimas brotaban de sus ojos, y no podía contenerlas. Se le derramaban, ardientes y vergonzosas, por sus pálidas y hundidas mejillas, sin lograr detenerla. Se las limpiaba con furia, pero venían más lágrimas, mientras que ella era por dentro un manojo de emociones revueltas.
El señor Wallace salió de la habitación junto a su abogado. Los dos hombres y Alexei habían estado hablando sobre las estrategias a seguir. El abogado, el señor Elwin, era un talentoso y lleno de experiencia ganador. Siempre ganaba. Pero ahora, el señor Elwin dudaba, y les había recomendado, de la manera más delicada y cuidadosa que pudo, que no tuvieran muchas esperanzas de ganar el caso.
Alexei había pedido estar sola, porque quería llorar. Y si lo hacía, prefería hacerlo sola. Le había gritado a la enfermera y al señor Wallace que no dejaran pasar a nadie. Estaba harta.
Estaba llorando con la cara oculta en la almohada, el cabello adornado por un listón negro y vestida con la común ropa blanca del orfanato; cuando sintió la presencia de Misa en la habitación. Supo que era ella sin tener la necesidad de dignarse a mirarla.
-Fuera de aquí.- le espetó, sin muchas esperanzas de que Misa obedeciera. Y tuvo razón. La shinigami ignoró olímpicamente su orden grosera, y musitó, con voz seria.
-Necesitamos hablar.
- También se puede escribir la causa y/o los detalles de la muerte antes de poner el nombre de la víctima. Hay que asegurarse de escribirlo al lado de la causa de la muerte. Una vez escritas, se tiene unos 19 días del calendario humano para escribir un nombre.
Ya me temía este día… el día en que después de una larga ausencia me atreviera a actualizar… ¿alguno quiere matarme?
Bien, bien, lo sé. Soy mala. Les juro que mi maldad no fue voluntaria. Si leyeron mi rápido aviso que puse en mi perfil, ya sabrán porque desaparecí tanto tiempo. La escuela quería, y aún quiere matarme, y ahora mismo debería estar estudiando no-sé-qué cosa de el beta caroteno (No, no sé que es. Sólo sé que lo contienen las zanahorias.) pero ya tenía ganas de actualizar, así que abandoné a la química orgánica para venirme a matar gente imaginaria con mi cuaderno asesino imaginario.
Perdón. Perdón por la tardanza, y porque este capítulo no es la gran cosa (en apariencia…guiño) Bueno, en realidad no es gran la cosa en serio. Está algo cortito y aburrido, pero algo es algo. Así que vamos con unas rápidas teorías:
1)No necesitan ser ningún genio superdotado para saber que obviamente Light esconde algo. Algo que, ni Ángel, ni Misa pueden saber. ¿Qué podrá ser?
2)Nuestro querido Ángel, tan liberal y autosuficiente, depende de su padre. La influencia de Light es muy grande sobre el chico… demasiado grande. ¿Alguien puede relacionar este hecho con una situación del pasado, presentada en esta historia?
3)¿Qué pruebas le faltan a Near para escoger a un Hassassin?
4)La pregunta más importante de este capítulo, es: ¿de qué quiere hablar Misa con Alexei? Ya sé que se imaginan, pero no es lo que piensan…
Les pido disculpas de nuevo. Espero que esta vez, pueda actualizar mucho más rápido. Les prometo que les traeré próximamente unos capítulos muy interesantes ;) ¡Gracias a los que siguen aquí, y hasta pronto (espero :S)