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Death Note II: La leyenda del Hassassin. — capítulo 28
Capítulo 27:
Promesas
La propuesta, más con un tono de orden que de petición, se le antojó a Alexei totalmente fuera de lugar. Era como ver aparecer un sol en plena noche, como juguetear con una pistola en una iglesia. Guardó silencio, precavida, y escrutó a Misa profundamente. El rostro de la shinigami, mostraba seguridad total, y Alexei creyó que nunca la había visto tan decidida. Había un tipo de nueva fuerza en ella, nunca antes vista, que le indicaba a Alexei que el asunto iba en serio, y que era muy importante.
-¿Qué es lo que quieres, Misa?- preguntó bruscamente, enderezándose y sentándose en la orilla de la cama, con los brazos cruzados. Misa voló hasta ella con rapidez, se colocó enfrente de Alexei, y puso sus rostros a la misma altura, antes de dirigirle una larga mirada.
-Ponte cómoda.- le recomendó Misa, con un tono amable que contrarrestaba con la irritada voz de Alexei y la expresión de molestia universal expresada en sus ojos azules. - Esto será largo.
-Estoy bien.- comunicó Alexei, dejando aflojar el tono de la desesperación en sus palabras. - Habla.- exigió, y le dirigió una mirada de presión. Misa suspiró, aspiró aire que realmente no necesitaba, volvió a suspirar, cerró los ojos; y armándose de valor, finalmente habló.
-Quiero hacer un trato contigo.- sentenció, con voz grave y honrada. Alexei abrió ligeramente los rosados labios, sorprendida; y enarcó las cejas, arrugando su frente de marquesina.
-¿Perdón?- se extrañó. Puso los ojos en blanco. -¿Qué tipo de trato, Misa? No te ayudaré ni a ti ni a tu desquiciado hijo a matar más gente, para que te quede claro y ni siquiera te molestes en pedírmelo. No lo haré.- le advirtió, sintiendo que esa conversación ya había ocurrido. Eso irritó aún más a la chica, quién no se sentía en condiciones de hablar, pensar o simplemente existir. Quería echarse a llorar como la debilucha que era, hasta que se la acabaran las lágrimas y fuera capaz de idear un plan inteligente que ya pudiera sacar de todo el embrollo en el que se había metido sin desearlo nunca.
-No, Alexei, no se trata de eso.- replicó Misa. Dio una voltereta en el aire, hasta terminar flotando al lado de Alexei, sobre la cama. - Estás en problemas. - dijo Misa, y sonó tan seria y segura que Alexei creyó que estaba soñando. - Falta poco para que te sentencien como el Hassassin. Te matarán. No hay manera de que puedas salirte de ésta. No tú sola. Necesitas ayuda.
Alexei la escuchaba en silencio, con una expresión fría y los ojos cargados de odio y resentimiento, pues sabía que cada palabra que salía de los huesudos labios de Misa era cierta. Lo sabía dentro de ella, pero escucharlo salir de la shinigami que, junto con su malvado hijo; habían causado todo ese problema, le parecía aún más crudo y cruel. Quiso abalanzarse sobre Misa y cubrirle los labios para que no pudiera decir ninguna otra palabra: ninguna otra palabra que hiciera sentir a Alexei tan estúpida como se sentía en ese momento.
Pero su carácter, siempre tan previsor y precavido, la obligó a contener sus impulsos violentos y guardar nuevamente su ya tan conocido silencio. Esperó a que Misa hablará más, pero como ésta no lo hizo y se limitó a mirarla profundamente; Alexei suspiró, cruzó los brazos sobre el pecho y preguntó con voz fría:
-¿Y?
Misa pareció ocultar una sonrisa.
-¿Y?- repitió. - Y yo puedo ser quien te brinde esa ayuda. Soy la única que puede salvarte.
-¿Es un chiste, Misa?
- cuestionó Alexei, tras una risita burlona. Suspiro, y descruzó los brazos, relajándose. Echó la cabeza para atrás, con un aire arrogante. -¿Qué es esto? ¿Un estúpido plan de última hora? ¿Una broma para intentar humillarme?
-No.- replicó tranquilamente Misa, su rostro inexpresivo, sus ojos clavados en los de Alexei.
- Me necesitas, Alexei.
-Si estás tan segura de esto…dame pruebas. Vamos: pruébalo. - Exigió, levantando la voz - Y que sea rápido, si eres tan amable.
-¡No me hables como si fuera una idiota!- gritó Misa, con su voz aguda. Respiró innecesario aire varias veces, profundamente, ante las escépticas cejas encarnadas de Alexei. - ¡No lo soy! Quiero ayudarte.- aseguró, y su voz parecía sincera.- Pero no te mentiré, y te diré que hago esto porque también quiero obtener un beneficio. Aún así, las dos saldremos ganando si aceptas mi trato.
-Habla, entonces. - dijo Alexei, después de un corto silencio. Misa hizo un gesto que se parecía al de tragar saliva, mientras se armaba de valor. Finalmente, ante la impaciencia y curiosidad de Alexei, la shinigami habló con notorio sentimentalismo.
-Hace años… - empezó, su voz parecía haberse transportado a otros tiempos, en algún lugar del mundo. En el rostro de Misa había una chispa de luz., esa chispa que tienen solamente los vivos. - cuando escuché hablar de Kira por primera vez…supe que aquél hombre tenía que ser el amor de mi vida.
"¿A qué va esto?" Se preguntó Alexei, aún escéptica, sin imaginarse la proposición que Misa la haría momentos más tarde. Conocía la historia de Kira y Misa de memoria, no tenía caso que Misa se la contara nuevamente. No la necesitaba recordar, y por si fuera poco, Alexei no le hallaba sentido en relación a realizar un trato con la shinigami. Alexei, quizás por el hecho de que se encontraba deshecha y desesperada, hizo gala de su paciencia, que en otras ocasiones ya se hubiera acabado.
-No sé porque me enamoró tanto. Sin ver su cara lo busqué incansablemente hasta encontrarlo. Cuando lo vi por primera vez… fue como si yo hubiera nacido para él. Para encontrarlo, servirle y amarlo por el resto de mis días. Lo haría gustosa. Light era perfecto. - guardó un silencio largo. Luego agregó con voz quejumbrosa y amarga, la voz que tendría una anciana decepcionada y arrepentida de su vida a punto de morir. - En mis ojos lo era.
-Di mi vida por él, y por su causa. - continuo. Sus ojos miraban a un punto indefinible, a la nada, con un brillo melancólico atrapado en el pasado.- Ahora que estoy muerta, y estoy condenada a ser…esto - se señaló a sí misma, no sin cierto desprecio.- por el resto de mi existencia; tengo mucho tiempo para pensar. Me he preguntado si yo realmente apoyaba su causa. Él vengó a mis padres. Mató a sus asesinos. Sentí como si él hubiera hecho justicia: mis padres podrían descansar en paz. Me sentía agradecida. El agradecimiento se tornó en adoración. La adoración en obsesión…Siempre lo amé de una manera tan intensa que no podía definir entre lo correcto y lo incorrecto, pues para mí todo lo que Light hacía era perfecto. Pero… ¿hacía Light lo correcto? Jamás lo sabré. Sigo queriéndolo. ¿Lo llegarías a entender alguna vez? Es como…es como si un cristiano encontrará a Cristo. La adoración es inmediata. No puedes evitarla. La necesitas.
-Pero ahora…-siguió Misa, su voz no era más que un susurro. Alexei la miraba en silencio, con los brazos cruzados firmemente sobre el pecho. - Veo a Ángel siguiendo los pasos de su padre. Y fue por él, mi hijo Ángel, por lo que me pregunté si ser el Hassassin era lo correcto. - Misa sacudió la cabeza, como si quisiera despejar su mente, y miró a Alexei con renovada energía. - A eso viene me propuesta de hoy.
-Explícate.- respondió quedamente Alexei. Misa se inició a volar por la habitación con aire distraído y relajado. Alexei seguía su trayectoria con los ojos.
-Ángel no es feliz. - Dijo Misa bruscamente.- Lo veo. Juzga a los criminales, los elimina… pero hay algo en él que no me convence. No es el mismo Ángel. Ya no sonríe. Sus ojos están como muertos…No es feliz.
-Muy lindo, Misa. Pero, ¿qué tengo que ver yo en tus dilemas sentimentales? ¿Esperabas realmente que matar traería a tu hijo la felicidad verdadera? Si pensabas eso, creo que tengo el derecho de llamarte estúpida…- repuso Alexei, con voz burlona. La idea de Misa la parecía una tontería. La shinigami le dirigió una fugaz mirada asesina.
-¡No me juzgues!- contraatacó Misa. - No conoces nada sobre mí. No sabes lo que es ser madre. No sabes ni siquiera lo que es tener una madre.- se justificó la shinigami, con una voz tan fría que expresaba la ira que la mujer contenía por dentro. La expresión se Alexei se volvió indescifrable. - Yo quiero lo mejor para Ángel. Me equivoqué al creer que esto era lo mejor. Creí que podríamos encontrar a Light si mi hijo era el Hassassin. Pero mi hijo no es feliz. Pero no renunciará a su labor. Jamás lo hará. Lo usé, ¡y me equivoqué, lo acepto! Quiero remendar el error que tuve. Sólo hay una manera de hacerlo feliz, Alexei, y para eso necesito tu ayuda.
-¿Qué demonios quieres que haga, Misa?- gruñó Alexei. - ¿Piensas que de verdad me interesa que tu hijo sea feliz? ¿Tu hijo, un asesino, un criminal? ¿Tu hijo, que me ha hecho la existencia desastrosa desde el momento en que lo conocí? Quiero verlo sufrir. Pierdes tu tiempo: no quiero ningún trato contigo. No pienso beneficiarte de ninguna manera.
-Cállate y déjame hablar.- la cortó Misa. Antes de que Alexei pudiera replicar, Misa habló.- O cooperas, o te hundirás. Ángel te jodió.
-Interesante elección de palabras, Misa. - comentó Alexei, en un murmullo, poniendo los ojos en blanco. Misa la ignoró olímpicamente.
-Me arrepiento de haber creado al Hassassin. Pero ya es imposible detenerlo. Es más fuerte que tú y yo juntas. ¡Es invencible! Nadie podrá detenerlo. ¡Quiero salvarte y salvarlo a él! Sólo un par de veces lo he visto como el muchacho que era antes: una de ellas fue después de besarte.
Misa supo que había dado justo en el clavo cuando Alexei abrió los ojos, anonadada, se sonrojó de golpe y se congeló como si fuera de hielo. Balbuceó un par de cosas ininteligibles ante la mirada triunfante de Misa.
-¿Cómo…cómo sabes eso? - tartamudeó Alexei. Se puso de pie con los puños apretados y el rostro rojo como tomate. - ¡Él intentó besarme! ¡Yo no lo correspondí! - se excusó la chica, sorprendida y trastornada.
-No. - dijo Misa con una sonrisilla burlona. -No lo hiciste. Y Ángel sonrió con ese pequeño gesto de niña virgen que le diste. No lo había visto tan feliz en mucho tiempo.
-¡Estás mintiendo!- gritó Alexei, histérica. No. Ángel no podía quererla. Tenían que ser mentiras. Nadie la podía querer. ¡Nunca, nunca, nunca! Bajo la voz, sonaba rota.- Ángel me odia. Quiere matarme. Va a matarme.
-Si de verdad te odiara, ya te habría matado.
-¡Déjate de estupideces, Misa!- gruñó Alexei. La voz se le quebró en un sollozo, y sin poder evitarlo, los ojos se le anegaron de lágrimas por una razón que no conocía- ¡Yo no tengo nada que ver con tu hijo! ¡No sé qué quieres de mí!
Misa guardó silencio, y traspasó a Alexei con una mirada. Sólo se escuchaba la respiración entrecortada de Alexei, y sus tímidos y lastimosos sollozos. La chica luchaba para contener las lágrimas, limpiándoselas con furia cuando apenas iban a salir de sus ojos.
-Si…si…- Misa se armó de valor.- Si enamoras a mi hijo… él no te dejará morir. Te salvará…Te lo juro.
El silencio que siguió debió de haber sido el más incómodo que ambas mujeres habían experimentado en toda su existencia. La propuesta le llegó a Alexei como una bofetada: se le secaron las lágrimas, recupero su respiración normal, se tranquilizó. Su rostro palideció. Y su mente, se bloqueó, se quedó totalmente en blanco. Sus blancos labios temblaban cuando los separó para pronunciar una sola palabra:
-Jamás.
Misa se acercó a ella bruscamente.
-¡Piénsalo por favor, niña tonta!- le exigió Misa, agitando los brazos. - ¡Puedes salvarte…!
-¡¿A cambio de qué?!- rugió Alexei. - ¿De ser la perra de un asesino? ¡Me pides que sea la amante del hombre que más odio en este mundo a cambio de vivir! ¡¿Estás loca?! ¿¡Sabes lo humillante qué es?! ¿¡Lo sabes?!
-¡Es la única manera de ponerte a salvo! - replicó Misa. - ¡Las dos obtenemos un beneficio: tú, la vida; yo, mi hijo. ¿¡Qué más quieres?!
-¡Dignidad! ¡Quiero dignidad! Y antes muerta a ser la perra de tu hijo. Váyanse los dos al demonio. Consigue a alguien más para este trabajo, pues yo no lo haré. Jamás. ¿Me oíste? ¡Jamás!
-¡Escúchame y cállate! ¡Inténtalo! Dale una oportunidad, ¡no seas idiota!
-¡Esto no es una historia de amor! - Atacó Alexei, soltando una risa burlona que se acercaba más a la demencia.- ¿Qué esperas? ¿Qué lo seduzca con flores y chocolates para que no me mate? ¿Qué le escriba poemas diciéndole lo atractivo que me resulta su capacidad para matar despiadadamente? ¿Qué le tenga un baño caliente después de que regresé cansado de matar? ¿Qué le dé una oportunidad al chico malo, que termina resultando bueno?
-Sólo hazlo. ¡Sólo hazlo! Hazlo hasta que Ángel te salve. Entonces, puedes desaparecer de la faz de la tierra, y serás libre; si eso es lo que quieres.
-Tu plan es estúpido. Estúpido. No hay trato. Vete de aquí. - exigió Alexei, señalando la puerta con un dedo amenazador. Estaba que echaba chispas. -¡He dicho que te vayas! - bramó entre dientes. -¡¡Vete!!- Pero Misa no le hizo caso. Alexei se arrojó sobre la cama, se cubrió el rostro con una almohada y lloró, lo más silenciosamente que pudo, sabiendo que Misa seguía aún en la habitación.
Sus lágrimas fueron amargas; sus sollozos, desgarradores. No sabía porque lloraba, pero necesitaba hacerlo. Se sentía humillada, pisoteada, desalentada…era como si estuviera dirigiéndose hacia la guillotina: no había manera de escapar, y todo resultaba cada vez peor. Ya deseaba que todo terminara: ya quería que le cortaran el cuello y muriera. Pero la torturaban mientras esperaba la llegada de la pesada cuchilla.
¿Qué era mayor? ¿Su miedo a la muerte o su dignidad? ¿Morir o ser la amante de Ángel? Ambas ideas le dieron asco. La primera la aterró mucho más que la primera y se sintió avergonzada de sí misma.
Alexei maldijo a todo el mundo. A su madre, por haberla traumatizado al punto de odiar la muerte con toda su alma. A su padre, por haberla mandado a aquel orfanato. A Light, el Monstruito, por haberla dirigido hasta ese final. A Ángel, por haber arruinado toda su vida. Y a Misa, por abrirle los ojos, confirmándole que sólo le quedaba una opción para salvarse: rogar.
Se sentía cansada, casi como si hubiera andado bajo un sol ardiente durante horas y horas, sin descanso y sin bocado, ni siquiera un trago de agua caliente. Deseaba llegar al final del camino, fuera como fuera. No podía más. La carga había sido demasiado pesada. ¿Era justo aquello? ¿Era justo cargar a sus hombros jóvenes y frágiles con el peso de toda la humanidad, con el peso de la justicia? Muchos hombres sabios e inteligentes, que presumían de su razón y amor a la ley justa; terminaban siendo unos tiranos, detestados por el mismo pueblo que en otros tiempos los habría idolatrado. ¿Acaso eso le había pasado a Alexei? Quizás su deseo de traer justicia, la justicia que ella consideraba real y pura; la habían convertido en un mounstro, una bestia de mente cerrada. ¿Estaba ella realmente en lo correcto? ¿Y si era Ángel quien tenía la razón de cómo guiar a la humanidad? ¿Y si la solución era dar muerte a todos aquellos que desobedecían la ley?
Se sorprendió cuando, mientras sus sollozos se volvían más intensos y lastimosos, sintió las huesudas manos de Misa acariciándole el cabello. Una parte superficial de ella quiso atacarla y gritarle que no le pusiera ni un dedo encima, pero dentro de la fuerte y fría Alexei, bajo esa gruesa capa de orgullo, existía aún la dulzura e inocencia de Alexandra Vanille. Y Alexandra necesitaba amor: lo llevaba necesitando desde hacía muchos años. No había recibido una caricia desde hacía mucho tiempo. En esos momentos difíciles, donde se sentía derrumbada, sola y sin esperanzas; necesitaba de la caricia de una madre, de un amigo, de una hermana. Todo ser humano, en algún momento de su vida, en alguna parte de su corazón y de su alma, necesita recibir una pequeña dosis de amor para mantenerse vivo. De lo contrario, creerá que habrá perdido su propia humanidad. Y Alexei no se sentía humana.
No se alejó de Misa. No musitó palabra alguna. Se apretó a la almohada, sus sollozos se volvieron más intensos: fue como si esa caricia hubiera liberado todo el dolor que la chica había guardado durante toda su vida. Era como abrir la Caja de Pandora: había demasiado adentro. En algún momento tenía que abrirse.
Así pues, Alexei lloró en aquella cama de hospital, abrazada a una almohada, con una silenciosa Misa acariciándole el cabello compasivamente; todas las lágrimas que había guardado durante sus dieciséis años de vida. Hasta que sin que ni una ni la otra se diera cuenta, Alexei terminó quedándose dormida en un sueño intranquilo, donde Misa pudo jurar que debía de estar teniendo una agitada pesadilla. No se sintió capaz de despertarla. La chica se veía más tranquila dormida soñando con una pesadilla que llorando amargamente.
Si Misa hubiera podido llorar, seguramente lo habría hecho. Pero siendo shinigami, no tenía lágrimas con las cuales expresar su dolor. Había un manojo de emociones dentro de su corazón. Se sentía tan abrumada por la revolución de sus sentimientos como una adolescente enamorada. En momentos sentía odio, luego compasión, amor, desesperación, culpabilidad…No se decidía por ningún lado.
Le sorprendía ver a Alexei en un estado tan deplorable. Siempre había admirado a la chica por su fuerza, su fría inteligencia, su intenso orgullo…Verla destrozada no le causaba ninguna satisfacción, a pesar de que era la "enemiga" de su hijo. Era como ser un demonio que ve a un ángel muerto, o un militar contemplando a un excelente líder ser torturado. Misa se había acostumbrado tanto a respetar, e incluso temer de Alexei, que verla tan débil no le parecía normal. Y no le gustaba verla así.
La mente de Misa era bombardeada por miles de preguntas: ¿hacía lo correcto? ¿De verdad el "amor" de Alexei salvaría a la chica y a su hijo? ¿Y si no funcionaba? ¿Y si Alexei se negaba a hacerlo? ¿Valía la pena en verdad tanto esfuerzo?
Sintió lástima por la chica que dormía a su lado, convulsionándose de vez en cuando, en ese sueño inestable que la estaba acosando. El Monstruito le había contado la historia de Alexei. A Misa, Alexei le recordaba un poco a sí misma, a la Misa huérfana y solitaria, que por no haber recibido nunca suficiente amor, le había entregado toda su alma, vida y corazón a Light. Misa veía un reflejo de sí misma. Y quizás por eso, a pesar de los prejuicios que el acto implicaba, se acercó a consolar a la chica.
Misa se preguntó, con una sabiduría que sorprendería a todos, cuál era su papel en esa guerra. Su objetivo: encontrar a Light y formar una familia. Su estrategia: volver a su hijo el Nuevo Kira para así llamar la atención del verdadero Kira. Su guía: El Monstruito. ¿Quién era ella en esa guerra de genios, ideales y filosofías? Era una madre en busca del padre de su hijo. Sólo era eso.
El Monstruito. Ese shinigami misterioso, amenazante, arrogante, invencible… sin rostro, de identidad desconocida, pasado oculto y tenebrosa presencia. Misa recordó el momento en que lo conoció. Había sido una coincidencia tan grande que tenía que ser planeada. Pero Misa jamás se había preocupado o desconfiado de semejante evento, pues estaba distraída soñando en encontrar a Light, formar una familia como siempre había querido, besarlo y luego abrazar a su hijo. Como siempre había soñado. El Monstruito tenía una habilidad asombrosa para saber el más profundo y desesperado deseo de cada corazón latiente o no latiente, humano o inhumano. Era como si el shinigami conociera a Misa de años.
Después de su muerte, Misa estuvo perdida. El suicidio, como ella bien había sabido en vida, era algo que la mayoría de las religiones e ideales no consideraban correcto. Pero al estar en lo alto de ese edificio, con el viento alborotándole melancólicamente los rubios cabellos y los negros holanes de su vestido de luto; Misa supo que no importaba ya lo que le pasara después de morir, pues ya estaba muerta.
Era una de esas tardes dónde la gente quiere morirse. Era perfecta para morir: era como si todo se estuviera despidiendo de ella. Había vientos helados que movían las hojas caídas de los árboles y traían olores de un lado a otro de la ciudad. Había tanta quietud, que el deseo de cualquier ser agotado de la vida sería dormir para siempre, teniendo como última visión del mundo esa tarde melancólica. Las últimas risas reían, los últimos amantes se decían adiós con un abrazo. Ya era el último adiós al día, el sol se ponía en el horizonte, coloreando el cielo de rojos, amarillos y naranjas. El silencio era tan inhumano, tan extrañamente puro en aquella ciudad…Misa supo que se debía a Light. Gracias a Light, a su esfuerzo, Japón era lo que era en ese entonces: una ciudad utópica, pacífica, sin violencia ni criminales, con una sociedad cooperadora y abierta al dialogo y a la educación. Gracias a Light, Japón podía tener tardes como esa.
Pero Misa ya no quería verlas. Quería irse. No temía al "después": éste no podía ser peor que el ahora. Se iba en paz. Su hijo estaba en buenas manos ahora. Matsuda y Sayu se harían cargo de él, mejor de lo que ella, una viuda acusada de ser el Segundo Kira podría hacer. Ángel, lo había llamado. Era un Ángel hijo de Dios.
Cuando saltó, lo hizo con esperanza. No tenía miedo al dolor: el que sentía dentro de su corazón era mucho más profundo y oscuro. Lloraba al caer: el suelo se acercaba cada vez más. Quiso morirse, y entonces, voló. ¡Estaba volando! ¡No lo podía creer! Flotaba sobre el suelo, donde una figura vestida de negro y de pelo rubio se ahogaba en un charco de su propia sangre. Lamentó la muerte de semejante mujer: era muy bonita. "¡Un momento!" se llamó la atención a sí misma. Lo veía todo desde unos metros arriba del cadáver, alrededor del cual se formaba un grupo de gente asustada, gritando y llorando. "¡Es Misa Amane!" gritó un hombre joven, señalándola con el dedo. Misa sintió que ese nombre le era muy familiar. ¡No entendía nada! ¿Era Misa Amane su nombre, acaso? ¡Sí, ella era Misa! Pero si…Misa Amane estaba muerta ahí… ¿dónde estaba ella?
Quiso gritar. Y lo hizo. Pero nadie la escuchó. Quiso llorar, pero ninguna lágrima salió de su mejilla. Quiso llegar hasta las personas, sacudirlas del hombre y decirles: "¡Aquí estoy! ¡No estoy muerta!" pero algo la contuvo. Algo tiraba de ella, la absorbía a algún lado. ¿A dónde? No lo sabía. ¿Quién? Tampoco. Pero poco a poco, la imagen del cadáver de Misa Amane se fue desvaneciendo en una terrible oscuridad. Misa no había visto nunca algo tan oscuro.
No podía recordar con claridad lo sucedido después. Tenía una serie de recuerdos borrosos. Algunos eran memorias de su vida, con periodos donde no sabía si existía o no; que se mezclaban con imágenes nuevas de un funeral, de periódicos con su foto bajo el encabezado "Famosa modelo se suicida". Veía los rostros impresionados de Sayu y Matsuda, cargando a un niño pequeño en brazo. Oía el llanto del niño que, hambriento por leche materna, lloraba mientras un ataúd negro descendía se acercaba a las llamas, para convertirse en cenizas.
No tenía cuerpo, de eso estaba segura. Pero sin cuerpo, ¿qué era? No tenía ojos con los cuales ver, pero veía. Y no tenía piernas con las cuales moverse, pero con sólo pensarlo, lograba moverse. ¿Qué forma tendría? ¿Qué era? ¿Cuánto duraría eso?
Una vez vio luz. Pero fue tan intensa que le cegó. Otras veces veía rostros que no conocía, pero se parecían tanto al de ella… había algo "vacío" en esos rostros deformados del dolor. A veces se veía dentro de otros objetos, árboles, cables eléctricos…otras veces se sentía como si fuera una nube, y veía a los humanos desde el punto de vista de una nube. Otras veces era aire, alborotaba cabellos y levantaba vestidos. Incluso fue fuego y agua, quemó una casa, y cuando el fuego se hubo apagado, se volvió la corriente de un pequeño riachuelo. Veía ciudades y edificios que nunca en su vida había visto. Se encontraba en lugares que para cualquier ser humano, debían de ser inalcanzables de entrar, tales como un hormiguero. Era y no era. Existía y no existía.
No supo cuánto tiempo duró aquello. Pero un día todo termino. Misa era aire, una corriente de frío aire. Tocó a una mujer que caminaba sola en una calle oscura, y esta se sobresaltó. Entonces Misa se infló. No tenía un cuerpo, y seguramente ni siquiera tenía algo físico que pudiera inflarse, pero así fue como Misa describiría después la sensación. Se infló y de pronto, explotó. Hubo oscuridad, no hubo dolor.
Despertó, y se sorprendió al darse cuenta de que tenía ojos con los cuales ver. Sentía que tenía un cuerpo. Sorprendida, con sus manos recorrió su nuevo físico, y la emoción del primer momento desapareció para dar paso a una cruel decepción: su cuerpo estaba conformado por puros huesos, cubiertos por unas finas ropas negras. Con las manos temblorosas, se tocó la cabeza, y encontró un cráneo totalmente lampiño, sin ojos, sin labios y sin nariz. Descubrió que tenía un largo cabello rubio, único rastro humano.
Miro a su alrededor, y no encontró otra palabra para describir aquel lugar que "muerto"
-Vaya, vaya.- dijo una voz grave y juguetona.- ¿Ya aprendiste por qué el suicidio es malo, Misa-Misa?
Misa se incorporó, y se sintió capaz de volar: tenía un par de alas en la espalda. Anonadada, buscó al dueño de la voz, y soltó un gritito al verlo: era un ser deforme, con un solo ojo rojo, la piel viscosa llena de granos y gusanos, con tres pelos negros sobre la asquerosa cabeza que recordaba a un insecto.
-¡¿Dónde estoy?!
-¿Dónde estás?- preguntó una simpática voz burlona. Detrás del horrible ser, apareció una figura encapuchada: lo único que se veía bajo la capucha, eran unos largos mechones de pelo negro y unos brillantes ojos azules y afilados. La figura soltó una risa pura y alegre.- Es curioso que lo preguntes.
-¡¿Quiénes son?!- insistió Misa. Otra voz respondió a su pregunta. Era fría, dura y llena de autoridad. Se parecía a un lagarto con piernas y brazos. Su cuerpo vestido con cadenas de metal.
-Es un placer conocerte, Misa. Hemos oído hablar mucho de ti.
-¿¡Cómo me conocen?!
El ser de ojos azules soltó otra risita femenina. La siguieron las sonrisas burlonas de los otros dos.
-¿Conocerte? ¡Quién no te conoce! - Rió la chica de ojos azules.- Light y tú causaron un gran alboroto haya abajo.
-¡Ahh!- suspiró el lagarto.- Eso quedará marcado en la historia de los humanos para siempre.
-¿Dónde está Light?- preguntó Misa, súbitamente. La mención del hombre del Kira la había hecho recordarlo. Su corazón, si hubiera tenido uno que latiera, se habría acelerado.
- ¿Dónde está Light?- repitió. Todos rieron. Se formaba una multitud de seres monstruosos a su alrededor.
-Si hubieras tardado menos… ¡lo hubieras encontrado! - comentó el del ojo rojo. - Ese chico sí que está loco… ¡mira que desafiar al Señor, al Amo, al Rey!
-¡Idiooooota, soberrrrrrbio, arrrrrrogante humano!- canturreó la mujer de capa. Tenía una chispa traviesa en sus ojos azules.- Si hubiera sido más sensato…no le habría pasado lo que le pasó.- Misa la fulminó con la mirada.
-¡Cállate, estúpida! ¡¿Dónde está Light?!- exigió saber, desesperada. Agitó los puños en el aire, amenazante. Los seres se miraron entre sí, y rieron.
-Nadie lo sabe. Podría estar en cualquier parte. El muchachito quiso seguir con su plan de dominar al mundo, aún después de muerto. - dijo el del ojo rojo.- Se puso como loco cuando le dijimos que era un shinigami. Dijo que él no pertenecía aquí. Y yo le dije: "Oye, chaval, debiste haberte leído las reglas de la Death Note muchas veces, ¿no? ¡Recordarás entonces, aquélla que decía que al morir no irías ni al cielo, ni al infierno! ¡Y mírate nada más dónde quedaste!" Y él me dijo: "¡No importa! ¡Debo volver! ¡El mundo me necesita!" Mira que se era arrogante ese chiquillo. Y fue volando con el Amo, el Señor, el Rey, y le gritó: "¡Dame una Death Note! ¡Debo volver a la Tierra, idiota! ¡Me necesitan! ¡Soy Dios!" Ya te imaginarás lo que pasó. El Amo, el Señor, el Rey; se puso como un demente. Y lo exilio de aquí. Lo sacó a patadas ¡Jijiji! "A vagar penando el resto de tu existencia en ese mundo podrido que tanto odiaste" le dijo el Amo, el Señor, el Rey. Y Light se fue.
Misa no respondió. Se sentía rota. Se estaba rompiendo toda su existencia. Light no estaba. Y ella estaba muerta. Convertida en un shinigami. Para siempre.
-No te asustes, bonita.- la tranquilizó la de ojos azules.- Todo ha terminado. Mataste a muchos, ¿a qué si? Y luego te suicidaste. Con razón de fue tan difícil venir aquí. No sabías a dónde pertenecías, ¿verdad? No tengas miedo. Con nosotros estarás a salvo. Por cierto, mi nombre es Nozomi.
-Y el mío es Kami.- dijo el de cuerpo de lagarto.
-Yo soy Steve. Puedes llamarme S. - se presentó el del ojo rojo, guiñándole el único ojo que tenía.
-¡Y yo soy Ryuk! - dijo una figura con voz perezosa, en la multitud. Flotaba con un aire relajado, con una manzana roja en la mano- Pero ya nos conocemos. ¡Ah! Las manzanas de la tierra son las mejores. Fue bueno haberme traído una buena dotación o me aburriré de nuevo y deberé buscar otro Light que me haga reír.
Todos los shinigamis rieron, a excepción de Misa. Ella sentía que no volvería a reír en toda su…existencia.
Fue una época oscura para Misa. Se le fue entregada una Death Note, con la misión de que debía matar. Pero Misa no se sintió capaz de matar a nadie más. Pasaba las horas mirando hacia el mundo de los humanos, especialmente a un pequeño niño oriental atrapado en Londres, con los ojos cafés y puros, como un Ángel; el cabello suave, brillante y alborotado, la sonrisa encantadora. Vio como los otros niños se burlaban de él por sus ojos rasgados y su extraño inglés, con ese acento japonés que lo caracterizaba tanto. Vio al pequeño llorar después de las burlas, o de los pellizcos y mordidas del resto de los niños. Contempló, con el corazón encogido, a su hijo Ángel, escondido en el armario derramando lágrimas mientras veía a Matsuda y Sayu pelear. Veía que Ángel era cuidado por la niñera, mientras Sayu ahogaba sus penas en vinos y cervezas, y Matsuda trabajaba día y noche por un futuro mejor para el niño. Y la apariencia del chiquillo era la de un niño feliz: sonreía, convivía normalmente, era querido. Pero Misa supo que había algo mal con su hijo. Y aunque los niños del colegio se acostumbraron a sus rasgos asiáticos y terminaron por aceptarlo; las huellas del abuso y las burlas se habían quedado grabadas en el corazón del pequeño. Ya no era la misma alma pura que había sido al nacer.
Tomó la decisión más importante de su existencia, una noche en que espiaba, invisible a ellos desde el Reino Shinigami, una pelea de Sayu y Matsuda. El hombre, cansado después de un largo día de trabajo, no deseaba pelear. La naturaleza de Matsuda era la de un hombre cariñoso, un poco viejo, pero amable y abierto al dialogo, enemigo de la violencia. Sayu había sido así. Pero al enterarse de la verdadera identidad de su hermano, algo en su corazón se había enfriado para siempre, y ni las tiernas caricias de Matsuda, ni las adorables memorias con el pequeño Ángel podían derretir ese nuevo corazón de hielo.
Matsuda y Sayu peleaban por una tontería. Sayu había tenido un mal día, Matsuda igual. Ambos estaban de malhumor, y una estupidez había causado que la ira contenida de los dos saliera a flote, descargándose sin querer en el otro ser. Ángel, pequeño enano acostumbrado a ser el centro de atención en una vida aparentemente perfecta, lloraba en un rincón. Misa, si hubiera tenido lágrimas, también hubiera llorado.
-¡No puedo seguir teniéndolo en la casa!- reprochó de pronto Sayu, señalando a Ángel.- ¡Es demasiado peligroso para todos, incluyéndolo a él! ¡Van a matarnos! ¡Está arruinando nuestras vidas! ¡Jamás debimos de habernos metido en este lío!
Sayu no deseaba decir eso, y se arrepintió apenas lo dijo. Pero cuando la ira es tan intensa, no sé puede contener las palabras incorrectas e hirientes. Ángel ya era un niño capaz de entender y razonar. Y entendió, que su madre no lo quería.
-¡Me voy a ir para siempre para que ya no peleen! ¡Ojalá me muriera para que ya no peleen!- grito Ángel con su vocecita aguda. Y Misa tomó una decisión: su hijo estaba sufriendo demasiado. Necesitaba un padre y una madre de verdad.
Salió del Reino Shinigami sin decírselo a nadie, llevándose solamente su Death Note. No le costó mucho salir de ahí. Con sólo desearlo lo logró.
Mientras volaba por la oscura noche de Londres, pensaba en una sola cosa: necesitaba un plan para encontrar a Light. Sí lo encontraba…Ángel y ella serían felices. Formarían la familia que el niño necesitaba.
Esa noche, cuando los humores de la Mansión Matsuda se hubieran calmado, y Matsuda consolaba a Sayu, quién abrazaba a un dormido Ángel; el hijo del Kira tenía un nuevo ángel guardián.
-Mamá me dijo que así sería mi fin.
Misa se sobresaltó. La voz de Alexei era hueca, fría, y quebrada. Perdida en sus recuerdos, Misa no se había dado cuenta del momento en que la chica se había despertado.
-Me dijo que terminaría con todas mis metas falladas y sin más imaginación para trazar mis sueños estúpidos.- continuo Alexei, con la cabeza pegada a la almohada. - Agregó que me moriría sola. Y dolorosamente. Era un castigo de Dios hacia mí. Y cuando muriera, me iría al infierno. Y sufriría ahí. Por toda la eternidad. Para siempre.
Alexei guardó silencio. Misa no se atrevió a romperlo. Seguía acariciando el suave cabello de la chica.
-Papá siempre dijo que mamá tenía algo de bruja. Todo lo que predecía se cumplía. No sé porque pensé que está vez mamá se equivocaría. Mamá tuvo razón otra vez. - Alexei suspiró, era el suspiro que hacen aquellos que van a morir, su último aliento.- ¿Cómo es la muerte?
Misa se preguntó si Alexei le hablaba a ella, o a sí misma. Se sintió incómoda con esa pregunta, y dudó en responder. Quizás fuera una pregunta retórica, al aire, sin respuesta. Pero Misa sintió la necesidad de responderla.
-Solitaria.- fue su respuesta. - Confusa. Triste.- Agregó. Lo meditó un instante.- Te ilumina. Te sientes liberada. Nunca te sientes más libre hasta morir. Lo único que te encadena es el amor a tus seres queridos. No puedes dejar de pensar en ellos.
-¿Duele?- preguntó tímidamente Alexei. Aquella preguntaba sonaba tan infantil en su voz rota. Misa sintió lástima.
-No.- aseguró.- Es como dormir. O como tomarte una sobredosis de marihuana.
Misa sintió como Alexei sonreía tristemente. Sintió que aquella broma había quitado tensión al momento. Suspiró.
-¿Crees que me vaya al infierno?- preguntó Alexei, después de un rato. Su voz sonaba aterrorizada.
-No lo sé.- confesó Misa, y eran ciertas sus palabras. - No sé cuáles son los pecados que te llevan al infierno.- agregó. Misa recordó a cuántas personas había matado. Y no estaba en el infierno. Era una shinigami.
Guardaron silencio otra vez. Parecía que las dos querían decir algo, pero ninguna se atrevía. Nuevamente, fue Alexei quien rompió el silencio con el sonido de su tímida y triste voz.
-Creí que jamás moriría.- confesó, y por el ligero color rosado de sus mejillas, Misa supuso que esto le causaba cierta vergüenza a la muchacha. - El miedo hacia la muerte es tan intenso, que morir me parecía algo imposible. Es como cuando un niño teme a un mounstro. Nunca lo ha visto, y sus padres le insisten que no existe… pero aún así, le aterran esos seres. Yo terminé creyendo que yo no moriría, así como un niño nunca se encuentra con un mounstro. Pero los niños si se encuentran con algún mounstro durante toda su vida…- Meditó Alexei. Miró a Misa. - Los humanos son ese mounstro. Así como yo, a pesar de que gasté mi vida encontrando la manera de cómo vivir para siempre y nunca morir, moriré. Y más pronto de lo que esperaba. Toda una vida malgastada. Veía mis planes perfectos, nadie podría evitar que yo cumpliera mi meta. Ahora…me pregunto si de verdad esa meta era mía. Quizás era la meta de mi madre, o de mi hermana; pero como ellas ya no están, me tocaba a mí cumplirla. Dar mi vida por alguien que ya está muerto, y que nunca me quiso. Vaya cosa. La vida tiene un cruel sentido del humor.
-¿Qué…cuál era tu plan?- preguntó Misa, tímida también. Sabía que Alexei era una persona cerrada y fría, tan fría que Misa había dudado si realmente tenía sentimientos y emociones. En ese momento, escuchando a Alexei sacar todo su dolor, todos sus miedos y todas sus dudas; cayó en cuenta de que nunca se había propuesto entender a su enemiga. Se había limitado a luchar por destruirla. Y entender y destruir no tenían relación alguna. A menos que se usara lo entendido de manera cobarde y deshonesta para destruir. Misa se preguntó, por primera vez desde que conocía Alexei, que quizás bajo esos planes que tanto le habían estorbado a Ángel, había, al igual que en el propio caso de Misa; un motivo sentimental para hacerlos.
Alexei tardó tanto en responder, que Misa creyó que no lo haría, y se arrepintió de haberle preguntado. Pero la shinigami se sorprendió cuando la chica balbuceó unas cuantas palabras ininteligibles y dudosas; carraspeó, y finalmente habló con gravedad.
-Si mi muerte está cerca, no tiene más sentido ocultar los pedazos de mi plan roto. No importa si le cuentas mi plan a Ángel: da igual, no podré concluirlo. Jamás se lo conté totalmente a nadie. Las personas conocían la meta, jamás descubrieron lo que me llevó a proponérmela. - Suspiró audiblemente, parecía que se armaba de valor.-Morir es extraño…y cruel. Ahora debo hacer y decir todas las cosas que me juré que jamás haría y diría.
-Seguro sabes mi nombre.- continuó Alexei. Misa no se atrevió a negar ni comprobar, pero supo por la mirada de Alexei que la chica sabía la verdad. - Y te agradezco, sean cuales hubieran sido los motivos, que hayas guardado el secreto. No le dijiste a Ángel, de eso estoy segura, que mi nombre verdadero es Alexandra Vanille. Mi nombre, por el simple hecho de tener ese pomposo apellido, ya evoca en sí el drama y la tragedia que destruyeron mi familia, hace poco más de unos diez años, en el mes de julio. Drama que el mundo entero cree conocer, pero no tienen idea de lo que en realidad sucedió.
Misa estaba emocionada, nerviosa y preocupada de lo que Alexei le contaría a continuación. Conocía, tal como la chica había afirmado, la truculenta historia de la familia Vanille. Sabía el papel de Alexandra en todo el asunto, y quizás eso le había provocado, sin darse cuenta, cierto desprecio y rechazo hacia la chica que tenía enfrente. Si la historia, como Alexei afirmaba, era diferente a la versión que el mundo conocía, la culpa caería sobre Misa con la fuerza de un millón de toneladas. Una parte de Misa prefería no conocer la historia, seguir siendo ignorante, y por lo tanto, estar a salvo de sentimientos como la culpa y la compasión que no deseaba sentir en ese momento. La curiosidad, sin embargo, era mayor a todo lo demás. Asintió, dándole a Alexei la confianza de seguir.
-Nunca le he contado a nadie sobre mi pasado. No más de lo que deberían saber. Todos conocen mi presente, y me juzgan. Por ser tan fría, extraña, solitaria, sádica…- sonrió.- Siempre he sido, antes en mi familia y ahora en el orfanato, el ser extraño que nadie quiere conocer. Me han hecho sentir, desde que tengo memoria, como un ser invisible y raro, un error en el mundo, con una existencia innecesaria. Me lo dijo mi madre, me lo repetía mi hermana y sus amigas, y en el orfanato varias personas me lo dijeron varias veces: no deberías existir.
-Cuando nací…mi madre dijo que sólo deseaba una hija. No dos. Ella quería a mi hermana, Anastasia. No sé cuales motivos fueron los que la hicieron odiarme de esa manera. Desde que nací, me odió. Y me lo dejó en claro en cada segundo de mi existencia: no te quiero, no deberías existir. Quizás tenía razón.
-No la tenía…- murmuró Misa entre dientes, por decir algo. Alexei sonrió, pero fue una sonrisa triste.
-Merci, madame. Pero sí la tenía. Hay personas que nacen con estrella, otros estrellados. Yo nací con una gran estrella. Pero era una estrella nueva, rara, terrorífica…Desde pequeña nací con una inteligencia superior a la del resto, no seré modesta en este aspecto. Mientras mi hermana dibujaba princesas de líneas y círculos, yo hacía mis primeros trazos de "El Hombre del Vitrubio". Cuando mi hermana lograba pronunciar la palabra "Mamá", yo ya hablaba como si tuviera ocho años. Cuando a mi hermana le leían contra su voluntad cuentos tradicionales, yo leía las obras de Tolkien. Muchas madres envidiaban a la mía, y le repetían incansablemente: "¡Que daría yo porque mi hijo fuera tan inteligente como Alex!" Mi madre sonreía, daba las gracias y a veces me sacudía el cabello, diciendo: "Oh, sí. La Pequeña Demonio es demasiado inteligente."
-Además de la inteligencia, nací con un tipo de sangre nuevo. Como ya les he dicho a ti y a Ángel, mi sangre es compatible con cualquier otra. Una bendición para la ciencia. Esto fue quizás, lo único por lo que mi madre no me daba en adopción o me abandonaba en algún lugar. Anastasia estaba enferma de leucemia. Mi sangre la ayudaba a sanar. La ciencia hacía experimentos conmigo. No recuerdo la cantidad de veces que una aguja penetró mi piel para sacarme litros de sangre, ya fuera para Ana o para un experimento. Fui como un ratón de laboratorio.
-Y por si fuera poco, fue bendecida, o maldita, con la capacidad inhumana de tener una fuerte relación con los muertos. Veía desde pequeña a un ser enorme, con rostro humano, cuerpo repleto de huesos ajenos, una larga capa negra, dos enormes alas… Era El Monstruito. Escuchaba voces que nadie más oía. Veía cosas…- sus ojos estaban perdidos en algún punto indefinible de la habitación, agobiados por la melancolía que viene a la par de recordar el pasado. Al hablar de sus habilidades superiores, la voz de Alexei había sonado alegre, incluso orgullosa. Ahora su voz era una mezcla de miedo y tristeza.- Esas tres cualidades son como un arma. En buenas manos pueden salvar el mundo. En malas, destruirlas. No sé si están en buenas o malas manos. Sólo sé que provocaron mi soledad. Tenía tres años.- sus ojos se anegaron de lágrimas, pero la chica las contuvo valientemente. Su voz se quebró. - Era tan pequeña. ¿No sentían lástima por mí? Estar sola es lo peor que te puedas imaginar. ¡Estaba sola por algo que no podía controlar! Había nacido así. ¿Nadie se atrevió a intentar entenderme? ¿Nadie se puso en mis zapatos? Los niños huían de mí, mis padres me miraban como si fuera una extraña en su casa. Mi hermana me detestaba ¡yo era de su propia sangre! ¿Sabes lo que es eso, Misa? ¿Sabes lo que es qué tu propia hermana te tenga miedo? Pero a nadie le interesó la soledad de una extraña niña paranormal…A nadie.
-¿Fue mi error? Quizás todos tenían razón, y yo no debería de haber nacido. Ser diferente en este mundo, es una condena. En julio murió mi hermana. Ella me dijo que ya se quería morir. Estábamos la dos solas, en su habitación de hospital. Estaba tan débil que con mucho esfuerzo podía hablar. La habían drogado tanto ese día que sus ojos se veían vidriosos e idos. Me dijo que ya quería morirse. Yo hice lo que ella me pidió. Intenté negarme. Pero ella insistió, dijo que se iría al cielo y que ahí sería feliz. Le di muchas pastillas para dormir. No las podía tragar, las molí para ella. Cerró los ojos en un rato. No los volvió a abrir jamás.
-Me encontró mi madre, acompañada de una enfermera, dormida al lado del cadáver de mi hermana. En mi mano estaba aún el frasco vacío de las pastillas. Mi madre enloqueció. Me estrujo, me golpeó, me gritó que era una asesina. Me dijo que me iba a morir sola, y que me iría directamente al infierno. Yo le había quitado lo que más quería. Se suicidó poco tiempo después, frente a mis ojos. Juró que me odiaba, y que yo había arruinado su vida.
-Los niños somos como experimentos de la sociedad. La sociedad nos crea. Mi sociedad me creó para regresar a vengarme algún día. Para convertirme en una asesina, la mejor de la historia. El dolor, la soledad, el rechazo… eso forma el odio dentro del alma pura de un niño. El odio viene acompañado de la venganza. Yo debería de haber sido una asesina. Pero no lo fui. Yo no maté a Ana. Yo no maté a mi madre. Mi padre se estaba volviendo un rico empresario. No quería a una hija como yo en su familia. A una hija que había matado a la otra. De repente, los diarios anunciaron mi secuestro. Mi padre apareció llorando en la televisión. Pero siempre hubo rumores de que simplemente me había hecho desaparecer. Y eso fue lo que hizo. Me mandó al Orfanato Wammy.
-Aquí encontré al Monstruito. Las voces, las cosas que veía…desaparecieron. Él me convenció de que yo era un ser único, y que el resto del mundo era ignorante por haberme despreciado. Muchas veces pensé en suicidarme. La carga que cargo es grande, y muy pesada. Pero mi miedo a morir me hacía seguir deseando vivir. Pude haberme vengado. Pude haber sido el Hassassin.
-Pero mi plan fue diferente. No somos tan diferentes, Misa. Siempre quise una familia. Yo quería revivir a mi hermana y a mi madre con mi Death Note. Creía que me amarían por eso. Quería poder, ser dueña del mundo que alguna vez me había rechazado, para así demostrarles que a pesar de haber sido diferente, yo podía superar la soledad y las burlas. Quería hacer un mundo mejor para aquellos como yo. Sin matar a nadie. Sin violencia. Sólo con paz, comprensión, empatía. Una utopía. Para todos, sin excepciones.
Si Misa hubiera podido llorar, lo hubiera hecho. Le temblaban las manos. Sentía culpa. Y era una culpa tan intensa que no podía con ella. Era la culpa de haber sido parte del dolor de Alexei. La sociedad, incluyendo a Misa, la habían hecho sufrir de esa manera. Era su culpa.
Le costó trabajo aceptar que Alexei nunca cumpliría su sueño. Nunca tendría una familia. Nunca lograría hacer una sociedad utópica. Nunca tendría su mundo perfecto.
¿Era realmente tan diferentes Ángel, Light y Alexei? Los tres buscaban un mundo mejor. ¿Qué los hacía enemigos? El método. Porque mientras que Alexei basaba su plan en formar un mundo perfecto sin necesidad de ser radicales, Ángel y Light optaban por la opción más rápida, efectiva y fácil. Ese detalle los hacía enemigos, pero tenían un mismo fin. Misa, sin embargo, se sintió egoísta. Mientras ellos tres luchaban por un mundo mejor, ella sólo pensaba en formar su familia de ensueño.
-Lo…lo siento.- susurró Misa, con la mano apoyada en el pecho. Alexei esbozó una triste sonrisa.
-Está bien. - dijo. En su rostro había paz. Sus ojos ya no eran tan fríos. Era como si la capa de hielo que cubría a Alexei se hubiera derretido, mostrando así a la niña de buen corazón que siempre había sido. - No soy la única que piensa así. Algún día, alguien lo logrará. Quizás mi madre no estaría muy feliz de verme, de todas maneras. No le gustaba mi cabello largo, se pondría como fiera al verlo.- sonrió tristemente nuevamente.
-No tienes que hacerlo.- dijo Misa de pronto, conmovida hasta lo más profundo de su corazón. La shinigami sintió como Alexei se tensaba.- No tienes porque hacer… eso, ya sabes. Enamorar a Ángel. Podemos encontrar otra manera…de ayudarte.
-¿Existe otra manera?- preguntó inmediatamente Alexei, enderezándose súbitamente. Tenía los ojos brillosos, llenos de una renovada esperanza. Misa meditó su respuesta.
¿La había? Quizás. Quizás la "respuesta" era la información. Misa sabía cosas que Alexei no. Sí se las decía…la chica podría encontrar una manera de salvarse. Cumplir su sueño. Pero…también podría encontrar una forma de destruir a Ángel. Si Alexei lograba proclamarse inocente, Ángel probablemente sería considerado culpable. Si Misa hablaba, ponía a su hijo en riesgo. Si no, mandaba a Alexei directamente a la perdición. Ponía a los dos humanos en riesgo.
Recordó a Rem, la que en algún momento había sido su shinigami. Rem había muerto. Y había pocos modos de matar a un shinigami. Le podía pasar lo mismo. Podía querer tanto a un humano, para terminar haciendo lo imposible para evitar que muriera. Y ese acto de protección, de amor… se llevaría su alma también.
Si le daba información a Alexei, había una posibilidad de que Alexei logrará que la considerasen inocente. Se salvaría de morir. Se alargaría su vida. ¿Moriría Misa por eso?
Pero si no se la daba… estaba protegiendo a Ángel de ser acusado el Hassassin y posteriormente asesinado. Se alargaría su vida. ¿Moriría Misa por eso?
No había reglas que especificaran como podía morir Misa. Pero ella no quería correr el riesgo. Tenía miedo.
-No lo sé.- murmuró, sintiéndose culpable. La esperanza de los ojos azules de Alexei desapareció.- Pero…podemos buscarla…- murmuró Misa.
-El vídeo es la mayor prueba contra mí. Sólo eliminándolo de la memoria de toda esa gente tendría una oportunidad. O matando a todo aquel que lo haya visto. No puedo hacer ninguna de las dos opciones.- sentenció Alexei, y la shinigami supo que no habría nada que la lograra hacer cambiar de opinión. Misa comenzó a jugar con su cabello, un gesto que la hacía parecerse a Near y a Alexei cuando pensaban. La shinigami suspiró, claramente trastornada.
-El Monstruito…- murmuró Misa, sin saber cómo empezar. Alexei la miró atentamente.
-¿Qué tiene él?
-Él…- "te está traicionando. No confíes en él." quiso decir, pero no era prudente. No le convenía a Ángel, y tampoco a ella. - ¿Está aquí?
-No.- respondió Alexei. La chica se detuvo, parecía dudar. - El cobarde se fue después de reencontrarse con su hijo.- terminó diciendo. Misa tuvo un presentimiento, y sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.
-¿Hijo?- preguntó, tartamudeando. Alexei la miró a los ojos. Su mirada era seria.
-Tengo la sensación de que tú lo sabías desde hace tiempo. Quizás te sorprenda, quizás no: mi shinigami es Light Yagami.
Misa dejo escapar una sarta de palabrotas.
-¿Estás bromeando? ¡Si fuera Light…! ¡Sí fuera Light ya me habría hablado! - afirmó la shinigami, segura de sus palabras, confiando en su amor hacia Light. Alexei negó lentamente con la cabeza.
-Te han estado mintiendo, Misa. Sé lo que tú y el Monstruito han estado haciendo a espaldas de Ángel- pronunció este nombre como si fuera una palabrota - y mía. Sé que se reúnen.
-Yo…yo no…- barbulló Misa, incapaz de creer que Alexei supiera sobre sus reuniones secretas con el Monstruito. ¡Era imposible! Si sabía eso… ¿qué otras cosas sabía?
-Fue él quién te buscó. ¿No? Seguro te aseguró que sabía cómo encontrar a Light. ¿Nunca te dejó verle el rostro, cierto? Apuesto a que te convenció de que lo mejor era convertir a tu hijo en el Nuevo Kira, así Light lo reconocería y se encontraría con ustedes. El Monstruito es excelente contando mentiras. Tal como Light lo era. Le es fácil convencer a las personas. Lo hizo conmigo. Me manipuló. Confié en él, pero entendí que él sólo quería volverme el Nuevo Kira. Fracasó conmigo: buscó otras opciones. Te encontró a ti, y a Ángel… y por eso se reúne contigo, para asegurarte que Ángel llegue a ganarme, a ser el Hassassin. Porque el Monstruito es Light. Y Light desea cumplir esa misión que la muerte y Near le impidió terminar.
-No…no puede ser…-susurró Misa, anonadada. No tenía sentido. Si el Monstruito fuera Light… ¡Misa tendría que haberlo reconocido! Haber reconocido su voz, su forma de hablar… ¡Misa detestaba al Monstruito! ¡El Monstruito no podía ser Light! Pero… ¿y si sí? ¿Y si sí lo era? Si lo era… ¿por qué no se lo había dicho a ella, Misa?
-Ángel te lo dirá. - aseguró Alexei. - Te lo comprobará. Ordenaré al Monstruito que muestre su rostro ante ti. Y lo verás, finalmente, con tus propios ojos. Es Light Yagami. Cumpliste tu misión: lo encontraste. Serán la familia que siempre quisieron ser.
-¡Es imposible! - alegó Misa.
-No. El Monstruito es un shinigami renegado, igual que Light. Listo y frío, igual que Light. Es Light.
-Tiene que ser una mentira, por Dios… ¡Light! ¡Es imposible que mi corazón este aquí!- argumentó Misa. Sentía que le quebraba el corazón que no latía. - Él tendría que haberme hablado…Él sabría que lo estoy buscando. ¡Él sabría que Ángel es el Hassassin por él!
-Lo sabe, Misa. Lo sabe.- aseguró la chica. Misa bajó la cabeza, su mirada estaba plasmada firmemente en el suelo. El cabello le cubría el rostro. Light no podía ser El Monstruito.
Misa, desde el inicio de su adoración a Kira, había definido perfectamente quienes eran los buenos y los malos de la historia. Kira era el bueno, L el malo. Kira el bueno, N el malo. Alexei y N malos, Ángel bueno. Ahora dudaba. No sólo de su hijo, su propio hijo, sino de Light, de N, de Alexei…todos parecían ser buenos, buscar un final feliz para todos. ¿Por qué alguien no definía cuál de los bandos era el bueno? Dos bandos que decían ser la justicia, se enfrentaban. ¿Quién era la justicia, quienes eran los buenos?
Misa sentía que había madurado en esos momentos más de lo que había hecho en toda su existencia. ¿Contra qué o quién estaba luchando? ¿Quiénes eran sus enemigos, quiénes eran sus aliados? Misa luchaba por amor. Por ser feliz, ella, su hijo y su amor, Light.
Ángel luchaba por justicia. Por hacer del mundo un lugar mejor. O al menos, eso decía él. La vida lo había creado para ser un asesino. La vida le había dado tanto dolor que no le quedaba otra opción que vengarse, de traer justicia a su manera. Ángel traería paz al mundo rápidamente. Mucho más rápido que Alexei.
Alexei luchaba por justicia. Su vida había sido dolorosa y cruel, y sin embargo, luchaba por hacer de ese mundo un lugar mejor, sin matar a nadie, basándose en la solidaridad, el respeto y la empatía, en lugar de la muerte y el terror para gobernar un mundo. Pero… ¿Realmente la empatía podría hacer de ese mundo asqueroso un lugar mejor o eran solo ilusiones estúpidas?
Y Light…si Light era realmente el Monstruito… ¿Por qué luchaba? ¿Por justicia, aún? ¡Su hijo se estaba encargando de eso! ¿A qué bando pertenecía, si es que existían bandos, entonces?
¿Contra quién o qué estaban luchando?
-Di mi vida por él… tendría que haberme dicho que es él.- barbulló Misa. Era su turno de perderse en el pasado. - Si es él, debe tener un buen motivo para haberse ocultado…Quiere protegernos. ¡Mi Light quiere protegernos!
Alexei la observó con una mirada evaluadora.
-Lo quieres demasiado, Misa.- dijo la chica. Misa asintió, melancólicamente, pero orgullosa.
-Si no vives para darle todo tu amor a alguien…o a algo- agregó, recordando el amor que Alexei tenía a su propio mundo.- ¿Para qué vives?
-Oui, madame. - dijo solamente Alexei.
-¿Te has enamorado alguna vez?- preguntó Misa, tratando de alegrar a la chica. Pero el efecto fue justamente el contrario.
-No.- respondió con brusquedad.- Jamás.- agregó. Misa se sintió turbada, y se arrepintió de haber tocado el tema.
-Y… ¿nunca te ha gustado un chico, por lo menos…?- insistió.
-No. - Repitió.- Jamás. - agregó nuevamente. - No estoy interesada en el amor. No en ese tipo, al menos.
-Oh.- dijo Misa. Alexei siguió hablando.
-De igual manera, aunque me enamorara de alguien… él no me correspondería. - murmuró. Misa la miró atentamente.- No se fijaría en mí.- dijo en voz aún más baja.
-¡Claro que sí!- alegó Misa, tratando de animarla.- ¡Eres muy bonita!
-Y tú muy optimista.- replicó Alexei.- Seamos realistas: ¿qué chico en el mundo va a quererme a mí, si mis propios padres no lo hicieron?
-Ángel.- Alexei ignoró olímpicamente la respuesta de Misa.
-Me he acostumbrado a estar sola. No quiero que mi corazón se rompa por un rechazo y eso me lastime. Lo mejor es estar sola. Es más sano.
Misa frunció el ceño.
-Tienes los ojos más bonitos que he visto. Y tu cabello es tan lindo como el mío. Tienes muy buen corazón. Eres perseverante, inteligente, entregada a lo que amas. ¿Por qué un chico te debería de rechazar?- preguntó Misa. Alexei soltó un suspiro burlón.
-Quizás, por simple hecho de que soy tan fría e inexpresiva, tan extraña, tan solitaria, tan orgullosa. Porque mi sueño no es casarme y tener hijos, si no vivir por la comunidad, hacer un mundo mejor. Por el mismo motivo que tu hijo no está enamorado de mí. Y no trates de decirme que sí lo está. No lo está, punto.
Misa no se atrevió a insistir. Guardaron silencio. Está vez, fue Misa quién lo rompió.
-Entonces… ¿Ángel…?- empezó Misa. No se atrevió a decir el resto, pero no fue necesario: Alexei lo comprendió al punto.
-No puedo hacerlo.- replicó Alexei.- Si pudiera asegurarme que eso me haría sobrevivir, lo tomaría en cuenta…Pero no creo que Ángel me…quiera. Debe de sentir asco, repulsión hacia mí…enamorarlo sería perder el tiempo. No lo lograré, y sólo me sentiré humillada. Prefiero quedarme con mi dignidad.
-Te prometo que Ángel te quiere. De alguna manera, un poco extraña, lo admito, pero lo hace. Y él mismo me dijo, que si un día se llegaba a enamorar de ti…haría lo posible por salvarte.
-¿Es eso cierto?- preguntó Alexei, con los ojos filosos. Misa asintió, no muy segura, recordando las palabras de Ángel "sin alterar el plan". A Misa le dolía, pues su propuesta estaba haciendo sufrir a Alexei. Pero así salvaría a su hijo: lo haría feliz. Y a pesar de la compasión que sentía hacia la chica, en el corazón de una madre siempre habría prioridad hacia su propia sangre.
Aún así, Misa dudaba ahora de que conquistar a Ángel fuera lo correcto. Su mente estaba hecha un desastre. Pero su corazón tomó una decisión por ella: los quería salvar a los dos.
-Te lo prometo. - aseguró Misa. Y se prometió a si misma que haría hasta lo imposible por salvar la vida de Alexei, aunque tuviera que sacrificarse a sí misma. Después de todo, ella luchaba por amor. El resto luchaba por justicia. Y el corazón de Misa hizo inclinar la balanza de prioridades hacia la justicia.
Al igual que la mente de Alexei, daba prioridad a la vida, que a la dignidad, muy a duras penas. Escuchaba una voz en su cabeza diciéndole: "Hazlo…puede ser tu única oportunidad de salvarte." Otra le gritaba hasta dejarla sorda que lo mejor era morir honrosamente.
La primera voz le recordaba a su madre. Alexei se había jurado demostrarle algún día que no era la inútil que siempre le habían dicho que era. Quería probarle al mundo que ella era capaz. Ed y Cuer contaban con ella: la habían apoyado durante años para que Alexei les reviviera, cuando pudiera, a sus seres queridos. El mundo necesitaba de su ayuda. La necesitaba ahora. No los podía abandonar. Tenía que sobrevivir. A como diera lugar.
El corazón le latía deprisa. Su mente trabajaba como los engranes de un poderoso reloj: no parraban. Analizó sus opciones. Había otra solución.
Matarlo.
Matar a Ángel. Probablemente la acusarían de ser el Hassassin. Corría ese riesgo, lo sabía. Pero, sería un sacrificio para la humanidad. Para salvarlos a todos.
Pero… ¿se atrevía a matarlo? "No" respondió instantáneamente. No se atrevía.
Entonces, su solución era volverse su aliada. Conquistarlo, según Misa, para ganar protección. Ganar poder junto a él. Quizás en un futuro cuando estuviera más segura, matarlo o traicionarlo.
Pero… ¿era seguro este plan? ¿De verdad conseguiría "enamorarlo" tanto como para que se decidiera a salvarla? "No" no lo conseguiría. Era tan incapaz de enamorar a un hombre como de matarlo.
Destruirlo o unirse a él. No le quedaba otra opción.
"O ambos." Dijo una vocecita inteligente en su mente. Alexei le dio la razón. O ambos. Podía hacer ambos. A medias. Sin entregarse totalmente a ningún plan, teniendo una maniobra de rescate. ¡Aún podía lograrlo! ¡Podía sobrevivir!
En eso había pensado la chica cuando inició su largo y triste monologo acerca de su vida, de sus sueños rotos. Había logrado conmover a Misa con su papel de pobre chica. Aunque todas sus palabras finalmente fueran ciertas, la falsa emotividad en la narrativa había tocado la parte sensible de la shinigami. Había llorado de corazón, sí, pero al sentir que Misa la consolaba, Alexei supo que podía manipular a la shinigami. Alexei no hacía algo sin tener un fuerte motivo para hacerlo.
Alexei no estaba derrotada aún. La chica respiró hondo. Tenía un plan, nuevamente.
No se rendiría. Se decidió: lucharía hasta el final.
Alexei fingió titubear, como si vacilará en aceptar el plan de Misa o no. La shinigami la contemplaba con una mirada expectante.
-No…soy seductora…- murmuró, sonrojándose. Bajó la mirada. Seguramente Misa la consideraría adorable. Acertó.
-¡Aw!- gimió, con voz aguda, como cuando se ve a un perrito.- Toda mujer es seductora. Sólo necesitas aprender a sacar esa parte, que a veces está muy escondida…
-No…no puedo hacerlo…- farfulló.- ¿Y qué si no lo logró? ¡Necesito tener una opción B en caso de que no lo logré!
Alexei detectó como Misa se alegraba por esa incitación a que la chica había aceptado el plan del Segundo Kira. Sonrió discretamente, aún con la mirada abajo.
-Yo… ¡te juro que funcionará!- alegó Misa.- Te lo prometo. Es una promesa entre tú y yo. ¡Entre chicas! ¡Funcionará!- insistió. Pero al ver que Alexei no lucía muy convencida, agregó.- Pero… podemos idear una opción B…
-¿A qué te refieres?
- preguntó Alexei, con inocencia. Misa tartamudeó.
-Bueno…sólo en caso de que no lograrás…yo…puedo darte cierta información que…te ayude. Sólo en caso de que…
-¿Información? ¿Tienes información que yo no sé?- presionó Alexei. Parecía que Misa no estaba segura de seguir o no.- ¡Eso sería grandioso! Así… puedo intentar escapar… ¡aún queda una oportunidad, Misa!
Misa miraba hacia todas partes, menos a los ojos de Alexei. La shinigami, claramente incomoda jugueteaba con su cabello desesperada. Se arrepentía de haber hablado: creía haber dicho demasiado. Lo peor de todo es que ya era demasiado tarde para intentar emendar su "error". No había manera de quitar de la mente de Alexei las palabras que la shinigami acaba de mencionar. Estaban dichas y tatuadas en el corazón de la chica. Misa suspiró, preguntándose qué debía hacer. Quería hacer feliz a Ángel, salvarlo, darle el amor que Light le había dado a ella: esa era su principal prioridad. Sin embargo, el corazón muerto de la shinigami temblaba en una dulce mezcla de compasión y lástima al saber el sufrimiento que Alexei pasaba y tendría que pasar.
No sabía muy bien qué decir cuando habló, así que sus palabras fueron improvisadas: lo primero que se le vino a la cabeza. Carraspeó para darle el volumen correcto a su voz, Balbuceó unas cuantas palabras ininteligibles que parecían más bien los murmullos de un crío recién nacido, y miró por unos instantes los ojos azules de Alexei, para quitar su mirada casi inmediatamente, como si los ojos de la chica fueran de fuego y le quemarán la vista con tan sólo mirarlos.
-Puedo darte información…-vaciló Misa. Respiró hondo y miró a Alexei a los ojos. Su voz sonó grave y dura cuando continuó.- Pero debes prometer que no tocarás ni un solo cabello de mi hijo.
Alexei enarcó una ceja.
-Si te atreves a hacerle daño…por más pequeñito que sea…seré yo misma quién escriba tu nombre en mi Death Note. - amenazó Misa, y por el tono de su voz quedaba en claro que hablaba muy en serio.- Y no me importará nada cuando te dé la muerte más dolorosa y humillante que exista. Ni siquiera recordaré está plática. Ni que me caes bien. Ni que tienes un cabello bonito. Borraré todo, y sólo te recordaré como la que rompió una promesa, y le hizo daño a mi Ángel. Estás advertida. Analiza tus posibilidades.- dijo Misa con un tono ligeramente burlón. Sonreía discretamente. Alexei, también, pero el resto de su rostro era duro como una piedra.- Te ofrezco una salvación. Si sigues a mi hijo, yo te prometo protegerte. Daría mi vida por ti, si es necesario. Incluso, para asegurarte más el trato, te ofrezco información confidencial, para que me tengas confianza. Pero si utilizas esa información en nuestra contra, en contra de Ángel y mía, sin piedad te mataré.
La última palabra fue amenazante y agresiva. Un ligero eco la repitió un par de veces por toda la habitación: "*Te mataré…te mataré…"*Los ojos de Misa y Alexei se encontraron y se miraron fijamente por un largo silencio.
Alexei analizaba sus posibilidades, tal como había dicho Misa, seriamente dentro de su cabeza. Si se salvaba, serviría a Ángel y a su causa por el resto de su vida. Si no lo hacía, moriría, y de todas maneras Ángel ganaría la guerra. En ambas opciones salía perdiendo algo. En ambas, su final era humillante. La información que Misa le ofrecía era inútil si no podía utilizarla para sus propios fines: eliminar a Ángel…Hizo una pausa. Meditó un instante.
Tenía una idea.
Alexei tembló de pies a cabeza. Había escogido su sentencia.
Una vida horrorosa.
O una muerte horrorosa.
Vivir sirviendo a Ángel.
O morir como su enemiga derrotada.
Estaba atrapada.
Pero ya había tomado su decisión. Miró a Misa atentamente. La chica respiraba entrecortadamente cuando abrió sus labios y le dijo a la shinigami tres únicas palabras, que dejaban en claro todo el asunto.
-Dame la información.
Misa esbozó una ancha sonrisa.
-¿Prometes no hacerle daño a Ángel?- preguntó precavidamente.
-¿Prometes sacarme de esto sana y salva, libre de acusaciones?
-Lo prometo.
-Entonces esto es un trato.- terminó Alexei con voz triste, tendiéndole la mano. La shinigami extendió la suya a su vez, y se las estrecharon por unos segundos. El contacto físico entre ambas estuvo lleno de recelo y de amistad, de odio y ligero cariño, al mismo tiempo. Se separaron sin saber muy bien que hacer o decir.
-Quiero estar sola.- exigió Alexei. Tenía en su voz un tono extraño, vacío, hueco, muerto. Sus ojos reflejaban lo mismo que su voz, y seguramente lo mismo que su corazón. Estaba destrozada y humillada. - Pero antes…dejemos en claro esto, Misa. Yo ganó mi vida, pero será una vida de prisionera. Estaré un alguien que odio, viendo como hace lo que más odio, apoyando una causa que odio. Es una vida desgraciada, pero es una vida. Exijo por lo tanto, un tipo de…"paga" por mi sacrificio. Quiero cumplir mi plan.
Habló de su plan con cariño y renovada fuerza. Misa meditó su respuesta por un instante corto.
-Eres libre de cumplirlo, mientras no afecte a mi hijo ni a sus intereses. Sus planes no son tan diferentes, Alexei. Ambos buscan lo mismo. Podrán hacer las paces, estoy segura.
-Yo no estaría tan segura, Misa. Hoy crees que seré la salvación de tu hijo. Pero soy como un pavo en Navidad: todos muerden un bocado de su carne. Todos me han mordido: me han hecho daño. Jamás podré querer a tu hijo. Jamás podré ser la "novia" de ensueño que tienes en mente. Sólo seré un juguete. Un bonito juguete frío y hueco.
Misa no se tomó en serio las palabras de la chica. La shinigami sentía que, muy en el fondo de su corazón, Alexei sentía amor. Lo había visto florecer hace unos instantes. Existía su capacidad de amar. No estaba perdida.
-Ya lo veremos.- comentó Misa, un poco distraída. Por el momento, tenemos un trato. Recuerda tu promesa Alexei.
-Lo haré.- musitó débilmente.- Ahora…déjame sola. Nos veremos más tarde. Hay información que tienes que darme.
Alexei, exhausta, cerró los ojos con fuerza, tirándose sobre la cama. Se sentía tan cansada como si hubiera corrido miles de kilómetros. El cansancio no era sólo físico, sino también interior: le dolía cada parte de su ser.
Cuando abrió los ojos, la habitación estaba vacía. Respiró de alivio.
Pero entonces, dejó salir toda la ira, el terror y el odio que había estado conteniendo durante toda la conversación. Se enterró las manos en el cabello con brusquedad, y se arrancó mechones de ese largo cabello que Misa había alabado minutos antes, mientras dejaba escapar otro desgarrador sollozo por su garganta.
No pudo pensar en nada más. Sabía que era lo que tenía que hacer.
Era un sacrificio. Por cumplir su meta, y reencontrarse con su madre y su hermana. Por cumplir las promesas que les había hecho a Ed y a Cuer de revivir a sus seres queridos. Por salvar a la humanidad del horror en que Ángel los metería.
Alexei recordó los tiempos en que era la gran Alexei. Donde ella era quien ganaba la guerra.
La nueva Alexei debía humillarse para sobrevivir. No tenía más opciones.
"Por el momento." Se aseguró. Se lo juró, pero fue un juramento débil, como una promesa de niños.
Lloró nuevamente hasta que se le acabaron las lágrimas y se quedó profundamente dormida en un sueño inquieto.
Incluso si no se es el propietario de la Death Note, el efecto será el mismo si se reconoce a la persona y su nombre es puesto en el espacio en blanco.
¡Hola! ¿A qué no se esperaban el capítulo tan pronto? Hice lo posible por traerlo lo más rápido que pude. Espero que les haya gustado. La verdad es que este ha sido uno de mis capítulos favoritos. No hay mucha acción, pero me gustó.
Bueno, ahora esperan las teorías, ¿no? Pues para este capítulo y varios próximos, eliminaré las teorías. ¿Por qué? Pues porque nos acercamos a un momento clave de la historia, y estoy segura de que preferirán leerlo sin teorías. Aunque claro, son libres de contarme las hipótesis que se les ocurren en los comentarios. Serán muy bien recibidos.
Muchas gracias a los que siguen aquí. Nos vemos en la próxima. Con suerte, en unas dos semanas J