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Death Note II: La leyenda del Hassassin. — capítulo 30

Capítulo 29:

Coartada

Ángel Matsuda

Sólo entonces, cuando vio escritas en el papel aquellas dos palabras, Alexei se dio cuenta de lo que había hecho. Y una gran carga le cayó sobre los hombros, tan pesada que transformó sus huesos en rotos pedazos, todo su cuerpo se convirtió en una masa asquerosa, como una cucaracha aplastada. Repugnante. Ella era totalmente repugnante.

Se olvidó de todo. De quién era, donde estaba, que soñaba…de todo. En el momento en que mató a Ángel Matsuda se transformó en nada. Un ser inservible, y aún así, terriblemente repugnante.

Sintió que las tinieblas la absorbían por completo: enterraban sus garras en la piel de porcelana de la chica, le jalaban el cabello como bestias hambrientas, arrastraban cada fragmento de su alma hacia la oscuridad. Una oscuridad como la boca de un lobo dispuesto a devorarla, no sin antes romper su cuerpo en pedazos.

A Ángel le quedaban 40 segundos de vida.


Horas antes, Kij había entrado al refugio de Near con Gevanni y Brian escoltándolo. Los rasgados ojos del chico miraban de un lado a otro, como si esperaran que en cualquier rincón, debajo de la mesa, atrás de una computadora; estuviera alguna criatura sangrienta dispuesta a destrozarlo. Le temblaban las manos y su rostro estaba pálido y cubierto de perlas de sudor. Parecía que estaba a punto de sufrir algún ataque, donde se retorcería en el suelo echando espuma por la boca, poniendo los ojos en blanco mientras se convulsionaba. Kim notó el tremendo nerviosismo del chico inmediatamente, casi como si tuviera un sexto sentido, y lanzó una mirada a Near. No supo si Near había pensado lo mismo que ella, pero se sintió aliviada y soltó un profundo suspiro cuando el chico habló amablemente con su habitual voz fría:

-Hola, Kij. -saludó. Kij lo miró como embobado, mientras sus manos seguían temblando - Gracias por venir. ¿Gustas un café? ¿Té? ¿Quizás agua?

La mayoría de los presentes miraban con notable curiosidad al chico tembloroso y patético que se encontraba frente a sus ojos, pero otros más no habían despegado la mirada en ningún momento de las pantallas, donde se podía ver a una Alexei dormida y la habitación vacía de Ángel con gran claridad. Kij asintió tras meditar un rato su respuesta, como si fuera una pregunta apocalípticamente difícil que mereciera horas y horas de análisis. Después de tragar saliva, gesto que fue audible para todo aquél que le estuviera poniendo atención al chico, tartamudeó con una voz rasposa:

-S-sí. Gracias…u-un té.

Con un asentimiento de la cabeza, Near ordenó a un joven que se encontraba cerca de la puerta que le trajera una taza de té caliente al muchacho, que al parecer se había armado de valor y había logrado ejecutar su auto-control para tranquilizarse, a pesar de que se encontraba en una situación de pesadilla.

-Siéntate, Kij. - le indicó Near, señalando suavemente una pequeña silla giratoria, de esas que todo abogado y médico tienen en sus oficinas y que los niños utilizan para dar miles de vueltas hasta quedar todos mareados. Kij miró a Near como si no pudiera creer que le estuviera ofreciendo asiento. Luego observó meticulosamente al resto de las personas en la habitación, casi como si las estuviera revisando de la misma manera en que había inspeccionado los aposentos de Gelsu. Finalmente, asintió tímidamente y un poco más tranquilo, se sentó, cuidando de no darle la espalda a nadie. Sólo entonces, Near prosiguió, en cuclillas desde el suelo.- Bueno, Kij, estoy muy interesado en oír lo que tienes que decir.

Kij no respondió nada, inesperadamente, en lugar de eso, plasmó firmemente los ojos en el suelo. Evitaba mirar a Near a los ojos en ese momento, quizás el chico creía que el detective podía leerle la mente con un cruce de su mirada. A nadie la pareció una buena señal semejante gesto. Bien sabían muchos que no mirar a los ojos, era un gesto que se hacía al mentir. Brian se decidió a no callarse sus observaciones, y valientemente, erigiéndose un poco más, hablo con una voz fría:

-¿Por qué miras al suelo, chico? ¿Te da miedo que te descubramos en medio de la mentira si te vemos a los ojos?

Kij no respondió. Near le dirigió una mirada que pedía silencio, y Brian calló sin dudarlo. Detectaba que Near tenía ya un plan en mente, una estrategia para sacarle todo el jugo a esa uva temblorosa, y un comentario burlón y brusco de su parte lo podía arruinar. Asintió en dirección a Near, y contuvo las ganas de seguir hablando, un esfuerzo muy grande en ese momento. Parecía que todos sufrían de igual manera: sentían que el caso del Hassassin estaba a punto de resolverse. Lo que sucediera en los próximos minutos podría definir el rumbo de la historia. Necesitaban terminarla ya, como diera lugar, costara lo que costara.

-Siéntete tranquilo, Kij. Antes de comenzar, me gustaría decirte que todo lo que digas aquí será confidencial. Y no dudes que haremos todo lo posible por mantenerte a salvo. A ti y a los tuyos.- Kij siguió sin responder nada. Se limito a levantar la cabeza, y mirar atentamente a Near. Las manos del chico seguían temblando, mientras que las de Near eran pálidas y heladas, como un par de guantes inanimados colgados del buró. Después de un corto silencio, Near prosiguió.- Sabemos quién es el Hassassin. - algunos de los presentes no pudieron dejar escapar un gemido de asombro o una mirada de incredulidad a Near. Pero nadie dijo nada, mucho menos comentaron que lo que el chico decía era una mentira. O al menos eso creían.- Hemos seguido sus movimientos desde el principio. Tenemos pruebas bastantes claras de su culpabilidad. Pero por precaución, necesitamos comprobar qué nuestro sospechoso es el correcto, cosa que parece innecesaria, pero yo creo lo contrario. Me gustaría que nos dijeras, si eres tan amable, todo lo que sabes. Insisto en decirte que puedes hablar con libertad, no te juzgaremos y cada palabra que salga de tus labios se quedara, indudablemente, aquí. Descuida.

Aún así, a pesar de la amabilidad y la promesa de protección de Near, Kij no habló. Parecía estar tomando una decisión apocalípticamente difícil, que fuera a definir el destino de todo el Universo. Seguramente el chico, encorvado, se creía Atlas con el mundo sobre su espalda. Meditó en silencio, con una mano en la barbilla, el ceño fruncido y la espalda jorobada, mientras todas las miradas estaban puestas en él como si fuera un atractivo imán. Kim tenía una ligera sospecha del porqué Kij se tomaba su tiempo en responder. A la mujer le había parecido que detrás de las amables frases de Near, se escondía un: "Si mientes lo sabremos" bastante peligroso. Desconocían si la información de Kij era confiable. Lo mejor era prevenir poniéndolo a prueba.

No sabía porque, pero Kim creía conocer que respondería Kij.

-No estoy seguro de lo que sé.- admitió el chico, encogiéndose de los hombros orgullosamente. Las manos ya no le temblaban, su mirada erafría, pero se podía detectar una pequeña muestra de alerta y miedo en ella. La confesión arrancó unos cuantos murmullos poco discretos en la habitación. En las pantallas, Alexei soltó un profundo suspiro. - Pero creo tener información que los puede ayudar. Les diré lo que sé. Ustedes deberán juzgar si escierto o no. Pero para mí, desde mi punto de vista y desde el uso de la poca, prácticamente nula, información que tengo sobre el Hassassin; mis datos son verdaderos y conllevan a la conclusión que todos buscamos. Claro, no dejo pasar el hecho de que mis teorías puedan ser farsas, pero quiero dejar en claro que, en caso de que lo sean, no será porque yo lo decidí así. Será porque varias pistas me llevaron a creer en ese engaño.

-Basta de tanto rollo, chico, ya captamos lo que quieres decir.- interrumpió Brian, los ojos le brillaban de la emoción. La misma emoción se respiraba en toda la habitación, parecía polen en primavera. Estaban rozando la meta con las puntas de los dedos. Kij le dirigió a Brian una mirada fría y claramente de reproche.

-No he terminado aún.- repuso Kij, muy serio. Entrelazó las manos sobre su regazo, un gesto que lo hizo ver extrañamente elegante y poderoso.- Me gustaría hablar sobre lo que sucederá después. Me explico: conseguir la información que poseo no ha sido fácil. Más de una vez que mi vida estuvo en peligro. Me parece que lo justo es que yo reciba algo a cambio, un tipo de recompensa por la información que les daré. No creo que esta petición sea incorrecta, ni legal o moralmente; después de todo, siempre se realizan este tipo de trámites. Siempre han estado presentes en la historia: "Dame lo que quiero y te daré algo más a cambio"

Kim vio como Brian abría la boca para replicar, pero el hombre se detuvo con una significativa mirada de Near. En silencio todos observaron atentamente al extraño individuo que minutos antes había estado tembloroso y asustado, y que ahora poseía tanta confianza que en su rostro casi se dibujaba una sonrisilla burlona. Entonces, dirigieron sus miradas hacia Near, serio y frío, con cualquier sentimiento, si es que lo tenía, e idea ocultos y protegidos detrás de una enorme y gruesa pared de concreto y ladrillo.

-Me parece un trato justo. - respondió finalmente Near, voz monótona. Lo que fuera que estuviera pensando, estaba muy bien oculto en su extensa mente. Kij dejó escapar una sonrisita, tan sólo la comisura derecha de sus labios se curveó hacia arriba. Brian no pudo evitar soltar un bufido.- Pero, antes de que nos comuniques tus peticiones, creo que es necesario especificar que es lo que nosotros necesitamos.

La comisura izquierda de Kij se curveó. Dejó entrever una extraña y macabra sonrisa, y entrecerró suavemente los ojos, como si intentara ver algo muy pequeño en el rostro de Near.

-Te escucho.- dijo un par de segundos después.

-Quiero que respondas nuestras preguntas. Cada una de ellas, sin excepción. No creo que sea necesario decirte que espero respuestas sinceras y extensas de tu parte. Quiero que todo lo que digas aquí, se quede aquí, y que nadie más (y por nadie más, me refiero a ningún otro ser pensante) tenga una sola idea de ello.Y por supuesto, lo que dirás aquí te otorgará cierto poder en esta historia. Me gustaría contar contigo sí es que te necesitamos en algún momento.

-Lo último no será un problema.- afirmó Kij.- Porque lo que yo pido a cambio, es trabajar contigo. Soy yo quién merece el puesto. Desde el comienzo. Escogiste a Gelsu y Alexei, pero fue un error. Su lugar es mío, por derecho. Y quiero tener lo que me pertenece. Haré lo que sea necesario.

Tras la última frase, un intenso silencio inundó la sala. Parecía que todos habían sido cubiertos por un tipo de manta pesada, que nadie tenía la fuerza para levantar. En la pantalla, Alexei se estremeció. Pocos se dieron cuenta de ello. Sus ojos y oídos no tenían otro objetivo que la conversación que se llevaba a cabo.

-Carajo, no sé si soportaré a este pesado en el equipo.- le susurró Brian a Gevanni, en un tono que intentaba ser bajo y discreto, pero no hubo persona que no escuchara aquel susurro clandestino. Kij cerró los ojos un momento, inclinando ligeramente la cabeza, mientras la sonrisa en su rostro se hacía cada vez más grande. Terminó soltando una risita. Near no se inmutó.

-Es un trato.- repuso el chico. Kij asintió lentamente, abriendo los ojos de golpe.- Quiero escuchar lo que sabes.

-Estoy ansioso por responder a sus preguntas.

-¡Yo quiero empezar!- interrumpió Brian, con su voz ronca y su habitual brusquedad.- Me gustaría saber cómo demonios supiste lo de las cámaras.

-Sencillo.- respondió Kij, tras haber mirado a Near en espera de una autorización de responder a la pregunta.- Cualquier idiota habría notado como entraban y salían de las habitaciones. Hasta un sordo los habría escuchado hablar. Sólo era necesario atar cabos, pensar un poco, y tenías la respuesta en tus manos: estaban vigilando a Gelsu y a Alexei.

-¿Dedujiste inmediatamente qué era lo que buscábamos? - preguntó Near.

-Sí.- contestó Kij, orgulloso. Infló el pecho y un brillo presuntuoso apareció en sus pequeños ojos. - Near estaba buscando al Hassassin. Después descubro que el propio N está vigilando a dos miembros de su equipo. ¿Por qué tomarse la molestia de hacerlo, sin un motivo realmente importante? Era lógico, un simple juego de niños. Tenía que haber un motivo por el cual espiar de tal manera a dos alumnos. Tenían algo que esconder. Y tenía que ser algo grave, algo tremendamente importante. ¿Qué otra cosa mejor que ser sospechosos de asesinato?

-Puedo inferir entonces, que no te pareció imposible el hecho de que tus compañeros fueran sospechosos de asesinato. - Era como un juego de ajedrez. Near acababa de hacer un buen movimiento. Pero Kij nunca perdía en el ajedrez. Y esta vez, por más fuerte que fuera su contrincante, no se rendiría sin darlo todo y hacer estallar todos los cañones. Se tomo su tiempo, un corto lapso de tiempo, en contestar a la pregunta.

-Sí lo piensan bien, cada uno de nosotros tiene ciertas características que lo pueden convertir en un asesino. Una frialdad intensa. Una fuerza destructiva o una violencia incontenible. Alexei y Gelsu las tienen. ¿Cuál es el clásico perfil o patrón de los asesinos? Generalmente, empiezan con una infancia dura, oscura. Nuestros dos sospechosos encajan perfectamente en esa característica. Ya deben de saber el porqué, los medios hacen correr las malas noticias como pólvora. Ambos vienen de un hogar roto y disfuncional, los Vanille y los Matsuda. Algunos asesinos son fríos, otros están locos de remate, otros son muy violentos… los dos sospechosos encajan ahí también. Fríos como el hielo, sí mirabas a sus ojos, te estremecías. Gelsu siempre fue extraño. Parecía ser demasiado perfecto, pero en algunos momentos…había un lado oscuro en él que salía a la luz. Era un tipo de intuición, pero yo sabía desde el principio, que no debía de fiarme de ese chico.- mentía, por supuesto. Kij había considerado a Gelsu un tipo de cómplice desde el momento en que congeniaron. Un tipo de protector. Sí a Kij le pasaba algo malo, ahí estaría Gelsu para salvarle el pellejo. Jamás se la había cruzado por la cabeza que Gelsu fuera un asesino.- Alexei, por su parte, no encuentro otra palabra con que describirla que…excéntrica. Siempre actuaba como si fuera un tipa dura y con agallas, pero para mí que parecía una de esas niñatas que salen en las películas de terror americanas. Siempre me ha parecido una muñeca de porcelana macabra. Sí me lo pensaba bien, ambos podían ser asesinos. ¿Por qué no?

Mentía, de nuevo. Pero él necesitaba mentir. Lo que lo había llevado a llevar a cabo su plan, era el hecho de que los odiaba. El descubrimiento de que eran considerados sospechosos había encendido dentro de Kij un tipo de espectáculo de pirotecnia, alocado y desenfrenado. Había actuado siguiendo a sus instintos, y su astucia congenio inmediatamente con el odio. Habían firmado un pacto silencioso de venganza: no se rendirían hasta obtener lo que querían. Y estaban tan cerca, ahí, frente a Near, dando respuesta terriblemente ingeniosas… pronto sería él quién hicieras las preguntas.

-Afirmas entonces, qué Alexei y Gelsu son asesinos.- Kij negó con la cabeza una sola vez. Near le lanzó una penetrante mirada.- ¿No lo crees?

-Afirmo que ambos tienen lo necesario para matar. Sangre fría. Pero creo que en ese par, sólo hay un asesino. Un asesino y un cómplice. Uno de ellos es ligeramente más cobarde que el otro, menos desquiciado, más blando, más humano. No es difícil deducir quién obtiene el papel de asesino.

-A tu juicio, ¿quién es el Nuevo Kira?

Kij saboreó el momento como si fuera un delicioso postre de chocolate y crema batida. Aspiró aire profundamente, como si el aire fuera a servir de baúl de tesoros donde guardar el orgullo y la felicidad que sentía en ese momento. Cerró los ojos, sólo por un instante, dejándose llevar por la marea de alegría que había en su corazón, permitiendo que sus pensamientos de júbilo lo arrastraran fácilmente hacia el abismo de las emociones. Contuvo las ganas de gritarle a todos los presentes, incluyendo a Near, lo estúpidos que eran y lo inteligente que era él. Estaba a punto de cumplir su meta, sutan merecida meta. ¡Y cómo lo lograba, que manera tan astuta! Con un trato, en su interior le llamó el "Trato Súper Inteligente", que para él era pan comido, por Dios, hasta había tenido juegos de ajedrez más difíciles que eso.Sólo tenía que juntar unas cuantas piezas y ¡tará! Cualquier enano podría hacerlo.

No pudo evitar sonreír. Hizo todo lo que pudo por contener el gesto, pero la alegría era tal que simplemente sus labios se curvearon de manera traviesa, como si fuera un niño que no pudiera contener su emoción. ¡Lo había logrado! Él era el nuevo N y está vez nadie le quitaría lo que le pertenecía desde nacimiento.

-Para mí, con la poca información que tengo…Gelsu cumple con las características necesarias para ser el Hassassin.- Algunas personas cruzaron una mirada rápida, como si hubieran apostado cual sería la respuesta del chico y acabaran de ganar una buena suma de dinero.- Pero Alexei es la mente maestra bajo la sombra de una cómplice. Estoy seguro de que ni el propio Gelsu se da cuenta de cómo es que ella lo está controlando, por debajo del agua, discreta pero letal. Alexei le dice de alguna manera: "mata" y Gelsu, tan impulsivo como es, lo hace, preso de sus propias emociones. Él se mancha las manos, pero ella le acerca las armas y le ofrece las víctimas. Un trabajo macabro enfermizo. Una relación repugnante.

Near no dio tiempo para murmuraciones posteriores a la revelación. Con un suave y educado gesto, levantando su pálida mano, pidió silencio. Sus ojos grises estaban fríamente plasmados en la astuta y maliciosa mirada de Kij. Kim, que ya llevaba varios años trabajando con Near, podía imaginarse más o menos que pasaba por la mente del detective en ese momento. Casi podía jurar que N no le creía nada. Kim creía que el chico estaba analizando solamente, sin tomar ningún dato como verídico o falso. Lo que a Near le interesaba no era la información que Kij pudiera ofrecerle, sino algo más. Algún símbolo que sólo él alcanzaba a percibir, algún significado escondido. Había algo en las palabras de Kij, un secreto que como un susurro llegaba sólo hasta los oídos de Near y de nadie más.

-Me gustaría que describieras las personalidades y comportamientos sociales de Alexei y Gelsu, si eres tan amable.

-Alexei siempre ha sido extraña. Fría, puedo jurar que no hay algo bien con su cabecita, si me explico.- Por la sonrisa que compuso, todos entendieron a qué se refería.- No recuerdo cuantas veces amenazó con matarme. Nunca me hizo el menor daño, nunca le hizo daño a nadie. Supongo que no quería ensuciarse las manos, y es ahí donde entra Gelsu. La chica, por su parte, es lista, pero a veces su soberbia la hacen equivocarse. Clásico de las mentes débiles.Necesitaba una marioneta tonta y moldeable. La encontró. Así es Gelsu: estúpido, infantil, impulsivo y manipulable. Un lame botas de primera, siempre idolatrando y alabando a los fuertes para su propia conveniencia.

Las preguntas siguieron. Siempre seguían el mismo patrón. Qué, cómo y por qué. Y Kij siempre utilizó el mismo tono frío al responder, esbozó la misma sonrisa. Y las respuestas siempre fueron las mismas: largas y con la apariencia de estar brindando una gran cantidad de útil información. Pero en realidad, estaban vacías. Vacías de contenido, y vacías de ingenio.

Pero por más que el tedioso interrogatorio se prolongó durante un buen tiempo más, Kim (y ella pensaba que probablemente nadie más) encontró alguna prueba contundente. Quizás se le pasó algo por alto, era una posibilidad, pero todos tenían la misma expresión de duda en el rostro, igual que ella. Había algo que no cuadraba. Había algo que no tenía sentido y al mismo tiempo, todo lo tenía. Todo era posible en ese macabro juego intelectual, donde la mente se encontraba en un laberinto, luchando por encontrar la salida entre tantos atajes falsos y callejones sin salida.

Y sin embargo, las palabras de Kij se ahogaron de pronto. Kim señaló a las cámaras, con un gritito. Kij calló inmediatamente, y prácticamente su presencia se volvió invisible a partir de los siguientes momentos. Alexei se había puesto de pie. Finalmente, había despertado. Pero había algo en su mirada que no indicaba nada bueno, como si fuera un oráculo que predecía tiempos oscuros, llenos de maldiciones y desgracias. Aquellos ojos azules se habían vuelto aún más fríos de lo usual. Pero lo preocupante era al chispeante odio que embargaba la mirada de la chica.

Anonadada, creyendo que todo era un sueño o una ilusión, Kimcontempló horrorizada como Alexei cargaba con un cuaderno negro, el cuaderno de la muerte, el cuaderno que buscaban, entre sus manos.

-¿Qué va a hacer? ¡¡¿Qué va a hacer?!!- tartamudearon algunos. Nadie respondió. El ritmo de todos los corazones se aceleró. Hubo un grito agudo, justificado, en la parte trasera de la habitación: "¡Ahí está el Hassassin!"

La habitación se encontró en una tensión tan puntiaguda como el filo de una buena espada.

Sólo Near observaba la escena con la misma frialdad de siempre.


Cuarenta, treinta y nueve, treinta y ocho…

El tiempo parecía estar burlándose de ella y de la situación. Nunca los segundos habían pasado tan rápido, y al mismo tiempo, de manera extraña; tan lenta. Sentía que cada segundo era como una piedra enorme y pesada sobre ella: llegaban rápido para hacerle crujir los huesos y atraparla bajo el gran peso, pero provocaban en la chica una lenta y sádica tortura. Una piedra, dos, tres y cuatro. Cuando miraba las manecillas del reloj, la vida no parecía ser tan fugaz como lo era en ese momento. Cada granito de arena que caía en el fondo del reloj de cristal era tan sólo una estúpida y arrogante manera de intentar medir el tiempo, de dar la ilusión de que la vida era más larga de lo que parecía. Pero la vida era tan corta, y ahora se daba cuenta, cuando escuchaba los latidos de su corazón bombear al ritmo de los segundos que le quedaban a Ángel Matsuda de vida.

*Treinta y siete, treinta y seis.*No podía moverse, era como si un tipo de araña la había picado y paralizado con su veneno letal. No creía que las palabras escritas en la blanca página de la Death Note hubieran sido creadas por su propia mano. No era ella quién había matado, debía de ser alguien más. Alguien más fuerte, menos cobarde. Pero Alexei no, claro que no. Ella no lo había hecho.

Pero la caligrafía era suya. La reconocía, a pesar de que los recuerdos de su propia letra, pequeña, elegante y limpia; le parecían tan lejanos, incluso sentía que le pertenecían a otra persona. Ella había escrito esas dos palabras, "Ángel Matsuda", con su propia mano, consciente de lo que hacía, con una decisión tomada y varias excusas y argumentos para justificarse y darse valor.

*Treinta y cinco.*Miraba el cuaderno en su casi blanco perfecto, a excepción de esos dos garabatos, pequeños y apretados, en la parte superior de la página; como si fueran algo sobrenatural, totalmente único y especial. Los había escrito ella, se intentaba convencer, sin mucho éxito. No escuchaba nada más que el sonido de su acelerado corazón que retumbaba en sus oídos y palpitaba enloquecido en su pecho, y su ruidosa respiración. Había olvidado las cámaras, los micrófonos. Había olvidado quién era. Ahora sólo era la chica que había matado, que había caído en esa tentación fría y demoniaca, en ese juego macabro del que una vez que se entra, jamás se sale.

Treinta y cuatro.


-¡LO MATO! ¡LO MATO!

Los gritos de pánico y asombro se extendían por toda la habitación. El único ser que no se había dejado llevar por el tenso ánimo era Near. Seguía mirando la imagen de Alexei, congelada, mirando como hipnotizada la página abierta de la Death Note. En sus ojos grises no había nada más que curiosidad. No se tomó la molestia de tranquilizar a su gente, de rogar por calma, de hablar con ese tono tan profesional y único que tenía. Esta vez, para Near sólo era importante ese momento: esa grabación que se reproducía en las pantallas. El resto no importaba.

Kim habíacorrido a los brazos de Gevanni, quien la abrazaba con fuerza, pero tenía la mirada fija en la pantalla, la boca ligeramente abierta y el semblante pálido. La chica, mientras tanto, tenía los ojos brillosos por unas lágrimas que querían salir y correr por sus regordetas mejillas (si el momento hubiera más alegre, Brian se hubiera tomado la molestia de comentar que "las mujeres lloraban por todo, y era imposible encontrar una razón para justificar cada llanto" con una sonrisa burlona en el rostro), pero las contenía valientemente. Brian, un poco apartado de los dos, maldecía sin parar un montón de palabrotas, unas en voz baja, otras en un tono similar al de un cantante de ópera sin micrófono. Se había dado un golpe en la frente con la palma de la mano, al comprobar que era cierto: Alexei había escrito el nombre de Gelsu. Ahí había dejado su mano, sobre su frente empapada de sudor frío, al tiempo que contemplaba la imagen al igual que el resto. Murmuró un "joder", varios "mierdas" y un "¡Oh, por Jesucristo!" muy salido de contexto antes de respirar hondo y esforzarse por pensar con frialdad y astucia. Pero ojalá pensara con tanta frialdad y astucia como esos dos chicos dementes, Gelsu y Alexei. Siempre tan calmados, inhumanamente calmados e inexpresivos.

-¡Joder! ¡Hay que hacer algo, carajo! ¡Puta hostia! ¡Tenemos que detenerla! ¡Joder, joder, joder!- bramó, haciéndose escuchar sobre el nuevo revuelo. Sus palabras fueron aceptadascon un intenso murmuro de aprobación. Pero Near interrumpió justo a tiempo, y aunque su voz era tan baja como la de un pequeño ratón, el timbre de ésta fue perfectamente audible y reconocido en toda la habitación. El chico tenía ese admirado don de lograr expresarse y hacerse notar en cualquier parte, cualquier situación.

-No.-respondió Near, muy tranquilo. Todos guardaron silencio súbitamente.- Tenemos que esperar.

Y aunque no todos estaban de acuerdo, lo hicieron. Con el corazón a punto de salírseles del pecho, las respiraciones agitadas y la mezcla de emociones concentradas en el estomago, esperaron. No sabían que esperaban, no tenían idea, pero lo hicieron. Porque veían en la mirada de Near, reflejada la confianza. Y confiarían en el detective.

Kij había palidecido de golpe. Un solo pensamiento martilleaba en su cabeza, repetitivo e incesante: "¿En qué me he metido?"


Veinte. Diecinueve.

Sólo cuando Alexei vio que había sido ella la escritora de aquella macabra predicción, sólo cuando lo hubo comprobado y se hubo convencido a sí misma de que sí había sido su mano la fría asesina, la escritora letal, valoró lo que había hecho. Y fue como si el mundo se la cayera encima. Se estremeció de pies a cabeza y abrió los ojos de golpe. Casi pudo sentir que el corazón se le detenía por un momento minúsculo y que el aire en sus pulmones salía de golpe en un suspiro ruidoso.Las manos le empezaron a temblar y sintió como si un frío hielo se extendiera por todo su cuerpo, empezando desde su mano derecha hasta lo más profundo de su corazón. Sintió que se congelaba. Hacía frío, tanto frío que parecía estar desnuda en medio de una tormenta de nieve. Sólo que esta vez, el frío también venía desde dentro, del interior de su corazón, no del ambiente exterior.

Se había convertido en lo que más odiaba.

¿Qué la había llevado a esa tomar esa decisión? La desesperanza y la preocupación. Porque en vida no le quedaban más oportunidades. Pero tenía que eliminar a Ángel de alguna manera, hacerlo desaparecer. Y si eso significaba romper la significativa y sentimental promesa que le había hecho a Misa, lo haría. Sí, esfumaría a Ángel con un par de trazos, y ella sufriría las consecuencias. Lo qué obtenía a cambio era la seguridad de que el mundo estaba a salvo. Sí, el mismo mundo que la había rechazado.

Un huracán de ideas azotó en su cabeza. Primero llegaron los "estás haciendo lo correcto", junto a un sentimiento de sacrificio y enfermizamente masoquista felicidad. Siguió el horror, la decepción y lasganas de tachar el nombre de la Death Note. Pero, ¿qué era lo correcto? ¿Cuál era el lado bueno?

Si salvaba a Ángel, condenaría a otras miles de personas, pero ella seguiría viva. Viva en una existencia miserable, pero viva. Si no lo salvaba, se condenaría a sí misma a la muerte, pero salvaría a una buena parte de la población. Muerta, horrorosamente muerta.

¿Cuándo había llegado a esos extremos radicales? ¿En qué momento había tomado la decisión maldita que la había conducido por un sendero de tragedias y mala suerte, camino que tenía como destino el terror y el fracaso? No lo recordaba. Jamás había deseado encontrarse en una situación semejante, ¿y quién lo querría, después de todo?

No se dio cuenta de que sudaba a chorros hasta que sintió las gotas resbalando por sus mejillas. Quizás eran lágrimas, porque sin notarlo, estaba llorando desconsoladamente.

Gritó. No sabía porque.

¿Cuánto tiempo quedaba?

Diez, nueve…

Mientras tanto, Ángel corría por el jardín alegremente. Hacía tanto tiempo que no se divertía tanto. Se sentía tan libre, con el viento revolviéndole el cabello, el olor a pasto aromatizándolo todo, el precioso cielo sobre su cabeza, las risas y el cariño de sus amigos. Cargaba con el balón, después de haber realizado una anotación gloriosamente asombrosa. Los chicos lo felicitaron con una palmada en la espalda.Zazir le dio un coqueto beso en la mejilla, rodeándole el cuello con los brazos. Wallace los miraba jugar con una sonrisa, mientras Jo, con una apacible paz, le daba biberón a su pequeño nieto. Y Misa volaba distraída por ahí, con un aire soñador.

Ángel respiró hondo. No recordaba haberse sentido tan feliz desde hacía mucho tiempo.

Le quedaban tan sólo cinco segundos de vida.

Y de pronto, el tiempo pareció tomarse el tiempo de volverse lento, delicado, casi como si fuera una obra de arte que con un simple movimiento descuidado, un suspiro innecesario que le llegara directamente, se rompería en miles de pedazos. Fueron cinco segundos donde sucedieron tantas acciones, donde aparecieron variados y múltiples pensamientos en personas que estaban separadas por varios muros y largas distancias. En aquellos cinco segundos, el mundo entero pareció estallar en ruidos y sonidos. Lejos del bosque de Wammy, una gran casa estaba repleta de gente que reía, cantaba y bailaba al ritmo de una estruendosa y moderna canción, mientras que en otro país, dos grupos de soldados, cada uno de un bando contrario, se enfrentaban con bombas y pistolas capaces de destrozar a un ser humano en cinco segundos. En esos cinco segundos nacieron varios niños, llegando al nuevo mundo con su característico llanto, alrededor del mundo mientras que algunos viejos daban su último suspiro ruidoso antes de cerrar los ojos para siempre. Un par de adolescentes se dieron su primer beso en un escandaloso y estridente partido de baloncesto, al tiempo que otro par se gritaban por culpa de un ataque de celos. Un hombre se suicidaba con su vieja arma y un criminal moría por un ataque al corazón mientras andaba tranquilamente por la calle, de mano de su hija pequeña.

En esos cinco segundos, el corazón de Near se hinchó como un globo inflado con mucho aire. Su rostro no mostró ni una pizca de la conmoción que sentía por dentro: al contrario, mantuvo la calma, y sereno, no despegó sus ojos de Alexei. Kim, por su parte, no pudo mirar más: cerró los ojos y enterró el rostro en el pecho de Gevanni, quién la abrazó torpemente, congelado. Kij sintió que su corazón enloquecía. Brian soltó una última palabrota antes de quedarse mudo en un silencio tenso. El equipo de Near soltó un suspiro de asombro, de preocupación y de miedo al mismo tiempo, como si todos compartieran un mismo pulmón.

Misa no tenía idea de que a su hijo le quedaban cinco segundos de vida. Siempre había tenido la cualidad, o quizás; la desgracia, de confiar plenamente en las personas. Nunca se le habría pasado por la cabeza hueca de shinigami que su recién aliada pudiera volverse en su contra. Creía tenerla perfectamente entrenada, sumisa: la cabeza al suelo, al igual que la mirada temerosa, las manos limpias. Nadie creía que Alexei pudiera rebelarse contra sus propios miedos y prejuicios. En esos cinco segundos, miró a Ángel con ternura. Sabía, o al menos tenía la gran intuición de que ahora con la compañía de Alexei, podría ver a su hijo feliz.

Alexei se abalanzó contra la Death Note, sin saber porque, ni siquiera para qué. Sólo le hizo, por instinto, porque por su sangre, que recorría todo su cuerpo, corría el deseo, la urgencia de hacerlo. Y lo hizo, mientras que el Monstruito aparecía de las sombras. Light tardó un par de importantísimos segundos en darse cuenta de lo que sucedía. No alcanzó a decir el: "¿Qué has hecho?" que pensaba. Sólo llegó a abrir la boca y a soltar un pequeño e incompleto "qué" antes de mirar, horrorizado, la sentencia de muerte: Ángel Matsuda y desaparecer con un rugido de furia.

El silencio fue total. Ningún niño lloraba, ningún animal emitía sonido alguno, ni el más pequeño y bajo. Parecía que todos los corazones latían al mismo tiempo, en una balada melancólica y triste. Todo el ruido anterior se había visto súbitamente apagado, como si existiera un botón parasilenciarlo todo. El mundo se había sumido en un tipo de lúgubre silencio, el tipo de silencio que se hace cuando alguien ha muerto.

Mientras tanto, Near contemplaba a Alexei, de pie en su habitación, despeinada y cubierta de sudor, respirando entrecortadamente. Con una simple mirada, dio la orden de ir a buscar a Wallace inmediatamente. Brian asintió, como un fiel ayudante, y salió de la habitación. Lo siguieron a los pocos segundos Kij, Kim y Gevanni.

Y al mismo tiempo, en la habitación de Alexei, la chica se dejaba caer sobre el suelo. Se sentía tan débil, que tuvo que arrastrarse como una serpiente para llegar hasta la pared, donde recargo la espalda. Echó la cabeza hacia atrás, agotada, la Death Note en su mano izquierda, una pluma en la derecha. El Monstruito le dirigió una sola mirada iracunda, llena de odio, antes de desaparecer sin decir absolutamente nada.

-Lo…logré.- balbuceó Alexei. Miró de reojo la hoja de la Death Note, blanca a excepción de un solo nombre tachado por un desesperado y enorme garabato: "Ángel Matsuda"

De sus labios sólo brotó un cansado sonido más parecido a un quejido. Cerró los ojos. No era lo más prudente, pero no tenía fuerzas para nada más.

Apenas se dejó llevar por la oscuridad, la mente de Alexei fueabsorbida por el sonido de un montón de voces que hablaban al mismo tiempo en su cabeza. Una sonaba exactamente igual a la de su madre y no paraba de regañarla con ese tonito socarrón que Alexei recordaba muy bien: *"¿Qué has hecho? ¿Qué crees que has hecho, inservible?"*Otra voz sonaba como su propia voz, pero temblaba y no paraba de sollozar muchos: "¿Qué he hecho? ¡Oh, Dios!"Una vocecita que parecía más bien la inexpresiva grabación de un disco rayado que no para de repetir lo mismo: "Lo mate, lo mate, lo mate" Alexei escuchaba su propia voz también, fría y despectiva: "No. Yo no he matado a nadie. Matsuda está vivo." Dudó. "Tiene que estarlo."

Y abrió los ojos para mirar el tachón, salvaje y enorme, sobre el nombre de Ángel. Lo había detenido justo a tiempo. Estaba segura. Tenía que haberlo hecho.

Pero… ¿y si no? Su corazón aceleró su ritmo.

El Monstruito interrumpió en la habitación ruidosamente un tiempo después. Bien podrían ser cinco minutos o media hora, quizás hasta un par de días. No era un ser que le gustara el ruido, mucho menos estaba acostumbrado a ser estruendoso. Al contrario, al Monstruito le molestaba el ruido y por eso la silenciosa y casi invisible compañía de Alexei durante todos esos años no había sido una molestia. No al menos en el sentido de convivir juntos, en eso ambos eran muy parecidos. Por todo lo demás, Alexei no había hecho más que causarle dolores de cabeza.

Al ver a la agotada chica derrumbada en el suelo, como un títere al que le han cortado los hilos, pálida y llorosa, cubierta de sudor frío, con la respiración agitada y la mano aún aferrada a la pluma con la que había borrado el nombre del Hassassin al último segundo; no sintió nada. Ni compasión, ni arrepentimiento. No se arrepentía de haberla usado durante todos los años que llevaban juntos. No se arrepentía de haberla engañado, de haberle llenado la cabeza de ideologías y rencores que la chica no necesitaba cultivar.Ni siquiera llegaba a tenerle un poco de cariño, por lo que verla con los nervios destrozados no le provocó ni la más humana lástima. Le importaba un bledo la chica, le daba igual si ella era feliz o no, si estaba sana o a punto de morirse; ahora no le servía para nada. Se estaba convirtiendo en una molestia, y en una molestia enorme, como un mosquito zumbando a medianoche cerca de su oído.

Disfrutó verla ahí, en el suelo, inútil, débil. La furia hervía en el interior del Monstruito, pero Light lograba contenerla a duras penas. Siempre había sido una persona tranquila y fría, pero ahora necesitaba utilizar todas sus fuerzas para no abalanzarse sobre Alexei y destrozarla, desgarrarle la piel y arrancarle la cabeza. Quería verla sufrir, llorar, suplicar… pero sobre todo, la quería fuera de su camino. Había subestimado a la chica, eso era cierto. Había cometido un error, un pequeño error: dejar viva a Alexei cuando ella dejó de servirle. Quizás la dejó viva para que la muchacha fuera un recuerdo, un símbolo, quizás Light pensó que podría servirle en un futuro. No. Debía de eliminarla.

Había estado tan cerca. Alexei casi lo había matado. Casi. Un segundo más de tiempo, un poco menos de cobardía y una dosis más grande de odio y rencor; y el plan que Light llevaba gestando desde hacía años, tantos días, meses y años de espera, de paciente espera moviendo hilos desde las sombras; se habría ido al caño. Había estado tan cerca.

Pero había algo en Alexei que había salvado a Ángel. La chica seguía siendo una niña muy blanda para el mundo real, muy débil como un pajarillo con las alas rotas. No podría enseñar a volar si ni siquiera ella podía hacerlo.

Contempló a Alexei levantar la cabeza, sobresaltada, hacia él y mirarlo con esos ojos azules. El shinigami, para su sorpresa, detectó que era una mirada atemorizada. Alexei temía por primera vez desde hacía ya diez años, cuando era una niña llorona y sola. La muchacha se puso de pie de un salto, temblando, pero sin dejar de mirar a los ojos rojos y llenos de odio de Light. Dejó caer la pluma, que hizo un ruido sordo al caer sobre la hoja de la Death Note, donde aún se alcanzaba a ver un "Ángel Matsuda" debajo del tremendo garabato que Alexei había hecho. Light recordó las cámaras que lo observaban, y se dijo que debía ser precavido. Lo más probable es que N considerara a Alexei el Hassassin tras el último acontecimiento. No podía permitir que el detective sospechara lo contrario.

Señaló con el delgado y huesudo dedo índice a la puerta. No hubo necesidad de palabras: Alexei asintió, y salió de la habitación fugazmente, no sin antes tomar la Death Note y la pluma entre sus manos.El Monstruito salió flotando detrás de ella, Near observando todo con preocupación, teniendo el verídico presentimiento de que las próximashoras serían horas cardíacas: el destino del Hassassin se definiría por completo. El final estaba cerca.

Ese mismo pensamiento cruzó por la mente de Alexei, mientras que sin tener un rumbo fijo, se dirigía al bosque de Wammy, seguida de cerca por su shinigami. Sentía la mirada de éste clavada en la espalda, traspasando las paredes de carne y hueso para llegar hasta la parte más débil de todo su ser, la parte dónde se quedaban guardados sus miedos y sueños. Estaba aterrada, pero avanzaba lo más firmemente que podía, luchando por dejar de temblar y por mantener la cordura y no echarse a llorar. El final estaba cerca.

El bosque estaba oscuro. Ya había atardecido, y tan sólo unos traviesos rayos del tierno sol jugueteaban en el horizonte antes de irse a dormir. El sonido de los grillos, búhos y otros seres del bosque comenzaba a sonar como una melodía in crescendo. Iniciaba casi como un zumbido, pero con el pasar del tiempo, mientras los granos de arena caían en el reloj; se transformaba en una vigorizante canción nocturna, digna de ser un espectáculo asombroso. Podría haber sido una noche tranquila, incluso hermosa, en otra situación: quizás si Alexei siguiera siendo Alexandra Vanille, y aquella noche lo único que la preocupara fuera si debía de usar el vestido azul o el vestido blanco para su cita de esa noche; las cosas serían diferentes. Se podría haber tomado el tiempo de contemplar las primeras estrellas, de despedirse del sol agradeciendo por otro día de vida, de mirarse al espejo con inseguridad, preguntándose si lucía lo suficientemente bonita para él, mientras su hermana le cepillaba el cabello y su madre la tranquilizaba diciendo que se veía preciosa y qué todo estaría bien. Quizás si ella aún tuviera una familia, quizás si ella nunca hubiera encontrado ese cuaderno negro, podría admirar aquel atardecer.

Pero la realidad era otra, por cruel que pareciera. No tenía familia, no tenía amigos, no tenía una ansiada cita para aquella noche. No tenía otro destino, no había otra opción: todas sus posibilidades, toda su vida y todo su ser dependían de un objeto, del cuaderno negro que reposaba en su mano. Había existido por y para ese cuaderno, nada más. No había otro futuro. Ya no había nada más.

-Detente.- dijo Light. Alexei obedeció: se detuvo, con un estremecimiento que la recorrió de pies a cabeza. Entonces, rígida como una estatua, se dio media vuelta, poco a poco, lentamente. Dentro de ella, había un tipo de sentido de alerta que le gritaba que estaba en peligro. Alexei sabía que estaba en peligro. ¿Y qué podía hacer? No era físicamente fuerte, y aún así, ese tipo de fuerza le era inservible contra un shinigami. ¿Mentalmente fuerte, entonces? Era inteligente. Era una chica lista, e incluso valiente, pero hasta ahí. Era débil. Entonces, ¿qué podría hacer? Años de considerarse perfecta quedaban arruinados en ese momento. Perfecta, por Dios, jamás había estado cerca de ser perfecta, y sólo hasta ahora se daba cuenta.

Tragó saliva, luchó por armarse de valor. Orgullosa, quería ser la misma Alexei de siempre, aquella que no temía en hablar porque tenía poder en la lengua. Escogía las palabras adecuadas, el tono perfecto, el sentimiento indicado. Pero esta vez no se le ocurría ningún insulto, ninguna burla ni comentario sarcástico que decir. Se esforzó por encontrar algo digno que decir: quizás fuera su última noche, tenía que asegurarse de que sus palabras fueran perfectas y quedaran grabadas en la memoria de Light para siempre.

-¿Sorprendido, Light Yagami?- preguntó. Forzó una sonrisa, arqueó las cejas: se sorprendió de lo bien que se le daba actuar. Su voz sonaba llena de confianza, elevada y arrogante. Tan sólo el temblor en sus piernas y en sus labios resultaban contrastantes en su orgullosa imagen.

-Sí, si he de ser sincero.- respondió Light, mirándola atentamente con sus ojos rojos.- Llevo más de diez años considerándote cobarde. Estuviste a punto de hacer que me tragara mis propias palabras. Lástima que sigues siendo la misma rata miedosa de hace diez años. - El rostro de Alexei se endureció, pero su sonrisa permaneció intacta, como una Mona Lisa enigmática. -Un poco más engreída. Un poco más inteligente. Y un poco más atrevida. Pero la misma rata chillona y estúpida de hace diez años.

-Curiosa elección de palabras para un ser que por diez años me juró amor y lealtad, que prometió protegerme y presumía estar del lado de mi causa.- Light soltó un bufido burlón.- ¿Se te han olvidado tus promesas, Yagami? O quizás sigues siendo la misma mierda mentirosa de hace más de veinte años. Me inclino por la segunda opción, definitivamente. ¿Y tú?

-Un poco más ágil. Y un poco más fría. - Dijo Light, esbozando una sonrisa.- Habilidades que aprendiste de mí, sin duda.Lástima que nunca fuiste suficiente…

-¿Y Ángel será suficiente?- lo interrumpió Alexei, dando un valeroso paso al frente. Sus ojos estaban abiertos de par en par, su voz resultó firme, sorprendiéndola a ella misma. El Monstruito no reaccionó.- ¿Y Ángel será lo que necesitas? Lo que tú buscas es un asesino. Un Nuevo Kira. Creíste que yo sería perfecta. E ideaste todo. Toda mi infancia, toda mi vida. Fuiste tú el que escribió mi destino. Me llenaste de odio y de rencor. Debió de haber resultado divertido. Un experimento de niños: "¡Mira, sí le inyecto de esto le pasa esto! ¡Mira, un poco de esto le provoca esto otro!" Jugando a crear a su sucesor perfecto. ¿Quién mejor que Alexandra Vanille? Una dosis de inteligencia, una pizca de odio, un puñado de frialdad. Y ahí la tienes: la asesina perfecta. La Nueva Kira. Lástima que no fui suficiente. Lástima que entre todas las cosas, entre todas las desgracias y el sufrimiento por el que me obligaste a pasar; se te olvidó algo.- respiró hondo por unos segundos de silencio. Su voz sonó temblorosa esta vez, cuando tras inhalar una última bocanada de aire, se preparó para hablar- Olvidaste que las personas tenemos la capacidad de decidir. Lástima que se te olvidó que a pesar de todo lo que hiciste, de todo el poder que me diste, yo seguía y sigo siendo la misma rata chillona de hace diez años. Te equivocaste en eso, Monstruito. Creí que un Dios no cometía errores.

Light dejó entrever una fría sonrisa. Sus ojos y los de Alexei confrontaban en el aire, el rojo contra el azul, shinigami contra humana, dios asesino contra mortal.Su sonrisa se ensanchó: Alexei alcanzó a vislumbrar una hilera de filosos dientes, colmillos tan puntiagudos como un cuchillo. De la gran sonrisa brotó una risita, y posteriormente, vino una carcajada. Una carcajada psicópata. Una carcajada de terror. A Alexei se le heló la sangre, y se quedó inmóvil, temblando aún, escuchando atentamente aquel macabro sonido que invadía cada uno de sus sentidos. Jamás olvidaría esa risa fría, burlona, de victoria. Se quedaría grabada en su memoria para siempre.

-Lista. Muy lista. Te subestimé durante mucho tiempo, Alexei, y ese fue mi error. Creí que servirías para algo. Creí que podría acusarte de ser el Hassassin y así salvarle el pellejo a Ángel. Creí que eras más estúpida. No me equivoqué, sólo te he subestimado. Ángel será más que suficiente. Haré lo mismo que contigo: moldearlo a mi antojo. Dejarlo huérfano, provocarle odio. Destrozarle la vida. Convertirlo en el Nuevo Kira. Pero no cometeré el mismo error dos veces. Por eso, está noche es la última vez que miras la luna, Alexei. Se acabó. Perdiste.

Alexei escuchó a su propio corazón enloquecer en su pecho. "Tranquila" se dijo, mientras se aferraba con fuerza a la Death Note en su mano. "Saldremos de esta" se intentó convencer. Pero no estaba segura de lograrlo. Ni siquiera estaba segura de si quería salvarse.

-No intentes luchar.- le advirtió Light, entre serio y divertido. Alexei y su orgullo se sentían aplastados y humillados por el tono burlón del shinigami.- Sin mí, no eres nadie. No eres fuerte. No puedes realizar todos esos trucos de magia con los que impresionaste a tus amigos en los últimos años. No luches. O te dolerá más. Déjanos terminar esto por las buenas, de manera limpia y sin dolor; por los buenos viejos tiempos. Es un regalo que te daré por estos diez años juntos. Una muerte buena. Quizás unas cuantas pastillas para dormir de más. Cerrarás los ojos, y no habrá dolor. A tu madre le habría gustado que fuera así.

La simple mención de su madre hizo que Alexei deseara estrangular ahí mismo a Light. Pero no era posible. Así que se limitó a lanzar un escupitajo a los pies flotantes de Light, algo que en otra ocasión consideraría vulgar y asqueroso. El Kira la miró divertido.

-¿Te gusta hacerte la difícil, Alex? Eso de escupir habría disgustado mucho a tu madre. ¿Recuerdas cuando te dio una bofetada por escupirle al vecino?

-¡Cállate!

-¿Sigues temiéndole, Alexei? La misma rata de hace diez años.

Alexei le lanzó una mirada asesina al Monstruito. El miedo había quedado opacado por el sentimiento intenso de odio. Las rodillas aún le temblaban, y Alexei seguía aterrorizada. Pero dentro de ella hervía poco a poco algo, una sensación que conocía muy bien, pues la llevaba gestando desde que tenía memoria. Desde que sintió lo que era el rechazo y comprendió cruelmente lo dolorosa que podía llegar a ser la fría soledad. Desde que Mamá prefirió a Anastasia, y no a ella. Desde que Papá la despidió con frialdad, asegurándole que a donde iba estaría mejor. Mejor convertirse en el fantasma del orfanato que seguir atormentando la mansión lujosa de su padre y de su nueva esposa.

A pesar de que desde hacía tiempo sospechaba de su shinigami, no pudo evitar sentirse traicionada. Y humillada, terriblemente humillada. Sentía a su orgullo pisoteado en los suelos, como una cucaracha asquerosa. Las lágrimas luchaban por brotar de sus ojos, unas lágrimas hechas de una mezcla curiosa de rabia, desesperación y horror. ¿Cómo pudo haberle creído? Era más joven, más tonta y le había creído todas y cada una de sus mentiras. Ahora volvían a su mente, continuos e impactantes, los recuerdos de todas aquellas promesas que el despiadado Kira le había hecho. Pum, "Cuidaré de ti siempre". Pum, "Puedes confiar en mí." Pum, "Juntos, cumpliremos nuestros sueños" Pum, "Serás invencible" Pum, "Podrás vengarte de todos aquellos que te hicieron daño" Pum, "Te querré siempre" Pum, "Serás el ser más poderoso de todo el universo."

Alexei se aferró aún más a su Death Note, buscando algo en el suelo con la mirada. El Monstruito pareció comprender sus intenciones de inmediato, casi como si le estuviera leyendo el pensamiento. Alexei no dudó de que fuera así. Intentó entonces, dejar su mente en blanco. Pero sentía un remolino de emociones en todo su cuerpo. Su cerebro se hallaba nublado por tormentas sentimentales que la controlaban y no la dejaban actuar como ella deseaba: fría, lista.

Light señaló a su derecha con un huesudo dedo índice. Esbozó una sonrisa al hablar:

-Por ahí. Murió esta mañana. El crío se cayó del nido.

La chica asintió y cuidando no darle nunca la espalda al Monstruito, esforzándose por no distraerse y permanecer atenta a cualquier clase de peligro, se echó a andar hacia la dirección señalada por el shinigami, la derecha, con toda la firmeza de la que fue capaz. Sus ojos escrutaban el suelo y de vez en cuando, miraban de reojo para ver si Light la seguía. Lo hacía: ahí estaba, flotando burlonamente, volando tan dulcemente como si estuviera haciendo una coreografía de ballet.

Finalmente, encontró lo que buscaba: un pajarillo el pie de un árbol. Era pequeño, una cría apenas, con unas cuantas plumas grises apareciendo en su pielecilla rosada.No se movía: estaba muerto, por supuesto. Se había caído de su nido.

-Supongo que no será necesario decirte que no te ayudare está vez.- comentó Light. Alexei no respondió. Hurgaba en sus bolsillos en busca de algún objeto cortante. Pero en sus bolsillos sólo había una pluma. Soltó un bufido. No tenía idea de para qué lo intentaba, si estaba segura de que no iba a funcionar. De alguna manera, se sintió aliviada de no tener ninguna navaja o cuchillo en sus manos. Así no comprobaría sus peores temores. Así no se daría cuenta de que era más débil de que lo que pensaba. - ¿Buscabas esto? - preguntó Light, alegremente. En sus manos habían aparecido un montón de vidrios rotos y otros objetos punzocortantes. El shinigami se balanceó en el aire como si estuviera bailando un vals. - ¿Navaja suiza? - le ofreció con un tonito elegante, tendiéndole el arma blanca como si fuera un ramo de flores.

-¿Alguna vez has matado a alguien con una navaja, Light Yagami?- preguntó Alexei, de mala gana. Estiró la mano y tomo la navaja cuidadosamente. - ¿O te desmayas al ver sangre?

-Eras más simpática y educada cuando mantenías la boca cerrada, ¿sabes? Aquellos que hablan más piensan menos, ¿no es cierto?

Alexei no respondió, nuevamente. Con cuidado, cortó la palma de su mano, intentando no hacer un corte profundo. El Monstruito contemplaba el procedimiento divertido, detrás de ella. La chica ni siquiera se tomó el tiempo de sentir dolor: se olvidó de aquella sensación y vio como las primeras gotas de sangre aparecían en su mano, ya llena de otras cicatrices blancas.

-Cuidado, Alexei.- murmuró Light a su oído.- No cortes de más. Quiero ser yo quien se encargue de eso.

Alexei se esforzó en ignorarlo. Tomó al ave en su mano sangrante, dejando caer la navaja al suelo. No encontró ningún motivo para conservarla. No podía matar a un shinigami con una navaja. No podía defenderse de ninguna manera de un shinigami. Cerró los ojos suavemente, y se concentró. Tenía su mano apretada contra la avecilla, y había aplastado al ave contra la Death Note. Hizo lo mismo que las otras veces: pronunció las mismas palabras que Light le había dicho que debía decir, pensó de la misma manera que Light había indicado, e incluso se sorprendió rezándole a un Dios en el que decía no creer para que el pobre pájaro reviviera. Pero por más que se esforzó, por más que lo intentó, el corazón del pajarillo no emitió ningún latido, su pecho no se infló y la criatura no tuvo ni el más mínimo signo de vida.

-Lo triste de los trucos de magia es el momento en que descubres como fue que el mago lo hizo.- susurró Light.- Ilusiones ópticas, habilidad manual, buena coordinación. Pero no existe algo como la magia. No puedes revivir muertos, Alexei.

Entonces, las lágrimas ganaron la batalla contra la dignidad de Alexei, y empezaron a correr por las pálidas mejillas de la chica, liberadas, enloquecidas de por fin tener una oportunidad de recorrer esa piel de porcelana. No entendía porque lloraba: de alguna manera, ya se lo esperaba. Sólo que ver aquel pajarillo muerto le había roto el corazón. El pájaro muerto le recordaba a ella misma. Había querido volar, cuando tenía las alas rotas. Y ahora yacía muerta a los pies de un árbol enorme.

Las piernas la traicionaron: cayó de rodillas sobre el suelo. Quiso levantarse, pero no se sentía con fuerzas. Sólo quería echarse sobre el suelo y llorar, mientras que de su mano seguían goteando lágrimas de sangre. Era patética, a los pies de Light Yagami, arrodillada ante él, con la cabeza gacha, llorosa, sumisa, lista para realizarle al Dios algún lavado de pies o rendirle alabanzas ilimitadas.

"Levántate", se dijo a sí misma. Pero no pudo conectar esa orden con sus piernas de gelatina: éstas permanecieron clavadas en el suelo.

-El final está cerca.- dijo de pronto Light. Aquella frase sonó como un tipo de consuelo. Al menos todo terminaría pronto. Alexei estaba agotada. Por fin se había cansado de ser fuerte.

Y entonces, sintió como algo la apresaba por detrás. Alguien había llegado silenciosamente y le había torcido los brazos hacia la espalda, de manera que el atacante podía tenerlos controlados. Alexei soltó un gritito, pero inmediatamente, alguien le metió algo en la boca para obligarla a callar. Se quedó sin respiración un instante: la bola de tela que había en el interior de su boca era muy grande. Alexei contuvo las ganas de vomitar.

Se agitó como una serpiente, luchando por liberarse de su prisión. Pero sólo recibió un tirón de cabello y más fuerza aplicada sobre sus ya adoloridos brazos. Respiró por la nariz, lo más profundamente que pudo. Su corazón latía alocado en su pecho, como si supiera que se encontraba en un gran peligro. Alexei cerró los ojos y dejó su cabeza gacha, mientras que su mundo parecía venirse abajo. Todo se había arruinado. Todo por lo que había luchado había muerto esa misma noche.

-Levanta la cara. - dijo una voz fría. Alexei creyó que era Light, pero se equivocaba. Levantó el rostro con valentía, casi retando al dueño de la voz a darle a otra orden. Pero lo cierto es que no se sentía tan valiente como aparentaba ser. Y la poca arrogancia que le quedaba desapareció al instante. Frente a ella estaba Ángel, imponente y furioso. "¡Está vivo!" fue lo primero que pensó,y si hubiera podido hablar, lo habría gritado. Lo contempló por un poco más de un segundo antes de que el chico le atravesara el rostro con una bofetada.

-¡No, Ángel!- gritó una voz femenina. Era la voz ahogada y llorosa de Misa, que Alexei logró ubicar en algún punto detrás de ella. Pero Ángel hizo caso omiso de su madre, y le propinó otra bofetada, dejándole ambas mejillas de un color rojo intenso. Le ardían como si estuviera quemándose en el mismo fuego del infierno. -¡No!

-Limítate a hacer esto de manera limpia, Ángel. - interrumpió Light, pero por su tono aburrido, se podía entrever que realmente no le importaba si al Hassassin le daban ganas de destrozar a golpes a la chica.

A Ángel le temblaban las manos de furia, pero se detuvo. Más bien, se contuvo, y estuvo a punto de tirarle otra bofetada pero se quedó con la mano al aire, lista para el dar el siguiente golpe. Después, lentamente, la bajó, mientras traspasaba a Alexei con una mirada llena de odio.

-Parece que las cosas han cambiado, Alexei.- murmuró, fríamente. Parecía estar retomando el control en sí mismo.- Hace poco tiempo, eras tú la que me tenía apresado. Has estado perdiendo tus habilidades. Y te has vuelto más estúpida. Aunque probablemente…- discretamente, las comisuras de sus labios se tornearon hacia arriba.- siempre has sido una puta mentirosa.

-¡Ángel!- dijo una voz asustada detrás de Alexei. La chica detectó, a pesar de que la humillación, el terror y el odio le habían nublado los sentidos que la voz pertenecía a su opresor y que por si fuera poco, era una voz conocida. Una voz que había escuchado desde que era una niña, una voz que recordaba de memoria y que jamás se habría atrevido a odiar, por más irritante y sosa que llegara a ser. Ahora la voz, generalmente a rebosar de alegría y simpatía, con unas buenas dosis de cobardía e hipocresía ocasionales; estaba aterrada. Si Alexei pudiera hablar, tenía aún en la boca aquel pedazo de tela que no le permitía respirar bien, y aunque físicamente se viera en situación de expresarse, estaba totalmente segura de que de sus labios no brotaría algo más que un montón de gemidos de dolor, sollozos y palabras rotas; habría murmurado sorprendida el nombre de su opresor. Pero no podía. Así que sólo fue capaz de dejar de oponer resistencia, dejar de intentar liberarse e intentar aclarar la mente y pensar.

-Cállate, Liria. - ordenó Ángel al opresor de Alexei.- No te metas y obedéceme.

Liria no volvió a pronunciar palabra alguna, pero redujo ligeramente la fuerza con la que inmovilizaba a la prisionera. Al lado de Alexei, voló fugazmente la figura oscura de Misa, quien con un sollozo se posó a un lado de su hijo y se aferró desesperadamente al brazo de éste.

-¡Por favor, Ángel! ¡Por favor!- le rogó la shinigami, su voz quebrada e inundada de dolor. Alexei se estremeció al escuchar a Misa implorar a su propio hijo de aquella impactante manera, destrozada, desesperada. - ¡No hagas esto! ¡Detente ahora que estás a tiempo! ¡Basta, por favor!- la voz de la shinigami se volvió un susurro, un murmullo que sólo Ángel podía escuchar. Pero mientras Misa le hablaba en voz baja a Ángel, casi al oído, el rostro del chico se endureció poco a poco, como si fueran el rostro de una estatua cuyo autor estaba definiendo los últimos rasgos.

-Aléjate, Misa. Y no te metas, por favor.- musitó el chico, fríamente. Misa, entre sollozos, le obedeció sin rechistar. Voló lentamente lejos del chico, temblando, sin ser capaz de quitarle la mirada de encima.

-Cállate, Misa- dijo Light. ¡Misa veía a Light! Alexei se cuestionó cuando había sucedido todo eso. Y cómo. ¡Misa veía a Light! ¿Desde hacía cuando tiempo que ella había sido la víctima de esa conspiración de asesinos?

La shinigami se situó a un lado de Light, como esperando que éste le pusiera un brazo sobre los hombros y la consolara. Pero Light permaneció tan frío e impasible como su hijo, e hizo caso omiso de Misa y de sus interminables y desgarradores sollozos.

Alexei cruzó una miradacon Misa. Desconocía que tipo de mensaje le dieron sus ojos a la shinigami. Quizás Misa vio en ellos arrepentimiento. Y terror. Mucho terror y una buena dosis de humillación. Odio, cómo olvidar el odio. Quizás Misa se encontró también que bajo esa cobija aterrorizada, en los ojos de Alexei seguía existiendo una fría determinación y una astucia voraz. En los falsos ojos azules de Alexei seguía habiendo la voluntad y el deseo de vivir.

Por su parte, para Alexei no fue difícil comprender los sentimientos de Misa en ese momento. Misa la observaba implorante, como pidiéndole una disculpa por el rumbo que habían tomado los acontecimientos. Sí, era cierto que la misma Misa había amenazado a Alexei con torturarla si la chica intentaba dañar a Ángel; pero en la mirada de Misa se podía ver el arrepentimiento. Y el miedo.

-Quiero hablar contigo. -Dijo Ángel, de pronto.- No quiero que grites. ¿Gritarás?

Alexei respiraba entrecortada y ruidosamente. Por su frente resbalaban frías gotas de sudor. Las lágrimas se esforzaban por no correr por sus mejillas. Apretó los dientes, un trabajo difícil por culpa del pedazo de tela y negó firmemente con la cabeza. Ángel sonrió.

-Me alegra saber que por fin estás dispuesta a cooperar.- El chico se agachó un poco y suavemente extrajo el pedazo de tela de la boca de Alexei, quien aspiró una bocanada de aire inmediatamente, aliviada. - Lástima que empezaste a usar la cabeza tan tarde.

-Púdrete, Ángel.- escupió Alexei. Aún sentía las mejillas adoloridas por los golpes. No era prudente insultar a su enemigo, no en la posición en la que se encontraba, al menos. Pero no pudo contenerlo. El odio ya la había quemado por dentro, y las llamas querían extenderse hacia el exterior. - Eres un maldito cerdo desgraciado y…

Paf. Otra bofetada. Un gemido de Misa. Un sollozo de Liria. Y un silencio tétrico en el bosque, donde sólo se escuchaba la respiración agitada de Alexei.

-Tranquilízate, Alexei.- repuso Ángel, tranquilamente, como si del clima hablaran. - Cuida tus palabras.

El Hassassin guardó silencio unos instantes, como si retara a Alexei a insultarlo de nuevo. Pero esta vez, la chica guardó silencio, apretando los dientes hasta que se hizo daño. Permaneció con la cabeza mirando al suelo, mientras una lágrima escapaba de su ojo derecho. "Serénate." Se dijo firmemente a sí misma. Y obediente, se dispuso a acatar la orden. Luchó por aclarar su mente, pero estaba desarmada.

-Eres muy inteligente.- dijo Ángel, casi con cariño, rompiendo el silencio. Alexei respiró hondo antes de armarse de valor y hablar, con el tono de voz más firme y frío que logró fingir:

-¿Qué quieres de mí?

-¿Qué quiero de ti? Lo que quiero de ti no me diste por voluntad propia, Alexei.- el Hassassin no especificó a qué se refería exactamente.- Quizás me lo cedas ahora, que estas bajo presión, indefensa y sola. Tu atrevimiento de hoy, intentar matarme, es imperdonable. Morir me habría traído bastantes complicaciones. No sé qué es peor, sí el hecho de que te atrevieras a intentar matarme, o el hecho de que no fuiste capaz de terminar lo que empezaste. No fuiste capaz de matarme, a pesar de que siempre me has amenazado con lo mismo. "Te mataré, te mataré" Estupideces. Qué curioso que no te atreviste a cumplir tu amenaza. Me pregunto por qué.- el asesino guardó silencio un par de segundos antes de continuar.- No creo que me sirva mucho una persona como tú. Tan débil. Pero sabes tanto. Más de lo que deberías. Lo más conveniente es eliminarte.

"Mi Death Note" pensó de pronto Alexei. Después de haber intentado revivir al ave, había caído al suelo, destrozada. ¿Dónde había quedado la Death Note? Buscó discretamente con la mirada, sin levantar la cabeza. Ojalá sus manos estuvieran libres para tantear por el suelo. Ojalá hubiera previsto esa emboscada. Ojalá hubiera ideado un plan que la sacara de ese lío.

Levantó la cabeza, no con intención de mirar a Ángel. Buscaba la Death Note.

-¿Buscabas esto?- dijo Ángel. Los avispados ojos de Alexei alcanzaron a ver como el Hassassin escondía la Death Note en el forro de su chaqueta.- Temo que no lo necesitarás por un largo rato.

En ese momento, la Death Note era inútil, aunque lograra tenerla en sus manos. Sus brazos seguían inmovilizados. No se atrevía a intentar seguir retorciéndose o lanzar patéticas patadas. Eran cuatro contra una. Sus posibilidades eran nulas, analizando a los enemigos a los que se enfrentaba.

Entonces, la lucha física no era posible. Estaba volviendo a pensar claramente. Le quedaba la lucha intelectual y emocional. Ganar tiempo, en otras palabras, y esperar un milagro, cobardemente, porque nada más la salvaría de su fatal desenlace. El autor ya había escrito el final de su tragedia, y por más que intentara huir de su destino, estaba atrapada en ese juego de tramas, tinta y sangre.

-Near instaló cámaras de vídeo en nuestras habitaciones. Sospechaba de nosotros. - Comentó Ángel.- Así que, si te dejo libre en este momento, será para que te lleven directamente a la cárcel, y de ahí a la ejecución, acusada de ser el Hassassin.Alexei, tu destino está en mis manos ahora. Y de cualquier forma, de cualquier manera, tu destino es fatal. Una tragedia total.

El Hassassin bajo la voz, sin necesidad alguna. Los shinigamis oirían hasta el más bajo murmullo. Y Liria estaba lo bastantecerca de ellos para escuchar las palabras del chico. Pero el tono que él usó causó el efecto deseado, Alexei se estremeció de pies a cabeza.

-Alexei, ¿crees que soy malo?

La chica no respondió. Se limitó a mirarlo extrañada, sin saber a qué venía la pregunta. Creyó que Ángel había perdido el juicio. Pero en la mirada fría de Ángel seguía habiendo sentido, o al menos el sentido suficiente para ser un asesino. El Hassassin se respondió a sí mismo.

-No lo soy Alexei.- sentenció, muy serio.- Dios castiga a los malos, ¿no? Los manda al infierno a que paguen por sus pecados. ¿Soy yo malo entonces, si estoy haciendo exactamente lo mismo? ¿Crees que soy malo cuando sólo estoy buscando el bien? ¿No te parece algo sin sentido?

-Nada tiene sentido ahora.

Ángel sonrió.

-No. Nada lo tiene, definitivamente.- se irguió, lentamente.- Aunque te lo cuestiones, Alexei, soy una persona misericordiosa. Y puedo perdonar.

Alexei vio como detrás de Ángel, Light se tensaba al oír las últimas palabras. Y Misa cortaba sus silenciosos sollozos inmediatamente, y miraba a su hijo anonadada, como si no pudiera creer lo que escuchaba. Alexei tampoco podía creerlo. La revelación trajo consigo a un incómodo silencio.

"Sé precavida" se dijo Alexei, desconfiada. Notó como, discretamente, Liria reducía su fuerza. Alexei le apretó el brazo suavemente, un gesto que intentaba provocar una alianza. Tras unos segundos, Liria le apretó la muñeca delicadamente.

-¿A qué te refieres?- preguntó la chica, desdeñosa.

-Me refiero, obviamente, a que puedo perdonarte.

-Estás mintiendo.

-No.- dijo Ángel, y su voz sonó tan seria que era imposible que estuviera mintiendo. -Esta vez no, Alexei. Quiero hacerte una última propuesta.

-Ángel.- llamó Light. Su voz tenía un ligero sabor a preocupación.

-Sé lo que hago.- dijo simplemente el chico. Plasmó su fría mirada en Alexei.- ¿Tienes miedo a morir, Alexei? Responde sinceramente.

La chica lo fulminó con la mirada. Claro que lo tenía. Y él lo sabía. Así que no entendía a qué venía la pregunta, no tenía ni el más mínimo sentido. Perdonarla, ja, Ángel debía estar bromeando. Humillándola, como siempre, burlándose de ella en sus peores momentos. En lugar de responder a su pregunta, respondió con otra cuestión.

-¿Qué sucedió?-Ángel la miró con cara de no entender nada.- Sé que…estoy segura de que Light fue quien te avisó de que yo había escrito mi nombre en la Death Note. Lo que no entiendo, es porque Light se deja ver frente a ustedes después de tantos años de estar susurrándome al oído como matarlos y…

Otra bofetada. Alexei soltó un pequeño grito. Ángel le cubrió fugazmente los labios con una mano fría y dura.

-Cállate.- le susurró el chico.- Mi padre ha hecho lo que ha hecho por el bien común. Por nuestro bien. No es tu momento de preguntar. No tienes el derecho. Quiero que respondas a mi pregunta, y no digas más. Sólo quiero la respuesta mi pregunta, Alexei. Espero me hayas entendido. Creo que hable lo suficientemente claro para qué una persona de tu coeficiente intelectual entienda lo que digo. Responde.

-Ya conoces la respuesta.- dijo Alexei, fríamente, con la boca aún cubierta por la mano asesina.

-Quiero escucharla de tus labios.

-Sí.- respondió. - Pero no te temo a ti. En lo más mínimo.- no decía la verdad, pero sonó como tal. Aún, en su estado y su situación, sus palabras sonaron nobles, como si fueran invitadas al discurso de un rey. El chico le quitó la mano de los labios, suavemente, casi como si fuera la caricia de un amante entre las cálidas sábanas, bajo la mirada de la luna. - Pero si has de…

-Ya respondiste a mi pregunta. No digas más.- la interrumpió Ángel.- Es demasiado triste, Alexei, que seas una persona tan fuerte y fría, tan inteligente y destinada a un futuro lleno de éxito y poder; y tu única debilidad sea algo tan… ¿Decepcionante? ¿Deprimente? Eres una persona con potencial. Eres diferente al resto. Eres especial. Necesito tener a mi lado gente como tú. Gente con capacidad. Te necesito.

-¡Ángel!- insistió el Monstruito. Su hijo lo ignoró olímpicamente.

-Ya te lo había propuesto otras veces. Esta es mi última oferta. Puedes ayudarme a crear un Nuevo Mundo. Yo te daré una nueva vida. Serás mi compañera. Juntos, tú y yo, crearemos una nueva sociedad desprovista de criminales. Transformaremos a este mundo podrido en la utopía que tantas personas han soñados. Juntos, tú y yo seremos los Dioses de un Nuevo Mundo.

De nuevo volvía a aquella pregunta.

No quería morir, de eso estaba segura. Pero no quería ser parte de la desquiciada ideología de Ángel. ¿Matar o morir? Ninguna de las dos opciones le traería paz a su mente. Viviría con la culpa, castigándose a sí misma o sería castigada en el infierno cuando muriera. Le diría adiós a sus sueños, adiós a todo lo que alguna vez había querido. Adiós a todo. No quería decir adiós.

Era tan joven aún. Aún no había cumplido su sueño de visitar el CERN. Ni había recorrido todo el Museo del Louvre. Aunque le avergonzara pensar en ello, lo hizo: ni siquiera había tenido su primer beso, nunca se había enamorado. Seguía siendo, a pesar de su cruel y vivida infancia, una persona muy joven para morir. Le faltaban muchas cosas por hacer. No quería morir. ¡No quería morir! ¡¡No quería morir!!

"¡Al diablo con el resto de la gente!" pensó. Recordó su infancia, cuando el rechazo de la sociedad y de su propia familia le provocó el dolor más profundo de todos: la soledad. ¿Por qué debería ella de morir por ellos, si ellos no lo harían por ella? No tenía sentido darlo todo por un montón de cerdos hipócritas enamorados del dinero y el poder. No valían la pena. Quizás, y se lo preguntó por primera vez, Ángel estaba haciendo un bien eliminando a toda aquella porquería.

Pero era diferente a formar parte del proceso eliminatorio. Muy diferente.

Pero no imposible. Tan sólo era necesidad de odiar. De dejarse llevar por el rencor y el sufrimiento. Convertirse en el animal salvaje y hambriento que era por dentro. Dejar lucir su verdadera naturaleza, la naturaleza asesina. Después de todo, el Monstruito la había entrenado así. La había fabricado para convertirla en una despiadada asesina.

No le quedaba otra opción. No de momento. Aspiró hondo. El corazón le latía acelerado en el pecho. Había tomado la decisión, quizás la más importante de toda suvida.

-Tengo mi respuesta.- habló, firmemente. Ángel se sobresaltó, y la miró inquisitivamente, casi como si estuviera conteniendo las ganas de sacudirla para que escupiera la respuesta lo más rápido posible.

-¿Y bien?

Los labios de la chica se curvearon en una maliciosa sonrisa.

-Rechazo tu oferta. -Afirmo.- La rechacé antes, la vuelvo a rechazar ahora y la rechazaré mañana.- dudó un instante antes de agregar- Antes muerta que a tu lado.

-¡No!- susurro Misa. Light la detuvo con un brazo, y le susurró algo que el resto no pudo oír, pero que tuvo el efecto deseado: Misa se relajó, temblorosa, mirando a Alexei totalmente anonadada, casi con fascinación, casi con respeto, casi como si la chica estuviera loca de remate y no supiera lo que hacía. De cualquier forma que fuera, la mirada de Misa se clavó profundamente en Alexei, mientras ésta, intentando parecer desafiante, enfrentaba a Ángel en silencio.

-Bien.- respondió el chico. En su voz fría no había muestras de emoción. Si le dolía la decisión de Alexei y sus crueles palabras, no lo demostró. - Entonces no me dejas otra opción. Te mataré.

Alexei palideció de golpe, perdiendo su renovada valentía súbitamente, con un par de simples palabras: *"Te mataré"*Morir. Ya no se sentía tan segura de haber tomado la decisión correcta. Aún podía retractarse, detenerlo…aún podía evitar su muerte, aunque para ello fuera necesario implorar, humillarse y suplicar. Aún estaba a tiempo de cambiar su destino.

Pero estaba tan aterrorizada que no pudo moverse. Ni pensar. Su mente estaba en blanco, totalmente en blanco. No se dio cuenta de que estaba tensa, con todos los músculos contraídos fuertemente. Sus manos se enterraban en la piel de Liria con fuerza salvaje. Intentó relajarlas y dejar de lastimar a su opresor, pero no pudo. Se había convertido en una estatua de hielo con una eterna expresión de horror en el rostro.

Ángel se agachó, frente a ella. Alexei buscó la Death Note del chico, pero no la encontró visible, quizás la trajera en el bolsillo. O quizás quería matarla con sus propias manos: estrangularla, golpearla; lo que fuera. La boca del Hassassin se abrió para pronunciar solamente una pequeña oración, con un significado pesado y terrible:

-Renuncia a la propiedad de la Death Note.

-¡Ángel no!- rugió Kira, volando rápidamente para ponerse al lado de Ángel, como un ángel guardián realmente acosador.- Tienes que matarla Ángel, entiende que…

-Silencio, por favor.- pidió Ángel, ignorando nuevamente los consejos de su padre. Light le lanzó a su hijo una mirada repleta de odio.

-¿¡Q-qué?!- intentó decir Alexei, pero de sus labios no brotó ningún sonido. Poniendo los ojos en blanco, el Hassassin logró leer sus labios y repitió, igual de tranquilo que la vez anterior:

-Renuncia a la propiedad de la Death Note.

-¡No!- exclamó. Está vez de su garganta salió un gruñido que sonó como un "No". Carraspeó. - ¿Por…por qué?

-No preguntes por qué. No te incumbe.- le espetó Ángel.- Sólo hazlo.

-Y-yo…no entiendo…

-No sé qué es lo que no entiendes. La orden me parece muy sencilla de entender, nada complejo como una ecuación o un acertijo. Renuncia. Y estoy agotando mi paciencia, así que, si no te importa, hazlo ahora mismo.

"¿Qué ganarías con esto?" quiso preguntar Alexei, pero las palabras no dichas sólo sonaron como un eco en su mente. Ella, ganaría la vida. Pero Ángel…tan sólo tendría a su enemiga viva, pero sin arma. ¿Habría algún truco en eso? Tenía que haberlo. Pero… ¿qué? ¿Qué pasaría? ¿Seguiría siendo la misma Alexei? ¿Seguiría siendo…quien era? Miró a Ángel, sin entenderlo. Éste soltó un suspiro de desesperación: tal y como había dicho, se le estaba terminando la paciencia.

-Escucha, Alexei: te voy a dejar vivir. No quiero matarte. No deseo hacerlo. Sólo te sacaré de mi camino. Me parece un trato justo. No le des tantas vueltas. Hazlo.

-¿Qué ganas con esto?- escupió Alexei. Respiraba ruidosamente, y sus exhalaciones escandalosas se mezclaban con sus palabras. Ahora sudaba a chorros, podía sentir su cuerpo humedeciéndose rápidamente, por culpa del terror.

-Nada.- interrumpió Light. -¡No ganas nada, Ángel! ¡Mátala ahora mismo!

-No la mataré.

  • respondió tranquilo. Miró a su padre de reojo.- Sé lo que hago.

-No.- dijo fríamente a su vez Light, y le lanzó a su hijo una mirada seria. Alexei los contemplaba anonadada, mientras los dos asesinos más poderosos de toda la historia decidían su destino.- No tienes idea.

-Ya lo veremos después. Hazlo, Alexei.

-¡Tienes que estar…! ¡Tiene que haber una trampa!- sollozó Alexei, entre dientes.

-No la hay.

-Hazlo, Alexei.- le rogó Misa, desdedonde estaba. Parecía ser la única que comprendía.- Hazlo. Es lo mejor.

-¡Hay otras cosas peores que morir!- gritó de pronto Alexei, sacando fuerzas de quien sabe dónde. Una mirada de Ángel la obligó automáticamente a hablar más bajo.- ¡Eso fue lo que me dijiste! ¿Es esto a lo que te refieres? ¿Vivir sin la Death Note, será peor que estar muerta?

-Renuncia a la Death Note.- dijo Ángel, ignorando las preguntas de la chica. Por el rostro de Alexei empezaron a rodar miles de lágrimas, que habían escapado enloquecidas de libertad de su prisión de hielo. La chica quiso tener las manos libres para limpiarse las lágrimas, para mantener su dignidad en alto. Pero estaba aún sujeta. Soltó un sollozo desgarrador, desde el fondo de su corazón y cerró los ojos. Agachó la cabeza, como un esclavo ante su señor, un bufón ante su rey.

-Esto…esto no acaba aquí.- murmuró, los dientes fuertemente apretados. Sus palabras sonaron apagadas, ahogadas, como una última oración antes de morir. - Volveré. Volveré por ti. Lo juro.

Light le lanzó una mirada a Ángel que llevaba consigo el claro mensaje de "Te lo dije". En otra ocasión pudo llegar a haber sido cómica, pero no en ese momento. El ambiente estaba tenso, cargado de emociones. La Vida y la Muerte danzaban sobre ellos, un último baile satírico hacia Alexei.

Sus amenazas sonaron totalmente verídicas y la melodía del odio y la venganza estuvo notablemente presente en ellas. Pero Ángel no se inmutó. Se limito a mirarla con sus ojos fríos, con sus nuevos ojos muertos. Alexei supo que ya no había esperanza para Ángel. Ya no era Ángel Matsuda, ahora sólo era el Hassassin. Y no se rendiría hasta cumplir su meta: conseguir un Nuevo Mundo.

La coartada de Ángel había salido a la perfección. La habían despedazado, Alexei había perdido por mucho. Es más, ni siquiera había tenido la oportunidad de ganar en algún momento. Desde que Ángel apareció en su vida, su destino se decidió. Ycomo una buena tragedia griega, por más que se esforzara, por más que luchara por evitarlo, no podría cambiarlo.

Light se había transformado en un espía cuando Alexei se declaró incapaz de matar. Desde ese momento, todo lo que Alexei hiciera sería a favor de Ángel, sin que ella lo supiera. Y hace un momento, cuando la chica había intentado matarlo en un desesperado intento por ganar la guerra, Light no había dudado en contárselo a Light. Y así, es como el Kira, el Segundo Kira y el Nuevo Kira se habían reencontrado, otravez. Y habían formado una terrible alianza que traería muchos cambios al mundo. En las manos de aquella sangrienta familia estaba el futuro de la raza humana: de ellos dependía salvarla del infierno en qué ya vivía o sumergirla en una crisis aún peor.

-Dilo.- ordenó Ángel. Alexei, temblando, levantó el rostro. Se iría con orgullo, aunque ya no le quedará dignidad.

-Renuncio a la propiedad de mi Death Note.

El silencio se hizo en el Bosque de Wammy, mientras, tierna como los primeros brotes de la primavera, en el rostro del Hassassin, el frío asesino, se formaba una sonrisa.


La Death Note se volverá inservible si se escribe cuatro veces el nombre incorrecto de una persona


¡Hola a todos!

Espero que estén muy bien :D Perdón otra vez por tardarme años en actualizar, pero esta vez tengo buenas excusas para que me den su perdón. No tenía computadora, tenía mucha tarea y éste es un capítulo particularmente difícil de escribir. Lo ideé prácticamente desde el comienzo de la historia, y tenía muchas ganas de llegar a él. Espero que les haya gustado.

Y sé que prometí que no habría teorías, pero este capítulo tiene una bastante buena. Intentaré no ser muy específica ni directa, para que se queden con la duda. Alexei alcanzó, en el último segundo, a evitar la muerte de Ángel. Pero, quiero decirles que si Alexei hubiera tardado un par de segundos más en tachar el nombre, o si no se hubiera arrepentido y con plena intención de asesinar al chico hubiera dejado el nombre claramente escrito; Ángel no habría muerto de todas maneras. Hay un detalle que Alexei no notó (y yo tampoco lo había notado al principio, cuando se me ocurrió el capítulo XD Tuvo que pasar un buen tiempo para que yo me diera cuenta del pequeño detalle que casi había pasado por alto).

Nosvemos en el siguiente capítulo, que tengan un lindo día J