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Death Note II: La leyenda del Hassassin. — capítulo 31
Capítulo 30:
Un Nuevo Orden
De pronto, el mundo de Alexei se volvió gris.
Se quedó en blanco por un segundo, y de pronto, todo se volvió gris. Terriblemente gris.
No escuchó la voz fría y susurrante que dijo en un tono bajo: *"Suéltala. Ya ha terminado."*Pero sí sintió como era liberada. Se dejó caer al suelo, o a lo que ella identificó como el suelo, estaba agotada, pero no recordaba por qué. Había cerrado los ojos en algún momento, no se acordaba. No saber dónde estaba no la asustó. Lo que la asustó fue saber que nadie iría a buscarla. Comenzó a llorar, quedamente, derrumbada en aquel lugar desconocido.
No. No intentó levantarse. Ni siquiera se le ocurrió, ni siquiera quería. Estaba mejor ahí en el suelo, llorando, sola. Tampoco se preguntó que hacía ahí. Daba igual.
Sentía que le faltaba algo. Pero no sabía qué. Pero también lloró a la ausencia de ese algo.
Sintió como algo se movía a su lado. Un animal, una persona: daba igual; fuera lo que fuera, la sacudió suavemente. A Alexei no le gustaba que la tocaran, pero no encontró fuerzas para decirle a esa persona (era un persona, sentía sus manos con largos dedos) que se detuviera. No era lo suficientemente valiente para hacerlo.
-¿Alexei? ¡Alexei!- dijo una voz conocida. Era fría, seria. A Alexei le dio miedo, se estremeció y se dio cuenta de que a esa voz no tenía la necesidad de gritar, pues en susurros ya resultaba atemorizante. A pesar de todo, la voz era amable, sorprendentemente amable para una voz tan fría. Alexei entreabrió los ojos, pero las lágrimas no la dejaron ver nada más que un paisaje oscuro y borroso; más un par de piernas que se movían, nerviosas.- ¿Estás bien?
-¿Á-ángel?- preguntó la chica, poniéndole nombre a la voz. Abrió los ojos, y reconoció al dueño de los pies nerviosos. Era Liria, pálido y con expresión de gran preocupación, mirándola aterrado.- L-liria.- tartamudeó Alexei.
-¡Ángel!- dijo Liria, inmediatamente, mirando a alguien detrás de Alexei. -¡Ya está despierta!
Cuidadosamente, el tal Ángel la movió para colocarla boca arriba. Alexei se encontró con el rostro aliviado de un muchacho de pinta atractiva, con rasgos asiáticos y un despeinado cabello cobrizo. Sus ojos, a pesar de ser de un cálido color castaño, eran tan fríos como su voz. Alexei no pudo mirarlo a los ojos por más de un segundo, después, avergonzada, desvió la mirada. El chico, Ángel, le sonrió.
-¿Estás bien, Alexei?
-S-sí.- respondió Alexei, en un susurro, ¿era atrevida al responder? Miró a su alrededor: estaban en el Bosque de Wammy, lo recordaba. No había nadie más que los dos chicos y ella.- ¿Q-qué…qué…?
-¿Qué pasó?- terminó Ángel, sonriendo aún más. Alexei asintió, temblorosamente.- No lo sé. Esperaba que fueras tú quien me respondiera eso.
Y cruzó una significativa mirada con Liria.
-Te llevaré a casa. Wallace debe de estar preocupado.
Wallace. Claro. El director del Orfanato Wammy.
Ángel se puso de pie, y cortésmente le tendió una mano, para ayudarla a ponerse de pie. Alexei miró la mano unos segundos, antes de tomarla. Al tocar la piel del chico, extrañamente cálida, Alexei casi esperaba que estaría fría, tuvo un mal presentimiento. Nada grave, tan sólo un mal presentimiento que ignoró inmediatamente, quitándole importancia. No habló absolutamente nada el resto del camino. Tan sólo caminó, en silencio, sollozando y temblando de vez en cuando; entre aquellos dos chicos, preguntándose qué le había sucedido y cuestionándose por qué demonios no lo recordaba. ¡Oh, qué diría su madre si la estuviera viendo comportándose como una idiota!
Ángel iba sonriente, y charlaba alegremente con Liria, quien, muy serio, respondía con cortantes monosílabos y miraba alternadamente a Ángel y Alexei. De vez en cuando, Ángel intentaba meter a Alexei a la conversación, pero la chica, entre tímida e intimidada, sólo guardaba un rotundo silencio de tumba.
Alexei no recordaba que el amable y risueño chico con el que caminaba, era un asesino.
Tampoco recordaba que entre Ángel y un shinigami, Light, invisible para sus ojos ahora; la habían engañado para que renunciara a la Death Note y perdiera una buena parte de sus memorias. Pues, en el pasado, la Death Note había sido todo para ella.
Mucho menos sabía que las siguientes horas serían las más atemorizantes de toda su vida.
-Haz cometido un error, Ángel.- dijo Light. El shinigami miraba a Alexei con desconfianza, como si esperará que la aterrorizada, nerviosa y frágil muchacha se volviera en cualquier momento con la misma mirada repleta de odio con la que lo había mirado antes de renunciar a la Death Note. Light casi podía jurar que Alexei sólo fingía y que de alguna manera, estaba escuchando aquella conversación. - La chica sólo nos traerá problemas si está viva. Tienes que matarla.
Ángel no respondió, pero discretamente le lanzó una mirada al Monstruito que lo decía todo: "Padre idiota, sé lo que hago, deja de molestar, estoy ocupado" Light respiró hondo, a pesar de que era aire que no necesitaba. Lo hizo con la intención de tranquilizarse, y conservar la poca paciencia que le quedaba. Si se salía de sus casillas, y si Ángel seguía actuando tan arrogantemente como hasta el momento; no podría contener las ganas de gritar, zarandear y golpear a su hijo por estúpido. Había mucho en juego. No podía dejar que todo su plan se arruinara por un capricho de Ángel.
-Pues…- susurró Misa, en voz muy baja.- Yo creo que Ángel hizo lo correcto. Alexei…será una buena compañera para él. Serán muy felices juntos.- La shinigami titubeó un poco, como si no supiera si debía de agregar lo siguiente o no. Miró a Light anhelantemente.- Así como tú y yo, Light.
Y Misa se acurrucó en el pecho de Light rápidamente, como si fuera una niña que se reencuentra con su amado padre, después de un largo tiempo donde estuvieron separados. El shinigami la apartó suave pero firmemente.
-Alexei sólo va a traer desgracias. No puedo permitir que la dejes viva, Ángel. - Miró de soslayo a Alexei, quien sollozaba quedamente.- Cuando menos te lo esperes, te apuñalará por la espalda.
-Pero…esta nueva Alexei no se ve…amenazante.- murmuró Misa, mirando a Alexei atentamente.- Ha cambiado mucho. Por ejemplo, sus ojos… han cambiado. Están vacíos. Ya no son fríos. Ya no tienen fuerza. Sus ojos…están muertos, pero siguen viendo. Han perdido la chispa. Puedo ver lo que Alexei siente a través de sus ojos. Ya no hay ninguna barrera ocultando sus sentimientos. Alexei ya no es Alexei, ahora es alguien más.
Ángel asintió casi imperceptiblemente. Light guardó silencio unos segundos. Sí, él también había notado el cambio en la mirada de Alexei. Seguramente todos lo habían hecho, hasta el chico idiota de Liria. Aún así, no se dejó convencer. No de esa manera, tan sencilla y fácil.
-Conozco a Alexei como la palma de mi mano. Bien puede estar fingiendo, sabe mentir con maestría.
Las miradas de los shinigamis se posaron en Alexei, quien seguía llorando. Su cuerpo era sacudido por varios temblores. Su aspecto era deplorable. Incluso Light sintió pena de verla así. Era como ver las ruinas de un palacio que en su tiempo había sido hermoso, imponente y enorme. Ahora era sólo ruinas, cubiertas de insectos y ratas, repletas de memorias apagadas.
-Alexei ya no es Alexei.- murmuró Misa, insistente.
-Pero volverá a serlo. Así son las cosas siempre. La historia se vuelve a repetir. Se comenten los mismos errores, una y otra vez. Y el final es el mismo. El final siempre es el mismo.- aseguró Light, sabiamente. Su voz sonó fría como el hielo.
De nuevo, Ángel le lanzó a Light una mirada de reproche claramente significativa. La mirada fue casi un reto, un juramento noble: *"Esta vez el final será diferente."*La mirada del Hassassin fue seria, el chico estaba totalmente seguro de que tenía razón. Light, por su parte…no estaba del todo convencido.
Pero las horas que venían serían oscuras. Necesitaba tener la mente clara. Habían tenido suerte en los últimos eventos, pero ahora necesitaban grandes cantidades industriales suerte y mucha organización perfecta. Tenían que sacar a Ángel, y ahora también a Alexei, de ese orfanato lo más rápido que pudiesen. Se les acababa el tiempo.
Cuando había encontrado a Alexei con las manos en la masa, en pleno acto de asesinato, su sentido de alerta se había disparado inmediatamente. Pensando en lo peor, había buscado a su hijo, creyendo que lo encontraría siendo un cadáver. Convertido en un cuerpo sin vida, inservible, muerto por un ataque al corazón. Cual había sido su sorpresa al haber hallado a Ángel repleto de vida, riendo y jugando con el resto de los huérfanos, ignorando totalmente que entre los que creía sus aliados, había una traidora intentando asesinarlo.
Light había actuado rápido. No había oportunidad de postergar el final. Ya había llegado, y el tiempo apremiaba: era como una soga alrededor del cuello que ya apretaba hasta cortar la respiración. Le hubiera gustado planear su reencuentro con Misa, hubiera preferido asesinar Alexei de una manera más discreta. Pero no podía tomarse la libertad y el gusto de escoger detenidamente sus siguientes pasos. Así que con un grito frío llamó a Ángel sin dudarlo:
-¡Ángel!- rugió, y su voz fue como una ráfaga helada de viento. Ángel se giró hacia él, y lo contempló anonadado por un instante, antes de sacudir la cabeza y tomar el control de sí mismo nuevamente. Light supuso que su propio aspecto debía de ser impactante. - ¡Tenemos un problema! ¡Ven ahora mismo! ¡Trae a tu madre!
Misa, sin ser capaz de ver a Light todavía, observaba las extrañas reacciones de su hijo en silencio. No era tan tonta (al menos, no tan tonta como todos creían), y sabía que Ángel había visto algo que el resto no. Pero por más que Misa miraba hacia el lugar donde Ángel echaba rápidas y discretas miradas de reojo, la shinigami no veía nada. No había absolutamente nadie. Al menos nadie que ella pudiera ver. Esa aseveración reducía sus posibilidades notablemente.
El Monstruito. El shinigami de Alexei, que podía hacerse invisible y visible a su antojo. "Light" pensó Misa, con poca seguridad. Incluso dentro de su mente, su voz tembló con el tono de la duda.
La shinigami voló hacia Ángel al verlo charlar animadamente con sus compañeros. Parecía estar despidiéndose. De reojo, Misa visualizó a dos figuras alteradas y sudorosas saliendo del bosque. Los reconoció al instante: Gevanni y Brian. Del equipo de Near.
"Mierda" pensó Misa, atando cabos. "Near ya lo sabe. Viene por Ángel." Tenía que avisarle a su hijo. Tenía que lograrlo salvar. Llevarlo a un lugar seguro y protegerlo como una leona a sus crías.
-¡Ángel!- gritó Misa. Ángel no le dirigió algo más que una mirada significativa: *"Guarda silencio, sé lo que hago, no hagas nada más"*Efectivamente, Ángel se había estado despidiendo. Dio unos cuantos apretones de manos y palmadas en la espalda, un par de abrazos y besos en la mejilla; y se fue con paso lento, como si estuviera cansado. El muchacho pasó de largo frente a Misa y siguió avanzando en dirección a los baños, quizás sin notar que los ojos de Gevanni y Brian estaban firmemente clavados en su espalda.
Probablemente Ángel si lo notó. Pero siguió avanzando como si nada. Misa, tranquilizándose, pensó que era lo correcto. Necesitaba estar a solas con él para darle la noticia, no quería que el chico, su chico, cometiera ninguna tontería. Temía, si era sincera, la reacción de su hijo. Temía de él de una manera que nunca había imaginado.
Misa no se dio cuenta de la figura fantasmal que los seguía en silencio; mientras allá, en el jardín donde todos comenzaban a despedirse y se dirigían a la cocina por un bocadillo, a los baños a darse una ducha o a sus habitaciones con intención de dormir plácidamente, Gevanni murmuraba algo a Wallace y Jo se tapaba la boca con ambas manos, tal y como hacía cuando estaba realmente sorprendida.
-Necesitamos hablar, Ángel.- dijo Misa. - Busquemos un lugar para hablar en paz.
-Apresúrate, Ángel. - dijo Light. - Esto es importante. - Ángel no respondió.
-¡Está Él aquí! ¿¡Verdad?!- preguntó Misa e inocentemente miró a su derecha, luego a su izquierda. Al no ver a nadie, empezó a negar frenéticamente con la cabeza: sus cabellos se agitaban como si una tierna brisa los estuviera acariciando. -¡El Monstruito! ¡Está aquí! ¡Y tú lo ves!
-Espera a que estemos solos.- ordenó Light. Pero no era necesario, pues Ángel estaba pensando exactamente lo mismo.
-¡¡Dímelo!!- chilló Misa, escandalizada. Voló furiosamente frente a Ángel y agitando las manos frente a él, como si estuvieran cubiertas de hormigas iracundas, insistió enloquecida.- ¡¡Puedo sentirlo!! ¡Lo siento! ¡Siento algo…frío! Estoy asustada, Ángel, ¡estoy asustada!…¡¡RESPONDE!!
-Silencio.- fue la esperada respuesta de Ángel. Misa soltó un rugido de desesperación.
-¿¡Eso es todo?! ¡¡Camina más rápido!! ¡No hay tiempo que perder! ¿Me estás escondiendo algo? - lo cuestionó, su voz rozando con la histeria se había vuelto aguda y chillona. - ¡Responde lo que te he pedido…!
Misa se interrumpió. Habían llegado a los baños de hombres, los cuales sorprendentemente estaban vacíos. No por mucho tiempo, eso era seguro. En cualquier momento empezarían a llegar los apestosos jugadores de futbol con intención de darse un buen baño caliente antes de dormir y despedirse así de los malos olores, la tierra y el sudor. Por Misa se cruzó el pensamiento de que debía de hablar rápidamente. Pero apenas hubo abierto la boca, Ángel la interrumpió.
-Misa. Hay alguien que debes conocer.- Misa lo miró sin entenderlo. A la shinigami la recorrió un escalofrío de pies a cabeza. - Tengo la sensación de que no hay tiempo para explicaciones. Descuida, te informaré de todo después. Por ahora sólo debes de confiar en mí y obedecerme. Estoy seguro de que será un reencuentro grato para ambos.
-Ángel…- murmuró Misa. Pero entonces sintió una presencia justo detrás de ella. Sintió una fría mirada clavada en su espalda. Y sin necesidad de voltearse, supo quién era. Lo reconocería en cualquier parte. Reconocería esa esencia, detectaría ése aura de gran fuerza en donde fuera, porque había idolatrado esa existencia con toda su alma. Le había entregado al ser que se encontraba detrás de ella su corazón, su mente, su vida, sus metas y había muerto por él. Y lo había buscado por más de quince años, había trazado mil planes y atado un millón de cabos en su búsqueda.
-Misa.- dijo una voz. Era la misma voz de hacía quince años. La misma voz que le seguía provocando cosquilleos en el estomago. No había cambiado nada. Misa, casi paralizada, se giró lentamente hacia la voz. Se había olvidado por completo de que el tiempo estaba apremiándola.
Lo primero que vio fueron sus ojos fríos. Después recorrió el resto de su cuerpo, preguntándose si lo que veía era real o una fantasía. Recordaba esos labios delgados que había besado. Recordaba ese cabello que había acariciado. Recordaba esos ojos de los que se había enamorado, esos ojos que la seguían como fieles perros desde que Light había muerto.
-Light…- susurró Misa, sin poder creerlo. Temía tocarlo y que todo fuera una mentira. Que su amado desapareciera, se esfumara de la nada o se convirtiera en polvo y el viento se lo llevara como una amante celosa. Por el rostro de Light cruzó una sonrisa cálida, extrañamente cálida. El shinigami abrió los brazos en un gesto amplio, que la invitaba a abrazarlo. Pero Misa se quedó volando, casi colgada como una muñeca de trapo que han dejado olvidada.
Light era el Monstruito. Alexei había dicho la verdad. ¿Qué otras cosas que había dicho serían ciertas, entonces?
El Kira, al ver que Misa no mostraba intención de abrazarlo, bajo los brazos a los costados. Continuo mirándola con la misma sonrisa cálida, pero su mirada se endureció claramente.
-Sé que es sorprendente, pero por ahora deberemos postergar las explicaciones y las bienvenidas.- dijo Light. Después, miró a Ángel y Misa con cariño.- Me alegra que estemos juntos de nuevo.
Ninguno de los dos respondió nada en un principio. Misa permaneció callada el resto de la noche, mucho más callada de lo usual. Y a partir de esa noche, dejaría de ser la mujer parlanchina, alegre y vida que era para convertirse en un fantasma silencioso.
-Ahora sí, hablen. - repuso Ángel, tras echar un vistazo rápido al baño, comprobando que no había nadie. Light fue el primero en tomar la palabra.
-Alexei intentó asesinarte.- dijo, directamente. Ángel palideció de golpe. Misa se estremeció.- Escribió tu nombre en la Death Note, pero se arrepintió de último segundo. Near vio todo esto gracias a las cámaras. Mandó a dos miembros de su equipo para comprobar si estabas vivo o no.
"Es mi culpa" se dijo a sí misma Misa, abriendo los ojos de par en par. Había confiado en ella. Alexei la había conmovido, qué podía decir. No la había creído capaz de hacer ningún daño, no con esa alma sensible y corazón curiosamente inocente que tenía. No había suficiente odio en Alexei como para matar. O al menos eso había creído, jurado y vuelto a jurar. Se había equivocado. Miró a Ángel, quien estaba igual de impresionado que ella. Lo había puesto en riesgo.
Ángel cerró los ojos con fuerza. Sus padres podían oír su agitada respiración y los latidos de su aterrado y traicionado corazón. Lo contemplaron en silencio, sin saber qué decir o hacer. ¿Consolarlo? No tenía sentido. Nada parecía cuadrar en la escena. Lo único que los tres sabían y estaban de acuerdo, era que la revelación cambiaba el rumbo de la historia totalmente.
-Tenemos que salir de aquí. Esta noche. - dijo Ángel, sin abrir los ojos.
-Hay que eliminar a Alexei.- ordenó Light. Ángel abrió los ojos suavemente. Su mirada había cambiado. Se había vuelto más fría y no tenía ningún brillo que indicara que el chico fuera humano. Había una pared cubriendo esa mirada para que los sentimientos del chico no fueran notorios al mirarlo a los ojos. Pero Misa, como madre y mujer sentimental adicta al romanticismo, los clichés y las cursilerías; detectó un asomo de las emociones que dominaban a su hijo en aquel momento. Era una mirada que ella conocía muy bien. Era la mirada de un corazón roto. Más que roto, destrozado y humillado. Pero había algo más.
Era una mirada deseosa de venganza, de una venganza cruel y sádica que no causará algo más que dolor y destrucción. Era una mirada que Misa había encontrado en los ojos de Light. La mirada de un asesino.
-Ve a encontrarla. -Ordenó Ángel a Light.- No permitas que huya. No permitas que escriba ningún nombre en la Death Note. Llévala al bosque. Misa y yo te iremos a buscar en un momento: tengo que preparar ciertas cosas para esta noche. Tenemos que irnos hoy.
-¿La matarás?- preguntó Light.
-Se ha convertido en un dolor de cabeza.- respondió Ángel.- Está interfiriendo demasiado en mis planes. Apresúrate. Hay que actuar muy rápido. Puede que decida matarme otra vez.
Light no dijo nada más. Desapareció al instante.
-Ángel…-susurró Misa. El chico la ignoró. Buscaba en el interior de sus bolsillos las hojas de la Death Note que cargaba ahí. Hurgó hasta encontrarlas, junto con una pluma negra y de punta fina.- Á-ángel… ¿qué piensas hacer?
-Ve a avisar a Liria de lo sucedido. Pídele que prepare una maleta con ropa. Viene con nosotros.
-Pero… ¿a dónde?
-Lejos. El orfanato ya está demasiado podrido para ser salvado.
Misa se estremeció de pies a cabeza. Tenía un mal presentimiento, un terrible presentimiento.
-¿A…a qué te refieres?
Ángel comenzó a escribir algo sobre las hojas de la Death Note, recargado contra la pared. Tenía el ceño fruncido y una gota de sudor le resbalaba por la sien palpitante.
-No me quedó otra opción, Misa.- susurró.- Lo he estado pensando desde hace unos cuantos días. Es un plan desesperado de escape. Pero esta situación es desesperada. No voy a permitir que mi plan se arruine. ¡No lo voy a permitir!- gritó. - Este mundo me necesita. ¡SÓLO YO PUEDO SALVARLOS! ¡NADIE MÁS! ¡SALVARLOS ESTA EN MIS MANOS!
De los labios de Ángel salpicaron unas cuantas gotas de saliva. Escribía furiosamente sobre el papel.
-Tengo que matarlos. A todos. Tengo que desaparecer. Esa es la única opción.- murmuró Ángel. Misa desconocía si el chico hablaba para sí o le hablaba a ella. Estaba asustada. Asustada como nunca antes.
-¿¡Qué vas a hacer, Ángel?! ¡Puedes estar cometiendo un error!- se atrevió a decir Misa. Pero Ángel le dirigió una mirada salvaje que la hizo callar.
-¡YO NO COMETO ERRORES!- su rostro estaba deformado por la devastadora ira que circulaba por sus venas ardientes. - ¡Yo jamás, JAMÁS, me he equivocado! Los mataré a todos, ¡a todos! Se lo merecen. Se lo merecen por haberme rechazado al principio. Se lo merecen por haberme juzgado. ¡Sus muertes no serán una gran pérdida para el mundo! Son huérfanos. Nadie los extrañará. Sólo yo, sólo yo merezco vivir. Y viviré en su honor. Viviré en el honor de mis hermanos, a los que tuve que sacrificar. ¡¡VIVIRÉ EN SU HONOR!!
-¡¡¿¿Qué estás diciendo, Ángel?!!- gritó Misa, su voz se quebró en un sollozo. Se acercó desesperadamente a su hijo, y lo sacudió con fuerza. Pero el cuerpo de Ángel no se movió ni un milímetro. Misa era una shinigami, después de todo. La mujer enterró las manos en su cabello, histérica.- ¡Escúchate! ¡Date cuenta de lo que estás diciendo!
Misa miró la hoja de la Death Note y leyó rápidamente lo que su hijo había escrito. Retrocedió volando inmediatamente, comprendiendo de una vez por todas cual era el plan del chico. Se tapo los labios con ambas manos, horrorizada. Miró a su hijo: Ángel respiraba entrecortadamente, el rostro deforme por la furia, la mirada salvaje: parecía una bestia rabiosa en lugar de una persona.
Misa negaba con la cabeza, anonadada, sin darse cuenta.
-No puedes hacer esto.- susurró.- No lo permitiré.
-Ya lo he hecho. Y no hay nada que puedas hacer para evitarlo.- la retó Ángel, como si fuera un niño pequeño exigiendo caramelos.
-¡Morirá mucha gente inocente!
-No morirá ningún inocente. Toda esta gente está podrida. Toda. Este mundo de mierda está en el puto fondo del puto agujero. ¿Entiendes, Misa? ¡Todas las putas personas están hechas de la misma puta mierda apestosa y me importa un carajo! ¡Un puto carajo!
Misa no pudo responder nada más. No podía creer que fuera su hijo quien hablaba. No, tenía que ser alguien más. No Ángel. Ángel era diferente.
-Ve por Liria. Ahora. No tenemos mucho tiempo.- ordenó Ángel. Misa lo observó unos segundos en silencio. Jamás había tenido tanto miedo. Jamás había creído que estaría tan aterrorizada de su propio hijo, su propia creación. Y la culpa la invadió como un potente cáncer dispuesto a poseer todo su cuerpo. Ella había causado eso. Ella había hecho a su hijo así. Lo había transformado. Había usado a su propio hijo como conejillo de indias: "Sí, te volveré un asesino para reencontrarnos con tu padre asesino". Jamás le había dado la oportunidad de elegir otro destino.
Misa había intentado evitar ese momento. Había intentado evitar que su hijo se convirtiera en el asesino cargado de odio y rabia que era ahora. Y los propios esfuerzos de la mujer por evitar ese momento, lo habían causado, irónicamente. Intentando salvar a Ángel de la desgracia, había acudido a Alexei. Y Alexei y su traición habían causado eso. El destino fatal de Ángel: ser el Nuevo Kira.
-¡Reacciona!- rugió Ángel. Misa se estremeció. Si ella hubiera sido humana, estaba segura de que Ángel la habría sacudido bruscamente de los hombros. Ángel estaba impaciente, totalmente desesperado: se le notaba en sus ojos saltones y los movimientos impulsivos que hacía con las manos. - Nos esperan tiempos peligrosos y oscuros, ¡la lucha apenas empieza, Misa! ¡Es hora de que decidas donde carajo está tu lealtad! ¿Con tu propio hijo? ¿Apoyas mi causa o estás en mi contra? Si estás en contra, vete ahora y no vuelvas jamás: te doy la oportunidad. Y si estás conmigo, haz lo que te digo de una buena vez, que estoy perdiendo la puta paciencia y no pienso permitir que mi plan se arruine por tu culpa, ¿me entiendes? ¿Me has entendido o te lo explico más claramente?
Misa no tuvo que pensar en su respuesta.
-Estoy contigo, hijo.- susurro, fielmente, como si fuera una noble promesa a un rey. Amaba a Ángel. Era su hijo. No podía luchar contra él. No podía estar en cualquier otro bando que no fuera el suyo. No importaba el precio. No importaba el dolor. Misa tenía que estar al lado de su hijo para protegerlo, para ayudarlo a levantarse cuando cayera, para evitar que cayera. No soportaba la idea de separarse de él. No quería perderlo, no otra vez: acababa de encontrarlo.- Siempre he estado contigo.
-Pruébalo. Ve y haz lo que te pedí. El tiempo apremia.
-Sí, Ángel.- asintió Misa. Sumisa. Light también la había hecho sumisa. Era turno de que la shinigami cambiara de dueño, como si fuera una esclava cuya familia había vivido bajo la autoridad del mismo patrón por siglos y siglos. No le quedaba de otra que seguir la tradición: tenía que seguir obedeciendo, no había otra opción.
Misa había desapareció sin decir ni una palabra más.
Ahora andaban rápidamente de regreso al orfanato por ese bosque oscuro, con la amenaza de la Muerte rozándoles los cabellos. Liria, Alexei, Ángel, Misa y Light parecían ser unos completos desconocidos. Sobre ellos reinaba el clásico e incómodo silencio de las primeras conversaciones, pues Ángel ya había renunciado a su intento de iniciar una charla: Liria estaba demasiado asustado y Alexei era terriblemente tímida como para decir algo más que monosílabos quebradizos y temblorosos. Ni siquiera Misa hablaba, cosa totalmente sorprendente para todos. Pero nadie se atrevió a sacar el alegre dato al aire: nadie tenía las ganas suficientes para hacerlo, por lo que el milagroso silencio de Misa fue pasado por alto, ignorado olímpicamente como si fuera la cosa más común del mundo entero.
De pronto, Ángel se detuvo y todos hicieron exactamente lo mismo, como si fueran unos niños jugando "Simón Dice". Todos miraron expectantes a Ángel, esperando su palabra, esperando alguna orden de su parte. Para sorpresa de todos, especialmente de Light y Alexei, Ángel tomó la mano de la chica con suavidad, y mirándola a los ojos intensamente, Alexei no pudo soportar su mirada por más de un segundo y terminó inclinando la cabeza, avergonzada y asustada; habló con en voz baja.
-Tenemos que irnos de aquí, Alexei.
Alexei miró al Hassassin sin comprender y parpadeó un par de veces antes de mirar sus manos unidas firmemente. Ángel apretaba su mano con fuerza.
-No te asustes. -agregó el Hassassin, sonriendo cálidamente. Sus ojos, no obstante, siguieron siendo fríos como el hielo.- No será por mucho. Yo cuidaré de ti.
Alexei no preguntó por qué. Ni preguntó a dónde irían. No preguntó nada, no puso ningún reparo. Su rostro estaba poblado de sincero y preocupante desconcierto, y cualquier persona pensaría que los oídos de Alexei no habían sido capaces de trasmitir el mensaje de Ángel al cerebro de la muchacha. Pero aquellos que conocían a Alexei lo suficientemente bien, solamente Light y Ángel, detectaron que en los ojos azules de la muchacha había entendimiento. Alexei entendía. No lo demostraba. Eso podía significar una amenaza peligrosa para Ángel. O podía significar que simplemente Alexei era demasiado tímida y débil como para demostrar que era un ser capaz de entender. Quizás Alexei se sentía estúpida y quería verse como una estúpida. Quizás.
La mano de Alexei no apretaba a la de Ángel. El asesino sabía que el contacto físico, aunque fuera tan delicado como tomarse la mano, molestaba e incomodaba a Alexei. Ángel sonrió para sus adentros. Eso era justamente lo que quería. Por fin, dominaba a Alexei. Le apretó la mano con más fuerza. Alexei no se atrevía a soltarse.
-Escucha muy bien lo que vamos a hacer, ¿sí?- como Alexei no respondía nada, Ángel prosiguió. - Esperaremos aquí un rato. Liria irá a recoger unas cosas. Necesito que te quedes conmigo aquí, en silencio. Necesito que me prometas que me obedecerás o estaremos en problemas. Cuando Liria vuelva, nos iremos de aquí. Nos tenemos que ir rápido o si no, no podremos salir de aquí. ¿Prometes hacerme caso en todo lo que te pida? ¿Lo prometes?
Alexei no respondió. Miró a Ángel asustada e hizo un pequeño intento por separar sus manos. No lo logró: Ángel la apretó con más fuerza. Alexei asintió temblorosa. Misa contemplaba todo con una expresión de horror. Light, por su parte, comenzaba a convencerse de que tal vez haber dejado a Alexei viva no había sido un error tan terrible. Era peligroso y siempre lo sería. Pero controlada, bien controlada, Alexei era un arma perfecta.
Ángel sonrió. Fue una sonrisa macabra que intentaba ser dulce, la sonrisa perfecta para el psicópata asesino de una película de terror. Entonces, el chico se inclinó y le dio a Alexei un beso en la frente. El rostro de Alexei pasó de estar asustado al terror con ese gesto, pero la chica estaba paralizada. Light sonrió también: Ángel sabía cómo controlarla.
-Liria.- repuso Ángel, en un tono más seco. Liria levantó la cabeza y salió de su aturdimiento, atento, listo para recibir y ejecutar ordenes. - Light te acompañará. Consigan las llaves de un coche. El dinero no será problema, ¿verdad? - Liria asintió quedamente.- No entres a la habitación de Alexei por nada del mundo...ni a la mía. Las cámaras deben de seguir vigilándonos. Sólo necesitamos de los cuadernos. No hables con nadie, si puedes evitarlo. No me has visto ni a mí ni a ella.- destacó, señalando a Alexei con un gesto de la cabeza. - Apresúrate.
Liria asintió. Y siguió su camino por el bosque, solo, seguido únicamente por el fantasmal Light Yagami.
Ángel se volvió hacia Alexei y le sonrió. Ella no respondió a su amable sonrisa. El rostro de la chica era como una máscara de eterno miedo y desconcierto, siempre pálido, los ojos muy abiertos, los labios temblorosos. La faz de la chica se veía totalmente diferente sin su altanería, sin su orgullo. Era como mirar a una desconocida.
Misa seguía en silencio.
-¡Near! Aquí Gevanni. Soy Gevanni y Kim, Brian y el chico Kij están aquí a mi lado. También el señor Wallace y Jo.
La nerviosa voz de Gevanni provenía del ordenador, el cual era contemplado como si fuera un preciado y único tesoro por todos los miembros del equipo de Near, quienes se encontraban sumidos en un silencio nervioso y tenso. Hacía un momento que habían estado gritando, sollozando e incluso llorando, pero apenas la computadora había pitado indicando la llamada de Gevanni, todos habían callado automáticamente, sin necesidad de ninguna orden, como un ejército tan bien entrenado que sabrían como ganar la batalla sin su líder.
-¿Dónde está él ahora? ¿Dónde están Gelsu y Alexei?- preguntó Near. Gevanni titubeó del otro lado de la línea.
-Cuando nosotros llegamos los alumnos jugaban en el jardín, todos a excepción de Alexei, quien dijo que prefería descansar y se retiro temprano a su habitación. Pero justo cuando Brian y yo llegamos, Gelsu se estaba retirando al baño. Seguía vivo, Near, al menos en ese momento sí.- hubo un silencio incómodo del lado de Gevanni.- Pero ahora…la ubicación del muchacho es desconocida. Fuimos hace un momento a los baños: están vacíos. No hay cadáver, no hay rastros de sangre o lucha. No hay nada.
El chico tenía la fría mirada fija en la pantalla del computador. Se escuchó un pequeño forcejo del otro lado de la línea, y de pronto, la histérica voz de Wallace sustituyó a la de Gevanni.
-¡Near…Near! ¡Explícame…explícame que…que carajos sucede! - sonaba sin aliento, como si acabara de correr un agotador maratón. - De pronto… ¡de pronto llega tu equipo y Kij y me dicen que…Alexei intentó…que Alexei es el Hassassin, y que tiene la Death Note, ese maldito cuaderno negro! Y ahora Gelsu no está en ninguna parte…
-Y Alexei acaba de salir de su habitación.- dijo Near, contemplando la escena que se acababa de desarrollar en el cuarto de Alexei.
-¿Qué…qué Alexei qué?
- Señor Wallace: mandaré a mi equipo a buscar a Gelsu y Alexei. Alexei no puede alejarse demasiado sin que la encontremos. Ambos deben de haberse dirigido al bosque. - "No si está sola" pensó Near, y se le vino a la mente la imagen de una sombra abominable guiando a Alexei por el bosque, indicándole los caminos libres y alejados del equipo de Near.
-Pero… ¿qué es lo que sucede, Near? ¿Qué puedo hacer yo?- exclamó el señor Wallace, elevando el volumen de su voz.
-Reúna a todos sus alumnos en el comedor. Que nadie se quede afuera. Los jardines y los bosques deben de estar totalmente vacíos. Mi equipo se dirige hacia allá.- Y con una seña de la mano, indico a todos los miembros que quedaban que se prepararan para salir. El movimiento empezó inmediatamente y el silencio anterior se vio sofocado por el ruido las conversaciones histéricas y las preparaciones. - Encontramos al Nuevo Kira, señor Wallace. Tenemos que actuar rápido.
-Por Dios…Near.- musitó Wallace, quedamente.
-Póngame en altavoz, por favor. Tengo que dar instrucciones. - Hubo un pitido en la línea.- Manténganse comunicados entre ustedes y conmigo, por supuesto. Señor Wallace, sería muy amable de su parte si nos presta algunos celulares, lámparas y radios. Kim, ¿hay alguna manera de rastrear a Gelsu y Alexei mediante ordenador?
-No, Near. Ninguno carga con algún dispositivo electrónico que yo pueda rastrear.- respondió Kim, con voz dura.
-De acuerdo. La búsqueda deberá hacerse tradicionalmente, entonces. Kim y Kij: diríjanse a las habitaciones de Alexei y Gelsu y monten guardia ahí, por si alguno de los dos desaparecidos vuelve. Puede que alguno de los dos lo haga. Si eso sucede, reténganlo. Mientras tanto, vuelvan a examinar las habitaciones, especialmente a de Alexei. Ahora que sabemos dónde escondía su Death Note, debemos de revisar bien ese escondite en busca de información. ¿De acuerdo?
-Bien.- dijo Gevanni.
- Jo y Wallace: junten a todos los alumnos en el comedor. Mantengan el orden y la calma, sobretodo.
-¿Qué les decimos si preguntan por qué?- preguntó la brusca voz de Wallace.
-Cierto. No son niños que se tragan cualquier cuento de Navidad- comentó Brian.
-Díganles la verdad entonces. Creemos haber encontrado al Nuevo Kira. Puede que alguno de los alumnos incluso hable, o aporte un poco de información si tenemos suerte. Gevanni y Brian: diríjanse inmediatamente a buscar a Alexei. Acaba de salir de su habitación hace menos de un minuto. Ahora mismo.
Hubo movimiento en aquel lado de la línea. Gevanni y Brian se habían ido.
-Near.- dijo Jo, hablando por primera vez. Su voz era temblorosa y aguda como si fuera la de un ratoncito asustado.- ¿Qué harás si no los encuentras?
-Los encontraremos.
-¡No!- gimió Jo.- ¡El bosque es amplio! ¡Ha oscurecido? ¿Qué si lo que encuentras es un cadáver nada más? ¡Hay un asesino suelto!
-Hay que actuar ahora mismo.- respondió Near y colgó. No había respondido a las preguntas de Jo.
¡Hola lectores! El único motivo por el cual este capítulo esta divido en dos, es que es demasiado largo. Al final fueron casi treinta páginas. Pensé que sería algo pesado de leer, así que por ello lo he divido en dos. Pero bueno, esta explicación no viene mucho al caso. Nos vemos en la siguiente parte del capítulo, espero les guste ;)