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Death Note II: La leyenda del Hassassin. — capítulo 32
Capítulo 30:
Un Nuevo Orden
Cuando Brian y Gevanni llegaron a los jardines del orfanato, ya no había ningún rastro de Alexei. El Monstruito la había dirigido, tal como Near había temido, por entre la oscuridad del bosque, tomando los caminos que los mantendrían ocultos. Tras un par de maldiciones de Brian, Gevanni y él se habían aventurado en el oscuro bosque con un radio en la mano derecha de Brian. Habían agudizado las orejas, atentos a cualquier ruido que pudiera revelar la presencia de alguno de sus dos desaparecidos. Pero no hubo nada.
No sabían que iban a encontrar. ¿El cadáver de Ángel, quizás? ¿Estaría Alexei, la asesina, espiándolos desde las sombras con sus fríos ojos azules, con su cuaderno negro abierto en una página en blanco y un elegante bolígrafo en su mano derecha, lista para escribir un poema macabro y letal que se robaría sus vidas como si fueran simples humanoides?
-No hay señales de Alexei. -avisó Brian por radio, mientras Gevanni, a su izquierda, buscaba huellas en el suelo, cualquier señal que indicara la reciente presencia de un ser humano por aquellos caminos oscuros.
Jo y Wallace, Jo cargando aún a su pequeño nieto, reunieron inmediatamente a los estupefactos alumnos en el comedor y Zazir tuvo la amabilidad de preparar un té para los nervios que se bebió bastante cuando Wallace reveló el motivo de la inesperada reunión, tras un montón de preguntas incómodas e incesantes.
-Near ha encontrado al Nuevo Kira, el Hassassin.- había dicho, mirando sus alumnos a los ojos. - Aquí. En el orfanato.
Los alumnos se miraron significativamente. Eran inteligentes. Faltaban cuatro personas en la habitación. Gelsu. Kij. Alexei. Y Liria, pero no todos habían notado su ausencia, ni siquiera el señor Wallace y Jo. Los últimos días el chico se había transformado en un fantasma, o un ser aún más invisible.
Un asesino. Entre ellos. Gelsu, Kij, Alexei o Liria. El pánico cundió de inmediato. Era como un gas que empapó con su aroma los sentidos y pensamientos de todos.
-Falta Alexei.- le susurró Cuer a Ed. El chico lo miró con sus grandes ojos soñadores y asintió. -¿Crees qué…?
-Alexei no es una asesina.- lo cortó Ed, firmemente. Cuer le dio la razón con su silencio. No. Alexei no podía ser una asesina.
Alguien, nunca se supo quien, encendió la radio en el fondo del comedor. Sonaba una vieja canción que en sus tiempos había causado un gran escándalo por culpa de su peculiar letra, Dear Godde XTC. Cuando la canción terminó, el alegre programa de radio fue cortado para dar paso a las noticias. Contra toda predicción, Gran Bretaña entraba en la guerra sin motivo aparente.
Kij y Kim encontraron en la habitación de Alexei un pequeño compartimiento oculto gracias a unas cuantas tablas sueltas en el suelo. Ahí era dónde Alexei había escondido la Death Note, pero ahora estaba vacío. Totalmente vacío, a excepción del montón de dibujos que se encontraban esparcidos en todas partes. Dibujos de todos y cada uno de los habitantes del orfanato.
Un dibujo de Kim, otro de Kij, uno más de Near. Todos ellos dibujados gracias a la habilidad esplendorosa de una mano grácil y talentosa. Misma mano, habiendo creando cosas tan bellas, había escrito en cada dibujo una tétrica nota de pie: nombre verdadero de la persona del retrato, su debilidad y su fortaleza.
-Se necesita un rostro y un nombre para matar. - susurró Kim, señalando horrorizada con un dedo tembloroso su propio dibujo. Cargaba con un celular. Contactó con Near y le envió una fotografía del retrato del chico. Alexei, sin embargo, no había escrito el nombre de Near. No lo sabía. Near estaba a salvo.
El resto no.
Liria cruzó al jardín del orfanato a toda velocidad, oculto gracias a las sombras de la noche, justo en el momento en que Light se lo indicó. El shinigami había comprobado que no había nadie, absolutamente nadie que lo pudiera ver. Gevanni y Brian habían entrado al bosque hacía un rato, pero estaban de una dirección bastante lejos de Alexei y Ángel. Todos los alumnos estaban congregados en el comedor. Kim y Kij ya habían entrado a la habitación de Alexei. Nadie los observaba desde el bosque, pues el equipo de Near estaba recibiendo instrucciones de qué hacer y qué buscar en el cuartel. Así que cuando Liria logró entrar al edificio, había pasado totalmente desapercibido.
El chico sudaba a chorros, y su camisa de algodón blanca estaba empapada de ese frío y abundante sudor. Tenía la frente brillante y pegajosa, y respiraba entrecortadamente. Escuchaba voces provenientes del comedor, pero por lo demás, todo de escuchaba totalmente silencioso.
El corazón le latía tan rápido que parecía querer salírsele del pecho.
-Las llaves están en la oficina de Wallace.- le indicó Light.
-¿Dó…dónde está él?- preguntó a su vez, Liria, en voz tan baja que se sorprendió que el Monstruito lo llegara a escuchar.
-Está en el comedor. Escucho su voz. Apresúrate.
Liria se echó a andar por el largo pasillo rápidamente. Podía huir. Podía tomar las llaves del auto e irse él. Abandonar a Ángel y sobrevivir. Sobrevivir al terror que vendría en muy poco tiempo.
Pero no se atrevió. No podía hacerlo. No solo.
-¿No hay cámaras?- preguntó, súbitamente.
-¿A quién le importa?- dijo Light, y casi suelta una carcajada macabra. -Dentro de poco, no quedarán restos de este lugar, así que… ¿qué más da?
Liria no respondió. Se encontraba frente a la oficina de Wallace. Estaba vacía, o al menos eso parecía. La puerta, hecha de madera oscura y fuerte, estaba entreabierta y lo único que provenía del interior era un silencio asombroso. Dudó si debía entrar. Las manos le temblaban.
-El tiempo corre.- dijo Light, con una voz burlona que casi llegaba a ser cantarina.- No hay nadie. Apresúrate.- insistió. Luego, tras sonreír discretamente, agregó.- A menos que quieras morir esta noche.
Liria le dirigió una mirada horrorizada y luego le dio un empujoncito a la puerta. No podía estar pasándole esto. No podía dejarlos morir a todos y salvarse él. Era un miedoso, pero no era un cobarde.
-No…no puedo abandonarlos.-susurró. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero las retuvo valientemente. Ángel le había arrancado todo. Obligándolo a ser su cómplice en ese negocio macabro que era ser el Hassassin, le había arrancado su vida, su alegría, sus sueños. Todo. Ya lo había perdido todo. ¿Qué más daba morir, después de todo, si él era como una cámara inservible que sólo ve pero no puede hacer nada? ¿Qué más daba morir aplastado, quemado o como fuera ese misma noche? No tenía familia que llorara su muerte, y todos sus amigos morirían en esa noche. ¿Qué más daba?- No es justo. No merecen morir.
Light soltó una sonora carcajada. Reía con ganas. Y Liria lo odió. Lo odio a él y odio a su bastardo hijo. Sus entrañas ardían de ira y sus manos se transformaron en puños.
-¿Te sacrificas por ellos? ¿Morirás con ellos? Que adorable. Lástima que ellos no harían lo mismo por ti. Salvarían sus gordos culos y te abandonarían. No les importas. Ellos mismos te matarían.- su voz era fría y cruel, su mirada penetrante y seria. - Ahora mismo, en el comedor, nadie se ha dado cuenta de tu ausencia. Eres invisible aquí, y mi hijo te ofrece la oportunidad, no sólo de ser alguien, sino de hacer algo por el mundo. Tienes en tus manos la oportunidad de hacer de este mundo un lugar mejor, y la dejas pasar por un montón de hipócritas a los que, sinceramente, nunca les has importado. ¿Entiendes lo estúpido qué es eso, Liria? Ve ahora mismo por las llaves.
Una lágrima resbaló por la mejilla de Liria, dejándole un rastro de frío fuego al pasar por su piel. El chico le dirigió una última mirada al Monstruito y se dirigió al escritorio de Wallace, aterrado, porque el maldito shinigami tenía toda la razón. Liria jamás había sido importante. Liria jamás había sido amado. Pero, ¿era motivo ese para dejarlos morir tan cruelmente?
Rebuscó en el primer cajón y sólo encontró un montón de papeles, que dejó todos revueltos y desordenados tras hurgar entre ellos en busca de las llaves. En el segundo cajón tuvo más suerte: había dos pares de llaves que debían de pertenecer a alguno de los autos de Wallace. Sí, efectivamente, si Liria se fijaba bien, podía ver la marca de la doble cabina tallada en la llave, resplandeciendo con un brillo orgulloso. Tomó las llaves de la doble cabina y la apretó firmemente en su mano hasta hacerse daño. Se había enterrado las picudas muescas sobre la palma.
-Bien hecho. Salgamos de aquí.
-¡Un momento!- dijo súbitamente Liria.- Tengo que ir a mi habitación…mi computadora. La necesitamos.
-Escucho voces.- dijo Misa de pronto. Miró a Ángel.- Tienen que irse de aquí.
-Alexei.- musitó suavemente Ángel. Alexei lloraba en silencio y se veía distraída, por lo que no respondió en un principio, hasta que Ángel la sacudió suavemente. - Tenemos que movernos de aquí.
-Sígueme, Ángel. En silencio. Yo los guiaré. Puedo llevarlos cerca de los autos para salir de aquí apenas Liria vuelva- los apresuró Misa.
Ángel asintió y tomó firmemente la mano de Alexei. Ella no dijo nada ni opuso resistencia, pero empezó a llorar un poco más fuerte.
-No, no…-susurró Ángel.- No llores. Tenemos que guardar silencio.
-¿De…de qué nos escondemos? ¡No entiendo!- respondió la chica en un susurro lleno de pánico. Había plantado los pies firmemente en el suelo, como si fueran las raíces de un árbol enorme y maduro.
-¡Apresúrala! Están más cerca. - exigió Misa. Ángel abrió los labios para responderle con un desesperado "¡Ya lo sé!" pero tras echar un vistazo a Alexei, alterada a más no poder, se lo pensó mejor y haciendo uso de una buena dosis de autocontrol, asintió en silencio.
-Sólo confía en mí, ¿sí? Te lo explicaré cuando estemos a salvo. - contestó a Alexei, mirando a Misa de soslayo, quien le hizo una seña con la mano y se echó a volar lentamente por la oscuridad.
-¡No!- chilló Alexei. Ángel la miró inmediatamente, agitado, exigiéndole silencio agresivamente y Alexei se puso una mano sobre los labios. Pero la retiró casi de inmediato, como si el contacto con su propia piel quemara con el ardor de mil hogueras. Miró con los ojos abiertos de par en par a Ángel, y por un instante el chico detectó por su rostro la actitud y el carácter fuerte de Alexei, la antigua Alexei. Pero esa impresión fue tan rápida como una estrella fugaz que cruza el cielo rápidamente, a una velocidad tan alta que es imposible pedirle un deseo. La impresión desapareció y el rostro de Alexei volvió a ensombrecerse. Ángel tuvo una idea alocada, y sin tomarse el tiempo de meditar si le convenía ejecutarla o no, se quedó sin remedio y habló:
-Escucha, y escucha bien: tenemos que movernos o nos matarán. ¿Entiendes? Ellos quieren matarnos. ¿Sabes por qué? Porque nosotros somos diferentes. Porque luchamos por un mundo mejor. A ellos no les conviene un mundo mejor. Si no te mueves, ellos nos encontrarán y no dudarán ni un segundo en destrozarnos los cráneos. No les va a importar que seamos tan jóvenes, ni les importará que seas una chica: a ellos no les importa nada, porque han perdido el juicio. Por favor, Alexei, vámonos… necesitamos irnos.
Guardó silencio. Sentía la presencia de Misa detrás de él, impaciente. La shinigami estaba tan desesperada que el chico podía sentir el sentimiento como si fuera un tipo de energía abrasadora que se desprendiera de Misa. Él mismo estaba enloqueciendo. La antigua Alexei hubiera reaccionado tan rápidamente e hubiera ideado un plan perfecto en un par de minutos. La nueva Alexei era tan útil como un pesado saco de patatas.
Había esperado que Alexei reaccionara con su pequeño y desesperado discurso, pero se había equivocado. Alexei sollozaba, mientras miraba a sus zapatos. Ángel perdió la paciencia y sin poder controlarse, aferró el brazo de Alexei con fuerza y tiró de él.
-¡Muévete!- le instó, al tiempo que volvía a tirar salvajemente. Era consciente de que estaba haciendo daño y que probablemente el brazo de Alexei quedaría lleno de moretones, pero no le importó: funcionaba. Alexei reaccionó ante el uso de la fuerza mucho más de lo que había reaccionado a las palabras. Parecía una mula tonta que sólo se echaba andar hasta que el granjero le pegaba una buena patada. La chica empezó a moverse, primero con pasos titubeantes, y posteriormente, corría a la par del triunfante Ángel por el bosque de Wammy.
-Derecha. Por este lado. En silencio.- le indicaba Misa entre la oscuridad. Ahora Ángel podía escucharlas: voces. No tenía un oído tan agudo para entender lo que decían, pero sabía que había un buen grupo de gente alterada en el bosque. Su corazón estaba enloquecido y latía salvajemente en su pecho, ahora manchado de sudor frío. Jamás el Bosque de Wammy se le había antojado tan largo.
De pronto, la presencia fría de Light apareció. Incluso Alexei la notó, pues Ángel sintió cómo ésta se estremecía bruscamente para posteriormente ponerse tensa, como si supiera que estaba en peligro por lo que tenía que estar lista para defenderse como pudiese.
-Liria tiene las llaves.- dijo solamente, sin ningún saludo. Ángel asintió y Misa preguntó por él la duda que tenía.
-¿Y dónde está él?
-Fue a su habitación por la computadora. Lo he dejado solo un instante para venir a avisarles que todo va de acuerdo al plan. Debo volver ahora.
-Hay gente en el bosque.- dijo Misa, mirando preocupada a Light.- Los están buscando. Liria tiene que apresurarse. Izquierda, Ángel, por ese sendero entre los arbustos.
Ángel obedeció y giró a la izquierda, sin dejar de tirar de Alexei. Él tenía el ceño fruncido. ¿Cuánto faltaba para llegar a los autos? Cómo respondiendo a su pregunta, Misa se detuvo súbitamente. Ángel y Alexei hicieron lo mismo, la chica sin tener la menor idea de por qué se detenían.
-Es aquí. - la shinigami señaló con un huesudo dedo índice unas formas difusas que se dejaban entrever entre la maleza del bosque y la oscuridad. - Pero la gente sigue en los bosques. No tardarán en llegar.
Light desapareció sin decir palabra alguna. No hubo necesidad. Misa y Ángel ya sabían a dónde se dirigía.
-Silencio, Alexei.- dijo Ángel.
Mientras tanto, Liria en su habitación se apresuraba a enviar un mensaje desde su computadora. Un último mensaje desesperado, mientras rezaba aterrorizado porque el Monstruito no llegara y lo encontrara con las manos en la masa. Había corrido el riesgo porque tenía que hacerlo. Porque tenía que salvarlos, o al menos intentar salvarlos.
Presionó la tecla "Enter" y su mensaje se envió directamente al correo electrónico de Wallace. Con un poco de suerte, el viejo director estaría cargando con su teléfono móvil y recibiría el mensaje. Con un poco de suerte, con un poco de suerte, con un poco de suerte…
Cerró su computadora portátil al mismo tiempo que el Monstruito aparecía en la habitación. El shinigami encontró a Liria agitado y tembloroso, respirando violentamente y con el rostro empapado de sudor y lágrimas. Light no hizo preguntas, no había tiempo para ello, pero Liria supo que la diabólica criatura sabía lo que él había hecho. Y jamás lo olvidaría.
-Apresúrate, geniecillo de mierda. - Dijo Light fríamente, mirándolo con repugnancia.- Sería más fácil abandonarte y dejarte morir con el resto de éstos estúpidos, pero no es el momento. Aún nos puedes servir de algo.
Liria se puso de pie y se enderezó, temblando, con la computadora en las manos pálidas.
-Si fueras más inteligente, como Alexei, podríamos hacer unos trucos geniales que nos evitarían tantas molestias…- comentó el Monstruito. Suspiró dramáticamente.- Near ha enviado gente a buscar a Ángel. Están repartidos por todo el orfanato. Sigue mis instrucciones claramente.
Liria asintió. Pero el Monstruito no le dio más indicaciones.
-¿Cómo vamos a salir de aquí? ¡El equipo de Near me verá apenas intente cruzar el jardín!- susurró Liria. Pero Light le dirigió una sonrisa torcida, y señaló con una seca cabezada a la computadora en manos de Liria.
-Lo que hiciste es en vano.- respondió Light. Su sonrisa se agrandó.- Este plan no tiene fallos. - Cómo Liria tenía pinta de no entender nada, Light soltó una carcajada antes de continuar.- Mucha gente confió en Gelsu. Confiaron tanto en él que le otorgaron el honor de conocer su nombre verdadero. En este momento, en el comedor, un alumno causará el pánico entre los demás. Gritará cosas espeluznantes antes de morir de un ataque en el corazón. La crisis de pánico será tu oportunidad para andar por los jardines con el resto de los histéricos alumnos.
Liria lo miró horrorizado, y un solo pensamiento apareció en su mente: ¿Quién?
-Tiene…tiene que ser una broma…-tartamudeó Liria, palideciendo. Light le lanzó una mirada divertida, y liberó una pequeña y cruel carcajada cuyo único efecto fue que Liria se diera cuenta de que el Monstruito hablaba en serio.
-Ya somos un poco mayores para las bromas, ¿no?
Y justo en ese momento, tal y como Liria había deseado que sucediese, el teléfono móvil de Wallace emitió un pitido. El hombre, temiendo que el nuevo mensaje recibido trajera malas noticias, metió rápidamente la mano en el bolsillo derecho de su pantalón y extrajo el móvil. Jo le lanzó una preocupante mirada significativa. Wallace le apretó suavemente el hombre a la mujer para tranquilizarla, pero lo cierto es que a él mismo le temblaban un poco las rodillas.
-¿Qué es? ¿Los encontraron? - preguntó Jo, una vez que la luz de la pantalla del teléfono iluminara la cansada cara de Wallace. El hombre había palidecido de golpe, sus ojos estaban abiertos de par en par. El viejo soltó entre dientes una fuerte palabrota, y no se tomó la molestia de disculparse por su lenguaje frente a Jo, quien mecía a su nieto nerviosamente.
Wallace levantó la vista hacia sus alumnos. Charlaban en voz baja y aparentaban estar bastante tranquilos, pero el viejo director sabía que no era así. Bajo los rostros serenos y las voces calmadas, Wallace veía unos ojos llenos de miedo. Veía a unos niños intentando actuar como adultos. Veía a unas criaturas indefensas que tenía que proteger a como diera lugar, sacrificando su propia vida si era necesario.
-Tenemos…tenemos que irnos de aquí, Jo.- susurró Wallace. Miró el rostro estupefacto de la mujer con tristeza. Aún sostenía el teléfono con una mano pálida y temblorosa.
-Pero… ¿por…? - comenzó Jo. Wallace la interrumpió.
-Tenemos que irnos. Todos. - y señaló con una cabezada temblorosa a los alumnos. Pero éstos tenían su atención fija en algo más.
Zazir, sentada entre sus dos hermanas, susurraba algo entre dientes. Hablaba en voz tan baja que hasta sus hermanas se tenían que acercar a ella para entenderle. La chica movía los labios rápidamente, pero Wallace entendió cada una de las palabras que la chica pronunciaba. Era una oración muy conocida: Zazir rezaba, con la mirada perdida en un punto distante, el rostro pálido, las manos convertidas en unos puños salvajemente apretados. Movía los labios de una manera casi mecánica, como si fuera un tipo de robot.
Tasri miró al señor Wallace espantada, casi exigiéndole una respuesta del extraño comportamiento de su hermana, mientras Rety le pasaba un brazo por los hombros a Zazir y la sacudía levemente. Tras cruzar una mirada con Jo, Wallace avanzó fugazmente hacia las tres hermanas, haciéndose paso entre el montón de alumnos curiosos y asustados.
-¿Qué le pasa?- preguntó Tasri, sus ojos estaban anegados de lágrimas. Zazir seguía rezando, su voz sonaba monótona, vacía de sentimientos.
-Zazir…Zazir…-titubeó el señor Wallace, sacudiendo a la chica por los hombros. Ella no reaccionó. La mirada de la chica seguía perdida, a pesar de que el señor Wallace se esforzaba por hacer contacto visual con ella.
-Abran paso, déjenme verla.- pidió Jo. Pero su petición fue ignorada olímpicamente.- ¡Abran paso, he dicho!
Zazir guardó silencio de pronto, terminando su oración con un apasionado "Amén". Sus ojos, aún perdidos en algún lugar muy lejano, los miraron a todos con una expresión imposible de definir, una mezcla de terror y locura. Tasri rompió en llanto.
-El Hassassin quiere que les trasmita un último mensaje. - dijo Zazir, sorpresivamente. Estaba seria, más seria de lo que había estado en toda su vida. - Y me ha escogido a mí como su mensajera. Para mí es un honor servirle.
Nadie habló. No hubo reacción alguna. Aquellas palabras habían paralizado a todos de terror. En la mente de Wallace, vagaba el mensaje que había recibido hacía tan sólo unos momentos. La información de aquel mensaje pesaba con la cruz más enorme del universo.
-En poco menos de media hora, Corea del Norte dirigirá un ataque sorpresa a Gran Bretaña. - Continúo Zazir.- Ese ataque está dirigido a esta región y a sus alrededores. Consistirá en un bombardeo que el líder coreano planeó hace unos momentos, antes de morir sorpresivamente en manos de uno de sus allegados más confiables. Éste allegado afirmó ser un espía bajo el servicio de Gran Bretaña.
-El Hassassin ha decidido salvarlos: los considera seres nobles. Y me ha usado a mí para avisarles que tienen que huir del Orfanato Wammy lo más rápidamente posible. No hay tiempo de ir por sus pertenencias: tienen que apresurarse o no lograrán escapar a tiempo. El Hassassin está intentado darles más tiempo, pero no es sencillo, por lo que deben de salir ahora mismo. Todos.
-Zazir…-murmuró Wallace. La chica lo ignoró.
-Moriré honorablemente, al servicio de mi Dios, el Hassassin. Moriré en paz sabiendo que he muerto para salvarlos. Hagan honor ustedes a mi muerte, y sálvense, entonces. Sálvense y luchen por un mundo mejor. Un mundo sin guerras. Un mundo dónde cada día no tengan que perder a una alumna, una hija, una amiga o una hermana.- Zazir apretó la mano de Tasri y Rety. - Los amo con todo mi corazón. ¡Larga vida al Hassassin! -exclamó, en un grito lleno de energía, un grito lleno de vida. Sonreía. Zazir sonreía cuando se puso de pie. Pero entonces, su sonrisa se transformó en una mueca de dolor. La chica se puso una mano en el pecho, justo por encima del corazón y apretó con fuerza.
Tasri gritó y se levantó para atrapar a su hermana tambaleante. Pero Zazir cayó al suelo con un estrépito, y su cuerpo se agitó en violentas convulsiones. Sus ojos estaban en blanco, y su delgado cuerpo de jovencita se había convertido en el de una muñeca de trapo víctima de las energías de unos demonios traviesos y crueles. Así murió Zazir, de un violento ataque al corazón, aclamando el nombre de su asesino, el Hassassin. Así murió, aclamando el nombre del chico del que había estado enamorada y que ahora la traicionaba. Así murió, sin ser dueña de sí misma, otra víctima más de aquel maldito cuaderno negro.
Tuvo tiempo, un corto lapso donde su mente fue liberada de la esclavitud que la Death Note significaba, para pensar en sus hermanas. Tuvo tiempo para pensar en sus amigos. Tuvo tiempo para pensar en su querido Gelsu. Tuvo tiempo para entender que él la había matado. Lo entendió sin prueba alguna, tan sólo fue una idea loca en su último minuto de vida. Y murió así, con el corazón roto, traicionada, pero con la esperanza de su muerte, algún día, de alguna forma; sería vengada.
Mientras tanto, los estupefactos alumnos contemplaron el cuerpo inerte de Zazir. Fue Ed el primero que reaccionó, y se arrodilló ante ella. Tomó delicadamente su muñeca entre sus rasposas y enormes mano, y le buscó el pulso sin esperanza. Tasri y Rety se arrodillaron a su lado, expectantes. Nadie hablaba. Ed miró a Tasri y a sus ojos llenos de lágrimas, y negó con la cabeza.
-No hay pulso.- susurró.
De los labios de Tasri surgió un grito desgarrador. Rety la abrazó con fuerza. El resto no supo cómo reaccionar. Hacía poco habían llorado la muerte de otro compañero, Hec. E inmediatamente después, habían llorado por Toasen. ¿Deberían también llorar por Zazir, o limitarse a permanecer ajenos al acontecimiento y al dolor que éste significaba? Quizás la solución a su dolor, y al dolor que venía, según las últimas declaraciones de Zazir; era mantenerse conformistas, cruzarse de manos y dejar que los suyos murieran uno tras otro, sin hacer nada por evitarlo. Después de todo, cuando las personas morían tan seguido, uno debía de terminar acostumbrándose a las pérdidas. Quizás no debían llorar, y simplemente tendrían que continuar, sin detenerse a pensar en la ausencia de Zazir. Quizás.
Wallace fue el primero en reaccionar, probablemente porque él era el único que conocía la importancia de las palabras de Zazir. Aún sostenía el móvil en su mano, tan fuerte que se había hecho daño. La pantalla brillante del aparato mostraba el mensaje que Wallace había recibido:
"Señor Wallace: tienen que evacuar el orfanato lo más rápido que puedan. Gran Bretaña recibirá un bombardeo en poco tiempo, y el ataque estará destinado a esta región. No me pregunte como lo sé, pero tiene que confiar en mí: estoy diciéndole la verdad. Lo siento mucho. Gracias por todo. Atte. Liria"
-Tenemos que salir de aquí.- dijo Wallace. Su voz sonó firme, a pesar de que estaba muerto de miedo. Todas las miradas se giraron instantáneamente hacia él. - Todos diríjanse en orden hacia los automóviles. Con calma. Jo y yo iremos a mi oficina por las llaves. Saldremos de aquí lo más pronto que podamos.
-¿¡Y Zazir?!- rugió Tasri, abalanzándose sobre el cuerpo muerto de su hermana. Wallace, preocupado, se acarició la barbilla y le lanzó a Tasri una mirada suplicante. - ¡No la puedo dejar aquí!
-Tasri…sé que esto es difícil, pero…tenemos que irnos de aquí.- se excusó, encogiéndose ligeramente de los hombros.
-¡No podemos abandonarla!- exclamó Rety.
-Señor Wallace... ¿de verdad cree que Corea atacará esta región, esta misma noche? - preguntó escépticamente Oger. En otra situación más tranquila, todos se hubieran sorprendido por el hecho de que el chico medio sordo y silencioso hubiera hablado. -Quiero decir… ¿cree que la información sea…fiable? ¿O es quizás sólo una trampa?
-¿A quién le importa si la información proviene de una fuente confiable o no? ¿A mí qué si viene de Wikipedia o de un libro de Einstein? ¡No podemos quedarnos aquí a comprobarlo por nosotros mismos!- comentó Cuer, agitado, sus ojos abiertos de par en par. - Al menos yo no pienso quedarme a comprobarlo. Hay que largarnos ahora. ¡Ahora mismo!
Hubo un montón de rumores histéricos de aprobación, pero otras personas permanecieron recelosas. Eran capaces de ser escépticos aún en momentos de pánico. Eran buenos científicos, Wallace los había preparado muy bien. Pero no tenían ni el más mínimo atisbo de instinto de supervivencia.
-Vamos a irnos, todos. - Espetó seriamente el señor Wallace, muy severo.- Nadie se va a quedar atrás. No me importa si la fuente es confiable o no. Nos vamos.
-¿Y sí es una trampa?- insistió Oger. - ¿Y si el Hassassin espera que salgamos de aquí? ¿Y si eso es lo que quiere? ¡Moriremos todos si caemos en su trampa!
Más murmullos. Las hermanas Ri seguían sollozando, abrazadas al cadáver de Zazir, en el suelo, ajenas a la conversación y a las decisiones fundamentales que se estaban tomando en ella. Wallace estaba desesperado. Tenía que sacar a sus alumnos en ese mismo instante o no tendrían tiempo suficiente para esperar. Pero si no todos querían salir… ¿qué podía hacer? ¿Abandonar a los escépticos y dejarlos morir? Le era imposible: los amaba. A todos y cada uno de ellos.
Frunciendo el ceño, tomó una decisión. Miró a Jo, cuyo rostro estaba pálido como la nieve, meciendo ahora con nerviosa brusquedad a su nieto Sid. Aspiró una gran bocanada de aire antes de armarse de valor y hablar.
-Jo, quiero que vayas a mi oficina y tomes todas las llaves. Después, dirígete a los autos y espera ahí. Los que quieran evacuar el orfanato sigan a Jo. Los que no, quédense aquí. Yo me quedaré con ustedes.
-Wallace…-murmuró Jo. Pero él le pidió silencio amablemente.
-Intentaré convencer a estos muchachos insensatos, Jo.- después, se agachó y depositó un suave y cariñoso beso en la frente de Jo y otro en la mejilla de Sid. Los ojos de la mujer se anegaron de lágrimas. - Ten mucho cuidado.
-Eres un hombre valiente. - afirmó Jo. Y sin decir otra palabra, salió de la habitación con Sid en brazos. Entonces Wallace se volvió hacia sus alumnos, para percatarse de que el pánico ya había empezado a brotar. Algunos alumnos lloraban, y otros estaban inquietos y mantenían sus ojos fijos en las puertas de salida, desesperados por salir. Los más escépticos miraban a Wallace con las cejas enarcadas. Wallace les devolvió una severa mirada.
-Los que deseen irse, pueden retirarse ahora. Diríjanse hacia los autos, por favor.
Hubo un nuevo alboroto, y una avalancha de alumnos se dirigió como una salvaje estampida hacia las puertas, sin despedirse, sin dar las gracias a nadie o el pésame a las hermanas Ri. Huyeron y se perdieron en la oscuridad, creando así, el ambiente perfecto para el camuflaje de Liria. Cuando el Monstruito se lo indicó, el chico salió de su habitación y se unió al resto de sus aterrorizados compañeros. Nadie le hizo preguntas. Todos estaban demasiado preocupados en salvarse como para prestarle atención.
A Liria le era difícil reconocer a sus compañeros en aquellas personas atemorizadas, que corrían, se empujaban y estrellaban unas contra otras, sin control, sin el menor atisbo de la inteligencia de la que tanto presumían. Aquellos rostros deformados por el terror no podían ser las personas con las que Liria había convivido toda su vida.
El Monstruito, volando detrás de él, reía: se divertía como nunca antes. Liria detectaba que entre sus compañeros había otra gente, gente que no había visto nunca. También estaban asustados, y parecían no tener una idea de lo que estaba sucediendo. Venían de los bosques, pero ¿quiénes eran? El chico sospechó, mientras se esforzaba por respirar, correr y pensar al mismo tiempo, que eran los miembros del equipo Near. Intentaban detener a los espantados huérfanos, pero éstos lograban esquivar sus bloqueos con agilidad. Se defendían con puñetazos, empujones, palabrotas y oraciones sin sentido, como "¡Nos vamos a morir todos!" que no hacían otra cosa que provocar el pánico. Liria se sentía atrapado en una manada de animales locos.
Finalmente, tras un minuto que a Liria se le antojó infinito, llegó a los autos. Las figuras de Ángel y Alexei aparecieron automáticamente desde las sombras, el primero tirando de la última. Liria sacó las llaves y las agitó en el aire, un gesto que simbolizaba el éxito del plan.
-¡Mierda, Liria! ¡Tardaste demasiado! - rugió Ángel, arrebatándole las llaves con furia. - Ayúdame a meterla en el auto.
Liria tomó el brazo de Alexei que quedaba libre, y ayudó a Ángel a empujarla hasta la doble cabina. Aunque Alexei oponía resistencia con todas sus fuerzas, la muchacha era débil y flacucha. No les fue difícil empujarla al interior de la doble cabina. Liria se sentó junto a ella y le sujetó las manos con fuerza. Miró de soslayo hacia atrás: un montón de personas se las acercaban deprisa.
-¡Apresúrate, Ángel! ¡Ya vienen! - gritó Misa, pero Ángel ya había subido al asiento de conductor. Insertó la llave en la ranura respectiva, y con el rugido furioso de los motores, se echaron a andar, dejando atrás al Orfanato Wammy y su gente, para siempre.
El resto de los acontecimientos se desarrollaron rápidamente, sin errores, sin retardos. Ángel pisó el pedal de aceleración a fondo. Por el espejo retrovisor vio algunas figuras siguiéndolos. Pero pronto, gracias a la oscuridad de la noche y la carretera que atravesaba el Bosque de Wammy, y a la velocidad de la doble cabina, los perdió y aquellas figuras no fueron más que recuerdos.
Alexei gritaba y lloraba. Se retorcía y luchaba por salir, estúpidamente, de la doble cabina. Ángel le gritó que se callara, y ella lo hizo, pero siguió llorando en silencio, hecha un ovillo, con las manos atrapadas por Liria.
En la oficina de Wallace, Jo notó que faltaban un par de llaves, pero dio por hecho que debían de estar en el bolsillo de Wallace. Así que se dirigió a los autos, dispuesta a salir del orfanato lo más pronto posible. Alumnos y miembros del equipo Near luchaban por subirse a los autos. El rumor del ataque al orfanato ya se había extendido. Jo veía a los que alguna vez habían sido sus listos alumnos empujándose por entrar a un auto, gritándose cosas horrendas los unos a los otros, luchando por sobrevivir. No los podía reconocer, o más bien, no quería reconocerlos.
Pocos alumnos se habían quedado con Wallace, entre ellos las hermanas Ri, Oger y Ed, éste último con la esperanza de encontrarse con Alexei. Wallace les habló serenamente a sus alumnos, les explicó de manera fugaz los motivos por los cuales debían de dirigirse a algún auto, les mostró el mensaje de Liria, les dio mil razones para seguir el sentido común y sobrevivir. Pero tan sólo logró convencer a un par de alumnos, que terminaron huyendo en medio de la histeria de aquella habitación.
Entonces Wallace se acordó de Near, y sintiéndose terriblemente estúpido, llamó al chico para darle aviso del peligro inminente que los acechaba. Near lo escuchó en silencio, y al final solamente respondió con un seco e inexpresivo "De acuerdo" antes de colgar. Wallace nunca supo si el chico intentó escapar. Jamás supo si N sobrevivió a aquella noche. Para Wallace no hubo un mañana.
El zumbido de los aviones llegó más rápido de lo que esperaban. Llegó en el preciso momento en que Wallace, con la ayuda de Rety y Ed, transportaba el cadáver de Zazir hacia los autos. En el cielo aparecieron en la lejanía cientos de luces, y el estruendo de los diabólicos motores de los aviones le recordó a Wallace al gruñido de una bestia. Era demasiado tarde para salvarse.
Wallace creyó escuchar una campana sonando a lo lejos. Había llegado la hora de morir.
Jamás supo cuanta gente pudo salvarse aquella noche: Wallace, por su parte, no lo hizo. Murió envuelto en llamas, sangre, lágrimas y gritos de terror, rodeado del estruendo terrible del ataque: el zumbido de los aviones, los gritos de dolor, el chisporroteo de las llamas, las explosiones, los disparos. Murió creyendo que Alexei y Ángel eran inocentes: ninguno de los dos era el Hassassin a sus ojos. El ataque fue determinante: del Orfanato Wammy y su bosque no quedaron más que cenizas, y de Wallace no quedó más que un recuerdo. De las víctimas no quedaron más que cuerpos carbonizados y almas deseosas de venganza.
Ángel, por su parte, si logró salvarse. Ya estaban muy lejos del Orfanato Wammy cuando los estruendos, aún audibles a pesar de la distancia, aparecieron. Alexei seguía llorando, Liria le daba una torpes palmaditas de consuelo en la espalda. El rostro del Hassassin no tenía ninguna expresión: sus ojos eran fríos, sus labios una fina y apretada línea. Lo que sintiera en ese momento, si es que sentía algo, era indescifrable.
-Bien hecho, Ángel.- dijo Light. Ángel no lo veía, tan sólo escuchaba su voz fría. Escuchó un sollozo a su lado. Misa también lloraba, pero sin lágrimas. - Este es el comienzo de un Nuevo Orden.
Ángel no respondió. No se sentía con los ánimos para responder. No se sentía con ánimos para nada.
Por el espejo retrovisor, vio a Alexei. Sus mejillas estaban empapadas de lágrimas. Pero sus ojos tenían un brillo distinto. Un brillo casi opaco, casi muerto, casi apagado; pero ahí estaba ese brillo. Al Hassassin aquel brillo le recordó a la antigua Alexei y a su verdadera mirada. Una parte de él creyó que debía de preocuparse. Pero esa parte era muy pequeña e insignificante. Ignoró a su corazonada, y no le dio más importancia.
Comenzó a llover. Era una lluvia triste y gris. Era adecuada: venían tiempos tristes y grises. Misa comenzó a tararear una melodía. La letra se le antojó a Ángel perfectamente adecuada:
Ten cuidado, Dios te observa. No te ahogues en un oscuro callejón. Aunque camines solo, él siempre te encontrará…
Por todo el mundo, la tragedia del Orfanato Wammy era el tema de conversación número uno. Gracias a los medios de comunicación, la triste noticia se extendió a gran velocidad. Países enteros lamentaron la desgracia. Estaban sorprendidos por el súbito cambio del destino que todos habían previsto: la misteriosa y alocada entrada de Gran Bretaña a la guerra, la muerte del líder coreano. Un par de días después, los medios pudieron anunciar el sorpresivo y lamentable suicidio del primer ministro de Gran Bretaña. Pocos fueron los que pudieron relacionar estos tres hechos con la aparición del supuesto Nuevo Kira, pero aquellas ingeniosas personas sólo hicieron suposiciones. Nunca hablaron de sus dichosas suposiciones con nadie, por temor a que se les tacharán de locos conspiracioncitas.
Él lo sabe, cuéntale tus pecados. Díselo, aunque no conoce tu rostro… ¿Pero qué estoy haciendo, si las puertas del cielo están cerradas para mí?
El Dios del Nuevo Mundo sonrió, triunfante.
Suicidio es una causa valida de muerte. Básicamente todos los humanos poseen pensamientos sobre el suicidio, por lo que no puede considerarse impensable para la víctima.
¡Hola otra vez!
Hemos llegado al final de lo que se podría llamar la "primera parte" o "primera etapa" de la historia. Espero les haya gustado. Por mi parte, disfrute muchísimo escribir esto. Esta historia tiene un no-sé-qué que me encanta y me hace ser constante. No me pasa con todas las historias, así que esta de alguna forma es especial :3
Lo que viene, he de serles sincera, no lo tengo muy claro. Tengo una idea vaga de los primeros capítulos de la primera parte, y tengo ya definido el final. No tengo idea de cómo llegaré al final que ya planeé. Será momento de quebrarme la cabeza un rato :P Afortunadamente, seré libre por los próximos tres meses (¡hurra!) así que tendré tiempo de sobra para imaginarme qué seguirá :P
Espero que les haya gustado este largo capítulo. Sé que aún me falta bastante en cuestiones de habilidades literarias, pero les aseguro que me he esforzado un montón.
Espero verlos pronto ;) Saludos y gracias.