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Almas Gemelas — capítulo 10
El beso los pilló a ambos desprevenidos.
Por unos momentos, Tom sintió el embriagador aroma de Alexandra en todo su ser. Olía a una mezcla entre jazmín y vainilla. Era agradable. Perdió la noción del tiempo y la razón del porqué estaban haciendo eso. Sentía algo similar a un cosquilleo que iba a través de su estómago.
Alexandra no podía hacer nada para apartarse de él, estaba arrinconada. Sentía que Tom transmitía con sus labios una frialdad profunda. Nunca había estado más confundida y a la vez más emocionada. Un ligero rubor teñía sus mejillas.
De pronto, algo en el interior de Tom empezó a agonizar. Era esa oscuridad que le envolvía y que con esta extraña situación se ahogaba. Esa siniestra parte de él amenazaba con salir a la luz, quería tomar el control. Ese trozo de su alma no soportaba el contacto con otras personas ni soportaba esa sensación tan rara.
El dolor empezó a ser tan intenso que Tom no tuvo más remedio que retirar sus fríos labios de Alexandra y retroceder unos pasos.
Resultó un gran alivio para Alexandra tener espacio para poder pensar claramente. Aunque no lo conseguía. "¿Qué ha sucedido?" se preguntaba a sí misma. Su corazón latía con muchísima fuerza y respiraba entrecortadamente. No se atrevió a mirar al chico a la cara. Estaba avergonzada a pesar de que ella no había sido la que había empezado.
Por su parte, Tom estaba mareado y desconcertado. Intentó respirar hondo varias veces para recuperar la cordura. ¿Que había pasado?
Se empeño en recordar...y lo comprendió todo. La oscuridad empezó a dominarlo de nuevo y apartar las emociones que le llenaban hasta hace un segundo. "Ese maldito unicornio..." pensó con furia. Le había humillado delante de la chica más tonta existía en toda Hogwarts. Descubrió que sus mejillas todavía estaban ardiendo de aquel beso. Sin embargo, no había ni rastro de aquel unicornio "simpático".
Miró a la joven, odiándola más que nunca, a pesar de que ella no tenía la culpa de nada.
Alexandra, ya ún poco más calmada, fue la primera en hablar.
- ¿A esto te referías cuando me decías que yo no sabía que cosas eras capaz de hacer?
Intentó que sonara irónico pero apenas se notó. Su voz temblaba y estaba muy nerviosa. Al fin y al cabo, era la primera vez que alguien la besaba. Aún estaba transtornada por la frescura de aquel muchacho.
El rostro de Tom se hizo totalmente impenetrable e inmóvil. Ahora no transmitía sentimiento alguno.
Se alejó de ella unos pasos más, por precaución. Clavó su mirada gris y congelada en esos ojos ,azules como el mar. Alexandra aprovechó su retrodecimiento para poder moverse a un lugar más espacioso , donde no pudiera rodearla.
- No me toques. Nunca jamás.
La voz de Tom había sonado totalmente siniestra. Alexandra procuró recuperar aquella soltura y fortaleza que suele tener cuando va a discutir con alguien.
- Perdona, pero has sido tú el que te has abalanzado sobre mí sin dejarme opción alguna para...
Tom le interrumpió bruscamente.
- Tu querido unicornio me empujó, asi que no discutas conmigo , sino con él.
Alexandra no podía creerse lo que estaba oyendo.
- ¡Eres tú el que me acaba de echar toda la culpa de lo que ha pasado!
Al decir "lo que ha pasado" la chica tuvo una extraña sensación. ¿Cómo podían hablar con tanta naturalidad de toda la situacion en la que estaban hace un momento?
Tom contuvo sus ganas de gritar. Estaba tan frustrado que le costaba mantener esa cara impasible y era algo a lo que no estaba acostumbrado. Su mirada se endureció´.
- Simplemente no me toques.
Alexandra sintió que un escalofrío le recorría la espalda. Tom había dicho eso con frialdad. Eso no era nuevo, pero lo que si lo era es que nunca había escuchado ese tono de voz en su vida. Era más frío que nunca, como si no fuera él mismo. Su voz era susurrante y a la vez se podía notar perfectamente la amenaza.
No se puede describir con palabras lo que le pasaba por dentro a Tom. Simplemente no se puede. Su interior era como un torbellino de confusión, emoción, dolor, oscuridad, humillación, odio...Y un sentimiento más pero no sabía si existía nombre para eso.
Alexandra quiso caminar para poder irse pero, por alguna extraña razón, sus piernas no respondían. Su mente estaba bloqueada, sus pensamientos iban de un lado de su cerebro hacia el otro sin sentido alguno. Su cabeza le daba vueltas, le empezó a doler bastante.
Se cayó y perdió el sentido.
Tom se quedó estupefacto. "No puede ser que esto le haya afectado tanto, ¿ahora se supone que debo llevarla a la enfermería?"
Decidió que no tenía mas remedio, aunque esperaba que aquel golpe hubiera hecho que la muchacha lo olvidara todo. Sería todo más fácil.
Dudaba. No quería cogerla en brazos, era lo que le faltaba para rematar el día.
Aún así lo hizo, cuidándose de no tocar su piel. No podría volver a soportar aquel dolor sin razón que le invadió al besarla.
Alexandra estaba extremádamente pálida y blanca como la cera.
Era de noche. Con un poco de suerte, nadie le vería.
Se adentró en el castillo, abandonando aquel bosque tan peculiar y sombrío.
Se encaminó a la enfermería, rogando interiormente que no hubiera ni un alma por allí.
Tuvo suerte, estaba vacía y por el camino no se había cruzado con nadie.
Depositó a Alexandra en una de las camas con suavidad. La observó durante un buen rato. No parecía encontrarse mejor. Recordó el desconcertante momento que había vivido. Se estremeció sólo de pensar que había compartido un momento tan intimo con alguien. Era algo raro para él. Una cosa estaba clara: una parte importante de su ser se había rebelado contra ello.
Suspiró con profunda resignación y salió de la enfermería.
No quería volver a pasar por esa humillación y esa agonización otra vez....¿O tal vez sí?