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Almas Gemelas — capítulo 11
Alexandra sintió la luz del día atravesando sus parpádos. Intentó abrir los ojos pero no pudo. Sentía su cuerpo pesado y cansado. La cabeza le daba vueltas y tenía unas ligeras ganas de vomitar. Estaba totalmente confundida y no tenía fuerzas ni para pensar.
Pudo oír unos pasos y la voz de una mujer hablando con otro hombre. Reconoció las voces. Eran las del director Dippet y las de la enfermera.. Parecían estar discutiendo por sus tonos acalorados y altos.
No pudo escuchar lo que decían, aunque oyó su nombre en la conversación.
Por fin, abrió sus ojos azules. Lo único que veía era figuras borrosas que poco a poco iban aclarándose. Parpadeó unas cuantas veces seguidas. Distinguió imágenes más fijas. Estaba en la enfermería. No tenía ni la más remota idea de cómo había llegado hasta allí.
Trató incorporarse con suavidad. Le dolía todo, especialmente la cabeza. Creía que el cerebro le iba a estallar.
-Ya te has despertado. Creí que no lo harías en todo el día.
La voz de la enfermera la sobresaltó, haciendo que casi se cayera de la cama.
-Ten más cuidado - le reprochó la mujer con el ceño fruncido- No quiero que te vuelva a subir la fiebre.
Alexandra se pasó la mano por su sudorosa. Era cierto, aún estaba algo templada. La enfermera le trajo un vaso de agua. Se lo bebió de un solo trago, calmando su sed y enfrienado un poco la calor que recorría su cuerpo.
Ahora que estaba algo más despejada, las preguntas se amontonaban en su mente.
-¿Qué hago aqui?
La enfermera, que estaba ocupada con otro paciente, se acercó nuevamente a ella, visiblemente molesta.
-¿No te lo he dicho ya? Tenías mucha fiebre. Además, estabas desmayada. No tengo ni idea de cómo conseguiste llegar aquí. Solo sé que esta mañana te encontré en la cama, totalmente pálida. Tendrás que pasar toda la mañana en la enfermería pero por la tarde te podrás ir. Esto es todo lo que te puedo decir, asi que no me hagas más preguntas y dejáme trabajar.
Alexandra asintió, tumbándose de nuevo. Total, si iba a pasar toda la mañana en ese sitio, mejor estar cómoda.
En otras circunstancias, habría discutido con la enfermera hasta hartarse, pero no tenía fuerzas para eso.
Pensó en cómo demonios había llegado hasta la enfermería.
Recordó que estaba acariciando al primer unicornio que había visto en su vida.
Recordó una discusión con alguien: Tom Riddle. "Como no" pensó sarcásticamente. Intentó recuperar más recuerdos, para tratar de encajar la situación.
Entonces, un recuerdo le atrevesó como un cuchillo a través de su alma. Se estremeció con inquietud. Un beso...No con cualquiera, sino con Riddle.
"No puede ser...Es imposible...Y menos con él..."
El corazón le empezó a latir alocadamente y un ligero rubor tiñó sus mejillas. Sintió calor al rememorar su aroma misterioso y frío, sus húmedos labios que se unían con los suyos...
Su mente empezó a adormecerse...
- Vaya, te ha entrado otra vez la fiebre. Te dije que tuvieras cuidado- le regañó la enfermera, sobresaltandola otra vez.
-Lo siento...- susurró la chica cerrando lentamente los ojos.
La enfermera suspiró y se regresó a su trabajo.
Alexandra estaba totalmente desconcertada. "Ha debido de ser un sueño, es imposible que yo me haya besado con ese idiota"
Sin embargo, lo recordaba todo con demasiada claridad para tratarse de un sueño.
La enfermera salió de la habitación al cabo de una hora, con lo cual Alexandra se quedó sola.
De repente, pudo ver una silueta escondida detrás de la puerta de la enfermería.
-¿Quién eres?- soltó Alexandra a bocajarro.
La figura desapareció repentinamente. La chica escuchó unos pasos alejarse corriendo.
No supo porqué pero sabía quién era. Tenía una corazonada. Tampoco supo la razón de que ahora se sintiera mejor.
La enfermera regresó y le confirmó que podía irse, ya que la fiebre le había bajado y estaba estabilizada.
Alexandra salió de la enfermería, contenta de poder moverse con más libertad.
-Tenemos que hablar y lo sabes- dijo una suave voz cerca de ella.
Se dio media vuelta y se encontró cara a cara con Tom Riddle.
Por fin Alexandra sabría si había sido un sueño o no...
Aunque no sabía si eso era bueno o malo.
Se cruzó de brazos, esperando a que Tom hablara.
- Es sobre lo de ayer.
Alexandra empezó a temblar involuntariamente. ¿Había sido todo real?
No se atrevió a articular ninguna palabra.
Tom la miró exasperado y frustrado.
-Veo que lo recuerdas, pues bien, no digas nada a nadie, pues te las verás conmigo. Y no pienses cosas raras. Tu no me gustas, todo lo contrario y se que yo no te gusto a ti. Por lo tanto, si es posible no divulgar rumores por el colegio, mejor. ¿Lo has entendido?
Alexandra emitió un susurro casi inaudible.
-Si...Tampoco digas tu nada...
-¿Para qué lo haría? ¿Para que se rían de mí? Estás mal de la cabeza.
En esto último, Tom tenía algo de razón, ya que Alexandra aún tenía algo de fiebre y se sentía extrañamente débil.
Se giró y se dirigió como pudo a su sala común, dejándo a Tom con la palabra en la boca.
No quería pensar en lo que sucedió el día anterior...Y sin embargo, lo hacía.
No podía evitarlo. Aquello había dejado una huella en su interior.