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Almas Gemelas — capítulo 12

Alexandra cumplió con su palabra y no le contó lo ocurrido a nadie, ni siquiera a su mejor amigo Erik. Este no tenía ni un pelo de tonto. Sabía que algo le había pasado a Alexandra porque se comportaba de una forma poco habitual en ella. Nunca hablaban de tema pero se notaba mucho que Alexandra no confiaba tanto en él como antes. "Da igual, tarde o temprano lo averiguaré" pensaba Erik cada vez que Alexandra le miraba como si estuviera ausente.

Tom tampoco dijo nada  a nadie aunque nadie encontró anormal su actitud,que él demostró ser desconfiado e introvertido desde el principio. Más de uno se percató de que estaba menos hablador que de costumbre pero lo atribuían al hecho de que se acercaban los exámenes finales.

Así es como los  veían desde fuera...Sin embargo, ¿cómo se sentían ellos despues de esa situación tan embarazosa y confusa?

Alexandra intentaba olvidar lo que había pasado, pero a cada segundo los recuerdos se agolpaban en su cabeza. No quería pensar ni sacar conclusiones precipitadas. Simplemente se ensimismaba en su propio mundo y se dejaba llevar. No tenía ni idea de porqué lo hacía pero ya no podía concentrarse en clase y apenas echaba cuenta a lo que sucedía a su alrededor. Sólo quería dormir y arrastrarse por su sueños...Su cerebro le gritaba que debía de volver a la realidad, que se acercaban los exámenes y tenía que estudiar. No podía hacer caso a su mente...Algo se lo impedía, a pesar de que no sabía el qué.

El dilema de Tom era mucho más complicado. Para empezar, él no perdió tiempo e intentó buscar en la biblioteca el origen del dolor que le hizo agonizar repentinamente despues de que Alexandra y él se tocaran. A pesar del empeño, no pudo encontrar nada que le explicara ese extraño suceso. Una parte de él se aliviaba , pues no creía que le gustara descubrir la causa del dolor. Sólo de recordarlo se estremecía todo su ser de miedo, aunque eso no lo admitiría nunca, ni siquiera a sí mismo. Evitaba a toda costa encontrarse con Alexandra, no estaba preparado para enfrentarse a su mirada de hielo. Se sentía humillado con lo ocurrido. Nunca había caído tan bajo, a su parecer. Nunca había permitido que le tocaran de esa manera y menos en un bosque. Todo esto le había hecho odiar profundamente a los unicornios, por muy hermosos que fueran. Para él eran seres malditos que no merecían ni la más mínima compasión.

Los dos jóvenes casi nunca se cruzaban, pero cuando lo hacían desviaban la mirada a otro lugar como si la persona que estuviera delante suya no existiera. Dsimulaban muy bien la indiferencia, sobre todo Tom pero ambos sabían que no podrían huir del tema eternamente.

Unos de esos días de incertidumbre, Alexandra se encontraba en la sala común de Ravenclaw junto a Erik y otra compañera más, llamada Liza. Estaban estudiando para el examen de Historia, o por lo menos lo intentaban. Como últimamente sucedía, Alexandra no pudo prestar atención al libro. Erik se dio cuenta de esto, mordiéndose el labio inferior con nerviosismo. La actitud de la chica le estaba empezando a sacar de quicio. Clavó sus ojos en los de ella, buscando alguna señal de reconocimiento porque, definitivamente, Alexandra estaba muy rara estos días. Sin embargo, la mirada de Alexandra parecía estar muy lejos de allí...

Erik cerró el libro de golpe, sobresaltándo a las dos chicas, que lo miraban interrogante. Empezó a hablar con un tono algo elevado. Estaba realmente molesto y frustrado.

  • Alexandra, sé que ocultas algo. Sabes que puedes confiar en mí y en Liza. Somos tus amigos, Alex, no estás sola. No te alejes de nosotros de esta forma...Estamos contigo en lo que sea, tan sólo confía. Por favor, es lo único que te pedimos.

Alexandra apartó sus ojos del libro y miró a Erik sorprendida. Este estaba aliviado de que por fin le echara cuenta Liza también cerró su libro bruscamente y se dirigió al chico:

-Deja de utilizar el plural, yo no he dicho nada. Es cierto que Alexandra está rara,pero tendrá sus motivos para no querer contarnos lo que le pasa. Yo sigo considerándola una amiga. Si vas a decir algo, dilo por ti.

Erik refunfuñó por lo bajo. No había contado con esto. Alexandra agradeció interiormente el apoyo de Liza. El muchacho insistió.

-Alex, yo me preocupo por ti. Si algo malo te ocurre, me gustaría saberlo. Sólo quiero ayudarte, entiéndeme. Además, hay exámenes y ni siquiera te concentras en lo que lees.

Alexandra se esforzó en volver a la realidad y recuperó su carácter de siempre.

-Erik, no te voy a negar que me ha ocurrido algo que ha hecho que me ha hecho reflexionar y me ha mantenido distraida. A pesar de esto, como bien dice Liza, yo tengo mis motivos para no contártelo.

El chico, sintiéndose muy dolido, le replicó con desgana:

-Está bien, ya veo que no confías en mi. Creí que éramos amigos, Alexandra.

La aludida negó con la cabeza, firme y con determinación. Poco a poco, iba volviéndo a ser ella misma.

-No es que no confíe en ti. Es que es un asunto que estoy tratando de olvidar pero gracias a ti, me lo estás recordando con esa actitud tan infantil.

Sus palabras habían sonado frías, aunque por dentro, ella misma sabía que lo que acababa de afirmar no era cierto. No quería hacer daño a Erik, pero no él no debía de enterarse de lo que le había pasado o le lastimaría más que ahora.

-No puedes rehuír esto siempre, Alex. Por casualidad, en ese "asunto" como tu lo llamas, ¿no estará metido Tom Riddle, verdad?

Aquel nombre atravesó como un huracán frío y congelado el alma de Alexandra. Las imágenes venían a su cabeza con más fuerza que nunca. Su mirada se congeló, haciendo que su rostro fuera impenetrable.

-No tiene que ver con él. Si vas a seguir con tus tonterías, me voy. Adiós.

Alexandra se levantó de su asiento, y salió de la Sala Común. Estaba furiosa con Erik por meterse en dónde no le llaman, pero no podía sentir un escalofrío al recordar las palabras de Erik. Salió al patio y se sentó bajo un árbol, cerrando los ojos y dejándose llevar por la brisa y por sus recuerdos...

En otra Sala Común, concretamente la de Slytherin, Tom tambíen éstaba intentando estudiar. Estaba rodeado de sus compañeros, como habitualmente sucedía en ese lugar. Varios de ellos le observaban admirados, pero cuando Tom les dirigía su mirada volvían a su intento de estudiar, totalmente intimidados.´

Sin embargo, había alguien que no apartaba la mirada de él en ningún momento. Su nombre es Druella Rosier, una alumna bastante hábil en ejecutar hechizos y elaborar pociones. Era rubia y sus ojos eran de color verde esmeralda. Ella ni siquiera disimulaba que lo miraba.

A Tom le molestaba que le observaran tanto, ya que parecía que le estaban espiando. Es más, estaba seguro de que eso era lo que Druella hacía en aquellos momentos. Harto de la situación, le advirtió con voz indiferente y fría:

-¿No tienes otra cosa mejor que hacer que quedarte ahí mirando como una tonta?

Druella no se dejó avasallar y soltó una dulce y provocativa risa.

-No, la verdad es que no. Te admiro mucho, más que los demás, Riddle. Eres mi ídolo.

Tom no estaba acostumbrado a estos elogios tan directos. Se daba cuenta perfectamente de que Druella Rosier lo estaba intentando seducir. La simple idea de esto estuvo a punto de hacerle vomitar.

-Manténte a una distancia prudente de mí o lo pagarás caro- amenazó con su voz gélida y suave.

Druella esbozó una sonrisa burlona y le guiñó un ojo.

-Podrías hacermelo pagar...Sí...Pero lo podrías hacer a mi manera- insinuó intentando provocarle.

Los compañeros observaban la escena, entusiasmados y curiosos de ver como reaccionaría Tom a eso.

El chico sacó su varita, sintiéndo una fuerza y energía en su interior que amenazaba con salir. Druella no esperaba esto pero la sacó tambien. Aún así no le dio tiempo a hacer nada, porque Tom gritó con todas sus fuerzas, apuntando su varita hacia ella:

-¡Crucio!

Druella cayó al suelo, retorciéndose entre los distintos asientos de color verde. Los compañeros miraban a Tom boquiabiertos. Los ojos de Tom emitían un destello rojizo muy extraño.

Por fin, cuando la chica creyó que no lo iba a poder soportar mucho más, Tom paró. Druella, aliviada, fue a levantarse, pero entonces Tom le golpeó con fuerza en su barriga, quitándole la respiración por unos segundos. La pobre chica estaba que iba a echarse a llorar, pero su orgullo se lo impedía.

-Así aprenderás. ¡Los demás no digáis ni una sola palabra o sufriréis más que ella!

Todos asintieron temblando de miedo. Tom recogió sus libros y salió de la Sala Común. No supo adónde dirigirse, aunque tenía que pensar en ciertas cosas.

No había disfrutado con lo que había hecho, pero en su interior sabía porqué. Estos días se sentía frustrado consigo mismo...No sólo había dañado a Druella por sus indebidas insinuaciones, sino porque necesitaba descargarse...

Necesitaba expulsar toda esa frustración y enfado. Por eso lo había hecho. Estaba harto de que se le vinieran a la mente las imágenes de lo ocurrido con Alexandra

Sobre todo, porque esos recuerdos hacían que volviera el dolor que experimentó en el bosque.

Un dolor irracional que amenazaba con volverle loco de agonía.

Nota de la autora: Druella Rosier es la madre de Bellatrix Lestrange.