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Almas Gemelas — capítulo 9

Alexadra acariciaba delicadamente las crines del unicornio con sus tersas y blancas manos. Esta maravillosa criatura posaba su cabeza sobre el hombro de la joven.

Tom dio unos pasos más para verlo mejor y se mantuvo escondido detrás de un inmeso árbol, contemplando la mágica escena. Observó que los ojos de la chica brillaban de la emoción.

Por un momento, Tom se sintió conmovido. Aquello tenía una belleza y una hermosura dificilmente de describir. Se olvidó por unos segundos de sus rencores hacia Alexandra. Algo en su interior se despertaba, era una sensación que jamás había sentido. Era raro y aunque una parte de él le asustaba esa emoción, la otra se encontraba en una extraña paz. Sin embargo no se atrevió a interrumpirles.

Aunque no hizo falta que hiciera nada: el unicornio había alzado su cabeza, clavando su profunda mirada en él. Este se estremeció. Esa criatura le intimidaba como jamás lo había hecho nadie. Tom se pegó más al tronco del árbol , respirando entrecortadamente. Estaba muy nervioso e intranquilo

Alexandra no se había dado cuenta de nada, estaba fascinada por el esplendoroso ser. A pesar de esto, el unicornio seguía con sus sabios ojos puestos en Tom. A este le latía tan alocadamente el corazón que no se podía creer que Alexandra no se hubiera percatado de su presencia aún. Era como si algo poderoso se hubiera fijado de pronto en el muchacho. Le daba miedo aunque jamás lo admitiría, ni siquiera a sí mismo.

Cuando creía que no lo iba a poder soportar más, el unicornio desvió la mirada y retrocedió unos cuantos pasos. Era increíble la gracilidad y fluidez con la que se movía esta criatura. Dio media vuelta y se internó en el bosque, alejándose de Alexandra. La chica por su parte estaba desconcertada. Se había adentrado al bosque para poder olvidarse de las clases y de todo y entonces fue cuando vio a la criatura mágica mas hermosa que había visto en su vida. ¿Por qué se había marchado? ¿Acaso le había asustado algo?

Miró a su alrededor intranquila. Sacó su varita y susurró el hechizo Lumos para ver mejor ya que estaba empezando a oscurecer. Intentó escuchar atenta algún ruido. No se oyó nada, sólo la brisa del viento acariciando las hojas de las plantas.

Se encogió de hombros. "No te vuelvas paranoica, Alex. Sera mejor volver antes de que me pillen" pensó mientras empezó a caminar rumbo al castillo. Estaba justamente pasando a través de los distintos árboles, cuando sintió una mano en el hombro de ella. Alertada,se dio la vuelta y le empujó con todas sus fuerzas.

-¿Qué haces? Para una vez que vengo en son de paz...

Descubrió ,asombrada, que era Tom. Este se casi se tropieza con una de las raíces que sobresalían y miraba a Alexandra molesto y con el ceño fruncido. Se apartaba unas cuantas hojas que habían caído en su túnica. Si no fuera por ser la persona que era, a Alexandra le habría parecido incluso divertido el panorama. Sin embargo, empezó a enojarse y dijo:

-¿Qué haces tú aquí?

"Vaya pregunta estúpida y típica que has hecho" pensó la muchacha avergonzada de haberlo dicho.

Tom enarcó una ceja mirándola con desdén.

  • ¿ Y me lo preguntas a mi? Si eres tu la primera que se metió en este maldito bosque. Yo simplemente quise explorarlo por mera curiosidad pero entonces, ¿qué me encuentro? La chica que peor me cae de todo Hogwarts y un unicornio consolándola de sus problemas. Que conmovedor.

Había dado en el clavo. Alexandra abrió la boca para decir algo pero la cerró, sin saber muy bien como reaccionar.

-Ah, y ni se te ocurra decir ni una palabra de esto a nadie. ¿Sabes por qué? Porque si no,te delatare yo a ti. ¿No querrás perder más puntos para Ravenclaw, verdad?- comentó burlonamente Tom.

En realidad, todavía estaba nervioso por la mirada de aquel unicornio y se estaba descargando con Alexandra,aunque no totalmente.

Esta endureció su mirada y dijo fríamente:

-Eres un idiota, creo que hasta un trol tiene mas cerebro que tú.

De pronto,Tom la cogió con fuerza de las muñecas y la arrinconó contra un árbol. Alexandra no estaba preparada para esto. Se encontraban muy cerca.

-¿Es que quieres que termine lo que empecé en el aula en la que defendiste al niñato de Ravenclaw?

Alexandra se sentía agobiada. Intentó deshacerse de Tom pero este tenía demasiada fuerza.

-Suéltame, Riddle.

El aludido dio una sonora carcajada. Se divertía bastante amenazándola. Lo que sintió por primera vez al verla junto al unicornio había quedado ahogado por esa parte de su ser que ultimamente sacaba a relucir mucho. Algo siniestro e inhumano.

-¡Suéltame de una maldita vez! ¿Qué demonios quieres?

-Callate, estúpida. ¿Por qué siempre te metes en mis asuntos? ¿Por qué? Ten cuidado conmigo, Alexandrita, podrías salir malparada... No sabes lo que yo soy capaz de hacer. Se conjuros que...

No pudo seguir hablando. El unicornio había aparecido de nuevo y le había empujado con su blanco lomo.

La consecuencia de esto fue que sus labios quedaron unidos con los de Alexandra.