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Almas Gemelas — capítulo 14

Los exámenes finales para pasar al próximo curso llegaron con muchísima rapidez. Era increíble que hubiera pasado tanto tiempo. Sin embargo, parecía que había pasado una eternidad desde que se montó en el tren junto a Erik y sus amigos sin saber que este se iba a poner en su contra. Tom cerró por unos instantes sus ojos al rememorar aquel día. Sin duda, el tiempo era algo inalcanzable para los mortales, algo que se les escapaba de sus manos. El tiempo era el culpable de que todo tuviera un principio y un fin. Tom se estremeció al imaginar su propia muerte. No supo cómo pero era algo que iba a evitar a toda costa.

Se encontraba en su habitación de la Sala Común de Slytherin, tumbado sobre la cama pensativo. Era temprano y todavía de noche; nadie excepto él estaba despierto. No tenía sueño ni estaba cansado así que se limitaba a contemplar la oscura noche que se observaba desde la pequeña ventana del cuarto que daba a los exteriores de Hogwarts. La noche le agradaba por la inmensa oscuridad que hacía recaer sobre el planeta. Lo único que verdaderamente le disgustaba eran las estrellas, esos puntitos luminosos que deshacían la plena oscuridad.

Recordó que dentro de unas horas se examinaría para pasar a segundo curso. Los nervios no lo atacaron puesto que era consciente de que había aprendido bien y con seguridad lo aprobaría todo.No…eso no lo era lo que le preocupaba. ¿Por qué el tiempo pasaba tan deprisa? Nunca lo admitiría pero le asustaba bastante el hecho de saber que iba a morir tarde o temprano.

Estaba enfadado porque el curso iba a terminar pronto. Le obligarían a volver a aquel maldito orfanato y al parecer, no podría hacer magia porque no estaba permitido en menores de edad. Sus puños se crisparon de rabia e impotencia. Se hizo sangre al clavarse sus propias uñas pero no le importó lo más mínimo. Las gotas recorrían la palma de su mano, cayendo sobre las sábanas. Al percatarse de esto cogió su varita y lo limpió todo con un movimiento. Suspiró con resignación. No podía hacer nada para evitar quedarse en aquel orfanato… ¿O tal vez sí?

Miró de reojo a sus compañeros de habitación, los cuales estaban durmiendo plácidamente. Tal vez podría pedirle a alguien que le invitara a pasar las vacaciones en su casa. Aunque eso sería caer bajísimo. Desechó la opción tan rápido como había llegado. No iba a rebajarse a eso. Además, en el orfanato podría tener momentos de soledad mientras que en casa de algún otro compañero, probablemente, estarían todos los días juntos y eso era lo último que deseaba Tom. Otra ventaja del orfanato es que podría divertirse amenazando nuevamente a esos chiquillos, aunque no como antes por causa de la prohibición de hacer magia fuera del colegio.

Se le escapó una sonrisa al recordar el episodio pasado de la cueva con esos dos niños…Un placer siniestro y embargador le recorría todo el cuerpo de sólo rememorar sus expresiones de temor y pánico…Tuvieron miedo de él y seguramente todavía durara aquello...

No había tenido muchas ocasiones de hacer cosas parecidas aunque algunas sí. Le motivaba que la gente tuviera miedo de él. No sabría explicar aquella sensación.

De repente, se dio cuenta de que estaba amaneciendo. Una ligera frustración ocupó su mente cuando su preciada e inmensa oscuridad se deshizo. Se prometió a sí mismo que si algún día llegaba a ser alguien poderoso (eso no le hizo falta ni dudarlo puesto que él era "especial") haría todo lo posible para que la oscuridad dominara el mundo para siempre.

Un leve movimiento lesacó de sus sombríos pensamientos: sus compañeros se estaban despertando.

-¿Preparado para los exámenes? - musitó uno de los chicos, desperezándose somnoliento.

Tom esbozó una pequeña sonrisa algo siniestra y nada de alegre.

-Sí, más que nunca - susurró con esa voz tan parecidaa la oscura noche en la que se hallaba hasta sólo unos instantes.

Todos se vistieron y bajaron al Gran Comedor a desayunar. Todos estaban algo nerviosos pero no tanto como los de quinto y séptimo que parecía que no habían dormido en toda la noche, debido a que se presentaban a los TIMOS y los EXTASIS, respectivamente.

Cuando Tom acabó de desayunar, se dirigió al primer examen. Era el de Defensa Contra las Artes Oscuras. No dudaba en que lo iba a aprobar.

Sin embargo, se preguntaba cuántos más pasarían al siguiente curso junto a él…Bueno, ¿para qué engañarse? Más bien, su duda trataba sobre si una determinada chica de ojos azules estaría en el próximo curso.

Por un lado esperaba que noya que le había traído muchísimos problemas aunque por otro esa chica era impredecible y a Tom le gustaba las sorpresas aunque no lo admitiera.