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Almas Gemelas — capítulo 7
Pasaron las semanas hasta que llegaron las vacaciones de Navidad. En todo aquel tiempo, Alexandra ignoraba a Tom y este ultimo tambien pasaba de ella.
Tenia cosas mas importantes en las que pensar. Por ejemplo en seguir manteniendo el respeto entre los de Slytherin mientras se ganaba el de las demás casas. Por el momento, habia conseguido lo primero. Lo segundo iba a ser más dificil.
Tom habia decidido quedarse en Hogwarts por las vacaciones. Ni por asomo iba a volver a aquel horrible orfanato con todos esos chiquillos llorando. Lastima que en verano tuviera que regresar,una verdadera lástima...
Salió a dar un paseo cerca del lago para despejarse del barullo de Hogwarts. Todo estaba cubierto por la fria y enigmática nieve. El muchacho pensaba que la nieve era parecidisima a él...La nieve era misteriosa y helada...Blanca como un tempano de hielo y muy hermosa... Y traicionera,muy traicionera. Te puede parecer bellisima pero cuando la tomas entre tus manos puede llegar hasta quemarte de lo helada que está. Él era así. La prueba está en lo que le hizo a esa pequeñaja de Ravenclaw.
El paisaje era sobrecogedor y precioso. El lago estaba cubierta por una fina capa de hielo, que parecia bastante estable y eso le daba un aire de escudo al agua.
De repente, sintió la presencia de alguien detrás suya. Dio media vuelta y se encontró con Erik, el chico que le había hecho compañía en el tren. Erik estaba en Hufflepuff , casa de los tejones. El chico tenia el ceño fruncido y cara de no estar muy de buen humor.
- Tenemos que hablar, Riddle.
A este le desconcertó el comentario y sobre todo que hubiera pronunciado su apellido con resignación. Hacía meses que no charlaban y le sorprendía que hubiera venido en ese momento para hablar con ese tono tan raro. Evidentemente,todos estos sentimientos Tom no los dejó traslucir.
El Slytherin asintió con la cabeza, sin decir ni una palabra. Erik parecía algo incómodo al ver el silencio de este. Se movió nervioso de un lado a otro.
- Mira, yo no tengo nada contra ti, Riddle, pero en ciertas circunstancias hay que saber ver através del cristal. Esto es complicado de decir...Bueno,no es tan complicado pero...
-¿Quieres ir al grano del asunto de una vez? - interrumpió Tom impaciente.
Erik se pasó la mano por el cuello, notablemente intimidado. Se armó de valor y dijo:
-Bueno ,es simple. El caso es que se lo que le has hecho a Alexandra.
Tom enarcó una ceja.
-¿Y? -le preguntó a Erik.
Este último sintió un escalofrío y se estremeció. Aquella única palabra habia sonado demasiado indiferente...Demasiado fría... " Muy inhumano..." pensó con inquietud. Aun asi insistió.
- Riddle, esto es en serio. Se que pusiste tus odiosas manos alrededor de su cuello y que casi la matas.
Esto ultimo lo dijo con gravedad. Tom supo que solo habia una salida. Lanzo un suspiro fingido.
-¿ Es eso lo que ella te ha dicho? -preguntó con fingida inocencia.
Erik dudó por unos instantes. Finalmente movió la cabeza con un asentimiento.
Tom sonrió con desganas.
- Esta chica... Solo quiere llamar mi atencion contando historias sobre mi... ¿Como puede ser tan tozuda?
Erik cambió el peso de una pierna a otra,visiblemente nervioso.
- Bueno...Tozuda si es pero su version parece creible, Riddle.
Tom lo miró con fingida sorpresa.
-¿ En serio me crees capaz de hacer algo asi? ¿ No sera que estás celoso,eh? Vaya...Pero si solo tienes 11 años... Igual que yo y esa Alexandra. ¿ No eres un poco "niño" para estar pensando en esas cosas? Por favor,si ni siquiera estais en la misma casa.
El rostro del chico se tornó al color de la sangre.
-
¡Esto no viene al caso, Riddle! - exclamó azorado.
-
Claro que viene al caso - concretó este - porque significa que prefieres creer que he conseguido conjurar la maldicion Cruciatus, cosa que es imposible porque solo estoy en primero, y que además he intentado matar a Alexandra. Prefieres creer eso antes de asimilar que esa chica no para de fijarse en mí.
Erik se cruzó de brazos, indignado. Abrió la boca para hablar pero no consiguió decir nada y la cerró de nuevo.
Tom le puso una mano sobre el hombro.
-Bien,no te preocupes,yo no quiero nada con ella. Solo espero que no te vuelvas a creer las mentiras que dice sobre mí. Tranquilo,lo superaras.
El Hufflepuff se enfurruñó en un largo silencio. Sacudió la cabeza y volvió al castillo.
Entonces, cuando comprobó que estaba de nuevo solo , soltó una malévola carcajada.
Una risa tan fría y enigmática como la nieve.