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Vida Tonks — capítulo 2
Una niña de cortos cabellos rosados, daba vueltas en un enorme bosque, con la cabeza mirando hacia el cielo. No se cansaba de dar y dar vueltas. Su madre, la miraba a la distancia, sonriéndole con mucha dulzura. Su largo y andrajoso vestido, bailaba mientras ella giraba velozmente.
Se elevó por los aires prácticamente un segundo y luego, descendió en el suelo con un gracioso movimiento. Se inclinó para ofrecer sus gratitudes. Su padre aplaudió feliz y su madre continuó sonriendo mientras remendaba medias.
-
Deja de girar así, Nymph. Te marearás.
-
En verdad mamita... ¿Tengo que llamarme Nymphadora?
-
Sí. Así te llamas, cariño- dijo su madre, levantándose de la vieja silla en la que estaba sentada y mirándola, sonriente- para mí es un hermoso nombre. ¿No crees, Ted?- preguntó ella y le acarició el rostro a Nymphadora.
-
Un nombre hermoso.
-
Papá siempre va a coincidir en eso- dijo ella, cruzándose de brazos- ¿Y hasta cuando vamos a vivir en este lugar? Estoy muy aburrida.
-
Hasta que podamos pagar algo mejor- dijo su madre, con una mirada de soslayo. Tonks rezongó y caminó hacia la casa. La mujer encontraba su corazón destrozado, solo por el hecho de no poder darle algo mejor.
Pero podría.
- Vamos Andrómeda, necesitas descansar un poco. Si apenas te has curado de la gripa pasada. Necesitas que te cuide un poco.
Andrómeda sonrió, no dijo nada y regresó a la pequeña cama. Se recostó allí, junto a su esposo. Nymphadora se había ido a dormir y ya sabían que no querría hablar sino hasta la mañana siguiente. Suspirando, Ted la miró, mientras su esposa se contemplaba en un espejo, al desvestirse. tantos años ya. Su hija tenía ocho años y todo había cambiado lo suficiente, como para marearla. Casi no podían pagar la renta del lugar. Pero creía que ya luego de ocho años, todo se había terminado.
-
Mi amor, estás hermosa- dijo, mirándola en pijamas. La abrazó y ella suspiró.
-
¿Podremos irnos ya? No soporto este lugar.
-
No estoy seguro. Ya he ahorrado lo suficiente para comprarnos otro hogar, pero temo que al salir...
-
Lo sé. Pero Nymph tiene razón. Merece algo mejor. Y ni siquiera Bellatrix o Narcisa, impedirán que lo tenga.
Nymphadora estaba recostada en su cama. Odiaba el lugar, deseaba algo mejor. Algo que fuera real. Inspiró y se cubrió con las sábanas de su cama. Estaban rotas, pero aún la calentaban lo suficiente. Miró por debajo de ellas.
Soñaba con un nuevo lugar. Con un enorme patio para jugar. Conocer niños a los que pudiera acompañar, cuando fuera a pasear.
Tener muñecos, tener deseos diferentes, que no fueran evitar ser mordido por una rata o cruzarse con algún insecto.
¡Sus padres no lo comprendían lo suficiente!
-
¿Crees que Nymph esté muy molesta?- dijo, mientas su esposo le acariciaba el cabello en la cama.
-
Es una niña, es lógico- susurró y sonrió- pero estará bien, no debes preocuparte- le comentó, a un lado de ella, apoyando su cabeza sobre una de sus manos. Andrómeda juntó sus manos sobre su vientre y miró hacia el techo de madera carcomida.
-
Quiero lo mejor para ella.
-
Y yo también, mi amor- le dijo, luego de un beso- pero necesitas dormir. No te hará bien, estresarte. No sabemos si podrías enfermarte otra vez. Descansa por favor.
Asintió cerrando los ojos. Soñando con los juegos. Jugando con los sueños.