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Vida Tonks — capítulo 3
El sueño se hacía realidad y Ted Tonks, sacaba las valijas a la calle. Miraba la andrajosa casa. No le debía nada, pero no negaba que había sido útil en el tiempo que habían estado allí. Habían vivido muchas cosas diferentes. Habían visto crecer a Nymphadora Tonks, en aquella casa. En aquella cama de sueños.
De pesadillas que se convirtirían en placer, luego. Lo sabía, lo presentía.
Nmphadora correteaba por el lugar, buscando sus cosas. No podía dejar nada, ahora que iban a mudarse y abandonar ese lugar, de las miles de pesadillas. Sonrió con fuerza, arrastrando su valija. No eran muchas coasas.
No quería mirar hacia atrás.
- Entonces, estamos preparados para abandonar. Han sido diez años de ocultarnos, diez años de vivir como prófugos, de un crimen que nunca cometimos.
¿El amor era un crimen acaso? Andrómeda suspiró, mientras su esposo sostenía su mano con fuerza y Nymphadora sonreía feliz.
- Creo que estoy lista, para partir- susurró, su mano temblaba bajo la de su esposo. No podía evitar sentir ese miedo, que estaba asociado a su pasado.
El fantasma que nunca terminaría de morir. El fantasma que mientras caminaba, era su sombra. Que mientras pensaba, se adentraba en sus sueños.
-
¿Lista, Nymp?
-
¡Por supuesto!
El nuevo hogar, mucho más grande. Fresco y aireado. Suspiraba Andrómeda, ante el placer de las paredes blancas. Ante el placer de sentir que su hogar, era una nueva historia que le podía contar al mundo. Atrás el miedo a ser dominada por su sangre. Tenía todo eso que deseaba y mucho más. Sin importar que la herencia familiar, no reposara en sus bolsillos.
Tenían una riqueza mejor. La unidad familiar. El deseo de subsistir, de tener una vida mucho mejor de lo que estaban enfrentando. Aspiraban a ser más y mejores que sus propios miedos. No podrían detenerlos.
Estaban en camino y nada podría parar sus anhelos. Sobretodo, aquellos de una niña en crecimiento, que le sonreía a la vida, una vez más.
Nadie detendría a la familia Tonks.